#yoylayuta y la hierba

Entre todas las historias que nos contaste con la policía, hay muchas con la marihuana de por medio. Nos juntamos con Sebastián Basalo para encontrar alguna devolución al abuso policial y entender el proyecto de despenalización en Argentina y en Uruguay: “Si fuera como el tomate no hay que regularla”.

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En Argentina se criminaliza al usuario de drogas con el uso de una ley obsoleta y el abuso de poder policial que dejó la dictadura militar. Gran parte de las historias de #yoylayuta estuvieron relacionadas a la tenencia de marihuana, y en sus particularidades demuestran la arbitrariedad de los procedimientos y el desamparo de las víctimas, entre la ley y la legitimidad, la corrupción y el negocio.

Para ensayar una devolución a partir de los relatos hablamos con la revista THC, que no es solamente una revista sobre la cultura cannábica. Luego de cinco años funciona como un equipo interdisciplinario de periodistas, abogados y militantes que manejan un flujo de información sobre el tema que les permite ir de lo micro a lo macro sin dejar de complejizar la discusión.

Para Sebastián Basalo, director de la revista, #yoylayuta es un espacio fundamental: “Porque en la particularidad de cada historia permite entender el entramado común que hay detrás de la criminalización de los usuarios de drogas en Argentina”.

“La razón del poder que tiene la policía en estos procedimientos hay que buscarla en los años 70”, dice sin vueltas sobre la violencia de las historias. Y agrega un dato que reforzó ese accionar recientemente: “En 2005, después de Blumberg y las cámaras ocultas de América sobre drogas gratis en las puertas de los colegios, sacaron unas leyes de desfederalización que les dio a las fuerzas policiales la regulación y aplicación de los delitos menores de la Ley de Drogas: tenencia para el consumo, tenencia simple y cultivo”. Según datos de la propia Justicia, hasta el 2010 estas caratulas conformaban, precisamente, el 97% de las causas elaboradas por drogas en el país. El comercio, que apunta a las redes más complejas de narcotráfico, representaba sólo el 3%.

En 2012, el Ministerio de Seguridad bajó un comunicado a las cuatro fuerzas policiales ordenando no detener a los usuarios que estén consumiendo en la vía pública sino sólo retenerles la sustancia y, si el caso contemplaba un estado grave de salud, llamar a una ambulancia. “Por eso en los últimos 6 meses hubo disminución de los casos de detenciones en la vía pública de usuarios de drogas en Capital. Sí se mantuvieron relativamente estables las causas en el interior del país”, cuenta Basalo según datos que recibe el equipo de abogados de THC, que lleva varias causas en la Ciudad de Buenos Aires y asesora a abogados de Provincia.

Cuál sigue siendo el problema que permite que la última palabra la tenga la policía: “La mayoría de estos casos cumple la ley, salvo casos de determinadas redes de fiscales, jueces y policía que buscan sus propios beneficios. Cada juez puede tener un pasado muy siniestro o lo que sea, pero es importante ver que hay una ley que permite detener a los usuarios de drogas, consumidores y cultivadores”.

En estos días hay dos casos que ponen en práctica esa ley e ilustran cómo la persecución nunca alcanza a los peces gordos del narcotráfico:

·Santiago del Estero: Alexis Torrillo, 22 años, canillita. Estuvo detenido más de sesenta días porque la Gendarmería lo encontró con 15 gramos de marihuana. Caratularon su causa como “comercialización”, a pesar de tener pruebas sólo de “tenencia”.

·Jujuy: Atilio Cazón, 20 años. Le encontraron nueve plantas en su casa, que eran para consumo personal. Fue detenido, procesado y trasladado de Jujuy a la cárcel de Marcos Paz, donde está hace más de dos meses.

IMG_6224-¿En qué está hoy el proyecto de despenalización?

-Totalmente parado. Se había tratado en comisiones, los representantes habían llegado a un acuerdo, las mayorías estaban dadas de sobra en las comisiones de salud, legislación penal y adicciones y narcotráfico. Se hicieron las audiencias… Y de repente el oficialismo no bajó a sus legisladores a dar el debate. Lo que salió a decir Diana Conti es que les faltaba obtener el consenso en el partido.

-¿Qué discusiones trabaron el debate?

-Hubo chicanas por parte de sectores del peronismo federal diciendo que antes de discutir cualquier despenalización había que hacer un plan de salud. Obviamente ellos no propusieron ninguno y jamás se han interesado en el tema.

-¿Y qué intereses presionan más allá del Congreso?

-Hay un lobby tremendo en Argentina que frena algo tan básico como una ley que cese de criminalizar a los que consumen. No tiene sentido, no hay nadie que hoy te lo pueda defender claramente, ni el diputado Olmedo puede defenderlo claramente. Es necesario para una estructura…

-¿Qué responsabilidad le toca al ejecutivo para la sanción definitiva?

-El Frente para la Victoria tiene la mayoría absoluta, hay una responsabilidad política. Conti salió a decir que ya había dado el debate al interior del partido y ya tenían un consenso de la mayor parte del FPV. Hace dos meses avanzaron con este plan de salud que quería la derecha, se sancionó con mayoría absoluta en Diputados y falta que se trate en Senadores. Con lo cual lo que faltaba es que este plan de salud se termine de sancionar en Senadores y ya estaría el camino allanado para que se vuelva a tratar la despenalización.

Más allá de la ley argentina, la discusión sobre nuevas leyes de drogas está en debate en el mundo. En América Latina el primer fundamento se dirige a desarticular las redes de narcotráfico detrás del comercio de las sustancias, cada vez más violentas y evidentes. Pero otras experiencias enseñan en el planeta cuáles son las razones por las que se modifica la ley, de la despenalización hasta la legalización definitiva:

-España: “Hubo un avance jurisprudencial del acceso al cannabis a través de los clubes de cultivo. Allá no se persigue el consumo, y el cultivo para consumo personal está permitido. Entonces se juntan 10 personas para cultivar entre todos plantas para consumo personal. Aunque no se reguló explícitamente el cultivo y la distribución comunitaria, se empezaron a formar clubs, gente que se juntaba y le daba la lista de las personas a un juez, el lugar donde se cultivaba, alquilaban un lugar en blanco, y el juez podía ir a verlo, saber cuánto se cultivaba, y el día de la cosecha se repartía entre las personas. Obviamente que el primer club fue cerrado, el segundo lo cerraron unos días y una vez que se transformó en un boom se transmitió a todo el país y se disminuyó notablemente la red de narcotráfico en algunos lugares de España y alejó a los usuarios del ambiente criminal”.

-Estados Unidos: “En algunos estados el expendio de marihuana se permite con fines medicinales. Pero tampoco se controla ese fin demasiado. Y hace poco se legalizó totalmente la marihuana en Colorado y Washington, pero ¿por qué? Se pasó a permitir el cultivo libre de la cantidad que quieras de marihuana sólo si vendes. Si es para consumo directo, no. La justificación es que la hizo un estado que necesita recaudar. No se hizo por razones sociales, se hizo por razones recaudatorias, económicas”.

IMG_6228-¿Cuáles son los puntos principales del proyecto de legalización que ya tiene media sanción en Uruguay?

-Es un modelo tripartito. Por un lado, está la regulación individual, permitiendo el autocultivo, la cantidad que quieras de plantas, y si ya mostraron su sexo son 6 plantas hembras nada más. Luego la regulación comunitaria a partir de los clubes sociales, que pueden tener de 15 a 45 miembros y producir una cantidad máxima de 40 gramos por usuario. Y el tercero es el modelo comercial: venta en farmacias también hasta 40 gramos por mes excluyente con el autocultivo y los clubes a través de un registro de compromiso, que tuvieron que perfeccionar para controlar la tasabilidad de la sustancia en el cual legalmente lo que hace el usuario es comprometerse a no comprar más de 40g de marihuana.

 

-¿Cómo es el caso del modelo comercial, que inaugura la intervención de empresas en la producción de cannabis?

-Van a tener que obtener los permisos a través de la adjudicación de licencias como se hace a través de cualquier obra pública. Pueden quedar hasta 8 empresas que van a cultivar un total de 40 hectáreas, que es lo que consideró el gobierno necesario para abastecer a los posibles usuarios de cannabis.

-¿Qué tipo de empresas son?

-Van a surgir ahora, ahí se va a ver. Tienen que ser empresas que sepan mucho del cultivo del cannabis. Los mejores estándares del cultivo de cannabis se alcanzaron ilegalmente. Entonces cómo va a hacer el proceso de fusión entre un sistema ilegal donde nada está regulado y un sistema de regulación avanzado es uno de los desafíos que vienen ahora y es una de las discusiones que subyace al tema de la legalización.

-¿Puede haber una apropiación de las semillas de cannabis por parte de las empresas, como se da en el caso de la soja?

-Puede haberlo, sí. Cuando ese mercado sea legal formará parte de la discusión el libre acceso a todas las semillas. Si la pregunta es si se viene desarrollando una marihuana transgénica como la semilla de Monsanto, que yo tenga conocimiento, con esas propiedades resistentes a determinados plaguicidas, no. Por ahí se vienen dando y yo no sé. Pero creo que es algo demasiado avanzado. Hay algo esencial y es el tipo de uso que se le da, que es recreativo; y el uso medicinal, que necesita cuestiones muy precisas acerca de los canabinoides que tiene cada una de las genéticas. Hacen bastante difícil que aun así que no tengamos la suerte de regularlo bien y limitar bien que los emporios capitalistas lo conquisten como se hizo con la soja. La soja es otro mercado, mueve cantidades, es alimento.

-¿Qué va a pasar con las economías informales, no los grandes narcotraficantes, sino de los que viven de la venta?

-Esa es la discusión entre la izquierda y la derecha en esta ley. No nos olvidemos que lo que llamamos narcos es casi una figura simbólica construida socialmente, un tipo con antifaz y una metralleta, pero el narco tiene traje y corbata y camina por el microcentro; y tiene una empresa con la que lava el dinero y financia la compra de sustancias en el exterior para venderlas acá con toda la red policial que hablamos hace un rato. Pero detrás de eso tenés a la señora de 60 años que vende marihuana para poder mantener una familia. Muchas características que no hacen a los grandes sistemas de criminalidad compleja. Hay una derecha liberal que dice que se arreglen porque en eso se metieron, y hay una izquierda preocupada.

-¿Quiénes fueron los encargados de formular la ley?

-Se constituyó un grupo que se llamó Regulación responsable, con organizaciones como Pro derechos que lleva temas sociales, AECU que es la asociación de estudios de cannabis del Uruguay, con diversos médicos, trabajadores sociales… Este grupo asesoró a los especialistas de lo que se llama la junta de drogas que fueron los que elaboraron junto a los diputados del Frente Amplio el proyecto.

Una de las chicanas de los diputados que no estaban a favor con el proyecto del Frente Amplio comparaba a la marihuana con la situación del alcohol como droga de venta libre y no regulada exhaustivamente. La idea era que si se aprobaba el proyecto de la marihuana en estos términos, el alcohol también merecía un debate a fondo.

“Con la misma ley, sobre tablas, a último momento incluyeron un proyecto de regulación del alcohol. El alcohol tiene mucha presión de las empresas, y lo que propusieron es entre otras cosas regular la publicidad del alcohol. El alcohol no como un alimento como se lo trata hoy, sino como una droga, con la regulación que tiene cualquier droga. No nos asustemos los que tomamos una cerveza: no para prohibirla justamente, sino simplemente para regular con qué estándares, qué niveles de conservantes, quiénes la producen, dónde se va a vender, a quién se le va a vender, qué publicidad se va a hacer. Imagínate si en vez de una mina en bikini a las diez de la noche tomándose una cerveza helada diciéndote que vas a estar con 10 minas así, hiciera lo mismo fumándose un porro. Sería inconcebible, y es lógico, no se puede hacer publicidad de drogas: estas fomentando el uso de esa sustancia. De la misma forma cuando tenés un famoso levantándose con sueño y diciéndote que solamente con esa cafeína vas a poder enfrentar ese día que va a ser triunfal. Loco, la discusión en torno a la política de drogas no es solo en torno a la criminalización de los usuarios, que es lo que hay que resolver ya, sino que tiene que ver con todos estos aspectos de cuestiones sociales muy arraigadas.

-¿Cuál es el aprendizaje que tiene que tomar Argentina del modelo uruguayo?

-La cuestión de tomarse la responsabilidad de hacerlo seriamente, de trabajar con la mayor cantidad de sectores posibles, tomándose el tiempo necesario, eso hay que aprender del proceso uruguayo más que las cuestiones puntuales de cuantas plantas permitieron y etcétera. Y yo personalmente destaco tres enseñanzas:

·De los 50 diputados que votaron a favor, ninguno defendió los usos de la marihuana, ni las ventajas, ni las bondades. Es una regulación que se hizo por razones sociales y políticas.

·Lo plantearon como un acto de soberanía. Darse la dignidad de poder tener una propia ley de drogas es un acto de soberanía ante todo.

·Precisamente porque la marihuana no es inocua, porque tiene riesgos, ahí radican las razones de su regulación. Si fuera como el tomate no hay que regularla.

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Historia de #yoylayuta

Hace un par de años, era mi cumple años y ya habíamos fumado un porro, con lo cual no había razón de que nos revisaran, con lo cual estábamos esperando sentados esperando que llegue el resto de la gente de repente pasa un un patrullero a una cuadra que pasa lentamente, yo dije por mi paranoia “Vayamosnos” y mi amigo me contesta “Noo, no pasa una”. Luego de un rato vuelve a pasar y dobla y se nos dirige a nosotros ahí si era el momento de irnos pero mis dos amigos estaban nerviosos como para correr. Cuestión nos empiezan a hacer preguntas como, qué haciamos ahí y se la agarran con uno de mis amigos a maltratarlo, y en un momento por haber encontrado una tuca, sin tener pruebas que sea nuestra nos revisan porque había una supuesta “denuncia” de que había alguien vendiendo estupefacientes, y al rebisarnos y encontrarnos nuestros 3 porros (uno por persona) nos llevaron a la comisaria y nos detuvieron toda la noche.

Respuesta

Hace 3 años la Corte Suprema falló a favor de la tenencia mínima de marihuana para consumo personal. Esto no significa que se despenalizó el consumo, no se puede fumar en la vía pública, sino que por tenerlo encima no se es considerado un delincuente. La cantidad permitida es de 0,000001 grs., el equivalente a media tuca; por más, pueden llevarte, porque hay una ley que permite esto. Lo importante entonces es entender que lo que hay que cambiar es la ley, yendo primero por la despenalización que es lo más urgente, y tomando el modelo uruguayo como el lugar donde más seriamente se trató el tema para avanzar sobre el resto de las libertades.

Documento de la APDH con prólogo de Zaffaroni sobre las detenciones en cárceles

 

 

 

Algunos consejos prácticos sobre procedimientos irregulares

·Pedir una explicación de los motivos del control.·Petición del carnet de policía (sobre todo en algunos controles, para evitar posible impostor). Están obligados a identificarse como tales policías siempre. Si se niegan a dar explicaciones o enseñar su documentación, y se quiere denunciar los hechos: ·Recoger el mayor número posible de datos para la posterior identificación de los agentes. ·Recoger los datos del control: tipo, lugar, hora, características. ·Recoger datos del vehículo/s policiales.
·Procurarse la presencia de testigos. Su presencia y la propia situación psicológica personal (de tranquilidad), son determinantes para que la situación esté más controlada.
·Denunciar cualquier irregularidad o maltrato en el juzgado. En cuanto a otros registros, cabe que el juez acuerde la intervención de la correspondencia privada, postal o telegráfica, que el/la procesada remitiere o recibiere y su apertura y examen por parte de la policía. 

La libertad de la música propia

Ángela Parodi y Julieta Lizzoli son las protagonistas del ciclo “De la raíz a la copa”, que se hace los segundos viernes de cada mes en Jalapeña. Cada fecha, el repertorio de un compositor clásico. Reflexionan sobre el valor de la música popular, la relación de los jóvenes con el foklore y los vericuetos de la música independiente.

No me ufano por esto / siento que crezco / a pesar del machete / reboto fresco. Así dicen los versos de “De la raíz a la copa” (Pepe Nuñez – Juan Falú), canción que nombra el ciclo protagonizado por Ángela Parodi (voz y bombo) y Julieta Lizzoli (piano y voz). Versos que bien podrían referirse a la música popular, que resurge, se expande y actualiza como esas plantas que crecen en las grietas del hormigón, y llenan de vida el más concreto de los espacios. También como estas dos mujeres, que exploran la libertad y el compromiso de una música propia, de un decir nuestro y un sentir de todos. Una vez por mes, desde mayo a octubre, recorren el repertorio de autores clásicos en el escenario de Jalapeña, un espacio nuevo, emplazado donde funcionara el mítico Empujón del Diablo. Se trata, entonces, de elegir una herencia, reactivarla y conservarla con vida.

Julieta: – La música popular fue lo primero que hubo acá en mi casa, que mi mamá me hacía escuchar cuando era chiquita. Pero de todo, Mercedes Sosa y, bueno, Fito Páez, ¿crecimos en los 90’, no? Aun cuando comencé mi educación musical formal y me puse a estudiar música académica, el folklore siguió estando… y después me llegó el tango.

Ángela: – En mi caso, cuando me volqué al canto, me dije que quería algo que realmente pudiera expresar y que sea mi lugar. Me parece que, en este momento en el que el folklore está más aceptado, hay que aprovechar. Porque si ves a alguien joven haciéndolo, te va a llegar más. Y está bueno que se construya esa cultura de acá, con el folklore, el tango, la murga. Rescatar lo que es propio. Quizás en el ámbito académico lo que más se valora es la complejidad, pero te tiran un poema de Yupanqui y te cagan… Te sella la boca, andá a decir algo así.

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En una tarde-noche en mitad de la semana, y también en medio de dos de las fechas del ciclo, pedimos permiso a los instrumentos y nos dedicamos por un rato a las palabras. Pero la música se cuela por todos lados; estamos en la casa de Julieta, rodeadas por un teclado, equipos de sonido, partituras y más. Antes de tocar juntas y mucho antes de dar entrevistas, Ángela y Julieta se conocieron. Y lo hicieron en la carrera de folklore del Conservatorio Superior de Música “Manuel de Falla”, que dicen “es todo un tema aparte” (y lo será). La música las encontró de nuevo en el verano, cuando Ángela tenía un ciclo en la Peña del Colorado y un día su guitarrista se fue de vacaciones. Fue así que la llamó a Julieta para que la acompañara y descubrieron algo que conservan como oro: la comunicación el escenario.

Julieta: – Esa viene siendo la herramienta para llevar adelante un ciclo en el cual te tenés que aprender doce temas nuevos por mes. Es el elemento que nos permite improvisar, más allá de las cosas pautadas, y también recuperar lo lúdico.

Ángela: – Es un poco la idea general de la música popular. Porque en la música mal llamada “clásica”, digamos, la música académica, todo está súper pautado y estudiado y tenés la partitura, que si te movés de ahí, está mal. Entonces, intentamos reivindicar todos estos elementos propios de la música popular que son los que nos gustan a nosotras, que por ahí está medio bastardeada. Los autores son una excusa, quedan afuera un montón, pero mechamos tres muy conocidos y tres desconocidos para el público que no escucha específicamente folklore, y la idea es llevarlos al lugar que creemos deberían tener, pero tampoco quedarse en una visión tradicionalista. Nos gusta entreverar, sacar algo de otro estilo. Estudiamos música de muy chicas y hemos hecho de todo: rock, jazz, ella toca tango… y nos gusta mezclar.

Hablar de comunicación les queda chico. Cuando empieza la música, se funden en una interpretación sincera y generan un clima de abrazos, de miradas y risas cómplices, de manos repiqueteando contra las mesas, de palmas que se unen en su solo aplauso. Entre ellas y el público la distancia es de apenas unos centímetros que levantan el escenario, porque en cada cuerpo resonante vibra su canto y su música. Termina el espectáculo y se integran entre las mesas, comparten un vino y hasta se bailan una chacarera. Una vez más, de lo que se trata es del encuentro. Y a esos fines, las peñas son el lugar privilegiado, y se han convertido en los últimos años en uno de los espacios de socialización predilectos entre los y las jóvenes.

Ángela: – Es que es muy accesible, a todos nos gusta salir, tomarnos un vino, comer una empanada con amigos. Y que la gente empiece a bailar está buenísimo. Está muy bueno bailar cumbia, pero bailarte una chacarera o dos pasos de tango es muy importante.

Julieta: – Y la milonga ni hablar, tenés que abrazar a alguien que ni conocés y tratar de caminar con él. Yo hace dos años y medio voy a la misma milonga todos los jueves, y es como una familia. Es un valor que los jóvenes puedan encontrar un espacio de pertenencia y de relación con la cultura.

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La observación obligada, casi obvia, tiene que ver con que son dos mujeres interpretando a compositores varones y surge la reflexión en torno a las representaciones de género en el folklore argentino tradicional. Recuerdan la fecha de julio, con repertorio de Peteco Carabajal, en la que compartieron escenario con un cuarteto de cuerdas, integrado por tres mujeres y un varón. Destacan que se eligieron porque les gusta tocar juntas, no por el hecho de ser mujeres. Pero a la vez señalan que hace diez años era inimaginable, que es una realidad que antes no existía.

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La apertura fue con temas de Atahualpa Yupanqui; le siguieron Peteco Carabajal, Chacho Muller y Pepe Núñez. Aún restan dos fechas del ciclo, el 13 de septiembre el repertorio será de Juan Falú y contará con su presencia como invitado, y el 11 de octubre, le tocará a Raúl Carnota. Dicen que eso que empezó como una idea loca en una charla de patio y mates se pasó volando, y no paran de pensar en lo que se viene, que seguro será mucho. Admiten que el desafío de preparar un repertorio mes a mes las mantuvo activas y les funcionó, pero es una rueda que nunca termina.

Julieta: – El balance es de mucho aprendizaje, de mucho crecimiento en el vínculo entre nosotras como músicas, como personas. La vida de las dos está totalmente atravesada por el ciclo y viceversa. Nos acompañamos mucho. Es una especie de piloto de lo que puede llegar a ser un proyecto más grande. Es un desafío tremendo, dadas las condiciones de vida de ambas, de los proyectos distintos, es mucha carga. Nosotras no tenemos representante, nos encargamos de todo. Quizás de afuera, parezca que es subirse al escenario, tocar un par de temas y listo. Pero hay que ocuparse de acordar las fechas, los invitados, los ensayos. La verdad es que la nueva destreza que tiene que tener el músico hoy en día que se quiere autogestionar es todo lo que tiene que ver con la administración y la difusión.

Ángela: – Y más con todo lo que ofrecen las redes sociales y la tecnología, tenés que estar todo el tiempo poniéndote al día. Mismo con el sonido, la peña tiene sus equipos y todo, pero tenés que ser el fletero de tu piano, tenés que ser tu propio representante, manejar la convocatoria, que para eso Facebook nos sirve un montón, sacar fotos y ponerlas lindas para subirlas, filmar los videos, que por suerte tenemos a alguien que nos ayuda, pero después los tenemos que editar, subirlos. Es un montón de tiempo que le aplicás a eso, pero es tiempo en que no estás pudiendo ensayar. Después llegás al escenario y decís ‘uy, hubiera usado esas horas para preparar mejor esto’. Pero en lo artístico, estamos tan acostumbrados a ocuparnos de todo, que parece que querer contratar a alguien que diseñe los flyer, se ocupe del sonido o de armarnos una página web son pretensiones mundanas. Pero si vos hacés un laburo que te requiere estudio y un montón de dedicación, está bueno que se reconozca eso, que se valore.

El paso que sigue es una fecha a fin de año con “los mejores momentos del ciclo”, en donde interpretarán dos o tres temas de cada uno de los compositores que fueron recorriendo en el año. El formato será diferente. Estará pensado como un espectáculo y se va a hacer en un teatro, esperan seguir contando con invitados y ensanchar un poco el escenario, para salir de un plano tan íntimo. Y se apuran en decirlo: lo que verdaderamente esperan es poder grabar, quizás el año que viene.

Ángela: – Para hablar de una grabación, necesitás mínimo 20 mil pesos, y esa es plata que tenés que tener vos, no la vas a hacer tocando. Hay subsidios del Fondo Nacional de las Artes, pero dan para tres o cinco discos…así que imagínate. Está la Ley de Mecenazgo, también hay préstamos, pero no se da abasto. Está lo del crowfunding. Todo esto te dice que los artistas están necesitando guita, no es que esperamos que nos la den así nomás, pero no hay cómo gestionar ese dinero que se necesita para producir las cosas. Lo mismo con los espacios para tocar. Estaría buenísimo que los espacios estuvieran en mejores condiciones, yo entiendo que son lugares privados, pero se gasta plata para un montón de cosas, subsidios y eso… la verdad es que se tendrían que valorar más y poner a punto esos lugares.

Y hablando de público y privado, de la puesta en valor de la cultura, mientras tenemos esta charla, el Manuel de Falla se cae literalmente a pedazos.

Ángela: – Nuestro conservatorio ahora está en asamblea permanente, pero estuvo por cerrar, porque no había ni papel higiénico; está bien lo podemos llevar, pero si no hay plata para eso es porque no hay nada. Se había dado de presupuesto anual cero, ¿entendés? Al final, les dieron 90 mil pesos, y yo, que no entiendo de esas cosas, sé que no alcanza para nada. No es fácil, eso se traslada, si desde las instituciones estamos así, lo independiente imagínate.

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Quiénes: FB /parodiangie y /julieta.lizzoli

Qué: https://www.facebook.com/events/602355459777208/

Dónde: https://www.facebook.com/Jalapenia

Cáncer de regalo

La inocuidad del electromagnetismo sobre la salud humana nunca fue comprobada científicamente, pero Ezpeleta es el resultado tumoral de la experiencia. Con más de tres décadas de funcionamiento, la subestación eléctrica Sobral ha propagado la enfermedad sobre quien viviese cerca. Aún así, no es considerada como antecedente válido para paralizar el funcionamiento de subestaciones en zonas urbanas.

En una cocina de Ezpeleta, partido de Quilmes, Beti, Nené y Gladys toman café y comen buñuelitos. Por la ventana no se adivina movimiento, es la hora de siesta y este es un barrio muy tranquilo. Hasta acá: típica escena de una tarde cualquiera en el conurbano. Pero, si se estudia mejor el paisaje que enmarca la ventana, un elemento extraño salta a la vista y da una pista, indicio de que en este barrio sí pasa algo. La invisibilidad del electromagnetismo no implica que no sean visibles los efectos en el cuerpo de las personas que viven allí. Por la esquina de esta tranquila cocina pasan los cables de alta tensión que salen de la subestación eléctrica Sobral. La banda sonora que inunda la cocina no es una charla de revista de corazón, es La Lucha -así con mayúscula-, la que ocupa las palabras y el tiempo de estas mujeres. Luchan contra esa subestación, que ya se cobró la vida de alrededor de doscientas personas, enfermó a otras tantas y diariamente irradia sobre sus cabezas dosis mortales de electromagnetismo.

00 606 –      Mi marido hace ya quince años que falleció, y el chico de allá del corralón antes que él, ¿cómo se llamaba?

–      Gabi, que falleció de cáncer de piel.

–      Y el hijo de Norma, que tenía trece años…

–      Sí, Fabián, que se enfermó a los doce y falleció a los trece.

–      Después que empieza el marido de Beti al poco tiempo se enferma la hermana de él, con los mismos síntomas, ella falleció tres meses después que él.

–      Falleció un año antes que mi papá, que tenía cáncer de pulmón.

–      Y la chica de allá, que el marido tenia leucemia, ahora le tienen que hacer rayos a ella.

–      En esa cuadra estaba Miriam, que la tuvieron que operar de urgencia en la cabeza, cáncer en la cabeza tenía, aparentemente ahora va a estar bien.

–      Otra señora por acá con cáncer cólon, jóven.

–      Y el muchacho de la otra cuadra, con cáncer de tiroides.

Las tres vecinas mueven las manos y señalan las casas de los alrededores, donde están los muertos o los enfermos, tan cerca que se ven sus casas por la ventana. El cáncer ya es como un resfrío en ese barrio: tarde o temprano a todos les toca, en sus cuerpos o en el de un familiar o amigo. A Gladys, Nené y Beti les da miedo sentarse para agregar a las nuevas víctimas al mapa de la muerte, pero calculan que ya son doscientas las víctimas mortales, entre ellas familiares suyos.

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mapadelamuerteLa única manera que existe para que el electromagnetismo no dañe a la salud es que las personas no estén expuestas a 0,3 o más microteslas. La microtesla es la unidad de medida del electromagnetismo, mide la cantidad de ondas electromagnéticas que llegan a un determinado lugar. Estudios que hicieron los vecinos de Ezpeleta con el biólogo Raúl Montenegro, mostraron que hay zonas alrededor de la subestación a las que llegan hasta 9 microteslas.

Las empresas eléctricas no reconocen el estándar precautorio de los 0,3 microteslas. Estas últimas y el propio organismo nacional de regulación, el ENRE, ‘adoptan’ el estándar ambiental de la obsoleta Resolución n° 77/1998 del Ministerio de Economía y Obras y Servicios Públicos de la Nación, que es ambiental, no sanitario. Para ellos el principio de precaución que establece la Ley Nacional 25675 no existe. Argentina sigue sin tener límites legales de exposición a los campos magnéticos. “Hasta tanto este vacío se complete sostenemos, en base al principio de precaución y la buena ciencia que las personas no deben quedar expuestas a campos magnéticos iguales o superiores a 0,3 microteslas”, resalta Montenegro, Presidente de FUNAM (Fundación para la defensa del ambiente).

Montenegro, también premio a la Investigación Científica de la UBA, reconoce que “el problema no son solamente las subestaciones transformadoras sino también los tendidos eléctricos de media y alta tensión, aéreos y subterráneos. Todas estas fuentes generan campos magnéticos”. Como en Ezpeleta, donde hay cableado aéreo y subterráneo.

“Científicamente nunca se demostró la inocuidad de los campos magnéticos de frecuencias extremadamente bajas. Existe una significativa y creciente evidencia científica sobre sus efectos cancerígenos y no cancerígenos, incluso a valores muy bajos de densidad de flujo magnético”, explica Montenegro. La Agencia Internacional de Investigación sobre el Cáncer (IARC), entre otros organismos nacionales e internacionales, considera a los campos electromagnéticos de frecuencias extremadamente bajas como ‘posibles cancerígenos en humanos’.

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La subestación Sobral fue instalada por SEGBA (empresa estatal de electricidad) en 1977, la dictadura militar encontró a los vecinos, que ya miraban a las obras con recelo, totalmente desmovilizados. En realidad, ese predio estaba destinado a ser una salita de salud para el barrio, así como se lee, con toda la ironía que esto le agrega a la situación. Nené, que ya había comprado su casa a menos de media cuadra de ese predio, recuerda cómo llegaron y empezaron a construir, sin dar ninguna explicación a nadie, prometiendo progreso y trabajo para el barrio. Trabajo que nunca llegó, aclara. En la década de los ’90, SEGBA se privatizó y EDESUR, que quedó a cargo de la subestación, haciendo más obras para agrandarla.

Recién en 1996, recuerdan las tres mujeres, empezaron a recolectar información sobre los daños del electromagnetismo y se percataron que la cantidad de enfermos se debía a la subestación. Ese mismo año murió el marido de Beti y un año después, el padre de Gladys. Mientras Nené estaba enferma de cáncer de mama, resuena que el día que llegó del médico que le dijo que la enfermedad iba a acelerarse con la exposición al electromagnetismo, estaban pasando más cables por enfrente de su casa. Entendió que nadie iba a decidir cuándo tenía que morir: así que se plantó frente a los obreros para no dejarlos seguir trabajando. Pararon las obras por solo unas semanas.

En el 2000 EDESUR duplicó la potencia de la subestación. Dos años después los vecinos se resistieron a un nuevo cableado, el municipio, a cargo del radical Fernando Geronés, minó la zona de policías y gendarmes para que apuntaran con sus armas a los vecinos y dejaran trabajar a los obreros. El mismo modus operandi que se utilizó en Berazategui para instalar la subestación Rigolleau el año pasado. Leé sobre Berazategui.

Las manos de las vecinas reunidas en la cocina, que antes señalaban las casas de los muertos, ahora cuentan los años que lleva La Lucha. Dieciséis años. Y contando. Porque siguen luchando para que la subestación se traslade lejos del casco el urbano, para que deje de causar muertes. Las víctimas van a quedar por siempre, y los enfermos también. Pero igual siguen divulgando la situación en su barrio, ayudando a otros lugares con situaciones parecidas como Berazategui y exigiendo que el juez Siauliu de la Cámara Federal Número 2 de La Plata expida alguna decisión sobre el pedido de traslado que hicieron los vecinos hace más de diez años.

Gladys, Beti y Nené seguirán viviendo en ese barrio, donde lo hicieron toda sus vidas, inclusive antes de que instalaran la subestación. Seguirán caminando esas calles irradiadas. Ezpeleta es a prueba de escépticos, ahí sí existe el destino. Detrás de la ventana de cualquier cocina yace clarita la realidad para cualquiera que esté dispuesta a verla: no importa que hayas trabajado y hecho de todo por mantener el control de tu vida, un día puede llegar una empresa y decidir cuándo y de qué te vas a morir.

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Sueños de campeón

A Daniel García lo mataron en un ataque entre barras del que no tenía nada que ver. Tenía 19 y ya pasaron 18 años, fue después de un 4-0 con el Bati de goleador en la Copa América de Uruguay. Un asesinato con nexos interminables de peso en la política y la Justicia, que explican cómo no hubo ni siquiera un solo detenido.   

El 11 de julio de 1995 estaba en Paysandú, Uruguay, en el estadio Parque Artigas. Había ido con mi familia a ver cómo Argentina ganaba su segundo partido de la Copa América y me ilusioné con el campeonato: fue baile a Chile y un 4 a 0 rotundo. Volví al hotel alegre, con la certeza de que me iba nada me iba a borrar la sonrisa por esta goleada, pero prendí la tele y todo se transformó en pura tristeza.

Tan sólo 45 minutos después del pitazo final del encuentro y a una cuadra de la cancha, hombres encapuchados habían atacado una Traffic con palos, cuchillos, cadenas, botellas de vidrio rotas y estiletes. En esa emboscada, Daniel Hernán García­, que tenía 19 años, falleció por las puñaladas que recibió, mientras que otras tres personas quedaron gravemente heridas. Pasaron más de 18 años y la causa prescribió.

Años después, la conocía a ella y me explicó por qué no hubo nunca ni un detenido por la muerte de Daniel. Ella es Liliana Suárez, su madre, que denunció desde el primer momento que los responsables estaban ligados al poder político, que eran barras bravas y que eran del grupo de choque de Juan Carlos Rousellot, ex intendente de Morón. Pese a que los acusados están apuntados con nombre y apellido, gozan de una plena libertad, culpa de ese innegable apoyo político. Hoy por hoy, busca nuevas pruebas para reabrir la causa y conseguir eso mismo por lo que pelea desde que le mataron a su hijo: justicia.

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De a poco conocí su historia. Daniel García estaba en quinto año del secundario, pero también trabajaba por la mañana de taxista, en el mismo auto que manejaba su papá Pablo por la tarde. Ganaba su propio dinero y no dudó en aceptar la propuesta que le hizo un compañero del Liceo Nº 11 de Villa Urquiza: por 50 pesos ir y volver en el día a Paysandú para ver el partido, con la entrada incluida.

Quiso convencer a su papá, pero él no quería perder esas horas de trabajo y se negó. Dijo que no, pero inmediatamente le hizo una promesa: si el equipo que dirigía Daniel Passarella llegaba a la final, iban a ir juntos en el taxi hacia Uruguay.

Argentina quedó eliminada en cuartos de final y a Daniel García lo mataron cabecillas de las barras bravas de Deportivo Morón y de Tigre que respondían a Rousselot, ese mismo día en que se hizo la promesa.

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Daniel era hincha de Boca, pero ese fatídico día se había puesto para viajar una camiseta de Platense que le habían regalado. No lo hizo en forma casual, su amigo le había comentado que estarían rodeados tanto de hinchas del Calamar como de Defensores de Belgrano. Se juntaron en Saavedra y allí se subieron a una de las dos combis que salían rumbo a Paysandú.

Pese a que era menor de edad y que no llevaba ningún tipo de autorización, cruzaron la frontera sin ningún tipo de problemas y no tuvieron que atravesar ningún tipo de control en ninguno de los dos países, al igual que me pasó a mí. Llegaron una hora antes del comienzo del partido, canjearon la entrada y vieron cómo Argentina le ganaba 4 a 0 a Chile con dos goles de Gabriel Omar Batistuta, uno de Diego Simeone y otro de Abel Balbo.

A las 23.15, cuando sólo habían pasado 45 minutos de la finalización y con Daniel ya sentado en la Traffic que lo iba a llevar nuevamente hacia su casa de Villa Urquiza, comenzó el horror. Desde la combi vio cómo un grupo de hombres empezaba a romper el otro vehículo en el que habían viajado y se bajó a tratar de ayudar. Ni bien descendió observó cómo otros tres compañeros de viaje eran atacados e inmediatamente le tocó a él: recibió tres puñaladas. La última de ellas dio en la aorta, al lado del corazón, y a los pocos segundos cayó desplomado sobre la vereda de las calles Joaquín Suárez y Boulevard Artigas. La policía nunca apareció en el lugar – testigos aseguraron después que vieron un patrullero, pero que no quiso intervenir – y media hora después, cuando finalmente apareció la ambulancia, falleció desangrado mientras se dirigía al hospital Escuela del Litoral de Paysandú. Los otros tres heridos, Martín Vera, Gustavo González y Sebastián Portilla, salvaron sus vidas de milagro.

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Ese día Liliana Suárez veía cómo pasaban las horas y se impacientaba porque su hijo no regresaba. No podía dormir y manejaba su intranquilidad hablando con su marido Pablo, que la intentaba calmar diciéndole que seguro había mucho tráfico y que estarían en camino. Ella dice que en ese momento presentía algo y el primer susto le llegó cuando encendió la radio: ahí escuchó que había heridos en grave estado en las cercanías del estadio. inmediatamente pensó en su hijo Daniel. A los pocos minutos se enteró por la misma vía que su hijo había fallecido.

“Nadie me llamó, yo me entero por la radio que había un chico muerto que se llamaba Daniel García y que había otros tres que estaban siendo operados. En ese momento lo único que deseé es que haya sido un error y nos fuimos en el taxi con mi marido y mi hijo más grande para allá”, recuerda Liliana.

Al intentar cruzar la frontera, los paran y los demoran un largo rato. Pese a las explicaciones y al ataque de nervios que todos estaban sufriendo, los policías uruguayos les impidieron el paso por unos largos minutos. “Nos revisaron todo y no se les movió un pelo cuando les dijimos que teníamos que ir a buscar a nuestro hijo que nos decían que estaba muerto. A la distancia me lamento porque si esto mismo hubieran hecho cuando viajaba Daniel, no hubiera pasado porque era menor, al igual que la mayoría de los que viajaban”, se lamenta Liliana.

Al llegar y confirmar la triste noticia, siguieron las pesadillas: no les querían entregar el cuerpo. Liliana sentía que ella también se moría. Estaba bloqueada, no sabía qué hacer para que las autoridades locales entendieran su reclamo y dejaran que toda la familia se despida de Daniel. Tuvieron que ir a hablar con Guillermo Camarotta, quién por ese entonces era el cónsul argentino en Uruguay, para que los dejaran. “Hasta el día de hoy ni él ni yo ni nadie sabe por qué no nos permitían ver el cuerpo”, agrega.

En ese mismo momento ella empezó una investigación que no fue acompañada nunca de buena voluntad, ni por la justicia ni la política, ni del lado uruguayo ni del argentino.

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Liliana perdió la cuenta de la cantidad de veces que viajó a Uruguay. Allí se reunió con un incontable número de funcionarios, políticos, policías y testigos que siempre le prometían algo que le hacía mantener la esperanza, pero que en todas las oportunidades terminaba en la nada. “Me cansé de las mentiras y de las falsas promesas, me ilusionaron en un montón de oportunidades y siempre me defraudaron. Una investigación judicial si no arranca bien no arranca nunca. Se borraron pruebas, se pisoteó todo.”, aseguró la fundadora de FAVIFA (Familiares de Víctimas de Violencia en el Fútbol Argentino) y quien fue, también, desde la creación la vicepresidenta de Salvemos al Fútbol.

La causa estuvo durante seis años literalmente parada en Uruguay. El juez a cargo, Otto Gómez Borro, fue acusado por querellantes de varios casos de homicidios sin resolver que estuvieron a su cargo y terminaron en la nada. En ese período, Liliana fue hacia la sede social de Defensores de Belgrano y de Platense y llevó a todos los testigos hacia el país oriental. Ella misma se hizo cargo de todos los gastos e hizo que declaren en la causa, ya que el juez no los citaba.

Fue hasta la escena del asesinato y observó que a metros había un puesto callejero que vendía choripanes, algo que todos los jóvenes que declararon ratificaron que también estaba al momento del crimen. Al acercarse y preguntar si recordaba algo, el hombre aseguró que ese día había alquilado el puesto y le aconsejó que por su seguridad dejase de investigar, ya que por miedo nadie iba a querer declarar.

Liliana nunca le hizo caso, nunca paró de investigar y tiene bien en claro quiénes fueron los responsables: barras bravas que respondían al ex intendente de Morón, Juan Carlos Rousellot.

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Pasaron más de 18 años y sigue sin miedo de decir en voz alta el nombre de los que asegura que son los asesinos de su hijo.  Su principal acusado es Máximo Zurita, quien era apodado como “el gordo cadena”. Fue uno de los líderes de la barra brava de Deportivo Morón y el propio ex intendente lo había puesto a trabajar en la Municipalidad. Tenía protección política y policial, al igual que los otros dos apuntados, que eran sus secuaces. Ellos son Ramón Toledo, quién era llamado “Negro Café” y Mario “Pájaro” García. Además, Roberto Britos y Rubén Lézica son los apuntados por parte de la barra de Tigre.

“En todo momento que estuvo Rousellot la Municipalidad fue cómplice. Les pedíamos fotos de los implicados y nos daban unas que parecían de cuando tomaron la primera comunión. Se tomaban todo a chiste, una vez que se fue por suerte me quisieron ayudar un poco más, pero no fue suficiente”, cuenta Liliana, quién recibió el apoyo del actual presidente de Deportivo Morón, Diego Espina, quien también declaró en la causa.

Los implicados formaban parte de la fuerza de choque del ex Intendente y trabajaban, también, en una feria cercana a la municipalidad, que fue cerrada en 2007, cuando Martín Sabbatella era el Intendente, por las reiteradas denuncias que aseguraban que allí se vendía todo tipo de drogas que financiaban a la barra brava.

“Nunca sentí temor por lo que me enfrentaba, juré ante la tumba de mi hijo investigar hasta las últimas consecuencias y eso es lo que voy a seguir haciendo, pase lo que pase”, se enorgullece Liliana, que además agrega que los implicados no forman más parte de la barra brava, pero que siguen yendo a los estadios, tanto de Morón como de Tigre.

Jorge “Zurdo” Ruíz era el principal líder de la barra brava de Morón en el momento en que mataron a Daniel García. Entre 2010 y 2012, fue elegido como presidente del Gallito. “En el caso puntual del asesinato de mi hijo no tuvo nada que ver, pero sabe bien qué pasó y en todo ese tiempo no me ayudó en nada”, asegura Liliana.

Los acusados declararon después de diez años de insistencia y solamente por escrito, a través de un exhorto judicial y de un cuestionario que, según Liliana, estaba mal hecho, con preguntas absurdas y que no iban al fondo de la cuestión. “Mi consuelo es que ellos están apuntados por la sociedad, sólo falta que actúe algún día la Justicia”.

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Liliana viajó recientemente junto con la Defensora del Pueblo, Graciela Muñiz, rumbo a Paysandú para volverse a reunir con el actual Cónsul argentino en Uruguay, Roberto Conde, quién puso a cargo a un abogado de Derechos Humanos. En Uruguay, las causas por homicidio prescriben luego de quince años, la de Daniel ya lleva 18, pero Liliana presentó nuevos documentos para que se reabra y tiene la esperanza de que de una vez por todas le entregarán el video de seguridad del estadio.

Mientras tanto sigue, firme y sin vacilar un segundo. Recordando con alegría y sin derramar ninguna lágrima por su hijo para que su familia la siga viendo así, con fuerzas y entera. Luchando contra las fuerzas políticas, contra la injusticia de la justicia, sin recibir ninguna ayuda de la AFA, que además se desliga de la responsabilidad acusando a sus pares de Uruguay. Una misma organización que cuando se jugó la Copa América de 2011 en el país – hasta coincidió con la fecha de aniversario de la muerte de Daniel – se negó a que los jugadores ingresen al estadio con una bandera en su homenaje. Sin embargo, Liliana llevó la bandera y la posó en las afueras del estadio Ciudad de la Plata, mientras se jugaba la final entre Uruguay y Paraguay.

Luego de insistir, pudo lograr que en el partido amistoso entre Argentina y Brasil que se jugó meses después en Córdoba dieran una vuelta olímpica por el estadio Mario Alberto Kempes, algo que generó la ovación de toda la gente. Luego del partido, fueron a los hoteles de los futbolistas, en donde brasileños y argentinos se sacaron fotos pidiendo justicia por Daniel.

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Desde este 11 de julio que se juega la Copa Daniel García. Allí, veinticinco chicos de ocho años jugaron en Lugano un torneo relámpago de dos horas con el valor que más recuerda Liliana de su hijo como bandera: respetar al otro. Allí se levantaba al rival si había una falta, se hacía una ronda previa en donde se saludaban todos y se abrazaba obligatoriamente a quien hacía un gol. “Cada aniversario siempre es un día feo, con lluvia y con muchas sensaciones. Este torneo fue algo distinto, fue una sorpresa, una alegría y una forma de mostrar que el mensaje educativo de Daniel sigue vivo. Lo recuerdo con mucha alegría y la mejor forma de homenajearlo es honrarlo con una sonrisa”.

Todos los años se jugará este nuevo certamen, en dónde cada chico que juegue se preguntará quién fue Daniel García, ese pibe que tenía tan sólo 19 años. Mientas tanto, Liliana Suárez no parará hasta que se reabra la causa y hasta que los culpables del asesinato de su hijo estén presos.

En definitiva, no parará hasta conseguir eso por lo que lucha desde el día en que le mataron a su hijo: que se haga justicia.

Independencia tomada

Los acaban de desalojar, piensan pelear por lo que les corresponde. Se trata de sus hogares, pagaban los alquileres hasta que se vendió la propiedad, y ahora solo les ofrecen la calle para vivir como opción. Se nos ocurre que este centenar de familias merecen una respuesta digna del Ministerio de Desarrollo Social del Gobierno de la Ciudad. 

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100 familias.

Hoy,22 de agosto, 100 familias, más de 350 personas, acaban de quedar en la calle.

Leés esta nota y ellos ya están en la calle.

¿Qué se siente?

Digo, ¿qué se siente estar en la calle?

Ariel cierra los ojos. Juan arquea las cejas hacia arriba. Beatriz tapa su labio superior con el inferior y levanta el mentón.

Cuatro años y algunos hijos después, ni se lo imaginan.

¿Tendrán viviendas los encargados de dar soluciones?

¿Podrán elegir dónde vivir?

¿Tendrán agua caliente?

¿Y calefacción?

Porque Beatriz, Juan y Ariel no.

Pensá que vos te enojás cuando lavan los platos mientras te estás bañando porque te sale un poco más fría…

¿Cuánta gente vivirá en los departamentos de Puerto Madero?

¿Habrá unos cien libres?

¿Tiene que ocuparse una nota de preguntarse esto?

Una escalera, perros, otra escalera, ropa tendida, una escalera más y la terraza del edificio desde donde se ve toda Balvanera.

“Nosotros no usurpamos este lugar, fuimos personas estafadas por las personas que regenteaban el hotel”.

Se nota que fue un hotel, los pasillos alargados y los cuartitos numerados, la cocina común, cuatro baños para todos, lo grande del lugar.

“No es que es estamos acá por gusto y por placer, solo lo hacemos por una cuestion de necesidad, y si nos dan una solución nos vamos a ir tranquilamente”.

Desde la terraza se ve que el edificio va de lado a lado de la cuadra.

Ariel señala a la izquierda: los vecinos coreanos del supermercado son los que compraron esta propiedad. Esta. La de esta terraza.

¿Vendrá algún tilingo energúmeno a decir, ahora, en esta situación, que “los extranjeros nos sacan las cosas a los argentinos”?

“No queremos quedarnos con una propiedad, lo que buscamos es una solución a nuestro problema”.

El problema empezó en noviembre de 2008, cuando las familias que vivían en este hotel familiar pagaron el alquiler del mes y, a los diez días, los gerentes avisaron que la propiedad había sido vendida y que las familias se tenían que ir.

El 20 de diciembre, los gerentes desaparecieron.

“Hemos quedado solos”.

Aparece Bruno entre las sábanas. Tiene 2 años, mocos. Cómo subió las tres empinadas escaleras es un peligro y un misterio.

El sentido común, la necesidad, la injusticia, la desesperación, los hijos, el futuro hicieron que 100 familias que se conocían lo necesario de la convivencia empezaran a organizarse para salir. Juntos.

“Hicimos reuniones, nos contactamos con abogados de movimientos que luchaban contra los desalojos, fuimos a la Defensoría, al Ministerio de Desarrollo Social”.

Pero la causa que estudiaba el desalojo, presionada por los nuevos propietarios coreanos, avanzaba.

“La única respuesta de Desarrollo Social fue que primero van a desalojar y después, afuera, se verá que van a hacer”.

Leyó bien: ésa fue la respuesta de Desarrollo Social de la Ciudad, y no de la policía.

Todo esto en 4 años.

Ése fue el tiempo que lograron estirar la causa judicial, hasta el 18 de julio de este año.

“Infantería, carros hidrantes”, enumera el recuerdo del desalojo Beatriz Agüero.

“Cerramos la puerta y dijimos que de acá no nos íbamos”.

Betty siente que tiene que dar una razón: “Porque toda la gente que vivimos acá ibamos a salir a la calle con una mano atrás y otra adelante, porque ningún organismo nos dio una solución”.

Pidieron entonces una prórroga al juez.

“Por lo menos hasta fin de año, porque los chicos van al colegio en la zona. Además que entendemos que hace mucho frio para sacar a los chicos a la calle”.

Pero la justicia es insensible.

El ultimatum sería el 2 de agosto.

El gobierno porteño ha tomado casi como un deporte el desalojo de familias de viviendas tomadas por la necesidad, al tiempo que no ha construido una sola casa en los últimos tres años: Más casas tomadas.

Betty tiene una teoría: “Desalojar gente lo toman como una administracion, un tramite administrativo. Nosotros somos número para ellos. No somos personas, gente enferma, niños: somos número”.

¿Qué son?

Juan:

-Tengo un recibo de sueldo de 1070 pesos, no es un recibo bueno, cobro el mínimo de todo, pero bueno, tengo un trabajo fijo.

-Yo ya estoy viendo un alquiler por Moreno, 1500 pesos.

-Pero de Merlo a Olivos, donde trabajo, tengo 3 horas y media.

-Y mi señora está haciendo la escuela acá en la calle Jujuy.

-Mi nena tiene 7 meses.

-Estoy pensando continuamente que me pueden desalojar, llegar y que mi familia no esté.

-Está dificil.

Lucio, que mide medio metro, se acerca con una bolsa enorme de pochoclos y dice: “¡Cojan todos los que quieran!”.

Es domingo, la mayoría de las familias está porque no se trabaja, hay asamblea.

Beatriz la lleva adelante. Levanta la voz y dirige el temario, pero todo el tiempo incita a los otros a que hablen y participen.

Su éxito no es total, pero alguno por allá, y otra por acá, se van animando.

Se discute cómo hacer pública la situación de esta casa, la única forma de estirar el inminente desalojo.

Se nombran a diputados, movimientos sociales, al periodismo.

Se da el alerta sobre una abogada particular que quiere aprovechar la situación y pide plata a las familias.

Se acuerda no dejarla entrar más.

Se planea un festival solidario.

Un corte de la avenida.

Se pregunta quién irá “mañana” a la Defensoría de la Ciudad.

Betty insiste: cualquiera puede ir, todos los que puedan.

Una mano allá, otra por acá, dos, tres, cuatro, cinco.

Un joven de no más de 15 años dice: yo también.

En Independencia 2969 los chicos se apuran para ser grandes, los más niños miran atentos y serios la ceremonia de la asamblea, y los grandes que discuten, en realidad, están pensando en esos hijos.

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Todxs somos trans

“Transformadora” narra la historia de María Eva Rossi, una docente de Bahía Blanca que visibilizó su identidad de género en el transcurso de su desempeño en el Instituto “J.C. Avanza”. Entre los testimonios, se dejan ver las múltiples transformaciones que María Eva produjo en su entorno.

Un muro inerte que pareciera hundir sus raíces blancas bajo el cemento se nos presenta como escenario para esta historia. Con su frialdad incorregible, inmutable, el mármol no revela pliegues; superficie lisa pura eterna resistente. Aunque le hagas cosquillas, no ríe; aunque lo rayes, no sufre. Los muros de mármol del Instituto de Formación Docente N° 3 “Julio César Avanza” de Bahía Blanca no sienten nada. A pesar de ser testigos de una de las actividades más movilizantes, como es la educación, se mantienen inalterables. Lo contrario podría decirse de esos cuerpos que recorren el edificio, que suben la escalera imponente a diario, que ocupan sus pupitres y dejan sus marcas en los pizarrones. Entonces, ¿la escuela se constituye por los muros que la sitúan y la delimitan?, ¿o por esas mujeres y hombres personas que le dan vida y sentido cada día? La escuela como institución, ¿se parece más a la inercia resistente del mármol o a la potencia creativa y la experiencia subjetiva de las personas?

“Transformadora”, el documental producido por Despertando a Lilith, narra la visibilización de la identidad de género de la Lic. María Eva Rossi, en el Instituto “J.C.Avanza” de Bahía Blanca, en el transcurso de su desempeño docente. Aunque mejor, se podría decir que trata sobre las transformaciones que esta docente trans generó en sus colegas y en la propia institución en la que ejerce.

La escolaridad puede pensarse como una práctica histórica que se ha cristalizado en un marco institucional particular y contingente; ni universal ni necesario, sino más bien uno entre posibles. En sí, la práctica educativa tiene la potencialidad de ser un motor instituyente para la constitución de nuevas subjetividades, nuevos modos de relacionarse e incluso para pensar otra sociedad. Sin embargo, la tensión radica en que, como institución, se presenta anquilosada, poco permeable a las transformaciones y contradicciones sociales de nuestro (y de todo) tiempo. Y más aún, si hablamos de la tradicional “integración”, o el actual modelo “inclusivo”, ¿qué pasa con los “otros” de la escuela, con esos impensables, ajenos, abyectos?

maria evaMaría Eva Rossi asumió y visibilizó su identidad de género a los 42 años, cuando volvió a su Bahía Blanca natal después de vivir y estudiar psicología en Nueva York. Antes de su transición, la conservadora ciudad del sur de Buenos Aires aún no atestiguaba ningún “caso” de transexualidad o travestismo. En algún sentido, María Eva abrió el camino, en una sociedad (con fuerte protagonismo de las FFAA y la Iglesia Católica) donde, en ese entonces, parecía impensable.

El documental, centrado en testimonios de estudiantes, docentes y autoridades del “J. C. Avanza” presenta sus paradojas; al decir de su directora: “Es muy difícil que, con una cámara adelante, la gente te diga algo fuera de lo políticamente correcto”. Entonces, pareciera que todos están más que cómodos con la presencia de María Eva, que “no cambió nada”. Ante esto, hay una docente que se juega a asumirse como “más estructurada” y reconoce lo mucho que le costó aceptar la transición de su colega. Su mayor miedo: cómo tratarla para que no se sintiera incómoda. Pronto, los pasillos las fueron encontrando y hoy reconoce haber aprendido muchísimo de ella, que trastocó su forma de ver y pensar las cosas. Otro docente, el único varón, afirma que, en general, las personas trans nos enfrentan con cuestionamientos sobre nuestra propia sexualidad, al mostrarnos lo arbitrario y artificial del paradigma al que todos pretendemos ajustarnos.

En la presentación de “Transformadora” en el Centro Cultural Tierra Violeta, estuvieron presentes Lohana Berkins, Marlene Wayar y María Laura Alemán, para intercambiar comentarios y experiencias en torno a la temática planteada por el documental. La mesa estuvo coordinada por Diana Maffía, la presidenta de la organización, y contó con la presencia de la directora del documental. En el debate, María Laura compartió una reflexión: “Cuando el docente dice que las personas trans despertamos cuestionamientos sobre la sexualidad de las personas, yo creo que en realidad los interpelamos en todos los aspectos de la identidad.” Para ella, todos y todas somos trans, en el sentido de que, a pesar de que la mayoría hace ajustes y adaptaciones para acercarse al modelo de lo que se considera normal y deseable, nadie se adecúa exactamente al paradigma y todos desbordamos los estereotipos.

escuelaLa problemática de fondo se relaciona con las limitaciones para el acceso y permanencia que las personas trans encuentran en el sistema educativo. Las burlas, el aislamiento o el acoso de sus pares; las trabas administrativas; el desaliento de docentes y directivos/as, o bien el rechazo por parte de las madres y los padres que forman parte de la comunidad escolar, se encuentran entre las principales causas de deserción. Debe entenderse esta problemática como parte de un entramado de exclusión y vulnerabilidad social, que se profundiza en la imposibilidad del ingreso al mercado formal de trabajo, la falta de vivienda y el no acceso a la salud. Las últimas estadísticas relevadas confirman los testimonios: el 64 por ciento de las encuestadas no culminó sus estudios primarios, el 84 por ciento no llegó al nivel secundario y sólo el 3 por ciento terminó sus estudios terciarios.[1]

Otro de los testimonios fue el de la hermana de María Eva, docente y exdirectora del Avanza. Entre sus palabras se colaron las lágrimas, mientras contaba que al principio, pensó en la posibilidad de pedir que la transfieran para evitar la situación. Admite que “le daba vergüenza tener vergüenza”. Cuenta las repetidas veces que entró a la sala de profesores y las estruendosas risas se silenciaron abruptamente, los comentarios por lo bajo, las miradas de reojo. Sin embargo, hoy se la ve segura, feliz de haber decidido acompañar a su hermana

Sobre la realización, Viviana Becker, una de las directoras, cuenta que “Lo hicimos con recursos propios, hace muy poco nos entregaron un subsidio con lo cual vamos a remediar parte de lo que fue gastado. Con pocos recursos económicos y de instrumentación, como no tener un trípode, un micrófono y a veces en mi caso particular una computadora acorde. Pero queremos que esas condiciones estén reflejadas en el documental porque es un trabajo político y que quiere mostrar que cualquiera de nosotras lo puede hacer y en cualquier plano”.

La historia de María Eva,  formadora de formadores, es también la historia sobre cómo encontrar una grieta e ir abriéndose espacio al interior de ella. Quizás se trate de eso, de saber reconocer los intersticios propios de cada sistema o institución y hacerlos propios, transformarlos, resignificarlos para que se amplíen y desestabilicen el orden instaurado. Todxs somos trans. Todxs somos transformadorxs.



[1] Berkins, Lohana (comp.) “Cumbia, Copeteo y Lágrimas.” Informe Nacional sobre la situación de las travetis, transexuales y transgéneros. ALITT. 2007

La dureza de las manos

Lo que alguna vez algún vecino llamó mano dura se convirtió hace tiempo en una práctica cotidiana conocida como Gatillo Fácil.
Lo que alguna vez algún vecino de ese vecino llamó mano dura se convirtió en un policía aplastándole los huevos a un pibe de quince años.
Lo que alguna vez algún vecino de ese vecino del otro vecino llamó mano dura se volvió parte de la peor pesadilla de una familia que perdió a su hijo porque su hijo, que no tiene la culpa de ser pobre y de no ser educado y de no tener para comer y de no tener plata para ser lo que una sociedad te pide que seas, decidió robar y alguien se abusó de él y lo mató.
Lo que alguna vez algún otro vecino de ese vecino del otro vecino llamó mano dura se transformó en una oportunidad para que las mismas fuerzas del Estado -con otras o las mismas gentes entre sus filas-, que en otro tiempo de la historia torturaron a 30.000 personas por pensar lo que pensaban, volvieran a desaparecer cuerpos.
Lo que alguna vez algún amigo de ese otro vecino del otro vecino llamó mano dura se volvió un plan sistemático de pibes desesperados a los que la policía obligó a robar para ellos y a liquidar, después, en caso de que no lo quisieran hacer, porque la voz social de esa mano dura desautoriza a cualquier pibe que quiera denunciar lo que quiera.
Lo que alguna vez algún compañero de ese otro vecino llamó mano dura se transformó en una injusticia de otra injusticia más grande: se empezó a matar pibes, a torturar pibes, no a cualquier pibe, por ser pobre, por -en eso, siendo un estado y no una esencia- drogón, por ser -ocasionalmente y empujado por las circunstancias- ladrón, por ser parte de una esquina, por ser una oportunidad de poder, por ser pobre.

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Yo estoy en huelga de hambre

La desaparición de Daniel Solano lleva 20 meses. Su padre hace 14 días está en huelga de hambre por irregularidades en la causa.  Siete policías detenidos y un aborigen que nadie encuentra en Choele Choel.

Desde hace 14 días Gualberto Solano, el papá de Daniel, está en huelga de hambre junto a Julieta Vinaya, mamá de Atahualpa Martínez Vinaya, otro joven asesinado en Viedma en 2008, y el abogado de la causa Sergio Heredia. Las razones son varias, pero hay una urgente: trasladaron a los siete policías imputados por el homicidio de Daniel (sí, se logró demostrar que lo mataron aunque el cuerpo permanece desaparecido) a la misma comisaría de Lamarque donde cumplían funciones. El traslado se concretó en una camioneta Traffic (y no en las celulares correspondientes) y durante los últimos kilómetros de llegada los policías gozaron de una caravana de familiares que festejaba su regreso al pueblo. El colmo del privilegio es que en esa Traffic viajaron junto a sus esposas y algunos otros familiares.

Lo peor no es esta situación puntual, sino que el cuerpo de Daniel Solano está desaparecido hace 20 meses y, si bien los abogados lograron imputar a 7 policías, la trama de corrupción y impunidad que descubrieron detrás de su asesinato involucra también a empresarios, fiscales y jueces.

La historia de la desaparición de Daniel pone a todos los supuestos que reúnen a las empresas, la policía y la justicia en una mafia criminal a escala pueblerina. Así: la empresa Agrocosecha S.A., comandada por los hermanos Gustavo y Adrián Lapenta, contrataba jóvenes del norte del país que viajaban hasta Río Negro a trabajar en la cosecha de frutas; el trabajo duraba una temporada de 6 meses y les prometían sueldos razonables y cómodas condiciones de vida; al contrario, los peones vivían en gamelas de más de 100 personas y los sueldos eran muy irregulares; en noviembre de 2011, Daniel Solano había cobrado 800 pesos por el mes trabajado, y empezó a organizar a sus compañeros para protestar; la noche del 4 de noviembre, lo invitan insistentemente a una fiesta a la que termina yendo, y en la que se consuma su muerte; a Daniel lo sacan del boliche dos policías que hacían de seguridad, y lo golpean junto a otros cuatro a la vuelta del lugar, donde muere; luego desaparecen su cuerpo; la justicia investigó primero la versión que sostenían los hermanos Lapenta: que Daniel había viajado a Neuquén; la coartada involucraba testigos falsos, además de las amenazas y presiones correspondientes; cuando el abogado Sergio Heredia llegó a Choele Choel, desandó ese camino logrando revertir los testigos falsos, imputar y detener nada menos que a siete policías, lograr que dos jueces abandonen la causa y que cierre la empresa Agrocosecha S.A., a la cual se investiga por fraude laboral.

La causa ahora parece haber llegado a una meseta, producto de tres cuestiones según Heredia:

-“La prima de la jueza está involucrada porque fue una de las abogadas de Agrocosecha”

-“No tiene apoyo político”

-“Quieren dar un mensaje de que si esto queda en la nada, hacen lo que quieren”.

Conviene aclarar que Gualberto Solano, el padre, mantiene un acampe en frente de la fiscalía desde hace 18 meses, esta es su segunda huelga de hambre, es invierno y él es un guaraní del norte de Jujuy, su salud es delicada, y no parece tener problema en demostrar que la injusticia también mata personas.

Yo no pude esquivar el disparo

En el medio de un clásico le pegaron un balazo en el pecho. A un jugador de fútbol la policía le había disparado a veinte centímetros de distancia. Azcurra perdió el conocimiento y una carrera que prometía futuro. Ahora lo cuenta en un bar de Mendoza.

Fue un ruido fuerte y seco que duró tan sólo un segundo, pero que lo escuchamos todos los que estábamos en el estadio Islas Malvinas de Mendoza. Los bomberos nos tiraban agua y sumado a la lluvia que caía casi no podíamos ver, pero el silencio que se generó en medio de los disturbios en la tribuna fue la clara señal de que algo grave había pasado.

Carlos Azcurra estaba en el piso, quieto. Inmóvil y boca abajo. Los jugadores – nuestros jugadores- estaban sacados, violentos contra los policías que nos estaban agrediendo desde el terreno de juego. Ya nada estaba relacionado al clásico que hasta hace segundos se estaba jugando. Godoy Cruz nos ganaba 3 a 0 a nosotros, a San Martín de Mendoza, pero el encuentro ya había perdido todo tipo de sentido por lo que acababa de pasar.

Mientras pedían desesperados la atención médica, confirmábamos que el defensor había recibido un balazo en el pecho por parte de uno de esos policías. El apuntado, que después nos enteraríamos que era el Cabo Marcial Maldonado, era escoltado por sus colegas y lo sacaban del lugar rápidamente. Mientras tanto una camilla improvisada se lo llevaba como podía hasta la ambulancia. Me fui de la cancha sabiendo que estábamos a punto de descender del Nacional B, pero sobre todo no pudiéndome sacar de la cabeza ese disparo fuerte y seco y la imagen de ese cuerpo inmóvil.

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Me enteré que estuvo diez días en terapia intensiva y que recién al tercero pudo recobrar el conocimiento. Se despertó totalmente entubado en una clínica de la capital mendocina y sin recordar absolutamente nada de lo que había pasado. “Lo último que me acuerdo es ir a donde estaban los policías para intentar frenarlos porque en la cancha estaban mi Papá y mi sobrina. Después nada de nada, todo en blanco”, recuerda sentado en un bar céntrico de Mendoza.

Lentamente, los médicos le fueron contando. Que estaba jugando al fútbol y que un policía le disparó, estando a tan sólo veinte centímetros de distancia. “No lo podía entender, no me entraba en la cabeza por qué me había pasado esto y por qué había recibido un tiro”, dice, intentando explicar cómo se había llegado a esa situación.

El balazo fue muy contundente. El primer parte médico decía que tenía fracturas costales, un desgarro en el pulmón derecho y otro en el lóbulo inferior. Además que padecía una contusión hepática. Los médicos lo tuvieron que operar, casi que inmediatamente, porque su estado de salud era demasiado grave. “Me dijeron que zafé de milagro, pero perdí el 30 por ciento de ese pulmón derecho. El cuerpo me quemaba y el dolor era insoportable, casi no podía respirar”, rememora el hombre que tiene 35 años.

Lo más duro, dice, fue cuando le confirmaron la noticia que, por como venía la mano, ya se imaginaba: que era muy probable que no pueda volver a hacer deporte en toda su vida. “Me mencionaron que con la capacidad toráxica que perdí no iba a poder aguantar jugar de manera profesional y que corría riesgos de vida si lo hacía. Así que me prohibieron volver a entrenar, de un día para el otro perdí toda la rutina de mi vida. Fue un golpe”, señala en voz muy baja y hablando más pausado de lo habitual.

Cuenta, además, que mientras le decían eso en la televisión pasaban la repetición del momento del disparo y que todo le parecía irreal, como algo que no le estaba pasando.

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Al momento del disparo, Azcurra tenía 27 años. Jugaba, por primera vez en su carrera, un torneo en el Nacional B con San Martín. Soñaba con jugar en Primera o con pegar el salto y hacerlo en el exterior, pero lo ocurrido el 11 de Septiembre de 2005 le puso un freno a sus ambiciones. “Me quedaron varios objetivos por cumplir, siento que me cortaron mis proyectos, pero por otro lado tengo que agradecer estar con vida”, dice quién llegó a ser el sub capitán del equipo y que pese a lo que pensaban los médicos, pudo volver a jugar.

Sí, tras cinco años de angustias se pudo volver a calzar los botines. Ya no con la camiseta de San Martín, que increíblemente lo dejó libre y debiéndole dinero, sino con la de Deportivo Maipú, que juega en la misma provincia y se encontraba en el Torneo Argentino B. “Volver a sentirte jugador fue algo hermoso, volver a entrenar, volver a sentirme importante. Fue muy lindo, pero que me costó mucho”, recuerda y dice que pudo haber vuelto antes, pero que no se sentía preparado psicológicamente. “En todo ese momento del medio no tenía ganas de nada, estaba desganado, triste, pero gracias a mi familia pude salir adelante”, cuenta y dice con una sonrisa que tiene una nena de cuatro años.

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La recuperación la hizo en Capital Federal. A los diez meses del balazo, estaba instalado en pleno centro para rodearse de médicos, como parte de la indemnización que le tuvo que dar la AFA. “En eso puedo decir que se portaron bien conmigo, porque me lo pagaron completamente, pero quería hacerlo en Mendoza con mi familia y no me lo permitieron”, asegura Azcurra que en su posición de zaguero central siempre tuvo como referente a Roberto Ayala y que actualmente le gusta mucho Rolando Schiavi.

El juicio finalizó a fines de 2009. El Cabo Marcial Maldonado – que ya había sido separado previamente al hecho por varios incidentes – fue condenado a la pena mínima de dos años y nunca cumplió la pena de cárcel efectiva.”A mí no me cambiaba nada si iba preso o no, él mandó su disculpa y de alguna forma lo perdoné, pero mi mayor preocupación pasaba porque el Estado me diera el dinero que me correspondía porque ellos no me cuidaron. Quería que finalice el juicio lo antes posible, porque quería cerrar esa etapa de una vez”, cuenta el jugador que recibió 300 mil pesos y que con ese dinero puso un local en su Mendoza natal.

El Cabo Marcial Maldonado continúa formando parte de la fuerza policial mendocina.

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En los momentos en los que no podía entrenar, no perdió el tiempo y se puso a estudiar para ser entrenador. Tras tres años y un corto período como director técnico de El Algarrobal en la Liga A mendocina, se recibió. Para cuando se retire, tiene pensando empezar a dirigir inmediatamente y asegura tener un modelo a seguir en un hombre al que admira mucho: Marcelo Bielsa. “Siempre me gustaron sus equipos por la valentía que tienen de atacar en todo momento. Me gusta cómo plantea los partidos, que intente siempre ser el conjunto protagonista y por sobre todo cómo trata con respeto a todos”, cuenta, más risueño, mientras agrega que ve mucho fútbol para tratar de seguir aprendiendo.

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Tras jugar un año y medio en Deportivo Maipú, pasó por una temporada a Huracán las Heras, también en Mendoza y en el Argentino B y luego por otros doce meses en Trinidad de San Juan, de la misma categoría. Actualmente juega con 35 años en Centro Empleado de Comercio de Mendoza y viene de salir campeón del torneo del interior. A partir de agosto volverá a jugar el Argentino B. “Me nombraron como uno de los mejores del torneo y pude lograr el objetivo de salir campeón, es una alegría que pensé que no la iba a volver a vivir”, rememora y dice que desde que volvió a las canchas no se perdió ni un partido: que nunca se lesionó.

“Estoy grande ya, cuando veo a un joven que recién arranca y que se angustia por alguna lesión que lo deje un mes sin jugar, le cuento mi historia para que sepa que lo de todo pasa muy rápido y que no se tiene que volver loco. Que me tuve que armar de paciencia y de cinco años para volver y con eso los calmo y les saco una sonrisa”. Carlos Azcurra, un hombre que estuvo muy cerca de la muerte, muy cerca de dejar el fútbol para siempre, pero que renació y que todavía quiere recuperar los sueños que le habían arrebatado de un balazo. Mientras tanto, saluda y se va a continuar con esa rutina tanto le agrada y que pensaba perdida: entrenarse.

La calle es nuestra, y la fiesta también

Las callecitas de Buenos Aires tienen ese no sé qué… Lo que seguro tiene es música. Jamaicaderos se encarga de ponerle ritmo a los domingos porteños. Con decenas de denuncias que caen sobre ellos, sus instrumentos no se callan y sus voces tampoco: “La calle es un lugar para compartir el arte, defenderlo y romper las desigualdades“. 

“¿Esto es un Clarinete?”, señala un señor de pelo blanco que nos habla de su edad. Cuenta que él tiene uno, del mil novecientos, lo dice agitando la mano indicando tiempo atrás, mucho tiempo atrás. Uno de los músicos entre sorbos de té, mientras sostiene una porción de torta que acaba de comprar a una vendedora ambulante, le recomienda lugares para repararlo. La charla termina cuando se ofrece a ir con él para que no corra la mala suerte de que lo agarre un trucho y lo cague.  Les pregunto si siempre se generan cosas como estas. “Siempre”, me dicen. La gente llega, se acerca, asoma preguntas, algunos se quedan, otros se van, pero nadie puede no notarlos. Los que pasan por la calle Defensa al 1100 no tienen forma de evadir la fiesta de Jamaicaderos, porque ellos se convierten en la calle.

Nueve personas y sus instrumentos toman la forma de la persiana que le hace de escenario, de los adoquines, de lo estrecho del camino, de algún grafiti que anticipa que ese espacio tiene mucho de ellos. Juntos, Topo y Bochi en saxo, Javi en bajo, Mati y Dani en guitarra, Pablo en batería, Amaru en teclas, Agustín en percusión y Juan en trombón toman la forma de Jamaicaderos para prolongarse en música por San Telmo.

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jamaicaderosMientras arman el sonido, una pareja de músicos sentados en la mano de enfrente tranquiliza la tarde con melodías que relajan. Terminan coordinados. Sus últimos aplausos dan la bienvenida a los de la otra vereda, paradójico que en realidad todos estén en la misma. “Son códigos”, me dice un rato más tarde la chica del dúo que se queda a escucharlos y a bailarlos. Me habla del instrumento ancestral australiano que estaba tocando, de sus posibilidades, de que ellos hacen música más tranqui y de que “Jamaicaderos es una fiesta”.

La pierdo bailando entre la gente, que incluso antes de que suene el primer tema se amontona haciendo un semicírculo. Parece que enchufar los instrumentos los vuelve imanados, todos caminan hacia ellos, gente en situación de calle, turistas, parejitas que pasean a los besos, familias enteras, vendedores que comparten mate. Jamaicaderos parece igualarlo todo y a todos.

 –          ¿Qué significa la calle para ustedes?

–          La calle es un lugar para nosotros con mucha magia y energía donde se puede compartir el arte y la cultura, defenderlo entre todos y romper las desigualdades. Es decir, poder compartir con gente que ocasionalmente pasa, desde quienes viven en la calle hasta un turista adinerado y también algún músico que siempre tiene las puertas abiertas para sumarse a tocar. Es un lugar donde el abanico de posibilidades se multiplica y es un lugar muy importante para que todos sean conscientes que desde acá hay que defender el derecho al arte y la cultura.

Arranca la música y los cuerpos le dan combate al frio invernal. De a ratos los vientos se apoderan de todo. Todavía nadie le habló al micrófono. Las palabras llegan entre los intervalos y cachetean.  “Aunque nosotros hacemos música instrumental, entre tema y tema queremos siempre decir lo que nos conmueve, lo que nos atraviesa, lo que nos preocupa de un montón de cuestiones que están alrededor nuestro, queremos seguir siendo permeables y queremos que la música también actúe en consecuencia, acompañando, abrazando a alguien, dándole una mano, cambiando un estado de ánimo, dando fuerza y concientizando sobre todo”. En la primera pausa, la banda nos habla de la defensa del libre acceso a la cultura, de la posibilidad de estar ahí, todos juntos, bailando. De la lucha que eso implica.

Fotos: NosDigital
Fotos: NosDigital

Hablan entre líneas de las muchas contravenciones que les llegaron, principalmente por ruidos molestos. Ruidos molestos, un domingo, en San Telmo, con la calle llena de gente y de arte. ¿Ruidos? ¿Molestos? De todos modos la lista sigue: “A veces fueron por usurpación de espacio público, en otros casos hasta por venta de mercadería ilegal porque dicen que nuestros cd son mercadería ilegal, y los más disparatados cuando tocamos por Florida, que hay muchos bancos, porque instigábamos a las salideras bancarias”.

Me alejo dos locales. Hay en la puerta de un comercio un señor que mira la situación, atento. ¿Los conoce?, le pregunto. Las respuestas llegan como vómito. Me dice que fue a verlos alguna vez, que le gustan, pero que son insoportables. Debe haber notado mi cara de desconcierto porque aclara que le gustan para un viernes a la noche pero no para un domingo mientras él está trabajando. Dice que cuando los clientes entran a su local, principalmente extranjeros, se le complica el inglés por los ruidos. Que es ilegal porque venden cd. Que así no va. Que hacen lo que quieren.  Que tienen mil denuncias, pero que se quedan porque son guapos. Que cuando viene la policía agarran el micrófono, empiezan a decir lo de la libre cultura y se ponen a la gente de su lado.

 –          ¿Qué significa la cultura para ustedes?

–          Nosotros la entendemos como algo abierto, absolutamente relajado, accesible, tangible y alcanzable, no arancelado, sino que esté desparramado por las calles, por las plazas, en diferentes formas.

La gente sigue llegando, y la defensa del espacio se convierte en una tarea de todos. Si son más los que se frenan a escucharlos, más son los que le dan la importancia que merece a la música en la calle, los que se suman al grito de que es necesario, de que no se trata de ruido, y mucho menos de ruido molesto. Es mucho más fuerte la exigencia a cumplir el artículo 32 de la Constitución de la Ciudad de Buenos Aires, que entre varias cosas garantiza la libre expresión artística, prohíbe la censura, impulsa la formación artística y artesanal, protege la pluralidad. Es mucho más fuerte también el pedido porque se respete la Ley 4121 Artículo 15, que aclara que mientras no se exige contraprestación pecuniaria, la actividad de los artistas callejeros no constituye una contravención.

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–          ¿Cómo definen lo que se genera?

–          La palabra clave es compartir acá y es justamente la que queremos cambiar frente a un montón de lugares en donde quieren bajar línea que la clave es competir.

Vuelvo con el comerciante que señala el grupo de gente y me dice que él no quiere eso, no quiere ver culos, quiere ver ojos que miren su vidriera. Pide disculpas por decir culo, solo por haber dicho eso.

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