El corso de Chiapas

Fotorreportaje en el centro de la selva mexicana del ritual que saca todo un pueblo a la calle, entre arengas, cantos y un baile que se siente perpetuo y fatal. Los Parachicos sacuden la vida cotidiana y abren una brecha: cada enero Chiapa de Corzo se levanta y resurge.

El rojo, no sin luchar, llegó a la costa del río. Asumieron la posibilidad certera de ser derrotados para elegir el suicidio. La conquista española tenía un enquistamiento de resistencia en territorio mexica que decidió saltar los 1300 metros de la pared más alta del cañón para ser agua y sangre en el río Grijalva. Antes que esclavos. Desapareció el pueblo chiapaneca al calor del invierno de 1528 y al frío de la dominación europea.

Frente al mismo río, el pueblo de Chiapa de Corzo se ofrece todos los años del 8 al 23 de Enero, en una de las fiestas más añejas del Estado mexicano de Chiapas.

Arengan dos hombres y un agitar de maracas incesante. Las luces apagadas para que solo el sol ilumine apenas la imagen de metro y medio de San Sebastian en el fondo del cuarto. Se vuelven gritos de aliento, a los saltos, ya con las máscaras puestas. Las maracas de hojalata o madera hechas zumbidos permanentes. Dos Parachicos se alistan para salir a la calle, donde se va a mover. Son los que copan el pueblo con una montera de ixtle a manera de peluca rubia, un gran poncho negro con uno pequeño bien colorido al que llaman sarape por encima, pantalones sueltos de lentejuelas que dibujan Cristos con flores silvestres y la cabeza por total cubierta con una máscara de madera a rasgos de blanco europeo.

Es la Fiesta Grande. Van en un estado de pleno transe de danza y cantos, por banderas e imágenes de los santos patronos para recorrer las iglesias del pueblo. El sol pega en el negro de los atuendos y obliga a Parachicos de todas las edades a abandonar la masa fulgurante para descansar.

La tarde entra entre vendedores de cruces floridas, tasajo y ropaje de cama. La cerveza hecha michelada por el grosero picante hace populosos a los baños por dos pesos mexicanos.

La plaza central, devenida en parque de diversiones y feria de kermés, se vuelve el centro de los festejos de un ritual que funde las religiones mesoamericanas con la evangelizadora.

La Fiesta Grande de Chiapa de Corso.
La Fiesta Grande de Chiapa de Corzo.
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Los Parachicos con sus monteras de ixtle que lucen de pelucas rubias.
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La máscara tradicional. De tez blanca y bien ruborizada.
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Michelada: Cerveza picosa.
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Frente al Templo de Santo Domingo de Guzmán.
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El aura de lentejuelas.
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Máscaras negras resaltan por poco frecuentes.
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Pocas mujeres adoptan los trajes de Parachicos.
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Imágenes: NosDigital
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Vírgenes a carretilla.
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En trance.
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Fiesta Grande 2015.