Ley de lobby

Golpe, golpe y golpe, suena la puerta de la habitación del piso 3 del Hotel Royal Tulip. Estamos en el ala norte de Brasilia -ciudad con forma de avión para quienes no la conocen. Ciudad planeada, capital diseñada en medio de la nada, ciudad para ministerios, ciudad para autos. A dos días de la primer sesión de Diputados, en el estacionamiento del hotel se agolpan los BMW, Mercedes y Audis de todos tamaños y colores. De ellos descienden hombres de saco y corbata, acompañados por otros hombres trajeados más corpulentos que ellos.

Dentro de la habitación, entre asesores, está Lula.

“Pedaladas fiscais”

En el hotel, los saco y corbata desfilan desde bien temprano en el bar donde se sirve el desayuno, más entretenidos con el celular que con el buffet servido. La pileta y el gimnasio, repletos de mujeres jóvenes. Se rumorea entre empleados y huéspedes que son las parejas de los diputados que llegan a Brasilia para las maratónicas sesiones de viernes, sábado y domingo. También se alojan en el hotel unas diez familias tipo -todos blancos y rubios, algunos de los hombres peinan canas o con poco para peinar, con una pequeña bandada de hijos e hijas-, visten todo el día remeras amarillas y andan con la bandera de Brasil flameante. Esa es la estética elegida por los partidarios a favor del impeachment.

DSCF9703Los diferentes canales de tevé replican todo el día los escraches a Lula al retirarse del hotel. Estos huéspedes amarillos consiguen hacerlo frente a las cámaras atentas de O Globo buscando un golpe de efecto. Al día siguiente comenzarían las tres sesiones que finalizarán con la media sanción del impeachment el domingo 17 de abril.

El campamento iniciado el miércoles 13 con partidarios de Dilma Rousseff había crecido. Se organizó un festival de “artistas contra el golpe”, pero a golpe de vista quedó en evidencia que fue poco concurrido. Se esperaba el arribo del grueso de la militancia entre viernes y sábado al terminar la semana laboral.

Los funcionarios del Banco Central, que repiten la palabra “cambio” y mencionan que sacando a Dilma mejorará instantáneamente el clima de negocios y por lo tanto, la economía en su totalidad, explican la causa del juicio que golpea a la presidencia de Dilma: “pedaladas fiscais”. Las pedaladas consisten en retrasar el pago de obligaciones del Tesoro con otras dependencias públicas como el Banco do Brasil. Es una deuda intraestado, pero no es un préstamo. Un mecanismo usado con frecuencia en Brasil y en muchos otros países. Existe la Ley de Responsabilidad Fiscal de 1950 que es muy vaga al respecto y las “pedaladas” podrían considerarse como un incumplimiento de esa ley. En el artículo 36 de la Constitución de 1988, se prohíben los créditos entre Instituciones públicas y los entes que las controlan. Alegan también l que al realizar las “pedaladas”, el gobierno fue por fuera de la Ley Presupuestaria. En resumen, el delito del cual se acusa a la presidenta no está tipificado específicamente en el marco legal. Si fue un delito de “responsabilidad fiscal” o no, está abierto a discusión incluso entre los especialistas en derecho.

“Mudança” (cambio) y “Esperanza”  se escuchan hace días en las calles de Brasil, en los programas de O´Globo y en las voces de taxistas y vendedores de ropa de la capital. Algunos hablan de la recesión, y “el cambio” parece ser la solución a todos los problemas. “El cambio” implicaría, por lo pronto, que Temer, vicepresidente conservador que llegó por una alianza del PT, se haga cargo de la presidencia.

 

Representantes ¿de quién?

El Parlamento está controlado desde la vuelta de la democracia por el Partido del Movimiento Democrático Brasileño (PMDB), el único partido con arraigo territorial hasta en los rincones más recónditos de la geografía brasileña. El PMDB formó parte de todos los gobiernos desde 1985.

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Son 25 los bloques en la Cámara de Diputados, siendo los más numerosos: el PMDB (69), el oficialista PT (58) y el PP (49).

Otro aspecto que describe al parlamento brasileño es la subrepresentación de las mujeres y de los afrodescendientes: ninguno de los dos grupos llega a los 50 legisladores (10% de la Cámara). La elección es indefinida, por lo cual hay legisladores que están desde que volvió la democracia en 1985, con más de 30 años de mandato.

En el parlamento hay bloques corporativos que atraviesan el sistema partidario. Un corporativismo grotesco que muestra abiertamente los intereses que defienden.

Uno es el bloque del agronegocio que agrupa a la mayoría de los diputados del Sur. Su apoyo al impeachment se basa en que, según ellos, el MST (Movimiento de Trabajadores Rurales Sin Tierra) y la agricultura familiar invadieron los ministerios.

Otro bloque importante es el evangelista. Tiene mayor representación que las mujeres y los afrodescendientes. Eduardo Cunha, impulsor del impeachment, forma parte de ese bloque. Brasil es un país muy creyente, en donde se profesan una infinidad de variantes del cristianismo y las iglesias tienen gran presencia territorial. Los integrantes de este bloque ideológicamente son muy flexibles, suelen ir con la mayoría y sus votos suelen fundarse en la iluminación de Dios. También hay un reducido grupo de militares (cuando retornó la democracia, los militares presentaron partido en las elecciones) y un policía, que asisten a las sesiones con su uniforme.

No puede soslayarse la influencia de la Federación de Industriales del Estado de Sao Paulo (FIESP), sobre los diputados de ese y otros estados, particularmente a través del doble rol del diputado Paulo Skaf que lidera simultáneamente la FIESP y el PMDB. El papel de la FIESP como financista y organizador de la campaña a favor del impeachment resulta clave.