La noticia sin noticia

Lacar, la marca de camperas, antes una máquina de trabajo esclavo, ahora, una empresa en vías de recuperación. Actualización de la noticia que ya tiene 3 meses de incertidumbres y a decenas de familias a la espera.

Foto: Nos Digital.

La cooperativa de trabajadores de Lacar sigue esperando que el juez Federico Guerri falle a su favor la propiedad de los bienes (indumentaria y maquinaria) que el antiguo dueño de la firma, José Tarica, vació de los locales comerciales y la fábrica y escondió en dos depósitos que los trabajadores encontraron, vigilaron y hoy reclaman. Ninguna obstrucción legal impide al juez dictaminar sobre el tema. De hecho, desde aquél domingo 18 de septiembre en que se desencadenó todo, los trabajadores ya formaron una cooperativa, presentaron un plan productivo y se reúnen todas las semanas, dos veces. La maniobra judicial, así, sólo puede leerse como un desgaste: a tres meses del vaciamiento, los trabajadores continúan sin ver un centavo.
La espera ahoga. Con festivales y rifas apenas llegan a cubrir los “vales” que piden los más necesitados. Otros más suertudos confiesan estar viviendo de la familia o algún compañero. Semana a semana trazan nuevas estrategias que permitan el próximo paso hacia la producción. En el polo textil del INTI ya se ponen a ritmo con cursos y capacitaciones. “La gente del INTI nos acercó unas máquinas y nos está dando uno que otro curso para ir preparándonos. Porque la gran mayoría de gente que forma la cooperativa no es precisamente de talleres… Ellos antes mandaban todo a clandestinos”.
No es menor lo que explica Gabriela, tesorera de la cooperativa. Precisamente en esos talleres clandestinos comienza la historia siniestra de la firma Lacar en Argentina: fue la primera denunciada por encierro, hacinamiento y sobreexplotación de talleristas. Es ése el trabajo que ahora están aprendiendo, en otro intento de amoldarse a la redistribución de tareas. “Pero sin las máquinas, sin las camperas para empezar a vender es muy difícil”, explica Gabriela. Ya tienen las cantidades y números de tela, cierres y etiquetas que deben comprar como para una primera tanda. Pelean, mientras tanto, no sólo por la liberación de la ropa y las máquinas, sino también por la propiedad del “bien inmaterial” que es la propia firma Lacar. Se entiende, el impacto comercial y de marketing no sería el mismo aunque las camperas mantengan su calidad. Otro de los tantos inconvenientes será reubicar locales comerciales donde pueda venderse la mercadería que produzcan.
Pero para eso falta. Ahora queda presionar por la propiedad de los bienes: “Este lunes 19 iremos hasta el juzgado a ver si por medio de la presencia podemos encontrar alguna otra respuesta, básicamente pedir que liberen los bienes a nuestro favor”, anuncia Gabriela. El pedido de los trabajadores se basa en la reciente Ley de Quiebras que obliga al juez a revisar una serie de “créditos laborales”, asimilables a lo que entendemos como “indemnizaciones”, cuya suma puede intercambiarse por los bienes de la empresa. Antes, los bienes se consideraban para el dueño. Esta ley da prioridad a los trabajadores a tasar los bienes de la empresa y corresponderlos con el valor de la suma de los créditos laborales. Es decir, permite la posibilidad legal de expropiar bienes materiales (máquinas, productos y hasta la fábrica misma) e inmateriales (inteligibles, como la firma de una empresa). El caso de la cooperativa de trabajadores de Lacar es de los primeros que ponen en juego la ley.
Por qué no se aplica la ecuación de la ley no es fácil de desentrañar. Por lo pronto, los trabajadores de Lacar cuentan con un inconveniente comparado a otras fábricas recuperadas: el edificio en que trabajaban era alquilado. También hay que reconocer cierta astucia del antiguo dueño José Tarica para mantener en secreto la quiebra de la empresa. Los trabajadores no se la esperaban. No pudieron ni supieron entonces entrar a la fábrica, tomarla, resistir. Tarica limpió hasta las fotos familiares que tenían los administrativos colgadas en las oficinas. De las máquinas ni hablar. Los locales comerciales, lo mismo: todos vaciados. El dueño de la fábrica que alquilaba a Tarica no tiene razones para hacer voluntarismo: ya alquiló la fábrica a otra empresa.
Desde que se conoció la noticia del vaciamiento, el INTI les guarda un lugar en su polo textil en Barracas. Por ahora sólo ayuda con cursos y capacitaciones, y unas pocas máquinas para poner en práctica nuevos conocimientos de corte y confección, lo que antes se terciarizaba. Pero ya con este reconocimiento del INTI, el convenio que les cede lugar físico, se supone, supuso el abogado del Movimiento Nacional de Fábricas Recuperadas, Luis Caro, que el juez tenía que tomar una decisión positiva sobre los bienes. Es decir, a favor de los trabajadores. “No hay nada que esté obstruyendo que el juez tome una decisión a nuestro favor. El papel ya fue entregado hace quince días a la justicia, pero todavía no tenemos respuesta”, cuenta Gabriela.
Las tareas, ahora, mientras, es de corte y confección de ánimos, psicologías y ayuda económica para quienes más lo necesiten. El juez a cargo es el mismo quien, en primera instancia, apuró a rematar los bienes sin precio de partida, violando la propia Ley de Quiebras. El abogado de las recuperadas Luis Caro rápidamente pidió su revocatoria. Guerri dio marcha atrás con su decisión, hizo tasar los bienes por un síndico y ahora demora la decisión sobre su propiedad. El antiguo dueño José Tarica, lejos de estar reclamándolos, declaró la quiebra de la empresa, no apareció más, siquiera se presentó a las audiencias que convocó el Ministerio de Trabajo y, se sabe, descansa en el country del Club Náutico Hacoaj donde vive.
Se avecina fin de año y la inminente feria judicial apura a los trabajadores. Gabriela: “Hoy justamente, antes de juntarnos a hacer un brindis tuvimos una asamblea y tratamos de apuntalarnos… Porque hay determinados momentos que te hacen bajar los brazos… Tratamos de acompañarnos para que cuando alguno se caiga, no se pierda la esperanza”. El lunes 18 irán al juzgado no a presionar sino a buscar lo que antes muchas otras recuperadas consiguieron tomando fábricas, resistiendo desalojos y estirando con amparos: justicia, expropiación, producir sin patrón.

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¡Recuperá esta!

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La salida al vaciamiento de una empresa. Lacar es una marca de camperas. Era una máquina de trabajo esclavo. Ahora es una empresa en vías de recuperación. Fabricación y comercialización en proceso de reparación. La cooperativa que formaron todos a los que quisieron dejar sin nada, toma forma y se hace escuchar.

Los trabajadores de Lacar en asamblea. Fotos: Nos Digital.

José Tarica supo manejarse como dueño de Lacar conservando a sus costureros en condiciones infrahumanas: encierro, hacinamiento, sobreexplotación con 12 horas de jornadas de trabajo. Los talleristas, procesados y con confirmación de cámara por reducir a la servidumbre a sus trabajadores. Desde 2001, Tarica mantiene a Lacar en convocatoria de acreedores, siempre al borde de la quiebra. Los trabajadores, costureros y vendedores, nunca lo supieron. Gabriela Berardi, ex-encargada del local comercial de Cabildo y Virrey del Pino desde 1998, recuerda: “Nunca vi que la empresa no funcionara. En el 2001 nos pidieron los gerentes, local por local, que aceptáramos una rebaja en el sueldo y una suspensión en las comisiones de venta para ayudar a la empresa en una crisis que decían que Lacar estaba pasando. Lo aceptamos, no hicimos un paro ni nada. Durante un año tuvimos la suspensión y ese sueldo congelado”.

El miércoles 14 de septiembre último, cuando Gabriela abrió el local, entraron detrás de ella el gerente de la empresa y el gerente comercial, diciéndole que habían tenido problemas para volver a alquilar el local y que lo iban a cerrar. En dos horas y media ya lo habían vaciado. La trasladaron a Lomas de Zamora. El domingo, una compañera de otra sucursal la llamó y le dijo: “Gaby, están vaciando todos los locales, andá al tuyo”. En ese momento pensaron que se iba a reducir la cantidad de sucursales, pero no.

En el de Munro, quisieron hacer el vaciamiento a la mañana, pero la encargada le había prestado atención a algunos movimientos de los gerentes: cambios en los códigos de las alarmas, pedido de copias de las llaves, eliminación de la información hasta junio de 2011 de las máquinas registradoras. Ella decidió cambiar los candados. Como intentaron romper la cadena, en cinco minutos, gracias a las cámaras, llegó un patrullero y los detuvo. Se acercó José Tarica y aclaró el tema con un papel del juzgado. Frente a las empleadas, se llevaron todo en cinco camiones custodiados por otros cinco autos de seguridad privada. “Cuando llegué a mi local también estaba vacío. El que no llegaron a cerrar fue el de Morón, donde nos juntamos todos para ver cómo seguir. 250 personas entre fábrica y locales que se iban a quedar en la calle”, dice Gabriela.

-¿Y los que no están en Capital o el Conurbano?

-Tengo entendido que los locales de Neuquén y Bariloche siguen abiertos. El de Mar del Plata la sigue peleando porque cuando se dieron cuenta que les quisieron dar vacaciones a todas juntas, hablaron con abogados para que averiguaran cuál era su condición laboral y trabaron el vaciamiento.

Ese mismo domingo una abogada redactó una carta documento y una carta para que los trabajadores presentaran en el Ministerio de Trabajo el lunes, después de encontrarse con los costureros que no habían podido entrar a la fábrica porque estaba cerrada con un cartel: “La fábrica se mudó. Informaremos a dónde”.  “Cuando Tarica esperaba que nosotros llegáramos a los locales y viéramos que no teníamos más trabajo, ya estábamos en el ministerio ganando tiempo”, se alegra en recordar Gabriela.  El 21 de septiembre tuvieron la primera cita en el Ministerio de Trabajo con los sindicatos y la patronal, que se ausentó a esa reunión y todas las demás: el 22, 27 y 28. Pese a que la Justicia tenía las direcciones de todos los representantes de la marca, la fuerza pública nunca los hizo concurrir tampoco.

-¿Cómo respondió la empresa entonces?

-En todo momento niega el vaciamiento ilegítimo que hizo de los locales. Alegan en un telegrama que la “grave crisis financiera” no les permitió afrontar el pasivo que tenían y nos avisan así que prescindían de nuestro trabajo.

Néstor Escudero, representante de La Alameda[i], encuentra inexplicable la “grave crisis financiera” ya que cada campera les costaba seis pesos en sus talleres clandestinos y la vendían en 400 o 500 pesos. Tampoco le cierra a Gabriela: “Ellos nos decían que no estábamos vendiendo bien, pero no era cierto.  Una sola sucursal facturó 700 mil pesos en agosto. La que menos facturaba habrá facturado 150 o 200 mil pesos. No era muy diferente a otros años. No tengo idea qué números manejaban con la AFIP porque un mes antes nos vaciaron la información de los meses anteriores en las máquinas”.

-Lo de la empresa podía ser esperable. ¿Cómo actuaron los sindicatos?

Los trabajadores de Lacar en la sede de Alameda, en Almagro.

Los sindicatos SETIA (Sindicato de Empleados Textiles de la Industria y Afines) y SOIVA (Sindicato Obrero de la Industria del Vestido y Afines) nunca nos informaron del concurso de acreedores en el que estaba la empresa. Estamos defraudados por la parte sindical que nos representa. Nos hace pensar que nos ocultaron esa información para que la empresa pudiera vaciar fraudulentamente los locales y la fábrica como lo hicieron. En cada reunión con el ministerio nos decían que no había nada que hacer. Los dirigentes sindicales estuvieron en todas las citas, pero lo único que propusieron fue que la empresa se ajustara al procedimiento preventivo de crisis, es decir, que se le permitiera pagar un 50 por ciento de las indemnizaciones. Por suerte surgió la Alameda para unirnos frente a la separación que proponía la empresa. No teníamos ni teléfono de contacto. Al punto que las fiestas de fin de año las organizaban por separado. Si no nos uníamos, en una semana nos hubieran derrotado porque teníamos que buscar trabajo independientemente, comer, llevar a nuestros hijos a la escuela… Tampoco hubiésemos hecho jamás el seguimiento de dónde estaba la mercadería que ni el ministerio quiso averiguar. Por medio de La Alameda llegamos a que en Malabia 615, una de las propiedades del dueño, se había descargado mercadería constantemente. No está toda ahí, pero es algo de lo que tenemos y que puede llegar a hacernos cobrar algo. Nosotros teníamos una comisión de venta que cobrábamos a contrames el día 20. A fines de septiembre estábamos cobrando lo de agosto. No nos lo pagaron y era plata con la que contábamos. Fue un gran cachetazo económico que nos debilitó el bolsillo.

El viernes el juzgado en lo comercial Nº 17, del juez Federico Güerri sorteó un martillero para rematar los bienes de la empresa en los siguientes 10 días, sin base alguna. “Ni siquiera estaban los créditos laborales presentados tan rápido como para sortear ese día el martillero”, explica Gabriela. No respetó la Ley de Quiebras,  que establece que los trabajadores tienen prioridad para adquirir la compañía en quiebra -que son en este caso las fuentes de trabajo de 250 personas- como respuesta a las indemnizaciones no pagadas. “Lo que hizo el juez fue intentar beneficiar a los amigos de José Tarica, que podrían comprar los bienes más baratos y sacarnos de encima a los trabajadores”, denuncia Berardi. En ese contexto, el martes 11 de octubre, el juez supuestamente no estaba. Como entraron al hall principal del juzgado con banderas, bombos y cánticos a presionar, les concedieron una cita para el día siguiente. “Estábamos prácticamente uno a uno rodeados por la policía antidisturbios”, se acuerda Gabriela. El 12 se presentaron y Güerri les comentó que se retiró de la causa como le habían pedido los trabajadores, según decía. “Si lo hacía, prácticamente empezábamos de cero otra vez. Lo que queríamos es que se retractara con respecto al sorteo”, sigue. Después de hablar con él, el abogado Luis Caro consiguió el expediente que estaba en manos del juez Fernando D’Alessandro.  “Más o menos rápidamente se lo puso al tanto de los sucesos y le comentamos dónde estaban los bienes que ya estábamos custodiando. Como ya no los estábamos vigilando, le dio primacía a hacer eso para que no los perdiéramos. Como no se venían haciendo las cosas imparcialmente, sino para el lado de la empresa, D’Alessandro está buscando darnos la guarda de la mercadería y sortear nuevos síndicos”, dice Gabriela.

Hasta ahora no cobraron ningún tipo de indemnización pero ya están inscriptos como cooperativa y se reúnen periódicamente en la sede de La Alameda a discutir cómo seguir. Para subsistir mientras resisten y empezar a hacer avanzar la rueda, tienen un fondo de huelga: venden rifas que se distribuyen según zonas para vender principalmente en otras fábricas recuperadas. Néstor, que coordina la asamblea, se anticipa y les explica: “Vender en otras fábricas no es mendigar. Ténganlo bien claro. Ellos pasaron por este mismo proceso para poder salir adelante”. Los premios son también productos donados por esas fábricas, como pulóveres,  libros, jugos, pinturas. El objetivo del fondo es “que ningún compañero se caiga por no tener para lo básico”, como repitieron hasta el hartazgo diferentes voces de la asamblea, y empezar a hacer funcionar la cooperativa aunque la Justicia les trabe el acceso a las fábricas y locales. Durante la asamblea, siguen pensando cómo conseguir lo que les falta para hacer algunas camperas y empezar a rodar. El Instituto Nacional de Tecnología Industrial los asesorará y prestará el Centro Demostrativo de Indumentaria de Barracas.

El sábado 26 de noviembre van a organizar un festival para seguir difundiendo, recaudando y celebrando no ser más esclavos, sino dueños de su propio trabajo. Lo festejan riendo de la desgracia:

-“Ya sabemos que vamos a cocinar pizzas, que tenemos los jugos. Quien conozca bandas hable para que vengan a tocar. Ya tenemos un mago.”

-“¡Sí! El mago Tarica, que en dos días te hace desaparecer todo y se borra del mapa.”

 


[i] Mundo Alameda es parte de un movimiento que se inicia como consecuencia de la Asamblea Popular “20 de diciembre” de Parque Avellaneda, que a su vez dio origen a la Cooperativa de Trabajo “20 de Diciembre”, y que a través del tiempo se fue convirtiendo en un lugar de referencia para los trabajadores, a partir de lo cual comenzó la lucha por el trabajo digno contra el trabajo esclavo.