Fidelidad

Fotorreportaje desde la Habana

Hay llantos de bronca, de ira, de nervios, de alivio, de desazón, de culpa. El llanto a Fidel es de tristeza, de terrible ausencia, pero no de preocupación. No es como cuando llorábamos a Chávez, lagrimas de tristeza, de bronca y de miedo. Miedo a que sin él todo se terminara. En Cuba no existe ese llanto, al menos no estos días.

Se llora a Fidel como a un padre, a un familiar que ya no está más, con esa congoja que te aplasta el pecho cuando pensás que ya no vas a ver más a alguien al que querés mucho. Y cómo no va a querer el pueblo a Fidel Castro. Cómo no van a sentir la falta de un padre aquellas familias que hoy habitan en las suntuosas mansiones de los gringos ricos que vivían en Cuba antes de la Revolución. Cómo no van a extrañar a la persona que hizo construir un centro de salud en cada barrio, que hizo que sus hijos coman, que estudien, que vivan seguros.

Cientos de miles de personas rindieron homenaje a Fidel, hicieron kilométricas colas para pasar por dentro del Memorial José Martí a rendirle tributo. Muchos de ellos eran jóvenes estudiantes de la universidad publica y para todos, uno entre ellos afirma: “la manera en que honramos a Fidel es seguir siendo rebeldes”. Y te sostiene la mirada, severa, seria, qué alguien se atreva a contradecirlo. Una joven estudiante de Libia, que asegura estar ahí porque gracias a Fidel ella estudia en la Universidad y que a pesar de la tristeza, mañana va a ir estudiar.

Porque acá en Cuba la vida sigue. El socialismo también. El legado de Fidel es este: un país sin indigencia, donde nadie muere de hambre, donde todos estudian, donde no hay drogas ni trata, donde el Estado no se asienta sobre relaciones de dominación. Sí, touché. Lugares comunes al hablar de Cuba, y a quien le haga ruido puede ir a buscar en el repertorio de países, Estados, gobiernos y regiones un sistema más justo que este, si encuentra alguno, uno solo, donde los pibes no se mueran de hambre, abandonamos para siempre los lugares comunes. Mientras tanto, vamos a seguir destacando a Cuba por lo que verdaderamente es: un país que no tolera las bajezas del sistema capitalista, donde los padres pueden dormir tranquilos sabiendo que les dejan a sus hijos un lugar justo donde vivir. Porque la justicia no es más que igualdad de oportunidades, y hoy todos los pibes de Cuba nacen con ese derecho.

Fidel se fue. Sí, y de solo decirlo la congoja se instala en la garganta, brotan las lágrimas, porque lo vamos a extrañar muchísimo, porque gracias a él sabemos que otro mundo es posible, porque se fue un revolucionario que le cambio la vida de un país entero. En Argentina tuvieron que matar a una generación de luchadores para frenar lo que la Revolución Cubana mostraba: es posible desde la lucha armada tomar por asalto el poder para repartir la riqueza. Hoy desde Argentina todavía sufrimos las consecuencias y seguramente el llanto de muchos por Fidel hoy también tenga que ver con eso. Pero en Cuba están tranquilos, hay mucho para defender y cuidar.

Fidel se murió a los 90 años, en su cama, habiendo sobrevivido a más de 600 atentados contra su vida y dejando uno de los legados más grandes y necesarios de la historia del mundo: un pueblo digno, movilizado y que defiende el piso que dejó la Revolución. Fidel murió burlando al Imperio. Fidel va a vivir siempre en cada pibe rebelde de Cuba y del mundo.

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La revolución es ahora

Relanzan el proyecto de ley que propone un régimen reparatorio para trans y travestis víctimas de violencia institucional. La identidad de género: de delito a derecho humano.

El jueves 6 de octubre se presentó en el Congreso el proyecto que propone un “Régimen Reparatorio para Víctimas de Violencia Institucional por motivos de identidad de género”. El proyecto 2526 busca el reconocimiento por parte del Estado de la violencia institucional a la que fueron sometidas sistemáticamente las personas trans y travestis por las fuerzas de seguridad pública; y en especial a aquellas que fueron detenidas de manera ilegítima a causa de los edictos policiales vigentes hasta 1995.

Tal como se desarrolla en los fundamentos del proyecto, los edictos policiales fueron la herramienta básica de las políticas de persecución orientadas a la normalización de grupos sociales considerados “desviado” por el poder estatal:entre ellos, lxs trans. Estos instrumentos le daban a la policía la potestad de emitir los edictos, de juzgar, interpretarlos y de aplicarlos. Las trans y travestis fueron marcadas como esos cuerpos e identidades a perseguir, patologizar y marginar. Sus trayectorias de vida están signadas por episodios de detención arbitraria, golpizas, abuso y tortura por parte de la policía. “Los edictos policiales sirvieron como excusa legal para encarcelarnos, el crimen fue nuestra identidad”, afirmó Norma Girardi de la Asociación de Lucha por la Identidad Travesti y Transexual en el acto de presentación.

Esta iniciativa, que ya cuenta con la firma de 22 diputados y diputadas de todo el arco político, fue impulsada por Lohana Berkins, militante travesti y líder de ALITT hasta su muerte en febrero de este año, junto con Marlene Wayar, referente del colectivo trans y militante de Futuro Transgenérico. El proyecto fue redactado e impulsado por Abogad*s por los Derechos Sexuales (Abosex). Dice la letra que serán beneficiarias de este régimen las personas mayores de 40 años a las que se les haya aplicado el inciso f “los que se exhibieren en la vía pública con ropas del sexo contrario” y el inciso h “personas de uno u otro sexo que públicamente incitaren o se ofrecieran al acto carnal” del artículo 2 del derogado Reglamento de Procedimientos Contravencionales del Edicto policial dictado por la Policía Federal Argentina.

El régimen de reparación contempla el otorgamiento de una pensión graciable para las víctimas, al igual que perciben las víctimas del terrorismo de Estado en los 70. Dos años atrás, cuando este y otros proyectos similares se presentaron por primera vez en el Congreso, se generaron frívolos e irrespetuosos discursos que denunciaban un supuesto privilegio de las personas trans por poder acceder a esta pensión. No: de lo que se trata es de reconocer las violaciones de un Estado sobre una población que fue sistemáticamente perseguida y excluida de la ciudadanía. El privilegio siempre fue ajeno.

Por otra parte, las personas trans de más de 40 años, es decir las destinatarias de esta reparación, no son muchas. De acuerdo a un informe de ALITT, se estima que el promedio de vida de las personas trans es de 35 años  -qué privilegio-, por lo que las “sobrevivientes” nos son demasiadas. De acuerdo a los impulsores del proyecto, se trata de un universo posible muy restringido de aproximadamente 300 personas a nivel nacional.

En tanto a partir de la Ley de Identidad de Género, el Estado argentino reconoció a la identidad de género autopercibida como un derecho humano. Ergo, se considera que la criminalización de esta identidad durante la vigencia de los edictos policiales fue una violación de los derechos humanos. Marlene Wayar expresó que se trata de crímenes de lesa humanidad, puesto que fueron cometidos por un Estado contra una comunidad en particular.

“Somos las olvidadas de la democracia”, sentenció la activista trans Jorgelina Belardo ayer en el Congreso. De modo constante, señalan que para ellas el Estado terrorista y  desaparecedor no terminó en 1983. “No sé cuántas veces entré y salí de la cárcel”; “Me acuerdo de escuchar cómo golpeaban a una compañera en un calabozo mientras le gritaban ‘Dale, puto, ¿cómo te llamas?’”; “Las travas merecemos morir de viejas, no asesinadas por el odio y la violencia”. Entre lágrimas de memoria por las compañeras que no están, pero también de orgullo por continuar conquistando espacios de legitimación, las activistas trans presentes en el encuentro sumaron su adhesión y fuerza a esta iniciativa.

Entre la presentación original de este proyecto de ley en el 2014 y este relanzamiento en el 2016, pasaron muchas cosas. Entre ellas, se fueron dos luchadoras por los derechos de las trans y travestis, que hoy se hicieron carne en la voz de cada una de las oradoras. A una semana del aniversario del asesinato de Diana Sacayán, fueron eternos los gritos de “Justicia”, “Diana presente” y “Furia Travesti”. Y para todas fue una inspiración indudable la de la “travestiarca” (al decir de la propia Diana) Lohana Berkins: “El tiempo de la revolución es ahora, porque a la cárcel no volvemos nunca más”.

África entre fronteras

Por Los de Arriba las manos.

Paja y piedras de fondo, como frente a un telón descansa sobre un paraje desértico en tierra de pocos. Entre fronteras, en un territorio cuya disputa actual es por la no incumbencia sobre los asuntos que allí se postergan, el lecho seco del lago Chad da la pauta del manejo de los asuntos regionales en esa triple frontera. De sus antiguas orillas, solo queda el rigor de una tierra agrietada que de pensarse a si misma, lo haría con la nostalgia de haber sido núcleo de fecundidad antes de haber sido desviada y aprovechada por el vecino mas poderoso en infraestructura, Nigeria, para potenciar su agricultura a costa de la de los demás campesinos y pescadores.

Sobre un banco liso y descobijado, es él el único que se mantiene inmutable frente a la enardecida actividad de carga y descarga que todos inician ni bien comienzan a llegar las camionetas desde Nguigmi, ultima frontera de Niger, hacia este lugar. Transportes desbordados donde los pasajeros serán el contrapeso y engarce necesario durante los días que tome el trayecto para que nada se caiga. Como alfileres, se van bajando respetando un orden desordenado pero construido durante el viaje, y al ver a todos debajo, parece imposible que hubiera espacio para tanto pasaje sobre el equipaje.

Sobresale porque sin mostrarse indiferente, parece nada tener que ver con lo que se negocia a su alrededor. Tierra de pastores nómades por su reverdecer en épocas de lluvia y por su oferta de agua permanente en el pasado, las costas del lago se mudaron hacia el interior[i] hasta presentarse hoy ese lugar como un sitio abandonado y mero camino de paso. Los pequeños refugios en las antiguas playas, ya deshabitados, son muestra de una mutación en el uso de los espacios y de una disputa cedida por los mercaderes estatales para el usufructo propio de los comerciantes, ganada luego por los contrabandistas, y perfeccionada como avispero de la transa de mercaderías de consumo “prohibido”. A veces el alcohol, a veces el tabaco o lo que el combustible exija como moneda de cambio, lo que menos se discute es la tasa que deberá pagar el migrante para poder atravesar el espacio sobre el que no tuvo margen de opinión. Omisión estatal que posibilita la acción, el migrante amortiza los costos de los transportistas montado sobre la carga sin esquivar los cánones de importación.

Y como el lago corrió sus fronteras hacia el centro, también lo hicieron las rutas que lo circundaban, y todavía a más de 3.000 kilómetros de la costa mediterránea libia, a donde se supone muchos migrantes esperan arribar tras el desierto, llama la atención la cantidad de hombres que se encuentran marginados de toda actividad y asisten como espectadores a todo lo que sucede a sus costados. Difícil hubiera sido adivinar que todo esto, semejante espacio al aire libre y con pocas sombras a las que acudir, se trataba de un centro de detención de migrantes, a ciertos ojos, clandestinos.

Por Los de Arriba las manos.
Por Los de Arriba las manos.

El trovador lo describiría ser de la nada, con absoluta ironía, pero el había nacido en África Occidental y recorrido las líneas que atraviesan el mundo. Las habría dibujado en forma de puntos si pintara, pero no teníamos cómo ni ganas. La pleitesía de una sonrisa triste contradeciría la historia por detrás. Habiendo atravesado Sudán y Chad, y acostumbrado a trabajar en cada sitio para poder seguir subvencionando su andar, llegó a estos controles sin suficiente dinero para pagar el tributo que se solicita en todos los controles, y a pesar de tener pasaporte en regla y todo signo propio de identidad solicitado, fue detenido, desposeído, indocumentado y liberado a su suerte en medio del desierto sin más nada que negociar. No es el migrante típico, joven, dispuesto a todo con tal de continuar, no. Se trata de un hombre cansado de ciertos maltratos que se “negaba a colaborar”.

“No siempre fue así. En otras épocas se podía circular con libertad y el trato con los oficiales era diferente y respetuoso. Sin embargo, hace algún tiempo los conflictos fronterizos y las dificultades económicas se sienten cada vez más, y florecieron todos estos controles haciendo imposible tener el suficiente dinero para poderlos cruzar” Nuestra experiencia corroboraba algo similar. Aún viniendo desde el otro lado, cada 20 o 30 kilómetros, a veces menos, los caminos se encontraban cortados en espacios donde era imposible esquivarlos, para llevar adelante controles donde cada pasajero es obligado a realizar un aporte de acuerdo a su nacionalidad, sin importar demasiado la documentación real. A veces era por Boko Haram, otras por control territorial, solo permiten circular hasta las 17.00 horas y pasado ese horario no se puede continuar.

El patrón común en los controles, además de tal rigurosidad, es la suerte a la que quedan echados aquellos que no lo pueden afrontar. En los mejores de los casos, en los controles internos, quedarán a su suerte en el mismo lugar, sin derecho a nada y no mucho mas. En los casos fronterizos, sin embargo, la proliferación de los campos clandestinos de detención es una cuestión mas complicada. Rosso al norte de Senegal, Tamenghest al sur de Argelia, Kara lo mismo en Libia, Al Geneina en el oeste de Sudán, se habían estructurado como localidades-centro de detención para los migrantes que las quisieran atravesar. Allí, las condiciones de hacinamiento, maltrato e inanición son las que difunden quienes tuvieron la mala suerte de visitar, y esta política no es casual. Tiene un patrón común: la migración como amenaza que debe ser contenida y combatida como tal.

Del principio de “intangibilidad de las fronteras” del que partió la Organización para la Unidad Africana en 1963 poco parece quedar. La regionalización de los conflictos y la proliferación de los “focos de tensión situados a lo largo de los espacios fronterizos”[ii], hablan de conflictos de soberanía o territoriales que son fija en la región. Sahara Occidental al oeste, el reclamo Touareg en Azawad, la frontera sur de Libia y Darfur entre Chad y Sudan, sumado a la creación de Sudan del Sur y el conflicto limítrofe entre Eritrea y Etiopía, terminan trazando una línea chueca pero horizontal de conflictos que afectan a la región del Sahara en su totalidad.

Los elementos funcionales a estos sistemas de conflictos son múltiples, la delineación foránea de los límites fronterizos, la apropiación y privatización para su explotación de los recursos naturales, la consolidación de Estados nacionales rigurosos desde capitales que se sienten muy alejadas a sus fronteras, dificultosas transiciones democráticas desestabilizadas desde la injerencia extranjera, y las propias dificultades internas de gobernanza dan mucha tela para cortar. Sin embargo, todas estas imperfecciones si sobre un grupo se ciernen en la actualidad, es sobre los que no encuentran otra opción que la necesidad de migrar.

“No puede haber paz con fronteras discutidas, no asumidas, donde lo único ampliamente compartido es el miedo al vecino”[iii], miedo infundido y consolidado que legitima el presente accionar de retener a los migrantes y liberar solo aquellos que tienen la pequeña fortuna acumulada que cada control obliga a pagar. Sin embargo hay un elemento sobre el que nos detendremos porque es común a toda la región: el fortalecimiento de estas políticas desde la cooperación internacional.

Desde la construcción del Espacio Schengen como espacio de circulación de personas y bienes en Europa (1985) al fortalecimiento de las fronteras exteriores de su actualidad, la Unión Europea negoció su ampliación y la adhesión de los países periféricos a cambio de que vigilaran sus fronteras, refuercen los estándares obligatorios y avancen hacia una transnacionalización de sus controles fronterizos[iv]. Tras los acuerdos de Amsterdam (1997), los Estados Parte le transfirieron a la U.E. la competencia en materia de Inmigración y Asilo, que a partir de los acuerdos de Tampere (1999), se fue delineando en torno a una política común de “enfoque global”.

Este enfoque a lo que se referiría es a la migración como amenaza y a la necesidad de “combatirla” desde una lógica de reciprocidad, donde la responsabilidad de los controles migratorios ya no recae sobre las fronteras exteriores europeas, sino especialmente sobre los países limítrofes y los terceros países considerados países de origen de la migración a gestionar. Desde entonces la lógica asumida por la Unión en su conjunto es la de externalizar los controles “basándose en una evaluación de la evolución económica y demográfica de la U.E.”[v] en el marco de la ayuda financiera, donde las sanciones serían económicas y las contrapartidas hacia los países que las adopten serían políticas y comerciales especialmente en lo que respecta a los espacios de colocación de sus materias primas.

Los atentados del 11 de septiembre y los sucesivos ataques en Madrid y Londres, sirvieron como argumento para endurecer las políticas migratorias sobre las regiones circundantes a Europa hasta fortalecer el rol de los llamados Estado Tapón. Las normas vinculantes en torno a internamiento, repatriación, retorno y expulsión se endurecieron hacia el seno de la Unión, mientras ésta misma, en el Consejo de Sevilla (2002), supeditó toda cooperación y ayuda financiera a una Cláusula de Inmigración a negociar con los terceros países. Esta obligación hacia los Estados Miembros, considerada inaceptable de acuerdo al propio Comité Económico y Social de la propia Unión[vi], reforzó todos los espacios de reclusión de los migrantes hacia el exterior y la proliferación de los centros de detención en los terceros países como mecanismo de negociación.

El impacto de estas negociaciones, sobre todo frente a países con serias dificultades para sostener regímenes democráticos resultado de la propia geopolítica internacional, fue la institucionalización y proliferación de campos de internamiento a lo largo de las fronteras sur de los países considerados de tránsito, en el camino de los migrantes desde África subsahariana hacia el Mediterráneo. Así Mauritania, Marruecos, Argelia, Níger, Libia, Chad, Sudán y Egipto, no protestaron a la hora de poner a funcionar centros de detención para los migrantes de Rep. Centroafricana, Congo, Camerún, Nigeria, Burkina, Costa de Marfil, Guinea, Sierra Leona, Mali y Senegal sin discriminar, mientras Europa se encargara de financiar su política migratoria general. Y frente al fortalecimiento de esta política criminal, los Estados hicieron la vista gorda ante a la proliferación de controles de índole similar para impedir el traspaso de los migrantes y despojarlos de todo su material.

II
II

A su vez, la discrecionalidad de los controles permanentes y lo inhóspito del territorio a atravesar, hace que ni falta haga el encierro de los migrantes, sino dejarlos a su propio andar. Los controles les convienen alejados de los centros urbanos o de las aldeas donde uno pueda apelar a cualquier tipo de solidaridad, y aquel que no tenga algo que negociar, simplemente será bajado del carro y obligado a caminar. A su vez, los controles migratorios fronterizos no contemplan la situación de aquellos cuyos documentos de viaje están en regularidad y se niegan a estampar el sello en el pasaporte a menos que uno lo exija y este en condiciones de pagar adicional. La idea general parece ser la de no dejar rastro de los migrantes por el suelo nacional, para que luego no sean repatriados hacia esos espacios con los costos que eso supone y los terceros países están obligados a afrontar.

Para mejorar la eficacia de los controles migratorios estratégicos, la U.E. creo a su vez a Frontex, la agencia operativa de frontera con mayor presupuesto continental, cuyo objetivo es también reforzar los controles migratorios en el exterior y delinear una política homogénea sobre el perfil de aquellos que a la Unión si le interesa dejar entrar. Esta política se visibilizó a partir del Pacto Europeo sobre Inmigración y Asilo, y el llamado “Programa General de solidaridad y gestión de los flujos migratorios”[vii] donde la discusión se centró el tipo de inmigración que Europa pretendía viabilizar, con la necesidad de pasar de una inmigración “Padecida” a una inmigración “Escogida”[viii]. A partir de allí, los espacios de detención e internamiento servirían como lugar adicional para identificar el perfil de migrantes que los Estados de la Unión Europea se interesaran en escoger y recolocar, para que de acuerdo a cuestiones económicas y demográficas ciertos cupos fueran posibilitados de continuar.

También se suele considerar que aquellos migrantes que sobrevivieron a años de trabajo en condiciones de empleo muy exigentes para poder asumir los costos de atravesar la región del Sahara, que a veces puede llevarles entre 3 y 4 años, y la entonces demostrada capacidad para sobrevivir a un cruce en balsas con alto índice de mortalidad, tienen el perfil deseado en los sectores informales para trabajar en condiciones de explotación y precariedad bajo intimidación permanente, con la presión de los sueldos a la baja que ciertos sectores pretenden impulsar con su presencia.

En términos de regulaciones internas y de protección de los derechos fundamentales de todas las personas dentro de la Unión Europea, el hecho de no reconocer tales derechos a los no nacionales por igual, generan condiciones de precariedad y el temor permanente de ser detenidos y expulsados, con la incapacidad que eso genera para establecer vínculos de solidaridad política y agrupación colectiva para reclamar.

Las declaraciones del Ministro de Exteriores de España[ix] justificando la financiación y cooperación con el centro de detención de migrantes apodado Guantanamito, en Mauritania, país gobernado desde 2008 por un régimen militar a partir de un golpe de estado, donde los migrantes viven hacinados y en condiciones lamentables, visibilizan una relación de fuerzas generalmente negada por los sectores de poder en las etapas de negociación de políticas de financiamiento norte-sur, especialmente en la región con menor índice de desarrollo global y mayor dependencia (fomentada) de la cooperación internacional y la ayuda humanitaria.

Finalmente, el impacto certero y convenientemente lejano de estas deslocalizaciones de la política restrictiva de la Unión Europea, no radica tanto en la desarticulación interna de la limitada soberanía incluso geográfica con que cuentan los países africanos mas dependientes, sino en la extorsión a la que son sometidos para contener los movimientos migratorios que tienen causas que exceden enteramente la cuestión laboral, política o económica si se quiere, sino la cuestión vital.

En una región donde se entrecruzan una concepción política histórica del territorio como fuente de producción para la distribución regional, con la impronta colonialista reciente de las fronteras nacionales, el punto de presión final termina siendo la proliferación de autoridades cuya misión es contrarrestar la movilidad individual para limitar la emigración al considerarla ilegal.

Así, la única transgresión del viajero consistirá en no tener como pagar. Y por castigo, la detención y el absoluto desarraigo de no poder continuar. Cada puesto de control termina siendo un puesto de detención en libertad. La migración como industria lucrativa, es el filtro mas pesado que el que busca nuevos horizontes debe atravesar. En el medio van quedando relegados los que no tienen, los que no llegan, y los que el mundo termina de borrar.

III
III

Que vida mejor iba a terminar encontrando yo que la de regresar todos los días a la vieja finca, saludar a mi madre, descansar junto a mis hermanos y ver ser padres a mis hijos viendo corretear a mis nietos”. Sabe que es posible que no se llegue a dar. En los desiertos, especialmente en los pantanosos, también proliferan espejismos imposibles de atravesar.

[i] Desde 1962 su superficie se redujo en un 90%. Vease Romano Prodi. Salvataje del Lago Chad.
[ii] Véase Joseph E. Stiglitz. Aprender del “Caso” Etiopía. Banco Mundial. Abril 2002. Le Monde Diplomatique, Ed. Nº 34.
[iii] Idem.
[iv] Véase Migreurop. En los confines de Europa. La externalización de los controles migratorios. Informe 2010 – 2011. Paris, Francia.
[v] Ver Fernando Casas Minguez. Política de Inmigración de la Unión Europea. 2010. III Congreso de la Red Española de Política Social (REPS), Universidad de Castilla de la Mancha.
[vi] Idem.
[vii] Véase Comisión de las comunidades europeas. Una Política Común de Emigración para Europa: Principios, medidas e instrumentos. Bruselas, 17.6.2008
[viii] Ver Fernando Casas Minguez. Política de Inmigración de la Unión Europea. 2010. III Congreso de la Red Española de Política Social (REPS), Universidad de Castilla de la Mancha.
[ix] Según Europa Press. Moratinos se ofrece a "rehabilitar" el centro de acogida de 'sin papeles' en Nuadibú, conocido como 'Guantanamito'. 5/10/09

La negra y azul

Déborah Dixon fue una de las voces de la emblemática banda femenina Las Blacanblues, que compartió escenario con Pappo, La Mississippi y Los Redondos en los 90′. De Costa Rica a París y de ahí a Buenos Aires, pasando por Madrid, viajamos por las raíces de su canto.

Como dice el bolero: tenía que ser así.

Déborah Dixon larga esa sentencia sentada en un bar de Las Cañitas, mientras se toma una limonada con jengibre para cuidar su garganta, su herramienta de laburo. La frase casi profética es para graficar una carrera que apareció por sorpresa, gracias a un volante de clases de canto negro que encontró tirado en el suelo porteño, y que luego fluyó como los grandes amores. Porque 40 años atrás, antes de dejar Costa Rica, nadie podía predecir que la mayor de siete hermanos haría pie en Buenos Aires para ser pionera y referente de la movida del blues local. “Cantar no es algo que yo tenía pensado hacer de chica. Para nada. Yo me orientaba a lo humanístico. Estudié francés, me dediqué a las letras. Y artísticamente hablando me gustaba más lo que tuviera que ver con las decoraciones. De muy chiquita me gustaba bailar, ese era mi sueño de chiquitita tal vez”, explica.

-¿Y la voz no estaba ya ahí?

– Estaba, pero no era lo que más me atraía. Cantaba en las guitarreadas, en cuanta fiesta había, cantaba los mismos cuatro temas. Eso en Europa sobre todo, pero en Costa Rica ya algo cantaba. ¿Qué temas? En francés la mayoría. Y después cuando fue el golpe de estado de Pinochet cantaba los Quilapayún, Violeta Parra.

Déborah Dixon.
Déborah Dixon.

– ¿A qué edad te fuiste de Costa Rica?

– A los 18. Me fui a estudiar francés. Yo quería hacer la carrera de Letras. Había hecho el bachillerato en un colegio francés. Como se ve que era medio nerd de chiquita pedimos una beca entera y me la dieron. Me gustaba mucho leer, tenía facilidad con el idioma. Estaba habilitada para entrar a una universidad en Francia. Después no seguí, nunca terminé.

-¿Cómo era estar a los 18 en París?

– Fue descubrir el mundo. Imaginate que Costa Rica es un país muy pequeño. Me encontré con una ciudad. Yo ya era fanática de la cultura francesa. Me encantaba la literatura y creía conocer a los franceses. Pero en París estaba todo. Era un lugar donde uno podía hacer lo que le daba la gana, no un pueblo chico donde todos saben lo que hace el otro. Fue una experiencia increíble. Vivía primero con unos negros de Estados Unidos que venían a estudiar. Eso fue intenso. No es fácil entrar, como turista o como estudiante extranjero. Era más fácil relacionarse con gente de todo el mundo que con los franceses.

De aquellas guitarreadas en las que su voz sólo se oía entre los latinoamericanos exiliados en París, Dixon pasó a un escenario en Gualeguaychú, Entre Ríos, para cantar ante más de 150 mil personas. Fue en abril del año pasado, en el concierto más multitudinario del Indio Solari, en el que cantó el Blues de la Libertad. “Fue tremendo. Muy fuerte. Desde ahí arriba ves un mar de gente, que es mejor no mirarlo porque si no es intimidante. Toda la previa estuve re nerviosa. Pero después fue todo bien. Cuando me sentí sostenida por los músicos y lo ví al Indio arengando desde las bambalinas, ya está. Me daba cosa porque nunca pasó que el Indio dejara el escenario para alguien. Ahora no sólo eso: era una mina encima. Y hay gente que por ahí dice ‘yo vine a ver al Indio, loco’. Y al contrario. Eso se sintió enseguida. Para mí fue una prueba de confianza. Un reconocimiento. Un honor, total”. Blues de la Libertad, el tema que compusieron Solari y Skay Belinson en el disco Luzbelito y al que Deborah le puso el alma en Gualeguaychú, bien podría ser un oxímoron. Es que el blues es el género que representa a los esclavos africanos que llegaron a América del Norte y al Caribe entre el siglo XVII y XIX. Quizás así se entienda porque la voz de Deborah Dixon conmueva: de su garganta salen 400 años de historia.

Aunque no suene lógico, a 11 mil kilómetros de su familia, en París, conectó con sus ancestros. “Tenía amigos estudiantes que eran de África. Ahí conocí el racismo más descarado. Hay en todos lados, en Costa Rica también. Pero esa cosa de que te maltraten porque sos de otro país o de otro color ahí lo viví en carne propia. Fue muy fuerte para mí. Yo estaba ávida, averiguaba”, recuerda. A mediados de los 70, hubo un libro que después fue serie y que luego fue furor. Una moda que nació en Estados Unidos y después se globalizó. La novela se llamó Raíces. Narraba la historia de un personaje africano que nació en Gambia, África, en 1750 y que fue llevado como esclavo hasta Estados Unidos. “El libro contaba toda la historia de cómo un negro estadounidense volvió sobre su identidad hasta saber cuál era su origen. Fue una revolución. Todos empezaron hacer el camino de regreso para llegar a África y saber de dónde venían. Mi familia también se dedicó eso, pero llegó hasta un punto, hasta las islas del Caribe. De ahí en más tenés que tener mucha suerte para saber desde dónde llegaban. En Brasil se sabe que los negros llegaban de tal lado. Pero en Centroamérica era más complicado, llegaban de todos lados. Yo sé que tengo una tatarabuela que venía de Bahía, de Brasil, que después apareció en Cuba y se casó con un jamaiquino y vinieron a Costa Rica después”.

De limonada con jengibre.
De limonada con jengibre.

-¿A vos qué te cambió conocer tus raíces?

-Me apasiona. Mi mamá es muy cultora de eso. Nos intercambiábamos cartas larguísimas hablando de eso: lo que escribía, la música, libros, lecturas, lenguas, todo. Es como que nos dábamos cuenta de algunas cosas. Ah, esto debe venir de tal lado. También descubrís las desgraciadas diferencias entre los mismos negros. Si tenés la piel más clara, más oscura. Eso es histórico, más en Francia: si viniste de la Martinica o la Guadalupe sos más claro entonces no se llevan bien con los africanos más puros.

-¿Y el blues también tiene que ver con eso entonces?

-De antes. El jazz, el blues, toda esa música tiene que ver con lo que se escuchaba en mi casa. Era mucha música en inglés porque en Costa Rica los negros, que somos minoría en la población, llegamos de Jamaica. En Costa Rica no hubo esclavitud, los norteamericanos trajeron a fines del Siglo XIX a los negros para construir el ferrocarril. Eran asalariados, una especie de semiesclavitud. Llegaron a la costa del Caribe por las plantaciones de las bananeras y a construir el ferrocarril. En todo América Central pasó algo parecido. Por eso toda la costa tiene poblaciones negras instaladas. En nuestro caso, como llegábamos de Jamaica se hablaba ese inglés jaimaiquino que, mezclado con el español, arma un patois, como un dialecto. Inglés como lo habla alguien cuya lengua materna es yoruba, vas aprendiendo lo mezclás con el idioma del lugar, en español o portugués o francés. Eso lo metés en la coctelera y sale el patois. Mi papá, que era panadero, solo hablaba en eso. “Un vigilante ese wachiman”, como que te diga eso, imposible de entender para alguien que no es de acá.

Deborah Dixon llegó a Buenos Aires en 1984, en plena primavera de la democracia. No vino hasta acá buscando la ruta de sus ancestros. Lo hizo persiguiendo un amor, el mismo que ya la había llevado ya por Madrid y por Bogotá. “Fue muy fácil convencerme de venir a Buenos Aires porque todos los argentinos que conocí hablaban con mucho amor de Buenos Aires. Los argentinos en cualquier lado del mundo que estén no dejan sus costumbres: toman mate, hacen empanadas, cantan sus canciones, todo. Yo nada que ver. Ustedes no se desarraigan. Yo no tenía que estar comiendo arroz y frijoles para sentirme bien. En esa época que yo vine era muy fácil llegar para un extranjero. No era como ahora que está el quilombo con los países limítrofes, si sos bolita y todo eso. Yo estaba feliz, todos me preguntaban de dónde era, qué hacía acá”.

-¿Y qué hacías acá?

-Venía a seguir a mi marido, sin ninguna vocación a desarrollar. Trabajaba como secretaria, en oficinas. ¡Un tiempito fui secretaria de Moyano! Me anotaba en las agencias de empleos y encontraba rápido trabajo porque hablaba tres idiomas y tenía buenos antecedentes. Y uno de los trabajos temporarios fue ahí en el Sindicato de Camioneros. Habré estado dos meses. Hasta que me salió otro trabajo mejor, creo. No me acuerdo. Pero después cuando lo vi por televisión a este señor que devino en un tipo súper importante de la política argentina me di cuenta de que trabajaba para él. ¡Me hubiera llenado de plata! En un momento me cansé de ser secretaria: los tipos te gritan, mandonean, es feo. Me pelée con un tipo en una empresa, me fui y decidí terminar el profesorado de francés en la Alianza Francesa. Di clases, hice traducciones.

Del francés no tuvo tiempo de cansarse. Los tiempos se aceleraron al máximo hasta que la empezaron a llamar la Dama del Blues. Es que desde que dejó salir su voz, Deborah no sólo compartió escenario con el Indio (con quien además grabó la Piba del Blockbuster, en el primer disco solista del ex redondo): también con los Ratones, Dancing Mood, Fito Paez, Pappo, La Mississipi, Joaquín Sabina y más. “Ese apodo me lo puso una vez un periodista. A mí me tienen encasillada con el blues, pero yo canto de todo. Menos folclore y tango, que me encanta pero no sé cantar. Te tiene que pasar algo. Como los japoneses que vienen acá y son más tangueros que los tangueros. Y eso que muchos de los tangos los conozco desde chica como boleros. Cuando vine acá me enteré de que son tangos”. El camino para llegar hasta allí parece haber estado trazado por el destino –“si uno cree en los destinos”, aclara-. Una tarde de fines de los 80, al salir de su trabajo, encontró un volante que anunciaba clases de canto negro. Ahí conoció a Cristina Guayo que le presentó a su propia voz y también las de Cristina Dall, Mona Fraiman y Viviana Scaliza. Juntas formaron Las Blacanblus, una banda pionera, con sello femenino, que deslumbró en la época en que el blues estuvo de moda en Argentina, junto a Memphis, la Mississippi y otras bandas.

Imágenes: NosDigital.
Imágenes: NosDigital.

-Yo creo que nos favoreció. No era común. Pero yo pienso que el tema del machismo existe en todos los aspectos de la vida, en la sociedad. Lo que yo sé es que se valoraba lo que hacíamos artísticamente y porque de alguna manera nos ayudaron a mostrarnos gente como la de La Mississipi, que nos hacían tocar delante de ellos. Ellos tocaron todos en nuestro primer disco. Pappo siempre nos contaba que la que lo hizo descubrir a Las Blacanblus fue una novia que tuvo. Y él decía que fue la primera vez que lo hicieron llorar. Cuando nos presentó dijo “ahora cállense y escuchen a estas chicas”. Y todo eso fue respeto. La Negra Poly también nos ayudó. Tocamos con los Redondos en Huracán. Después las cosas normales de la vida de cualquier mujer: yo además de todo eso, tenía que criar a mis niños. Los llevaba al colegio a la mañana temprano y todos me decían “qué vida que tenés”. Como con mala onda. Sobre todo los padres, los tipos me lo decían. Mi marido viajaba y yo llevaba a los niños. Entonces como me acostaba tarde se me notaba. Y me miraban como “vos vivís de noche”. Hasta que una vez en el colegio me defendió otro padre: “a ver si entienden que ella trabaja de esto, que al público le gusta lo que ella hace y aparte está ahora trayendo a los hijos al colegio. A ver si ustedes se bancan eso”. Hay mucho prejuicio. Mucho: “Ah, sos músico. Qué bueno. ¿Y de qué laburás?”.

-¿Cómo fue que te animaste a cantar? De tu primera clase hasta que te subiste al escenario fueron un par de años.

– Blues, Gospel, todo eso empecé a cantar. Yo era la única que no me dedicaba a la música de las blacanblus. Ellas la tenían clarísima y querían eso. Surgió la posibilidad de empezar a tocar aquí y allá. Y aparecieron unos padrinos grosos que nos ayudaron. Cristina es la culpable de todo, es quien hizo que yo me diera cuenta de la voz que tenía. Yo no lo sabía, para nada. Yo pensaba que no, pero de a poco te vas liberando en las clases de canto. Yo estaba feliz. Le empecé a hacer caso, ella me recomendaba tomar clases de técnica con una mina del Colón que hizo que si yo tenía una voz así (hace un gesto corto con los dedos) pasara a tener una así (ahora el espacio entre los dedos es mayor). Cristina de entrada me decía “vos tenés que dedicarte a cantar”. Y fue así

Los niños de YouTube también crecen

Desde los 6 años que la conocen millones de personas. Pasado el sueño infantil de ser famosa, Wendy Sulca construye su carrera artística en la música autóctona andina. “Hay mucha gente que lo ve chistoso, y a mucha otra gente le encanta como canta”.

 “El peor error que a menudo cometemos es que juzgamos a las personas sin conocerlas; nos hacemos imágenes preconcebidas, quizás por prejuicio, sin pensar por un segundo en lo que ha sido su vida, sin saber su historia, su VERDADERA historia. Juzgar es fácil y criticar también cada vez que algo no nos parece lo adecuado o simplemente es diferente, pero ¿quiénes somos realmente nosotros para juzgar? Nos hemos acostumbrado a ver solo a través de nuestros ojos y criterios; no permitimos a nuestra alma sentir con el corazón ni conmoverse con una historia que quizás hayamos tenido suerte en no vivir”.

Extraído de La verdadera historia de Wendy Sulca, más allá de La Tetita.

 –

Antes que nada, antes que todo: Wendy Sulca es el nombre real de una joven peruana que está por cumplir 19 años.

Wendy.
Wendy.

Sin tacos, Wendy desciende unos 15 centímetros, sin vestido, Wendy usa una remera sin marca, sin pollera, Wendy usa un short negro y sin maquillaje, anteojos negros grandes. La Wendy que sale por una puerta y la que vuelve después de 25 minutos, ya producida para las fotos, parece otra pero es la misma.

Una es la Wendy Sulca cantante, la de las millones de visitas en YouTube; otra es la Wendy Sulca hija de Lidia y Franklin, criada en el humildísimo cerro de San Juan de Miraflores.

Ahora, Wendy ya tiene casi 19 años – y no refleja para nada a la niña de los videos millonarios de YouTube – y es una joven que está transitando el trecho de la adolescencia a la adultez, de manera adulterada: desde los 6 años que la conocen millonadas de personas.

Aquí, en un departamento alquilado en Nuñez, su madre Lidia está sentada en un puff detrás de Wendy estudiando sus palabras y entrometiéndose – atinadamente- en la charla cuando piensa o siente que tiene que dar una explicación. Lidia es el motor responsable del fenómeno Wendy Sulca, que es su propia hija, en todos los sentidos no-lineales posibles: genia o culpable, Lidia es la encargada de cumplirle a su hija el sueño infantil de ser cantante, o mejor, de ser famosa. Convengamos que su anhelo no es muy distinto al de millones de adolescentes, y al de millones de madres.

Así, en las calles de Argentina, la gente no reconoce ni saluda a Wendy, salvo cuando se sube al escenario después de las 12 de la noche y con un público embebido. En Perú, según cuenta, sí la reconocen en todos lados. En ese sentido la ilusión de Wendy ya está cumplida: es famosa.

¿Cómo continúa ahora ese sueño realizado – siempre aparentemente- mientras los hobbys, los amigos, los estudios y la vida misma de una joven adolescente se parecen cada vez menos a Wendy Sulca?

¿El show must go on?

La gente contesta algunas cosas en sus videos: “Peruana macaco dedicate a otra cosa”, “sólo te hiciste conocida por ser una burla”, “jajajajajajajajajajaja!!!”, “por qué nadie le dice a esta chica que canta como el culoooo?”, “debería ser ilegal”, “es normal que me sangren los oídos XD?”, “JAJAJAJAJAJA”, “DIOSITO LLEVATE A WENDY SULCA, Y DEVUELVENOS A MICHAEL JACKSON :(“, etc.

El etcétera es tan insoportable que pone en evidencia – como la cantidad de visitas- lo que el fenómeno Wendy es a la vez:

–      ¿Una cantante estrella?

–      ¿Un “producto del mercado”?

–       ¿Un efecto de un consumo alocado?

–      ¿De nuestro humor colonizado?

En esta nota Wendy habla, cuenta, contesta, y se ríe todo el tiempo.

“Pasaron dos segundos desde que comencé a cantar, cuando toda la gente del colegio empezó a aplaudir y a reírse por cómo lo hacía, y cantaban conmigo. Mi mamá, que estaba nerviosa y preocupada por cómo cantaría, lloró de la emoción y no aguantaba la risa al escucharme. Dice que cantaba como viejita, con ese agudo, ese gallito tan típico que tienen algunas personas que cantan huayno, sobre todo las señoras”.

Con orgullo, sus raíces andinas.
Con orgullo, sus raíces andinas.

Wendy Sulca nació pesando 1900 gramos. Su padre Franklin y su madre Lidia no habían deseado ni prevenido el embarazo. Su pobreza parió una beba con problemas de nutrición que se manifestaron en el hambre voraz de Wendy: su libro – editado sólo en Perú- cuenta que vaciaba la teta de su madre y hasta otras tetas de otras madres que pudieran seguirla alimentando.

Su historia personal y la de la cantante empiezan a hilarse con su éxito más conocido (13 millones de visitas en Youtube, más de 100 versiones del tema) que se llama, no casualmente, La tetita. La canción fue compuesta por su madre Lidia y dice:

De día, de noche
quisiera tomar mi tetita
de día, de noche
quisiera tomar mi tetita

Cada vez que la veo a mi mamita
me está provocando con su tetita
Cada vez que la veo a mi mamita
me está provocando con su tetita

Ricoricoricorico, que rico es mi tetitaa
mmm!! rico!! qué rico es mi tetita…

El trasfondo de la letra es, claro, la anécdota de Wendy, pero ampliada a un contexto: “La tetita se hizo pensando en los niños campesinos, para promover la lactancia materna”, cuenta Lidia su sentido.

El video del tema arranca con unos peluches esos de juguete, que se mueven y emiten cierto ruido, hechos también por la propia madre Lidia que es fabricante de peluches de oficio (en serio). Las imágenes luego intercalan a un grupo de niños (“campesinos”), una vaca, una madre amamantando, un arpista tocando su arpa, Wendy a los 6 cantando y bailando, todo en un paisaje de palmeras que es en el distrito de Huacaña, lugar donde – también- nació la madre de Wendy Sulca. “Los productores nos dijeron ´lo hacemos acá nomás en una plaza de Lima´ y yo le dije nonono, si no tienen plata yo corro con los gastos de los pasajes de los camarógrafos y todo eso… Eso lo hice, pero después no encontramos pasaje para nosotras, y nos fuimos en el bus abajo donde van las encomiendas, los bolsos. Ahí nos fuimos”.

Wendy: “Y los camarógrafos ahí arriba (ríe). Pero felizmente encontramos, ¿te acuerdas?, un colchón que estaba doblado, rompimos la cinta y fuimos durmiendo. Y para no quedarnos asfixiadas había como una tapita, la abrimos y entraba el aire por ahí…”.

La madre: “Mis hermanos me decían: estás loca. ¿Pero qué iba a hacer? Si los camarógrafos estaban arriba, no me podía quedar. Si van los bolsos, ¿porque no podría ir yo?”.

¿Cuánto tiempo viajaron en la bodega de los bolsos?

Al unísono contestan: “12 horas”.

Y se ríen.

La carrera de Wendy Sulca fue extrema hasta ese punto. “Venimos de una familia muy humilde, nosotros vivíamos en San Juan de Miraflores, en uno de los tantos cerros que hay. Hemos sufrido mucho, mucho”, remarca la joven Wendy. San Juan es indicado como uno de los distritos más pobres de la provincia de Lima, al sur de esa ciudad, con 400 mil habitantes. Está rodeada por cerros también bien poblados, al mejor estilo La Paz, con menos densidad de población que esa ciudad pero con más que la capital argentina. Wendy se crió en uno de esos cerros, que son siempre más humildes que la ciudad. Su madre compara: “San Juan es un distrito como la provincia de Buenos Aires, un poquito apartado de la ciudad. Seguimos viviendo ahí pero estamos en la zona B”. Según cuentan las Sulca, en San Juan existen las zonas A, B, C, D y E: ellas pasaron de la D a la B hace tres años, donde alquilan “un departamentito”. “Ahorita no podemos comprar, o sea sí podríamos pero estamos invirtiendo en Wendy. Ustedes no se imaginan cuánto cuesta… Yo sé que no hemos hecho grandes cosas todavía, ni siquiera un videoclip bueno… Estamos trabajando en eso, en el disco, hacer un buen videoclip que cuesta carísimo. Por lo pronto estamos en un mini departamento enfocadas en eso porque, ojalá Dios quiera, lo importante es hacer el disco de Wendy y que siga su carrera”.

Que Wendy sea la prioridad quedó claro en otra de las historias que cuenta la propia hija única: “Una de las tragedias que más nos tocó a nosotras fue la muerte de mi papá. Era mi arpista, yo siempre cantaba con él, él me apoyo desde el primer momento. Fue un momento decisivo de si seguir cantando o no seguir cantando. Imagínate, yo era una niña y estaba acostumbrada a cantar con mi papá… Me acuerdo que mi mamá me pregunto: ¿Vas a seguir cantando o no? Porque es muy difícil una carrera de cantante, y cuesta mucha plata… Pues, nada, decidí seguir adelante porque tanto habíamos luchado… recién empezábamos pero ya habíamos sufrido mucho: no nos pagaban en los locales, volvíamos caminando con mis polleras y el frío hasta mi casa, a veces nos quedábamos a dormir en el boliche para el siguiente día venirnos en bus… No teníamos suficiente dinero. Todas esas cosas yo me ponía a pensar: mi papá quería que yo siga adelante. Yo creo que por él, por mí y por mamá yo seguí adelante”.

Lidia, que escuchaba a su hija contar la historia con madurez, se incorpora en el puff para explicar su parte: “Yo fabricaba peluches, esos mismos que aparecen en el video de La Tetita. Mi esposo trabajaba para pagarles a los músicos, y yo trabajaba para comer. Cuando mi esposo fallece, yo dije ´si con mi esposo dormíamos en los locales porque no nos alcanzaba el dinero´… ¿Cómo quieres que trabaje para los músicos, para hacer tu vestuario y para comer? Y encima me quedé con muchas deudas. No vas a cantar porque yo, la verdad… yo voy a trabajar para educarte y para la comida. Ya no vas a cantar”.

Silencio.

“Se puso a llorar y me dio tanto la pena… ver llorar a mi hija… truncar sus sueños porque su papá murió… Yo dije: no. Haré lo que sea y que Dios nos ayude. Pedí dinero al banco, hice polladas, iba trabajando y pagando cuota por cuota… y hemos avanzado un poquito. Gracias a Dios este año visitamos diferentes países, hemos podido presentarnos en muchos lugares. Acá tocamos en boliches, pero en México tocamos en un auditorio. Eso ya es un avance, ¿no?”.

El mismo día de la grabación de La tetita se hizo también Cerveza (8 millones de visitas), su segundo gran éxito, el que más ruido hizo por ser una niña de seis años que canta “señor cantinero, deme más cerveza”. Wendy: “Sí, obviamente, era raro ver a una niñita de otro país cantándole a la cerveza… Si yo lo veo, no voy a entender. Pero en Perú la música folclórica se suele cantar así. Yo fui una de las primeras niñas que salió a cantar ese tipo de música”. Lidia completa: “En Argentina u otros países algunas personas no conocen de dónde viene la música autóctona, el arpa, la guitarra. Tal vez lo pueden tomar como chistoso, pero no tienen conocimiento de dónde viene, que viene de los Incas”.

El consumo de Wendy Sulca en distintas partes del mundo pone en juego una serie de valoraciones que, si parten del prejuicio o no, a las Sulca las tiene sin cuidado: “Como sea, así también se abrió la puerta a muchos países, de la manera que haya venido. Hay mucha gente que lo ve chistoso, y a mucha otra gente le encanta como canta Wendy”, asegura su madre. “La gente gracias a Dios le quiere a Wendy. Y esa es la satisfacción que ahorita llevo en mi corazón. De lo poquito que hemos hecho hasta ahorita, como lo hemos hecho a pesar de todas las cosas que nos han pasado… Este es el comienzo. Yo quiero que mi hija avance mucho más”.

¿Wendy quiere? “Pues obvio, sí”.

Ante la atenta mirada de su madre, Wendy parece saber lo que conlleva esa elección. “Estudiar es muy muy difícil porque si ya en el colegio se me complicaba mucho, por lo que faltaba por las presentaciones, estar en una universidad es mucho más difícil, me dicen”. Durante el año pasado Wendy intentó un cuatrimestre en Administración de empresas, pero tuvo que dejar por los viajes como éste.

“Este año, sí o sí”, sentencia la madre.

Wendy: “No se sabe, ¿qué tal si salen más cosas?”

-A la distancia, pero tienes que estudiar.

-Ojala que se pueda… Yo igual quiero seguir preparándome, obviamente, estudiar actuación, canto, baile, prepararme mucho más para lo que se viene – vuelve Wendy a la charla periodística. Durante el 2014 Wendy estudio canto e hizo un taller de baile. “Soy cero deportes, soy malísima. Hobby no, aparte de cantar me gusta actuar y aparte de eso… de chiquitita me gustaba dibujar, pero ya no”.

Imágenes: NosDigital
Imágenes: NosDigital

¿Qué hacen los chicos de su edad, de su barrio, sus ex compañeros de colegio, los jóvenes de 19? “De repente personas muy humildes van a las calles a pedir limosnas, vender caramelitos. Pero no, mis compañeros no trabajaban. Lo que pasa es que yo de muy chiquita salí a cantar con mi papá y en uno de esos gané un concurso representando a mi distrito. Y justo el alcalde vio eso, le gusto que ganáramos y pues me apadrinó. Él se encariño mucho conmigo, fue mi padrino de bautismo, me becó en un colegio de clase media, uno de los más importantes, y estuve con chicos de clase media; tampoco de clase alta, pero de clase media que tenían de todo… Y yo no mucho que digamos”.

Luego siguió el turno de En tus tierras bailaré, que cosechó que 4 millones de visitas… En él Wendy hizo trío con otra cantante peruana, la Tigresa del Oriente (“yo la escuchaba cuando chiquita”) y el Delfín (“no lo conocía”). ¿Qué tienen de común? “Lo común que tenemos es que hacemos música autóctona… ¿Acá le dicen ´tropical´?”.

Wendy, La Tigresa y el Delfín cantaron “Israel, Israel, qué bonito es Israel” por pedido de un productor argentino, que les aseguró fama internacional con ese videoclip. “Nosotros en ese tiempo nos habíamos alejado un poco de la música. Yo solo estaba estudiando. Porque nos habían robado mucho, porque salí un poco en la televisión y la gente piensa que por salir en la televisión uno tiene dinero. La verdad que fue muy duro, estaba muy nerviosa, tengo mucho terror porque entraron a mi casa armados, tapados… Dijimos que mejor había que dejarlo por un tiempo, terminar el colegio y después seguir… Ya lo habíamos dejado. Y pues nos llegó esa propuesta de la nada y wow. Bueno, hay que hacerla, no perdemos nada”.

Wendy sumó 4 millones de visitas y su carrera truncada por la pobreza familiar volvía al ruedo inesperadamente. El impulso derivó en un primer viaje a Argentina – donde las Sulca tienen familia en Villa Celina- y luego Colombia (dos veces), Ecuador (2), Chile (2), México y España, donde participó en un festival de YouTube.

YouTube le paga por sus videos desde el año 2010.

El mismo productor argento de En tus tierras bailaré propuso el siguiente paso: un cover de Madonna (“no la conocía”), Like a Virgin (3 millones 6 mil visitas). La lectura del productor seguía su crecimiento: Wendy ya tenía 17 años. “Cuando era chiquita pues solo escuchaba música folclórica: mi papá trabajaba en mi casa y ponía esa música. Cuando fui creciendo, las amigas, en el colegio escuchaban otro tipo de música, más variada”. Wendy cuenta que hoy le gustan Lady Gaga y Lali Espósito.

“Cuando era chiquita mucha gente me veía diferente, muy chiquita. Creo que ahora estoy en una nueva etapa, obviamente crecí y quiero hacer otras cosas, evolucionar. También cambiar un poco la imagen y todo eso”, comenta.

Al mismo tiempo, Wendy se fue dotando de un discurso sobre lo que hace, que pone sobre la mesa desde sus primeros hasta sus últimos videos: “Creo que hay muchas que cantan pop, muchas, y yo quiero hacer algo diferente. Quiero fusionar la música de Perú con el pop, seguir usando mis polleras… Mucha gente me dice eso: ´me identifico mucho contigo, me encanta que ames de donde eres´. Porque me siento orgullosa de eso. Quiero que me recuerden por alguien que se identifica con lo que es, sus raíces, su cultura, y que quiere difundirla al mundo”.

Mientras Lidia cocina un almuerzo tardío, en el living la Ya No Tan Pequeña Wendy se maquilla y al mismo tiempo mira el celular que le avisa que hoy (ese día) un cantante chileno lanzó una canción en la que ella colabora y que #WendySulca es trending topic.

Y se ríe.

El tango de hoy

La Orquesta Típica Fernández Fierro ya dejó en claro que de típica no tiene nada. Desde la trinchera del tango, hay algo que en estos 15 años de existencia no varió: “Lo importante siempre fue mantener un grupo que se dedica a la música auténtica, de nuestro tiempo y sincera”.

Falta un poco más de una hora para que el miércoles se convierta en jueves. En la calle Sánchez de Bustamante al 700 existía hace años un taller mecánico. En la vereda un gato, mascota del lugar, cuida la puerta de lo que hoy es el Club Atlético Fernández Fierro. La persiana está abierta desde hace rato. El club social y cultural fue fundado por la Orquesta Típica Fernández Fierro para llevar su show -y el de muchos otros músicos- al escenario de su propia casa.

La Fernandez Fierro en Almagro.
La Fernández Fierro en Almagro.

 

El público copó todo. No quedan sillas ni mesas libres. Los últimos en entrar se sientan en las gradas del lateral. Desde hace diez años, los miércoles se espera aplaudir a la orquesta cuando sale a escena.

*

– ¿Cómo se sostiene un ciclo tanto tiempo?

Desde varios lugares distintos, primeramente creo que las ganas de hacer algo artístico. Ninguno de nosotros pensó en poner una empresa cultural, sino en hacer música. Fue eso lo que nos unió desde un principio y sigue siendo lo principal.

Las ganas hablan de una necesidad que excede un género musical, mucho más amplio que tocar tango. Yuri Venturin, contrabajista y miembro de la primera hora, lo aclara: “Me refiero a algo artístico, podría ser cualquier otro tipo de música”.

La Orquesta Típica Fernández Fierro arrancó en el 2001, aunque muchos de sus músicos tocaban juntos desde antes. Son, desde entonces, una multitud en escena: 12 músicos y una cantora, Julieta Laso, que en la previa al show come empanadas mientras Los Piojos suenan en los parlantes del lugar.

Julieta Laso en voz.
Julieta Laso, voz.

– ¿Yuri, reconoces algo del 2001 en la Orquesta?

– Creo que no tiene que ver con ese momento de crisis. Si bien en los momentos complicados el arte es una ayuda, es necesario en todos los momentos, de crisis o no. Para nosotros siempre fue complicada la situación económica, al día de hoy también. Como dice un músico amigo, la abuela siempre te decía: “la profesión de artista no es rentada”. Si bien la situación del país cambió muchísimo en estos años, nosotros la tenemos que seguir remando casi siempre igual. Para las personas que nos interesa hacer arte -y ese es el principal objetivo- no hay una situación de panacea nunca.

– Si hay una situación de remarla, ¿en todos estos años qué herramientas creés que fueron desarrollando para seguir?

– Creo que hemos madurado bastante como grupo y como individuos, muchos ya hemos pasado los 40 años y también al haber trabajado mucho tiempo vamos conociendo no solo el lado profesional, sino también el humano. En cierto aspecto estamos más profesionales, más sosegados, tenemos más claro lo que es lo importante y lo que es accesorio.

Yuri Venturin, contrabajista.
Yuri Venturin, contrabajista.

– ¿Lo importante cambió en estos años?

– Lo importante siempre fue mantener un grupo que se dedica a la música auténtica, de nuestro tiempo y sincera.

*

Las luces se apagan y la Orquesta Típica Fernández Fierro sale a escena. Julieta aparece en el segundo tema. Combate el calor con shorts de jean y un rodete en el pelo que cada tanto desata y libera sobre el micrófono. El escenario parece desgarrarse. El cuerpo se saca de a pedazos, por las manos y por la voz.

En vivo.
En vivo.

Son jóvenes y así se muestran. No sostienen otra actitud –ni arriba, ni abajo del escenario- que sea la de ellos mismos. La Orquesta Típica Fernández Fierro es tango que habla del ahora.

– Siempre quisimos hacer la música que tenemos ganas de escuchar. El tango de antes nos gusta pero ya está, ya pasó. Ahora hacemos lo nuestro.

Yuri lo dice: música de nuestro tiempo y sincera. Llevan en sus manos trabajos discográficos que dan testimonio: Envasado en Origen (2002), Destrucción Masiva (2003), Vivo en Europa (2005), el DVD Tango Antipánico (2005), Mucha Mierda (2006), Putos (2009), TICS (2013) y su último material En Vivo (2014).

– Su música al ser sincera con la época, ¿creen que es popular?

– Si, por supuesto. Está dentro de los parámetros de lo que es la música popular, esto definitivamente no tiene nada que ver con que la música la escuchan 10 personas o 100mil.

– ¿Entonces lo popular no tiene que ver con lo masivo?

– No, lo popular cumple con ciertos requisitos de género musical, un ritmo, una melodía reconocible, es música del pueblo, una persona puede ir por la calle silbando la melodía o cantando la canción. Cuando eso deja de ocurrir, muchas veces hay músicas populares que se alejan de lo que es la expresión popular. Ha pasado en el tango, en el jazz, en el rock. La música que hacemos nosotros es popular.

– ¿Pero sí puede ser masiva?

– Si, tenemos ejemplos de sobra.

– Entonces, lo popular no es necesariamente masivo. ¿Lo masivo es necesariamente exitoso?

– Lo masivo, sí claro, es exitoso.

– ¿Y lo popular?

– Puede serlo o no.

– ¿Y ustedes se consideran exitosos?  

– Relativamente acá tocamos y siempre hay gente, no somos más famosos que Jesucristo pero nos defendemos.

*

Bajo las tablas el calor se combate con cerveza fría. La bebida y comida tienen precios de esos que se llaman populares, el lugar se sostiene entre todos. Un grupo de pibes que hablan en inglés agigantan los ojos desde las gradas. Los músicos están acostumbrados a pararse frente a diferentes públicos. Su tango visitó más de 20 países y numerosas ciudades. En su perfil de Facebook, su biografía se lee en castellano y en inglés. Su material “Vivo en Europa” se describe en su web: “Disco pirata oficial. Grabado en vivo muy cerca de Suiza, en el 2004”. De su sonoridad se habla en la prensa de muchos países, en muchos idiomas. “Siempre es positivo conocer otras culturas, ver cómo reaccionan con la misma música. A veces no hay tantas diferencias. A veces aquí en Buenos Aires hay más prejuicios en cuanto al tango que en lugares donde no saben lo que es. Al ser algo desconocido no tienen ningún preconcepto de lo que van a escuchar, si es tango nuevo, viejo. Si usan zapatillas o la camiseta de chacharita”.

Muchas de las tablas a las que subieron en Europa fueron dentro de festivales denominados de World Music, festivales que no responden a un género musical determinado, son de música y ya. En el CAFF “hay bastante comunión”, dicen y abren las puertas a que esas mixturas se produzcan cerca de casa. El sábado 21 de marzo, la música será protagonista de Lollapalooza Argentina: la Fernández Fierro compartirá grilla con Jack White, Calvin Harris, Robert Plant, Molotov, Miss Bolivia, entre muchos otros.

Imágenes: NosDigital
Imágenes: NosDigital

No sabemos sin son más famosos que Jesucristo, pero en el Club Atlético Fernández Fierro suenan firme y fuerte. Resuenan. Quizás en algún lugar del mundo, alguien los esté silbando.

*

La Orquesta Típica Fernández Fierro son: Federico Terranova, Pablo Jivotovschii, Bruno Giuntini y Alexey Musatov en violín. Juan Carlos Pacini en viola. Alfredo Zuccarelli en violoncello. Flavio Reggiani, Julio Coviello, Eugenio Soria y Fausto Salinas en bandoneón. Santiago Bottiroli en piano. Yuri Venturin en contrabajo. Julieta Laso en voz.

Sus próximas fechas en: http://fernandezfierro.com/

¿De quién es la información?

El qarashe de la comunidad qom Potae Napocna Navogoh Felix Díaz está acampando en 9 de Julio y Avenida de Mayo desde el 14 de febrero. Reclama, con el apoyo de su pueblo, poder conocer sobre las obras del gobierno formoseño de Insfrán en territorio indígena. Del otro lado, reprimen.

Félix Díaz no cuenta detalles de las agresiones que sufrió su familia y la comunidad qom de la que es lider, especialmente desde el 13 de febrero. No naturaliza ni los insultos, ni las intimidaciones, ni las amenazas, ni los golpes. Los carga encima y se los lleva al hombro hasta la 9 de Julio y Avenida de Mayo, a un kilómetro de la Casa Rosada, uno del Congreso, uno de Tribunales y a 1341 de la comunidad qom Potae Napocna Navogoh. Ahí, en medio de los Poderes del Estado, donde ya acampó en 2011 durante cuatro meses, aguanta otra vez desde el 14 de febrero. Ahí siente que más gente detiene un segundo la mirada en las banderas. Alguno que otro para a preguntar. Las reacciones son diversas. En la marcha del 18F, un hombre paró con el celular a la oreja, frente a la carpa de Félix, debajo de una enorme Wiphala y ubicó a su interlocutor: “Acá, donde están los indios”. Ante ese hombre también intenta Félix visibilizarse y dejar de ser el miserable al que están privando de agua, de información sobre sí mismo y su territorio.

Estaba ya en Buenos Aires para hacer gestiones ante organizaciones como Amnistía Internacional y el Centro de Estudios Legales y Sociales para conseguir información sobre las obras que está haciendo el gobierno provincial formoseño presidido por Gildo Insfrán en la comunidad desde hace más de cuatro años. El 14 de febrero lo sorprendieron llamados contándole que estaba tomando envión un espiral de agresiones en su comunidad.  Hacía varios días que la comunidad estaba haciendo un corte de la Ruta Nacional 86 kilómetro 1341.

En ese mismo lugar, el 23 de noviembre de 2010 fue asesinado Roberto López durante la represión a los qom que reclamaban por tierras ancestrales. Desde entonces, la zona es área de muerte qom. La metodología es el supuesto accidente. Mario López, atropellado el 24 de noviembre de 2010. Celestina Jara y su nieta Lila Coyipé, el 10 de diciembre de 2012. Juan Daniel Asijak, el 5 de enero de 2013, aunque según testigos pudo haber sido golpeado y el siniestro, una invención. A 5 kilómetros está la casa del gobernador de la provincia, Insfrán, que todavía no los atiende.

Felix Diaz.
Felix Diaz.

“Que se cumpla el derecho al acceso a la información”, exigen ahora.

Declaración de las Naciones Unidas sobre los derechos de los pueblos indígenas, artículo 11:

2. Los Estados proporcionarán reparación por medio de mecanismos eficaces, que podrán incluir la restitución, establecidos conjuntamente con los pueblos indígenas, respecto de los bienes culturales, intelectuales, religiosos y espirituales de que hayan sido privados sin su consentimiento libre, previo e informado o en violación de sus leyes, tradiciones y costumbres.

“El gobierno de la provincia destinó varias viviendas a la comunidad, pero hace cuatro años que se está construyendo y no conocemos a las cuatro empresas constructoras, ni qué monto de dinero se destinó, ni hasta cuándo puede durar la obra”, explica el líder de Potae Napocna Navogoh. Venía reclamando esa información formalmente a través de presentaciones de notas. No contestaron ni el ministro de Seguridad y Trabajo, ni el Instituto Provincial de la Vivienda, ni el ministro de Salud. “Nunca fueron contestados los reclamos. Por eso cortamos la ruta. En vez de resolverlo, la Provincia contrata a pastores evangélicos para decir que somos opositores manipulados por ONGs. No reconocen que el reclamo es justo. No hay ni siquiera un cartel con la información. Lo que queremos es transparencia en todos los trabajos que se destinen a la comunidad indígena”, sigue el qarashe Diaz.

El gobierno no contesta con información, pero contrataca con arietes: “Díaz junto a miembros de algunas ONG con llegada a medios de comunicación de Buenos Aires, utilizan situaciones de la cotidianidad de la vida comunitaria, como ser un accidente de tránsito o una afección de salud, incluso discrepancias sociales internas entre vecinos, para mentir, manipular y dañar la imagen de una provincia y sus habitantes, tratando de hacer creer que todos los formoseños somos cómplices de una supuesta persecución a las comunidades indígenas”, indica el ministro de Gobierno, Justicia, Seguridad y Trabajo, Jorge González. La táctica ya la conoce Félix Díaz: “El gobernador financia las actividades de patoterismo de la misma comunidad indígena: pastores de la iglesia evangélica, asociaciones civiles… Los presiona a través de la asistencia social, la pensión provincial, planes. Si los indígenas no actúan, a través de una orden del gobierno se les sacan esos beneficios. Como hay mucha pobreza, el gobierno juega con eso. Lo usa para seguir diciendo que está todo bien, que los indígenas no necesitan nada”.

Hay 850 familias y el gobierno de la provincia está construyendo alrededor de 300 viviendas desde 2010. El líder qom denuncia que hay una mala distribución en la que algunos punteros políticos tienen cinco viviendas mientras hay familias que no tienen nada: “Nosotros salimos a dar la cara en los reclamos y ellos se apoderan de los resultados”, se queja. Las protestas, además, no son gratuitas. Esta semana, durante el corte de ruta la hermana de Félix Díaz, de 97 años, fue agredida físicamente e insultada. Antes, les había tocado a Clemente Sanagachi y a Valentín Yaecle.

Imágenes: NosDigital
Imágenes: NosDigital

El sábado a la mañana hubo un altercado porque el gobierno mandó a las máquinas de construcción, custodiadas por policía y gendarmería. La comunidad no quiso que entraran hasta que se destrabara el conflicto. Exigió que se resuelvan los pedidos en general: conocer cuántos recursos económicos están destinados a cada obra en vivienda, electrificación rural, agua potable, salud y caminos. “El cable que se instaló hace 5 años no está conectado a la energía; la red de agua potable no está distribuida a la totalidad de la comunidad. El agua potable da dos horas por día. Con este calor terrible, la necesidad de la gente es mucha”, ejemplifica Félix Díaz desde el acampe en la Avenida 9 de Julio porteña.

El enviado del gobierno es Hugo Arrúa, Administrador General del Instituto de Pensiones Sociales. Díaz asegura que su misión es ir a dividir a la comunidad. El titular del IPS y su esposa Elizabeth Obregoso. según el líder qom, “no dejan de generar conflictos internos y bronca”. Hugo Arrúa es quien hace un año desmentía que el hijo del qarashe hubiera recibido una golpiza por cuestiones políticas. Según sus palabras, fue “una pelea entre muchachos” que “estaban bebiendo”.

Para Félix, esto se suma a otras formas de división que encuentra el Estado, como dar dos personerías jurídicas a fracciones diferentes de la comunidad. Una de ellas, otorgada por la Provincia y otra por la Nación. “La primera, la Asociación Civil, nunca fue elegida por la comunidad, sino que el gobierno pone a sus hombres de confianza para estar al frente de ésta. Esa es la diferencia, una que está por encima de la comunidad y la otra que es la de la propia comunidad que administra sus propios intereses como la agricultura, ganadería, caza, pesca y uso de los recursos para la artesanía, que son nuestras costumbres”, contó. Así no solo pierden sus hábitos, su cultura. También el sentido de comunidad. Las divisiones sembradas desde afuera permanecen en el tiempo. “A la noche (Arrúa) se retira del territorio después de haber sembrado discordias, Nosotros nos quedamos. Si yo me peleo con mi hermano, todo el resto del día me lo sigo cruzando. Así, el gobierno nos trata de dividir”, teme Félix.

Escándalo travesti

Mientras en el Poder Legislativo se presentan proyectos por el resarcimiento a la población trans por décadas de persecución, desde los medios masivos se propone su estigmatización como prostitutas. La transfobia replicada desde y hacia la sociedad.

Ella no quería estar ahí cuando se hiciera de día. El cielo estaba cubierto de nubes, el rosa lo iría cubriendo todo en la salida del sol, para morir en un gris pálido, triste, como el de la ruta. Apretó el paso. Los autos apurados al costado de su cuerpo le recordaban que, para otros, empezaba la jornada. Pasó por donde había dejado a sus compañeras, pero había tardado mucho en volver, ya no estaban. Siguió. Hizo uno o dos kilómetros cantando bajo por miedo al silencio, hasta que dobló en su calle. Y ni hizo falta. Preguntar, sospechar, dudar. Nada. Se los leyó en las caras, en la piel de los pómulos secos, deshidratados de llanto.

Esa mañana, como otras antes, patearon el barrio y tocaron puertas para juntar la plata para el cajón y el entierro. Secretarias de la parca, parecían. Era verlas llegar y ya saber que les habían dado otra paliza, otra más, otra menos. Esa mañana, de nubes mentirosas y dientes apretados, se besaron las manos, los cuellos y las lágrimas, sin querer convencerse de que no hay nada más solitario que el dolor. Esa mañana de furia, se llenaron la boca de puchos, de picos de botella y de puteadas. Esa mañana, la vida era tanta muerte.

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La mató un cliente. La mató la policía. La mató el hambre. La mató la tristeza, el dolor. La mató la droga o el alcohol. La mató la calle. La mató la marginalidad.

La mató el Estado.

Recortes extraídos de http://blogs.tn.com.ar/todxs/ de Bruno Bimbi.
Recortes extraídos de http://blogs.tn.com.ar/todxs/ de Bruno Bimbi.

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La expectativa de vida promedio de una travesti es menor a 40 años. Más del 80% ejerce la prostitución. Y la mayoría la dejaría si consiguiera un trabajo. El mismo porcentaje corresponde a la cantidad que alguna vez vivió hechos de discriminación por parte de la policía, tales como detenciones arbitrarias, extorsión, maltrato, humillación y distintas formas de violencia, incluida la sexual.

Estos flashes de la vida cotidiana de las travestis en nuestro país están inscritos en un entramado de exclusión y discriminación, que nos habla de una violencia estructural y, en gran medida, estatal. La realidad histórica de este colectivo está atravesada por un contexto de persecución, estigmatización, criminalización y patologización de sus identidades y sus cuerpos. Los relatos que giran en torno de estas trayectorias están plagados de escenas de enfrentamientos con la policía, de golpizas y torturas en comisarías, relacionadas directamente con su identidad impugnada como también con el ejercicio de la prostitución. Y en este sentido, no marcan a la última dictadura como un hiato en sus vidas. Por el contrario, señalan que esa cultura del terror las azotó en todo tiempo político. Han sido víctimas del terrorismo de Estado; en dictadura y en democracia. De esta forma, desarrollaron una serie de estrategias que se aprendían y reproducían dentro de un “código de la calle”. Involucran todo un abanico de prácticas de resistencia y de sobrevivencia que implicaban un estado de alerta permanente – para huir, esconderse debajo de autos o “camuflarse” en locales – y el desarrollo de una capacidad de improvisación a la orden para inventar nombres e historias y “cubrirse” entre sí. Simplificando las trayectorias singulares de las personas trans, la expulsión/abandono de la casa familiar es un lugar presente en la mayoría de las historias de vida; con la consiguiente exclusión de los sistemas institucionales de escolaridad y salud, el espacio de socialización y educación (en el sentido amplio, no escolar, del término) es principalmente la calle.

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Captura de pantalla 2014-11-26 a la(s) 09.33.06

¿De qué privilegio hablan?

En las últimas semanas entraron en la agenda de los medios masivos de comunicación dos proyectos de ley relacionados al colectivo trans. Uno presentado por María Rachid en la Legislatura porteña a fines de 2012 y otro por Diana Conti (elaborado por Asociación de Lucha por la Identidad Travesti y Transexual, Futuro Transgenérico, Abogad*s por los derechos sexuales y Movimiento Antidiscriminatorio de Liberación) en el Congreso de la Nación el mes pasado. Ambos son proyectos de pensiones no graciables o contributivas. En el primer caso, para todas las personas trans mayores de 40 años (limitado a la jurisdicción de CABA) y en el segundo, más específicamente para aquellas personas que hayan sido privadas de su libertad por causa de su identidad de género y como consecuencia del accionar de las fuerzas de seguridad federales o por disposición de autoridad judicial o del Ministerio Público nacional o federal. Este último toma como modelo el régimen reparatorio para ex presas y presos políticos, establecido por la Ley Nacional Nº 26.913 y su Decreto reglamentario Nº 1058/2014. Ambos proyectos hacen énfasis justamente en este aspecto reparatorio por considerar que se trata de una población víctima de la violencia sistemática del Estado.

Las repercusiones no tardaron en llegar. Desde las decisiones editoriales de diarios y portales en publicar títulos y fotos que refuerzan el binomio travesti-prostitución – sin ninguna referencia a las causas estructurales de la problemática, como si se correspondiera a una esencia o naturaleza inevitable –, el extendido uso del término “subsidio” en lugar de “pensión”, un sinfín de chistes sobre estrategias paródicas para poder cobrar, comparaciones descolocadas con otros planes o asignaciones, reclamos del tipo “mejor un trabajo que un subsidio”, hasta comentarios escandalizados por el destino de “nuestros” impuestos. Justamente eludiendo por completo el eje central: la reparación.

Captura de pantalla 2014-11-26 a la(s) 09.37.34Se trata de una población que ha sido expulsada de los sistemas públicos de salud y educación, a la que se le ha negado el derecho al trabajo, que ha sido víctima de un Estado represor, que ha estado condenada a una vida precaria. Sobrevivientes de un Estado represor y persecutor. Se trata también de una población que ha comenzado a existir jurídicamente hace apenas algo más de dos años, con la sanción de la Ley de Identidad de Género. Antes de eso, el Estado negaba su existencia y aparecía únicamente en el accionar de la policía, con la aplicación de los edictos y las contravenciones, ejemplares de las políticas de persecución social; o en la cara de algún juez que las hacía pasar por innumerables pruebas y demostraciones cuando iniciaban un proceso para cambiar su nombre en el DNI.

Captura de pantalla 2014-11-26 a la(s) 09.39.53No está únicamente en juego el derecho a un trabajo digno, a la educación, a la vivienda y a la salud de personas cuya vida está reducida a la supervivencia. Se trata del derecho a la justicia. Y estas repercusiones estigmatizantes, ridiculizantes y simplistas solo consiguen legitimar la violencia. Perpetuar la injusticia.

Lo que escandaliza, ¿es el “subsidio” o son las travestis? Esos cuerpos e identidades que amenazan el orden binario de género y nos recuerdan que nuestras propias clasificaciones no tienen nada de naturales, universales ni eternas. ¿De qué privilegio nos hablan? El privilegio es ancho y ajeno.

Datos:
Berkins, Lohana (comp.). Cumbia, copeteo y lágrimas. Informe Nacional sobre la situación de las travestis, transexuales y transgéneros. ALITT, Buenos Aires, 2011.
INDEC, INADI. Primera Encuesta sobre Población Trans 2012: Travestis,Transexuales, Transgéneros y Hombres Trans. Informe Técnico de la Prueba Piloto. Municipio de la Matanza, 2012.

“Gracias a los y las que pusieron el cuerpo”

Celebramos la primera graduación de estudiantes del bachi popular trans Mocha Celis. En la senda por la inclusión y la visibilización desde la escuela.

“Queremos agradecer a los y las compañeras que pusieron el cuerpo estudiando”.

Dice alguien, en un video.

“Cada vez que vamos, es un día menos de poner el cuerpo en una esquina”.

Dice alguien, en persona.

Abel-Francois Villemain es un tipo que vaya uno a saber quién carajo es. En Wikipedia algo dice de él, pero, la verdad, a quién le importa. Algún académico dirá que en Argentina es un tipo importante, pero la verdad es que ni cruzó los Andes ni fue un delantero que hizo un gol en el último minuto de un clásico. Pero acá tiene cierta fama: Domingo Faustino Sarmiento arranca “El Facundo” citando una frase de él en francés que los pibes del secundario nunca entienden porque, claro, está en otro idioma. Pero, para 1845, en Latinoamérica, citar a un francés, seguro, era un elegante símbolo.

Sarmiento por el MOCHA CELIS.
Sarmiento por el MOCHA CELIS.

En la entrada del Palacio Pizzurno, donde funciona desde 1903 el Ministerio de Educación –en realidad, antes se llamaba Consejo Nacional de Educación-, hay, a la derecha, un cuadro de San Martín y a la izquierda uno de Sarmiento. Unos pasos más adelante hay, también, un busto de yeso de Sarmiento, parecido al que hay en miles de patios de escuelas de Argentina. Unos pasos más adelante hay un cartelito donde está la imagen, también, otra vez, de Sarmiento.

Para llegar al Salón Blanco del Palacio Pizzurno hay que subir al segundo piso. Cuadros, arañas colgadas del techo, detalles en dorado y columnas con relieve conforman el establishment estético de la sala. A priori. Porque en un costado, en un banner gigante, aparece, otra vez, Sarmiento, pero de otra manera: con rulos amarillos, con los labios pintados con rouge rojo y con los cachetes maquillados con un redondel rosado. Sarmiento, otra vez, es un símbolo: está por arrancar la ceremonia de la primera entrega de diplomas a las y los y les egresadxs del Bachillerato Popular Trans Mocha Celis, una institución educativa creada autónomamente el 11 de noviembre de 2011 (11/11/11), primer bachillerato popular para personas travestis, transexuales y transgénero –aunque, claro, es abierto a cualquiera que quiera terminar sus estudios-, que funciona en la Mutual Sentimiento, en Lacroze 4181, quinto piso. La imagen es divertida y es el símbolo de esta institución educativa que hoy tiene la primera promoción en “perito en el desarrollo de las comunidades”. La imagen ridiculiza a Sarmiento.

Pero, perdónenme que lo diga: lo único verdaderamente ridículo es volverse un busto de yeso o poner frases por quien las diga.

Acaso, esta sociedad ya ha hecho demasiado daño analizando, primero, cómo vive y expresa cada uno su sexualidad y, recién después, qué piensa de la vida.

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Alma vivió en Plaza Flores: no en la zona, en la plaza. Cuando tiene que explicar para qué le sirvió ir al Bachillerato, teoriza algo que nadie espera: “Esto me dio fuerza en las palabras. El Mocha me enseñó a hablar y, desde ahí, a no recurrir a la violencia para resolver todo lo que nos excluye la sociedad. El estudio es la mejor manera de salir de la plaza”.

Imágenes: Sol Avila G.
Imágenes: Sol Avila G.

Lohana Berkins, fundadora de la Asociación de Lucha por la Identidad Travesti y Transexual (ALITT), brillante teórica de un tema en el que la sociedad acumula burradas por ignorancia o por fascismo, teoriza todavía más: “Hay que discutir por la calidad del derecho. Cómo se puede ejercer un derecho sin saberlo”.

María Rachid, legisladora, teoriza más: “Esto tiene que funcionar como mínima reparación ante tanta exclusión de décadas de parte del Estado. Esto no es un parche como la pensión. Esto es inclusión”.

En el Salón Blanco, hay familias emocionadas que lagrimean y aplauden, como en cualquier lugar de este país, y probablemente del mundo, frente a otro familiar que se gradúe. Las pibas que van a recibir sus diplomas se sacan selfies, se dicen potra y se elogian los vestidos. Un señor barrigón le dice a otro: “Qué garrón son las entregas de diploma, siempre duran una eternidad”. Todo a la justa medida de una típica fiesta de graduación. El que entra al salón, claro, se va a emocionar y se va aburrir, a la vez, como pasa en cualquiera de estos casos.

Pero esa no es la discusión.

Las y los y les –el uso del les se corresponde con el uso del Todes, que es una denominación que se utiliza en el Bachillerato, según cuenta el director- alumnos y alumnas y alumnes de primero, segundo y tercer año del Bachi Mocha Celis, con su graduación, discuten en lo que parece un sencillo acto algo que es determinante: entrar o no entrar dentro de la cobertura del Estado, que es una forma de entrar o no entrar al hecho de ser ciudadano. Esa no es un visión de este texto: curiosamente, con visiones de lo más fascistas, Sarmiento escribe en su obra El Facundo sobre esto mismo, quién entra y quién no en el Estado argentino.

Porque acá, como dice el director de la escuela, se está en la ceremonia de graduación de una “escuela con otras lógicas políticas, pedagógicas y emocionales”. Porque acá, como también dice el director, se está discutiendo que “nadie le robe la infancia a nadie”. Porque acá se está lejos de eso que alguna vez dijo algún medio sobre este Bachillerato, que era un lugar donde se enseñaba a ser travesti.

Históricamente, la escuela es el lugar donde la gente se construye como gente y la sociedad se edifica como sociedad. El 60% o 70% -la cifra es poco precisa porque no existen cifras formales desprendidas de los censos sobre la cantidad de personas trans en Argentina- de los y las trans en Argentina no terminaron el secundario. El 80% ejerce la prostitución y, la mayoría, si pudiera dejarla la dejaría. Desde 1993, en Argentina, según la Reforma de Eduación de ese año y de la Ley Nacional de Educación de 2006, la escuela secundaria es obligatoria. 12 millones de estudiantes abarca el Ministerio de Educación –según palabras de Alberto Sileoni, ministro de Educación, presente en el acto-, pero ni el propio Ministerio de Educación tiene idea de cuántos alumnos de esos sufren discriminación por su orientación sexual y/o identidad de género. Claro está, esto es un Bachillerato Popular, no una escuela literalmente del Estado.

Festejo al egreso.
Festejo al egreso.

Se repite: la escuela secundaria es obligatoria.

Se agrega: el artículo 14 de la Constitución Nacional dicta: “Todos los habitantes de la Nación gozan de los siguientes derechos conforme a las leyes que reglamenten su ejercicio; a saber: de trabajar y ejercer toda industria lícita; de navegar y comerciar; de peticionar a las autoridades; de entrar, permanecer, transitar y salir del territorio argentino; de publicar sus ideas por la prensa sin censura previa; de usar y disponer de su propiedad; de asociarse con fines útiles; de profesar libremente su culto; de enseñar y aprender”.

A veces, muchas veces, las leyes son solo leyes que pocas veces se aplican.

¿Qué quiere decir que no se aplican?

“Muchas chicas dejaron de venir porque cuando se tomaban un subte o un colectivo las agredían o las discriminaban y, si no tenían plata para un taxi, les costaba moverse por la ciudad. Por eso, dejaron. Mi recomendación es que se animen, es que tenemos derecho a ejercer nuestros derechos, es que no nos tienen que privar de lo que nos pertenece”, dice una de las pibas que se egresa.

Y en esos momentos, ¿dónde está Sarmiento para ocuparse de que realmente los derechos se cumplan?

En esos momentos, es de yeso.

“Quiero que me amen”

Camila Sosa Villada es actriz, cantante y poeta. Mientras termina temporada de El bello indiferente en el Centro Cultural San Martín, en esta entrevista comparte sus dolores e invita a la emoción pura: “Siento que el teatro es participar de una inmensidad que nos excede”. 

“Soy una negra de mierda, una ordinaria, una orillera, una cuchillera, el mundo me queda grande, el tiempo me queda grande, las sedas me quedan grandes, el respeto me queda enorme, soy negra como el carbón, como el barro, como el pantano, soy negra de alma, de corazón, de pensamiento, de nacimiento y destino. Soy una atorranta, una desclasada, una sin tierra, una sombra de lo que pude ser. Soy miserable, marginal, desubicada, nunca sé cómo sonreír, cómo pararme, cómo aparentar, soy un hueco sin fondo donde desaparece la esperanza y la poesía, soy un paso al borde del precipicio y el espíritu me pende de un hilo. Cuando llego a un lugar todos se retiran, y como buena negra que soy, me arrimo al fuego y relumbro, con un fulgor inusitado, como una trampa, como si el mismo mal se depositara en mis destellos”. Camila Sosa (Mara)Villada. 31 de octubre. En la foto de portada de su perfil de Facebook.

Su cuerpo, casi una silueta o una sombra, tan negra como ella toda. Un rebote de luz revela una cinta roja rodeando su muñeca. Entre la otra mano y la boca, un cigarrillo, sostenido apenas entre el dedo índice y el mayor, y los labios en forma de beso. Un cuello que remata en perfil y en la cabeza una toalla esconde el pelo. ¿La vemos?

Camila Sosa Villada es actriz, cantante y poeta. Cordobesa y travesti, de treintipocos. Rompió en escena con la ya mítica Carnes Tolendas, a la que siguieron protagónicos en cine (Mía) y televisión (La viuda de Rafael), y más teatro como actriz y directora. Es morocha, menuda y de ojos saltones. Cuando habla o se ríe se le mueve la nariz como si no le alcanzara el cuerpo para expresarse. Es que en cada palabra que dice se condensa toda ella, como quien se da a la vida en cada instante. A su alrededor, ahora, el escenario que se montó durante su estadía en Capital Federal, en un departamento alquilado en San Cristóbal que venía con dos cuadros desmesurados de color. Envolvente, suena un jazz de los 40′. La pava todavía está caliente y en la barra que separa la cocina del comedor un cigarrillo armado a medio fumar, que Camila irá prendiendo cada tanto, como marcando el ritmo de una música inaudible.

– Yo con el teatro quiero que me amen, esa es la verdad. Quiero que cuando salgan de ver una función sientan amor por mi trabajo.

– ¿Qué es para vos el teatro?

– Siento que el teatro es una manera de meditar. Es como ir a misa, una ceremonia en la que una persona de fe verdadera – que no son los que van a misa lamentablemente – siente que participa de alguna forma de Dios. Siento que el teatro es participar de una inmensidad que nos excede. Como actriz, cuando estoy actuando, siento una gran comunión con el público y eso es lo que me gusta del tipo de obras que hago. Por ahí, una obra más conceptual, más fría, más críptica, con más rollo de la investigación y de lo cultural del teatro puede llegar a enfriar al público. Yo creo que al teatro la gente va a llorar, a reírse y a aprender. Por eso me gusta hacer el teatro que hago, que es emoción pura.

Imágenes: NosDigital
Imágenes: NosDigital

Sin embargo, no cualquiera le presta el cuerpo a la “emoción pura”. Este agosto, Camila presentó en Córdoba la obra Los Ríos del Olvido, escrita y dirigida por ella:

– Para mí, es divina e hice la obra que tenía ganas de ver, y soy una buena espectadora de teatro. No por mí, sino porque los actores son fantásticos. Resulta que en Córdoba está el Premio Provincial del Teatro, que una vez lo gané como mejor actriz por Llórame un río. Y me escribe uno de los jurados para pedirme entradas. Hice malabares para conseguirle, porque estaban agotadas. Al otro día me manda un mensaje, mirá la maldad, diciéndome: “Camila, espero que no te moleste mi pregunta – ya cuando arrancan así sabés que te van a romper – pero, ¿los actores hablan tan mal a propósito o es un tremendo error de ellos?”. Nosotros trabajamos sobre el cordobesismo típico, como que alguien venga acá y te hable “todo así, vite…”. Bueno, en Córdoba, todos los negros hablan rápido y bruto, no se les entiende nada, se escuchan como puteadas de fondo. Y me pregunta eso. “Porque fue tan incómodo para mí como espectador, no podía entender nada”. Le respondí: “Mirá, lo que pasa es que estamos muy mal acostumbrados a ver teatro. Los malos actores, los malos directores, los malos espectadores piensan que el teatro es solo placer y solo sirve si te hablan así – gesticula exageradamente –. Mis actores hablan bien, fue una marcación mía, tenés que ampliar la cabeza y aprender a ver teatro de otra manera”.

Algo similar le pasa ahora en El bello indiferente, el monólogo que está haciendo Camila con Hervé Segata de partenaire y dirección de Javier van de Couter – también director de Mía y del episodio de la serie “Historia clínica” en el que actuó Camila – en el Centro Cultural San Martín. En la puesta, entre el escenario y las butacas del público media una tela traslúcida, que deja ver, pero suma cierta opacidad a la historia. Ya van varias personas que le dijeron que no les permite disfrutar de todo lo que pasa: “¿Qué piensan?, ¿que en el teatro tiene que ser todo claro y a la vista?”. El guión original fue escrito por Jean Cocteau –artista e intelectual francés – dedicada a Edith Piaf, quien la interpretó en su estreno en 1940. Es la primera vez que se hace en Argentina. En el escenario, un cuarto de hotel con la cama revuelta, un gramófono, un minibar, un teléfono y las luces de neón y los ruidos de la calle que se cuelan por las ventanas mínimas. Una escalera hacia arriba es la única salida, sumando a la sensación de ahogo, caída y encierro. En el escenario, una mujer, una artista, sola, espera al hombre que ama, sumida en el tormento de la indiferencia.

– En el 2012 estaba grabando La Viuda de Rafael y estaba leyendo la biografía de Edith Piaf. Siempre que vengo a hacer tele, tengo dinero, entonces me compro muchos libros. Leo sobre esta obra y encuentro un fragmento así de chiquito, esa frase cuando ella le dice “Mentime, mentime, mentime”, y digo “ayyyy, ¡qué divino!” Entonces le dije a Javi (van de Couter) que quería trabajar de nuevo con él, le pasé lo que había encontrado y me dijo que lo hiciéramos. Y nos está yendo muy bien. Empezamos con menos público del que esperábamos, alrededor de 40 personas, en una sala tan grande, se sentía una ausencia tremenda. Y dije “dale 3 o 4 funciones y el público va a empezar a venir solo”. Y empezó a subir la cantidad. Conozco esas cosas del teatro. Por ahí Javier me pregunta cómo está el público, cómo sentís que la pasó… y la verdad es que yo estoy muy tranquila porque ponele de 70 espectadores, 2 la pueden estar pasando mal… Soy una asquerosa de vanidosa, pero confío mucho en la obra.

– A parte del teatro, ¿hay otras cosas que te generan la sensación de comunión?

– Sí. La música, la música, la música. La de los negros, sobre todo el blues, reivindica la idea de la música como una ceremonia también. Ellos pudieron cantar su dolor de esa manera, que es lo que yo hago en el teatro también, pudieron cantar ese dolor y volverlo sagrado. Uno cuando escucha un blues se queda en silencio. A veces también algunas cosas de la naturaleza me parecen dignas de ser una ceremonia, los nacimientos, la muerte, el amor…

– ¿Cuáles son tus dolores?

– Sufrí mucho porque decidí ser travesti, esa es la verdad. Sufrí mucho porque tengo un padre alcohólico, al que le costó mucho la vida, y una madre enamorada de ese padre, a la que también le costó mucho vivir. Entonces, desde antes de ser travesti, ya conocía un dolor. Imaginate: a los 12 años les dije a mis viejos que era gay, que me gustaban los varones, y para ellos fue tremendo. Y lo empecé a decir en el secundario y era muy fuerte, porque nadie estaba preparado para algo así en ese pueblo y en mi familia tampoco. Entonces, sufrí mucho porque me tuve que ir de mi casa, porque mi viejo me pegaba, porque mis compañeros no me querían, porque me enamoraba sabiendo que no se iban a enamorar de mí. Después sufrí mucho porque tuve que trabajar como prostituta y la mayoría de las veces la pasé mal… fui muy pobre, había días y días que lo único que comía era mate cocido con pan negro. Entonces la única forma de canalizarlo es siendo así de salvaje aunque sea una hora en el teatro. No haría una obra en la que tuviera que estar sentadita, callada… Necesito sacarlo todo afuera. Cuando lo saque todo, capaz empiece a hacer películas románticas, pero todavía tengo para rato. A parte me encantan los personajes enroscados. No sé por qué siempre me dan papeles de buena, será porque mido 1, 60 m, pero lo que yo quiero es ser una atorranta.

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El bello indiferente, su última obra.

En el 2000, Camila viajó a Córdoba capital a anotarse en la carrera de Biología en la universidad, pero cuando llegó, la mesa estaba cerrada. Como le gustaba escribir, Comunicación Social pareció ser la alternativa lógica. Al tiempo de empezar, arrancó con su mejor amigo unos talleres de actuación del centro de estudiantes y después de tres años decidieron anotarse en la Licenciatura en Teatro para hacerla en paralelo: “En esa primera clase, gracias a los docentes, sentí que estaba en el lugar correcto, que ese era el espacio donde tenía que estar, porque si lo dejaba, iba a terminar tirada en una zanja. Fue tal la aceptación que sentí por parte de ellos, de mis compañeros… Y empecé a estudiar con sinceridad, con vocación y cariño, pero llegó un momento en que me cansé, porque estaba haciendo también Comunicación Social, trabajaba de noche y estaba muy enamorada pero no correspondida, o sí correspondida pero él no se la jugaba porque era trava, estaba como todo mal. Y dejé. En el 2006. Dejé todo. No quería estudiar más. Estuve dos años al pedo, al pedo, al pedo, haciéndome mierda la cabeza…”. Dos años después, llegaría la propuesta de María Palacios para que actuara en su “obra-tesis”: Carnes Tolendas. Retrato escénico de una travesti, con asesoramiento de Paco Giménez, quien ya se había convertido para Camila en un maestro, un padre. “Ahí vi lo que me pasaba a mí como actriz, lo que me pasaba con el público, y que además me daba dinero, ahí me di cuenta que era mi vocación”.

“No existe una mujer atrapada en el cuerpo de un hombre, ni un hombre atrapado en el cuerpo de una mujer. En el cuerpo de una travesti habita lo femenino y lo masculino: habita lo sutil, lo curvo, lo ondulante, una cadera, el quiebre de una rodilla, la caída de una sábana, y existe también lo recto, lo duro, lo anguloso, el ladrillo, el edificio, el golpe”. Fragmento de Carnes Tolendas.

– Cuando hicimos la función de tesis estaban todos mis amigos y todos lloraban. Era muy fuerte verlos sentir compasión por mí, porque además yo sentía que ellos no me habían acompañado lo suficiente, me había sentido un poco sola. A pesar de que fueron grandes amigos, que me orientaron muchísimo. Entendí que había pasado algo en esa función. Y después empezó a pasar en todas y hasta el día de hoy recibo mails de gente que me agradece por haberles cambiado la cabeza y la mirada respecto al travestismo. Que fue no solo la puerta que me abrió a una vida más linda, sino también una especie de inflexión en la cultura cordobesa. Empezó a pasar algo después de esa obra, y lo digo con mucho orgullo, y éramos dos pendejas. María tenía 24 años cuando la dirigió y yo 27. La hicimos bien. Empezamos a participar de ese movimiento que terminó en las leyes de “Matrimonio Igualitario” e Identidad de Género. Venían cátedras enteras de Psicología a ver la obra y a hablar del travestismo. Imaginate. Fue una buena jugada.

– ¿Tenés una historia de militancia o participación política?

– Si me tuviera que definir políticamente te diría que soy antidelasotista. Pienso todo lo contrario que él y el tipo de política que hace. Las traiciones, las transas y la corrupción que hay detrás de un gobierno como el de este tipo es todo lo que a mí me hace enojar y me dan ganas de cambiar el mundo. En Córdoba hay un par de organizaciones sociales con las que me identifico. Como en Malvinas Argentinas, que es una ciudad donde fueron a instalar Monsanto y la gente se empezó a enfermar y enfermar. Y no quieren dejar que se instale, ¡porque no quieren tener cáncer! Así de simple. Hace años que están cortando esas calles, que están bloqueando las entradas de los camiones. Y van, los reprimen, los cagan a palos, los humillan. También está el FOCOF (Frente Organizado contra el Código de Faltas), contra otra inmundicia de este gobierno, porque a los pibes los detienen porque tienen gorra, porque son negritos, los paran y les piden documentos. Por ejemplo, ahora hay unos pibes de la villa que hacen hip hop que se llaman “Rimando entre Versos”. Los pibes cantan cosas maravillosas. Los locos además trabajan limpiando vidrios. Hace poco detuvieron a uno porque un taxista lo vio parecido a uno que lo había choreado y lo metieron en cana. Yo pensaba que la policía lo que hace con estos pibes es quitarles la fe, quitarles las ganas de cambiar, de laburar, porque a parte no es que todo el mundo se da cuenta de que chorear no está bien, y no tienen por qué saberlo. Pero este pibe sí se dio cuenta, salió a laburar, tiene su banda y lo metieron en cana porque parecía chorro. Entonces con esas organizaciones sí tengo piel y me interesa lo que hacen, me intereso por la política desde ese lugar.

– Y en tu experiencia en la calle, ¿tuviste cruces con la policía?

– Mirá, la única vez que me agarraron se la terminé chupando al policía y me dejó ir a mi casa. Pero teníamos pavor. En los años 2000, 2001, 2002, 2003, imaginate que las leyes de “Matrimonio igualitario” y de Identidad de Género estaban lejos. Era tremendo, teníamos pánico, corríamos con unos tacazos así por el medio del parque a escondernos entre las plantas. Porque si te agarraban, la ibas a pasar mal. Siempre caía a los dos, tres días, una con el ojo moradazo, con la boca machucada, garchada por todos los detenidos, no, no, no, no, no. ¿Sabés dónde lo comprobé? ¿Viste la película Babel? En cualquier lugar del mundo la policía lo arruina todo. Todo lo que pasa en esa película, todo es culpa de la policía. Es algo que nos ha construido el sistema, como anticuerpos.

En su departamento de San Cristobal.
En su departamento de San Cristobal.

Pero la discriminación y la violencia también se vive en lo mínimo y cotidiano. A Camila el teatro le abrió puertas y también fronteras, con la posibilidad de viajar para presentar sus trabajos. Sin embargo, estos logros estaban teñidos de frustración: “Mirá, la verdad que cuando viajaba antes de tener el documento era muy incómodo. Los aeropuertos, todo era muy incómodo, no me gustaba por eso, ir a los hoteles también. Cuando cambié el DNI, empecé a viajar tranquila, la empecé a pasar mejor. Ahora se lo agradezco, porque conocí el mar, por ejemplo, gracias al teatro”.

Camila, ya lo decía, quiere, sobre todas las cosas, que la amen. Y eso, si no es fácil para nadie, para ella menos. En Facebook compartió: “Pero no lo pueden soportar. Esto es triste. No pueden soportar que les guste una travesti. Ustedes que son tan abiertos, tan militantes, tan políticamente correctos, tan sensibles al arte, tan sensibles a lo que hago como actriz, como escritora. Ustedes, ejemplos de solidaridad y de humanidad para con todas las injusticias de la vida, cuando se enfrentan a que les gusto, a un paso de dar el paso, se echan para atrás. Reculan, cobardes, como los tipos comunes, esos que no militan, que no ejercitan mucho el pensamiento, que no se reservan una porción del alma para el trabajo con el otro.Estuve siete años enamorada de un tipo que decía que me amaba, pero jamás me invitó un café, jamás el mundo nos vio juntos, salvo algún amigo, por casualidad, tal vez una visita inesperada, nos descubría in fraganti, amándonos, como cualquier pareja normal, compartiendo una intimidad que no conoció el mundo (…) para ustedes siempre estaremos relacionadas a lo prohibido. A los vidrios polarizados, el amor en los parques de noche, acaballadas sobre ustedes media hora, al bucal, al anal, a ser activas o pasivas, a tener o no tener pito, a tener o no tener tetas. A ser más o menos parecidas a una mujer. Cuando estrenó Mía, de Javier Van de Couter, recibí un mail que me pintó por entero el panorama. Un tipo me escribió: ‘pensar que antes pagaba diez pesos para que me chupes la pija, y ahora tengo que pagar para venir a verte al cine, culpa de mi señora’. Y puedo escribirles esto, porque alguna vez, conocí a un tipo que me amó, profundamente, toda, a la luz del sol y a la vista de todos. Y esa sensación de ser normal, común y corriente como todas las parejas que envidié desde las sombras durante tantos años, es lo que me hace pensar, que no todo es como nos hicieron creer y que hay un mundo mejor que no tiene que ver con este”.