Nac & Pop eran los de antes

El espíritu revolucionario de Mayo nos invade. ¿Y si el tiempo no fuera lineal? Si los grandes hombres de Mayo de 1810 opinaran sobre la economía de hoy, ¿qué dirán? ¿Cómo sería una entrevista con Moreno y Belgrano sobre el futuro de la economía de 2015?

Por Los economistas con los cordones desatados

 

Los economistas con los cordones desatados (en adelante ECD) nos encontramos en un café sobre la calle Hipólito Yrigoyen, a pasitos del Cabildo con el Dr. Mariano Moreno, Secretario de la Primera Junta de Gobierno, ilustrado con las doctrinas liberales británicas de principio de siglo XIX.

ECD: Doctor. ¿Cuáles cree usted que deben ser los objetivos de la política económica?

MM: Es fundamental el rol del Estado para la fomentación de las artes, agricultura, navegación, entre otras actividades, producirá en pocos años un país laborioso, instruido y virtuoso, sin necesidad de buscar exteriormente nada de lo que necesite para la conservación de sus habitantes, no hablando de aquellas manufacturas que, siendo como un vicio corrompido, son de un lujo excesivo e inútil, que deben evitarse principalmente porque son extranjeras y se venden a más oro de lo que pesan.

Puestas las cosas a la práctica con la eficacia y energía que requiere la causa, hallándose con fondos el Estado, debe procurar todos los recursos que sea menester introducir, como semillas, fabricantes e instrumentos, y comenzando a poner en movimiento la gran máquina de los establecimientos para que progresen sus adelantamientos…

ECD: Doctor, ¿Cuál es su opinión acerca del reclamo que hacen algunos analistas de “abrirse al mundo”?

MM: A la conveniencia de introducir efectos extranjeros acompaña en igual grado la que recibirá el país por la exportación de sus frutos. Por fortuna, los que produce este país son todos estimables, de segura extracción, y los más de ellos en el día de absoluta necesidad. ¡Con qué rapidez no se fomentaría nuestra agricultura, si abiertas las puertas a todos los frutos exportables, contase el labrador con la seguridad de una venta lucrativa! Los que ahora emprenden tímidamente una labranza por la incertidumbre de las ventas, trabajarán entonces con el tesón que inspira la certeza de la ganancia, y conservada siempre la estimación del fruto por el vacío que deja su exportación, se afirmarían sobre cálculos fundados labranzas costosas, que a un mismo tiempo produjesen la riqueza de los cultivadores y cuantiosos ingresos al real erario.

Los gobiernos en las providencias dirigidas al bien general, deben limitarse a remover los obstáculos: rómpase las cadenas de nuestro giro, y póngase franca la carrera, que entonces el interés que sabe más que el celo, producirá una circulación que haga florecer la agricultura, de que únicamente debe esperarse nuestra prosperidad.

Admítanse todas las obras y muebles delicados que se quiera introducir: si son inferiores a los del país, no causarán perjuicio; si son superiores excitarán la emulación, y precisarán a nuestros artistas a mejorar sus obras para sostener la competencia; y en todo caso, fijado el equilibrio bajo el nuevo aspecto que introducirá la baratura de aquellos renglones, cuyo excesivo valor ha hecho subir a igual grado a todos los demás, no tendrán reparo los artesanos en bajar de precio unas obras cuyo menor valor debe serles más ventajoso que el antiguo.

ECD: ¿Le parece bien lo que está haciendo este gobierno, al igual que otros gobiernos de Latinoamérica, recurrir al financiamiento externo para salir de esta crisis mundial?

MM: Se dice generalmente que un empréstito bajo las seguridades que están a disposición del Gobierno, sería capaz de remediar los presentes apuros; pero Usted puede estar seguro de que jamás encontrará esos socorros que se figuran tan asequibles y que a su consecución se seguirían consecuencias tan perniciosas, que quedaría arrepentido de haberlos encontrado. Todas las naciones en el apuro de sus rentas han probado el arbitrio de los empréstitos, y todas han conocido a su propia costa que es un recurso miserable con que se consuman los males que se intentaban remediar.

ECD: Muchas Gracias, Doctor. Ha sido un placer haber conversado con Usted.

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Llegamos al segundo encuentro en plena Avenida de Mayo, en el bar de la esquina a la salida de la estación Lima del subte A. Nos aguarda el General Manuel Belgrano, vocal de la Primera Junta, General del Ejército del Norte.

ECD: General ¿Cuáles cree usted que deben ser los objetivos de la política económica nacional? 

MB: Fomentar la agricultura, animar la industria y proteger el comercio son los tres importantes objetos que deben ocupar la atención y cuidado del Gobierno. Nadie duda que un Estado que posea con la mayor perfección el verdadero cultivo de su terreno, en el que las artes se hallan en manos de hombres industriosos con principios, y en el que el comercio se haga con frutos y géneros suyos, es el verdadero país de la felicidad pues en él se encontrará la verdadera riqueza, será bien poblado y tendrá los medios de subsistencia y aún otros que la servirán de pura comodidad.

ECD: Doctor, ¿Cuál es su opinión acerca del reclamo que hacen algunos analistas de “abrirse al mundo”?

MB: Las restricciones que el interés político trae al comercio no pueden llamarse dañinas. Esta libertad tan continuamente citada, y tan raramente entendida, consiste sólo en hacer fácil el comercio que permite el interés general de la sociedad bien entendida. Lo demás es una licencia destructiva del mismo comercio.

El modo más ventajoso de exportar las producciones superfluas de la tierra es ponerlas antes a obra o manufacturarlas. La importación de mercancías que impide el consumo de las del país, o que perjudican al progreso de sus manufacturas y de su cultivo lleva tras sí necesariamente la ruina de una nación.

ECD: Entonces, ¿Usted propone controlar las importaciones?

MB: La importación de las mercaderías extranjeras de puro lujo en cambio de divisas es una verdadera pérdida para el Estado.

Las naciones inteligentes franquean la entrada de las materias primas extranjeras cuando se puede esperar recogerlas con su propio fondo en cantidad suficiente, y que ellas no necesiten un poco de favor en el precio para animar la agricultura; la proporción del derecho debe entonces reglarse sobre la necesidad de las manufacturas, y sobre el valor que falta al cultivo. Cuando una materia prima entra con alguna forma, que también podría habérsele dado por la nación que la compra, no es justo que entre tan franca como si no tuviese nada de obra.

Aunque el día de hoy no sea desconocido el trabajo industrioso en ninguna nación política, no es menos evidente que los efectos reales y relativos de la hipótesis propuesta se harán sentir. El pueblo deudor de la balanza ha vendido sus mercaderías menos caro y ha comprado más caro las del pueblo acreedor, de donde resulta que en el uno la industria es desalentada, en tanto que está animada en el otro.

El arte de dar formas a las producciones naturales será entre los hombres que componen esta nación un aumento de ocupaciones o modo de subsistir cómodamente. Pues como el arte da un valor de más a las producciones naturales, se sigue que el pueblo industrioso recibirá naturalmente más de lo que dé. Las manufacturas deben dar a las tierras de un Estado el mayor valor posible, y a sus hombres la mayor abundancia de trabajo.

ECD: ¿Le parece bien lo que está haciendo este gobierno, al igual que otros gobiernos de Latinoamérica, recurrir al financiamiento externo para salir de esta crisis mundial?

El grueso interés del dinero convida a los extranjeros a hacer pasar el suyo para venir a ser acreedores del Estado. No nos detengamos sobre la preocupación pueril, que mira la arribada de este dinero como una ventaja: ya se ha referido algo tratando de la circulación del dinero. Los rivales de un pueblo no tienen medio más cierto de arruinar su comercio, que el tomar interés en sus deudas públicas.

ECD: Muchas gracias, General, ha sido un placer.

 

Las líneas precedentes no fueron producto de una sesión de espiritismo ni de la ingestión de sustancias alucinógenas, tan sólo es un ejercicio, a modo de ficción histórica, un gran anacronismo que pretende rescatar algunas de las ideas de Mariano Moreno y Manuel Belgrano. Las respuestas reflejan textualmente lo escrito por Belgrano en sus “Escritos económicos y políticos” y por Mariano Moreno en su “Representación de los Hacendados” (1809) y en el “Plan Revolucionario de Operaciones” (1810).

En economía nos la pasamos estudiando y citando intelectuales de los siglos XVIII y XIX, nacidos en Europa como Smith, Ricardo y Marx. ¿Y Belgrano y Moreno? Belgrano es el tipo de la bandera celeste y blanca, y Moreno es uno más de la Primera Junta que sale en Billiken. Bueno, eran más que eso. Estos hombres pensaron el país, idearon como debía ser la inserción en el mundo y escribieron sobre la economía de su tiempo. Fueron hombres apasionados, humanos pasibles de errores, grandes estrategas políticos e intelectuales brillantes.

En materia de economía, ambos próceres, tenían un pensamiento divergente en cuanto a la inserción del país en el mundo. Mariano Moreno era un ferviente opositor al monopolio comercial al que España sometía a la colonia y abogaba por una liberalización del comercio exterior, que era una evidente mejora con respecto a comerciar sólo con una metrópoli en decadencia. En cambio, Manuel Belgrano tenía una postura firme en cuanto a la necesidad de aplicar industria a la agricultura y agregar a las exportaciones el mayor trabajo local posible. Asimismo, ambos coincidían en el rol central del Estado en la economía. Nada nos garantiza que pensarían lo mismo en el contexto de la Argentina del siglo XXI, todos tenemos derecho a cambiar de opinión cuando las circunstancias cambian, incluso los próceres. Pero lo mismo sucede con los intelectuales europeos de siglos XVIII y XIX, que tanto se leen en la universidad.

Nos pareció de gran importancia rescatar las ideas de estos patriotas, para darlas a conocer, que motiven una lectura más profunda de los textos citados, y que puedan ser rechazadas por antiguas o aceptadas como válidas para analizar el presente y para pensar rumbos futuros. Esa será tarea de quien lea estas líneas.

 

¡Feliz día de la Patria!

 

“Hay un único lugar donde ayer y hoy se encuentran y se reconocen y se abrazan. Ese lugar es mañana.” Eduardo Galeano (escritor sentipensante nacido en Uruguay,1940-siempre).

Vende o Alquila

Por Los economistas con los cordones desatados

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En la Ciudad de Buenos Aires la ecuación no cierra: somos una población que ha mantenido un número estable de habitantes en los últimos 50 años, se construyen 12.000 potenciales viviendas por año y cada vez es más difícil acceder a una vivienda digna. ¿Qué pasa en el mercado inmobiliario? ¿Por qué hay gente sin casas y casas sin gente casi en la misma proporción? ¿Qué hace el Gobierno de la Ciudad al respecto?

Las PASO del pasado fin de semana, muestran una alta aprobación a la gestión del PRO en la Ciudad de Buenos Aires. De confirmarse este resultado en las elecciones generales, implicará la continuidad de un modelo de ciudad que deja afuera cada vez a más personas en lo que hace a vivienda.

 

GENTE SIN CASA

En 2013, 56,8% de los hogares era propietario de la vivienda y el terreno, la población inquilina superaba el millón de personas, 32%, y el 8,5% ocupaba su vivienda de manera irregular (2013, Dirección Nacional de Estadísticas y Censos, GCBA).

De acuerdo al último diagnóstico socio-habitacional elaborado en 2013 por el equipo dirigido por Carla Rodriguez, del Área de Estudios Urbanos del Instituto de Investigaciones Gino Germani, 1 de cada 10 hogares porteños sufre hacinamiento (más de 2 personas por cuarto), que es un indicador de NBI (Necesidades básicas insatisfechas). Debido a sus condiciones de pobreza estructural, cada vez más familias deben recurrir al mercado informal de alquiler de piezas en inquilinatos y hoteles en villas, asentamientos, o barrios del centro y sur de la Ciudad, que aunque informal no representan menores precios.

En el 2013, 140.000 personas (4,6%) vivían en hoteles en condiciones de precariedad, y actualmente las Comunas 1 (Retiro, San Nicolás, Puerto Madero, San Telmo, Montserrat y Constitución), 3 (Balvanera, San Cristóbal) y 4 (Barracas, La Boca, Nueva Pompeya, Parque Patricios) amontonan los mayores porcentajes de alquiler de piezas en inquilinato, hoteles, pensiones, o en villas y asentamientos.

Entre 2001 y 2010, la población residente en villas creció un 58% según el censo nacional, registrando una población de 170.054 habitantes, para 2013 fuentes oficiales de la Ciudad estimaban más de 275.000 habitantes. El crecimiento de la cohabitación complejiza el cuadro de vulnerabilidad, es decir más de una familia habitando una misma vivienda, que según el citado informe incluye a 1 de cada 10 hogares.

A esta lista hay añadir el siguiente escalón que es la situación de calle. Hacia fines de 2011, el último relevamiento oficial realizado arrojó un conteo de 876 personas viviendo en la calle, concentrada en las Comunas 1 (Retiro, San Nicolás, Puerto Madero, San Telmo, Montserrat y Constitución) y 3 (Balvanera, San Cristóbal) y 4 (Barracas, La Boca, Nueva Pompeya, Parque Patricios).

El total de personas con vulnerabilidad habitacional, si sumamos la población en villas y asentamientos, las formas precarias de alquiler y en situación de calle, supera las 400.000 personas.

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CASAS SIN GENTE

La Ciudad cuenta con más de un millón de viviendas, un elevado número que se corresponde con la fuerte concentración de la población que se da en ella, un 7% de los argentinos (2.891.082, según el Censo 2010) habitan una porción ínfima del territorio. Escapa a toda lógica matemática la existencia de más de 170 mil familias porteñas con necesidad de acceder a una vivienda, mientras que 1 de cada 4 viviendas de la Ciudad está vacía. Algo no encaja.

Las comunas con mayor cantidad de viviendas vacías son la 1 (Retiro, San Nicolás, Puerto Madero, San Telmo, Montserrat y Constitución), 14 (Palermo) y 2 (Recoleta), zonas de alta valorización inmobiliaria y que presentan los costos de alquiler más elevados de la Ciudad. Esta situación da cuenta de la existencia de un alto porcentaje de inmuebles que no son adquiridos por sus propietarios para habitarlos o ponerlos en alquiler, sino tan sólo para mantenerlos deshabitados como un instrumento de conservación de sus ahorros. La utilización de la propiedad como un instrumento de ahorro provoca un comportamiento disfuncional del mercado de viviendas en cuanto a solución del problema habitacional de los porteños. Incorpora una demanda adicional de viviendas por parte de sectores de elevados ingresos, que la adquieren como un instrumento de ahorro, pero que las retira del mercado en cuanto oferta de vivienda para habitar y solo las mantienen ociosas.

Como resultado de esta especulación mediante la cual sectores de alto poder adquisitivo en todo el país “ahorran en ladrillos” ha habido un boom de construcción en la Ciudad, tantas construcciones que sirven sólo como reserva de valor. Entre 2001 y 2013, en la Ciudad se construyeron 167.870 viviendas nuevas (más de 12.000 por año) por más de 17 millones de metros cuadrados, que incorporando las ampliaciones y construcciones para otros destinos se registran más de 24,5 millones de metros cuadrados nuevos totales.

Este auge de construcción produjo un aumento del valor del suelo en la Ciudad. Según la Secretaría de Planeamiento, del GCBA, entre diciembre de 2001 hasta diciembre de 2013, el alza promedio de los terrenos de la CABA, alcanzó al 218% en dólares (de US$555 el metro cuadrado pasó a los US$1.780 en promedio de la Ciudad). Luego de la exclusiva zona de Puerto Madero, el barrio más caro por metro cuadrado es Palermo (Comuna 14), alcanzando los US$3.962.

Si tomamos un sueldo de $11953, que es el salario medio imponible de los trabajadores en blanco de la Ciudad para diciembre del año pasado, obtenemos que un alquiler se lleva como mínimo un 27% de ese sueldo. Eso sí, si queremos alquilar en barrios más top, o sea en la Comuna 14 (Palermo), el alquiler promedio se lleva el 43% de ese sueldo. Este problema parece agravarse por la disminución de la oferta de alquileres en la Ciudad. En ZonaProp y ArgenProp, los dos portales de servicios inmobiliarios más difundidos, la cantidad actual de viviendas disponibles para alquilar disminuyó 11% y 9% respectivamente, en relación a abril del 2014. Y la disminución de la oferta es de más de 20% con respecto a abril 2013.

Al dificultarse el alquiler o la compra de vivienda en el mercado formal, la especulación se traslada al mercado informal elevando los precios: un alquiler de una casa con una pieza y una sala en la Villa 31 o en Rodrigo Bueno (ambos barrios en la Comuna 1), ronda entre los 2 y 3 mil pesos, mientras que la compra de una casa de iguales condiciones ubica su valor por encima de los 100 mil pesos, cuyo pago por tratarse de una tenencia irregular se debe hacer en efectivo y sin crédito alguno que financie la compra. El alquiler de una pieza puede costar desde 500 pesos, con baño compartido y sin cocina, pero dada la informalidad, la variación de precios se vuelve muy grande.

¿Y el Gobierno qué hace?

En este contexto, nos encontramos que la voluntad del Gobierno de la Ciudad por resolver el problema de vivienda es nula. El lugar donde se ven las prioridades de una gestión es el presupuesto. En materia de vivienda parece que el problema no necesita mayor atención, ya que el presupuesto asignado a urbanización y vivienda social en la Ciudad decrece año a año: para el año 2015 es de 780 millones, mientras que para el año pasado fue de 958 millones de pesos. La Secretaría de Hábitat e Inclusión (SECHI) -se encarga de las obras en villas y asentamientos- tiene para este año un presupuesto de 262 millones, es decir, sólo un 14% más que en 2014, cuando el PRO estima una inflación del doble. La desinversión de los programas del IVC (Instituto de Vivienda de la Ciudad) apunta a los más vulnerables: el programa “Hotelados” por medio del cual el la Ciudad les pagaba a hoteles y pensiones para hospedar alrededor de 100 familias hasta el momento en que el gobierno les diera una solución habitacional definitiva, presenta una excesiva rebaja del 78%, mientras que el «Programa de Radicación, Integración y Transformación de Villas y Núcleos Habitacionales Transitorios (PRIT)», también del IVC, sufrió un recorte fulminante del 98% respecto al año pasado, recibiendo menos de un millón de pesos, lo cual implica prácticamente el retiro del IVC de las villas y asentamientos.

Las iniciativas del Gobierno de la Ciudad, por la magnitud de su impacto están muy lejos de representar una solución al problema de vivienda. El plan «Primera Casa», la principal apuesta en materia de vivienda y único programa que aumenta considerablemente su presupuesto, en 34 meses otorgó 2500 créditos, una cifra ridícula en relación al tercio de la población porteña que es inquilina. Resignando ya la posibilidad de generar un acceso permanente a la vivienda ahora el gobierno del PRO quiere ayudar a alquilar con el «Alquilar se puede». El programa consiste en que el Banco Ciudad te presta el dinero del depósito a 24 meses y de ser necesario te subsidia parte del alquiler. Es decir que en lugar de intervenir en el mercado para controlar los valores de los alquileres y reducir las condiciones de entrada (depósito, comisiones, etc.), el Gobierno de la Ciudad subsidia el negocio abusivo de las inmobiliarias y propietarios.

El presupuesto de vivienda es una muestra de la idea de Ciudad que presenta el PRO: así como en el resto los ámbitos de la Ciudad, en el presupuesto de vivienda los vulnerables quedan relegados y los recursos se destinan a consolidar la posición de los sectores pudientes.

Por fuera de lo presupuestario, el PRO, y con gran impronta de su reluciente candidato a jefe de gobierno, tiene la decisión de reformular las normas urbanísticas (es decir, el código de planeamiento urbano cual establece las principales disposiciones del tejido urbano, como lo son los 8 metros de frente, uso del suelo, etc.) en pos de poder entregar títulos de propiedad a los vecinos de las villas; revirtiendo los hechos, empezando por el final, que son los títulos de propiedad. De esta manera, no sólo que se libera de toda obligación de urbanizar los barrios de la manera correcta, incorporando cloacas, calles, el no hacinamiento; si no que además genera posibles pujas entre vecinos y libera las tierras a las fuerzas del mercado. Final asegurado: una ciudad sin villas y sin soluciones. Esta novela ya comenzó el año pasado, y se plasmó en la aprobación del «Plan Maestro» de la Comuna 8.

Como parte de los rasgos neoliberales explícitos que muestra el PRO, trabajan en una descentralización de la gestión pública sobre los barrios. Si bien el órgano encargado de adecuar la Constitución de la Ciudad es el IVC, actualmente realizar un reclamo, es un buen paseo por toda la ciudad, ya que las tareas son subdivididas entre el mismo IVC y la Secretaría de Hábitat e Inclusión (SECHI), la Unidad de Gestión de Intervención Social (UGIS), y la Corporación Buenos Aires Sur S.E. (CBAS). Para explicar sus funciones, es necesario una nota de por lo menos la misma extensión que la actual, o más, para cada una.

 

¿Qué hacer?

Para solucionar el problema habitacional hay que atacar las causas, crear incentivos para que no haya casas sin gente (como un impuesto a la vivienda ociosa o aumento de ABL, por ejemplo), y por otro lado, intervenir regulando los precios de los inmuebles y las barreras de entrada. Además, debe haber una iniciativa estatal en la construcción de vivienda social y en la urbanización de villas y asentamientos, algo que no se logra reduciendo el presupuesto y desfinanciando al IVC. También se debe invertir en mejorar la calidad de las soluciones transitorias como son hoteles y paradores. Y que sean eso: transitorias.

En la Buenos Aires de hoy, vivienda no es un derecho sino que se ha vuelto sinónimo de negocio. Mientras que los inmuebles sean considerados como plazos fijos y no destinados a que la gente los habite, la emergencia habitacional va a continuar y seguiremos teniendo una ciudad para pocos, cada vez menos.

Democracia o deudocracia

Por Los economistas con los cordones desatados

¿Hacer lo que exigen los acreedores o gobernar para el pueblo que lo eligió? Ese es el dilema que enfrenta el gobierno griego. Alex Tsipras, el flamante Primer Ministro de Grecia, ganó las elecciones prometiendo terminar con los recortes salariales y las políticas de austeridad. El 20 de febrero debió acordar con la Unión Europea (UE) una ampliación del rescate. La semana pasada, Tsipras viajó a Bruselas donde recibió una fuerte presión de la UE, sobre todo de Francia y Alemania, para que profundice las reformas fiscales. Al volver a Grecia, el gobierno respondió con un paquete de “leyes antipobreza”. El jueves 9 de abril es un día clave para Grecia y para toda Europa.

El partido Syriza ganó las elecciones el 25 de enero de 2015, y para Alex Tsipras, que asumió como Primer Ministro, fue como subirse al barco de Odiseo. El 20 de febrero debió reunirse con la llamada Troika (el FMI, el Banco Central Europeo y la UE), para acordar un nuevo rescate financiero para afrontar los vencimientos de este año. A cambio, las exigencias de siempre: recortes salariales y reforma fiscal. A esto se le suma que en el primer mes de gobierno hubo una fuga de capitales y de depósitos por un 9% del PBI.

El mes de marzo ha sido complicado para el nuevo gobierno encabezado por Tsipras. A mediados de mes, debió presentar un plan de reformas específicas luego de haber acordado una ampliación del rescate en febrero. La amenaza de entrar en default, pende sobre la cabeza de Tsipras como la espada de Damocles. Son 4432 millones de euros los que debió depositar Grecia en el último mes. Este jueves con el riesgo de quedarse sin liquidez, debe pagar 450 millones de euros al FMI. Algunos auguran la inminente salida de Grecia del euro y la vuelta al histórico dragma, la antigua moneda nacional.

Un regreso a una moneda propia permitiría a Grecia tomar decisiones autónomas en lo que respecta a política monetaria y cambiaria, es decir que podría emitir dinero para que haya liquidez en su economía sin depender de nueva deuda externa en euros. Grecia, como todos los países que adoptaron el euro, no emite la moneda que circula en su economía ni fijan las tasas de interés, sino que dependen de la política monetaria que adopta el Banco Central Europeo. En caso de escasez de circulante, los bancos griegos deben acudir a este Banco Central supranacional. Salir del euro, le permitirá fijar el tipo de cambio a niveles que promuevan sus exportaciones. Por otro lado, Grecia debería soportar el castigo de “los mercados” que pueden intentar fugar euros masivamente, cosa que ya viene ocurriendo.

Son Alemania y Francia los que lideran la presión a Grecia desde la UE para que cumpla con sus pagos y aplique reformas fiscales porque son los bancos alemanes y franceses los principales acreedores y los que vienen lucrando con el endeudamiento griego y del resto de la periferia europea. Además aparece en escena al frente de los reclamos a Grecia, el gobierno conservador español liderado por Rajoy. Los españoles del PP parecen más “acreedoristas” que los propios acreedores, si se nos permite el neologismo. ¿Por qué? Porque España optó otro camino para salir de su crisis y continúa con una deuda pública cercana al 90% del PBI. Entonces si Grecia no puede afrontar sus pagos, la desconfianza va a crecer sobre las deudas de la periferia europea y va a ser mucho más difícil para España seguir financiándose tomando más deuda.

En los últimos días desde Atenas se anunciaron leyes de bienestar social, un paquete de “leyes antipobreza”. Se transformará la agencia de privatización del Estado en un fondo de inversión para financiar políticas de bienestar social en vez del pago de la deuda pública. También prevé restablecer la corriente eléctrica a las familias que no pueden pagarla y proporcionarles hasta 300 kw/h gratis hasta fin de año. Además, habrá un subsidio a la vivienda por el cual hasta 30.000 familias van a recibir una ayuda de 70 a 220 euros para el pago de alquileres e hipotecas y una ayuda alimentaria para 300.000 personas. El gobierno griego además advirtió a la Troika que no se dará ni un paso atrás en materia de derechos laborales y sociales.

El flamante gobierno de Tsipras, en medio de este tira y afloje, puso una carta más sobre la mesa: la reparación histórica que se le debe a Grecia por la ocupación alemana en la Segunda Guerra Mundial. Otros países europeos han cobrado esa reparación, Grecia no. Durante la ocupación alemana, Grecia adquirió préstamos forzosos por 10.300 millones de euros, monto al cual habría que sumarle casi 70 años de intereses.

Desde 2010, Grecia ha venido recibiendo créditos para recuperar su economía que ascienden a 240 mil millones de euros. Los créditos han sido provistos por el Fondo Monetario Internacional (FMI), el Banco Central Europeo (BCE) y la Comisión Europea (CE). Pero nada es gratis. A Grecia le han impuesto recortes presupuestarios que incluyeron recortes salariales, de pensiones y otros. Estas medidas de austeridad han deprimido aún más a la alicaída economía griega que exhibe de acuerdo al Banco Mundial un 27% de desempleo (hace 5 años era menor al 8%), más de un 22% de pobres y una deuda externa de 315 mil millones de euros que representa un 176% del PBI.

Desde la UE amenazan retrasando el giro del rescate financiero acordado en febrero para ver si logran en estas horas algún avance mayor que apunte a la austeridad, palabra que el pueblo griego asocia con mayor sufrimiento. Desde el gobierno de Tsipras dejan latente la amenaza de abandonar el euro con las implicancias que tendría para el sistema financiero europeo y en medio de las negociaciones y a horas de un vencimiento clave publican desde Atenas la cifra de lo que reclamarían a Alemania: ¡278.000 millones de euros! Es decir, más que lo que han recibido en los dos rescates financieros desde que comenzó la crisis.

En dos meses, el nuevo gobierno griego ha encontrado un panorama muy difícil donde los vencimientos de deuda y la presión de la Troika son acuciantes, y por otro lado, el pueblo griego viene sufriendo 5 años de deterioro de las condiciones de vida con niveles de pobreza y desempleo crecientes. El gobierno, por un lado, declara su voluntad de cumplir con los pagos de deuda ad infinitum, y por otro, sostiene que no habrá más retrocesos en materia social. El pueblo griego ha depositado en Tsipras y Syriza la confianza para que el gobierno gobierne para el pueblo y no para los acreedores como han hecho sus antecesores. Democracia o Deudocracia, esa es la cuestión.

Saliendo del freezer

Por Los economistas con los cordones desatados

Dejar que los bancos quiebren, acusar judicialmente al ex Primer Ministro, funcionarios y empresarios por su responsabilidad en la debacle, interrumpir temporalmente los pagos de la deuda externa y apostar a la producción y el trabajo en lugar de la timba financiera, esa la fórmula de Islandia para salir de la crisis… ¡y funciona!

Poca información se recibe en general de Islandia. Poca además de los documentales en la televisión que muestran las espectaculares explosiones de volcanes y géiseres que cubren gran parte de la isla. Llamada “La Roca” por los residentes, esta isla es un accidente geológico que se encuentra entre las placas tectónicas del Atlántico y de Eurasia que existe hace 18 millones de años y es habitada hace 1100 años. La población que habita esta pila de lava alcanza actualmente un total de 325.000 personas y tradicionalmente se han dedicado a la agricultura y la pesca. Momento… ¿y la columna de economía? ¿Por qué Islandia?

Este pequeño país con un número de habitantes similar al de la provincia de La Pampa ocupó un lugar importante en las noticias alrededor del mundo durante Octubre de 2008, cuando luego de la crisis desatada en Estados Unidos por la caída de Lehmman Brothers, la economía de Islandia sufriera un colapso financiero de proporciones inéditas. Tan particular es el paisaje en la isla, como fue su salida a la crisis. Es por eso que consideramos interesante describir el camino que hizo que la economía islandesa salga del freezer mientras que Europa sigue aún atrapada en la recesión. Una salida fuera de los manuales de economía, que mostró ser efectiva y que poca repercusión ha tenido en los medios internacionales.

Y mientras estas páginas son escritas, Islandia da la nota de nuevo: ¿entrar en la Unión Europea? Ni locos. Islandia, que había solicitado entrar en la UE en 2009 en plena crisis, decidió en estos días retirar la solicitud. Se debe a que desde la UE le pedían reformas en los sectores pesquero y agrícola que han sido los motores de su recuperación.

 

El camino hacia la crisis: del “milagro vikingo” a la explosión del sistema financiero.

En la década de 1990, el discurso de la globalización y las bondades de “liberar la economía” llegaron también a este pequeño pedazo de tierra en medio del Atlántico Norte. Fue el entonces Primer Ministro Oddson que comenzó con las reformas de manual neoliberal: baja de los impuestos a las empresas y privatización de empresas de propiedad estatal y de recursos naturales. La disminución de impuestos a las ganancias corporativas bajó de una tasa de 50% a una de 30%, y luego al 18%. La liberalización de la economía no estaba completa sin la privatización del sector bancario, proceso que comenzó a fines de la década de 1990 hasta 2003. Así, esta pequeña isla fue un intenso experimento de liberalización económica.

La primera privatización del sistema financiero, fue la de un pequeño banco, adquirido por un flamante grupo empresario llamado Orcas, que lo convirtió pronto en uno de los 3 bancos más grandes de Islandia: el Banco Glitnir.

Luego, el turno de los dos grandes bancos estatales: Landsbanki y Buradarbanki (que mutó en el Kaupthing Bank). El proceso de privatizaciones del sector financiero terminó en 2003, y este sector en manos de propietarios privados crecería a partir de entonces de una manera inusitada liderando el crecimiento de la economía islandesa, dando pruebas del éxito de la política de liberalización financiera.

Todo parecía ir bien para Islandia, el PBI creció entre 2004 y 2007 a una tasa promedio en torno al 6,5%, el desempleo era menor al 2% y en 2005 era el tercer país con mayor PBI per cápita en el mundo. Sin embargo, en Octubre de 2008 el sistema financiero islandés explotó como uno de los famosos volcanes de la isla.

El “Milagro Vikingo” se caía a pedazos. La crisis financiera en Estados Unidos, generó desconfianza en el sistema financiero islandés, y los tres grandes bancos, el Glitnir, el Landsbanki y el Kaupthing, entraron en crisis. Con ellos cayó la bolsa de comercio de Islandia, atada en gran medida a las operaciones realizadas por estos tres bancos. Comenzó el contagio al resto de la economía generando en cuestión de semanas una inflación de 18% por la amenaza de desabastecimiento, ante la imposibilidad de importar, y un desempleo que se disparó al 11%.

 

¿Qué había atrás de este “milagro” liderado por los grandes bancos privados?

 Mucho humo, hablando en lenguaje futbolero. La opulencia generada principalmente por el sector financiero era una ilusión que se sostenía a través del endeudamiento constante de los bancos privados que obtenían dinero del exterior principalmente de Reino Unido y Holanda. Prometiendo importantes beneficios a través de altas tasas de interés y a una moneda nacional la Korona Islandesa cada vez más sobrevaluada, Islandia atrajo a través de la banca electrónica a ahorristas holandeses y británicos. Los bancos otorgaban en el país hipotecas baratas que desataron un boom inmobiliario y daban créditos ilimitados a las familias más acomodadas de la isla.

 

La receta conservadora: que paguen los trabajadores.

El Gobierno de coalición formado por conservadores y socialdemócratas, nacionalizó los tres bancos y restringió el retiro de fondos. Los días previos a la intervención del Estado los banqueros habían vaciado lo poco que quedaba en las cajas. La deuda de los bancos pasaba a ser deuda pública.

Los acreedores holandeses y británicos comenzaron a reclamar ser indemnizados, y le reclamaban al Estado islandés, a pesar de que no se trataba de depósitos ordinarios respaldados. El gobierno británico, liderado por el laborista Gordon Brown, llegó incluso a hacer uso de la legislación antiterrorista para congelar activos islandeses depositados en instituciones británicas y garantizarse el cobro de las indemnizaciones millonarias. Un año después, el Parlamento isleño aprobó un plan para pagar la deuda a Gran Bretaña y Holanda, sus principales acreedores bancarios. Cada familia islandesa debía pagar 3.500 Koronas mensuales durante 15 años (20 Euros por mes aproximadamente).

 

El pueblo islandés elige su propio camino

En enero de 2009, las movilizaciones ciudadanas provocaron la dimisión del Primer Ministro islandés, el conservador Geir Haarde y la convocatoria de elecciones anticipadas. En las elecciones se impuso una coalición de centro-izquierda. Sin embargo, el nuevo gobierno islandés, cedió a las presiones de los especuladores, planteó indemnizarles con cargo al presupuesto del país, endeudándose en 3.500 millones de euros. Se estableció que cada ciudadano islandés tendría que contribuir con unos 11.000€ para pagarle a los acreedores externos. Además, se iba a solicitar un préstamo adicional de 2.100 millones de dólares al FMI, y los argentinos luego de la debacle económica que llevó a la crisis de 2001, aprendimos que el FMI no te presta si no es a cambio de la aplicación de un programa de ajuste neoliberal.

Al aprobarse dicha ley de indemnización se desató una nueva ola de protestas y en enero de 2010 el presidente del país, el ex comunista Ólafur Ragnar Grímsson, se negó a ratificarla convocando un referéndum para que la ciudadanía se pronunciase al respecto. El referéndum que se celebró el 6 de marzo de 2010, dio como resultado que el 93% de los votantes dijo “NO” al plan gubernamental. Por lo tanto, los ciudadanos islandeses no iban a pagar la deuda bancaria a los especuladores británicos y holandeses por la mala gestión de los banqueros.

Esto se pone mejor. Además se inició un proceso judicial contra los gestores de los bancos citados en los que incluía a 160 imputados, entre ellos al ex Primer Ministro por considerarlo partícipe necesario. Asimismo, se procedió a convocar una asamblea constituyente para reformar la Constitución del país. La Corte Suprema también hizo su aporte declarando ilegales todos los créditos indexados en divisas. De esta manera, todas las deudas de los ciudadanos islandeses se pagarían en Koronas, la moneda oficial, nada de Euros ni Libras.

Bajo el gobierno del presidente Grimsson, la política económica de Islandia cambió rotundamente: se bajó el gasto público sin bajar el presupuesto de salud y educación, sino dejando de aportar dinero para salvar al sistema bancario, se consiguió un período de gracia para empezar a pagar una vez recuperada la economía, no se aplicó el ajuste ortodoxo, la actividad volvió a centrarse en los sectores productivos, es decir pesca, agricultura y servicios (turismo mayormente), en lugar de la timba financiera.

 

¿Y cómo le va a Islandia?

La economía islandesa está creciendo desde 2010 en niveles cercanos al 3% anual, con una recuperación importante de los sectores tradicionales agricultura y pesca y un auge del turismo. También es relevante el crecimiento en la producción de energías limpias. Más importante resulta la recuperación del empleo, que pasó de una tasa de desempleo en torno al 11% a descender actualmente a niveles por debajo del 2%. Para tener una dimensión de este número, Europa actualmente tiene en promedio 11% de desempleados, los más afectados por la crisis son Grecia y España con un 26% y 23% de desempleo respectivamente. Una tasa de desempleo inferior 2% es considerada de pleno empleo.

La recuperación económica le permitió a Islandia pagar anticipadamente 339 millones al FMI, y aunque le queda parte del préstamo por devolver, nunca tuvo que aplicar el temido ajuste y ya comienza a sacárselo de encima.

Así como en el pasado fue un experimento neoliberal que terminó explotando, hoy Islandia muestra otro camino para salir de la crisis. Una pequeña isla que se ha rebelado ante las recetas económicas ortodoxas, ante el FMI y ahora ante la Unión Europea. El caso islandés debe ser tomado en cuenta por los países que siguen hundidos en la crisis, como Portugal, España y Grecia, y también todos los países que en algún momento de la historia se encuentren en la encrucijada de elegir entre salvar a los bancos o salvar a los trabajadores.

Imagen cortesía: Andreas Tille – Own work – see http://fam-tille.de/sparetime.html Image with Information in English Bild mit Informationen auf Deutsch

Descenso de la vida

En la promoción del 2007 entre Tigre y Chicago fue asesinado Marcelo Cejas. La causa está en la nada, ni siquiera se sabe si fue la policía o hinchas del verdinegro. A la familia la apretaron para que no pregunte y los vínculos políticos casi no pueden esconderse.

Lo habíamos esperado tanto y lo soñábamos como una fiesta inigualable, pero terminó como una batalla campal incontrolable y un recuerdo horrible dentro de un pequeño momento de alegría. El día del ascenso, ese mismo día que anhelábamos todos los hinchas de Tigre durante 27 años, mataron a Marcelo Cejas, que venía siempre con nosotros a la cancha.

En ese lunes 25 de junio de 2007, todos sabíamos que por cómo venía la mano el partido se podía suspender, pero nadie imaginaba que pasara algo como lo que pasó. Tigre, que había ganado en el primer encuentro de ida de la promoción en Victoria 1 a 0, tenía un penal a favor, ganaba 2 a 1 y el ascenso estaba a sólo un pasito. Pero no había nada por festejar: el ambiente en la tribuna de Nueva Chicago estaba cada segundo más complicado. Rompieron el alambrado, estaban a punto de ingresar al estadio y la policía empezaba con los gases lacrimógenos. No podíamos dudar: le dije a Marcelo que había que irse ya.

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-Negro, vámonos que se puso picante la cosa.

-Sí, sí, rajemos que se está por armar.

Tanto Marcelo Cejas como yo salimos primeros, un instante antes de que se colme el estadio de hinchas enfurecidos de Chicago. Afuera de la cancha el clima tampoco era amigable: la barra brava del equipo local había quemado varios micros y nos esperaba para atacar. Llegamos hasta los micros, que estaban en la plaza principal de Mataderos, pero Marcelo apenas subió, se bajó: lo había visto a su sobrino Nahuel, de 17 años, en el medio del tumulto.

-No seas boludo, no te bajés que la podés ligar vos también.

-Está el pibe ahí, no lo voy a dejar. Lo agarro y arrancamos, quedate tranquilo.

Pero no me cumplió la promesa: no lo pudo alcanzar a Nahuel por el vallado policial y a los pocos minutos recibió un piedrazo en la nuca que lo tumbó. En el piso, en una cuestión de segundos, le empezaron a pegar patadas que le quebraron el tabique. Ya inconsciente, le dieron otro piedrazo sin piedad en la cara que le rompió la cabeza.

No lo vi, ya estaba lejos del micro, pero dicen que un veterinario que estaba ahí le hizo los primeros auxilios y su estado mejoró, pero la policía lo quería llevar en una puerta de baño hacia la cancha, para echarnos la culpa de todo a nosotros, los hinchas de Tigre. Tras 25 minutos de espera, apareció la ambulancia que lo llevó al hospital Santojanni, pero después de salvarse de un paro cardíaco, falleció a las 17.30, en el mismo día que había soñado tanto: el del ascenso de Tigre a Primera.

A más de seis años, la causa quedó archivada y en ningún momento se encontró a los responsables de su asesinato y ni del ataque a los otros 14 heridos.

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Marcelo Cejas tenía 41 años y trabajaba de carpintero en el pequeño taller que había armado en el fondo de su casa. Durante toda esa semana de junio estuvo pensando únicamente en ese partido tan importante para su Tigre, ese equipo por el cuál iba a la cancha desde los diez años. Ese mismo lunes por la mañana había conseguido dos entradas después de tanto insistir: le había dado la plata a su sobrino Nahuel para que se las saque y lo llamó durante cuatro días consecutivos para saber las novedades. Sabía que no iba a ser un encuentro tranquilo y por eso no dejó que fuera Nadia, su hija menor, pese a que siempre lo acompañaba.

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“Mi vieja le decía a él que tampoco fuera, pero en el fondo sabía que era todo inútil porque para él era el partido de su vida. Desde que un vecino lo empezó a llevar a la cancha cuando todavía estaba en la primaria que dejaba todo por ir a ver a Tigre, era su vida”, cuenta Horacio, su hermano.

Al mediodía Marcelo se subió a uno de los micros que salía en caravana desde el estadio de Tigre hacia Mataderos. Antes de llegar, la policía los detuvo y en los cacheos previos reprimió con palos el avance de la hinchada visitante.

Durante el partido, la alegría por los goles de Tigre resultó efímera: en el entretiempo todos se enteraron que la barra brava de Chicago dejó el estadio y empezó a quemar los vehículos de Tigre, pese a los 350 policías que custodiaban la salida.

Con Tigre ganando 2 a 1 y a punto de patear un penal, en la tribuna de Chicago comenzó el caos. Con el alambrado roto y sin policías a la vista, el grueso de los hinchas locales ingresó a la cancha. Adentro, los jugadores de Chicago y de Tigre se escapaban como podían de la marea de gente que venía hacia ellos. Les sacaron la ropa, los golpearon y tomaron por completo el estadio, mientras agredían con palos a los de Tigre que intentaban huir de la escena. Afuera, tampoco había paz: corridas por General Paz y piedrazos entre la policía y los hinchas. Mientras tanto, la gente del Matador trataba de escapar cómo podía de los gases lacrimógenos que había arrojado la policía.

Marcelo Cejas fue de los primeros en abandonar la cancha. Con el celular en la mano, intentó en todo momento comunicarse con Nahuel, su sobrino, a quién había perdido de vista cuando comenzaron los incidentes. Se subió a uno de los micros que estaban ubicados sobre la plazoleta en Mataderos y lo vio correr, por lo que se bajó, pese a los consejos de los que estaban con él. “Tenía alma de padre, no les recrimino nada a los que lo dejaron irse, porque si le pasaba algo a Nahuel él no se lo iba a perdonar”, apunta Horacio.

En ese momento ya habían comenzado los piedrazos entre la policía, los hinchas de Tigre y los de Chicago. Uno de esos impactó en la nuca de Marcelo Cejas. En el piso, recibió patadas que le quebraron el tabique y un piedrazo en la cara que lo dejó inconsciente, con pérdida de masa encefálica. “Lo dejaron tirado en el piso, la policía lo quería llevar con una puerta de baño como si fuera una camilla hasta el estadio para que todos piensen que fue un enfrentamiento entre los hinchas de Tigre”, dijo Horacio, que lo relata como si hubiese ocurrido ayer.

“Hasta el día de hoy dudo si fue la policía o si fueron barras bravas de Chicago, porque las heridas que tuvo se pudieron haber hecho con el bastón policial, pero de algo estoy seguro: no fueron los de Tigre y mi hermano no era un barra como quisieron hacer parecer los medios cuando salió a la luz el hecho”, recuerda con dolor su hermano, que veía cómo acusaban a Marcelo de ser un integrante más de la barra del Matador y no un hincha que quería festejar el ascenso. “A Chicago después le sacaron 18 puntos y no pudieron ir los visitantes al ascenso, esa solución no me devolvió a mi hermano”.

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Ese día, Horacio – que al igual que su hermano trabaja de carpintero – estaba escuchando en la radio el partido y se imaginaba la alegría interminable de Marcelo. Era su único hermano, tenía seis años menos y lo seguía para todos lados. “Siempre fue mi ejemplo a seguir porque hacía todo con mucha convicción y a pasos agigantados”, relata Horacio, que agrega que Marcelo había terminado el secundario hacía pocos meses y que había comenzado el CBC para estudiar Derecho. “Lo terminó tarde porque fue papá de muy joven, pero tenía mucho orgullo: decía que aunque tenga 66 años se quería recibir”, agregó.

Ya enterado de los incidentes, se paró en la casa de su primo a ver las imágenes y pensó cómo podía ser que los hinchas de Chicago no se bancaran un descenso futbolístico. Llegó a su casa, que estaba al lado de la de su primo, y recibió el primer llamado: “a tu hermano lo llevaron de urgencia al hospital Santojanni, lo lastimaron”, le dijeron.

DSC_2396No pensó que fuera nada grave y le fue a avisar con tranquilidad a su mamá, a dos de los cuatro hijos de Marcelo y a su ex esposa – que estaban todos reunidos- del llamado. Por la televisión ya se hablaba de un muerto, pero él mantenía la calma, mientras su madre se volvía loca de los nervios. “A él le pasaban las mil y una, un mes antes se había cortado la yema de la mano con una máquina. Yo pensaba que como máximo le había pegado un palazo la policía, pero lamentablemente me equivoqué”.

Se pidió un remise y se fue desde San Fernando hasta Liniers. Con él viajaron Nadia y Héctor, los hijos mayores de Marcelo. Ya por Mataderos se seguían viendo los gases lacrimógenos y Horacio pudo comunicarse con el celular de su hermano. Ahí se empezó a dar cuenta que todo podía estar un poco peor de lo que imaginaba. “Hola amigo, estoy en el hospital con tu hermano, pero me estoy yendo porque acá está todo podrido. Me llevo el teléfono, después te lo doy. Me voy, perdón, tengo miedo, pero lo vi mal”, se escuchó del otro lado de la línea.

Llegó al hospital y se encontró con todas las cámaras de televisión en la puerta. Se presentó como familiar y el médico lo llevó por un largo pasillo.

-“¿Cuál es el misterio?”, se apura a decir Horacio ante tanto tumulto.

El médico le respondió lo que no que no quería escuchar: “hicimos todo lo posible, pero falleció antes que pudiéramos hacer algo”.

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Horacio empezó con la investigación para saber qué le pasó a su hermano esa misma tarde y encontró demasiadas irregularidades. En la comisaría 42 de Mataderos, donde hicieron la denuncia, estaban los mismos policías que estaban a cargo del operativo. Con él y su familia sentados, contaban cómo les pegaban a los hinchas de Tigre. “El comisario los insultó por hacer eso, pero escuchamos claramente cómo contaban que les pegaban a la gente con una suerte de orgullo”, contó Horacio, que recuerda que en esa misma comisaría había plaquetas y agradecimientos para todo el club Chicago. “Uno de los policías después nos enteramos que era dirigente del club y que fueron ellos los que llevaron adelante el primer mes de investigación. Eso nos dolió mucho porque ese primer mes es el más importante de todos porque lo que no arranca bien después se diluye y se borran las evidencias”, y agrega que algunas videos de la cámara de seguridad del estadio se perdieron y que los mismos policías les aconsejaron que no investiguen mucho porque “iban a ser los primeros en caer presos”.

Al tiempo se le acercó la gente de Salvemos al Fútbol y empezó a hablar con los testigos del hecho. Uno de ellos, el principal, un joven de 16 años que se había escapado de la casa para ver el partido, le aseguró haber visto cómo lo golpeaban a su hermano. “El problema es que era menor, pero nos aseguró ver a cuatro hombres encapuchados que lo golpeaban y que uno de ellos tenía puesta una remera de Argentina”, dice Horacio, que añade que esa persona fue identificada en uno de los videos de ingreso al estadio y que tal cual cuenta el joven tenía un tatuaje de una virgen en su pierna.

Esa persona que menciona es Ariel Pugliese, más conocido como “el Gusano”, líder de la facción Los Perales de Nueva Chicago, que al día siguiente del asesinato se fue al interior del país y no volvió por tres meses. “Le pedimos al juez que lo investigue y nunca nos hicieron caso”, relató Horacio. Ariel Pugliese viajó al mundial de Sudáfrica, fue guardaespaldas de Lionel Messi en sus visitas al país y trabajó para el Secretario de Comercio Interior, Guillermo Moreno. Hoy no forma parte más de la facción que lidera la barra de Chicago.

Ese mismo chico que en ese momento tenía 16 años nunca pudo declarar: cuando llegó la citación, los policías lo sacaron de su casa como si fuera un delincuente y el padre le ordenó, por temor, que no dijera nada. “Ahí murió todo lo que habíamos cosechado, fue una vergüenza”, dice Horacio, que cuenta que la causa quedó archivada en 2011 y que van a luchar para que no la cierren.

La familia Cejas está en juicio con el estado, con el Gobierno de la Ciudad, con el ex CoProSeDe, con la policía y contra la AFA. “Alguien se tiene que hacer cargo, a mi hermano no lo tengo más y no voy a parar hasta que se haga justicia”, grita Horacio, que no volvió a ir a la cancha y que desde el día en que mataron a su hermano no pasó nunca más por el barrio de Mataderos.

Sueños de campeón

A Daniel García lo mataron en un ataque entre barras del que no tenía nada que ver. Tenía 19 y ya pasaron 18 años, fue después de un 4-0 con el Bati de goleador en la Copa América de Uruguay. Un asesinato con nexos interminables de peso en la política y la Justicia, que explican cómo no hubo ni siquiera un solo detenido.   

El 11 de julio de 1995 estaba en Paysandú, Uruguay, en el estadio Parque Artigas. Había ido con mi familia a ver cómo Argentina ganaba su segundo partido de la Copa América y me ilusioné con el campeonato: fue baile a Chile y un 4 a 0 rotundo. Volví al hotel alegre, con la certeza de que me iba nada me iba a borrar la sonrisa por esta goleada, pero prendí la tele y todo se transformó en pura tristeza.

Tan sólo 45 minutos después del pitazo final del encuentro y a una cuadra de la cancha, hombres encapuchados habían atacado una Traffic con palos, cuchillos, cadenas, botellas de vidrio rotas y estiletes. En esa emboscada, Daniel Hernán García­, que tenía 19 años, falleció por las puñaladas que recibió, mientras que otras tres personas quedaron gravemente heridas. Pasaron más de 18 años y la causa prescribió.

Años después, la conocía a ella y me explicó por qué no hubo nunca ni un detenido por la muerte de Daniel. Ella es Liliana Suárez, su madre, que denunció desde el primer momento que los responsables estaban ligados al poder político, que eran barras bravas y que eran del grupo de choque de Juan Carlos Rousellot, ex intendente de Morón. Pese a que los acusados están apuntados con nombre y apellido, gozan de una plena libertad, culpa de ese innegable apoyo político. Hoy por hoy, busca nuevas pruebas para reabrir la causa y conseguir eso mismo por lo que pelea desde que le mataron a su hijo: justicia.

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De a poco conocí su historia. Daniel García estaba en quinto año del secundario, pero también trabajaba por la mañana de taxista, en el mismo auto que manejaba su papá Pablo por la tarde. Ganaba su propio dinero y no dudó en aceptar la propuesta que le hizo un compañero del Liceo Nº 11 de Villa Urquiza: por 50 pesos ir y volver en el día a Paysandú para ver el partido, con la entrada incluida.

Quiso convencer a su papá, pero él no quería perder esas horas de trabajo y se negó. Dijo que no, pero inmediatamente le hizo una promesa: si el equipo que dirigía Daniel Passarella llegaba a la final, iban a ir juntos en el taxi hacia Uruguay.

Argentina quedó eliminada en cuartos de final y a Daniel García lo mataron cabecillas de las barras bravas de Deportivo Morón y de Tigre que respondían a Rousselot, ese mismo día en que se hizo la promesa.

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Daniel era hincha de Boca, pero ese fatídico día se había puesto para viajar una camiseta de Platense que le habían regalado. No lo hizo en forma casual, su amigo le había comentado que estarían rodeados tanto de hinchas del Calamar como de Defensores de Belgrano. Se juntaron en Saavedra y allí se subieron a una de las dos combis que salían rumbo a Paysandú.

Pese a que era menor de edad y que no llevaba ningún tipo de autorización, cruzaron la frontera sin ningún tipo de problemas y no tuvieron que atravesar ningún tipo de control en ninguno de los dos países, al igual que me pasó a mí. Llegaron una hora antes del comienzo del partido, canjearon la entrada y vieron cómo Argentina le ganaba 4 a 0 a Chile con dos goles de Gabriel Omar Batistuta, uno de Diego Simeone y otro de Abel Balbo.

A las 23.15, cuando sólo habían pasado 45 minutos de la finalización y con Daniel ya sentado en la Traffic que lo iba a llevar nuevamente hacia su casa de Villa Urquiza, comenzó el horror. Desde la combi vio cómo un grupo de hombres empezaba a romper el otro vehículo en el que habían viajado y se bajó a tratar de ayudar. Ni bien descendió observó cómo otros tres compañeros de viaje eran atacados e inmediatamente le tocó a él: recibió tres puñaladas. La última de ellas dio en la aorta, al lado del corazón, y a los pocos segundos cayó desplomado sobre la vereda de las calles Joaquín Suárez y Boulevard Artigas. La policía nunca apareció en el lugar – testigos aseguraron después que vieron un patrullero, pero que no quiso intervenir – y media hora después, cuando finalmente apareció la ambulancia, falleció desangrado mientras se dirigía al hospital Escuela del Litoral de Paysandú. Los otros tres heridos, Martín Vera, Gustavo González y Sebastián Portilla, salvaron sus vidas de milagro.

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Ese día Liliana Suárez veía cómo pasaban las horas y se impacientaba porque su hijo no regresaba. No podía dormir y manejaba su intranquilidad hablando con su marido Pablo, que la intentaba calmar diciéndole que seguro había mucho tráfico y que estarían en camino. Ella dice que en ese momento presentía algo y el primer susto le llegó cuando encendió la radio: ahí escuchó que había heridos en grave estado en las cercanías del estadio. inmediatamente pensó en su hijo Daniel. A los pocos minutos se enteró por la misma vía que su hijo había fallecido.

“Nadie me llamó, yo me entero por la radio que había un chico muerto que se llamaba Daniel García y que había otros tres que estaban siendo operados. En ese momento lo único que deseé es que haya sido un error y nos fuimos en el taxi con mi marido y mi hijo más grande para allá”, recuerda Liliana.

Al intentar cruzar la frontera, los paran y los demoran un largo rato. Pese a las explicaciones y al ataque de nervios que todos estaban sufriendo, los policías uruguayos les impidieron el paso por unos largos minutos. “Nos revisaron todo y no se les movió un pelo cuando les dijimos que teníamos que ir a buscar a nuestro hijo que nos decían que estaba muerto. A la distancia me lamento porque si esto mismo hubieran hecho cuando viajaba Daniel, no hubiera pasado porque era menor, al igual que la mayoría de los que viajaban”, se lamenta Liliana.

Al llegar y confirmar la triste noticia, siguieron las pesadillas: no les querían entregar el cuerpo. Liliana sentía que ella también se moría. Estaba bloqueada, no sabía qué hacer para que las autoridades locales entendieran su reclamo y dejaran que toda la familia se despida de Daniel. Tuvieron que ir a hablar con Guillermo Camarotta, quién por ese entonces era el cónsul argentino en Uruguay, para que los dejaran. “Hasta el día de hoy ni él ni yo ni nadie sabe por qué no nos permitían ver el cuerpo”, agrega.

En ese mismo momento ella empezó una investigación que no fue acompañada nunca de buena voluntad, ni por la justicia ni la política, ni del lado uruguayo ni del argentino.

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Liliana perdió la cuenta de la cantidad de veces que viajó a Uruguay. Allí se reunió con un incontable número de funcionarios, políticos, policías y testigos que siempre le prometían algo que le hacía mantener la esperanza, pero que en todas las oportunidades terminaba en la nada. “Me cansé de las mentiras y de las falsas promesas, me ilusionaron en un montón de oportunidades y siempre me defraudaron. Una investigación judicial si no arranca bien no arranca nunca. Se borraron pruebas, se pisoteó todo.”, aseguró la fundadora de FAVIFA (Familiares de Víctimas de Violencia en el Fútbol Argentino) y quien fue, también, desde la creación la vicepresidenta de Salvemos al Fútbol.

La causa estuvo durante seis años literalmente parada en Uruguay. El juez a cargo, Otto Gómez Borro, fue acusado por querellantes de varios casos de homicidios sin resolver que estuvieron a su cargo y terminaron en la nada. En ese período, Liliana fue hacia la sede social de Defensores de Belgrano y de Platense y llevó a todos los testigos hacia el país oriental. Ella misma se hizo cargo de todos los gastos e hizo que declaren en la causa, ya que el juez no los citaba.

Fue hasta la escena del asesinato y observó que a metros había un puesto callejero que vendía choripanes, algo que todos los jóvenes que declararon ratificaron que también estaba al momento del crimen. Al acercarse y preguntar si recordaba algo, el hombre aseguró que ese día había alquilado el puesto y le aconsejó que por su seguridad dejase de investigar, ya que por miedo nadie iba a querer declarar.

Liliana nunca le hizo caso, nunca paró de investigar y tiene bien en claro quiénes fueron los responsables: barras bravas que respondían al ex intendente de Morón, Juan Carlos Rousellot.

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Pasaron más de 18 años y sigue sin miedo de decir en voz alta el nombre de los que asegura que son los asesinos de su hijo.  Su principal acusado es Máximo Zurita, quien era apodado como “el gordo cadena”. Fue uno de los líderes de la barra brava de Deportivo Morón y el propio ex intendente lo había puesto a trabajar en la Municipalidad. Tenía protección política y policial, al igual que los otros dos apuntados, que eran sus secuaces. Ellos son Ramón Toledo, quién era llamado “Negro Café” y Mario “Pájaro” García. Además, Roberto Britos y Rubén Lézica son los apuntados por parte de la barra de Tigre.

“En todo momento que estuvo Rousellot la Municipalidad fue cómplice. Les pedíamos fotos de los implicados y nos daban unas que parecían de cuando tomaron la primera comunión. Se tomaban todo a chiste, una vez que se fue por suerte me quisieron ayudar un poco más, pero no fue suficiente”, cuenta Liliana, quién recibió el apoyo del actual presidente de Deportivo Morón, Diego Espina, quien también declaró en la causa.

Los implicados formaban parte de la fuerza de choque del ex Intendente y trabajaban, también, en una feria cercana a la municipalidad, que fue cerrada en 2007, cuando Martín Sabbatella era el Intendente, por las reiteradas denuncias que aseguraban que allí se vendía todo tipo de drogas que financiaban a la barra brava.

“Nunca sentí temor por lo que me enfrentaba, juré ante la tumba de mi hijo investigar hasta las últimas consecuencias y eso es lo que voy a seguir haciendo, pase lo que pase”, se enorgullece Liliana, que además agrega que los implicados no forman más parte de la barra brava, pero que siguen yendo a los estadios, tanto de Morón como de Tigre.

Jorge “Zurdo” Ruíz era el principal líder de la barra brava de Morón en el momento en que mataron a Daniel García. Entre 2010 y 2012, fue elegido como presidente del Gallito. “En el caso puntual del asesinato de mi hijo no tuvo nada que ver, pero sabe bien qué pasó y en todo ese tiempo no me ayudó en nada”, asegura Liliana.

Los acusados declararon después de diez años de insistencia y solamente por escrito, a través de un exhorto judicial y de un cuestionario que, según Liliana, estaba mal hecho, con preguntas absurdas y que no iban al fondo de la cuestión. “Mi consuelo es que ellos están apuntados por la sociedad, sólo falta que actúe algún día la Justicia”.

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Liliana viajó recientemente junto con la Defensora del Pueblo, Graciela Muñiz, rumbo a Paysandú para volverse a reunir con el actual Cónsul argentino en Uruguay, Roberto Conde, quién puso a cargo a un abogado de Derechos Humanos. En Uruguay, las causas por homicidio prescriben luego de quince años, la de Daniel ya lleva 18, pero Liliana presentó nuevos documentos para que se reabra y tiene la esperanza de que de una vez por todas le entregarán el video de seguridad del estadio.

Mientras tanto sigue, firme y sin vacilar un segundo. Recordando con alegría y sin derramar ninguna lágrima por su hijo para que su familia la siga viendo así, con fuerzas y entera. Luchando contra las fuerzas políticas, contra la injusticia de la justicia, sin recibir ninguna ayuda de la AFA, que además se desliga de la responsabilidad acusando a sus pares de Uruguay. Una misma organización que cuando se jugó la Copa América de 2011 en el país – hasta coincidió con la fecha de aniversario de la muerte de Daniel – se negó a que los jugadores ingresen al estadio con una bandera en su homenaje. Sin embargo, Liliana llevó la bandera y la posó en las afueras del estadio Ciudad de la Plata, mientras se jugaba la final entre Uruguay y Paraguay.

Luego de insistir, pudo lograr que en el partido amistoso entre Argentina y Brasil que se jugó meses después en Córdoba dieran una vuelta olímpica por el estadio Mario Alberto Kempes, algo que generó la ovación de toda la gente. Luego del partido, fueron a los hoteles de los futbolistas, en donde brasileños y argentinos se sacaron fotos pidiendo justicia por Daniel.

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Desde este 11 de julio que se juega la Copa Daniel García. Allí, veinticinco chicos de ocho años jugaron en Lugano un torneo relámpago de dos horas con el valor que más recuerda Liliana de su hijo como bandera: respetar al otro. Allí se levantaba al rival si había una falta, se hacía una ronda previa en donde se saludaban todos y se abrazaba obligatoriamente a quien hacía un gol. “Cada aniversario siempre es un día feo, con lluvia y con muchas sensaciones. Este torneo fue algo distinto, fue una sorpresa, una alegría y una forma de mostrar que el mensaje educativo de Daniel sigue vivo. Lo recuerdo con mucha alegría y la mejor forma de homenajearlo es honrarlo con una sonrisa”.

Todos los años se jugará este nuevo certamen, en dónde cada chico que juegue se preguntará quién fue Daniel García, ese pibe que tenía tan sólo 19 años. Mientas tanto, Liliana Suárez no parará hasta que se reabra la causa y hasta que los culpables del asesinato de su hijo estén presos.

En definitiva, no parará hasta conseguir eso por lo que lucha desde el día en que le mataron a su hijo: que se haga justicia.

Yo no pude esquivar el disparo

En el medio de un clásico le pegaron un balazo en el pecho. A un jugador de fútbol la policía le había disparado a veinte centímetros de distancia. Azcurra perdió el conocimiento y una carrera que prometía futuro. Ahora lo cuenta en un bar de Mendoza.

Fue un ruido fuerte y seco que duró tan sólo un segundo, pero que lo escuchamos todos los que estábamos en el estadio Islas Malvinas de Mendoza. Los bomberos nos tiraban agua y sumado a la lluvia que caía casi no podíamos ver, pero el silencio que se generó en medio de los disturbios en la tribuna fue la clara señal de que algo grave había pasado.

Carlos Azcurra estaba en el piso, quieto. Inmóvil y boca abajo. Los jugadores – nuestros jugadores- estaban sacados, violentos contra los policías que nos estaban agrediendo desde el terreno de juego. Ya nada estaba relacionado al clásico que hasta hace segundos se estaba jugando. Godoy Cruz nos ganaba 3 a 0 a nosotros, a San Martín de Mendoza, pero el encuentro ya había perdido todo tipo de sentido por lo que acababa de pasar.

Mientras pedían desesperados la atención médica, confirmábamos que el defensor había recibido un balazo en el pecho por parte de uno de esos policías. El apuntado, que después nos enteraríamos que era el Cabo Marcial Maldonado, era escoltado por sus colegas y lo sacaban del lugar rápidamente. Mientras tanto una camilla improvisada se lo llevaba como podía hasta la ambulancia. Me fui de la cancha sabiendo que estábamos a punto de descender del Nacional B, pero sobre todo no pudiéndome sacar de la cabeza ese disparo fuerte y seco y la imagen de ese cuerpo inmóvil.

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Me enteré que estuvo diez días en terapia intensiva y que recién al tercero pudo recobrar el conocimiento. Se despertó totalmente entubado en una clínica de la capital mendocina y sin recordar absolutamente nada de lo que había pasado. “Lo último que me acuerdo es ir a donde estaban los policías para intentar frenarlos porque en la cancha estaban mi Papá y mi sobrina. Después nada de nada, todo en blanco”, recuerda sentado en un bar céntrico de Mendoza.

Lentamente, los médicos le fueron contando. Que estaba jugando al fútbol y que un policía le disparó, estando a tan sólo veinte centímetros de distancia. “No lo podía entender, no me entraba en la cabeza por qué me había pasado esto y por qué había recibido un tiro”, dice, intentando explicar cómo se había llegado a esa situación.

El balazo fue muy contundente. El primer parte médico decía que tenía fracturas costales, un desgarro en el pulmón derecho y otro en el lóbulo inferior. Además que padecía una contusión hepática. Los médicos lo tuvieron que operar, casi que inmediatamente, porque su estado de salud era demasiado grave. “Me dijeron que zafé de milagro, pero perdí el 30 por ciento de ese pulmón derecho. El cuerpo me quemaba y el dolor era insoportable, casi no podía respirar”, rememora el hombre que tiene 35 años.

Lo más duro, dice, fue cuando le confirmaron la noticia que, por como venía la mano, ya se imaginaba: que era muy probable que no pueda volver a hacer deporte en toda su vida. “Me mencionaron que con la capacidad toráxica que perdí no iba a poder aguantar jugar de manera profesional y que corría riesgos de vida si lo hacía. Así que me prohibieron volver a entrenar, de un día para el otro perdí toda la rutina de mi vida. Fue un golpe”, señala en voz muy baja y hablando más pausado de lo habitual.

Cuenta, además, que mientras le decían eso en la televisión pasaban la repetición del momento del disparo y que todo le parecía irreal, como algo que no le estaba pasando.

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Al momento del disparo, Azcurra tenía 27 años. Jugaba, por primera vez en su carrera, un torneo en el Nacional B con San Martín. Soñaba con jugar en Primera o con pegar el salto y hacerlo en el exterior, pero lo ocurrido el 11 de Septiembre de 2005 le puso un freno a sus ambiciones. “Me quedaron varios objetivos por cumplir, siento que me cortaron mis proyectos, pero por otro lado tengo que agradecer estar con vida”, dice quién llegó a ser el sub capitán del equipo y que pese a lo que pensaban los médicos, pudo volver a jugar.

Sí, tras cinco años de angustias se pudo volver a calzar los botines. Ya no con la camiseta de San Martín, que increíblemente lo dejó libre y debiéndole dinero, sino con la de Deportivo Maipú, que juega en la misma provincia y se encontraba en el Torneo Argentino B. “Volver a sentirte jugador fue algo hermoso, volver a entrenar, volver a sentirme importante. Fue muy lindo, pero que me costó mucho”, recuerda y dice que pudo haber vuelto antes, pero que no se sentía preparado psicológicamente. “En todo ese momento del medio no tenía ganas de nada, estaba desganado, triste, pero gracias a mi familia pude salir adelante”, cuenta y dice con una sonrisa que tiene una nena de cuatro años.

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La recuperación la hizo en Capital Federal. A los diez meses del balazo, estaba instalado en pleno centro para rodearse de médicos, como parte de la indemnización que le tuvo que dar la AFA. “En eso puedo decir que se portaron bien conmigo, porque me lo pagaron completamente, pero quería hacerlo en Mendoza con mi familia y no me lo permitieron”, asegura Azcurra que en su posición de zaguero central siempre tuvo como referente a Roberto Ayala y que actualmente le gusta mucho Rolando Schiavi.

El juicio finalizó a fines de 2009. El Cabo Marcial Maldonado – que ya había sido separado previamente al hecho por varios incidentes – fue condenado a la pena mínima de dos años y nunca cumplió la pena de cárcel efectiva.”A mí no me cambiaba nada si iba preso o no, él mandó su disculpa y de alguna forma lo perdoné, pero mi mayor preocupación pasaba porque el Estado me diera el dinero que me correspondía porque ellos no me cuidaron. Quería que finalice el juicio lo antes posible, porque quería cerrar esa etapa de una vez”, cuenta el jugador que recibió 300 mil pesos y que con ese dinero puso un local en su Mendoza natal.

El Cabo Marcial Maldonado continúa formando parte de la fuerza policial mendocina.

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En los momentos en los que no podía entrenar, no perdió el tiempo y se puso a estudiar para ser entrenador. Tras tres años y un corto período como director técnico de El Algarrobal en la Liga A mendocina, se recibió. Para cuando se retire, tiene pensando empezar a dirigir inmediatamente y asegura tener un modelo a seguir en un hombre al que admira mucho: Marcelo Bielsa. “Siempre me gustaron sus equipos por la valentía que tienen de atacar en todo momento. Me gusta cómo plantea los partidos, que intente siempre ser el conjunto protagonista y por sobre todo cómo trata con respeto a todos”, cuenta, más risueño, mientras agrega que ve mucho fútbol para tratar de seguir aprendiendo.

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Tras jugar un año y medio en Deportivo Maipú, pasó por una temporada a Huracán las Heras, también en Mendoza y en el Argentino B y luego por otros doce meses en Trinidad de San Juan, de la misma categoría. Actualmente juega con 35 años en Centro Empleado de Comercio de Mendoza y viene de salir campeón del torneo del interior. A partir de agosto volverá a jugar el Argentino B. “Me nombraron como uno de los mejores del torneo y pude lograr el objetivo de salir campeón, es una alegría que pensé que no la iba a volver a vivir”, rememora y dice que desde que volvió a las canchas no se perdió ni un partido: que nunca se lesionó.

“Estoy grande ya, cuando veo a un joven que recién arranca y que se angustia por alguna lesión que lo deje un mes sin jugar, le cuento mi historia para que sepa que lo de todo pasa muy rápido y que no se tiene que volver loco. Que me tuve que armar de paciencia y de cinco años para volver y con eso los calmo y les saco una sonrisa”. Carlos Azcurra, un hombre que estuvo muy cerca de la muerte, muy cerca de dejar el fútbol para siempre, pero que renació y que todavía quiere recuperar los sueños que le habían arrebatado de un balazo. Mientras tanto, saluda y se va a continuar con esa rutina tanto le agrada y que pensaba perdida: entrenarse.

Qué asesinato debe cometer una barrabrava para ser premiada por el Congreso

Una traición a la vida que hoy mismo vivís: el asesinato de Mati Cuesta. En el 2006 la barra de Talleres de Córdoba lo tiró de un tren de un piedrazo para después matarlo a golpes. Aún irresueltos los responsables de su muerte, la semana pasada el Congreso Nacional, repitiendo a la Legislatura cordobesa, galardonó a la misma barra por su supuesta lucha contra la violencia en el fútbol. Impune vergüenza.

Ese día la alegría se me fue en un segundo. Estaba contento, Atlanta, mi equipo, mi pasión, había ganado 2-1 en Jáuregui a Flandria, cuando nadie lo esperaba. Era 2006, el ascenso estaba cerca, había ido a la cancha porque todavía podíamos ir de visitantes, pero estaba sorprendido por los pocos que éramos, sabiendo todo lo que nos jugábamos.

Pasaron más de siete años, pero esa fecha, el 18 de marzo de 2006, no me la voy a olvidar nunca y no justamente por esa victoria. Cuando volví me enteré de todo  y me largué a llorar como un nene. Matías Cuesta, un bohemio de 18 años que me cruzaba casi siempre en la popular, había querido ir a la cancha y terminó en el hospital, agonizando.

Pocas horas después me contaban lo que había pasado y no lo podía creer. Había salido de su casa, ahí en Villa Crespo, a metros del estadio, para ir en uno de los dos micros hasta el Carlos V, el estadio de Flandria. A la altura de Moreno pincharon una goma y, como ya no llegaban de ninguna manera, se volvieron. Él se tomó el tren con un amigo más. Fue en el Sarmiento, con la esperanza de poder volver rápido para Capital para verlo aunque sea desde la tele.

Tuvo la mala leche, la desgracia, de cruzarse a la altura de la estación Caballito con la barrabrava de Talleres de Córdoba, que volvía de Ferro sin ninguna custodia policial. Los muy hijos de puta no tuvieron otra cosa que hacer qué empezar a tirar piedras al tren. Iba lleno, iba hasta las pelotas y con las puertas abiertas. Matías quedó al lado de una de las puerta y le encajaron dos piedrazos en la cabeza. Se cayó al andén y mientras estaba en el suelo, le pegaron patadas hasta dejarlo inconsciente. El tren siguió su rumbo.

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Fotos: NosDigital
Fotos: NosDigital

Ese día, mi amigo, el que me contó todo esto, tuvo que tocar el timbre en la casa de Matías a las seis de la tarde para avisar que estaba muy grave en el hospital. Llegó y le tuvo que mentir a la madre, a Norma Roldán, porque no se animaba a decirle la verdad. “Señora, soy un amigo de Mati, no se asuste, pero su hijo tuvo un accidente. No es grave, pero lleve el documento de él que lo necesitan los médicos”, le dijo.

Ahí me enteré y fui a acompañarlo, me lo pidió desesperado. Vi como le decían a Norma que seguramente no la iba a reconocer por lo aturdido que quedó por los golpes. Vi, también, como empezaba a llorar desconsoladamente y sin entender lo que pasaba. Nos preguntaba cómo había pasado esto y dónde estaban los cagones que lo habían lastimado.

A los tres días, su estado era muy delicado. Eran las 10 de la mañana cuando a Norma le sonó el celular en el colectivo y casi se le sale el corazón por la boca: “Me dijeron que fuera rápido porque había sufrido un paro respiratorio y que había perdido los signos vitales”. Y después, con el segundo parte médico del día le contaron, con nosotros presente, que si se salvaba iba a quedar ciego porque tenía las córneas arruinadas a golpes. Ella se arrodilló ante el médico y con la voz tomada y con lágrimas en los ojos le rogó que lo salvara. Que no le importaba si quedaba ciego, pero que tenía 18 años, un montón de sueños por cumplir y que no se podía morir.

La agonía continuó hasta el viernes 24 de marzo. A las siete de la tarde falleció por muerte cerebral y lo velaron 48 horas después en el club de sus amores.

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A más de siete años la causa judicial nunca prosperó y tal es así que la jueza Mirta González la cerró el 15 de junio de 2009. Norma había recolectado testimonios de testigos, pero ellos nunca se animaron a presentar testimonio por miedo. Un periodista partidario de Atlanta grabó una entrevista radial con uno de los hinchas que viajaba en el mismo vagón, pero que nunca se animó a dar testimonio en el estrado. La Justicia, pese al audio detallado, no tomó en cuenta ese relato y nunca lo citó.

Para ella, que desde el primer momento tomó la posta para tratar de encontrar pruebas sobre los asesinos de su hijo, las amenazas eran cosa de todos los días. “Me llamaban anónimamente y me decían que no siga investigando porque iba a haber otro cadáver para mí. O llamaban, pedían por Matías, se reían a carcajadas y cortaban”, contó.

Al día de hoy, la causa continúa cerrada y sin ninguna novedad, pese al pedido mensual que hacen para que se cite a los testigos a que vean fotos para reconocer a los culpables. El pedido fue negado, una y otra vez, porque aseguran que pasó mucho tiempo y es muy difícil que se pueda descubrir algo.

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violencia futbol matiasMatías trabajaba como delivery hasta las dos de la mañana. Había retomado los estudios y estaba haciendo un acelerado, donde ya iba por el segundo año. Tenía pensado seguir alguna carrera relacionada con la informática.

Era fanático de Atlanta. Todos sus amigos eran del club y todo el tiempo libre que tenía se la pasaba ahí, a dos cuadras de su casa: en el estadio León Kolbovsky. Le hablaba a su familia y decía que soñaba con ver al bohemio ascendiendo y jugando contra los mejores equipos del país.

Era muy compañero de sus hermanas, que hoy tienen 16 y 21 años. Su mamá extraña su sonrisa cada día más. “Era muy pegado a su familia. Todos los días tomábamos mates juntos a la mañana y eso ya no lo tenemos más. Era muy cariñoso, ahora aunque amo a mis hijas con todo el alma, a veces cuando las beso tengo un remordimiento por poder estar con ellas y no con mi hijo, que cada día me hace más falta”, dice a lágrimas Norma.

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Al principio, las autoridades le querían hacer creer a la familia que todo había sido un  accidente, que seguramente estaba borracho y se cayó por estar en ese estado. Sin embargo, el laboratorio de toxicología y química legal – según la autopsia número 651-06 – certificó que no se registró ninguna sustancia tóxica en su cuerpo ni que hubiese tomado alcohol.

Norma no tiene dudas de que fue un asesinato y que los culpables están dentro de la barrabrava de Talleres de Córdoba, una facción que se mantiene desde 2006 y que además recibe premios por su comportamiento. Sí, los mismos hijos de puta que mataron a Matías reciben homenajes estatales, por una fundación que llevan adelante para legalizar los negocios de la barra.

Primero en Córdoba, donde Carlos Alesandri, diputado de De La Sota por el partido Unión por Córdoba, los agasajó como si fueran un ejemplo para la provincia. Le entregó a la cúpula principal de “La Fiel” – como se hace llamar la barra – una plaqueta. Esos mismos que recibieron la distinción, eran los mismos que dirigían “Las Violetas”, los que atacaron y asesinaron a Matías en 2006.

una que se ve la bandera en legislatura de cordobaEn una Legislatura colmada de banderas y cantitos futboleros, los premiaron por su “compromiso con la erradicación de la violencia en el fútbol”. Casi como si fuera un chiste de mal gusto. Casi como si se estuvieran cagando en la historia de Matías. Casi como si les chupara un huevo la lucha, la bronca y el dolor de Norma y de su familia.

Primero “Las Violetas”, después “La Fiel”. Desde fines de 2003, la facción que dominaba la barrabrava de Talleres de Córdoba  se hacía llamar las violetas. Después de que su líder, Sergio Busso, o “Tomatón”, como era conocido, quedó preso por el asesinato de un joven de 23 años, la barra – que no cambió su cúpula principal- pasó a llamarse “La Fiel”.

barra recibiendo de diputado“Verlos ahí tan impunemente me generó un dolor inmenso y mucha bronca. Tener que ver a los asesinos de mi hijo y que los traten así me pareció vergonzoso”, se indignó Norma. Y luego, después del escándalo que se armó tras la premiación, los volvieron a agasajar en el mismísimo Congreso de la Nación. En el Anexo, hablaron en una charla sobre violencia en el fútbol, llevados de la mano de diputados del PRO. Uno de los que habló, Carlos Pacheco,  que fue expulsado del Mundial de Sudáfrica 2010 por contar con antecedentes penales, es uno de los acusados por la familia de Matías por el crimen y fue uno de los que disertó. El otro apuntado, Sergio Busso o Tomatón, como lo llaman, está preso por otro homicidio.

“No puedo entender cómo les da la cara para dar charlas como si fueran pacíficos, cada vez que los escucho me acuerdo de lo que le hicieron a mi hijo y me largo a llorar”, dice Norma.

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“Desde el día en que lo velamos, perdí una parte de mi vida”, confiesa Norma, que hoy ayuda a otros familiares de víctimas de violencia en el fútbol desde la organización Salvemos al Fútbol. Desde que Atlanta remodeló el estadio el 30 de marzo de 2009 que una parte de la platea del Bohemio lleva el nombre de Matías Cuesta, para que todos los que pisen la tribuno sepan quién fue. La respuesta será la de un joven que tenía muchos proyectos, muchos sueños y que no puede descansar en paz. Que no puede estar tranquilo porque su asesinato sigue impune y con los culpables recibiendo premios.

El olvidado infierno de Avellaneda

Esta es una de las tantas historias del fútbol argentino que empiezan con poder, siguen con violencia, parecen terminar con muerte, pero no: culminan con injusticia. Esta es la historia de Christian Leonel Rousoulis, un pibe de Independiente que sólo fue una vez a la cancha.

Nada podía quitarle la convicción. Eran sus gestos. Porque incluso mientras masticaba ese último choripán en la feria de Villa Domínico, no abandonaba la sonrisa que siempre tenía pegada al cuerpo. Era parte de él: no importaba cuándo ni cómo. Por eso, ese domingo 22 de diciembre de 1996 en el que el calor pesaba como suele pesar cada fin de año bonaerense, no dudó cuando un amigo del barrio lo invitó a dar una vuelta. Tampoco titubeó cuando supo, desde un comienzo, que al compañero de aventuras le faltaría plata y que debería pagarle el almuerzo. Tan sólo, una vez más, pensó en la fenomenal alegría de pasar un rato con un socio del barrio.

Y a nadie que lo conociera le podía resultar raro: la felicidad era argumento constante en la vida de Christian.

Así vivía, así respiraba. Christian era parte de los que se animan siempre a favor de la existencia. Tenía 26 años y vivía en una Argentina que cada día iba quebrándose más y más los tobillos en el desempleo y en la pobreza del neoliberalismo. Como un visionario de todo lo que podría llegar a suceder, había decidido dar un salto hacia un nuevo vuelo que lo llevaría a trabajar a una ciudad que quedaba a una hora de Atenas, en la Grecia donde se enclavaban los orígenes de su historia familiar. Imaginó que era un cambio necesario. No porque ya no se divirtiera en el segundo piso de esa enorme casa que sus padres habían construido en Villa Domínico. No porque se hubiera aburrido de esos amigos que había encontrado en Avellaneda y no en Congreso, donde sus días transcurrían con intensidad antes de irse para el Gran Buenos Aires. No, tampoco, porque hubiera dejado de querer tanto como quería a su hermanita menor. Era, tan sólo, porque viajar a Europa el 2 de enero que se venía tenía que ver con seguir soñando: con ir a conquistar otro mundo con su alegría.

Christian no había terminado el secundario. Apenas le quedaba un puñado de materias que rendir, pero la posibilidad de irse a Grecia junto con sus abuelos paternos lo seducía mucho. La primera idea era que viajara unos días antes de que terminara el año, pero se negó: no quería dejar de pasar las fiestas con su hermana y con su mamá. Total, algunos días más no iban a moverlo de ese proyecto que lo atrapaba con una emoción profunda. Una que latía tan fuerte como para dejar de lado los estudios o la enorme amistad que sostenía con sus amigos del barrio, esos a los que se había asociado sin importar la diferencia económica que siempre los separaba: como sucedió el 22 de diciembre de 96, Christian solía financiar el alimento de sus compinches sin pedir que le devolvieran algo.

Algo de nómade tenía aquel muchacho que había pasado de Congreso a Villa Domínico con muchísima felicidad y que ahora planeaba irse bien lejos, a un lugar que sólo había conocido en alguna vacación familiar. Algo que suelen llevar adentro los buscadores de dulzuras. Algo que, quizás, sus papás habían pensado para él desde el momento en que decidieron ponerle Christian Leonel. Un nombre que en cada detalle tenía una explicación: Christian, por el corazón valiente de Cristo y Leonel, por la potencia inapelable que suele tener el león en el centro de la selva.

Christian, entonces, se lanzaba a ese recorrido solitario. Al menos, en un principio. Porque su papá era un embarcado que solía recorrer el mundo y que pasaba mucho por Grecia. Y su mamá y su hermanita también planeaban irse con él a armar los días en la tierra de Platón y Aristóteles. Todo era parte de un proyecto que se había construido con la sigilosidad de un cálculo combinado perfecto, todo era para encontrarle otra puerta a la felicidad.

Pero en el medio, poco más que una semana antes, pasó el infierno.

Todo un infierno que llegó sin ninguna explicación.

Porque ni con el pulmón diciendo basta. Ni con el intestino grueso hecho migajas. Ni con dolor constante de dos puñaladas puestas a flor de piel. Ni con el cuerpo recostado contra una camilla. Ni con el comienzo de una madrugada que no lo dejaba volver a casa. Ni con los sueños que se le iban derrumbando a la vista, Christian tendría la oportunidad de entender la infinita desgracia que podía suceder en un lugar que, hasta ese día, desconocía.

“Viste lo que me pasó, es la primera vez que vengo a la cancha”, le dijo a un señor que también estaba herido, mientras lo entraban al hospital Fiorito de Avellaneda, donde los médicos pasarían las horas siguientes tratando de hacer lo imposible para sanar todo lo tremendo que había quedado del partido del domingo que Independiente le había ganado a River. O, mejor dicho, todo lo terrible que había dejado un sector tan específico como violento de hinchas que había ido el 22 de diciembre de 1996 a transformar una cancha de fútbol en espacio para una masacre.

Era de tarde, era todo una humedad y, sobre todo, era una locura que centraba la principal de sus sinrazones en un solo punto: la mirada sedienta de quilombo de la barra de River. O en su estampida, que al salir de la cancha de Independiente había vuelto tierra de nadie la intersección de la avenida Mitre y la calle Italia. O en el saldo que todo eso había dejado: un bar destrozado, gentes escondiéndose en todo lo que encontraran para que no les robaran, montones de pequeños afanos, un padre y un hijo apuñalados dentro del estadio, un pibe con la cabeza destrozada a golpes y un chico de 26 años con dos heridas mortales. Un chico que era Christian.

Apenas le quedaban a Christian dos domingos en Buenos Aires. Apenas algo más de una semana para despedirse de toda su banda de amigos. Por eso, aquel penúltimo domingo agarró su bicicleta y decidió partir cerca del mediodía con un amigo para disfrutar el cierre del fin de semana. Estaba soleado, así que salió con un short, con una remera y con una gorrita que le servía para acomodar uno de sus rasgos más distintivos: un descontrol de rulitos que servían para que cualquiera lo reconociera desde lejos. Aunque ese domingo lo que lo complicó no fueron los pelos, sino eso que los cubría: esa visera roja que tenía un diablo dibujado en el centro.

A Christian el fútbol no le interesaba. Tampoco Independiente. Es que a su papá nunca le había atraído el planeta de la pelota y nadie iba a encontrar en su casa esa imagen clásica de domingo a la tarde en la que padre e hijo se sientan al lado de la radio o enfrente de la televisión para ver algo de deporte. No le interesaba ni se le ocurría hacerlo. De hecho, era hincha del Rojo por una cuestión barrial, ya que en Villa Domínico –donde el club tiene un predio grande donde se entrena el plantel profesional- todos sus amigos simpatizaban con la camiseta de ese color. Es más: nunca había ido a una cancha a ver un partido.

Hasta esa vez.

Ese 22 de diciembre vio que el mediodía pedía salir a recorrerlo y pedaleó hasta la feria del barrio. Aprovechó que su mamá iba a estar ocupada haciendo las compras  para las fiestas, buscó un amigo que lo acompañara en la gira y se fue de excursión por las calles de Villa Domínico. Terminaba el año, terminaba el campeonato de fútbol y su amigo le propuso ir a la cancha a ver un clásico que, por condiciones naturales, parecía que iba a ser lo bastante tranquilo como para no preocuparse: Independiente, que venía haciendo un gran torneo de la mano de César Luis Menotti, jugaba de local contra River, que de la mano de Ramón Díaz ya se había consagrado campeón fechas antes. Es decir: un partido que se jugaba solo para completar las diecinueve fechas del torneo.

Nadie supo dónde, pero en algún lugar de su Avellaneda dejó la bicicleta y se fue a la Doble Visera para estrenarse en una popular. Pagó su entrada y la del amigo porque su compañero no tenía plata siquiera para el colectivo. No le importaba: la experiencia de ir a una cancha es algo que encandilaría hasta a un extraterrestre. Y ahí fueron. Y ahí vieron un gran partido, en el que Independiente desplegó un estilo de los más bonitos y ganó 3-1. Y ahí Christian gritó cada uno de los goles. Y ahí, también ahí, al salir del estadio, pasó todo eso que sólo puede llamarse, una y otra vez, el infierno.

Al menos, su mamá, Nora Tarraga de Rousoulis, lo sigue pensando así, aunque ya haya pasado mucho tiempo. En ella, en definitiva, vive el relato de todo aquello que pasó ese día y que muchos, muchos que lo vieron, se negaron a contar. En ella, entonces, vive todo lo que tiene que ver con Christian.

Nora lo cuenta. No tiene problemas en hacerlo aunque el alma se le retuerza en tristezas. Pero lo dice sin ningún temor. Es más, lo hace ofreciendo unas facturas y todo el cariño del mundo. “Nora Tarraga de Rousoulis, la madre de Christian, nunca ha cesado en su demanda por justicia y castigo a los culpables de la muerte de su hijo”, dice un ejemplar del Diario Popular que ella muestra sentada en el living de su departamento en Congreso. Su casa es la misma en la que vivió antes de irse a Villa Domínico, ese lugar al que –según cuenta- desearía nunca haber ido. De alguna forma, regresar a Congreso. De otra, fue escaparse de la casa donde nació el infierno. O, también, es una manera de seguir recordándolo en todas las horas: esa propiedad sigue estando a nombre a Christian. Varias veces él le había sugerido a su mamá que la pusiera a nombre de su hermanita –que apenas tenía quince años- porque estaba convencido de que él iba a poder construirse su propia casa.

A esta altura, el relato de Nora parece el de una experta. O, en realidad, no parece: es una experta. No lo era la tarde en que asesinaron a Christian, cuando todavía no sabía que existían las barra bravas, estaba enterada de que podían existir dirigentes que se manejaran con matones, cuando desconocía que los jueces podían desacreditar pruebas sin razón alguna, cuando pensaba, incluso, que no hacía falta poner un abogado que le pidiera a la policía que investigara por qué una madrugada la habían llamado para decirle que su hijo estaba internado en el hospital Fiorito.

“Yo esa noche no podía dormir. Eran las dos de la mañana y Christian todavía no había llegado. Yo sabía que él solía irse, pero no lo veía desde el mediodía. No llegaba y no llegaba, hasta que sonó el teléfono”, relata Nora que, todavía, se acuerda de cada detalle de ese día, incluso que había dejado en la cocina un pollo comprado en la rotisería para que Christian tuviera para comer.

Esa noche, ella no era la única a la que el insomnio le intimidaba el sueño. Desde la ventana, podía ver cómo Perla, la perra de Christian, daba vueltas en el aire y ladraba sin parar. Como parte de ese sexto sentido maldito, tanto ella como la ovejero alemán sentían que algo raro estaba pasando. “Sonó el teléfono y del otro lado me dijeron que fuera acompañada de alguien al hospital Fiorito. Me explicaron que Christian estaba internado. Yo estaba desesperada. Mi marido estaba en un barco, la nena era chica y mi mamá era ya una señora grande como para que yo la llevara. La situación era terrible”, cuenta con los ojos cerrados Nora, como si no quisiera ver nada de lo que va saliendo de su boca.

Todo en la cabeza de Nora era incertidumbre. Lo último que sabía de Christian era que había agarrado una bicicleta y que se había ido con un amigo a comer un choripán a la Feria de Villa Domínico. No tenía idea, ni se le pasaba por la cabeza, que su hijo hubiera viajado a la cancha a ver a Independiente. Mucho menos que a la salida del estadio, la barra de River iba a copar la avenida Mitre, iba a ver a su hijo en la parada del colectivo e iba a apuñalarlo por la espalda.

Llegó al hospital con una cantidad de esperanzas que se iban desmoronando en el paso de las horas. La madrugada del 23 de diciembre la recibía con lo que sería por siempre el peor día su vida. La espera en el sanatorio, la policía tomándole declaraciones, la falta de certeza de qué es lo que había pasado, la prensa intentando averiguar algo y la falta de conocimiento sobre todo eso que sucedía eran desesperantes. Estaba convencida de que todo podía llegar a salir bien, pero cerca de las 19, salieron y se lo dijeron: “Su cuerpo no pudo soportar más. Falleció”.

El dolor y el vacío le abrieron a Nora otra puerta de su vida: la de entender dónde había arrancado y dónde había terminado el infierno. Tres días después del asesinato, salió a recorrer Avellaneda para buscar testigos. Fue el domingo siguiente para verificar cuáles negocios estaban abiertos. Quién podía haber visto qué fue lo que pasó. Y aparecieron posibles voces: un abogado que estaba sentado en el café García Lorca donde la barra de River había entrado a robar, un guardia y los empleados de una estación de servicios del Automóvil Club Argentino.

Pero la voz más importante no apareció ahí. El 2 de octubre de 1997, algo menos de un año después, Rito Ramón Barrios, un barra de River, se presentó a declarar al Departamento Judicial de Lomas de Zamora contando la historia con más datos que se haya escuchado sobre este caso. Según lo que atestigua, al salir de la cancha, la barra de River se cruzó con la de Independiente y se empezaron a tirar piedras. Frente a la agresión, uno de los jefes de la hinchada de aquel entonces, Luis Pereyra –conocido como Luisito- (el otro era Edgardo Daniel Butassi, conocido como El Diariero), juntó a todos y les dijo que “había que hacer quilombo”, Barrios señaló que se encontraban Adrián Rousseau y Alan Schlenker –quienes años después llegaron a la tapa de todos los diarios al estar involucrados en una pelea por el mando de Los Borrachos del Tablón que derivó en el asesinato de Gonzalo Acro, un joven de 29 años también metido dentro de la disputa por el manejo de la hinchada-. Y, más allá de eso, aseguró que quien asesinó a Christian Rousoulis fue alguien llamado Gustavo.

Un Gustavo al que la Justicia nunca llamó a declarar.

Nora va abriendo páginas de la historia poco conocida de quién asesinó a su hijo. Asegura que no hubo un enfrentamiento con la gente de Independiente. Que el problema fue interno de River. Que hinchas del club de Nuñez ya habían sido agredidos dentro de la tribuna por gente de la barra. Que el que dio la orden fue Pereyra, quien tiempo después estuvo prófugo y, luego, volvió a la institución como entrenador de inferiores. Que el asesino de su hijo –asegura Nora- fue un medio hermano de Albino Saldivia, a quien apodaban el Mono y quien se encargaba de repartir las entradas entre la barra. Que lo mataron entre dos: uno le pegó y el otro le dio los dos puntazos. Que igual nada de eso tiene sentido porque la Justicia en la que ella creía antes de que pasara todo, en realidad, no existe.

Y no hay modo de refutarle lo que dice. Porque la causa del asesinato de aquel pibe soñador hoy prescribió, aunque en 2008, luego del asesinato de Acro, la reabrieron para que todos los acusados, en un careo, aseguraran haber olvidado todo. Porque tuvo tres abogados y no logró nada en ninguno de los casos. Porque una tarde apareció un celular que tenía un mensaje que apretaba a Alfredo Davicce, amenazándolo con vincularlo con el crimen, pero el expresidente de River apenas se acercó a declarar. Porque tras montones de años del horror no hay ni un solo detenido.

Nora se agarra todavía la cabeza, afirma que ya no le interesa saber más nada y cierra todavía los ojos esperando que todo lo que relata no haya sucedido. No hay dudas: su marido, su hija y ella  todavía lo extrañan. Lo extrañan en cada paso. Piensa en Christian, piensa en lo que habría sido de él y piensa en aquello que su hijo siempre sentía. Ahí, tras recordarlo, no lo duda y dice: “Ahora me importa ser feliz”. Y en su voz no laten solo sus cuerdas vocales sino las del chico lleno de sueños. En sus palabras aparece la aventura, el sueño. En su mirada está el mismo argumento de Chiristian: la búsqueda felicidad constante.

Un pedido que es de todos: Salvemos al Fútbol

Dos integrantes de la ONG Salvemos al Fútbol, que busca un cambio radical para terminar con la enfermedad de la violencia en el fútbol y llevar a la justicia todo hecho de violencia o corrupción en el ambiente de la pelota, nos visitaron en el piso de Vámonos de Casa para contarnos su lucha.

Alberto García, hermano de Daniel, asesinado en la Copa América de Uruguay 95, y Norma Roldán, madre de Matías Cuesta, hincha de Atlanta que perdió su vida en un partido ante Flandria en 2006, nos visitaron en el piso de Vámonos de Casa (todos los domingos, de 23 a 01, por Radio Link) para contarnos de qué se trata su lucha en Salvemos al Fútbol, la ONG que busca llevar a la justicia todo hecho de violencia o corrupción en el ambiente de la pelota. “El fútbol es una gran caja negra, como es la política. No tiene control: a casi todo tienen acceso los barrabravas. Cuando fue la guerra de los quinchos en River, se peleaban por el pase de Higuaín. Ahora, con toda la plata que le entra a los clubes por el Fútbol Para Todos, han aumentado también las muertes en las canchas y no parece algo casual”, indicaron, al mismo tiempo que definieron como “inoperante” a la Justicia, porque la mayoría de los asesinos que causaron las 269 muertes por la violencia en el fútbol andan sin castigo ni condena.

Además, desde la ONG alzan la voz en contra de la Asociación del Fútbol Argentino, tan atenta para algunas cuestiones pero que se hace la distraída cuando de violencia en el fútbol se trata. “La AFA nunca se hizo cargo de los muertos producto de la violencia. Para ellos son cosas aparte, que no tienen que ver con el fútbol. Cuando ocurrió lo de Emmanuel Álvarez (el hincha de Vélez que fue baleado en 2008 cuando iba en micro hacia la cancha de San Lorenzo), Aníbal Fernández dijo que era algo que podría haber pasado en cualquier colectivo de línea que llevaba gente. Pero siempre pasa en los partidos de fútbol, y con barras en el medio, porque la Policía deja zonas liberadas”, denunciaron y señalaron a quien es el mandamás del Fútbol Argentino hace 33 años como uno de los máximos culpables, aunque no el único. “Grondona es un hábil declarante, tiene mucha cintura política, ha convivido con los militares, con todos los presidentes democráticos, es intocable para todos. Las provincias pueden ser intervenidas, como ocurrió con el caso María Soledad en Catamarca, por ejemplo, pero la AFA no. Ahora no respaldó a Cantero, que lo han dejado solo en esta lucha”, explicaron.

Invitamos a escuchar la entrevista completa (http://www.nosdigital.dreamhosters.com//2012/03/vienepirse/), a sumarse a Salvemos al Fútbol (http://www.salvemosalfutbol.org) y a indignarse con la larga lista de victimas por la violencia en el Futbol Argentino a lo largo de la historia (http://www.salvemosalfutbol.org/listavictimas.htm).