Si la justicia no controla, la policía se descontrola

Mientras lees esta nota, Fernando Carrera está preso, declarado culpable, siendo inocente. Lo tomaron de perejil para tapar mucho de lo podrido que esconde la Policía Federal. Las pruebas que descalifican los procedimientos judiciales y el accionar policial son tan contundentes que se armó un documental, pero todavía parece insuficiente. Los poderosos interesados en la injusticia para Carrera son demasiados.

Robar, huir… y matar(te)

Horror en Pompeya: un niño, su madre y una empleada murieron atropelladas por el auto de delincuentes que escapaba de la policía. Hay 7 heridos. Conmoción, indignación, dolor, titulaba el noticiero América Noticias, mientras entre imágenes y otras informaciones, la gente se amontonaba para escupir comentarios a las cámaras: “¡Una familia quedo destruida por estos hijos de puta. Habría que haberlos matado. No tendría ni que haberlos llevado la ambulancia!”, decía un señor de anteojos y corbata muy exaltado fracasando en el intento de hilar una frase sin trabarse de tan excitado.

Con los atropellados tendidos en el piso los ladrones desafiaron a la policía, que los tenía muy cerca…

La pantalla de los noticieros del 25 de enero del 2005 hervía y, entre los densos vapores de ese hervidero, bullían distintas crónicas a la superficie describiendo el escenario, más tarde conocido, como la “Masacre de Pompeya”.

Claro está, eran más las certezas que las dudas. Aunque la información acerca de la cantidad de delincuentes no era precisa (un canal hablaba de uno, otro de tres) todos decían que alguien robó y, en el intento por huir, mató.

Robar, huir… y matar, tituló Telenoche mientras mostraba imágenes de un vehículo destrozado: Este es el auto que atropelló hasta la vida de los que, en ese momento, simplemente ejercían el derecho de cruzar la calle.

La tranquilidad de esa mañana en Pompeya había mutado en algo bien distinto y desde temprano la crónica roja manchaba con sangre la pantalla chica.

The rati horror show

“Cuando vi este caso, todo me llamó la atención. Me acuerdo que me mostró mi hijo en youtube: mirá lo que le paso a este pibe”, me respondió Piñeyro cuando le pregunté por qué eligió hablar de Fernando Carrera. Quería entender qué tenía de particular este caso.

El multifacético Enrique Piñeyro (director de Whisky Romeo Zulú y Fuerza Aérea S.A.) siguió: “Al poco tiempo aparecieron Pablo Galfré (periodista) y Pablo Tesoriere (cineasta) y pidieron hablar conmigo. Me trajeron un proyecto que se llamaba Inocente que me gustó, pero como detesto de los documentales las cabezas parlantes, les dije: si lo hacemos de otra manera me embarco”.

Así nació el original The rati horror show, documental estrenado a fines de septiembre del año pasado que cuenta detalladamente por qué hace más de seis años, con una cama bien armadita, hay hoy un tipo inocente preso.

El documental pone al desnudo a la prensa que actúa como una máquina de establecer verdades y un complejo entramado siniestro entre la policía y la justicia. “Cuando vi el documental terminado confirmé mi sospecha de que somos zombis, de que tenemos una realidad predigerida”.

Sabiendo con quién se metía, Piñeyro contrató a tres oficiales para custodiarlo pero, por una orden del jefe de la Policía Federal, Fernando Roque Córdoba, se los quitaron. A causa de esto, por razones de seguridad, Enrique sacó a su familia del país.

Los hechos

Fernando Ariel Carrera nacido en Córdoba, tenía 30 años, estaba casado con Guadalupe y era padre de tres nenes. Tenía una gomería, un negocio familiar que heredó de su papá y con eso se ganaba la vida. Era un poco paranoico de la seguridad y su único antecedente era una denuncia de paradero que le hizo su padre, cuando Fernando a los 15, enceguecido en su locura de amor, se escapó con su novia y actual esposa.

La mañana del 25 de enero de 2005, Fernando subió a su auto, un Peugeot 205 blanco, dejó a sus hijos en lo de su abuela y se fue rápido para terminar unos trámites pendientes.

En el camino para cruzar de Pompeya a Lanús, se detuvo en el semáforo de la  esquina de Centenera y Sáenz. Mientras esperaba la luz verde, se le acercó un Peugeot 504 negro, destruido, con tres tipos adentro.

Sorpresivamente, uno de esos tres, se asomó por la ventana y apuntó a Fernando con una itaca.  Asustado intentó escapar. Pensó que le querían robar. En el apuro tomó la Avenida Sáenz en contramano. Los hombres lo persiguieron y abrieron fuego. En seguida Fernando recibió un tiro en la mandíbula que lo dejó inconciente. El vehiculo, fuera de control, continuó su marcha en contramano y solo logró detenerse cuando impactó contra otro auto. A pesar de esto, los hombres que lo perseguían bajaron del auto y continuaron con la balacera. Ocho balazos impactaron el cuerpo de Fernando y 18, en el auto.

El Peugeot 504 que lo perseguía era un auto particular que utilizaba la policía para hacer operativos. El auto metía miedo, estaba destruido (hasta tenía pedido de captura). Un Chevrolet Corsa verde lo acompañaba en la persecución. Los tres hombres armados que le tiraron a quemarropa eran policías de civil que cumplían tareas en la comisaría 34 y buscaban un auto en el que habían escapado delincuentes. No sabían con exactitud ni el modelo que buscaban, ni la cantidad de personas dentro.

En ningún momento se identificaron como policías, lo que no es un dato menor: Fernando escapó porque temió por su seguridad.

Edith Custodio (41), Fernanda Silva (35) y su hijo Gastón (6) fueron las víctimas del auto que tenía a Fernando inconciente, con el pié en el acelerador.

Tardaron más de una hora en llevarlo al hospital y aproximadamente seis en operarlo. Fue un milagro que Fernando Ariel Carreras continuase con vida.

Mentías cuando me decías

Horas más tarde, aparece en televisión en la mismísima escena un tipo cincuentón con dotes de bueno: “A papi no le paso nada. Papi está bien, quedate tranquilo hijo, ¿si? No llores, está todo bien hijo”. Según el noticiero este era el testigo clave, el peluquero del barrio. Cortó el teléfono y siguió: “Me asomé a la puerta porque escuché el impacto del choque. Encima el delincuente, como se ve que ni siquiera inconciente quedo, sacó la mano por el parabrisas y empezó a disparar contra la policía que venía detrás”.

Tiempo después ese mismo tipo declaró en la causa judicial que no vio nada. No solamente no era peluquero. Rúben Maugeri -así es como se llama- es presidente de la comisión “Amigos de la 34”, organización que según el mismo “trata de arrimar a la comisaría lo que necesita para que sea más eficaz”. También es dueño del Chevrolet que participó en el operativo que desató el caos en Pompeya.

El día de la tragedia en un noticiero apareció un hombre que atestiguó y describió lo mismo que dijo Carrera a la hora de defenderse. Ese hombre, Luís Ríos, no pudo ser ubicado por los abogados defensores y tampoco fue citado a declarar en el juicio llevado adelante por los jueces Hugo Cataldi, Beatriz Bistue de Soler y Rosa del Socorro Lescano. Sí lo encontraron dos hombres al día siguiente del estreno del documental y le dijeron que tenga cuidado con lo que decía porque iba a terminar en el Riachuelo.

Son innumerables las irregularidades que tiene el caso, aunque cabe destacar que hay algunas cuestiones más relevantes aún: en una rueda de reconocimiento en la que estuvo presente Fernando Ariel Carrera, los damnificados del primer robo, hecho que desencadenó todo esto, no lo reconocieron como el delincuente, ni reconocieron el arma con la que fueron asaltados.

Los jueces mintieron. A pesar de que los tres testigos de la causa niegan haber visto disparar a Fernando, en el fallo figura que efectivamente, en la mañana del 25 de enero, los tres testigos lo reconocieron como la persona que los inició.

También mintieron con el horario de llegada de los fiscales que tardaron más de lo que dice el fallo. Esto dio margen para que los policías armen la escena a su conveniencia.

Quien tuvo que defender a Fernando también lo cagó: Mientras se recuperaba, en los pasillos del hospital, su mujer, conoció al doctor Fermín Iturbide,  quien estuvo a cargo de su defensa los primeros meses de la causa.

Iturbide, fue uno de los abogados que años atrás defendió a los policías de la comisaría 34 (sí, la misma que baleó a Fernando) implicados en la matanza de Ezequiel Demonty, el chico de 19 años que murió ahogado luego de haber sido torturado y obligado a tirarse al Riachuelo. El tipo recomendó a Fernando hacerse cargo de los robos anteriores al hecho, argumentando que así iba a ser más fácil que salga en libertad.

Criminal mambo

Guadalupe fue asesorada y contrató al doctor Federico Ravina, uno de los abogados de Fernando en el juicio oral.

Ravina contó a NOSdigital que “esto tiene que ver con la ingeniería económica de la policía. La policía genera ingresos de la recaudación ilegal; timba, prostitución, armas y droga. El Bajo Flores (barrio donde opera la 34) es una de las zonas más candentes de recaudación ilegal de armas y droga. Negocio. Plata. Los tipos que pusieron a Fernando son esos recaudadores. Por eso los jueces no entregaron a los canas que estaban ahí”.

“La policía federal no tiene plata para hacer tareas de operatividad. No tiene presupuesto. Por eso está, digamos, legitimada la recaudación ilegal que la policía maneja para tenerla. Aparte de la quinta del comisario, para la nafta de los patrulleros, para hacer pericias, para cámaras de fotos, etc.”

“Igual Fernando tuvo mucha mala suerte, todos los funcionarios que le tocaron son gente de la cana.” Aclara: “así como hay gente vinculada a los derechos humanos, hay gente de la cana”.

En cuanto al valor jurídico del documental, Ravina cuenta que fue presentado en la corte y que con eso se abrió un recurso de queja. “Si una imagen vale mas que mil palabras, en la película tenemos millones”.

Hoy, bajo el amparo del artículo 280 que permite rechazar los petitorios de la defensa sin dar mucha explicación, descansan todos los que encubrieron y continúan encubriendo este caso.

Desde aquel enero del 2005 la familia de Carreras intenta descansar, pero no puede: sus tres hijos extrañan a papá en casa. Fernando, da vueltas y vueltas en cama que lo espera todas las noches en Marcos Paz. Hace varios años que Fernando quiere descansar, no tiene cómo.