“Un pivito inocente justo paso por ay”

A Carlitos Quiroz lo mataron al confundirlo con uno de los pibes de las barriadas pobres de Pergamino que andan en robos de poca monta.  La perpetua para el policía Fernández rompió con la impunidad policial.

Canchita de tierra, esas de arco sin red. Ahí estaba jugando Carlitos Quiroz, 15 años, junto a amigos de la misma edad, el 20 de octubre de 2009, cuando alguien más grande cortó el partido. Era Mauro Mena, conocido ladrón del barrio Newbery, que llamó a Carlitos. “Le dice ´vení, que te tengo que contar algo´ y Carlitos ´no, pará´. Y este Mauro le decía ´no seas cagón´. Y Carlitos, para no ser menos, va. De ahí para adelante los chicos no saben qué es lo que hablaron”, relata su padre, Carlos.

A las 13:47 la Justicia rastrea que Mauro Mena manda este mensaje a un número desconocido: “Venite vo en 1 mi… en el camino ay un pqete en la caye y yo d pue te mando i papele”.

La respuesta llegaría pasadas las 14: “Yo ya lo dje fíjat loco no m boludies, lo dje ahí con la gita ahora los papeles”.

A las 14:46, Mauro dice: “ay voy yo a pata”.

Entre las 15:05 y las 15:10 un ciclista que pasaba por un descampado lindero al Club Banco Provincia, encuentra el cuerpo ensangrentado de un chico: zapatillas nike, pantalón de gimnasia con las tiras blancas, chomba deportiva del Valencia.

Era Carlitos.

Tenía un disparo en la garganta.

Ya estaba muerto.

A las 15:17 Mauro Mena escribe el último mensaje: “puto a ora te vas a quere matar por q me isiste una camita el que agarraron es un pivito inocente justo paso por ay y le dije q le dava 100 peso y fue”.

Vista de la ciudad de Carlitos. Fotos: NosDigital.
Vista de la ciudad de Carlitos. Fotos: NosDigital.

La secuencia

La historia había comenzado al mediodía, cuando camioneros que se encontraban en Pergamino por cuestiones laborales denuncian en la Comisaría 2 el robo de los papeles de sus vehículos. Parados a la vera de la ruta, en horario de almuerzo o siesta, los camiones son blanco fácil para los ladrones de poca monta, que ven la de hacerse unos pesos robando pertenencias y pidiendo un rescate a cambio de la devolución.

Ese martes 20 de octubre al mediodía, el ladrón Mauro Mena se comunica para negociar la devolución de los papeles por un arreglo de $400 y da instrucciones para el intercambio. La secuencia, que siguen los mensajes de texto, planeaba citar a los camioneros en un camino de tierra que conecta con la ruta.

Los camioneros vuelven a informar a la policía esta novedad del rescate. Según la investigación, los oficiales Jorge Alberto Conde y Daniel Alberto Fernández recomendaron a los camioneros negociar con el ladrón un pago mientras ellos montaban un operativo para detenerlo en el momento del cobro. Los camioneros dejaron, así, un sobre en un descampado junto al campo deportivo del Club Banco Provincia.

Ahí entra en escena Carlitos Quiroz, la carnada que Mauro Mena había elegido por si sucedía exactamente esto: que fuera, en vez de los camioneros, la policía.

Carlitos Quiroz levantó el sobre, y en seguida fue abordado por dos hombres arriba de un auto particular: eran los policías de la Bonaerense. La versión policial dice que el chico intentó sacar un arma, y la versión policial corregida dice que Carlitos intentó escapar. Sin embargo, a Carlitos no se le encontraron armas ni la documentación robada, y la bala que le dio muerte ingresó por su cuello, de frente, con dirección de arriba hacia abajo: fue un fusilamiento.

Los policías volvieron a la seccional, dejando a Carlitos ahí tirado. No dijeron nada, hasta que el fiscal de turno Guillermo Villalba ordenó una serie de averiguaciones que derivaron en la detención de los dos. En seguida se determinó que el operativo policial no había sido informado a la comisaría ni a la fiscalía, que se dio fuera de la jurisdicción de la 2°, y que los policías iban de civil y en un auto particular.

La condena

Los policías Conde y Fernández, junto con el titular de la seccional Eduardo Ledesma, fueron desafectados de sus cargos por el Ministerio de Seguridad. Sin embargo, faltaba mucho para lograr una condena.

Los diarios habían titulado “Falleció un menor de un disparo y fueron detenidos por el hecho dos policías. El confuso episodio ocurrió en…”.

Paralelamente, el 14 de noviembre de 2009 ocurrió la “desaparición” de la familia Pomar, justamente camino a Pergamino, caso que ocupó las mayores planas de los medios provinciales y nacionales. Se dijo desde que Los Pomar se habían escapado del país, hasta que habían sido inducidos por extraterrestres.  Sin embargo, habían volcado en la ruta y el auto se escondía atrás de un arbusto…

El caso de Quiroz no mereció la atención ni de los medios ni de gran parte de la sociedad pergaminense. “El discurso dominante hace referencia a la inseguridad y el reclamo de más fuerzas de seguridad”, cuenta Fausto Nascimbene, uno de los integrantes del Colectivo Militante por los Derechos Humanos que acompañó a la familia Quiroz. “Un correlato de lo que aparentemente la sociedad está pidiendo y el aumento de la marginalidad es un combo peligroso”.

Carlitos Quiroz, cuatro veces hermano, vivía en uno de los barrios más postergados de Pergamino, el Newbery. Su futuro se jugaba todas las fichas a ser jugador de Douglas Haig, equipo para el que jugaba desde los 5 años.

Monsanto juega en el mismo equipo que Carlitos.
Monsanto juega en el mismo equipo que Carlitos.

Su caso reactivó al Colectivo Militante de Derechos Humanos, que se había formado para presionar por condenas de los juicios de lesa humanidad cometidos en dictadura. “Pergamino no estaba acostumbrado a un juicio de estas características”, dice Fausto en relación al caso de Quiroz. El juicio de Carlitos supuso un nuevo desafío: denunciar la violación vigente de los derechos humanos hoy.

Se sucedieron movilizaciones, denuncias, visitas a despachos y hasta un escrache en la casa del policía Conde. “Íbamos viendo que la causa se dirigía a condenar sólo a Fernández, cuando sabíamos que Conde era el que había hablado con los camioneros y montado el operativo”, explica Fausto sobre las razones de esta condena social, no judicial.

Las presiones desde el otro lado no tardaron en llegar: “Tuvimos una intimidación. Llamaron a mi casa y me pasaron una llamada grabada de nosotros mismos, como que nos estaban pinchando el teléfono”, cuenta Fausto. La denuncia fue anexada a la causa de Carlitos y se intimó al Departamento de Investigación provincial a que dé explicaciones sobre el asunto.

También, en una de las sesiones del juicio, en medio de un ambiente caldeado, uno de los amigos de Carlitos intenta escrachar a Fernández y a Conde; “entonces un policía lo agarra del cuello, y se pudrió todo”. Gases lacrimógenos, palazos y corridas alrededor del tribunal pergaminense.

El revuelo finalmente dio sus frutos: el policía Fernández, autor del disparo, fue condenado a cadena perpetua en 2011, y Jorge Conde a 1 año y 8 meses, en calidad de cómplice del operativo ilegal.

La condena a Conde pareció insuficiente, pero la perpetua para Fernández rompió con la impunidad policial en un caso clave de Pergamino. Fausto: “Lo anecdótico del caso se vuelve parte del sistema cuando vemos que los pibes de las barriadas pobres siguen siendo perseguidos por la policía”.