África entre fronteras

Por Los de Arriba las manos.

Paja y piedras de fondo, como frente a un telón descansa sobre un paraje desértico en tierra de pocos. Entre fronteras, en un territorio cuya disputa actual es por la no incumbencia sobre los asuntos que allí se postergan, el lecho seco del lago Chad da la pauta del manejo de los asuntos regionales en esa triple frontera. De sus antiguas orillas, solo queda el rigor de una tierra agrietada que de pensarse a si misma, lo haría con la nostalgia de haber sido núcleo de fecundidad antes de haber sido desviada y aprovechada por el vecino mas poderoso en infraestructura, Nigeria, para potenciar su agricultura a costa de la de los demás campesinos y pescadores.

Sobre un banco liso y descobijado, es él el único que se mantiene inmutable frente a la enardecida actividad de carga y descarga que todos inician ni bien comienzan a llegar las camionetas desde Nguigmi, ultima frontera de Niger, hacia este lugar. Transportes desbordados donde los pasajeros serán el contrapeso y engarce necesario durante los días que tome el trayecto para que nada se caiga. Como alfileres, se van bajando respetando un orden desordenado pero construido durante el viaje, y al ver a todos debajo, parece imposible que hubiera espacio para tanto pasaje sobre el equipaje.

Sobresale porque sin mostrarse indiferente, parece nada tener que ver con lo que se negocia a su alrededor. Tierra de pastores nómades por su reverdecer en épocas de lluvia y por su oferta de agua permanente en el pasado, las costas del lago se mudaron hacia el interior[i] hasta presentarse hoy ese lugar como un sitio abandonado y mero camino de paso. Los pequeños refugios en las antiguas playas, ya deshabitados, son muestra de una mutación en el uso de los espacios y de una disputa cedida por los mercaderes estatales para el usufructo propio de los comerciantes, ganada luego por los contrabandistas, y perfeccionada como avispero de la transa de mercaderías de consumo “prohibido”. A veces el alcohol, a veces el tabaco o lo que el combustible exija como moneda de cambio, lo que menos se discute es la tasa que deberá pagar el migrante para poder atravesar el espacio sobre el que no tuvo margen de opinión. Omisión estatal que posibilita la acción, el migrante amortiza los costos de los transportistas montado sobre la carga sin esquivar los cánones de importación.

Y como el lago corrió sus fronteras hacia el centro, también lo hicieron las rutas que lo circundaban, y todavía a más de 3.000 kilómetros de la costa mediterránea libia, a donde se supone muchos migrantes esperan arribar tras el desierto, llama la atención la cantidad de hombres que se encuentran marginados de toda actividad y asisten como espectadores a todo lo que sucede a sus costados. Difícil hubiera sido adivinar que todo esto, semejante espacio al aire libre y con pocas sombras a las que acudir, se trataba de un centro de detención de migrantes, a ciertos ojos, clandestinos.

Por Los de Arriba las manos.
Por Los de Arriba las manos.

El trovador lo describiría ser de la nada, con absoluta ironía, pero el había nacido en África Occidental y recorrido las líneas que atraviesan el mundo. Las habría dibujado en forma de puntos si pintara, pero no teníamos cómo ni ganas. La pleitesía de una sonrisa triste contradeciría la historia por detrás. Habiendo atravesado Sudán y Chad, y acostumbrado a trabajar en cada sitio para poder seguir subvencionando su andar, llegó a estos controles sin suficiente dinero para pagar el tributo que se solicita en todos los controles, y a pesar de tener pasaporte en regla y todo signo propio de identidad solicitado, fue detenido, desposeído, indocumentado y liberado a su suerte en medio del desierto sin más nada que negociar. No es el migrante típico, joven, dispuesto a todo con tal de continuar, no. Se trata de un hombre cansado de ciertos maltratos que se “negaba a colaborar”.

“No siempre fue así. En otras épocas se podía circular con libertad y el trato con los oficiales era diferente y respetuoso. Sin embargo, hace algún tiempo los conflictos fronterizos y las dificultades económicas se sienten cada vez más, y florecieron todos estos controles haciendo imposible tener el suficiente dinero para poderlos cruzar” Nuestra experiencia corroboraba algo similar. Aún viniendo desde el otro lado, cada 20 o 30 kilómetros, a veces menos, los caminos se encontraban cortados en espacios donde era imposible esquivarlos, para llevar adelante controles donde cada pasajero es obligado a realizar un aporte de acuerdo a su nacionalidad, sin importar demasiado la documentación real. A veces era por Boko Haram, otras por control territorial, solo permiten circular hasta las 17.00 horas y pasado ese horario no se puede continuar.

El patrón común en los controles, además de tal rigurosidad, es la suerte a la que quedan echados aquellos que no lo pueden afrontar. En los mejores de los casos, en los controles internos, quedarán a su suerte en el mismo lugar, sin derecho a nada y no mucho mas. En los casos fronterizos, sin embargo, la proliferación de los campos clandestinos de detención es una cuestión mas complicada. Rosso al norte de Senegal, Tamenghest al sur de Argelia, Kara lo mismo en Libia, Al Geneina en el oeste de Sudán, se habían estructurado como localidades-centro de detención para los migrantes que las quisieran atravesar. Allí, las condiciones de hacinamiento, maltrato e inanición son las que difunden quienes tuvieron la mala suerte de visitar, y esta política no es casual. Tiene un patrón común: la migración como amenaza que debe ser contenida y combatida como tal.

Del principio de “intangibilidad de las fronteras” del que partió la Organización para la Unidad Africana en 1963 poco parece quedar. La regionalización de los conflictos y la proliferación de los “focos de tensión situados a lo largo de los espacios fronterizos”[ii], hablan de conflictos de soberanía o territoriales que son fija en la región. Sahara Occidental al oeste, el reclamo Touareg en Azawad, la frontera sur de Libia y Darfur entre Chad y Sudan, sumado a la creación de Sudan del Sur y el conflicto limítrofe entre Eritrea y Etiopía, terminan trazando una línea chueca pero horizontal de conflictos que afectan a la región del Sahara en su totalidad.

Los elementos funcionales a estos sistemas de conflictos son múltiples, la delineación foránea de los límites fronterizos, la apropiación y privatización para su explotación de los recursos naturales, la consolidación de Estados nacionales rigurosos desde capitales que se sienten muy alejadas a sus fronteras, dificultosas transiciones democráticas desestabilizadas desde la injerencia extranjera, y las propias dificultades internas de gobernanza dan mucha tela para cortar. Sin embargo, todas estas imperfecciones si sobre un grupo se ciernen en la actualidad, es sobre los que no encuentran otra opción que la necesidad de migrar.

“No puede haber paz con fronteras discutidas, no asumidas, donde lo único ampliamente compartido es el miedo al vecino”[iii], miedo infundido y consolidado que legitima el presente accionar de retener a los migrantes y liberar solo aquellos que tienen la pequeña fortuna acumulada que cada control obliga a pagar. Sin embargo hay un elemento sobre el que nos detendremos porque es común a toda la región: el fortalecimiento de estas políticas desde la cooperación internacional.

Desde la construcción del Espacio Schengen como espacio de circulación de personas y bienes en Europa (1985) al fortalecimiento de las fronteras exteriores de su actualidad, la Unión Europea negoció su ampliación y la adhesión de los países periféricos a cambio de que vigilaran sus fronteras, refuercen los estándares obligatorios y avancen hacia una transnacionalización de sus controles fronterizos[iv]. Tras los acuerdos de Amsterdam (1997), los Estados Parte le transfirieron a la U.E. la competencia en materia de Inmigración y Asilo, que a partir de los acuerdos de Tampere (1999), se fue delineando en torno a una política común de “enfoque global”.

Este enfoque a lo que se referiría es a la migración como amenaza y a la necesidad de “combatirla” desde una lógica de reciprocidad, donde la responsabilidad de los controles migratorios ya no recae sobre las fronteras exteriores europeas, sino especialmente sobre los países limítrofes y los terceros países considerados países de origen de la migración a gestionar. Desde entonces la lógica asumida por la Unión en su conjunto es la de externalizar los controles “basándose en una evaluación de la evolución económica y demográfica de la U.E.”[v] en el marco de la ayuda financiera, donde las sanciones serían económicas y las contrapartidas hacia los países que las adopten serían políticas y comerciales especialmente en lo que respecta a los espacios de colocación de sus materias primas.

Los atentados del 11 de septiembre y los sucesivos ataques en Madrid y Londres, sirvieron como argumento para endurecer las políticas migratorias sobre las regiones circundantes a Europa hasta fortalecer el rol de los llamados Estado Tapón. Las normas vinculantes en torno a internamiento, repatriación, retorno y expulsión se endurecieron hacia el seno de la Unión, mientras ésta misma, en el Consejo de Sevilla (2002), supeditó toda cooperación y ayuda financiera a una Cláusula de Inmigración a negociar con los terceros países. Esta obligación hacia los Estados Miembros, considerada inaceptable de acuerdo al propio Comité Económico y Social de la propia Unión[vi], reforzó todos los espacios de reclusión de los migrantes hacia el exterior y la proliferación de los centros de detención en los terceros países como mecanismo de negociación.

El impacto de estas negociaciones, sobre todo frente a países con serias dificultades para sostener regímenes democráticos resultado de la propia geopolítica internacional, fue la institucionalización y proliferación de campos de internamiento a lo largo de las fronteras sur de los países considerados de tránsito, en el camino de los migrantes desde África subsahariana hacia el Mediterráneo. Así Mauritania, Marruecos, Argelia, Níger, Libia, Chad, Sudán y Egipto, no protestaron a la hora de poner a funcionar centros de detención para los migrantes de Rep. Centroafricana, Congo, Camerún, Nigeria, Burkina, Costa de Marfil, Guinea, Sierra Leona, Mali y Senegal sin discriminar, mientras Europa se encargara de financiar su política migratoria general. Y frente al fortalecimiento de esta política criminal, los Estados hicieron la vista gorda ante a la proliferación de controles de índole similar para impedir el traspaso de los migrantes y despojarlos de todo su material.

II
II

A su vez, la discrecionalidad de los controles permanentes y lo inhóspito del territorio a atravesar, hace que ni falta haga el encierro de los migrantes, sino dejarlos a su propio andar. Los controles les convienen alejados de los centros urbanos o de las aldeas donde uno pueda apelar a cualquier tipo de solidaridad, y aquel que no tenga algo que negociar, simplemente será bajado del carro y obligado a caminar. A su vez, los controles migratorios fronterizos no contemplan la situación de aquellos cuyos documentos de viaje están en regularidad y se niegan a estampar el sello en el pasaporte a menos que uno lo exija y este en condiciones de pagar adicional. La idea general parece ser la de no dejar rastro de los migrantes por el suelo nacional, para que luego no sean repatriados hacia esos espacios con los costos que eso supone y los terceros países están obligados a afrontar.

Para mejorar la eficacia de los controles migratorios estratégicos, la U.E. creo a su vez a Frontex, la agencia operativa de frontera con mayor presupuesto continental, cuyo objetivo es también reforzar los controles migratorios en el exterior y delinear una política homogénea sobre el perfil de aquellos que a la Unión si le interesa dejar entrar. Esta política se visibilizó a partir del Pacto Europeo sobre Inmigración y Asilo, y el llamado “Programa General de solidaridad y gestión de los flujos migratorios”[vii] donde la discusión se centró el tipo de inmigración que Europa pretendía viabilizar, con la necesidad de pasar de una inmigración “Padecida” a una inmigración “Escogida”[viii]. A partir de allí, los espacios de detención e internamiento servirían como lugar adicional para identificar el perfil de migrantes que los Estados de la Unión Europea se interesaran en escoger y recolocar, para que de acuerdo a cuestiones económicas y demográficas ciertos cupos fueran posibilitados de continuar.

También se suele considerar que aquellos migrantes que sobrevivieron a años de trabajo en condiciones de empleo muy exigentes para poder asumir los costos de atravesar la región del Sahara, que a veces puede llevarles entre 3 y 4 años, y la entonces demostrada capacidad para sobrevivir a un cruce en balsas con alto índice de mortalidad, tienen el perfil deseado en los sectores informales para trabajar en condiciones de explotación y precariedad bajo intimidación permanente, con la presión de los sueldos a la baja que ciertos sectores pretenden impulsar con su presencia.

En términos de regulaciones internas y de protección de los derechos fundamentales de todas las personas dentro de la Unión Europea, el hecho de no reconocer tales derechos a los no nacionales por igual, generan condiciones de precariedad y el temor permanente de ser detenidos y expulsados, con la incapacidad que eso genera para establecer vínculos de solidaridad política y agrupación colectiva para reclamar.

Las declaraciones del Ministro de Exteriores de España[ix] justificando la financiación y cooperación con el centro de detención de migrantes apodado Guantanamito, en Mauritania, país gobernado desde 2008 por un régimen militar a partir de un golpe de estado, donde los migrantes viven hacinados y en condiciones lamentables, visibilizan una relación de fuerzas generalmente negada por los sectores de poder en las etapas de negociación de políticas de financiamiento norte-sur, especialmente en la región con menor índice de desarrollo global y mayor dependencia (fomentada) de la cooperación internacional y la ayuda humanitaria.

Finalmente, el impacto certero y convenientemente lejano de estas deslocalizaciones de la política restrictiva de la Unión Europea, no radica tanto en la desarticulación interna de la limitada soberanía incluso geográfica con que cuentan los países africanos mas dependientes, sino en la extorsión a la que son sometidos para contener los movimientos migratorios que tienen causas que exceden enteramente la cuestión laboral, política o económica si se quiere, sino la cuestión vital.

En una región donde se entrecruzan una concepción política histórica del territorio como fuente de producción para la distribución regional, con la impronta colonialista reciente de las fronteras nacionales, el punto de presión final termina siendo la proliferación de autoridades cuya misión es contrarrestar la movilidad individual para limitar la emigración al considerarla ilegal.

Así, la única transgresión del viajero consistirá en no tener como pagar. Y por castigo, la detención y el absoluto desarraigo de no poder continuar. Cada puesto de control termina siendo un puesto de detención en libertad. La migración como industria lucrativa, es el filtro mas pesado que el que busca nuevos horizontes debe atravesar. En el medio van quedando relegados los que no tienen, los que no llegan, y los que el mundo termina de borrar.

III
III

Que vida mejor iba a terminar encontrando yo que la de regresar todos los días a la vieja finca, saludar a mi madre, descansar junto a mis hermanos y ver ser padres a mis hijos viendo corretear a mis nietos”. Sabe que es posible que no se llegue a dar. En los desiertos, especialmente en los pantanosos, también proliferan espejismos imposibles de atravesar.

[i] Desde 1962 su superficie se redujo en un 90%. Vease Romano Prodi. Salvataje del Lago Chad.
[ii] Véase Joseph E. Stiglitz. Aprender del “Caso” Etiopía. Banco Mundial. Abril 2002. Le Monde Diplomatique, Ed. Nº 34.
[iii] Idem.
[iv] Véase Migreurop. En los confines de Europa. La externalización de los controles migratorios. Informe 2010 – 2011. Paris, Francia.
[v] Ver Fernando Casas Minguez. Política de Inmigración de la Unión Europea. 2010. III Congreso de la Red Española de Política Social (REPS), Universidad de Castilla de la Mancha.
[vi] Idem.
[vii] Véase Comisión de las comunidades europeas. Una Política Común de Emigración para Europa: Principios, medidas e instrumentos. Bruselas, 17.6.2008
[viii] Ver Fernando Casas Minguez. Política de Inmigración de la Unión Europea. 2010. III Congreso de la Red Española de Política Social (REPS), Universidad de Castilla de la Mancha.
[ix] Según Europa Press. Moratinos se ofrece a "rehabilitar" el centro de acogida de 'sin papeles' en Nuadibú, conocido como 'Guantanamito'. 5/10/09