Brasil nuestro de cada día…

A Janaína le da lo mismo: esté quien esté, él falta.

Lo mató Junior.

Junior llegó de Piauí, del Nordeste. Su mamá es costurera. Es muy joven, pero ya entró en la Policía.

Llora Lorena, todas las noches. Ella tuvo la maldita idea de decirle: “Véamonos amor, quiero contarte algo”.

“Estoy embarazada. Estoy muy contenta. Quiero que nos casemos antes de que nazca”. Y los dos se abrazaron.

Rayssa ama Rio de Janeiro. Pero no la siente propia. No es de aquí, llegó hace un tiempo con su hijito, escapando de un hombre golpeador y borracho. Se instaló en una casita en un morro, zona Norte de la ciudad. Es la misma casita en la que ahora, quince años después, mira por la ventana y se pregunta: “¿Qué será de nuestro futuro?”.

Se acerca a la cama de Junior, todas las noches antes de dormir. Él llora y lanza puñetazos contra la pared. Ella lo convence: “No sos un asesino, es parte de tu trabajo”. Él lo abraza, ella le da un beso en la frente.

Renato ya se lo imaginaba. Me va a decir que está embarazada. Le voy a decir que Jesús, que, si es nene, quiero que Jesús sea su nombre. Si es nena, María. Qué lindo va a ser cuando lo contemos en la Iglesia.

Volvía Renato, todavía imaginando. Volvía y lo alcanzó la bala de Junior. Los dos son negros. Lo confundieron con un traficante. Su mamá, Janaína, no tenía consuelo en el velorio y hasta salió en los medios: “Paren de matar a nuestros hijos. Somos negros, pobres y vivimos en la favela, pero no somos bandidos”.

A la semana, mucha gente se manifestó. Cantaron: “Chega de chacina/ Polícia assassina”. Que paren con la carnicería.

La columna de la universidad era la más activa. Renato había ingresado en la Estadual, quienes lo recordaban eran sus compañeros. Estudiaba Contaduría: decía que nunca había tenido mucho dinero y que, por eso, su sueño era trabajar de contarlo; que sería su forma de decirle a la vida que él había ganado. No hizo a tiempo.

El programa de cotas raciales permitió, por primera vez en la historia de Brasil, que 150.000 negros puedan acceder a la universidad. Lo lanzó Dilma, en 2012.

A Dilma la están juzgando. Ella dice que no le perdonan ocuparse de los pobres, que no es corrupta, que es un grave error histórico, que no se puede asestar semejante golpe a la democracia. Pasó cosas peores, piensa pero no lo dice, y, una vez más, tan recurrente el recuerdo, se vuelve a ver torturada por militares sin alma en los ´70.

Michel es actualmente el jefe del Ejecutivo. Sus papás llegaron del Líbano en 1925, escapando de las penurias de la Gran Guerra. Ahora, es el líder de un país de 200 millones de personas, pero muchas ni lo registran. Las preguntas sobrevuelan:

¿Quién gobierna?

¿Quién tiene el poder en Brasil?

¿Es el PT, PSDB, el PMDB?

¿Quién manda?

Jesús la mira, con sus ojos de interrogante, y a Janaína le da lo mismo: esté quien esté, él falta.

 

Imagen de portada por Sam Valadi.