Desidia en sangre

Empresas con fondos públicos que no reparten suficiente agua + falta de obras públicas + fábricas que contaminan los ríos + organismos estatales con presupuestos millonarios que hacen nada = plomo en sangre.

Pb: El plomo es un elemento químico de la tabla periódica, su número atómico es 82 según la tabla actual. El plomo es un metal pesado.

Eso es lo que los pibes de Villa Fiorito tienen en la sangre: metal pesado.

Y es que los muchos problemas ambientales que sufren los habitantes de Fiorito no sólo se huelen y sienten, si no que ya están instalados en los cuerpos de pibes y adultos, tanto que se leen en sus análisis de sangre.

Pero el plomo en el cuerpo de los nenes pobres no queda sólo ahí, fluyendo en su torrente sanguíneo: afecta su capacidad de aprender, de desarrollarse, de jugar, de vivir.


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plomo en sangre

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Cómo contaminan los cuerpos

Tamara vive en una casa de chapa, madera y cartón pegada a la fábrica Camilo Ferrón S.A, que produce margarina. Además de producir un ingrediente para ricas tortas, Camilo Ferrón S.A. tira sus desechos por una tubería que da a la casas de vecinos de Fiorito, y lejos de endulzarles la vida, se las llena de olor a mierda.

“A veces no podemos ni comer del olor que hay acá” cuenta Tamara con su beba Aymara en brazos. Otros vecinos asienten y cuentan cómo amanecen con una capa de polvo parecida a una telaraña que lo cubre todo, o cómo a veces de las chimeneas salen despedidas cantidades de una sustancia que parece arena. Y además de su palabra, en el piso de tierra se ven las manchas negras que deja la grasa que esta fábrica desecha en las calles del barrio.

plomo en sangre
Algunas casas están pegadas al paredón de la fábrica. Fotos: NosDigital.

Mirta, otra vecina de la fábrica, imita el sonido del agua fluyendo carraspeando con los labios, para mostrar cómo es el ruido que escucha todas las noches, cuando la fábrica abre la canilla y tira sus desechos tóxicos por una tubería que da a la calle Esquel de Villa Fiorito.

Camilo Ferrón S.A. es una de las muchas fábricas que lanzan sus desechos al Riachuelo, contaminando el agua y los suelos de la cuenca del Arroyo Matanza-Riachuelo. En esos suelos viven Tamara, su beba Aymara, Mirta y unas 3 millones de personas más. Un 10 % de la población de la Argentina, ubicada en un 0,1 % del territorio nacional. Todos ellos son habitantes de barrios que descansan sobre la cuenca del rio.

Los hijos de Tamara tienen plomo en sangre, al igual que la mayoría de los pibes de la zona. Los datos con los que se cuentan para analizar el alcance del plomo en los cuerpos de los chicos se desprenden de una campaña que realizó en el 2011 Médicos del Mundo, el Foro Hídrico de Lomas de Zamora, vecinos y docentes en Villa Lamadrid (pegada a Villa Fiorito). De esa campaña se desprendió que el 85% de los pibes de Lamadrid tienen plomo en sangre.

Las cifras oficiales también existen, ya que la ACUMAR (Autoridad de Cuenca Matanza Riachuelo) tomó muestras de sangre el año pasado a cientos de chicos en Villa Fiorito. ¿Los resultados? Se los mencionaron oralmente a las familias, no les entregaron los análisis, y nunca fueron difundidos.

La ACUMAR es la responsable de sanear la cuenca donde viven todos esos pibes con plomo en la sangre. Para eso tiene un presupuesto millonario (según la Auditoría General de la Ciudad de Buenos Aires la ACUMAR recibió $ 1.412.824.856,00 entre el 2010 y 2013, de parte de Nación, Provincia y Ciudad de Buenos Aires). Pero cuando le preguntas a Tamara si sabe qué es la ACUMAR, no la conoce. Por su casa nunca pasaron.

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Este pasillo se extiende paralelo al paredón de la fábrica y allí viven cientos de familias. Fotos: NosDigital.

Por su casa sí pasó Maria Eva Koutsovitis, integrante del Foro Hídrico de Lomas de Zamora e ingeniera del Departamento de Hidráulica de la UBA. El Foro, con el apoyo de otras organizaciones barriales, viene investigando desde hace catorce años la situación sanitaria en los barrios: un combo explosivo de napas contaminadas y falta de infraestructura.

Maria Eva sabe explicar por qué la contaminación manda en la cuenca del Matanza-Riachuelo. Mientras camina por las calles de Fiorito, entre charla y charla con los vecinos, se detiene a narrar cómo es la situación sanitaria de los barrios de Cuartel Noveno:

“El principal problema no es la falta de agua, lo que sucede es que la oferta de agua es insuficiente.  Algunos barrios no tienen red y un camión entrega agua o hay una canilla comunitaria. AYSA entrega 20 veces más agua por habitante por día en Capital que en la zona de Cuartel Noveno (compuesto por cinco barrios del sur de Lomas de Zamora, Villa Fiorito y LaMadrid entre ellos)”.

Luego de aclarar ese punto, lanza el dato: A Capital llegan 700 litros por habitante por día, en estos barrios menos de 35. La fuente de agua potable siempre es la misma, la planta San Martín. Solo que hay una decisión política de parte de AYSA que, cuando toda la normativa internacional establece que como mínimo que las empresas distribuidoras deben hacer llegar 150 litros por habitante por día, envía veinte veces más agua a Capital que a estos barrios carenciados y vulnerables.

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Suelos contaminados. Fotos: NosDigital.

Eva sigue con su relato: “Esto se refleja en que todos los veranos cuando aumenta el consumo se quedan sin agua. En esa zona, como son barrios que se encuentran en la rivera, las napas están muy altas, casi al nivel del terreno, porque hay una continuidad entre el agua del lecho del rio y de la napa. En estos barrios si haces un pozo a pocos centímetros encontrás agua”.

En los barrios de Cuartel Noveno no hay cloacas, por lo que todos utilizan pozo ciego y los desagües son las zanjas en la vereda.  Los pozos ciegos en lugares de napa alta no tienen ningún sentido, ya que las cámaras donde se tira el desecho están continuamente inundadas y se mezcla con el agua de la napa. Además, como continuamente se quedan sin agua, los vecinos pinchan directamente el caño de agua para sacarla con motores.

“Esta situación de ausencia de cloacas, pozos ciegos colapsados, desagües en las zanjas de las veredas, lo que determina que la tierra y las napas estén contaminadas con liquido cloacal. Entonces cuando los vecinos chupan el agua de los caños y esos caños están inmersos en esa napa, arrastran todo el agua que tiene la napa, que como mínimo tiene liquido cloacal”, remata la ingeniera.

Entonces, hasta ahora tenemos: Una empresa con fondos públicos que no envía suficiente agua y falta de cloacas y desagües (obras públicas), que juntas provocan que el agua que toman los vecinos esté contaminada con mierda, y otras sustancias.

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Impossible is nothing. Fotos: NosDigital.

¿Qué son esas otras sustancias? Todos los químicos que las empresas como Camilo Ferrón S.A. tiran al río, que contaminan no sólo las aguas en las que caen si no también el de las napas, en constante conexión con el río.

“En esas napas encontrás plomo, cromo y mercurio, que por supuesto están contaminando las napas y los suelos. El agua de esas napas arrastra todos esos metales pesados más el liquido cloacal. Cuando llueve no hay desagües, entonces desbordan las napas y la gente se inunda con el liquido cloacal, con plomo, mercurio, cromo y todo tipo de metales pesados”, redondea  Maria Eva.

Los vecinos de la zona saben sin toda esta explicación que toda el agua que los rodea está contaminada, lo constatan día a día con la cantidad de enfermedades hídricas que sufren: Cuando a Tamara se le pregunta si ella y sus hijos sufren de forúnculos y diarreas, asiente resignada: estas enfermedades son moneda corriente para ella y sus vecinos.

“Toda esta población está enferma y sometida a unos niveles de contaminación muy extremos” señala Eva, mientras enuncia otras enfermedades comunes: cáncer, muchisimos casos en adultos y púrpura, una enfermedad autoinmune muy rara.

El nivel de contaminación de los cuerpos no sólo se hace tangible en análisis y síntomas, se hace ver hasta en las charlas entre vecinos: “Aquel pibe de allá tiene 10 en sangre”, “mi hijo y yo tenemos 11 de plomo en sangre”. Se cuelan en las conversaciones estas cifras que también señalan lo cotidiano de esta problemática: vivir contaminado, que tus hijos tengan metal pesado en la sangre, es casi una condición inherente de habitar el lugar donde pudiste construir tu casa.

La Organización Mundial de la Salúd establece que el nivel de plomo en sangre tolerable para un humanos es 5 ug/dL (microgramos de plomo en un decilitro de sangre). El plomo es un metal pesado que no juega ningún papel en la fisiología humana, por lo que su nivel ideal en sangre debería ser cero. El plomo que contamina el suelo y el agua ya ingresó en los cuerpos de la gente, hasta bebes de 10 meses tienen niveles muy elevados: el plomo se va incorporando al organismo de manera progresiva, cuanto más tiempo estás expuesto mayor concentración de plomo tenés.

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Quiénes contaminan los cuerpos de los pibes

No hace falta mudar a Tamara y a sus 60 mil vecinos de Villa Fiorito para resolver este problema. Lo que se necesita es que las empresas sobre la cuenca del matanza riachuelo sean trasladadas, que AYSA ejecute las obras de cloacas, desagues y mande el agua suficiente para todos y que la ACUMAR haga su trabajo y se ocupe de la extrema situación sanitaria que viven todos los habitantes de Cuartel Noveno. Esa mezcla de ingredientes con una pizca de voluntad política de los Municipios y del Estado Nacional teminarían con este genocidio silencioso de pibes pobres.

Cuando el Foro Hídrico de Lomas de Zamora acompañado con otras organizaciones sociales le exigieron a AYSA que ejecute las obras necesarias para garantizar cloacas, desagues y agua, la empresa les contestó que esperen veinte años a que se ejecute una mega obra que tienen en sus planes. “¿Nordelta abrá esperado 20 años para que les lleven agua potable y cloacas?”, se pregunta Maria Eva, cuando cuenta sobre la insólita respuesta de la empresa.

“Concentraciones bajas de plomo en sangre con suplemento de hierro y una dieta rica en hierro puede mejorar mucho la situación”, explica Eva. Desde el Foro exigen a la ACUMAR,  al gobierno nacional, provincial y municipal que se le entregue un subsidio a las familias afectadas con la problemática del plomo en sangre y que se les facilite el acceso a una alimentación adecuada y a un médico de cabecera por familia que monitoree permanentemente a los chicos. Ademas, piden que en la zona de Cuartel Noveno se construya un centro de alta complejidad, especializado en este tipo de problemáticas que padecen todos los que viven en estos barrio.

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“Ahora abrieron un salita acá cerca, pediatría debería atender todo el día pero nunca están, si a tu nene le pasa algo tenes que salir corriendo a Caraza y andá a saber si llegás”, resume Tamara, por si quedaban dudas sobre si se hizo o no el centro de alta complejidad.

Los poderes privados y estatales no sólo no hacen ninguna de estas obras, si no que persiguen a los militantes que las exigen. Teléfonos pinchados, amenazas, ventanas rotas. Cuando el Foro y otras organizaciones del barrio relizaron la campaña en Villa Lamadrid que arrojó las escalofriante cantidad de pibes con plomo en sangre, el director de la unidad sanitaria de la ACUMAR llamó a la escuela donde se realizó la campaña, intimidó a la directora y le exigió que le diera los apellidos de los médicos que habían tomado muestras de sangre y la afiliación política de los militantes que llevaron a cabo la campaña.

“Nos amenazaron con aplicarnos la ley anti terrorista, por terrorismo ambiental. Nosotros lo que hicimos fue una publicación que enviamos a un congreso internacional en Chile para poder legitimar el laburo que veníamos haciendo y que no nos acusaran de ser terroristas”, explica Eva. Y una pregunta más que obvia florece del barro contaminado de la cuenca del Matanza Riachuelo: ¿Tanto quilombo por difundir la conocida problemática de plomo en sangre?

El tolueno es un hidrocarburo aromático que se produce a partir del benceno. Con el tolueno puede fabricarse TNT, colorantes, detergentes y productos aromáticos. Y también merca, mucha merca. Algunos pibes de Cuartel Noveno tienen, además de plomo y otros metales pesados, tolueno en la sangre. En la tarea de buscar los motivos de las exageradas agresiones, este químico que flota por la sangre de los pibes es una perversa pista.

Las consecuencias de estar contaminado con plomo se ven en la escuela, en la dificultad para aprender y para desarrollarse como cualquier persona que no vive en una tierra podrida por la mierda que tiran las empresas y olvidada por el Estado.

Una parte de Villa Fiorito. Fotos: NosDigital.
Una parte de Villa Fiorito

Llenos de agua podrida

Cuando el capital inmobiliario es el que decide cómo se organiza el territorio, las casas de la gente se llena de agua podrida. Varios barrios de Luján sufren las consecuencias de  la construcción barrios cerrados sobre humedales y se inundan varias veces por año. Cómo se llegó a esto, quiénes son los responsables y qué pasa en los barrios afectados.

Este es un mensaje para Daniel Scioli de parte de Carolina, desde su casa en el barrio Padre Varela, Luján:

“Más que una cuestión climática es una cuestión de lo que ustedes están haciendo mal. Yo empecé a ver las inundaciones cuando construyeron la quinta del sindicato de taxistas acá al lado, son cosas que se están haciendo por el costado para beneficiar a unos y perjudican a los otros. Te indigna ver las imágenes de los countries con la gente en los lagos, con los patitos. Ellos muy lindos con su laguna de fantasía cuando nosotros estamos llenos de agua podrida. Ustedes se llenan sus bolsillos antes de preocuparse por los que menos tenemos.”

A Carolina le llegó el agua hasta casi el techo en las inundaciones de principios de agosto. Una semana hasta poder sacarla de su casa. Pero no es la primera, ni la segunda vez que ella y sus vecinos tienen que volver a empezar: Sólo el año pasado se inundaron seis veces.

Al barrio Padre Varela lo atraviesa el arroyo Gutiérrez, que tiene salida al río Luján. A este arroyo van a parar las aguas que bajan de los canales ilegales que mandan a construir los dueños de los campos, y cuando ese agua llega al río Luján, no puede escurrirse libremente porque más abajo, a la altura de Pilar, las urbanizaciones cerradas destruyeron los humedales (que el río ocupa cuando está desbordado) y generan un tapón río abajo. Entonces el arroyo Gutiérrez empieza a subir irremediablemente con destino a las casas de la gente. De la gente que no vive en estas urbanizaciones que para, justamente, no inundarse, están sobre terrenos elevados artificialmente varios metros.

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Algunas casas del barrio Padre Varela están pegadas al arroyo Gutiérrez. Fotos: NosDigital.

No sólo el Barrio Varela se inunda varias veces por año, también los barrios San Fermín, La Loma, Santa Marta, Barrio Universidad, Los Laureles. Todos pertenecientes al municipio de Luján. Algunos pegados al río y otros ni siquiera. Estos últimos se inundan porque el agua de lluvia no encuentra cauce hacia el río: se lo tapa emprendimientos como, por ejemplo, la quinta del sindicato de taxis.

Rebobinando: Cómo se llegó a esto

En la otra punta del área metropolitana de Buenos Aires, en La Plata, Patricia Pintos, geógrafa e investigadora de la Universidad de La Plata, retrocede en el tiempo para explicar cómo y por qué llegaron las mega urbanizaciones privadas sobre los humedales.

“Los ‘90 son una inflexión en la forma en la que la cuenca del río Luján se articula al aglomerado metropolitano”, puntualiza. Antes de llegar a esta afirmación, la geógrafa y autora de La privatopía sacrílega, efectos del urbanismo privado en humedales de la cuenca baja del río Luján, explica que las corrientes de inversión de los años ‘90, a través de las autopistas, incorporaron territorios que antes parecían lejanos. “Ese cambio en la forma de circulación ha permitido que la ciudad perdiera ese carácter compacto que tenía durante la etapa del modelo de ciudad del loteo popular, que arranca en los años 40 y avanza hasta el 70, y empieza a crecer el AMBA en esos territorios de borde”.

Los loteos populares configuraron al conurbano como lo conocemos hoy: grandes extensiones de tierra que eran subdivididas por sus dueños y compradas a costos accesibles por los trabajadores. El loteo popular era lo que garantizaba el acceso masivo al suelo por parte de los sectores populares . Esa manera en que la población fue ocupando el territorio cambió drásticamente en el 77 con la última dictadura militar, a partir del Decreto – Ley 8912, aún vigente.

“El loteo popular no tenía las regulaciones que establecían la altura de los terrenos, el tipo de servicios que tenían que tener y demás. A partir de la ley 8912 se establece claramente que el suelo que se produce tiene que estar en un área no inundable, y tiene que estar provisto de las condiciones de urbanización previa a la comercializaciones, apertura de calles, servicios de infraestructura, etc”, explica Patricia.

Al cambiar las reglas del juego y establecer que los suelos que se coloquen en el mercado tienen que estar dotados de todo esto, la tierra se encareció mucho y los sectores populares perdieron la posibilidad de acceder al suelo por las vías formales. O sea: se los relegó a la toma. “Lo que pasó es que el mercado formal del suelo pasó a estar comandado a una oferta para los sectores medios y altos. Y este es el momento en el que emerge como producto dominante la urbanización cerrada. Esto es así desde los 70, pero claramente en los 90 se da el patrón definitivo de expansión de la ciudad”, redondea la investigadora.

Marcas de agua que ya son parte del decorado.
Marcas de agua que ya son parte del decorado. Fotos: NosDigital.

Ya eran muchos, y en el 99 llegó Nordelta.

La empresa Consultatio, gerenciadora de Nordelta, inaugura una nueva modalidad de la urbanización cerrada. Hasta ese momento eran lotes grandes con buenas condiciones de accesibilidad, rodeados de murallones, pero no tenían una localización específica. Y ahora sí la tienen, porque a Consultatio se le ocurrió construir un mega barrio… Arriba de los humedales y las planicies de inundación.

(Por si algún distraído todavía no sabe lo que son los humedales: son ecosistemas hídricos, de vital importancia, que cuando el río crece funcionan como una esponja reteniendo el agua de la crecida, además de otras características también muy importantes, como la de purificar el agua que luego regresa el río o baja a las napas.)

Se instalan ahí no sólo porque son lugares hermosos o para acceder directo desde el emprendimiento al río: “Lo hacen sobre todo porque los humedales tienen características y materiales que se pueden remover, a través de movimientos mecánicos de suelos, a los fines de producir un paisaje particular, que es el de las lagunas artificiales vinculadas al barrio cerrado”, explica Patricia Pintos. Con la tierra que sacan para hacer esas lagunas elevan los terrenos para evitar inundarse, de otra manera (dado a donde están localizados) se llenarían de agua cada vez que se produjera una inundación como la de principios de agosto, ¿o alguien alguna vez vió un countrie inundado?

“Lo que esto supone es una modificación del ambiente natural, que pierde la condición de ecosistema de humedal, de planicie de inundación que sirve para amortiguar las inundaciones y los eventos de sequía, de aprovisionamiento de agua de las napas subterráneas. Una serie de funciones que quedan destruidas por esta lógica que plantea el mercado inmobiliario, de hacer esos suelos habitables de acuerdo a un imaginario de paisajes acuáticos”, cierra la geógrafa, docente de la Universidad de La Plata, investigadora del CONICET y escritora del libro de referencia sobre los urbanismos del Luján, Patricia Pintos.

Camas en el techo para que el agua no se lleve todo,
Camas en el techo para que el agua no se lleve todo. Fotos: NosDigital.

Todo esto auspiciado por…

El Estado Nacional.

Los grupos inmobiliarios más grandes que llevan adelante estos empredimientos tienen sus raíces en la década del 70. Pentamar SA, DYOPSA, Supercemento SA, son empresas que en esa década fueron, en el caso de la primera, ganadoras de licitaciones del Estado para realizar obras hidráulicas de gran envergadura en el río Luján y, en el caso de las dos siguientes (que luego se unificaron), grandes beneficiarias de esas obras.

“En las próximas décadas estas empresas se encargaron no sólo de la construcción de los grandes rellenos, canales, marinas, obras viales y de infraestructura de redes y servicios destinados a las urbanizaciones cerradas, si no también de las grandes obras viales e hidráulicas que se realizaron en la zona, consecionadas por el sector público, pero de claro interés privado”, narra el prólogo de La privatopía sacrílega, enmarcando la rica cantidad de información que se extiende en los capítulos siguientes.

Supercemento-DYOPSA le vende a finales de los 90 la mitad de su empresa Nordelta SA a la empresa Consultatio SA, unos espaculadores inmobiliarios de primer nivel, que manejan acciones en la Bolsa de Buenos Aires y así financian sus compras y ventas de inmuebles. Pentamar, por su parte, se asoció en la misma epoca con la empresa desarrolladora EDICIO para lanzar la urbanizacón cerrada Santa María de Tigre. A partir del éxito logrado Pentamar adquirió unas 1200 hectáreas en tierras de los bañados.

En manos del capital inmobiliario-financiero, encarnado en estas empresas, queda planificar los territorios de Buenos Aires y su periferia, antes expertos en dragar ríos, hoy modifican los territorios que el río usa para extenderse en épocas de lluvia, construyendo falsos canales para que alguna gente navegue en yates lustrados.

Por fuera de las murallas que contienen todo el bello paisaje irreal que Consultatio y Pentamar construyen, viven los vecinos y organizaciones sociales que luchan y exigen medidas para protegerse de las consecuencias de estos desarrollos inmobiliarios. Y el Estado no brilla por su ausencia, todo lo contrario, es el que permite que las empresas gerenciadoras de los countries instalen emprendimientos de manera totalmente ilegal.

Porque para instalar una urbanización cerrada, las empresas primero deben tener del municipio la aprobación de localización, es decir, que el lugar donde quieren construir sea el adecuado. Luego deben ir ante las autoridades provinciales (la ADA, autoridad del agua, la OPDS, organismo para el desarrollo sostenible y los entes prestatarios de los servicios), con la zonificación aprobada por el municipio, a tramitar la factibilidad en cada uno de esos temas. Ahí tienen que obtener la prefactibilidad, en donde se va adecuando el proyecto a lo que va requiriendo cada organismo y luego obtiene un certificado de factibilidad.

En la práctica, las constructoras empiezan por el final de ese recorrido. Arrancan con la construcción y la venta de los lotes antes de obtener cualquiera de las autorizaciones obligatorias. Para abalar en los papeles este accionar, los municipios les otorgan ordenanzas de excepción para cambiar los usos del suelo y las autoridades provinciales les otorgan la factibilidad, con suerte exigiendo pobres medidas mitigadoras.

“El momento en que esto se produce, los 90, es un momento en el que el Estado se posiciona como un actor proclive a favorecer las dinámicas que promueve el mercado desarrollador inmobiliario. Se flexibilizan las normas, los procedimientos se desregulan, no se ejerce el poder de policía en el territorio”, contextualiza Patricia y remata, contundente: “Yo diría que en general este esquema de flexibilización de desregulación de un Estado, totalmente llamado a convertirse en colaborativo de la lógica desarrolladora de las empresas, ha devenido en que urbanizaciones que no se podrían haber realizado se hayan hecho”.

Las obras que propone ahora el Estado van por detrás del daño ya hecho y no hubiesen sido necesaria la inversión de millones de pesos si se respetara el marco regulatorio. Los humedales ya no pueden recuperarse.

Lo que sí se puede recuperar es la capacidad de gestión del Estado, recalca Pintos: “Hoy es el humedal, mañana puede ser otro recurso de la región. No podés dejarle más librado a los actores del mercado la capacidad de gestión. Lo que el Estado ha perdido es la capacidad de regular lo que pasa en el territorio. El Estado lo desligó en los ‘90 y dijimos que el neoliberalismo se terminó con la crisis del 2001, o se dice. Nosotros decimos que en el pos neoliberalismo son más las continuidades que las rupturas. Seguimos teniendo un modelo en el cual el Estado sigue jugándola de aliado al poder económico. Y las consecuencias ya se ven”.

Tanto abandonó el Estado la capacidad de regular lo que pasa en el territorio, tan parte es de la especulación inmobiliaria que sostiene a una gran parte del poder económico de este país, que ahora en la Cámara de Diputados de la Provincia de Buenos Aires está tratándose una Ley que termina de regalarle a los dueños de las topadoras lo poco que queda de verde en la provincia. Porque se está discutiendo el ordenamiento territorial de la Ley Nacional de Bosques, que consiste en mapa que identifica cuáles son los bosques nativos y zonas verdes que deben conservarse sí o sí.

¿Y adivinen qué? Este ordenamiento reduce a la mitad lo poco que queda de bosques nativos en la provincia y le termina de regalar la costa sur del Río de La Plata a los emprendimientos inmobiliarios, entre ellos a Techint y su “Nueva Costa del Plata”: la continuación de Puerto Madero en el sur, que ahora está detenida porque quiere realizarse sobre un bosque nativo, bosque que esta ley no reconoce.

Si esta Ley se aprueba, lo que las organizaciones ambientales de la provincia están tratando de evitar, se vienen más inundaciones para todos (los que no vivan en countries) en el sur del conurbano.

Vecino del barrio Padre Varela
Vecino del barrio Padre Varela. Fotos: NosDigital.

Qué pasa en los barrios afectados

“Las organizaciones sociales, de vecinos, han funcionado ocupando el vacio que dejó el Estado. En los últimos años han sido la voz en términos de establecer un equilibrio en lo que sucede en el territorio”, describe Patricia Pintos.

Hoy estos urbanismos privados ocupan más de 9 mil hectáreas de los municipios que de la cuenca baja del río Lujan. Más de 60 barrios cerrados y mega urbanizaciones privadas, estas últimas como Nordelta o San Sebastián, pequeñas ciudades de más de mil hectáreas cada una.

Por fuera de los muros está Martín, presidente de la Sociedad de Fomento del barrio Padre Varela, que describe ese lugar, donde vive y milita: “Los countries están en Pilar, río abajo. Río arriba tenemos los canales. La costa del río Luján está dos metros más arriba que el resto del barrio y tenemos, justo al final del Arroyo Gutiérrez, la quinta del sindicato de taxistas, que construyeron hace dos años y levantaron el terreno varios metros. Se acumula el agua antes de llegar al río, empieza a estacionarse en el barrio y no corre”.

Martín y Carolina caminan por su barrio y señalan hasta dónde llegó el agua en cada inundación: “Las inundaciones el año pasado fueron en febrero, abril, agosto, octubre y dos en noviembre. Lo que pasa de terrible es que una inundación grande como la del año pasado y esta de principios de agosto se daban cada 30 años, y ahora en 9 meses se volvió a repetir”.

Carolina se para enfrente de su casa y señala una parte que está en obra: “Mi necesidad ahora es terminar acá adelante para cuando venga de vuelta el agua y poder subir todas mis cosas. Ojalá que nos ayuden, nos den una mano, el municipio, la provincia, alguien”.  Martín, que además de ser el Presidente de la Sociedad de Fomento es militante de Patria Grande, le manifiesta: “Nosotros tenemos que hacer respetar nuestros derechos, tenemos que sacarles las cosas. No nos van a ayudar, lo ves todos los días”.

Ladrillos para irse para arriba
Ladrillos para irse para arriba. Fotos: NosDigital.

Cuando el agua del arroyo empieza a subir, los vecinos del Padre Varela buscan refugio en la Sociedad Fomento. Ahí reunidos y junto con otros barrios en la misma situación, le exigen al Estado:

“Las cuestiones de asistencia, colchones, agua, cloro, comida. En conocimiento que el problema son los countries en los humedales, y los canales clandestinos, obras para el río Luján y relocalización de los vecinos y vecinas que están cerca del arroyo o del mismo lecho del arroyo”,  comienza Martín, y casi como si estuviera graficando la explicación de Patrica Pintos sobre las consecuencias de la ley 8912, agrega: “Acá hay lugares donde tomás un terreno y te sacan a palos con la policía. Tomas esto acá y no pasa nada, porque se sacan el problema de encima de tener esa gente presionando para que se solucione el problema habitacional”.

Siguiendo con el punteo de exigencias, Macarena, militante de Patria Grande, completa la lista que comenzó Martín: “es necesario que haya un protocolo de intervención frente a las inundaciones, porque el Estado municipal tarda mucho en accionar, en distinguir cuales son los centros de evacuados y que esos centros realmente estén equipados, que tengan toda la infraestructura necesaria”.

Mediante varias movilizaciones, los vecinos de los barrios afectados consiguieron el compromiso del Estado provincial para construir 250 viviendas, destinadas a re localizar a familias inundadas, que aunque no alcancen para todos, podrán alojar a muchas familias del barrio San Fermín. “Ahí el gran problema es que el Estado provincial quiere hacer casas prefabricadas, de muy baja calidad, con materiales que no van a resistir. Algunos vecinos, que ante la desesperación de volver a perder todo, prefieren mudarse a una casa más precaria y muchas familias prefieren esperar a tener una casa de material”. En el segundo grupo está Carolina, que recorrió junto a otros vecinos de su barrio las casas que se asignaron a familias en la misma situación, pero en La Plata: “Servilleta con cola son las paredes. Yo me hice mi casa de material. Es una vergüenza lo que nos quieren dar”.

¿Alguno de los tres candidatos estrella que se disputaron el gobierno te prometió terminar con todo esto?

Seis años sin Luciano

Un mediodía de sábado de enero hay miles de personas que caminan por las calles de Lomas del Mirador. Caminan bajo un Sol que quema por este barrio en el que se vio por última vez hace exactamente seis años a Luciano Nahuel Arruga. Este año ya no se marcha por su aparición. En octubre último se encontró su cuerpo enterrado en una tumba NN del Cementerio de la Chacarita, después de cinco años y nueve meses de búsqueda constante. “A Luciano lo mató la Policia y lo despareció el Estado”, dice la bandera principal de la movilización. Por eso acá marchan miles de personas. Caminan desde la plaza Luciano Arruga hasta el destacamento policial donde a Luciano lo fajaron varias veces por negarse a robar para la Bonaerense. Allí, ahora, luego de cinco años de lucha, funciona un espacio para la memoria. El destacamento se mudó a tres cuadras por disposición el Intendente Fernando Espinoza. Hasta ahí también se camina. Camina Vanesa Orieta, la hermana de Luciano, camina y les grita a los ratis que a su hermano lo mató la Policia. Se sigue caminando. Vanesa explica que por donde pasa la movilización ahora, la Comisaría 8va de La Matanza, funcionó un centro clandestino de detención en la última dictadura militar. También caminan, escuchan y cantan que a Luciano lo mató la Policia la madre de Facundo Rivera Alegre y del Kiki Lezcano, la hermana de Walter Bulacio, el hermano de Matías Bernhardt, familiares de Sergio Abalos y Ezequiel Demonty, camina la columna de H.I.J.O.S, camina Pablo Ferreyra, el hermano de Mariano. “Los casos siempre van a estar relacionados por la impunidad policial. ¿Qué importa si no son los 30 mil de la dictadura”, dice Vanesa mientras sigue caminando. Hasta que en Emilio Castro y General Paz ya nadie camina. Ahí, en la colectora de la General Paz donde un testigo vio el 31/1/09 que un patrullero de la Bonaerense estaba estacionado con las luces apagadas a la misma hora que un auto atropellaba a Luciano, que cruzó la General Paz de una manera desesperada, como si estuviera escapando de algo. Algo, para la familia y para todos los que están acá, es la Policia. Acá donde Luciano murió hace seis años ya no se camina. Se habla, se escucha, se piensa, se siente. Se sacan conclusiones. Sin Luciano no hay Nunca Más.

Pablo Pimentel, presidente de la Asamblea Permanente por los Derechos Humanos de La Matanza. [Ver entrevista a Pimentel].

Es importante haber estado acá para mantener la coherencia que tenemos muchos hace tiempo en la Argentina que es reclamar por los derechos humanos de todos, sin distinción de clase ni religión ni edad ni condición social. Hoy recordamos el flagelo que sufrió un joven que representa a muchos jóvenes de la Argentina, de una condición pobre, muy pobre, que no tuvo derechos. No tuvo derecho a ser respetado por los policías que lo reclutaban para robar. Y la familia no tuvo derecho a acceder a los instrumentos que tiene el Estado para que se supiera el paradero de él. El Estado fue obligado por un habeas corpus, que había sido rechazado anteriormente, para poner a disposición de la familia todos los elementos que haya en este caso. Al mes de eso, con las huellas digitales que se tomaron en la primera detención, dieron con el cuerpo de Luciano. Se hubieran ahorrado cinco años de dolor de toda una familia. La figura de Luciano ha crecido tanto que ha pasado su persona, va a quedar en la historia como la bisagra que de vuelta la página para que todos los casos de impunidad que han quedado del pasado, del presente y de los que vengan no exista más. ¿Cómo? Con un pueblo organizado, una familia que reclama y una Justicia independiente de cualquier poder político, económico y mediático que obre de manera justa, en tiempo y forma. Si habría sido así, hoy no estaríamos acá reclamando. Esto es porque el Estado no funciona y porque si bien han pasado 30 años de democracia la Policía no ha cambiado, no se ha formado en una cultura de seguridad democrática basada en la filosofía y el respeto de los derechos humanos de todos, inclusive los de los policías como trabajadores.

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Viviana Alegre, mamá de Facundo Rivera Alegre, joven desaparecido en febrero de 2012 en Córdoba. [Ver nota sobre el caso de Facundo Rivera]

Hoy somos todos Luciano. Es el ejemplo de la total impunidad, de la connivencia policial, política y judicial. Yo soy Viviana, la madre de Facundo Rivera Alegra, que en febrero va a ser tres años de desaparecido. Nosotros vivimos la misma situación en Córdoba con mi hijo, por eso estamos acá. Y para acompañar a Vane que siempre ha estado muy presente. Y eso es lo más importante: que nos acompañemos, porque esta es una lucha colectiva y de esa manera vamos a salir y a lograr la Justicia que nuestros hijos merecen.

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Vanesa Orieta, hermana de Luciano Nahuel Arruga. [Ver entrevista a Vanesa]

Como hermana de Luciano considero que hoy es importante estar porque estamos hablando de una desaparición forzada, de una muerte que intentó ser silenciada al enterrar a Luciano como NN en el Cementerio de la Chacarita. Tenemos que estar acá porque desde el poder judicial y político, y desde los medios también, se intentó desvirtuar la escena instalando que se había tratado de un simple accidente de tránsito. Tenemos que estar acá porque hay muchos familiares que vienen a denunciar la violencia por parte de las diferentes fuertes de seguridad y es nuestro deber acompañarlos porque están solos, porque no tienen acompañamiento judicial, no tienen acompañamiento político porque los grandes medios lo que hacen es ensuciar la figura de la víctima. Esta problemática es grave, ya se han llevado la vida de muchos pibes por gatillo fácil, ya se han desaparecido muchos pibes y cada vez son más. A medida que podamos entender el significado de esta lucha vamos a empezar a entender el riesgo que corremos en esta democracia sino abrimos los ojos y nuestras bocas para gritar que no queremos más casos de violencia institucional en manos de la Policía.

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Tamara Bulacio, hermana de Walter Bulacio, joven asesinado por la Policía en 1991 después de un recital de Patricio Rey y Sus Redonditos de Ricota.

Es importante estar hoy acá porque es un chico más que desapareció. Como sociedad tenemos que reflexionar en eso. Más allá de tener un hermano que pasó por lo mismo, que murió a causa de gatillo fácil hace más de 20 años, lo tenemos que hacer para que el sistema cambie, para denunciar estos casos. Si no salís a la calle para denunciar esto que pasa, ellos aprovechan el silencio. No hay que callar. Hay que salir y luchar. Hoy otra no queda.

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Iara Carmona, 20 años, víctima de abuso policial desde los 11 hasta los 15 años por el exmarido de su madre, un policía de la Bonaerense. [Ver entrevista a Iara] 

Me parece importante porque todas las causas son importantes, más allá de la mia. Y la manera de sostenerla es esta. Hay que estar, participar, pedirle a la gente que se sume. Es más que nada hacerse escuchar, que se difunda el caso. Es una manera de hacer justicia, justicia social. Desde cantar, acompañar, o darle un abrazo a la familia es una manera de contener a los seres queridos como el Estado y la Policia no lo hacen. Está bueno sentir el respaldo de la gente. El caso de Luciano me moviliza en especial. Es un pibe como yo. Yo bailo en la murga de La Matanza, donde hay compañeros que eran amigos de Luciano. Si bien todas las causas son importantes me llega desde un lugar especial, aunque la impotencia y la importancia es la misma en esta como en todos los casos de violencia policial.

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Angélica Urquiza, madre de Jonathan Kiki Lezcano, asesinado el 7/9/09, a los 17 años, junto a Ezequiel Blanco (25), por Daniel Santiago Veyga, exagente de la Federal. [Ver nota sobre el caso de Kiki Lezcano] 

Es importante porque se cumplen seis años de la desaparición de Luciano. Hay que apoyar a la familia para que este caso sea visibilizado. A mí también me mataron un hijo, tres meses después que a Luciano. Por eso me mueve estar acá también. Porque es la manera de solidarizarse de corazón a corazón con la hermana, con la madre, con todos los que han sufrido como me tocó a mí.

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Nora Cortiñas, presidenta de la Asociación Madres de Plaza de Mayo (Línea Fundadora), madre de Carlos Gustavo Cortiñas, desaparecido el 15 de abril de 1977.

Es importante porque la memoria es la que nos lleva a que busquemos toda la justicia. No hay que perder la memoria, hay que estar en la lucha permanentemente, eso es lo que nos va a llevar a la verdad y a la justicia. Hay que seguir. Esta es otra etapa en la que ya sabemos que pasó con Luciano, ya tenemos su cuerpito. Es otro camino el que hay que recorrer, pero con la misma bandera de no a la impunidad, en el caso de Luciano y en todos los casos donde haya una injusticia.

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“Nuestra respuesta es la vida”

Este texto se llama “La soledad de América Latina”. Es el discurso que Gabriel García Márquez dio, en 1982, tras ganar el premio Nobel. Muchas veces, cuando alguien escribe bien, no tiene sentido escribir sobre él. Por eso, aquí habla él:

Antonio Pigafetta, un navegante florentino que acompañó a Magallanes en el primer viaje alrededor del mundo, escribió a su paso por nuestra América meridional una crónica rigurosa que sin embargo parece una aventura de la imaginación. Contó que había visto cerdos con el ombligo en el lomo, y unos pájaros sin patas cuyas hembras empollaban en las espaldas del macho, y otros como alcatraces sin lengua cuyos picos parecían una cuchara. Contó que había visto un engendro animal con cabeza y orejas de mula, cuerpo de camello, patas de ciervo y relincho de caballo. Contó que al primer nativo que encontraron en la Patagonia le pusieron enfrente un espejo, y que aquel gigante enardecido perdió el uso de la razón por el pavor de su propia imagen.

Este libro breve y fascinante, en el cual ya se vislumbran los gérmenes de nuestras novelas de hoy, no es ni mucho menos el testimonios más asombroso de nuestra realidad de aquellos tiempos. Los Cronistas de Indias nos legaron otros incontables. Eldorado, nuestro país ilusorio tan codiciado, figuró en mapas numerosos durante largos años, cambiando de lugar y de forma según la fantasía de los cartógrafos. En busca de la fuente de la Eterna Juventud, el mítico Alvar Núñez Cabeza de Vaca exploró durante ocho años el norte de México, en una expedición venática cuyos miembros se comieron unos a otros y sólo llegaron cinco de los 600 que la emprendieron. Uno de los tantos misterios que nunca fueron descifrados, es el de las once mil mulas cargadas con cien libras de oro cada una, que un día salieron del Cuzco para pagar el rescate de Atahualpa y nunca llegaron a su destino. Más tarde, durante la colonia, se vendían en Cartagena de Indias unas gallinas criadas en tierras de aluvión, en cuyas mollejas se encontraban piedrecitas de oro. Este delirio áureo de nuestros fundadores nos persiguió hasta hace poco tiempo. Apenas en el siglo pasado la misión alemana de estudiar la construcción de un ferrocarril interoceánico en el istmo de Panamá, concluyó que el proyecto era viable con la condición de que los rieles no se hicieran de hierro, que era un metal escaso en la región, sino que se hicieran de oro.

La independencia del dominio español no nos puso a salvo de la demencia. El general Antonio López de Santana, que fue tres veces dictador de México, hizo enterrar con funerales magníficos la pierna derecha que había perdido en la llamada Guerra de los Pasteles. El general García Moreno gobernó al Ecuador durante 16 años como un monarca absoluto, y su cadáver fue velado con su uniforme de gala y su coraza de condecoraciones sentado en la silla presidencial. El general Maximiliano Hernández Martínez, el déspota teósofo de El Salvador que hizo exterminar en una matanza bárbara a 30 mil campesinos, había inventado un péndulo para averiguar si los alimentos estaban envenenados, e hizo cubrir con papel rojo el alumbrado público para combatir una epidemia de escarlatina. El monumento al general Francisco Morazán, erigido en la plaza mayor de Tegucigalpa, es en realidad una estatua del mariscal Ney comprada en París en un depósito de esculturas usadas.

Hace once años, uno de los poetas insignes de nuestro tiempo, el chileno Pablo Neruda, iluminó este ámbito con su palabra. En las buenas conciencias de Europa, y a veces también en las malas, han irrumpido desde entonces con más ímpetus que nunca las noticias fantasmales de la América Latina, esa patria inmensa de hombres alucinados y mujeres históricas, cuya terquedad sin fin se confunde con la leyenda. No hemos tenido un instante de sosiego. Un presidente prometeico atrincherado en su palacio en llamas murió peleando solo contra todo un ejército, y dos desastres aéreos sospechosos y nunca esclarecidos segaron la vida de otro de corazón generoso, y la de un militar demócrata que había restaurado la dignidad de su pueblo. En este lapso ha habido 5 guerras y 17 golpes de estado, y surgió un dictador luciferino que en el nombre de Dios lleva a cabo el primer etnocidio de América Latina en nuestro tiempo. Mientras tanto 20 millones de niños latinoamericanos morían antes de cumplir dos años, que son más de cuantos han nacido en Europa occidental desde 1970. Los desaparecidos por motivos de la represión son casi los 120 mil, que es como si hoy no se supiera dónde están todos los habitantes de la ciudad de Upsala. Numerosas mujeres arrestadas encintas dieron a luz en cárceles argentinas, pero aún se ignora el paradero y la identidad de sus hijos, que fueron dados en adopción clandestina o internados en orfanatos por las autoridades militares. Por no querer que las cosas siguieran así han muerto cerca de 200 mil mujeres y hombres en todo el continente, y más de 100 mil perecieron en tres pequeños y voluntariosos países de la América Central, Nicaragua, El Salvador y Guatemala. Si esto fuera en los Estados Unidos, la cifra proporcional sería de un millón 600 mil muertes violentas en cuatro años.

De Chile, país de tradiciones hospitalarias, ha huido un millón de personas: el 10 por ciento de su población. El Uruguay, una nación minúscula de dos y medio millones de habitantes que se consideraba como el país más civilizado del continente, ha perdido en el destierro a uno de cada cinco ciudadanos. La guerra civil en El Salvador ha causado desde 1979 casi un refugiado cada 20 minutos. El país que se pudiera hacer con todos los exiliados y emigrados forzosos de América latina, tendría una población más numerosa que Noruega.

Me atrevo a pensar que es esta realidad descomunal, y no sólo su expresión literaria, la que este año ha merecido la atención de la Academia Sueca de la Letras. Una realidad que no es la del papel, sino que vive con nosotros y determina cada instante de nuestras incontables muertes cotidianas, y que sustenta un manantial de creación insaciable, pleno de desdicha y de belleza, del cual éste colombiano errante y nostálgico no es más que una cifra más señalada por la suerte. Poetas y mendigos, músicos y profetas, guerreros y malandrines, todas las criaturas de aquella realidad desaforada hemos tenido que pedirle muy poco a la imaginación, porque el desafío mayor para nosotros ha sido la insuficiencia de los recursos convencionales para hacer creíble nuestra vida. Este es, amigos, el nudo de nuestra soledad.

Pues si estas dificultades nos entorpecen a nosotros, que somos de su esencia, no es difícil entender que los talentos racionales de este lado del mundo, extasiados en la contemplación de sus propias culturas, se hayan quedado sin un método válido para interpretarnos. Es comprensible que insistan en medirnos con la misma vara con que se miden a sí mismos, sin recordar que los estragos de la vida no son iguales para todos, y que la búsqueda de la identidad propia es tan ardua y sangrienta para nosotros como lo fue para ellos. La interpretación de nuestra realidad con esquemas ajenos sólo contribuye a hacernos cada vez más desconocidos, cada vez menos libres, cada vez más solitarios. Tal vez la Europa venerable sería más comprensiva si tratara de vernos en su propio pasado. Si recordara que Londres necesitó 300 años para construir su primera muralla y otros 300 para tener un obispo, que Roma se debatió en las tinieblas de incertidumbre durante 20 siglos antes de que un rey etrusco la implantara en la historia, y que aún en el siglo XVI los pacíficos suizos de hoy, que nos deleitan con sus quesos mansos y sus relojes impávidos, ensangrentaron a Europa con soldados de fortuna. Aún en el apogeo del Renacimiento, 12 mil lansquenetes a sueldo de los ejércitos imperiales saquearon y devastaron a Roma, y pasaron a cuchillo a ocho mil de sus habitantes.

No pretendo encarnar las ilusiones de Tonio Kröger, cuyos sueños de unión entre un norte casto y un sur apasionado exaltaba Thomas Mann hace 53 años en este lugar. Pero creo que los europeos de espíritu clarificador, los que luchan también aquí por una patria grande más humana y más justa, podrían ayudarnos mejor si revisaran a fondo su manera de vernos. La solidaridad con nuestros sueños no nos haría sentir menos solos, mientras no se concrete con actos de respaldo legítimo a los pueblos que asuman la ilusión de tener una vida propia en el reparto del mundo.

América Latina no quiere ni tiene por qué ser un alfil sin albedrío, ni tiene nada de quimérico que sus designios de independencia y originalidad se conviertan en una aspiración occidental.

No obstante, los progresos de la navegación que han reducido tantas distancias entre nuestras Américas y Europa, parecen haber aumentado en cambio nuestra distancia cultural. ¿Por qué la originalidad que se nos admite sin reservas en la literatura se nos niega con toda clase de suspicacias en nuestras tentativas tan difíciles de cambio social? ¿Por qué pensar que la justicia social que los europeos de avanzada tratan de imponer en sus países no puede ser también un objetivo latinoamericano con métodos distintos en condiciones diferentes? No: la violencia y el dolor desmesurados de nuestra historia son el resultado de injusticias seculares y amarguras sin cuento, y no una confabulación urdida a 3 mil leguas de nuestra casa. Pero muchos dirigentes y pensadores europeos lo han creído, con el infantilismo de los abuelos que olvidaron las locuras fructíferas de su juventud, como si no fuera posible otro destino que vivir a merced de los dos grandes dueños del mundo. Este es, amigos, el tamaño de nuestra soledad.

Sin embargo, frente a la opresión, el saqueo y el abandono, nuestra respuesta es la vida. Ni los diluvios ni las pestes, ni las hambrunas ni los cataclismos, ni siquiera las guerras eternas a través de los siglos y los siglos han conseguido reducir la ventaja tenaz de la vida sobre la muerte. Una ventaja que aumenta y se acelera: cada año hay 74 millones más de nacimientos que de defunciones, una cantidad de vivos nuevos como para aumentar siete veces cada año la población de Nueva York. La mayoría de ellos nacen en los países con menos recursos, y entre éstos, por supuesto, los de América Latina. En cambio, los países más prósperos han logrado acumular suficiente poder de destrucción como para aniquilar cien veces no sólo a todos los seres humanos que han existido hasta hoy, sino la totalidad de los seres vivos que han pasado por este planeta de infortunios.

Un día como el de hoy, mi maestro William Faullkner dijo en este lugar: “Me niego a admitir el fin del hombre”. No me sentiría digno de ocupar este sitio que fue suyo si no tuviera la conciencia plena de que por primera vez desde los orígenes de la humanidad, el desastre colosal que él se negaba a admitir hace 32 años es ahora nada más que una simple posibilidad científica. Ante esta realidad sobrecogedora que a través de todo el tiempo humano debió de parecer una utopía, los inventores de fábulas que todo lo creemos, nos sentimos con el derecho de creer que todavía no es demasiado tarde para emprender la creación de la utopía contraria. Una nueva y arrasadora utopía de la vida, donde nadie pueda decidir por otros hasta la forma de morir, donde de veras sea cierto el amor y sea posible la felicidad, y donde las estirpes condenadas a cien años de soledad tengan por fin y para siempre una segunda oportunidad sobre la tierra.

Agradezco a la Academia de Letras de Suecia el que me haya distinguido con un premio que me coloca junto a muchos de quienes orientaron y enriquecieron mis años de lector y de cotidiano celebrante de ese delirio sin apelación que es el oficio de escribir. Sus nombres y sus obras se me presentan hoy como sombras tutelares, pero también como el compromiso, a menudo agobiante, que se adquiere con este honor. Un duro honor que en ellos me pareció de simple justicia, pero que en mí entiendo como una más de esas lecciones con las que suele sorprendernos el destino, y que hacen más evidente nuestra condición de juguetes de un azar indescifrable, cuya única y desoladora recompensa, suelen ser, la mayoría de las veces, la incomprensión y el olvido.

Es por ello apenas natural que me interrogara, allá en ese trasfondo secreto en donde solemos trasegar con las verdades más esenciales que conforman nuestra identidad, cuál ha sido el sustento constante de mi obra, qué pudo haber llamado la atención de una manera tan comprometedora a este tribunal de árbitros tan severos. Confieso sin falsas modestias que no me ha sido fácil encontrar la razón, pero quiero creer que ha sido la misma que yo hubiera deseado. Quiero creer, amigos, que este es, una vez más, un homenaje que se rinde a la poesía. A la poesía por cuya virtud el inventario abrumador de las naves que numeró en su Iliada el viejo Homero está visitado por un viento que las empuja a navegar con su presteza intemporal y alucinada. La poesía que sostiene, en el delgado andamiaje de los tercetos del Dante, toda la fábrica densa y colosal de la Edad Media. La poesía que con tan milagrosa totalidad rescata a nuestra América en las Alturas de Machu Pichu de Pablo Neruda el grande, el más grande, y donde destilan su tristeza milenaria nuestros mejores sueños sin salida. La poesía, en fin, esa energía secreta de la vida cotidiana, que cuece los garbanzos en la cocina, y contagia el amor y repite las imágenes en los espejos.

En cada línea que escribo trato siempre, con mayor o menor fortuna, de invocar los espíritus esquivos de la poesía, y trato de dejar en cada palabra el testimonio de mi devoción por sus virtudes de adivinación, y por su permanente victoria contra los sordos poderes de la muerte. El premio que acabo de recibir lo entiendo, con toda humildad, como la consoladora revelación de que mi intento no ha sido en vano. Es por eso que invito a todos ustedes a brindar por lo que un gran poeta de nuestras Américas, Luis Cardoza y Aragón, ha definido como la única prueba concreta de la existencia del hombre: la poesía. Muchas gracias.

“Cuando escribís, dejás de hablarte”

Luis Sagasti es un escritor sobresaliente de la narrativa contemporánea argentina, un obsesivo de las palabras y un artista del lenguaje. Su obra, su experiencia docente y un viaje a las estrellas a través de su pluma son unos de los tantos perfiles que se graban en el cuerpo después de una charla y un encuentro con él.

Luis cuenta que, a sus quince años, besó a una chica cuyo nombre no recuerda. Lo que sí quedó grabado en su mente es que en el momento en que sus labios se separaron de los de ella, le dijo que la amaba. Un “te amo” irrefrenable y seco. Ella se rió y él sintió cosquillas en las plantas de los pies.

– Yo creo que capaz sí la amaba… Lo que estaba experimentando era que el encuentro sobrepasaba mis expectativas y, por ende, el lenguaje. Pero me salió decirle eso y a ella no le gustó. Tengo una gran nostalgia por la amalgama que tenía con las cosas cuando era chico. De grande, ya tomás distancia, te ponés cínico, manejás más las palabras: te alejaste de la infancia, se fue todo al carajo. La literatura es una forma de volver a eso, de recuperar esas experiencias de comunión que uno tiene con las cosas o con las personas, que repelen el lenguaje. Cuando lográs un estado de completud con algo, las palabras quedan afuera. Viste que el escultor para llegar a la obra tiene que sacar lo que sobra y a veces para decir algo hay que pronunciar las palabras que estorban, como matarlas, y te queda ese vacío que es lo que querés comunicar.

Luis Sagasti es escritor, crítico de arte y profesor en un colegio secundario de Bahía Blanca. Lo primero que escribió en su vida fue una enciclopedia, a los cinco años. La primera entrada fue sobre Arabia y la segunda sobre los goles de Pelé en la final de México. Tres años después, siguió con las historietas que, una vez escritas, guardaba en una caja de metal y las enterraba en el patio. De esta forma, cada vez que alguien quería conocer su “tesoro”, era como una aventura. Más tarde, los roles se invirtieron y dejó de escribir para dar sus primeros pasos como lector. Cuando terminó el secundario, siguió la carrera de Historia y empezó un programa humorístico en una FM, junto al también escritor Mario Ortiz y el locutor Miguel Martos. No fue sino hasta 1990 cuando llegó la idea para su primera novela, El canon de Leipzig: Y despacito la fui escribiendo. Le tenía mucha fe al libro. Se lo di a (Alberto) Laiseca que iba mucho a Bahía, hizo una lectura muy profunda, aconsejó agregar dos capítulos antes del final, y la novela salió en el 99’. Tuvo buenas críticas. Era algo que a mí me habría gustado leer. Creo que escribo eso, lo que a mí me gustaría leer. Aunque por ahí me gustaría escribir mejor”.

A esa primera obra, le siguió la novela Los mares de la luna (2006), el ensayo sobre historia argentina Perdidos en el espacio (2011) y el inclasificable e inagotable Bellas Artes (2011). Con ellos vino el reconocimiento de su obra, como de lo más saliente de la narrativa argentina contemporánea, y de su pluma, como de lectura inquietante y obligada. Detrás, debajo o en los márgenes de esos títulos, está un tipo que te puede hablar con una intensidad poética atrapante y al momento siguiente hacerte un chiste que te descoloque hasta la carcajada. Parece no tomarse muy en serio, pero en su escritura se entrega con compromiso y trabajo metódico: “Soy obsesivo. No hay una sola palabra que no esté pensada. Puede estar mal pensada, ojo. Acá nunca hablamos de calidad, sino de procedimiento. En el buscador me fijo cuántas veces se repite tal palabra, busco en qué páginas, las cambio, las espacio. Trato de meditar la mayoría de las palabras y escribo en absoluto silencio. Cuando ya veo que el libro cierra, empiezo a trabajarlo globalmente, como obra. Empieza un laburo de montaje. Si me pongo así nomás escribo boludeces… Salvo los mails, yo soy bueno escribiendo mails, de corrido me salen muy bien. El chat también me sale bien”.

 

En sus periódicos viajes a la Capital Federal, se lo puede encontrar en el bar-librería-editorial Eterna Cadencia, casi su hogar lejos del hogar. Allí puede perderse entre las mesas y las estanterías llenas de libros y comprarse unos cuantos que no llegan a Bahía. Una vez de regreso, abre el bolso con las nuevas adquisiciones y tira todos los libros sobre la cama, como en un juego de niños. Confiesa que ahora mismo tiene miles apilados en su mesita de luz. Hay algunos siempre en la punta de los dedos, como los Diarios  de Tolstoi. En los últimos tiempos, lo tiene atrapado María Negroni, a la que describe como una “genia”. Y en esto, también hay una constante. Sagasti habla de sus contemporáneos con una humildad y generosidad difíciles de encontrar. Se entusiasma de la misma forma mientras habla de hallazgos recientes como cuando habla de sus amistades más añejas: “Mario Ortiz es un genio absoluto, si ves los manuscritos y ves lo editado, es como Mozart, corrige muy poco. Entra en una frecuencia… Mario vive un estado poético. Tiene una mirada muy prístina, intensa, con mucho espesor sobre las cosas”. El agosto pasado, fue invitado a presentar la novela “Una muchacha muy bella”, de Julián López, a la que se refirió como “un libro para jurar sobre él”.

 

– Te ponés a escribir y no sé si uno se conecta con algo, pero dejás de hablarte, dejás de escuchar a ese personaje que tenemos todos adentro y ahí fluyen las cosas. A mí me ocurre eso cuando escribo o cuando doy clases… logro ciertos estados de fluidez, lo cual no significa que el resultado sea óptimo. Porque podés estar surfeando y te agarra un tsunami y te fuiste a la concha de la lora. Pero sí, cuando no me escucho, la paso mejor.

– ¿Cuál creés que es ese factor común entre la docencia y la escritura?

– Está la idea de contar algo, yo doy clases de Historia del Arte, la materia sobre la que me explayo tiene cierta plasticidad y permite modelar figuras que no están preestablecidas. Y en la literatura hay un poco de eso, cuando vos escribís, sos como Dios. Escribo lo que quiero, pero así como Dios tiene sus reglas – no puede crear dioses, porque son increados – en la literatura lo mismo… los criterios de verosimilitud son una regla que si la franqueas, tenés que ser bastante capo. Creo que en las dos se ejerce cierto tipo de libertad. Yo, por lo menos, la ejerzo. Ese ejercicio de la libertad a mí me permite ir por afuera o correr fronteras. Logro eso cuando el entusiasmo se empieza a tejer con lo que estoy diciendo. Pongo como parámetro los músicos cuando improvisan, salen cosas geniales y otras fallidas, pero el músico no puede volver a tocar lo que ha improvisado. Bueno, a mí me pasa un poco eso. De hecho yo comparo mucho la literatura o las clases con la música, y tomo como modelo músicos. Yo no sé qué voy a escribir o qué voy a decir, sé de qué tengo que hablar, pero no cómo. Eso me da mucha vitalidad, mucha energía, ímpetu, brío. Más allá del resultado. Como cuando jugaba al básquet, tenía un estado físico tremendo, corría y saltaba mucho… era horrible. Y acá es  lo mismo, podés hablar bárbaro y decir pavadas.

 

– ¿Y la musicalidad de las palabras?

– Por ahí encontrás un tono o una melodía y el problema es repetirla, capaz sin darte cuenta, pero se puede volver insoportable. Para mí el lenguaje es música, pero no tiene que ser necesariamente fácil de tararear, que tenga musicalidad, pero que no se note que es música, si no suena muy afectado… Tengo una natural inclinación por la música, tengo oído, toco jazz en piano para mí, entonces lo que escribo me sale musicalmente, tengo que romper con eso, para que no suene a receta y se noten las costuras. Está bueno escribir y no tener ninguna voz, que lo pueda haber escrito cualquiera, ser absolutamente anónimo. Pero no puedo, no me sale.

– ¿Cómo es lo de “dejar de escucharse”?

– Como cuando sos chico, que hablás mucho, pero no te hablás. A mí me encanta cuando no me hablo. Hay dos o tres días en la semana que doy muchas clases y es como que no pasa el tiempo, me encanta. Creo que escribir es una lucha contra el tiempo. También se trata de contar cosas, a mí me gusta contar historias, aunque no es fácil encontrarlas. Dar con una buena historia me llena de alegría.

Sagasti se encuentra trabajando en su próximo libro. Una tarde de enero fue invitado a leer un adelanto en la terraza de Eterna Cadencia, junto a Hernán Ronzino y Ariana Harwicz. Allí, alrededor de las siete de la tarde, micrófono en mano y con los ojos más azules que nunca, lo escuchamos:

 

– Ubicar gente en el cielo.

Hay algo así como una tendencia natural a hacerlo.

Nuestros muertos titilan y nos resguardan de la noche.

Me acuerdo de que entre las corrientes de consuelo que recibía cuando mi hermano mayor falleció había una que se repetía con insistencia de candor invencible. Me pedían que eligiera una estrella donde colocar a mi hermano o el recuerdo de mi hermano, que ya eran una y la misma cosa. Dos de las personas que me lo sugirieron, una tía muy querida y una amiga de esas que solo ves en vacaciones, eran muy católicas. Y como la magia es sosiego para quienes la religión hace más ruido que música busqué y ubiqué una estrella no muy grande y medio oculta para que fuera para mí solo; después se me ocurrió pensar que mi otro hermano haría lo mismo y acaso también mis padres y mis primos. De continuar con tal faena bastaría mirar hacia arriba como un ciprés para ir al cementerio.

¿De dónde vendrá esa creencia, ese desahogo astronómico, que dura hasta donde se aquieta el quebranto?

Una noche en la playa de Monte Hermoso, cuando ya apenas encontraba la estrella que era mi hermano porque había miles en el cielo, se me ocurrió pensar que todo el planeta era el mar y nosotros los peces.

Y la luz de las estrellas algo así como la tanza de un pescador.

 

La luz descansa sobre la superficie hasta que pica algún vientre hinchado. Cuando nacemos la estrella siente un tirón en su haz y viene por nosotros. Demora lo que tarda en llegar su lumbre. Una situada a veintiún años luz vino por mi hermano y una a setenta y seis por mi abuelo. Acaso las estrellas más lejanas, a más de cien años, pesquen en otros océanos.

Una de todas las estrellas que vemos en el cielo ya ha partido en nuestra busca.

¿Deberíamos temer a la noche, entonces?

Hay cuatro tipos de seres humanos leo en un cuento del escritor rumano Mircea Cartarescu: “los que no han nacido, los que viven, los que han muerto, los que no han nacido, ni viven ni han muerto. Estos son las estrellas.”.

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“La voz de la mujer tiene fuerza de lucha”

Florencia Albarracín le pone la voz y el cuerpo a Láudano en Canciones, una banda de rock latino bien rioplatense. Frontwoman de un grupo de seis muchachos, se planta firme: “La mujer se está animando al escenario, aunque el rock siempre lo tuvo”.

En una tarde donde bermudas y polleras imperan, junto a la cerveza llega Florencia Albarracín a una confitería tradicional del barrio Abasto. En menos de una hora, tendrá que estar ensayando con su banda: Láudano en Canciones. Pero el encuentro se hace momento y oportunidad, y la cerveza, por fin, se destapa de un golpe seco de un mozo de moño.

Florencia cuenta que trabaja y trabaja: en una agencia de turismo, dando clases de música, preparando la banda sonora de una película, también de una obra de teatro. Pero se pone seria cuando habla del trabajo que le vale más: Láudano en Canciones. “El amor y lo urbano es lo que define a la banda. Las historias de la ciudad dan sonidos y melodías todo el tiempo. El subte tiene su ritmo, el colectivo otro, el caminar otro. Cuando laburás para teatro hay una sistematización, porque laburás para un contenido establecido. Pero si la inspiración la sacás de lo que te va pasando momento a momento te puede llegar en cualquier lugar, en cualquier instante. En el menos pensado, incluso. Eso es Láudano.”

En Agua de Río Nuevo, primer disco de la banda, están grabadas esas experiencias. Florencia lo define como un disco de concepto: “Música urbana, rioplatense, una suerte de rock latino pasado por el tamiz del Río de la Plata”. Láudano es canción, Láudano es fusión.

-¿La fusión de género que proponen es compleja musicalmente? 

-No me parece que sea compleja. Creo que la fusión resulta de la libertad que nos da la canción. El Dios de la Canción es muy generoso, podés tomar cosas de cualquier género y le van a servir a la canción. Si vos agarrás cualquier cantautor es imposible encasillarlo: es él y sus canciones. Nosotros al hacer canciones propias, y tener claro lo que queremos decir, el género no nos define. Depende de la canción y aquello de lo que quiere hablar. La canción misma te pide que le des un poco de murga, candombe, un poco de tango, de rock.

-Entonces, ¿se puede hacer una canción bella con tres acordes?

-Completamente. Hay miles. Una buena canción es aquella que te puede tocar las fibras íntimas, es algo que uno no puede explicar qué es. Tenés la melodía y la letra, pero además de eso hay un plus, no sé, un no sé qué. A veces te enganchás con una canción que vos mismo decís: es medio boluda, pero hay algo que te llega. La belleza de la música radica en un no sé qué que te hace sentir especial cuando escuchás una canción.

La cerveza se acaba, fatalmente no hay tiempo para otra. En la sala de ensayo, las canciones esperan. Láudano se va a regalar una función a ellos mismos. Mientras enchufan y prueban equipos, no dejan pasar el momento de abrirse un vinito que acompañe los acordes y los coros. Se habla del 7 de marzo. Láudano va a presentar “Agua de Río Nuevo” en Niceto y hay que ensayar y ensayar para que la fiesta sea encuentro y sea baile. Por eso se empieza con un candombe que hace zapatear hasta las uñas de los pies.

“De a poco se arma el bailongo en la calle, el viejo empedrado se viste de traje. La noche, con un vestido negro. La piel se disfraza entre luces y sombras, no hay ricos, no hay pobres, entre los tambores, se baila: candombe de colores. Esto es cosa de negros, ¿Será cosa de negros quererse así?”

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-¿Cómo es escribir una canción?

-Uno tacha más de lo que escribe. Escribís, escribís y escribís. Tenés un montón de material. Y llega la hora de condensar. Parece que todo es necesario y que nada sobra, pero tenés que respetar los tiempos de la canción y empezar a tachar.  La construcción artística es así.

-¿Sos metódica para eso?

-Para nada. Soy re desordenada para componer. No tengo un sistema. Escribo arriba de servilletas, me automando mensajes de texto, grabo recitados con el mp3 en el medio del subte. Después llego a casa y lo empiezo a unir, pero no tengo un registro físico ordenado.

-En el diálogo de la melodía y la letra ¿quién llama a quién?

-Para mí la melodía llama a la letra. Hacer letra, como dijo el Indio, es oficio. La melodía cuando viene ya lleva el mensaje. Lo lindo es desentrañar cuál es el mensaje de la melodía. A veces viene con un mensaje muy directo, muy claro. Como me pasó con Agua de Río Nuevo, que hice la melodía y la letra del estribillo al mismo tiempo, después de ver un recital de Calle 13. De golpe, empecé a cantarla. Después tardé dos años en terminarla, y de hecho me ayudaron. A veces no pasa, a veces viene la melodía y la tocás, la tocás durante meses y te preguntás qué carajo quiere decir. Hasta que lo vas buscando: escribís, tachás, escribís, tachás, y lo encontrás.

La voz de Florencia, que es la voz de Láudano, truena y resuena por las paredes de muchas salas: son los cuerpos que vibran. Los vientos acompañan y la orquesta del empedrado fusiona sus mil caras. Todo eso pasa en un cuarto de cinco metros cuadrados que da techo a diez personas y contexto a la voz de una mujer.

-¿Es difícil ser una frontwoman?

-Nunca me propuse liderar una banda, en realidad. A mí me gustó cantar desde que tengo uso de razón y en la preadolescencia descubrí que me gustaba hacer canciones. En base a eso pasé un montón de instancias. Fui solamente pianista, fui cantante de un dúo, canté en coros. Hice de todo. Fueron decantando las experiencias de las bandas y grupos anteriores y me convertí en la frontwoman de Láudano. No fue buscado.

-¿Y encontraste algunas resistencias en ese papel por la cuestión de género?

-No, la verdad que no. En la banda son todos varones, y cuando entré a Láudano, una cosa que les pregunté a los chicos es por qué no cantaba alguno de ellos, si ellos componían también ¿Por qué buscaban alguien de afuera y que fuera una mujer? Y me dijeron algo que me cerró por todos lados: lo que les gustaba era el lugar desde donde hablaba la mujer, de un lugar mucho más fuerte, que está asociado al papel que ocupó la mujer históricamente, a su lugar de lucha, que sigue teniendo que pelear un montón de espacios. Esa idea me súper cerró. La voz de la mujer tiene la fuerza de la lucha. Si bien el rock sigue siendo un terreno muy masculino, creo que hay mujeres que tienen rock, más allá de que lo canten o no.  Chabela Vargas está llena de rock. No canta rock, pero le sale por las venas. La mujer se está animando al escenario, pero el rock siempre lo tuvo.

Muchísimo antes de ser una banda de fusión, el láudano es una mezcla ancestral de sustancias que se usa con fines medicinales. En la intimidad del estudio y en la fiesta de los shows ambas identidades afloran y se enredan. Láudano en Canciones sabe de qué se trata sanar: que valga un baile y una canción.  Y que nunca duela.

Hasta que choque China con África

“Si la espalda me va a doler, que sea por cargar una mochila”, pensó Fer Duclos, periodista, 28 años, hace seis meses. Largó su laburo de entonces y se mandó a recorrer el continente más desconocido para comprobar una frase que había leído hace tiempo: “Al irnos a África, hemos cambiado de mundo”. 

*Cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia

 

 

 

Se unió a Facebook

22 de agosto de 2013

 

Crónicas Africanas cambió la siguiente información: foto de portada.

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[ 30 Septiembre – ARGENTINA, DÍA 0: Carta para decir hasta luego.

“Creo haberte visto el rostro por primera vez hace apenas un rato. Tus ojos, lagrimeando al fundirte en un abrazo con Papá y Mamá, hicieron que los colores de la mañana se tornaran más fuertes. Tu sonrisa, fresca e indisimulable, extrañamente me hacía desear que te escaparas a vivir la aventura que siempre imaginaste, que desde chiquito estás soñando… Y ojo, que no hay nada mejor para un hombre que sueña que despertarse”

http://www.cronicasafricanas.com/argentina-dia-0-carta-para-decir-hasta-luego/]

 

 

–          Venía pensando en viajar desde hace rato. A los 20 años, había hecho un viaje por Sudamérica, a dedo hasta Nicaragua, y fue una experiencia hermosa. En alguna parte de mí, quería repetir una experiencia así, aunque, claro, no es tan fácil y en algunos momentos el deseo se iba y en otros volvía con fuerza. Y ahora se juntaron algunas circunstancias que, como todo viaje, y más si es largo, tienen que ver con el trabajo, con lo económico, con distintos aprendizajes que uno fue adquiriendo – o al menos, tratando de adquirir- y esto es lo más importante, junto con el deseo y las ganas. Y bueno, finalmente me animé. Cuando todavía estaba dudando, lo avisé en el trabajo, cosa de “empujarme” a mí mismo hacia la decisión. Al final decirle a mi familia fue el último envión que necesitaba.

–          ¿Y después?

–          Y después fue todo emoción, preparación, y también mucha organización. Me tuve que comprar cosas, poner muuuuuuchas vacunas, ir varias veces al médico, averiguar diferentes cuestiones relativas al viaje. Parece una boludez, pero habilitar la tarjeta de crédito en África es un trámite, organizar la plata, averiguar los teléfonos de las embajadas, preparar el itinerario, etc., lleva muchísimo tiempo  que, de todas formas, es un tiempo hermoso porque es la previa de lo nuevo, del viaje, de la aventura, del fin de la rutina. Le avisé a mi familia del viaje tres meses antes de salir, y la verdad es que disfruté mucho esa preparación, también porque el hecho de saber que me iba me sirvió para disfrutar muchísimo de Buenos Aires.

 

Crónicas Africanas31 de agosto de 2013

#CrónicasAfricanas [DÍA -30]
A un mes, justo un mes de partir hacia Etiopía, pienso en una frase de Jean-Marie Gustave Le Clézio, Premio Nobel de Literatura, que leí hace un tiempo y anoté en un cuadernito:
“Al irnos a África habíamos cambiado de mundo”

[FOTO]

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[YAHOO! Respuestas: ¿Qué significa el número 23 para la numerología?

(Enter)

Supongo que viste la película de JimCarrey, 23: la revelación]

 

Fernando Duclos es del verano del 86. Tiene los ojos rasgados y cuando habla se percibe que en algún momento quizás vivió en España. Tiene rulos y siempre sonríe en las fotos donde, sin excepción, algún comentario dice que se lo ve feliz.

En Buenos Aires, a Fernando le dolía la espalda por estar sentado largo rato en el escritorio frente a la computadora. Un día en ese mismo escritorio, frente a la misma computadora, con idéntico dolor de espalda pensó: ¿Qué me tendrán guardado los caminos? Ese día, cambió la causa: “Si la espalda me iba a doler, que fuese por cargar una mochila”.

 

*

 

–          ¿Por qué África?

–          Básicamente, para cumplir un sueño. Desde chiquito que me encanta este continente, me apasiona, siempre trataba de saber las noticias, de conocer las culturas, escuchar su música, y bueno, un día me decidí a viajar. Obviamente, se juntaron muchas circunstancias que hicieron que por fin me animara, pero, más allá de eso, lo cierto es que en el fondo de todo hay un sueño que quería cumplir, y no me quería quedar con las ganas.

 

*

 

Fernando es periodista y profesor de Lengua en un Bachillerato Popular. Las letras no lo dejaron escapar en su viaje.

 

[Cómo escribir acerca de África | BinyavangaWainaina

“En el título siempre use la palabra “África”, “Tinieblas” o “Safari”. El subtítulo puede incluir las palabras “Zanzíbar”, “Masai”, “Zulú”, “Zambezi”, “Congo”, “Nilo”, “Gigante”, “Cielo”, “Sombra”, “Tambor”, “Sol” o “Antaño”. También sirven las palabras “Guerrilla”, “Eterno”, “Primordial” y “Tribal”. Nótese que “Gente” se refiere a africanos que no son negros, mientras que “La Gente” se refiere a africanos negros”

BinyavangaWainaina

http://ciudadideas.blogspot.com.ar/2010/09/como-escribir-acerca-de-africa.html]

 

 

–          ¿Decidiste de entrada que ibas a seguir escribiendo?

–          Sí, siempre supe que quería seguir haciéndolo. Por varias razones. En algún punto, creo, todo periodista, o al menos una buena parte, sueña con escribir viajando y que le paguen. En mi caso, el tema de la plata no era lo que me movía, pero sí esa hermosa sensación de escribir mientras viajo, de contar lo que me pasa y más desde un lugar que para muchos es exótico, desconocido, etcétera, y en el que, por eso, casi todo está por descubrirse y se puede contar. ¡En África hay miles, millones de historias! En algún punto, quería también ayudar a desmitificar esa imagen pésima de África que los medios transmiten: acá sólo hay hambre, miseria, guerra y corrupción. Obvio, no son países perfectos y sí, tienen muchos problemas, pero también hay muchísimas cosas lindas, la gente, la cultura, la música, los deseos, la increíble resiliencia de las personas y su enorme capacidad del buen humor y del compartir. Cuando fui a Colombia, en 2007, los medios me decían que por poco debía ir con chaleco antibalas y preparado para el secuestro y después, allá, me encontré con un país hermoso y con la gente más cálida y amigable que conocí en mi vida. En algún punto, sabía internamente que con África iba a pasar algo parecido y por eso me propuse contarlo. Si un día me entero que una persona, una sola, se animó a venir a África después de leer algo de lo que escribí, ya está, me doy por hecho definitivamente.

 

*

 

Crónicas Africanas23 de septiembre de 2013

#CrónicasAfricanas [DÍA -7]
ÚLTIMA SEMANA EN BUENOS AIRES…Y EMPIEZA LA MELANCOLÍA.
Te voy a extrañar, che…

[FOTO]

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–          ¿Qué pusiste en la mochila?

–          Muuuuy pocas cosas, porque la espalda es lo más importante en los viajes largos. Prefiero estar sucio a con dolor de espalda. Tengo, por ejemplo, tres remeras que uso (uso, lavo, uso, lavo, etc.), dos pantalones, dos pares de zapatillas, no mucho más. Llevo jabón para lavar la ropa, cepillo para fregar, tenía carpa pero se me rompió y decidí no comprarme otra (varias veces me salvó, igual), y después, bueno, mi parte tecnológica, voy con una pequeña computadora, la cámara de fotos y, lo mejor que me compré, una Kindle, libro electrónico. Llevo como 70 libros, que encima puedo ir actualizando, y no me pesa más que 100 gramos. Gracias a la Kindle, por ejemplo, me volví un adicto a Saer y todos los días, antes de dormir, lo leo un rato…y también voy leyendo sobre la historia del continente, guías de viaje, etc. Ah, y mis padres me dieron un botiquín que, toco madera, todavía casi ni usé (apenas algunos Ibupiracs), aunque tengo que tomar todos los jueves la medicación para la malaria.

La mochila pesa mucho. Se disfruta más, claro, pero no te voy a negar que la peor parte del viaje es cuando uno tiene que ponerse otra vez la mochila y cargar el peso. Además, los viajes muchísimas veces son bastante incómodos y uno llega a destino con dolor no sólo de espalda, sino de cabeza, panza, piernas, etc. Pero, bueno, son sólo molestias pasajeras y al cabo, lo valen porque lo positivo siempre es mucho más.

 

[Varios días después. Mail:

Hola!Me quedan 10 min de cyber, que me los reserve para esta respuesta.

Primero, en el mail anterior me olvide de dos cosas importantes que llevo conmigo: un mosquitero, en la mayoría de los lugares hay, pero, por las dudas. Me ha salvado un par de veces. Y después, ay, me olvide! Hago tantas cosas cada vez q me conecto q me olvido, jaja]

 

*

En África, Fernando es un “Farandji”, que en amárico significa “hombre blanco”. Los chicos, cuando lo ven, se agrupan alrededor “como una hora”, dice.

*

–          En tu Facebook compartiste una frase de Jean-Marie Gustave Le Clézio “Al irnos a África habíamos cambiado de mundo”. ¿Te acordás por qué la anotaste?

–          Leí el libro de Le Clézio, un francés que vivió mucho tiempo de su vida en África, y me quedo esa frase. Ahora me doy cuenta que sí, que es así, pero no tanto por los paisajes, ni por las religiones, ni por lo que uno piensa de África, respecto a sus rituales lo que es diferente es la vida cotidiana, la mentalidad, el tiempo, todo, en síntesis: la concepción de la vida. Kapuscciski cuenta en Ébano que en África se dio cuenta de la distinta concepción del tiempo que tenemos en ambos continentes. En África, llegas a la terminal, te subís al micro, y hasta que no esté lleno no sale, ellos hacen el tiempo. No importa a qué hora salga, lo que importa es que esté lleno, el hombre es más importante. En nuestra cultura es diferente, si el micro sale a las 7.00 hs y no hay nadie, el micro sale sin gente, pero lo más importante es que salga a las 7.00 hs. Como ese ejemplo, hay miles, de eso entiendo ahora que se trata el “cambio de mundo”, de pensar el mundo de manera diferente básicamente. Ni mejor ni peor, solo distinto, y con concepciones muuuuy diferentes de cosas tan importantes, como el tiempo, la vida, el rol de hombres, mujeres, el trabajo, etc.

 

[Ébano, RyszardKapuściński 

“El tiempo aparece como consecuencia de nuestros actos y desaparece si lo ignoramos o dejamos de importunarlo. Es una materia que bajo nuestra influencia siempre puede resucitar, pero que se sumirá en estado de hibernación, e incluso en la nada, si no le prestamos nuestra energía. El tiempo es una realidad pasiva y, sobre todo, dependiente del hombre”]

 

*

Crónicas Africanas5 de diciembre de 2013

“En el curso de mi vida me he dedicado a la lucha del pueblo africano. He combatido la dominación blanca y he combatido la dominación negra. He promovido el ideal de una sociedad democrática y libre en la cual todas las personas puedan vivir en armonía y con igualdad de oportunidades. Es un ideal por el que espero vivir, hasta lograrlo. Pero si es necesario, es un ideal por el que estoy dispuesto a morir”.
Hasta siempre Nelson Mandela.

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*

 

Crónicas Africanas23 de enero de 2014

¿Cuántos hinchas de Huracán habrán cruzado la frontera Rwanda-Burundi?

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–          ¿Recordás algún momento que te haya marcado?

–          El momento de mi llegada a Burundi, cuando veo a esa mujer que le quiere dar la teta al nene y no tiene nada adentro. Durísimo. Vi mucha pobreza, sí, pero esa imagen fue tremenda, fue tan simbólica, además, madre, hijo, todo junto condensado ahí. Da tanta impotencia y marca en el sentido feo, te queda grabada en la cabeza.

Hay otros dos momentos que cree hoy, sin quizás la perspectiva que el tiempo en algún momento le va a dar, que lo marcaron. La peregrinación de monjes ortodoxos en Lalibela (Etiopía) dónde conoció a Johan, un canadiense que le hizo ver cuán importante es despertarse todos los días con salud y cuando por primera vez vio mujeres haciendo cola con bidones de plástico para recoger agua de pozos.

–          ¿Cómo es ver ese tipo de situaciones?

–          Es difícil, la verdad. Y lo peor de todo es que, con el tiempo, uno se acostumbra. Ahora no me resulta nada extraño ver a las mujeres buscando agua, y es peligroso eso, muy peligroso. Porque si uno se acostumbra, después le da lo mismo. Todo el tiempo trato de ser consciente de mi lugar, de lo que hago, de por qué viajo, de qué estoy haciendo acá, de si está bien, si está mal, y soy muy consciente de que soy un rico viajando en lugares muy pobres. Y es difícil lidiar bien con eso, hay días y días. Acá, la pobreza no es de hambre: esa imagen del africano desnutrido con el buitre comiendo al lado ya no es actual (al menos en los países que estuve). No hay hambre porque, al cabo, todos practican la agricultura de subsistencia y siempre hay qué comer. Pero es la pobreza de no tener agua potable, de los mosquitos, la malaria, la falta de médicos, de hospitales decentes, de perspectivas de cara al futuro, de trabajo, de limpieza, de cloacas. Es duro, realmente. Y la gente, viviendo con un montón de carencias, es feliz: comparte, se la pasa escuchando música, se juntan todo el tiempo (acá, la vida es social o no es: hay que ayudarse), si tienen uno te dan medio, son sociables, amigables, divertidos. Pero es duro.

*

Crónicas Africanas12 de febrero de 2014

Esto se pone cada día mejor…

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Fernando continúa viajando. Este relato se sigue construyendo cada nueva mañana “Espero que las rutas, las corrientes y los vientos sigan trayendo lindas noticias, nuevas sonrisas, variados sueños. El viento en la cara rejuvenece”.

Seguí el camino en http://www.cronicasafricanas.com/

Es el agua, estúpido

Hace tres meses, pocos días antes de que se hiciese pública la llegada de Chevron a la Argentina, publicamos una nota sobre la destrucción que había generado la petrolera norteamericana en la Amazonia ecuatoriana: 20 mil galones de crudo y 30 mil millones de galones de vertidos tóxicos directo a la tierra y a los ríos durante 30 años. Yendo un poco menos en el tiempo, también retratamos el conflicto que se vive al sur del país en Comodoro Rivadavia. Allí hay dos grandes proyectos, también petroleros, los pozos de La Greta y El Trébol, que gracias a la organización ciudadana y al accionar del líder mapuche Marcelo Pintihueque se lograron frenar por el momento por vía judicial. ¿Qué es lo que se discute? El uso del agua. Ambos pozos habrían de funcionar mediante el fracking, perforación del suelo mediante la inyección de líquido a alta presión para fracturar las rocas y así liberar el petróleo. La operación requerirá entre 4 y 30 millones de litros de agua durante todo el proceso. Tal como afirmamos antes, lo volvemos a repetir. De lo que se trata todo esto es del agua.

En Argentina hay regiones extraordinariamente ricas en agua y otras por completo áridas, donde encontrarla se vuelve una odisea. De por sí el 75% del territorio es árido o semiárido, y las cuencas acuíferas que la rodean apenas poseen el 1% del agua dulce nacional[1]. Así, lo que debemos reflexionar es cómo considerar este recurso, que se nos presenta escaso, por más de cualquier otra apariencia.

A principios de septiembre, NosDigital estuvo en las puertas del Impenetrable chaqueño, en el pueblo de Miraflores. Durante toda la semana que estuvimos allí vimos pasar camiones tras camiones cisterna llevando el agua que de otro modo no podían conseguir. Hace 8 meses que no llueve. A todo lo que estuvo vivo lo amenaza la muerte: los cultivos, el ganado menor… Esa región está habitada por diversas comunidades Qom y Wichi, y la conclusión de ellos es la misma: “no es que no queremos trabajar, es que no podemos”, haciendo alusión a la falta total de agua que les impide plantar cualquier cosa y mantener en pié los pocos animales que puedan tener. Su organización en comunidades ya está en camino a luchar por este derecho que se les es negado. Esta situación, también hoy la están atravesando diferentes regiones del norte y nor-este del país, donde las sequías son una realidad ineludible.

Hasta acá, podríamos decir que no hemos dicho nada nuevo. Incluso pareceríamos incluirnos en la moda ecologista y verde que quieren imponer desde Ciudad Verde del gobierno del PRO en Capital Federal, el “1 tapita, un 1m² de bosque salvado” de Villavicencio, ¡hasta la Coca Cola ya se volvió verde!

Sin embargo, la propuesta y la reflexión va por otro camino. El “No a Chevron” reluce un rechazo a una forma de gestionar los recursos, el “No al Fracking” rechaza una práctica altamente contaminante y el “No tenemos agua” marca una realidad. Pero estos casos también son un ejemplo de organización y rediscusión sobre el control de la sociedad entera de sus recursos.

Porque acaso, ¿el cambio social no vendrá cuando sea la sociedad en su conjunto la que decida su destino colectivo?



[1] Green Cross, “Agua, panorama general en la Argentina” http://www.gcint.org/sites/default/files/publication/document/Agua-Panorama-General-En-Argentina.pdf Fecha de Consulta: 10/9/2013

Vamos las bandas

Crónica de la Primer Jornada de la Ley de la Música, que resume el espíritu de este proyecto ya aprobado y también sus puntos prácticos aún pendientes. De tocar en el subte a grabar un disco, soluciones colectivas a los problemas de siempre.

Es lunes a la tarde, en verano, con calor, con mucho calor, el subte está fastidioso. En el pasillo de baldosas resbalosas que une la combinación de la línea A y la línea C, la gente corre; en realidad camina con actitud de correr. El ritmo no llega al trote pero vamos en zigzag, avanzando por recovecos. Alguien adivina el compás: Pum, pum pum, pumpumpumpuuum, pum.

Un pibe sentado en un cajón peruano cierra los ojos y se entrega a sus manos. Tiene el pelo hecho rodete y una pandereta enganchada a la zapatilla izquierda que acaricia el piso con la precisión relojera del tic-tac.

Un pibe, un cajón peruano y una pandereta producen el momento en que te olvidás de estar arrancando la semana con la musculosa pegada a la espalda.

El señor con traje pasa muy cerca y mira la mochila abierta con pocas monedas. Me imagino una posible conversación: le ofrece un trabajo, un sueldo fijo, aire acondicionado, quizás hasta un traje como el suyo. El pibe dejaría de estar en ese pasillo y ya nadie adivinaría el compás que confunde caminar con correr. ¿El pibe dejaría de estar en ese pasillo?

Vuelve a cerrar los ojos; el cuello mueve a la cabeza que se reclina para atrás, la pandereta provocadora estimula las manos. Debe estar de acuerdo con Nietzsche cuando escribió “Sin la música, la vida sería un error”. Más allá del remo constante, del calor, de las pocas monedas, de las múltiples dificultades.

El señor con traje siguió caminando: él también sabe que el pibe no dejaría de estar en ese pasillo. Me acerco, charlamos y se cae de maduro que sus múltiples dificultades son las que tenemos varios. Lo banco un par de temas, hay un piso necesario de monedas que garantizan el puchero de hoy. Nos levantamos, él se encarga del cajón y yo de la pandereta.

Llegamos.

–          ¿Vienen a la Primer Jornada sobre la Ley de Música? Pasillo al fondo. Escaleras. Segundo piso.

Cristian Aldana, cantante de El otro yo e integrante de la Unión de Músicos Independientes, toma el micrófono en la primera mesa de la Jornada: “Este proceso en el que se llevó adelante la Ley de la Música tiene que ver con romper un montón de barreras que van más allá de subirse a un escenario, tocar la guitarra, editar un disco, distribuirlo, armar una fecha. Hay cosas que se ponen también desde un lugar que tienen que ver con la organización y el trabajo colectivo. Este proceso marca muy fuertemente eso. En la música todavía nunca nos habíamos juntado. Veíamos que los actores ya tenían su instituto, la gente del cine también, que estaban como mucho más organizados. Me acuerdo cuando cerraban algún teatro de ver a todos los actores en la puerta diciendo: este lugar no lo cierran. Eso no lo veía cuando pasaba algo con la música, de golpe se cerraba algún lugar y a nadie le importaba, parecía que todos mirábamos para otro lado. Todos estos procesos sirven para darse cuenta que la única forma de poder mejorar las cosas es juntándose y organizándose”.

Todavía el pibe sentado a mi izquierda mira cada tanto la mochila. Las palabras no le alcanzan del todo, adentro hay pocas monedas y cuando la panza hace ruido no hay micrófono que la tape. Pero escucha “asambleas” y levanta la mirada. Desde los parlantes se cuenta que la organización empezó a tomar forma de mesas de trabajo que buscaban pensar una ley contemplativa con la realidad del músico y su ecosistema ¿Hablarán también del pasillo resbaloso? Siguieron por varios meses los espacios de discusiones en las diferentes mesas, el análisis de leyes de otros países y de leyes de Argentina correspondientes a otras áreas, hasta que fueron llegando los primeros borradores a las manos.

Cristian resume el primer momento de trabajo: “Se utilizó toda esa energía de un montón de músicos que realmente tenemos la necesidad de que exista algo que mejore las condiciones de cómo se hace música en la Argentina. Que se cree un instituto que pueda fomentar la música como pasa con el cine, con el teatro, nos parecía que la música siempre quedaba afuera de todo. En un momento se planteaba que la música era algo que solamente se vendía y se compraba, y nosotros creíamos fuertemente que no es solamente eso, que uno hace música porque le hace bien al alma y subirse a un escenario y editar un disco es un derecho. Nos parecía que estaba bueno que no fuera la lógica de siempre de que ´algunos sí y otros no´ y que el instituto tenía que fomentar a todos”.

Entonces, para cerrar, Aldana define ese espíritu de búsqueda colectiva que toma forma de ley: “Es muy difícil que la ley sea perfecta, pero si va a ser mejor cuando participa más gente”.

Parte 1  

“Un derecho”, pensó el pibe y se dio cuenta lo mucho que había que hacer para lograrlo. Falta el fomento a la actividad musical pero también está la necesidad de mejorar las condiciones laborales suyas y de sus compañeros. Desde la mesa sobre la tarima explican que la creación del Instituto Nacional de la Música – que recién eligió sus primeras autoridades- apuntó a mejorar el primer punto. Aldana: “Se concibió en los grupos de trabajo y en el grupo redactor avanzar primero en la creación de un órgano de fomento de la actividad musical y cuando empiece a mejorar – sin estirarlo tanto-  trabajar en un estatuto del ejecutante musical que pueda dar respuestas inclusivas en lo laboral y en lo social para cada una de las diferentes realidades del músico: siendo músico en relación de dependencia, siendo músico a veces en relación de dependencia y a veces independiente o siendo músico independiente”.

El 28 de noviembre del año 2012, la ley fue aprobada. Diego Boris, presidente del Instituto Nacional de la Música, aclara: “La ley se aprueba con unanimidad en general y en particular, o sea no hubo un solo legislador ni ningún partido político que haya objetado un artículo de la ley”. Sin embargo, todavía no está en pleno funcionamiento.

Ley federal

Diego Boris no le escapa a las anécdotas, sonríe, habla, aplaude y vuelve a empezar. Ante todo aclara que el Instituto de Nacional de la Música es un órgano de fomento a la actividad musical, no de regulación. Nadie va a ir a decirle que no puede estar con su cajón y pandereta, no necesita de esa autorización para abrir la mochila. Pero puede ir a la sede de la región Metropolitana y ver que se ofrece.

“El Instituto nace federal porque va a tener una sede en cada región cultural”. Las regiones son seis: Metropolitana (Ciudad Autónoma de Buenos Aires y provincia de Buenos Aires), Centro (Córdoba, Santa Fe y Entre Rios), Nuevo Cuyo (Mendoza, La Rioja, San Juan y San Luis), NEA (Chaco, Corrientes, Misiones y Formosa), Patagónica (Tierra del Fuego, Antártica e Islas del Atlántico Sur, Santa Cruz, Chubut, Rio Negro, Neuquén y La Pampa) y NOA (Jujuy, Tucumán, Salta, Catamarca y Santiago del Estero).  “Cada sede va a estar subdividida o integrada en seis áreas que fueron los espacios de trabajo que se construyeron en las Asambleas y los que se concibieron que había que fomentar”, dice Boris.

Las seis áreas

“Seis posibles soluciones”, pensó el pibe que ya había sacado un cuaderno y tomaba nota desde hace rato. Quizás hay forma de solucionar algunas de las múltiples dificultades: donde tocar, donde tocar y que no me caguen, la guita que no me deja grabar un disco, ni hablar de editarlo, la puesta en escena de un show (eso ya es soñado), cobrar algo aunque sea por mis temas, poder difundirlo… Mierda que había una lista larga.

Circuito estable de música en vivo: El circuito se armaría con lugares privados, lugares estatales y lugares comunitarios que quieran conformarlo. “Si un lugar quiere estar va a recibir seguramente un beneficio económico con un subsidio, va a recibir sonido o luces, o lo que necesite, y también estar en un sistema integrado de difusión en medios nacionales y en medios locales. Como contrapartida se le va a exigir como mínimo que el 70% de la recaudación sea para los músicos”, explica Diego, dejando en claro que ese es el piso de las exigencias.

Subsidio y créditos tradicionales: “Es donde los músicos van a llevar sus proyectos y haya un jurado que los evalúe”. La idea es que se fomenten estas instancias de ayudas económicas.

Fomento directo a la producción: “En este espacio se va a tratar de dar vales que solucionen una instancia de un proyecto productivo de una banda o de un solita o de un colectivo musical. ¿Una instancia qué quiere decir? Por ejemplo, un vale para fabricar mil discos, un vale para 50 horas de grabación, un vale para hacer un videoclip o un DVD. Una instancia, no todo, entonces va a haber una solución de una instancia del proyecto productivo para muchos. Y en este lugar la idea es que no haya ningún tipo de jurado”. Diego Boris vuelve sobre esta última característica y la remarca reconociendo la diferencia con el espacio de subsidios tradicionales: “¿Por qué en todas las instancias de fomento una generación tiene que juzgar a otra? ¿Por qué los parámetros estéticos de una generación tienen que influir en juzgar a otra generación que por ahí tiene parámetros estéticos que recién va a empezar a definir dentro de unos años?”

Formación integral del músico: “Antes de recibir un beneficio al músico se le va a explicar lo más didácticamente posible cuáles son los derechos intelectuales y laborales que tenemos en la actividad”. El espacio tendrá también la función de promover conocimientos académicos y que aporten al desarrollo total del artista.

Circuito Cultural-Social: “Todo músico que reciba un beneficio, antes de recibir el segundo beneficio, va a tener que acordar con el Circuito Cultural-Social que va a estar conformado por comedores comunitarios, sociedades de bien público, centros culturales en barrios con dificultades para pagar una entrada, lugares de reclusión o donde están nuestros mayores, etcétera. Es decir que un músico que reciba un beneficio, antes de recibir un segundo tiene que acordar una actuación, una charla, un taller, etcétera, para compensar en parte lo que nosotros recibimos de la sociedad”.

Difusión: Los medios que compongan la Radio y la Televisión Argentina Sociedad del Estado deberán difundir las actividades del Instituto en un porcentaje no menor al 0,5% mensual de la totalidad de la emisión. También se cuenta con la difusión regional y nacional del Circuito estable de música en vivo.

“¿Me tengo que anotar en algún lado?” Me preguntó el pibe. “Que se yo” le dije, pero antes de cerrar la charla, Diego Boris hace una última aclaración: “Todas las organizaciones de músicos tienen derecho y garantizado el protagonismo y la participación en los seis espacios”. Cada organización puede participar en la región cultural en la cual tenga su personería jurídica. “Atrás de cada artículo de la Ley de la Música, estamos las organizaciones de músicos o los músicos organizados definiendo cuales son los requisitos que tienen que cumplir los músicos para acceder a los beneficios. ¿Eso qué quiere decir? ¿Qué el músico tiene que ser parte de una organización para ser beneficiado? No, todos los músicos tienen el derecho y la posibilidad de ser beneficiados”.

Los aplausos llegan después de que se cierre diciendo: “Esto es básicamente lo que es el proyecto de la Ley de la Música, por supuesto está abierto a todas las preguntas que quieran hacer”. Algunas manos se levantan, preguntan, cuentan experiencias, sugieren posibilidades. Agarramos el cajón peruano, la pandereta, la mochila y volvemos al subte.