Quién pide Justicia

La plaza del Congreso se llenó de personas que hicieron un amplio pedido de justicia. Fue acto descentralizado que se compuso de muchos pequeños grupos de familiares y amigos de víctimas de muy diversos actos de inseguridad: desde oficiales muertos en ejercicio a pibes asesinados por la policía; de peatones atropellados por conductores alcoholizados a las víctimas de Once, Beara y Cromagnon; de personas asesinadas en robos a las mujeres víctimas de la violencia machista.

“Morimos en boliches mal habilitados, en ciudades inundadas, en manos de femicidas, en rutas inseguras, en accidentes de tren, en picadas con conductores borrachos, en recitales, por tener o no tener celulares; pero no nos resignamos”, decía el discurso oficial.

En un ambiente triste y apagado, la concentración se dio en la práctica como un acto terapéutico: una especie de velorio público y multitudinario. Donde se abucheó a las Madres de Plaza de Mayo Línea Fundadora y se aplaudió a la Asociación de familiares de víctimas de terrorismo en Argentina.

La crítica se centró en los jueces y los procesos judiciales. Los principales pedidos fueron un registro de víctimas, asistencia integral y permanente, participación en el proceso penal y – la consigna más aclamada- el cumplimiento efectivo de las condenas.

La manifestación tuvo un alto amparo mediático por parte de las radios y los canales tradicionales, al punto de tener como anfitriones a periodistas famosos, como Luis Novaresio. Llamativamente el propio Gobierno apoyó públicamente la actividad y el pedido de justicia del que es destinatario.

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