Desidia en sangre

Empresas con fondos públicos que no reparten suficiente agua + falta de obras públicas + fábricas que contaminan los ríos + organismos estatales con presupuestos millonarios que hacen nada = plomo en sangre.

Pb: El plomo es un elemento químico de la tabla periódica, su número atómico es 82 según la tabla actual. El plomo es un metal pesado.

Eso es lo que los pibes de Villa Fiorito tienen en la sangre: metal pesado.

Y es que los muchos problemas ambientales que sufren los habitantes de Fiorito no sólo se huelen y sienten, si no que ya están instalados en los cuerpos de pibes y adultos, tanto que se leen en sus análisis de sangre.

Pero el plomo en el cuerpo de los nenes pobres no queda sólo ahí, fluyendo en su torrente sanguíneo: afecta su capacidad de aprender, de desarrollarse, de jugar, de vivir.


_MG_0077

plomo en sangre

plomo en sangre

Cómo contaminan los cuerpos

Tamara vive en una casa de chapa, madera y cartón pegada a la fábrica Camilo Ferrón S.A, que produce margarina. Además de producir un ingrediente para ricas tortas, Camilo Ferrón S.A. tira sus desechos por una tubería que da a la casas de vecinos de Fiorito, y lejos de endulzarles la vida, se las llena de olor a mierda.

“A veces no podemos ni comer del olor que hay acá” cuenta Tamara con su beba Aymara en brazos. Otros vecinos asienten y cuentan cómo amanecen con una capa de polvo parecida a una telaraña que lo cubre todo, o cómo a veces de las chimeneas salen despedidas cantidades de una sustancia que parece arena. Y además de su palabra, en el piso de tierra se ven las manchas negras que deja la grasa que esta fábrica desecha en las calles del barrio.

plomo en sangre
Algunas casas están pegadas al paredón de la fábrica. Fotos: NosDigital.

Mirta, otra vecina de la fábrica, imita el sonido del agua fluyendo carraspeando con los labios, para mostrar cómo es el ruido que escucha todas las noches, cuando la fábrica abre la canilla y tira sus desechos tóxicos por una tubería que da a la calle Esquel de Villa Fiorito.

Camilo Ferrón S.A. es una de las muchas fábricas que lanzan sus desechos al Riachuelo, contaminando el agua y los suelos de la cuenca del Arroyo Matanza-Riachuelo. En esos suelos viven Tamara, su beba Aymara, Mirta y unas 3 millones de personas más. Un 10 % de la población de la Argentina, ubicada en un 0,1 % del territorio nacional. Todos ellos son habitantes de barrios que descansan sobre la cuenca del rio.

Los hijos de Tamara tienen plomo en sangre, al igual que la mayoría de los pibes de la zona. Los datos con los que se cuentan para analizar el alcance del plomo en los cuerpos de los chicos se desprenden de una campaña que realizó en el 2011 Médicos del Mundo, el Foro Hídrico de Lomas de Zamora, vecinos y docentes en Villa Lamadrid (pegada a Villa Fiorito). De esa campaña se desprendió que el 85% de los pibes de Lamadrid tienen plomo en sangre.

Las cifras oficiales también existen, ya que la ACUMAR (Autoridad de Cuenca Matanza Riachuelo) tomó muestras de sangre el año pasado a cientos de chicos en Villa Fiorito. ¿Los resultados? Se los mencionaron oralmente a las familias, no les entregaron los análisis, y nunca fueron difundidos.

La ACUMAR es la responsable de sanear la cuenca donde viven todos esos pibes con plomo en la sangre. Para eso tiene un presupuesto millonario (según la Auditoría General de la Ciudad de Buenos Aires la ACUMAR recibió $ 1.412.824.856,00 entre el 2010 y 2013, de parte de Nación, Provincia y Ciudad de Buenos Aires). Pero cuando le preguntas a Tamara si sabe qué es la ACUMAR, no la conoce. Por su casa nunca pasaron.

plomo en sangre
Este pasillo se extiende paralelo al paredón de la fábrica y allí viven cientos de familias. Fotos: NosDigital.

Por su casa sí pasó Maria Eva Koutsovitis, integrante del Foro Hídrico de Lomas de Zamora e ingeniera del Departamento de Hidráulica de la UBA. El Foro, con el apoyo de otras organizaciones barriales, viene investigando desde hace catorce años la situación sanitaria en los barrios: un combo explosivo de napas contaminadas y falta de infraestructura.

Maria Eva sabe explicar por qué la contaminación manda en la cuenca del Matanza-Riachuelo. Mientras camina por las calles de Fiorito, entre charla y charla con los vecinos, se detiene a narrar cómo es la situación sanitaria de los barrios de Cuartel Noveno:

“El principal problema no es la falta de agua, lo que sucede es que la oferta de agua es insuficiente.  Algunos barrios no tienen red y un camión entrega agua o hay una canilla comunitaria. AYSA entrega 20 veces más agua por habitante por día en Capital que en la zona de Cuartel Noveno (compuesto por cinco barrios del sur de Lomas de Zamora, Villa Fiorito y LaMadrid entre ellos)”.

Luego de aclarar ese punto, lanza el dato: A Capital llegan 700 litros por habitante por día, en estos barrios menos de 35. La fuente de agua potable siempre es la misma, la planta San Martín. Solo que hay una decisión política de parte de AYSA que, cuando toda la normativa internacional establece que como mínimo que las empresas distribuidoras deben hacer llegar 150 litros por habitante por día, envía veinte veces más agua a Capital que a estos barrios carenciados y vulnerables.

plomo en sangre
Suelos contaminados. Fotos: NosDigital.

Eva sigue con su relato: “Esto se refleja en que todos los veranos cuando aumenta el consumo se quedan sin agua. En esa zona, como son barrios que se encuentran en la rivera, las napas están muy altas, casi al nivel del terreno, porque hay una continuidad entre el agua del lecho del rio y de la napa. En estos barrios si haces un pozo a pocos centímetros encontrás agua”.

En los barrios de Cuartel Noveno no hay cloacas, por lo que todos utilizan pozo ciego y los desagües son las zanjas en la vereda.  Los pozos ciegos en lugares de napa alta no tienen ningún sentido, ya que las cámaras donde se tira el desecho están continuamente inundadas y se mezcla con el agua de la napa. Además, como continuamente se quedan sin agua, los vecinos pinchan directamente el caño de agua para sacarla con motores.

“Esta situación de ausencia de cloacas, pozos ciegos colapsados, desagües en las zanjas de las veredas, lo que determina que la tierra y las napas estén contaminadas con liquido cloacal. Entonces cuando los vecinos chupan el agua de los caños y esos caños están inmersos en esa napa, arrastran todo el agua que tiene la napa, que como mínimo tiene liquido cloacal”, remata la ingeniera.

Entonces, hasta ahora tenemos: Una empresa con fondos públicos que no envía suficiente agua y falta de cloacas y desagües (obras públicas), que juntas provocan que el agua que toman los vecinos esté contaminada con mierda, y otras sustancias.

plomo en sangre
Impossible is nothing. Fotos: NosDigital.

¿Qué son esas otras sustancias? Todos los químicos que las empresas como Camilo Ferrón S.A. tiran al río, que contaminan no sólo las aguas en las que caen si no también el de las napas, en constante conexión con el río.

“En esas napas encontrás plomo, cromo y mercurio, que por supuesto están contaminando las napas y los suelos. El agua de esas napas arrastra todos esos metales pesados más el liquido cloacal. Cuando llueve no hay desagües, entonces desbordan las napas y la gente se inunda con el liquido cloacal, con plomo, mercurio, cromo y todo tipo de metales pesados”, redondea  Maria Eva.

Los vecinos de la zona saben sin toda esta explicación que toda el agua que los rodea está contaminada, lo constatan día a día con la cantidad de enfermedades hídricas que sufren: Cuando a Tamara se le pregunta si ella y sus hijos sufren de forúnculos y diarreas, asiente resignada: estas enfermedades son moneda corriente para ella y sus vecinos.

“Toda esta población está enferma y sometida a unos niveles de contaminación muy extremos” señala Eva, mientras enuncia otras enfermedades comunes: cáncer, muchisimos casos en adultos y púrpura, una enfermedad autoinmune muy rara.

El nivel de contaminación de los cuerpos no sólo se hace tangible en análisis y síntomas, se hace ver hasta en las charlas entre vecinos: “Aquel pibe de allá tiene 10 en sangre”, “mi hijo y yo tenemos 11 de plomo en sangre”. Se cuelan en las conversaciones estas cifras que también señalan lo cotidiano de esta problemática: vivir contaminado, que tus hijos tengan metal pesado en la sangre, es casi una condición inherente de habitar el lugar donde pudiste construir tu casa.

La Organización Mundial de la Salúd establece que el nivel de plomo en sangre tolerable para un humanos es 5 ug/dL (microgramos de plomo en un decilitro de sangre). El plomo es un metal pesado que no juega ningún papel en la fisiología humana, por lo que su nivel ideal en sangre debería ser cero. El plomo que contamina el suelo y el agua ya ingresó en los cuerpos de la gente, hasta bebes de 10 meses tienen niveles muy elevados: el plomo se va incorporando al organismo de manera progresiva, cuanto más tiempo estás expuesto mayor concentración de plomo tenés.

plomo en sangre

plomo en sangre

Quiénes contaminan los cuerpos de los pibes

No hace falta mudar a Tamara y a sus 60 mil vecinos de Villa Fiorito para resolver este problema. Lo que se necesita es que las empresas sobre la cuenca del matanza riachuelo sean trasladadas, que AYSA ejecute las obras de cloacas, desagues y mande el agua suficiente para todos y que la ACUMAR haga su trabajo y se ocupe de la extrema situación sanitaria que viven todos los habitantes de Cuartel Noveno. Esa mezcla de ingredientes con una pizca de voluntad política de los Municipios y del Estado Nacional teminarían con este genocidio silencioso de pibes pobres.

Cuando el Foro Hídrico de Lomas de Zamora acompañado con otras organizaciones sociales le exigieron a AYSA que ejecute las obras necesarias para garantizar cloacas, desagues y agua, la empresa les contestó que esperen veinte años a que se ejecute una mega obra que tienen en sus planes. “¿Nordelta abrá esperado 20 años para que les lleven agua potable y cloacas?”, se pregunta Maria Eva, cuando cuenta sobre la insólita respuesta de la empresa.

“Concentraciones bajas de plomo en sangre con suplemento de hierro y una dieta rica en hierro puede mejorar mucho la situación”, explica Eva. Desde el Foro exigen a la ACUMAR,  al gobierno nacional, provincial y municipal que se le entregue un subsidio a las familias afectadas con la problemática del plomo en sangre y que se les facilite el acceso a una alimentación adecuada y a un médico de cabecera por familia que monitoree permanentemente a los chicos. Ademas, piden que en la zona de Cuartel Noveno se construya un centro de alta complejidad, especializado en este tipo de problemáticas que padecen todos los que viven en estos barrio.

plomo en sangre

plomo en sangre

“Ahora abrieron un salita acá cerca, pediatría debería atender todo el día pero nunca están, si a tu nene le pasa algo tenes que salir corriendo a Caraza y andá a saber si llegás”, resume Tamara, por si quedaban dudas sobre si se hizo o no el centro de alta complejidad.

Los poderes privados y estatales no sólo no hacen ninguna de estas obras, si no que persiguen a los militantes que las exigen. Teléfonos pinchados, amenazas, ventanas rotas. Cuando el Foro y otras organizaciones del barrio relizaron la campaña en Villa Lamadrid que arrojó las escalofriante cantidad de pibes con plomo en sangre, el director de la unidad sanitaria de la ACUMAR llamó a la escuela donde se realizó la campaña, intimidó a la directora y le exigió que le diera los apellidos de los médicos que habían tomado muestras de sangre y la afiliación política de los militantes que llevaron a cabo la campaña.

“Nos amenazaron con aplicarnos la ley anti terrorista, por terrorismo ambiental. Nosotros lo que hicimos fue una publicación que enviamos a un congreso internacional en Chile para poder legitimar el laburo que veníamos haciendo y que no nos acusaran de ser terroristas”, explica Eva. Y una pregunta más que obvia florece del barro contaminado de la cuenca del Matanza Riachuelo: ¿Tanto quilombo por difundir la conocida problemática de plomo en sangre?

El tolueno es un hidrocarburo aromático que se produce a partir del benceno. Con el tolueno puede fabricarse TNT, colorantes, detergentes y productos aromáticos. Y también merca, mucha merca. Algunos pibes de Cuartel Noveno tienen, además de plomo y otros metales pesados, tolueno en la sangre. En la tarea de buscar los motivos de las exageradas agresiones, este químico que flota por la sangre de los pibes es una perversa pista.

Las consecuencias de estar contaminado con plomo se ven en la escuela, en la dificultad para aprender y para desarrollarse como cualquier persona que no vive en una tierra podrida por la mierda que tiran las empresas y olvidada por el Estado.

Una parte de Villa Fiorito. Fotos: NosDigital.
Una parte de Villa Fiorito

Llenos de agua podrida

Cuando el capital inmobiliario es el que decide cómo se organiza el territorio, las casas de la gente se llena de agua podrida. Varios barrios de Luján sufren las consecuencias de  la construcción barrios cerrados sobre humedales y se inundan varias veces por año. Cómo se llegó a esto, quiénes son los responsables y qué pasa en los barrios afectados.

Este es un mensaje para Daniel Scioli de parte de Carolina, desde su casa en el barrio Padre Varela, Luján:

“Más que una cuestión climática es una cuestión de lo que ustedes están haciendo mal. Yo empecé a ver las inundaciones cuando construyeron la quinta del sindicato de taxistas acá al lado, son cosas que se están haciendo por el costado para beneficiar a unos y perjudican a los otros. Te indigna ver las imágenes de los countries con la gente en los lagos, con los patitos. Ellos muy lindos con su laguna de fantasía cuando nosotros estamos llenos de agua podrida. Ustedes se llenan sus bolsillos antes de preocuparse por los que menos tenemos.”

A Carolina le llegó el agua hasta casi el techo en las inundaciones de principios de agosto. Una semana hasta poder sacarla de su casa. Pero no es la primera, ni la segunda vez que ella y sus vecinos tienen que volver a empezar: Sólo el año pasado se inundaron seis veces.

Al barrio Padre Varela lo atraviesa el arroyo Gutiérrez, que tiene salida al río Luján. A este arroyo van a parar las aguas que bajan de los canales ilegales que mandan a construir los dueños de los campos, y cuando ese agua llega al río Luján, no puede escurrirse libremente porque más abajo, a la altura de Pilar, las urbanizaciones cerradas destruyeron los humedales (que el río ocupa cuando está desbordado) y generan un tapón río abajo. Entonces el arroyo Gutiérrez empieza a subir irremediablemente con destino a las casas de la gente. De la gente que no vive en estas urbanizaciones que para, justamente, no inundarse, están sobre terrenos elevados artificialmente varios metros.

inundaciones lujan
Algunas casas del barrio Padre Varela están pegadas al arroyo Gutiérrez. Fotos: NosDigital.

No sólo el Barrio Varela se inunda varias veces por año, también los barrios San Fermín, La Loma, Santa Marta, Barrio Universidad, Los Laureles. Todos pertenecientes al municipio de Luján. Algunos pegados al río y otros ni siquiera. Estos últimos se inundan porque el agua de lluvia no encuentra cauce hacia el río: se lo tapa emprendimientos como, por ejemplo, la quinta del sindicato de taxis.

Rebobinando: Cómo se llegó a esto

En la otra punta del área metropolitana de Buenos Aires, en La Plata, Patricia Pintos, geógrafa e investigadora de la Universidad de La Plata, retrocede en el tiempo para explicar cómo y por qué llegaron las mega urbanizaciones privadas sobre los humedales.

“Los ‘90 son una inflexión en la forma en la que la cuenca del río Luján se articula al aglomerado metropolitano”, puntualiza. Antes de llegar a esta afirmación, la geógrafa y autora de La privatopía sacrílega, efectos del urbanismo privado en humedales de la cuenca baja del río Luján, explica que las corrientes de inversión de los años ‘90, a través de las autopistas, incorporaron territorios que antes parecían lejanos. “Ese cambio en la forma de circulación ha permitido que la ciudad perdiera ese carácter compacto que tenía durante la etapa del modelo de ciudad del loteo popular, que arranca en los años 40 y avanza hasta el 70, y empieza a crecer el AMBA en esos territorios de borde”.

Los loteos populares configuraron al conurbano como lo conocemos hoy: grandes extensiones de tierra que eran subdivididas por sus dueños y compradas a costos accesibles por los trabajadores. El loteo popular era lo que garantizaba el acceso masivo al suelo por parte de los sectores populares . Esa manera en que la población fue ocupando el territorio cambió drásticamente en el 77 con la última dictadura militar, a partir del Decreto – Ley 8912, aún vigente.

“El loteo popular no tenía las regulaciones que establecían la altura de los terrenos, el tipo de servicios que tenían que tener y demás. A partir de la ley 8912 se establece claramente que el suelo que se produce tiene que estar en un área no inundable, y tiene que estar provisto de las condiciones de urbanización previa a la comercializaciones, apertura de calles, servicios de infraestructura, etc”, explica Patricia.

Al cambiar las reglas del juego y establecer que los suelos que se coloquen en el mercado tienen que estar dotados de todo esto, la tierra se encareció mucho y los sectores populares perdieron la posibilidad de acceder al suelo por las vías formales. O sea: se los relegó a la toma. “Lo que pasó es que el mercado formal del suelo pasó a estar comandado a una oferta para los sectores medios y altos. Y este es el momento en el que emerge como producto dominante la urbanización cerrada. Esto es así desde los 70, pero claramente en los 90 se da el patrón definitivo de expansión de la ciudad”, redondea la investigadora.

Marcas de agua que ya son parte del decorado.
Marcas de agua que ya son parte del decorado. Fotos: NosDigital.

Ya eran muchos, y en el 99 llegó Nordelta.

La empresa Consultatio, gerenciadora de Nordelta, inaugura una nueva modalidad de la urbanización cerrada. Hasta ese momento eran lotes grandes con buenas condiciones de accesibilidad, rodeados de murallones, pero no tenían una localización específica. Y ahora sí la tienen, porque a Consultatio se le ocurrió construir un mega barrio… Arriba de los humedales y las planicies de inundación.

(Por si algún distraído todavía no sabe lo que son los humedales: son ecosistemas hídricos, de vital importancia, que cuando el río crece funcionan como una esponja reteniendo el agua de la crecida, además de otras características también muy importantes, como la de purificar el agua que luego regresa el río o baja a las napas.)

Se instalan ahí no sólo porque son lugares hermosos o para acceder directo desde el emprendimiento al río: “Lo hacen sobre todo porque los humedales tienen características y materiales que se pueden remover, a través de movimientos mecánicos de suelos, a los fines de producir un paisaje particular, que es el de las lagunas artificiales vinculadas al barrio cerrado”, explica Patricia Pintos. Con la tierra que sacan para hacer esas lagunas elevan los terrenos para evitar inundarse, de otra manera (dado a donde están localizados) se llenarían de agua cada vez que se produjera una inundación como la de principios de agosto, ¿o alguien alguna vez vió un countrie inundado?

“Lo que esto supone es una modificación del ambiente natural, que pierde la condición de ecosistema de humedal, de planicie de inundación que sirve para amortiguar las inundaciones y los eventos de sequía, de aprovisionamiento de agua de las napas subterráneas. Una serie de funciones que quedan destruidas por esta lógica que plantea el mercado inmobiliario, de hacer esos suelos habitables de acuerdo a un imaginario de paisajes acuáticos”, cierra la geógrafa, docente de la Universidad de La Plata, investigadora del CONICET y escritora del libro de referencia sobre los urbanismos del Luján, Patricia Pintos.

Camas en el techo para que el agua no se lleve todo,
Camas en el techo para que el agua no se lleve todo. Fotos: NosDigital.

Todo esto auspiciado por…

El Estado Nacional.

Los grupos inmobiliarios más grandes que llevan adelante estos empredimientos tienen sus raíces en la década del 70. Pentamar SA, DYOPSA, Supercemento SA, son empresas que en esa década fueron, en el caso de la primera, ganadoras de licitaciones del Estado para realizar obras hidráulicas de gran envergadura en el río Luján y, en el caso de las dos siguientes (que luego se unificaron), grandes beneficiarias de esas obras.

“En las próximas décadas estas empresas se encargaron no sólo de la construcción de los grandes rellenos, canales, marinas, obras viales y de infraestructura de redes y servicios destinados a las urbanizaciones cerradas, si no también de las grandes obras viales e hidráulicas que se realizaron en la zona, consecionadas por el sector público, pero de claro interés privado”, narra el prólogo de La privatopía sacrílega, enmarcando la rica cantidad de información que se extiende en los capítulos siguientes.

Supercemento-DYOPSA le vende a finales de los 90 la mitad de su empresa Nordelta SA a la empresa Consultatio SA, unos espaculadores inmobiliarios de primer nivel, que manejan acciones en la Bolsa de Buenos Aires y así financian sus compras y ventas de inmuebles. Pentamar, por su parte, se asoció en la misma epoca con la empresa desarrolladora EDICIO para lanzar la urbanizacón cerrada Santa María de Tigre. A partir del éxito logrado Pentamar adquirió unas 1200 hectáreas en tierras de los bañados.

En manos del capital inmobiliario-financiero, encarnado en estas empresas, queda planificar los territorios de Buenos Aires y su periferia, antes expertos en dragar ríos, hoy modifican los territorios que el río usa para extenderse en épocas de lluvia, construyendo falsos canales para que alguna gente navegue en yates lustrados.

Por fuera de las murallas que contienen todo el bello paisaje irreal que Consultatio y Pentamar construyen, viven los vecinos y organizaciones sociales que luchan y exigen medidas para protegerse de las consecuencias de estos desarrollos inmobiliarios. Y el Estado no brilla por su ausencia, todo lo contrario, es el que permite que las empresas gerenciadoras de los countries instalen emprendimientos de manera totalmente ilegal.

Porque para instalar una urbanización cerrada, las empresas primero deben tener del municipio la aprobación de localización, es decir, que el lugar donde quieren construir sea el adecuado. Luego deben ir ante las autoridades provinciales (la ADA, autoridad del agua, la OPDS, organismo para el desarrollo sostenible y los entes prestatarios de los servicios), con la zonificación aprobada por el municipio, a tramitar la factibilidad en cada uno de esos temas. Ahí tienen que obtener la prefactibilidad, en donde se va adecuando el proyecto a lo que va requiriendo cada organismo y luego obtiene un certificado de factibilidad.

En la práctica, las constructoras empiezan por el final de ese recorrido. Arrancan con la construcción y la venta de los lotes antes de obtener cualquiera de las autorizaciones obligatorias. Para abalar en los papeles este accionar, los municipios les otorgan ordenanzas de excepción para cambiar los usos del suelo y las autoridades provinciales les otorgan la factibilidad, con suerte exigiendo pobres medidas mitigadoras.

“El momento en que esto se produce, los 90, es un momento en el que el Estado se posiciona como un actor proclive a favorecer las dinámicas que promueve el mercado desarrollador inmobiliario. Se flexibilizan las normas, los procedimientos se desregulan, no se ejerce el poder de policía en el territorio”, contextualiza Patricia y remata, contundente: “Yo diría que en general este esquema de flexibilización de desregulación de un Estado, totalmente llamado a convertirse en colaborativo de la lógica desarrolladora de las empresas, ha devenido en que urbanizaciones que no se podrían haber realizado se hayan hecho”.

Las obras que propone ahora el Estado van por detrás del daño ya hecho y no hubiesen sido necesaria la inversión de millones de pesos si se respetara el marco regulatorio. Los humedales ya no pueden recuperarse.

Lo que sí se puede recuperar es la capacidad de gestión del Estado, recalca Pintos: “Hoy es el humedal, mañana puede ser otro recurso de la región. No podés dejarle más librado a los actores del mercado la capacidad de gestión. Lo que el Estado ha perdido es la capacidad de regular lo que pasa en el territorio. El Estado lo desligó en los ‘90 y dijimos que el neoliberalismo se terminó con la crisis del 2001, o se dice. Nosotros decimos que en el pos neoliberalismo son más las continuidades que las rupturas. Seguimos teniendo un modelo en el cual el Estado sigue jugándola de aliado al poder económico. Y las consecuencias ya se ven”.

Tanto abandonó el Estado la capacidad de regular lo que pasa en el territorio, tan parte es de la especulación inmobiliaria que sostiene a una gran parte del poder económico de este país, que ahora en la Cámara de Diputados de la Provincia de Buenos Aires está tratándose una Ley que termina de regalarle a los dueños de las topadoras lo poco que queda de verde en la provincia. Porque se está discutiendo el ordenamiento territorial de la Ley Nacional de Bosques, que consiste en mapa que identifica cuáles son los bosques nativos y zonas verdes que deben conservarse sí o sí.

¿Y adivinen qué? Este ordenamiento reduce a la mitad lo poco que queda de bosques nativos en la provincia y le termina de regalar la costa sur del Río de La Plata a los emprendimientos inmobiliarios, entre ellos a Techint y su “Nueva Costa del Plata”: la continuación de Puerto Madero en el sur, que ahora está detenida porque quiere realizarse sobre un bosque nativo, bosque que esta ley no reconoce.

Si esta Ley se aprueba, lo que las organizaciones ambientales de la provincia están tratando de evitar, se vienen más inundaciones para todos (los que no vivan en countries) en el sur del conurbano.

Vecino del barrio Padre Varela
Vecino del barrio Padre Varela. Fotos: NosDigital.

Qué pasa en los barrios afectados

“Las organizaciones sociales, de vecinos, han funcionado ocupando el vacio que dejó el Estado. En los últimos años han sido la voz en términos de establecer un equilibrio en lo que sucede en el territorio”, describe Patricia Pintos.

Hoy estos urbanismos privados ocupan más de 9 mil hectáreas de los municipios que de la cuenca baja del río Lujan. Más de 60 barrios cerrados y mega urbanizaciones privadas, estas últimas como Nordelta o San Sebastián, pequeñas ciudades de más de mil hectáreas cada una.

Por fuera de los muros está Martín, presidente de la Sociedad de Fomento del barrio Padre Varela, que describe ese lugar, donde vive y milita: “Los countries están en Pilar, río abajo. Río arriba tenemos los canales. La costa del río Luján está dos metros más arriba que el resto del barrio y tenemos, justo al final del Arroyo Gutiérrez, la quinta del sindicato de taxistas, que construyeron hace dos años y levantaron el terreno varios metros. Se acumula el agua antes de llegar al río, empieza a estacionarse en el barrio y no corre”.

Martín y Carolina caminan por su barrio y señalan hasta dónde llegó el agua en cada inundación: “Las inundaciones el año pasado fueron en febrero, abril, agosto, octubre y dos en noviembre. Lo que pasa de terrible es que una inundación grande como la del año pasado y esta de principios de agosto se daban cada 30 años, y ahora en 9 meses se volvió a repetir”.

Carolina se para enfrente de su casa y señala una parte que está en obra: “Mi necesidad ahora es terminar acá adelante para cuando venga de vuelta el agua y poder subir todas mis cosas. Ojalá que nos ayuden, nos den una mano, el municipio, la provincia, alguien”.  Martín, que además de ser el Presidente de la Sociedad de Fomento es militante de Patria Grande, le manifiesta: “Nosotros tenemos que hacer respetar nuestros derechos, tenemos que sacarles las cosas. No nos van a ayudar, lo ves todos los días”.

Ladrillos para irse para arriba
Ladrillos para irse para arriba. Fotos: NosDigital.

Cuando el agua del arroyo empieza a subir, los vecinos del Padre Varela buscan refugio en la Sociedad Fomento. Ahí reunidos y junto con otros barrios en la misma situación, le exigen al Estado:

“Las cuestiones de asistencia, colchones, agua, cloro, comida. En conocimiento que el problema son los countries en los humedales, y los canales clandestinos, obras para el río Luján y relocalización de los vecinos y vecinas que están cerca del arroyo o del mismo lecho del arroyo”,  comienza Martín, y casi como si estuviera graficando la explicación de Patrica Pintos sobre las consecuencias de la ley 8912, agrega: “Acá hay lugares donde tomás un terreno y te sacan a palos con la policía. Tomas esto acá y no pasa nada, porque se sacan el problema de encima de tener esa gente presionando para que se solucione el problema habitacional”.

Siguiendo con el punteo de exigencias, Macarena, militante de Patria Grande, completa la lista que comenzó Martín: “es necesario que haya un protocolo de intervención frente a las inundaciones, porque el Estado municipal tarda mucho en accionar, en distinguir cuales son los centros de evacuados y que esos centros realmente estén equipados, que tengan toda la infraestructura necesaria”.

Mediante varias movilizaciones, los vecinos de los barrios afectados consiguieron el compromiso del Estado provincial para construir 250 viviendas, destinadas a re localizar a familias inundadas, que aunque no alcancen para todos, podrán alojar a muchas familias del barrio San Fermín. “Ahí el gran problema es que el Estado provincial quiere hacer casas prefabricadas, de muy baja calidad, con materiales que no van a resistir. Algunos vecinos, que ante la desesperación de volver a perder todo, prefieren mudarse a una casa más precaria y muchas familias prefieren esperar a tener una casa de material”. En el segundo grupo está Carolina, que recorrió junto a otros vecinos de su barrio las casas que se asignaron a familias en la misma situación, pero en La Plata: “Servilleta con cola son las paredes. Yo me hice mi casa de material. Es una vergüenza lo que nos quieren dar”.

¿Alguno de los tres candidatos estrella que se disputaron el gobierno te prometió terminar con todo esto?

A Mussi se le inundó el negocio de los countries

Los dos recibieron la carta al mismo tiempo. Uno en su oficina y el otro en la mesa de su cocina. El primero es el exintendente de Berazategui, Juan José Mussi. El segundo es un militante por los derechos de la madre tierra que se llama Ernesto Salgado.

Los dos abrieron en el mismo instante la notificación del Organismo Provincial para el Desarrollo Sostenible (OPDS), donde intima a la Municipalidad de Berazategui a suspender las obras que está desarrollando en la ribera de Hudson por violar lo establecido en la ley Nº 11.723, de Evaluación de Impacto Ambiental.

Mussi está preocupado, porque esas obras son un camino que le prometió a los inversionistas inmobiliarios para que instalen sus countries. Y Salgado está tranquilo, porque junto con sus compañeros del Foro Regional en Defensa del Río de La Plata, la Salud y el Medio Ambiente presentaron la denuncia en la OPDS, pero sabe que la Justicia en estos casos es tan cambiante como las subidas del Río de la Plata.

Sin embargo, la carta que reposa inerte sobre las mesas de estos dos hombres está gritando que, por fin, los defensores de la costa ganaron una.

La zona que la Municipalidad de Berazategui está destruyendo para (sólo por lo pronto) hacer una salida de la autopista al countrie Puerto Trinidad está tipificada como Bosque Ribereño o Selva Marginal, incluida dentro de la Categoría 1 del Ordenamiento Territorial de los Bosques Nativos que dispone Ley Nacional 26.331(Ley Nacional de Bosques). Es un lugar protegido por la Ley porque es una zona de humedales, los reguladores naturales de las crecidas del río. Los humedales son ecosistemas de vital importancia, ya que cuando el río crece se ocupan de absorber ese agua: funcionan como una esponja.

obras hudson

En el partido de Berazategui, a 23 km de Capital Federal y con una extensión de 217 km², ya hay instalados 12 countries. Según el Censo Nacional de 2010, Berazategui tiene en total tiene 324 mil habitantes. De esos 12 countries, el gigante barrio cerrado Abril tiene 1365 casas. Su vecino Puerto Trinidad tiene capacidad para 1850 mansiones. Los demás barrios son más pequeños, con un promedio de 300 parcelas cada uno. Si se tiene en cuenta que cada parcela (sólo el terreno sin la casa) en el más modesto de los countries sale 200 mil dólares, en Berazategui hay un negocio de 1243 millones de dólares del que varios quieren formar parte.

¿Qué está en juego?

Al recorrer la autopista Buenos Aires–La Plata hacia el sur, mano izquierda, una vez pasado el partido de Avellaneda, se pueden ver grandes terrenos verdes. El río no se llega ver desde el camino de asfalto, pero está a unos cuatrocientos metros -en algunas zonas a menos-. Todo ese cordón verde es el que está en la mira de los emprendimientos inmobiliarios para construir shoppings y barrios privados.

Esa zona tiene mucho más que árboles: tiene humedales. Ese lugar es del río, para regular sus crecidas. Si se le construye cemento encima, el agua va a subir igual, encontrando otros cauces que siempre tiene como destino los barrios más pobres que se ubican en terrenos bajos. Eso es así porque cuando construyen estos mega emprendimientos elevan los terrenos varios metros, justamente para no inundarse.

En la zona norte de Buenos Aires los humedales ya no existen. Por eso en varias zonas cada vez que llueve se inundan. El paraíso de los emprendimientos inmobiliarios alcanza su resplandor en Tigre. En el municipio de Sergio Massa, el 40% del territorio está ocupado por barrios privados (20.000 personas viven en ese 40%, en el restante 60% se apiñan casi 400.000 habitantes).

Los Troncos, Parque San Lorenzo, Ricardo Rojas, San Diego, La Paloma, Enrique Delfino, Las Tunas y Rincón de Milberg son los barrios de Tigre que se inundan cada vez que llueve. A veces el agua les llega hasta la puerta, y otras veces se les mete sin preguntar. Por año tienen aproximadamente dos inundaciones grandes, de esas en las que se pierde todo. En la década del 90 a los vecinos de estos nueve barrios les explotó el boom inmobiliario en la cara y se vieron vallados por countries. Donde antes había descampados donde al agua de lluvia se escurría libremente hacia el río o los arroyos, ahora hay una gran pared.

En el sur quieren replicar el modelo del norte. Apoderarse de la costa del río, construir hermosos oasis privados llenos de naturaleza, desplazando a los moradores históricos que desde siempre disfrutan de la costa del río de manera natural, sentados en la tierra misma.

Las autoridades municipales, como las de Berazategui, aceptan gustosos y hasta invierten millones de pesos para abrirle paso a estos emprendimientos, con el argumento de que de la mano de la destrucción de la costa vendrá el progreso y el trabajo. Los habitantes del norte saben que lo que en realidad viene es inundaciones y exclusión social.

El caso concreto de Berazategui tiene otro condimento, además de los 1243 millones de dolares para repartir. Es que su actual intendente Juan Patricio Mussi, se postula para gobernador de la Provincia de Buenos Aires. La campaña de los Mussi durante los últimos 10 años estuvo basada en obras visibles y de gran envergadura, como la nueva sede municipal, un edificio inteligente que la Presidenta inauguró en febrero de este año y donde elegió mostrarse luego de dos meses sin apariciones públicas. Por eso ahora el centro y algunas zonas de Berazategui son prolijas y vistosas. Pero, ¿a qué costo?

La costa es de Berazategui

El Foro Regional en Defensa del Río de La Plata, la Salud y el Medio Ambiente, denuncia a la OPDS esta destrucción de bosque nativo a fines del año pasado. A esta altura ya se había realizado sobre el humedal una enorme rotonda de estacionamiento, un murallón de más de 3 metros de altura, un camino de cemento que lleva a esa rotonda y un par de glorietas secas en la costa del río. También habían comenzado las obras para un camino paralelo al río que sirve de murallón y no deja que el agua se regule naturalmente cuando el río crece.

obras costa hudson

El countrie Puerto Trinidad hace más de 15 años que está instalado en la costa de Hudson, es el más viejo de Berazategui. Su construcción estuvo parada durante una década, pero en 2013 el countrie pasó a estar en manos de una sociedad manejada por los propios habitantes del barrio cerrado que lograron reactivar el proyecto y seguir vendiendo lotes. Al respecto el doctor Juan José Mussi, ex intendente, ex Secretario de Medio Ambiente y padre del actual intendente de Berazategui y precandidato a gobernador de la provincia de Buenos Aires por el FPV dijo: “Esta reactivación de Puerto Trinidad va a hacer crecer la zona, con el camino al río que recientemente inauguramos y con todo lo que tiene Berazategui para emprender el desarrollo costero”.

Puerto Trinidad se robó 2 kilómetros de costa (si estás paseando por el borde del río un alambrado no te deja seguir avanzando donde comienza el barrio). Construyeron un dique y dragaron el lecho del río hasta rellenar el interior del dique, para que los habitantes del countrie lleguen en barco hasta el patio de sus casas. Elevaron la cota de la tierra más de 5 metros, sepultando el hábitat de un gran número de anfibios, reptiles, peces, aves, mamíferos, invertebrados e innumerables especies vegetales.

Los funcionarios municipales admitieron a las autoridades de la OPDS que el camino costero que están construyendo  tiene  como principal objetivo darles una alternativa de salida a la autopista Buenos Aires – La Plata al barrio cerrado Puerto Trinidad.

Este camino costero abre la puerta a la instalación de más PuertosTrinidades, que hagan del Río su lugar exclusivo, igualito a Nordelta, como el mismo Mussi admite.

Como el Barrio Villalobos, que ya se empezó a vender. O el barrio Lagoon Hudson, que también se empezó a construir.

Ernesto Salgado y sus compañeros defensores de la costa ribereña ya saben lo que les pasó a los vecinos de Tigre. Por eso no van a dejar que la Municipalidad de Berazategui invierta millones de pesos para seguir dándole camino libre a los countries, destruyendo el ecosistema que regula las crecidas del Río de la Plata. Poniendo en riesgo de inundación inminente a los habitantes de Berazategui, regalando su costa, para que los empresarios estresados de tanto negocio en la ciudad disfruten de sus fines de semanas en un aire libre seguro y lleno de confortables servicios.

Con denuncia avalada por la OPDS encima, la Municipalidad de Berazategui todavía no frenó las obras. Siguen con sus topadoras arrasando y rellenando con tierra los humedales. El Foro en Defensa del Río de la Plata volvió a presentar ante la OPDS las pruebas de que las obras aún no se frenaron y el desmonte ilegal continúa. Ahora es cuando este Organismo responsable de cuidar los bosques de la Provincia de Buenos Aires tiene que dar la palabra final y frenar definitivamente el camino que está construyendo la Municipalidad de Mussi y que llevará a inundaciones y exclusión para todos los habitantes de Berazategui.

Ernesto Salgado sigue sentadito en la silla de la cocina. Se muerde la lengua y aunque los años de militancia y guerras perdidas contra estos gigantes del cemento lo hayan dejado escéptico, la sonrisa por la comisura de los labios no la puede evitar: esta batalla la vienen ganando los defensores de la costa.

 

Los otros

El modelo impuesto del agronegocio que se expande sobre el campo y las ciudades de la provincia de Buenos Aires no es la única forma de producir ni pensar. Desde Pergamino vienen las propuestas llenas de arte y cultura.

La otra ciudad

En el barrio Kennedy de Pergamino, la única calle que no es de tierra es la que asfaltó y usa la empresa semillera Palaversich. Queda del otro lado de la ruta 8, al límite con una serie de silos y depósitos que conforman otra de las periferias de la ciudad. Allí, sobre un estrecho arroyo que cruza las calles, ocurrió la historia del perro azul.

_8881639El bachillerato popular La Grieta es una de las experiencias autogestivas que propone otro modelo al de agrociudad. Asisten allí más de 50 vecinos del barrio, chicos y grandes, a estudiar materias como Cooperativismo, Salud y ambiente, Educación popular, y recibirse y recibir otro tipo de pedagogía, impartida por jóvenes que trabajan a partir de los intereses del alumnado. Dicho de paso, en una ciudad donde la educación no es precisamente inocente: la Facultad de Agronomía de la Universidad Nacional del Noroeste es una usina para crear ingenieros adeptos al agronegocio.

El año pasado, una consigna en la clase del bachillerato puso a los alumnos a dibujar “historias del barrio”. En eso, uno de los chicos dibujó un enorme perro coloreado de azul.

Los profesores elogiaron el dibujo, y la imaginación del chico. Le preguntaron de dónde había sacado semejante idea.

El niño respondió, serio, que él no había inventado nada. Que el perro azul existía. Que él lo había visto correteando cerca de su casa, cerca del arroyo.

A dos cuadras del bachillerato, un arroyo marca el fin de un barrio humilde y el comienzo de un perímetro enrejado que pertenece a empresas del agro. No se alcanzan a ver nombres, pero sí silos y depósitos que son marca registrada en Pergamino, acaso todas variantes de lo mismo. Estas empresas contaminan con sus desechos químicos el mencionado arroyo, que a veces está verde, a veces marrón, otras amarillo, y también puede ser azul.

Azulado quedó el perro.

La madre del chico que había dibujado al perro azul, testigo, completó la historia: uno de los perros callejeros del barrio se había caído en el arroyo, en ese momento contaminado de azul. Era verdad: el niño había visto un perro color azul.

En Pergamino es común que la realidad supere a la ficción.

A solo metros del arroyo: hace tanto calor que a nadie se le ocurriría estar parado arriba de una estructura precaria de chapas, clavando clavos y haciendo fuerza para colocar unos palets de madera, como estos cuatro pibes. ¿Qué hacen? Fabrican el techo para una nueva aula de bachillerato La Grieta.

Construyendo el bachi popular.
Imágenes: NosDigital.

Resguardadas en una sombra, dos chicas les acercan regularmente agua para que no les agarre un bobazo, y cuentan que son ellas las que tienen la fórmula de la bioconstrucción que los pibes están aplicando. Ellas son parte de una agrupación llamada Hormigas, otra de las que funciona en el predio donde está el bachillerato, de donde resalta un galpón.

El galpón es un logro barrial: los vecinos del Kennedy, uno de los barrios más postergados de Pergamino, formaron una agrupación de fomento que solicitó a la Municipalidad un lugar para empezar a funcionar. Lograron así esta estructura – nada comparable a los tremendos galpones que gozan las empresas- donde empezaron a dar, ellos mismos, talleres de arte y oficio: macramé, pintura, cerámica.

El bachillerato La Grieta, que abrió en 2011, es la continuación de esa iniciativa popular, a la que se sumaron jóvenes estudiantes como Diana, antropóloga de 25 años, una de las profesoras de la materia Salud y ambiente. “Este año estuvimos trabajando la alimentación: soberanía alimentaria, cómo se producen los alimentos”, cuenta sobre cómo se discute la realidad pergaminense. Hoy La Grieta es parte integrante de la Coordinadora de Bachilleratos Populares en Lucha, donde se exige en conjunto el reconocimiento (que se puedan emitir títulos oficiales) y la financiación integral de esta práctica educativa.

Las paredes del galpón donde funciona están decoradas con los trabajos que los alumnos fueron y van haciendo según estas perspectivas. Se ve, por ejemplo, un croquis de un mapa que cartografía el propio barrio Kennedy, bajo la consigna “lugares de referencia”. Aparecen así las paradas del colectivo, el supermercado, una escuela, casas de comida, la iglesia, y otros puntos más imprecisos como “lo de Molo”, “el 13”, “la Silvia”. Estas referencias, cuenta Diana, son los puteríos del barrio.

La cultura en la otredad

No es casual que estos espacios y estas experiencias, nuevas, planteen discusiones al modelo de agronegocio que predomina en Pergamino, que configura un tipo (y deja fuera otro) modelo de ciudad.

En Pergamino abundan los restoranes y los boliches, que son los lugares indicados para gastar los dólares sojeros convertidos en pesos un fin de semana por la noche, mientras no hay centros culturales ni lugares alternativos donde los jóvenes desarrollen su propia voz. Se instalaron novedosas concesionarias de autos, hay siete countries (para una población de 90 mil habitantes) y cada vez más edificios.

Otra experiencia de jóvenes pergaminenses inquietos es un colectivo de artistas llamado “Patas arriba”, que logró este año otro galpón cultural. Todavía no está en funcionamiento, pero se trata de la misma lógica: “Somos todos pibes y pibas que nos juntábamos en una plaza de Pergamino, a tocar, hacer malabares, teatro, telas”, cuenta Pablo, uno de los integrantes. “Hasta que dijimos: tenemos que tener un lugar propio”.

La idea que proyectan es que el galpón sea sede de espectáculos, fiestas, recitales y movidas culturales donde los jóvenes puedan mostrar lo suyo. “Nuestro principal objetivo es despertar la conciencia de la comunidad sobre la importancia de dar lugar a nuevas voces en el ámbito artístico y cultural, especialmente a los jóvenes que por décadas han tenido que irse de la ciudad para formarse y expresarse artísticamente por no contar con el estímulo necesario para avanzar aquí en su carrera”, dicen en el manifiesto que redactaron.

También, además de lo cultural, se proponen desarrollar “temáticas que nos movilizan como son las problemáticas ambientales que afectan a nuestra comunidad”, dice Pablo, relacionando lo inseparable: el modelo de ciudad con el modelo de campo. “Se abrirá el espacio para el debate y la creatividad en todos los temas que sean de nuestro interés, tales como cuestiones alimentarias, salud, medio ambiente, violencia institucional, violencia de género, discriminación, etc.”, sigue el manifiesto, que culmina con una sentencia que mira de reojo a quienes se han enriquecido con el boom sojero: “Es necesario resistir a la cultura del egoísmo, del éxito personal y la felicidad material y proponer en cambio un modelo creativo”.

En eso están.

El otro campo

Ciudades como Pergamino están encarnadas en medio de las zonas más fértiles de la pampa húmeda, por lo que sus dinámicas dependen directamente de los avatares del campo.

Luego de la fumigación.
Luego de la fumigación.

La red educativa, cultural y militante autogestiva se vincula a productores que impulsan otras lógicas para llevar adelante la producción en un campo. En muchos casos, los jóvenes del bachillerato La Grieta o los artistas de Patas Arriba son compañeros en la Asamblea por la vida, la salud y el ambiente con propietarios que trabajan con otras lógicas a las del agronegocio.

Es el caso de Leo, miembro de la Asamblea, que es apicultor y tiene una hectárea en un pueblo a 20 kilómetros de Pergamino, donde ostenta 900 panales donde las abejas se reproducen y producen. Gracias a una buena temporada, Leo pudo comprarse una máquina procesadora de última generación y un camioncito para repartir la miel que produce íntegramente en su campo, aunque está rodeado de soja. “Cuando fumigan en el campo de acá al lado, si no me avisan para que yo corra los panales, al otro día las colmenas están despobladas”, relata. “Sin fumigaciones las colmenas producirían un 30% más”.

Leo, el otro de las abejitas.
Leo, el otro de las abejitas.

La hectárea de Leo es una islita en medio de un sector de campos en los que todo es cultivo transgénico. Él resiste con las abejas y también con un pequeño sector ganadero: una chancha enorme (“para hacer chorizos”, dirá), hijos chanchitos (“vendo el kilo a 40 pesos”), gallinas, patos y hasta un pavo real. Todo eso se desparrama por la hectárea de Leo, donde vive junto a su esposa embarazada, en un claro ejemplo de cómo se puede hacer mucho en poco espacio. “Yo puedo, también, porque me la paso trabajando. Antes tenía un chico que me ayudaba, pero hoy nadie quiere venir a trabajar al campo porque el jornal del peón es muy bajo. Y me ven a mí y piensan que yo soy un productor lleno de plata, cuando nada que ver. Yo me la paso laburando”, repite.

Leo, además de todas estas cosas que le permiten vivir con lo justo pero bien (comida no le va a faltar), trabaja para productores agropecuarios grandes llevando sus abejas para polinizar la flora de sus campos. “Eso les permite polinizar los cereales y producir semillas y frutos”, explica. En todo el mundo y en particular en Argentina, la diversidad agrícola va perdiendo sus poblaciones polinizadoras naturales, producto del efecto de, entre otras cosas, los agroquímicos. Hoy por hoy, la polinización ya no es un servicio ecológico gratuito y necesita de estas prácticas de gestión como la que hacen Leo y sus abejas. “Sin embargo, no me pagan. Lo ven como que me están haciendo un favor al prestarme una hectárea donde yo puedo además sacar miel. Pero no entienden la lógica de que, en verdad, yo les estoy haciendo un favor a ellos, mejorándoles su producción”.

_8882024 _8882054 _8882038

Vicky y su familia son otros de los productores que siguen haciendo ganadería a pesar de los años y las commodities. Su campo está en la ruta 178, a 35 kilómetros de Pergamino: “Una zona que fue siempre ganadera. Con el boom del precio de la soja, todos se fueron para ahí”, cuenta ella, rubia de casi 40 años.

Sus padres tienen en esa zona 250 hectáreas, de las cuales ellos trabajan sólo 3. “Por cuestiones económicas mi papa decidió alquilar el resto hace ya 10 años”, cuenta, un cantidad de tiempo que coincide con el boom sojero. “La primera persona que lo alquiló hizo todo soja, de una”.

Vicky recuerda un suceso típico que afectó las escasas 3 hectáreas que mantiene la familia. “El medio por el cual él fumigaba o ponía cualquier tipo de productos para incentivar el rinde de la soja era por medio de avión, y no el camión mosquito. El avión es más difícil de controlar porque el chorro si no lo cortan a metros de la casa, pasa, el viento lo lleva. Tanto es así que pasó directamente por arriba de la casa. Nosotros no estábamos, pero me quemó absolutamente todo. No quedó nada. Quedó la casa pelada y tierra solamente. Todos los árboles frutales, todos arboles de años… No fue fácil después volver a hacer la renovación de lo que teníamos. Poner bien el pasto, que retomaran los árboles, porque mi papá plantaba y a los días se le secaban, y era porque las napas superiores todavía seguían teniendo agroquímicos. Tuvimos que hacer más profundo el pozo de agua porque tenía residuos”.

La experiencia, traumática, resultó una enseñanza de cómo debían administrar el campo, y a quién alquilárselo. Ante la renovación del contrato, Vicky cuenta que “a nivel contractual pusimos una cláusula que pedía que no se puede realizar fumigación por avión”. El productor sojero se fue, y consiguieron un arrendatario que volvió a la pastura de animales: “O sea que ya es diferente la fertilización y la fumigación. Y si aplica un fertilizante, tiene que avisarnos previamente”.

Vicky y los suyos crían pollos, ovejas y conejos. Cuenta que los únicos químicos que les aplican son por obligación del SENASA: “A nivel sanitario se desparasita, se les da mineralización”. Pablo, su compañero, cuenta que esta baja aplicación de pichicatas produce huevos exquisitos con la yema naranja y pollos más que sabrosos. “Quizás no es tan bello a la vista como lo que se compra, pero sí más rico y más sano”.

La foto de Pergamino no muestra este tipo de experiencias, que se configuran como el otro frente al modelo sojero impuesto tanto para el campo como para la ciudad . Sin embargo, cada vez más otros se animan a crear experiencias propias y colectivas, y con el tiempo y la acción van dejando de ser marginales. Un día las generaciones del bachillerato crecerán, los artistas de Patas Arriba habrán socavado la sensibilidad de un pueblo, y quizá haya más productores como Leo, como Vicky, que demuestren que es posible vivir y producir sin agroquímicos. Habrán pasado años, muchos para la vida de cualquiera mortal, pero muy pocos para un movimiento que está emergiendo con propuestas nuevas y creativas. Entonces el campo y la ciudad serán otros. Entonces los otros no serán más otros: serán el futuro.

Viaje al corazón del agronegocio

Pergamino es una isla en el océano de soja manipulado por las grandes corporaciones internacionales que convirtieron alimentos en commodities. Visitamos a la Asamblea por la protección de la vida, la salud y el medioambiente para hablar de fumigaciones encima de viviendas, semillas y mucho poder económico.

Francisco “Pancho” Sierra es un personaje de la mitología bonaerense conocido por sus dotes sobrenaturales que, según distintas variantes de la historia oral, tenía el poder de sanar los males de la gente. Para ello usaba agua, con la que hacía una especie de bendición, como médico que era y hombre de fe.

Su vida se remonta a fines del siglo XIX al norte de la provincia de Buenos Aires: oriundo de Salto, vivió en Rancagua, Pergamino, Rojas y Carabelas. A su estancia El Porvenir, en el último de estos lugares, se dice que acudían gentes de todas partes del mundo para tratarse con él.

La tradición pampeana relata que Pancho Sierra se marchó de la localidad de Rojas por que le negaron el agua con la que hacía sus sanaciones y que, furioso, declaró entonces una profecía fulminante:

-Rojas no va a prosperar nunca más.

La maldición Monsanto

La planta de transgénicos más grande de Sudamérica está ubicada, paradójicamente, en la localidad bonaerense de Rojas. Tiene nombre: se llama María Eugenia. Y papá: la multinacional Monsanto.

Planta Monsanto en Rojas, Buenos Aires.
Planta Monsanto en Rojas, Buenos Aires.

Su ubicación es estratégica porque a 40 kilómetros está Pergamino, el corazón de la pampa húmeda, dueño de las tierras más productivas del país, 60% sembradas con soja, y sede de las principales multinacionales del agronegocio.

En su página web Monsanto promociona la planta que intenta construir en Malvinas Argentinas, Córdoba, contando que será de “similares características” a la María Eugenia bonaerense. Allí, los vecinos cordobeses mantienen un acampe desde septiembre del 2013 impidiendo la continuación de las obras, mientras la Justicia determinó que Monsanto debe presentar un nuevo informe de impacto ambiental.

La situación de la planta de Rojas es, sin embargo, distinta a la de Malvinas Argentinas: está ubicada a la vera de la ruta 31 en una zona donde no hay poblaciones cercanas que sufran su impacto directo. Sin embargo, en Pergamino y todo el norte bonaerense, cualquiera que escuche la palabra “Rojas” se toca un huevo o la teta izquierda, y recuerda con media sonrisa que la maldición de Pancho Sierra encarnó en una planta de Monsanto.

La isla en el océano

En un bar del centro de Pergamino, ocho personas toman cerveza, comen pizza y se turnan para contar de qué se trata esto que han dado en llamar Asamblea por la protección de la vida, la salud y el medioambiente. Son seis hombres y dos mujeres, con edades que oscilan entre los 24 a los 60 y pico, antropóloga, veterinario, apicultor, abogado, dueña de un gimnasio, mecánico. No son amigos de antes y no lo son necesariamente ahora; se conocen como en cualquier ciudad chica; están reunidos gracias a una pregunta: ¿qué podemos hacer?

Sabrina Ortiz, docente, estaba embarazada de su tercer hijo cuando en marzo de 2011, como siempre cuando había cosecha, su casa fue fumigada con agroquímicos. Vivía – y aún vive- frente a un campo plantado con soja, en el límite de la ciudad, barrio General San Martín. Tuvo náuseas, irritación en los ojos, dificultades respiratorias. Y perdió el bebé.

Pergamino desde el campo.
Pergamino desde el campo.

Su caso pasó primero desapercibido, siendo que Sabrina había denunciado en la fiscalía el incumplimiento de las ordenanzas que prohíben fumigar sin previo aviso y cuando el viento sopla para el lado de las poblaciones. La respuesta no fue judicial: tras la denuncia, el perro de los Ortiz apareció muerto, baleado.

En marzo de 2013 volvieron las fumigaciones. Esta vez, Sabrina fue invitada a un programa de radio que todos en esta pizzería recuerdan: aquél sería el puntapié para una convocatoria de vecinos para ver qué podían hacer ante las fumigaciones indiscriminadas. Nacía la Asamblea por la protección de la vida, la salud y el ambiente en Pergamino. “El caso se convirtió en un detonante”, explica Pedro, abogado e integrante de la Asamblea. “Un montón de gente que estaba preocupada por lo mismo tenía una excusa para ponerse a trabajar”.

En la Asamblea le conceden la palabra inicial a Pedro porque consideran sus dotes de oratoria, pero enseguida se pisan entre todos para aportar datos y experiencias que completen el panorama de Pergamino. “Es una isla dentro de un océano de producción agropecuaria. Si ves desde arriba, Pergamino es una cosa pequeñita y todo lo demás es un océano de soja fundamentalmente. En el 60% de las 300 mil hectáreas que tiene el distrito se siembra soja. Y el aumento del uso de agroquímicos desde el ´96 hasta ahora es exponencial”.

Desde 1997 y por decreto Pergamino es “la Capital nacional de la Semilla”, y otro nombre no declarado conoce a la zona como “Cluster de Semillas”: se estima que allí están radicadas unas 800 empresas vinculadas al agronegocio. Son multinacionales y empresas locales productoras de semillas transgénicas, vendedoras de agroquímicos, de maquinarias y de todo el paquete agrario que domina las 300 mil hectáreas pergaminenses, sembradas en un 80% por producción transgénica: soja, maíz y trigo.

A 240 kilómetros de la Capital, la entrada por la ruta 8 hacia Pergamino pasa antes por otras localidades primas del negocio sojero: Arrecifes y San Antonio de Areco. El camino es un desfile de silos y galpones acopiadores, de campos de trigo y otros sin sembrar ya que las lluvias intensas retrasaron la plantación, y de carteles que decoran esos campos: Syngenta, Cargill, Round Up, Scioli Presidente, Rotam, Erzig-Agro, Mónica López gobernadora, Ipesa, Dow-AgroScience, Palaversich, Marcos Di Palma intendente de Arrecifes, Produsem, Sursem, Rizobacter, Dreyfus, Gesagro…

Los silos de AFA.
Los silos de AFA.

También se ven distintas sedes de la Agricultores Federados Argentinos (AFA), una de las principales empresas nacionales que intermedia en el negocio agrario. Una de ellas, entre Arrecifes y Pergamino, tiene un cartel luminoso a la vera de la ruta 8 que exhibe los precios actualizados del trigo, del máiz y de la soja, al igual que la cotización de las monedas en las casas de cambio capitalinas. Las del momento: 1130 la tonelada de trigo, 1020 el maíz y 2500 la de soja.

La entrada a Pergamino convierte a la ruta 8 en una calle avasallada de concesionarias de autos de todas y cada una de las marcas. La plaza central es como todas las de ciudad, con la casa de gobierno, una iglesia y una iglesia universal de Dios… Más allá, en el tramo que une a la ciudad con la maldita Rojas, se está terminando de construir un hotel monumental de Howard&Johnson, cuya única función – Pergamino no es precisamente un lugar turístico- se estima que será albergar a los gerentes de Monsanto y Cargill, que viajan para reunirse periódicamente.

Una imagen más: el sponsor del equipo local, Douglas Haig, estampado en la camiseta, es Monsanto.

Douglas Haig y Monsanto.
Douglas Haig y Monsanto.

Pequeños grandes cambios

“La estructura del negocio agropecuario en Pergamino es muy arraigada, extendida y profunda. Mucha gente depende del negocio agropecuario”, aporta Guillermo, veterinario. El abogado Pedro completa: “El nivel de concentración de poder político, social, económico y mediático que tienen estos sectores es abrumador. Sostener un discurso como el que sostenemos es ponerte a casi todo el mundo en contra. Entre ellos, todas las instituciones estatales como la Universidad, la Municipalidad, las principales empresas, dadoras de la mayor cantidad de trabajo”.

La Asamblea se debate cómo canalizar las discusiones no sólo sobre la afectación de la salud, sino las propuestas de otros modelos agropecuarios posibles. Redactaron así una ordenanza que plantea establecer una distancia de 500 metros entre las fumigaciones y la población, que hoy es de 15 (calle de por medio), e intentan moverla en los recintos sin mucho interés político. “En épocas de elecciones nadie se quiere poner de punta a un gran porcentaje de la población, más vale ocuparse de boludeces”, propone Mónica, profesora de letras y dueña de un gimnasio, sobre por qué el proyecto sigue cajoneado.

A raíz de los cuestionamientos de la Asamblea, también, la Secretaría de Producción municipal desarrolló un sistema informático de registro de fumigadores, pero los vecinos cuentan que la cantidad relevada resultó un mal chiste: ocho fumigadores.

Todos consideran que la actividad más incidente de la Asamblea tiene que ver con lo que llaman “charlas informativas”, para las cuales convocaron a especialistas como Darío Aranda, periodista, y parte del equipo científico de la Universidad Nacional de Río Cuarto que demostró cómo los agroquímicos afectan el material genético humano, ayudando a contraer cáncer.

Además, la historia de Sabrina Ortiz no queda lejos en el tiempo: el 25 de septiembre de este año su casa volvió a ser fumigada desde el campo del mismo agricultor. Se descompuso de nuevo, fue a la guardia del hospital, y en esta oportunidad obtuvo un certificado médico que deja constancia de una “intoxicación aguda grave”. Este registro podría ser un documento clave en un eventual embate judicial contra el aplicador vecino a los Ortiz, ya identificado, que el abogado Pedro está preparando.

Un recorrido por la misma calle en la que vive Sabrina arroja más evidencias de cómo soportan las familias el embate de las fumigaciones. Sebastián, 30 años, está cortándole el pelo a una yegua dentro de un ranchito que es su casa. Unas gallinas y patos corretean por ahí esquivando a las visitas. Cuando se le pregunta por las fumigaciones, se ríe: “La otra vuelta había viento oeste y vino la avioneta; rajamos para adentro en seguida y cerramos todo”. Dice que sus animales no sufren los efectos de los agroquímicos, y que hay personas que son más sensibles a otras: “como Sabrina”. Todos en la zona conocen su caso y su casa, que es parte de uno de los barrios humildes de Pergamino: perros y chicos en la calle, cumbia fuerte, casas con ladrillo a la vista y enrejados improvisados. Los que sufren las fumigaciones en Pergamino son, precisamente, los barrios más pobres, que siguen creciendo ante la explosión del metro cuadrado producto de la inversión inmobiliaria sojera, que los obliga a desplazarse a las periferias.

Radiografía del corazón sojero

¿Qué reacciones provocó la Asamblea si, como dicen, hablar de estos temas es ponerse a casi todo el mundo en contra?

Cuenta el “Turco” , técnico mecánico, otro de los integrantes de la Asamblea: “Estamos llegando a un punto en que lo que está en juego es la salud y la vida de las personas. Y no se puede estar en contra de eso. En la experiencia de juntada de firmas en espacios abiertos prácticamente el 90% que le pedimos si quería acompañar el proyecto de ordenanza, lo acompaña. Pero no se manifiesta hacia afuera esa preocupación porque justamente hay todo un entrelazado social que inhibe a la gente”.

Un ejemplo de ese blindaje social es que no se conocen muchos más casos de vecinos afectados por las fumigaciones, como Sabrina. Sigue el Turco: “Empieza a haber un cambio porque la sociedad dice: si están usando venenos, algún problema tiene que haber. Y cada uno tiene un vecino que tiene una enfermedad dudosa, oncológica, mucha gente con problemas de tiroides”. El veterinario Guillermo agrega: “Los médicos están abriendo los ojos respecto a la problemática del cáncer. Todos coinciden que aumenta pero es difícil medirlo. La otra vez tuvimos una reunión con el Secretario de Salud de la Municipalidad y se comprometieron a ver si podían hacer un relevamiento a través de los hospitales y centros de salud. Porque es una tarea de la que no hay registros de lo que está sucediendo en la ciudad. Y el saber popular dice que hay más cáncer”.

Guillermo, veterinario.
Guillermo, veterinario.

Los vecinos citan los trabajos del doctor Andrés Carrasco, que demostraron en embriones anfibios la afectación producto de los agroquímicos; y las investigaciones realizadas por profesionales de la Universidad Nacional de Río Cuarto, que vinculan los agroquímicos a enfermedades como el cáncer. “Entonces, como ahora se comprobaron estas cuestiones, ellos plantean que el problema lo puede llegar a tener el que está en una relación directa y si se aplican mal las cosas. Este discurso no está ya enmascarado en profesionales de la salud, sino a través de gente que es escuchada socialmente, y se salió del discurso netamente técnico”, cuenta el Turco.

El abogado Pedro: “Este sector que se siente cuestionado, criticado, y a veces se presenta como agredido, ha pasado a la ofensiva. Ellos han interpretado que están perdiendo la batalla por la instalación del discurso, que están siendo demonizados, y entonces salieron a dar esa batalla cultural-mediática”. Las formas locales que adquiere esta ofensiva, además de lobbys en la Universidad de Pergamino (donde los ingenieros hacen pasantías con empresas del agronegocio a partir de cuarto año) y recintos políticos en general, son charlas “informativas” que hablan de las “buenas prácticas” en la aplicación de agroquímicos. La próxima pautada desde la Municipalidad tiene como invitada al panel a Soledad Barruti, periodista autora del libro Malcomidos que cuestiona las formas de producción de los alimentos, pero que según los vecinos de la Asamblea estará acompañada de técnicos afines al agronegocio que encargados de desarticular su discurso. “Empiezan a manejar cuestiones sutiles del discurso, del uso del vocabulario, y empiezan a dar vuelta cuestiones: hablan de fitosanitarios en vez de agroquímicos, por ejemplo, de las buenas y malas prácticas”, cuenta Diana, antropóloga y la más joven de esta Asamblea.

Pedro apunta: “Eso tiene que ver también con otra lucha política, de cómo desde la sociedad se logra canalizar un discurso alternativo frente a ese discurso dominante”.

La dueña del gimnasio opina: “Los productores defienden esta forma de producir yo creo que por ignorancia. Yo creo que no tiene tanto peso la información sobre otras formas de producción”.

Pablo, hasta el momento callado, salta: “Tampoco creo que sea solo por ignorancia. Hay gente que defiende esto porque le da rédito económico”. Y para ilustrar su idea propone una anécdota a escala pergaminense: “La otra vez fue muy gracioso porque hay un gerente de una multinacional que entrena conmigo y él es defensor de la fumigacion, del agronegocio, y qué se yo. La otra vez estábamos hablando y le digo a uno de los chicos: pollo, no comas más porque está lleno de hormonas. Y el tipo salta y dice: sí, no, no, pollo no hay que comer más. Y las vacas tampoco, porque la grasa hace mal. O sea: lo otro está todo envenenado pero lo que él hace, no…”.

La Asamblea continúa la discusión: “Es que el productor no traza su propia estrategia, sino que se transformó en un empresario que toma decisiones inducidas por grandes empresas que han instalado el modelo y que han generado las condiciones para que sea aceptado por los productores por una cuestión de rentabilidad”.

Imágenes: NosDigital
Imágenes: NosDigital

Hoy, una hectárea promedio en Pergamino cuesta de 15 mil a 20 mil dólares, cuando en 2002 valía 3 mil dólares o 4 mil. Esta sobrevaloración se fue dando a la par de la rentabilidad que significó la escalada del precio de la soja en el comercio mundial, puerta de entrada a multinacionales que ofrecen semillas transgénicas resistentes a los avatares del clima, conjunto con productos químicos que combaten las plagas, y otro tipo de sustancias que buscan optimizar la cosecha con la misma idea: más y más rápido.

Este modelo agrario, cuentan los vecinos, ha logrado desplazar las viejas prácticas agrarias de poca tecnificación, más mano de obra y mejor cuidado ambiental – además de cuestiones impensadas como el patentamiento de una semilla-, entre otros cambios que notan en la Asamblea:

-Gran parte de las tierras en Pergamino son rentadas, es decir que los que explotan la tierra no son sus dueños.

-Vive menos gente en el campo, o no vive nadie: es común ver las casillas que antes eran de los capataces, abandonadas.

-Los molinos de agua y viento, también abandonados.

-Las rejas que separan las hectáreas también entraron en desuso, al no haber ganado.

-La soja le ganó a las vacas.

-Y al trigo.

-Y al maíz.

La Asamblea cuenta también cómo ha cambiado la ciudad desde el boom sojero:

-Hay más countries: de 1 pasamos a 7.

-Veo en el gimnasio gran cantidad de gente que viene de otras ciudades porque viene a trabajar a las semilleras.

-Cuando hay cosecha, hay inversión inmobiliaria: se han construido gran cantidad de edificios.

-Las concesionarias de autos, otra inversión.

-Abrieron el primer shopping.

-Y un bingo.

La Asamblea también quiere cambios. Pero los cambios que persigue esta Asamblea lejos están de este aumento en la rentabilidad y los tejes de la especulación. ¿Cómo describir otros sentidos posibles del modelo agrario, de una ciudad y una vida más sana? Guillermo: “Yo no creo que el cambio vaya a ser una cuestión de conciencia, sino de leyes. Van a tener que cambiar por ley cuando no puedan fumigar a 1000 metros, no porque sepan que están contaminando a la población”.

La Asamblea se queda pensando…

Turco: “Lo que pasa es que para llegar a esas leyes necesitamos la conciencia de aquellos que no están directamente involucrados, para impulsar una decisión política. Se van a tener que conquistar a través de luchas”.

Diana, antropóloga.
Diana, antropóloga.

Diana devuelve el eje de la charla: “Lo que nosotros apuntamos es a pensar qué es lo que se está produciendo, si se producen alimentos, cómo se producen, para quién, quién lo produce: todas esas preguntas, y no reducirlo a qué se aplica y cómo se aplica. No estamos apuntando a un fin económico sino a pensar en la salud, en la vida, en los alimentos, en la distribución de esos alimentos, y que esos alimentos sean sanos y accesibles”.

Los ojos de varios de la Asamblea se abren: la intervención de Diana no sólo marcó el camino que deben seguir recorriendo, sino que demuestra que, siendo la más joven, la pelea que están dando tiene futuro.

Mi vecino el cáncer

Toda la gente que vive con una subestación eléctrica en su barrio se encuentra irradiada por electromagnetismo generador de cáncer. En la Argentina las víctimas se cuentan de a centenas, pero la resistencia ya comenzó. Acá se lucha por vivir. 

Hay barrios argentinos en donde la inseguridad viaja a la velocidad de la luz, traspasa paredes y se mete en tu casa. En Argentina hay tanta inseguridad que una empresa, subsidiada por el Estado, puede decidir cuándo y de qué te vas a morir. En esos barrios al menos podés estar seguro de una cosa: que vos, tu pareja, hijos o vecinos van a enfermarse de cáncer.

Si sos vecino de una subestación eléctrica estás expuesto a ondas electromagnéticas altamente cancerígenas. No es como si un día te pisara un tren. La muerte por electromagnetismo es mucho más lenta, no sólo porque viene de la mano del cáncer, si no porque no hace ruido ni se siente, pero afecta sobre todo cuando estás durmiendo.

Los primeros estudios que relacionan a estas ondas con el cáncer empezaron a circular hace alrededor de cuarenta años. Hasta el día de hoy la Constitución argentina no se da por aludida de estas decenas de estudios y leyes. Pero sobre eso vamos a volver más tarde, ahora aclaremos: Por qué el electromagnetismo mata.

La energía que generan los campos electromagnéticos afectan el núcleo de los átomos. Cuando la exposición es constante y prolongada se produce una mayor síntesis del ADN. Cuando se altera el ADN la célula deja de funcionar bien, como si tuviera un acelerador: comienza a dividirse sin freno interno. Así se desatan los efectos oncogénicos (todo lo que tiene que ver con la generación del cáncer) de las ondas electromagneticas sobre el cuerpo humano.

Esa exposición constante se genera viviendo, y durmiendo, y comiendo, y jugando, y estudiando, y naciendo, y creciendo; cerca de donde se concentren grandes cantidades de voltios, de electricidad. Esos lugares son las subestaciones eléctricas, que reciben constantemente la energía que distribuyen los cables de alta tensión (esas torres inmensas que vienen desde la represa El Chocón) y la convierten en media tensión, la energía que consumimos en nuestras casas. Las subestaciones son parte del sistema de distribución eléctrico y cuanta más electricidad contengan, mayor es el campo electromagnético que irradian.

Sólo en el área metropolitana de Buenos Aires existen 117 subestaciones cerca de donde vive la gente. ¿Vos sabes cerca de cuál vivís?

Gladys vive pegada a la Subestación Sobral en Ezpeleta, partido de Quilmes. Su padre y su madre murieron de cáncer: “Nos juntábamos en el club y todos teníamos un familiar o un vecino enfermo, la palabra cáncer se hizo natural, de a poco nos fuimos muriendo”.

Sobral funciona desde hace treinta años. Los vecinos cuentan alrededor de 170 muertos. Todos por distintos tipos de cáncer, todos cercanos a la subestación y su cableado mortífero. El juez Siauliu de la Cámara Federal Número 2 de La Plata hace más de diez años que tiene en su cajón el pedido de traslado que hicieron los vecinos. Mientras tanto ellos siguen reunidos para ayudar a otros barrios irradiados.

Como Berazategui, donde los vecinos sí aprendieron del escalofriante caso de Ezpeleta (no así las autoridades de su Municipio) y detuvieron por ocho años la construcción de la subestación Rigolleau. El intendente en ese momento Juan José Mussi se comprometió a apoyar la lucha de los vecinos. Pero en el 2011 cambió mágicamente de opinión.

Ese año llegó la bonaerense, cientos de ellos. Vallaron todo el barrio. Sí, lo vallaron literalmente. No podían pasar los autos ni la gente porque unas maderas de dos metros de altura lo impedían. Si vivías dentro del vallado tenías que mostrar el documento para pasar. Cuando los vecinos protestaron, los reprimieron fuerte. Así lograron poner en funcionamiento la Subestación Rigolleau en Berazategui.

Isabel vive cerca a la Subestación Rigolleau, en Berazategui. “La Policía estaba acá porque es una obra sin consenso, una obra que no respetó la voluntad ni la decisión de los vecinos, sino que responde a intereses económicos que sí le interesan los negociados de las autoridades”, explica.

Laura es vecina de la Estación Transformadora Jujuy Este, en Malvinas Argentinas, Jujuy. A ellos también los reprimieron cuando trataban de impedir un nuevo cableado de alta tensión.

Carlos también está irradiado y viven en Barrio Sol y Rio, en Córdoba.

Luis es de Ituzaingó. María, de Brandsen. Julia, de Wilde. Ramón, de San Isidro. Ramiro, de Once. Juan, de Constitución. Raúl, de La Paternal. Todos están irradiados.

Para que las empresas de electricidad de todo el país (con la ayudita de los gobiernos municipales y su policía) no puedan poner en riesgo la vida de la gente, es necesaria una Ley Sanitaria. Ya está en el Congreso, cajoneada hace un año. El proyecto no se opone a las subestaciones, si no que obliga a llevarlas lejos del casco urbano, donde no haya personas para enfermar. Llevarlas lejos de donde se va a consumir la electricidad implica una inversión mucho mayor en cableado. Y en vida.

El vacío legal existe, porque la única reglamentación al respecto es la obsoleta resolución 77 del año 1998 emitida por la ex Secretaría de Energía, de carácter técnico y no sanitario, que permite hasta 25 microteslas (µT: micro Tesla, unidad de medida de campos electromagneticos). Sin embargo la Ley de Ambiente de la Nación establece muy claro que: “Cuando haya peligro de daño grave o irreversible la ausencia de información o certeza científica no deberá utilizarse como razón para postergar la adopción de medidas eficaces, en función de los costos, para impedir la degradación del medio ambiente”.

“Científicamente nunca se demostró la inocuidad de los campos magnéticos. Existe una significativa y creciente evidencia científica sobre sus efectos cancerígenos y no cancerígenos, incluso a valores muy bajos de densidad de flujo magnético”, explica el biólogo Raúl Montenegro, quién en 2002 realizó un relevamiento alrededor de la Subestación eléctrica Sobral en Ezpeleta. La Agencia Internacional de Investigación sobre el Cáncer (IARC), entre otros organismos nacionales e internacionales como la Organización Mundial de la Salud, considera a los campos electromagnéticos como ‘posibles cancerígenos en humanos’.

Montenegro también reconoce que “el problema no son solamente las subestaciones transformadoras sino también los tendidos eléctricos de media y alta tensión, aéreos y subterráneos. Todas estas fuentes generan campos magnéticos”. Una exposición crónica a valores iguales o superiores a 0,3 o 0,4 µT puede aumentar de 1,7 a 2 veces el riesgo de contraer leucemia, sobre todo en los niños.

La Ley no acompaña. Pero algo más allá de lo escrito en un papel se está generando: conciencia.

En Jujuy, barrio Los Naranjos, los vecinos impidieron en el 2012 que se instale una subestación. Este año los vecinos de Quilmes lograron que se coloque una central a 200 metros de los hogares de la gente; cuando el Municipio planeaba hacerla bien pegada a sus casas. En Quilmes y Los Naranjos los vecinos ya pelearon y ganaron. A esta inseguridad que no se ve ni se oye le está empezando a golpear la mano de los vecinos organizados.

Escándalo confidencial

Monsanto desembarca en la educación pública con la firma de un convenio de cooperación con la Facultad de Ciencias Agropecuarias de la Universidad Nacional de Córdoba. La primera actividad prevista es la revisión del estudio de impacto ambiental de la planta procesadora que quieren instalar en Malvinas Argentinas. Pero los detalles del acuerdo deben ser silenciados.

La palabra “escándalo” suele reservarse en los medios de comunicación para describir peleas con los ex, fotos subidas de tono, casos de mala praxis con botox en nalgas, los dichos de la tía de, los rumores de la hermana del y un escandaloso etcétera que tiende a dejar de lado asuntos menos glamorosos – hay que admitirlo- como la política (obviando las ferraris y los puertos maderos), alejados de la farándula como la economía, y mucho más allá – o acá- de esos recintos extraños llamados universidades públicas.

Pero el 8 de agosto, día en que los calendarios indican como Día del Ingeniero Agrónomo, la Facultad de Ciencias Agropecuarias de la Universidad Nacional de Córdoba organizó una jornada de campo en la que ocurrió un homenaje impensado: su decano Marcelo Conrero firmó un “convenio específico de cooperación” (eufemismo que pronto desenmascaremos) de la Facultad que representa con la multinacional Monsanto Argentina S.A.I.C., por tres años y bajo cláusulas de confidencialidad.

La escena no sólo tiene un gran sentido de metáfora para el oficio del ingeniero agrónomo hoy, sino que el convenio se firmó junto a otros contratos mientras se almorzaba un asado y distintos números artísticos hacían lo suyo.

El récord que aumenta la lisergia de esta historia es el tiempo que el decano Conrero llevaba en su cargo al momento del contrato: dos meses.

Sumemos el parentesco directo por el cual se reclama la restitución de la palabra “escándalo”: el secretario general de la Facultad de Agronomía, Jorge Omar Dutto, miembro del equipo del decano Conrero, es también dueño de la asesoría Agroambiente, la que realizó el primer estudio de impacto ambiental de la planta de semillas que Monsanto pretende seguir construyendo en Malvinas Argentinas, Córdoba.

Ese estudio fue rechazado en febrero de este año.

La primera actividad que pactaba el nuevo convenio entre la Facultad y Monsanto, fechada ya para agosto y septiembre del 2014, era esta:

facultad monsanto

Revisión del Estudio de Impacto Ambiental de la Planta de Procesamiento de Semillas de Maíz en Malvinas Argentinas.

Lo que está en juego

La autonomía de una facultad pública, su independencia del mercado, el valor del conocimiento genuino pueden ser consignas vacías pronunciadas en un contexto espacial y temporal en el que se están librando batallas urgentes.

Córdoba es una provincia sacudida por discusiones sobre el modelo agroproductivo, básicamente desde el monocultivo de la soja transgénica, su aplicación nociva para las poblaciones, y por el avance de las multinacionales del agronegocio sobre esferas de incidencia pública, política, económica y académica.

Su ejemplo permite ver en escala provincial la configuración de fuerzas, el avance de las corporaciones y, al mismo tiempo, la creciente organización, movilización y maduración ya no solamente de asambleas de vecinos locales, sino de un movimiento social conformado por amas de casa, abogados, psicólogas, docentes, científicos, colectivos periodísticos, personas, que emerge con objetivos, propuestas y métodos claros.

Algunos medios de comunicación los llaman, misteriosa y homónimamente, “ecologistas”, pero ellos han decidido rehusar a ese mote, planteando más complejamente que lo que defienden no es –solo- el ambiente, sino su vida, que no es que no quieren ver enfermos a los árboles, sino tampoco a sus hijos, que no piensan en exclusivo en la sustentabilidad, sino en sus nietos, y que al fin y al cabo no van a dejar que las empresas – a veces disfrazadas de ingenieros agrónomos, otrora de políticos, pero hoy identificadas claramente con un enemigo: Monsanto- hagan lo quieran donde están ellos.

El caso actual, que se ha transformado en un símbolo internacional de la lucha contra Monsanto, resume esta disputa territorial y es el de los vecinos de Malvinas Argentinas, una de las localidades más pobres de Córdoba donde la multinacional pretende construir una planta productora de maíz transgénico.

Organizados como asamblea Malvinas Lucha por la Vida, y apuntalados por las Madres de Ituzaingo que libraron y ganaron una batalla similar, al día de hoy mantienen un bloqueo en la planta que impidió su construcción y motivó la revisión de los estudios de impacto ambiental rechazados por la Justicia que llegó a paralizar la planta.

La denuncia apunta a cómo semejante estructura de silos podría seguir enfermando a los malvinenses, entre quienes 25 de cada 100 mujeres pierden sus embarazos, donde en algunos barrios la posibilidad de contraer cáncer es ocho veces mayor a la media nacional, y la de tener hijos con malformaciones, más del doble. Todo, según estudios de la propia Universidad Nacional de Córdoba hoy en cuestión.

Estos son los resultados silenciosos para Malvinas por ser durante años una localidad sojera por excelencia, que conoce bien a Monsanto: la empresa es la principal proveedora de semillas transgénicas a los productores, de ahí y del país. Y del mundo. Semillas que a su vez demandan una serie de agroquímicos nocivos para la salud. Y la lógica de producción que aplica poca mano de obra, poco tiempo, destrucción de suelos y ecosistemas, y mucho, mucho dinero.

La nueva jugada de Monsanto sobre la Facultad de Ciencias Agropecuarias no parece novedosa, menos en el contexto cordobés, menos si suponemos la incidencia de las corporaciones en ámbitos académicos en general, pero sí se trata de un gesto que promete ir hasta las últimas consecuencias en la pulseada del “sí” o el “no” en Malvinas Argentinas, lo que es igual a ganar o perder el talón de Aquiles de su credibilidad (llámese vigencia, llámese poder, llámese negocio) en Argentina, en la región y en el mundo.

Las pruebas lo remiten: la planta que Monsanto pretende construir en Malvinas sería la más grande del mundo.

Eso, ni más ni menos, es lo que está en juego.

Que no se entere nadie

La nueva trinchera es la Facultad de Ciencias Agropecuarias de la UNC, donde Monsanto pretende desembarcar formalmente “a fin de promover y desarrollar actividades conjuntas de investigación científica, ensayos, capacitación, divulgación, inserción laboral u otras”, según reza en el convenio al que pudo acceder NosDigital. En él, además de estos escándalos que suponen la vinculación académica directamente con una empresa que tiene intereses en la región, figura un cronograma que estipula actividades conjuntas incluso desde agosto de este año -cuando el convenio fue firmado el día ocho- hasta julio del 2017. Las actividades más urgentes según el contrato son, precisamente, las vinculadas a estudios (agosto y septiembre de 2014) y auditorías (enero y diciembre 2015) de la planta de procesamiento de semillas de maíz en Malvinas Argentinas.

A cambio, la empresa ofrece ensayos de campo, capacitación de docentes, cooperación en la enseñanza de alumnos de grado y posgrado, viajes de aprendizaje, pasantías e inserción laboral. La pregunta es si la Facultad se beneficia con esto, o sigue ganando Monsanto. La cooperación más contundente, claro, es la económica: “La ejecución del proyecto no demandará compromisos económicos para La Facultad y los gastos que demande la realización del presente convenio y el desarrollo de las actividades previstas serán cubiertos por La Empresa”. No se habla sin embargo de presupuestos, sino de la ejecución de fondos de acuerdo a las actividades concretas a determinar.

Por lo demás, el convenio está repleto de eufemismos y tecnicidades que disfrazan estas actividades bien prácticas. Sin embargo, otro de los puntos inquietantes a simple vista es el artículo noveno, cuyo título es “confidencialidad”. En él hay cuatro especificaciones que regulan la comunicación de las informaciones que se pretenden hacer circular entre la Facultad y Monsanto: la información que se entregue es propiedad de la Parte suministrante y es confidencial. Las Partes “se obligan a no copiar, comunicar, distribuir, diseminar o exponer o, de cualquier modo, revelar la información confidencial”, y la obligación de confidencialidad “no tendrá plazo de extensión ni vencimiento”, ni siquiera ante la extinción del convenio.

Confidencial resultó ser además el propio convenio, a cuyas copias ni los estudiantes – ni a partir del centro de estudiantes-, ni docentes ni integrantes del concejo académico pudieron acceder hasta 28 días después de que se firmó: el decano Conrero lo firmó por “resolución decanal”, es decir sin debate ni participación de otros claustros de la Facultad ni de la Universidad.

El hermetismo sólo hizo aumentar la alerta de los pasillos de la Facultad, que habían quedado mareados de aquella jornada campera de asado, música y Monsanto, pero no desprevenidos: “Ese día se montó un circo, un acto poco serio en el que se firmaron 13 convenios con distintas empresas. Además de Monsanto, otro fue con la Asociación de Aeroaplicadores de Córdoba…”, relata Cynthia Garay, Consejera Directiva por el Claustro estudiantil. “Sabíamos que los contratos venían por un lado perverso. Las faltas de prácticas son un reclamo estudiantil de hace años, nos quisieron hacer creer que los convenios venían a solucionar ese reclamo”.

El lugar donde se hacen estas prácticas es el propio campo que tiene la Facultad, en las afueras de Córdoba, mismo sitio donde se firmó el asado con Monsanto: “El 80% del campo está alquilado, está tercerizado a productores”, relata Cynthia, dando una de las razones por la que no pueden desplegar sus prácticas de manera libre y genuina. Otra no-metáfora de esta Facultad: “Y cuando vamos al campo, nos dan clases en aulas”.

Lo que reclaman los estudiantes es todo lo contrario: “Imaginate -propone Lucas, estudiante de Ingeniería Agrónoma de la Facultad – en la provincia más sojera del país, todas las actividades curriculares que se hacen apuntan a salir lo antes posible vendiendo agroquímicos y trabajando para cualquier empresa agropecuaria”.

Ingenieros del agronegocio

Lucas tiene dos particularidades: está a punto de recibirse, por lo que tiene la mirada larga del asunto; y vive en Malvinas Argentinas y es integrante de la Asamblea que resiste la instalación de la planta de Monsanto.

Desde su lugar informa que la Facultad viene siendo copada no por Monsanto, que al fin y al cabo es una empresa de nombre y apellido, sino por algo peor, que es la lógica Monsanto, que tiene que ver con la ingeniería pensada desde el agronegocio, los transgénicos y los pooles de soja: “En el 2006 nos cambiaron el plan de estudios: perdimos materias como reproducción y sanidad animal, de ganadería, que fue el fuerte de Córdoba toda la vida; también nos sacaron `manejo de ecosistemas marginales´ y la tesis. Es como mucho más sencillito para recibirse y vincularlo al trabajo de una empresa”.

Otra encarnación de lo que Lucas relata es la docente de la Facultad Alicia Cavallo.

Al otro día de la firma del convenio, 9 de agosto, en el marco de los festejos por el Día del Agrónomo, la docente Cavallo junto al decano Conrero dieron una charla en Malvinas Argentinas. La jornada fue llamada “cambiemos temor por conocimiento” y, según el portal agroverdad.com.ar, fue iniciativa y requerimiento de la FM Chaty de Malvinas, una radio que se jacta de ser comunitaria pero que la Asamblea viene denunciando como cooptada por la empresa Monsanto, en otra de sus estrategias de comunicación y confusión.

La ingeniera Cavallo es docente en la Facultad en la materia “uso seguro de agroquímicos”: “Invita a Monsanto, directamente, o a semilleras como Cargill o Nidera. No tiene ningún problema: está segura que este modelo productivo es el que va”, cuenta Lucas, alumno suyo.

Vanesa Sartori, psicóloga integrante de la Asamblea Malvinas lucha por la Vida, denuncia sobre las conexiones que explican esta historia, más allá de los convencimientos: “El marido de Alicia Cavallo tiene una estación de GNC en Malvinas Argentinas, y en ella se pretendía construir el estacionamiento de camiones en caso que la planta de Monsanto se instale. Es decir que Cavallo tiene intereses creados en Malvinas”.

La docente Cavallo, el decano Conrero y el secretario Dotto son los nombres propios de este entramado que se concreta con el convenio firmado, pero resultan anecdóticos si entendemos el marco de la lucha que proponen los estudiantes: “Es parte de una lucha histórica que viene de la ley de educación superior, una ley menemista que le abre la puerta a las empresas, que dejan a las universidades con muy poco presupuesto. La lucha es porque la Universidad no esté condicionada, que no deje de estar a disposición del pueblo, de la sociedad, de los que más la necesitan, que son inclusive los que están bancando la Universidad, para estar a disposición de privados”, plantea Cynthia, del claustro estudiantil.

Pasado y futuros

Ni los contratos confidenciales entre empresas y universidades ni la soja tienen buen prontuario en Córdoba: la Universidad de Río Cuarto y la empresa Smet, apoyada por la Aceitera General Deheza (ADG), contrajeron un convenio que terminó de manera fatal el 5 de diciembre del 2007, con seis docentes y un estudiante muertos, 24 heridos, cuando en los laboratorios de la facultad se experimentaba para acelerar los tiempos de extracción y elaboración del aceite de soja y estallaron barriles de hexano. Enseñanza de esa triste experiencia, la Universidad de Río Cuarto se convirtió luego en la primera en rechazar los fondos de las regalías mineras; participó como un integrante más de la Asamblea Río Cuarto sin Agrotóxicos; creó el observatorio de Conflictos Socio Ambientales; impulsa proyectos agroecológicos en la región; y cuestiona seriamente el modelo de agronegocios.

Semejante transformación fue producto de un escándalo como el que ahora protagoniza la Facultad de Ciencias Agrarias de la Universidad de Córdoba, y gracias a los estudiantes y docentes que encaran cambios evidentes que parecen imposibles.

Así, con movilizaciones e irrupciones en los recintos de decisión, lograron que el rector de la Universidad Nacional de Córdoba se pronunciara en contra del reciente convenio entre Agrarias y Monsanto, que el decano Conrero suspendiera la vigencia del mismo y pateara su determinación para una jornada de debate prometida para octubre aún sin fecha.

El escándalo está garantizado.

Sintonicemos.

 

Descargar el convenio de cooperación. 

La basura no va a El Pato

El Municipio de Berazategui quiere instalar en tierras fértiles, a 200 metros de viviendas, un basural encubierto en una planta procesadora. Los vecinos de El Pato encabezan la resistencia que logró la detención de las obras.

En el sur del conurbano bonaerense hay un Edén. Pero, al contrario de la historia bíblica, son sus habitantes los que deben defenderlo del de arriba. Adán y Eva son los vecinos que defienden su Edén, su barrio, El Pato, Municipio de Berazategui. Las autoridades del Municipio se ocupan de encarnar a la serpiente que con su astucia quiere engañarlos para instalar un basural en el patio de sus casas. También está la manzana, roja, brillante y tentadora, que interpreta la idea de progreso, si Adán y Eva muerden, transformarán su Edén en contaminación sanitaria y descuidado lucro económico.

2014 – 2009. Cinco años desde que los vecinos de El Pato se pusieron en lucha y empezaron a pedir explicaciones. Recién en el último agosto el Municipio que preside Juan Patricio Mussi llamó a una audiencia pública para explicarle a la comunidad berazateguense en qué consiste el proyecto de una Planta Procesadora de Basura en El Pato.

_MG_8180

A esa audiencia, que se realizó por orden del juez Federico Arias, llega arrastrándose la serpiente. Se sienta tranquila a un costado, no necesita hablar: por ella lo hace el Ingeniero Leonardo D. Fernández, Director de Ambiente de Berazategui, pero que vive en Ciudad de Buenos Aires. Si al ingeniero le falla la persuasión, la serpiente siempre cuenta con su manzana para tentar a los vecinos desnudos ante su poder.

Ayudado por un extenso powerpoint con letras muy pequeñas que ningún presente llega a leer, Fernández explica que en realidad no es una planta procesadora de basura lo que planean instalar a dos cuadras de casas de familia, si no un parque ecológico: un parque de 16 hectáreas que recibirá 250 toneladas de residuos sólidos urbanos por día.

Toda esa basura que entrará  por día equivale al peso de 33 elefantes. Esos 33 elefantes de basura circularán diariamente por las calles de tierra de El Pato y de todo el resto de Berazategui.

Y que usará última tecnología, cuenta el ingeniero. Y que es una obra de gran envergadura. Que va a ser una planta como las de países desarrollados. Que Berazategui por fin va a poder tratar la basura que genera, propio de municipios avanzados. La serpiente se mata de risa y la manzana brilla más que nunca.

Lo que, entre tantas cosas, se le olvida mencionar al ingeniero es que el Estudio de Suelos para el planeamiento ambiental y ordenamiento territorial realizado por el Instituto de geomorfología y suelos de la Facultad de Ciencias Naturales de la UNLP plantea que en “la zona Rural El Pato se desarrollan actividades agropecuarias, hortícola, criaderos de pollos y ganadería extensiva, sobre suelos de excelente calidad” (…) y que por eso: “Los suelos de esta zona son de óptima calidad para la producción, situación que debiera tenerse en cuenta a la hora de aprobar nuevas urbanizaciones”.

Cuando el ingeniero trata de explicar el estudio de impacto ambiental (que hace dos años está listo pero se hizo público sólo hace un mes) realizado por la Universidad Tecnológica Nacional, las grietas aparecen en su discurso y las preguntas y los gritos de los vecinos lo interrumpen para que no se le escapen los errores.

_MG_8179

Para que esta planta sea efectiva (el mismo proyecto lo admite), la separación de residuos tiene que empezar desde los hogares, porque de nada sirve que la basura llegue toda mezclada, “todo dependerá de la cultura sobre separar en origen” explica. Para eso el Municipio impulsa el Proyecto Ambientalistas Urbanos, que realiza campañas en colegios para concientizar a la población sobre cómo tener una ciudad linda.

– ¡Por las escuelas de El Pato, ni por la mayoría de las de Berazategui, no pasó nunca esta campaña! ¡La concientización lleva tiempo y hay que hacerla ANTES de comenzar un proyecto así!

Además de separar los residuos, esta planta también prevé la generación de compost, abono orgánico. Este compost será “regado” por los líquidos lixiviados que la basura desprenda (los químicos altamente contaminantes que segrega toda basura en descomposición). Según el proyecto los líquidos serán previamente procesados para no contaminar el compost, pero la planta que se necesita para tratarlos y asegurar su inocuidad no está prevista en ninguna parte del proyecto.

– ¡Esta planta va a generar 2000 litros de líquidos lixiviados por día! No se les puede pasar la planta para tratar estos líquidos muchachos.

La serpiente ya no sonríe tanto, los vecinos le piden cada vez más información al ingeniero. Ya no le sirve leer textuales las filminas de powerpoint, porque le piden que explique los cómos más que los qués. Mientras piensa qué argumentos sacar de la galera, los gritos de una vecina lo distraen:

– ¡Volvé, volvé atrás! A la filmina que pasaste rápido.

El ingeniero se ve obligado a leer en voz alta: “En la etapa de operación los impactos más grandes se encuentran en contingencias, en particular respecto al medio físico, se presenta la ocurrencia por un lado de derrames de hidrocarburos y de material recuperado capaces de alterar la capacidad de los recursos, aguas superficiales y aguas subterráneas. Por otro lado la afectación de la calidad del aire ante la posibilidad de incendio (…) El alto flujo de tránsito pesado por la zona generará impactos de carácter moderado al aire y a la población en cuanto a la emisión de gases de combustión y al material articulado, a la infraestructura vial ira produciendo su deterioro”.

_MG_8202

Se hace silencio en la sala, los vecinos sacan cuentas. ¿Se va generar un impacto moderado al aire y a la población?

El impacto ambiental que va a generar no sólo la planta -una industria de 16 hectáreas en medio de una zona rural-, si no también los 150 camiones diarios llenos de basura que van a circular por las calles de tierra de El Pato, se calculan mediante una fórmula matemática. El resultado de esa cuenta indica si el impacto es bajo, medio o alto.

El estudio de impacto ambiental admite que se van a ver afectados el aire, el agua, la tierra y la vida humana. Pero, se aclara para tranquilizar, ningún impacto sobre estos medios es alto. La mayoría son moderados, señalados con un valor matemático de 9 puntos. Sólo un punto por abajo del impacto alto, que se indica con 10.

Una catarata de preguntas, silbidos, abucheos y gritos inunda el salón. De nada les sirve a las autoridades de Berazategui llamar al orden y recordar que es una audiencia pública, es que los vecinos hace cinco años que están esperando para hablar.

– ¿Cómo van a hacer para que circulen 150 camiones diarios por los caminos de tierra de El Pato? ¿cómo van a concientizar a la gente de que separe todo en origen? ¿cómo nos van a proteger de los gases que emane la basura? ¿Por qué los valores del impacto ambiental están tan al límite?

Los vecinos preguntan porque desconfían. La serpiente está cada vez más enrollada en su silla y la manzana se le empieza a pudrir. Sabe lo que se viene: los vecinos van a argumentar.

– A ustedes se les fue de la mano una lombricera de 3 hectáreas ¿Y ahora quieren poner una planta de basura de 16 hectáreas?

Hasta hace tres años una lombricera, propiedad de la empresa Lombrisur SH, se dedicaba supuestamente a la cría y venta de fertilizante derivado de la lombricultura. Los olores nauseabundos alertaron a los vecinos: entraban ilegalmente cantidad de camiones con deshechos, provenientes de otras industrias. La lombricera se convirtió en un basural no declarado. Los vecinos lo denunciaron durante doce años, en todos los organismos posibles y lograron cerrarlo.

En los terrenos ubicados en la calle 525 entre 637 y 639, El Pato, se entierra basura oficial, traída por camiones del Municipio. Los terrenos suman unas 13 hectáreas y son propiedad de Jorge Kanashiro. La basura que va ahí antes la tiraban en Plátanos Norte (ver nota anterior) en un basural enorme que enfermó a decenas de niños y hace sólo dos meses se logró cerrar, gracias a la militancia de un barrio entero. En Gutiérrez, también dentro del municipio de Berazategui, se empezó a arrojar basura en el predio ubicado en la calle 422 entre Camino Gral. Belgrano y 462.

– Estuve haciendo cuentas con los mismos números que ustedes informan, no soy idiota, y nunca se va a llegar a recuperar el 50 por ciento de la basura como ustedes prometen.

En los primeros cinco años de funcionamiento, se recuperarán por día sólo 11,2 toneladas de compost e inorgánicos, lo que representa un 4,5 % del total que recibirá diariamente la planta. En la plenitud de su funcionamiento (dentro de 20 años) la planta recuperará 25,1 toneladas por día, lo que representa un 10 % de la basura recibida

– Yo no tengo agua potable en mi casa y quieren construir un basural arriba del acuífero de donde toma agua todo Berazategui.

_MG_8209

El predio está ubicado en las nacientes o cercanías del Arroyo Conchita, Pereyra y Giménez. La totalidad del municipio saca el agua de la línea de perforaciones al acuífero Puelche. Estas perforaciones se encuentran a lo largo de todo el predio. El estudio realizado por la UTN indica que “no se encontraban en funcionamiento cuando se hizo el estudio lo que no permitió averiguar la incidencia en las misma”.

El 75,8% de los hogares de El Pato (el 71% de su población) tienen las necesidades básicas insatisfechas, no tienen agua potable. Además, el estudio de impacto ambiental contiene datos desactualizados: se utilizaron datos del Censo Nacional de Población, Hogares y Viviendas de 2001. En 2001 la población de El Pato ascendía a casi 7 mil habitantes y en 2010 superaba los 17 mil habitantes.

– Proponemos otro lugar para instalar esta planta, alejada de la gente: al lado de la ya instalada procesadora de desechos cloacales, más cerca del centro de Berazategui. Digo yo, para qué van a pasear la basura por todo Berazategui ¿no es mejor poner esta planta en otro lado?

La Organización Mundial de la Salud insta a no trasladar, más de lo estrictamente necesario, sustancias contaminantes, como lo son los residuos sólidos urbanos. Bajo este proyecto la basura se va a transitar de una punta a otra de Berazategui, más de veinte kilómetros diarios.

40 contra 3, los oradores que se oponen a la planta. A esta altura la serpiente es más bien una culebrita. Se va arrastrando rezagada, porque después de la audiencia decenas de vecinos, al ver la incapacidad del Municipio para explicar qué quieren instalar, se sumaron a la lucha contra el basural. Se va rezagada porque el juez Luis Arias dio lugar a la orden cautelar presentada por los vecinos y frenó las obras. Está rezagada porque Adán y Eva ya expusieron ante el tribunal de La Plata que trata el caso las preguntas que las autoridades todavía siguen sin contestar.

Qué frustración siente la serpiente mientras se pierde entre los campos del Edén.Toda la presentación bonita adornada con hojas verdes que hizo el ingeniero porteño no engañó a nadie. Eva y Adán se vienen vistiendo con esas hojas verdes desde hace mucho, para ellos lo verde y lo natural no es una simple decoración, es la forma de vida que defienden.

– Si nunca van a llegar a recuperar ni el 50 por ciento de la basura, la llamada planta modelo se convierte en una estación de transferencia de residuos. Nos oponemos al basural en El Pato.

 

Desalojados por la fábrica de cáncer

Para electrificar parte del Roca el Municipio de Quilmes pretende instalar otra subestación eléctrica en el sur, donde ya existen otras dos de comprobada contaminación electromagnética sobre el cuerpo humano. Buscan desalojar a 17 familias que empiezan a organizarse.

_MG_7345En el Municipio de Quilmes se encuentra la subestación eléctrica Sobral que ya enfermó a más de 300 personas, muchas de ellas fallecidas. Ahora, a cuadras de allí el mismo municipio se propone construir otra subestación tóxica, y esta vez con un condimento especial: tienen que desalojar 17 familias para poder hacerla.

Estas familias viven en un predio de unas 10 hectáreas pegado a las vías de la Línea General Roca, a pocas cuadras de la estación de Quilmes. Algunas viven hace más de 30 años ahí, desde que el ferrocarril les cedió esa tierra para construir a algunos de los obreros que trabajaron en su construcción. Hasta ahora vinieron construyendo sus casas con total legalidad, hasta que hace dos semanas el municipio les tocó la puerta y les dijeron que en un mes se tienen que ir.

Los antecedentes

Beatriz agarra el micrófono y se envalentona. Explica ante sus vecinos reunidos en la Plaza Onda Verde que “más allá de que los que estamos adentro del predio sigamos o no viviendo, acá la cuestión es que no coloquen la subestación”. Sus pares la escuchan, la aplauden y van pasando el micrófono para que todos expongan su opinión. Están reunidos para organizarse y encarar la lucha que se les viene. No sólo las familias que viven dentro del predio están presentes, si no las de varias manzanas a la redonda: el eje es la subestación, no el desalojo.

Con la información de los vecinos que sobreviven a la Subestación Sobral en Ezpeleta (Municipio de Quilmes) y la Subestación Rigolleau en Berazategui, estos quilmeños se enteraron de los daños a la salud que las ondas electromagnéticas generan. Esta fue de la única información sobre el futuro de su salud que recibieron, ya que las autoridades municipales sólo se limitaron a describirles las magníficas obras que van a construir en su barrio.

“Los vecinos no nos enteramos de la forma en que corresponde, en algunas casas tiraron volantes que de casualidad alguno que otro miramos”, cuenta Julia, que vive fuera del predio. “La primer presentación que se hizo en la Casa de la Cultura estuvimos tres vecinos y ahí se presentó todo el proyecto. Nos quedamos sorprendidos porque de la noche a la mañana nos ponen una cosa de la que no tenemos ni idea”, plantea. Posterior a eso Julia empieza a preguntar entre sus vecinos si sabían del proyecto, ahora reunidos en la Plaza Onda Verde: “Nadie sabía nada”.

Francisco, esposo de Julia, se abre paso entre las 120 personas que hay en la plaza y completa el discurso de su mujer: “Los vecinos estamos preocupados porque nosotros tenemos noticias de otras subestaciones. Esta semana vamos a presentar las firmas que estamos juntando, vamos a abrir un expediente y se va a ir al defensor del pueblo. Después vamos a iniciar una acción legal, un recurso de amparo”, adelanta.

A favor de la electrificación

A pesar de que la subestación viene con el paquete de obras que la Línea General Roca va a hacer para electrificar el ramal Constitución-La Plata, los vecinos aclaran que de ninguna manera se oponen a que el tren se electrifique. Afirman que hay otros lugares para poner la subestación, alejados de la gente, pero que este predio esta estratégicamente ubicado cerca de la estación de Quilmes, una de las centrales del recorrido del tren. Llevar la subestación más allá implicaría mucha más inversión.

Entre mates, planillas de firmas y con la mítica cervecería Quilmes de fondo, los vecinos se organizan. Ya saben lo que el electromagnetismo produce pero poco saben la inmensa obra que van a hacer a metros de sus casas: “Te dicen, por ejemplo, que van a abrir una calle pero no está definida a dónde. En la presentación que hicieron no figuran en ningún lado las 17 familias que viven adentro del predio. Todo muy agarrado de los pelos, pero, claro, en 70 días empiezan las obras”, ironiza Francisco.

_MG_7368

33 a 1

El pasado 6 de junio los vecinos, de boca en boca, se enteraron que el Organismo Provincial para el Desarrollo Sostenible (OPDS) convocaba a una audiencia pública para presentar el proyecto. De 34 intervenciones, 33 se manifestaron en contra y se tomó un minuto entero para recordar en silencio a las víctimas de Sobral en Ezpeleta.

Entre los oradores estuvo la licenciada Córdoba, de la consultora Estudios y Servicios Ambiental SRL, empresa que realizó el estudio de impacto y que tiene como clientes a empresas como Apache petrolera, Barrick Gold, Edesur y Minera Alumbrera. Córdoba también es asesora del Banco Interamericano de Desarrollo, entidad que, casualmente, pondrá 500 millones de dólares para la obra de electrificación del ramal Avellaneda-La Plata.

El intendente de Quilmes Francisco “Barba” Gutiérrez afirmó en la audiencia que esta subestación no será como la Sobral, que no va a causar 170 muertes (y contando). Ningún médico o técnico presente entre los oradores pudo justificar esta afirmación. De hecho, el único orador que habló sobre el electromagnetismo fue un Ingeniero llamado Carlos Wall, que admitió que el electromagnetismo es difícil de apantallar, que la distancia es lo que genera la disminución de las ondas agresivas y que la subestación va a generar más de 10 micro teslas (la Organización Mundial de la Salud comprobó que 0,3 micro teslas “puede producir cáncer, en especial leucemia en niños”).

El informe que presentó la OPDS habla, por ejemplo, de la ropa de seguridad que deberá usar el personal de la obra, de la cartelería de señalización que se utilizará, dónde irá a parar la basura generada, pero para el ítem “4.11 Campos electromagnéticos” utiliza media página y luego un anexo no disponible, quizá por error, en la web del OPDS. Según este mismo informe la obra estaría en funcionamiento a fines de 2015.

“Fui a la audiencia el 6 de junio” cuenta Beatriz, en la que se enteró sobre la subestación: “Nos hablaron en chino básico, no entendíamos nada, no estamos capacitados para recibir esa información. Lo que sí me pareció importante fue cuando habló la gente de Sobral que presentó fotos. Uno ahí toma conciencia”.

2 años de alquiler

Cristina y Raúl abandonan por un rato la plaza y la compañía de sus vecinos. Abren el portón que separa la calle de su casa y un predio enorme lleno de árboles en otoño los saca de la realidad de colectivos, trenes, audiencias y municipios. Como a Beatriz, les ofrecieron 2 años de alquiler en otro lugar para que se vayan de ahí. “Pero eso no es seguro, además nosotros invertimos en nuestra casa”, se lamenta Cristina, mientas agita los brazos para que sus hijos, cuadras más allá, ocultos entre caballos y plantas la vean y se acerquen rápido:

-¡Vengaaaan que nos vamos a sacar una fotoooo!

Raúl se les adelanta y entra para acomodar la sala. Minutos después los cinco posan delante de la cámara, sin hacer preguntas.

Quieren una foto en su casa.

-De acá no nos vamos.

_MG_7295

BASURA

Montañas de residuos de 36 metros, líquidos lixiviados y empresas y gobiernos que se pasan la pelota. Un basural que fue prohibido y sigue funcionando en Ensenada, otra de las alertas para los vecinos del sur.

Una situación hogareña cotidiana: sacar la bolsa de basura con pocos días en el tacho y que se escurra un líquido asqueroso. Cuanto más tiempo dejamos la bolsa reposando en el cesto, mayor es la cantidad de líquido. Esa sustancia, multiplicada por miles y miles de toneladas de basura, resultado de todo tipo de desecho domiciliario, forma un arroyo de desechos químicos tóxicos en Ensenada a pocas cuadras de las casas de los vecinos.

Esos líquidos, llamados lixiviados, se generan a partir de los residuos sólidos urbanos sin tratamiento ni separación que llegan todos los días a los rellenos del CEAMSE. En Ensenada se ubica uno de ellos y hace siete años que la Corte ordenó cerrarlo, sin éxito.

El Complejo ambiental Ensenada se encuentra en Diagonal 74 y Canal del Gato, en el partido de Ensenada, y fue inaugurado en marzo de 1982. Recibe los residuos sólidos urbanos de los partidos de Berisso, Ensenada, La Plata, Brandsen y Magdalena en un promedio de 1.060 de toneladas por día.

El CEAMSE es un órgano autártico que funciona como un gran depósito que terceriza muchos servicios: cobra para enterrar los residuos (200 pesos por tonelada, La Plata recibe más de 200 toneladas por día), pero también cobra para recoger los residuos y llevarlos hasta los rellenos.  El complejo entramado incluye además el gremio de Camioneros, y relaciones más o menos antipáticas con los gobiernos locales.

El caso Ensenada

Marcelo Martínez, Presidente de la ONG Nuevo Ambiente, una de las cuales llevó el caso a la Corte, enumera las leyes que el CEAMSE viola con el basural de Ensenada: “Incumple con la Ley Nacional y Provincial de Presupuestos Mínimos de Gestión Integral de Residuos. También incumple puntos de la Ley Integral del Medioambiente de la provincia, porque el relleno está ubicado a pocos metros de zonas urbanas”. Además, la Dirección Provincial de Vialidad prohíbe por decreto la llegada de residuos generados en los partidos que se encuentren a una distancia superior a 20 km, como es el caso actual de Magdalena y Brandsen. “Los rellenos sanitarios no pueden estar ubicados en zonas de bañado, como es el caso de la superficie de Ensenada, ubicada a centímetros de las napas freáticas”, sigue Martínez refiriéndose a las montañas de basura con altura de 36 metros, que producen contaminación comprobada científicamente en el aire y en las napas.

“Hay muchas irregularidades por las que nosotros entendemos que no puede seguir funcionando y así nos dan la razón los dos fallos judiciales en primera instancia. Siguió funcionando porque hay un acuerdo homologado por la Corte que tampoco está cumpliendo el CEAMSE ni la Provincia de Buenos Aires, por el cual tenían que cerrar el relleno y buscar una alternativa”. Esa alternativa no fue hallada por el gobierno de la provincia en estos últimos siete años y por eso la Justicia llamó a una nueva audiencia para el próximo 7 de julio: “Siete años para buscar una solución y no lo hicieron, estaban por construir una planta de tratamiento, está paralizada la obra. Lo que ha demostrado la Provincia de Buenos Aires es una falta de compromiso y una falta de noción de gestión en cuanto al manejo de los residuos”.

Fantasía y realidad

El Complejo ambiental Ensenada se encuentra en el área de influencia de los acuíferos Pampeano y Puelchense, por lo que laboratorios externos a CEAMSE realizan controles cuatrimestrales de las aguas subterráneas en los 17 pozos de monitoreo para verificar que no haya contaminación por flujo de líquidos lixiviados. Asimismo, en forma semestral se llevan a cabo controles en las 3 estaciones de muestreo de aguas superficiales.

En cuanto al control de las emisiones gaseosas y del control de la calidad del aire, el Complejo cuenta con 4 estaciones de monitoreo que realizan controles mensuales junto con laboratorios de la CNEA. Sin embargo, los resultados que arrojan estos estudios no son en la práctica vinculantes, como la ley que lo prohíbe.

Un estudio de la autoridad del Agua de la Provincia sobre los pozos de monitoreo de las napas de agua subterránea comprobó la presencia de plomo y cadmio en las napas Puelche y Pampeana, producto del percolado de los líquidos lixiviados del relleno, el cual, al no poseer la protección adecuada en su base (membrana), contaminó el reservorio acuífero de la región. Estos pedidos se complementaron con los solicitados al Laboratorio de Hidráulica del Ministerio de Obras Públicas bonaerense, en donde se analizaron las aguas superficiales de los arroyos circundantes del relleno, encontrándose una alta demanda biológica (DBO) y química de oxígeno (DQO).

El estudio comprobó además:

– Que los líquidos contaminados de la basura desembocan a través del arroyo El Gato, a menos de 1000 mts. de la toma de agua que provee agua corriente a Ensenada, Berisso y al 50% de La Plata.

– Que las montañas de basura además de contaminar, modifican la estructura paisajística de la región.

– Que recibe actualmente 28.000 toneladas de basura por mes, 950 toneladas diarias, en un relleno colapsado.

– Que aún sin datos oficiales, se han constatado casos de leucemia, lupus, púrpura, conjuntivitis, infecciones de piel y respiratorias, enfermedades concurrentes en gente que vive cerca de basurales.

Alejandro Meitin, presidente de la ONG Ala Plástica y vecino de Ensenada, describe tres líneas fundamentales de contaminación: la de los suelos y napas por los jugos lixiviados, la contaminación del aire (que incluye olores insoportables) y la enfermedad que contraen las aves y roedores de la zona.

“Entonces, uno de los problemas fundamentales es que nosotros vivimos en una planicie de inundación y con una napa que sube de acuerdo a las lluvias y crecidas del río, terminamos en definitiva muy en contacto con los jugos”, describe Alejandro.

 

Otras notas relacionadas:

Basural en Platanos

Subestación eléctrica en Ezpeleta

Subestación eléctrica en Berazategui