Pregunten, que dolor sobra

Francisco Núñez fue el sábado 20 al evento #YoYLaYuta de NosDigital, en MU. Punto de encuentro, a contar su historia: a su hermano lo mató la policía y a él le armaron una causa para que su familia se callara y dejara de investigar. Estuvo preso y fue torturado física y psicológicamente. Aún así, se animó a una entrevista abierta con 50 personas. 

Como todavía le duele, cuando se le hizo la entrevista abierta, dejó que su papá, Omar, contestara las preguntas del público. Cuando veía que Omar se olvidaba algo, lo tocaba y se lo recordaba. Todos los invitados ya habían recibido un volante introductorio:

A DIEGO LO MATÓ LA POLICÍA. A SU HERMANO LE ARMÓ UNA CAUSA JUDICIAL PARA CALLAR A LA FAMILIA

 Diego Núñez murió fusilado por Pablo Alberto Carmona el 19 de abril de 2012, un policía de la Federal, en el barrio de Caballito. La versión oficial trató de hacer creer que Carmona le dio un solo tiro. Tenía cinco. Dos en la cabeza, de arriba hacia abajo, de adelante hacia atrás. El cuerpo estuvo desaparecido dos días, porque no usaron el celular de Diego para llamar, ni tampoco le tomaron las huellas.

Cuando su familia empezó a pedir justicia, le armaron una causa judicial por homicidio al hermano de Diego, Francisco. Lo acusaron de querer fugarse, cuando no sabía que tenía orden de detención en su contra. Preso, lo torturaron física y psíquicamente. 

Pese a que la causa de Diego quedó rezagada, Francisco salió en libertad después de un juicio en el que nada se podía probar en su contra.

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Francisco estaba en silencio y tomaba un agua. No estaba incómodo, pero no iba a hablar. Escuchaba atentamente cómo su papá, narraba, para unas 50 personas, en el evento #YoylaYuta, el último sábado, organizado por NosDigital, su terrible historia. Cada vez que su viejo hablaba, el living de Mu Punto de Encuentro permanecía en silencio.

Una entrevista abierta, donde preguntan distintas personas del público que se juntó entre mesas, más que dolorosa.

[pregunta un joven de rulitos]

– Omar, ¿cómo empezó esta historia?
– Diego recibió disparos de arriba hacia abajo que le destrozaron los pulmones y el corazón. Les cuento esto para que lo vean en contraposición con lo que dijo esta persona, Pablo Carmona, este hijo de puta. En la parte de arriba de la cabeza, con la deflagración de  los disparos, se le quemó la cara como si le hubiera salpicado aceite caliente de arriba hacia abajo. Lo tengo filmado, no por morbo, sino porque sabiendo que Diego tenía un Nextel nuevo por su cumpleaños, lo encontramos como NN. Había un ocultamiento bárbaro. Todo lo que nos decían era mentira. La forma como lo encontramos es parte del ocultamiento. El Nextel tenía registro como para que se comunicaran con nosotros. No tuvieron intención de avisarle a nadie. A los chicos se los entierra en bolsas negras. Los gendarmes lo encontraron en cuclillas. Aún así ni el juez ni el fiscal pudieron ver que eso fue una ejecución.

(Aunque así leído vaya rápido, cada una de estas palabras a Omar le cuestan y las dice cansadamente)

Tocamos puertas de la justicia. Nos encontramos con el mismo relato. Los gendarmes nos hablaban de enfrentamiento. “No, pero él tenía un arma”, decían. Se la plantaron en la mano derecha, y Diego es zurdo. Mostramos las fotos. Con todas las pruebas en contra, este hombre ni siquiera tuvo una prisión preventiva.

Empezó el acoso, las preguntas: si éramos cartoneros, matrimonio igualitario, buenos, qué éramos. Nos sentíamos humillados. Inclusive, esto lo digo porque tengo a mi hijo afuera de la cárcel, en el Ministerio de Justicia nos preguntaron qué hacían nuestros vecinos.

Yo necesito justicia por mi hijo, no ser buchón.

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[pregunta un joven de anteojos]

– ¿Qué les preguntaban?
– Todo lo que pasaba en el vecindario. Era una pibita, por eso no le contesté como debía, pero yo no iba a salir a buchonear porque me mataron a un hijo.

La cosa es que empezamos a ir al Ministerio y, en realidad, no solucionábamos nada. Después volví a ir cuando empezó el acoso con Lucía [la mamá de Diego y Francisco]. La intentaron secuestrar dos veces. Venían a llevársela sin mostrar la chapa, sin orden. “No, del juzgado Nro 6”, contestaban, y punto. Tal es así que estuvieron hablando que sí, que no. Me visto, me tiro en la silla [Omar anda en una silla de ruedas] y salgo para afuera. Les pedí toda la documentación, les dije que a la tercera vez que la vinieran a buscar y ella no fuera podían llevársela. “Más vale que andes bien documentada porque si no, donde te enganche la vas a pasar mal, y cuando se nos ocurra vamos a venir con una orden de allanamiento y te vamos a revolver toda la casa”. Está bien, cuando tengas la orden de allanamiento, vení y revolvé toda la casa.

Después volvieron a venir. “Pero venite hasta el coche así puedo apoyar la carpeta”. Como somos recuperadores urbanos, teníamos una pila de unos 15 palets. “Apoyá ahí”, le dije. Le tomamos la patente al Fiat Siena. Cuando se dieron cuenta de que no iba a poder ser, se fueron. Después vinieron una segunda vez con la misma [historia]. Decían que Lucía tenía una causa por usurpación y por estafa. Pero ella cuando perdió el documento y la requirieron desde Nextel, le pidieron la firma y dijeron que Lucía no tenía nada que ver, que no era ella.

“No vayan solos ni a comprar el pan”, les decía a Lucía y Francisco. Él trabajaba en Puerto Madero. Como es una zona de andar en auto y no hay mucha gente caminando, yo le decía que no me gustaba que laburara ahí.  Mis hijos empezaron a reprocharme que estaba paranoico. Después empezaron a preguntar por Francisco, porque había habido un episodio en su vereda. Estefanía, la pareja de Fran, escuchó que pasaba algo y se preocupó por si había alguno de nosotros ahí. Francisco fue a ver qué pasaba, pero no llegó a salir porque la mujer salió al balcón y vio que no teníamos nada que ver. “Fran, dejá, vení”, le gritó. Entonces Franicsco ni salió. La onda en los conventillos es quedarse adentro. Eso lo sabe la Justicia. Vinieron los bomberos, levantaron a la persona. Después vino el SAME, después Prefectura. Francisco, solo por lo que dijo la mujer, estuvo preso un año y tres meses. Con solo eso. Esa fue la prueba en su contra. Entonces vemos mucha injusticia, mucha impunidad.

[pregunta un señor de 60 años]

– Yo quiero volver al hecho de Diego, qué pasó esos días con Diego desaparecido, como NN.
– Yo hace 21 años que estoy en silla de ruedas. Visito regularmente las guardias de hospitales, entonces tengo muchos conocidos. Cuando pasó lo de Diego, les pedí a un par de amigos que nos averiguaran si Diego estaba en algún hospital. Diego no había llegado a las 8 de la mañana y a las 6 él ya solía estar.

[pregunta una señora de 50 años]

– ¿Y los amigos que salieron corriendo avisaron algo?
– Los amigos tenían miedo de avisar. Después empezaron a aflojarse. Después viene una persona y avisa: “Me parece que Diego, cuando salió con los amigos, tuvo un episodio en Caballito. Me parece que lo lastimaron”. Al no encontrarlo en hospitales, preguntamos en comisarías. En la 24, nos dijeron que iban a hacer averiguación de paradero enseguida. Nos pareció raro, porque debiera pasar así, pero no pasa. Los enfermeros personalmente y el sindicato hicieron una red telefónica, empezaron a llamar a los hospitales y no estaba. Nos dijeron que en el Santojanni había una persona herida que había ingresado a la noche. Mi hermano fue, pero no era Diego.

Ahí me di cuenta que lo había matado la Policía. Diego ya había votado, entonces estaba empadronado. La Policía no se había interesado en buscar. Había unas ganas de ocultar, había involucramiento. El 21 a la mañana lo encontramos gracias a que este sargento de la morgue de la Ciudad tuvo la gentileza de fijarse.

A Diego le decían esto no, aquello no. Por ahí me tenía como un padre castrador y por ahí murió diciendo “Tenía razón mi viejo”. Le decía “No matarás”, porque después es muy difícil limpiarse.

Para que no pierda esa virtud de pibe, le reprochaba que no hiciera ciertas cosas. El alma no se limpia con un pañuelo. Lo quería salvar de eso.

Cuando se peleaba con los pibes, siempre ganaba. Cuando los amigos estaban en problemas, “vení Dieguito”. “Dieguito” le decían por esa cuestión: tenía un metro ochenta y noventa kilos. En el fondo él era un pibe muy inocente.

Cuando lo encontramos, la discusión con los gendarmes era que le tenían que hacer el pedido al juez. Cuando lo hacen, le decían Diego Ariel. Como seguramente les faltaba tiempo para seguir ocultando cosas, no lo pudimos retirar a la mañana. El juez a la tarde se volvió a equivocar. Firmó un acta que decía que el cuerpo no se podía cremar y tenía que quedar bien definido dónde se iba a enterrar. Nosotros somos católicos, no lo íbamos a cremar.

“¿Cómo no lo identificaron?”, le preguntamos. “Porque tenía mucha tinta en las manos”. Nunca tuvo, ni mucha ni poca. Nunca tuvo tinta. Hoy con la tecnología, y estando empadronado, hubiera dado quién era. Todo eso decía que seguían ocultando. Después, con esa discusión, fuimos a la morgue. Llevamos una cámara. Lo filmamos. Casi nos meten presos por filmar. “No, acá no se puede filmar”. Ya habíamos filmado. Después, otro apriete. La casa velatoria nos decía que lo teníamos que velar a cajón cerrado.

“¿Encontraron una enfermedad gravísima? ¿Tuberculosis? Te voy a explicar. Nosotros consideramos que un cuerpo congelado aguanta suficiente para velarlo a cajón abierto”, le dije. El juez me importaba tres carajos. Lo sacamos de la bolsa negra, le compramos y pagamos la mortaja. Hicimos el velorio.

[pregunta un joven de 25]

– ¿Cuándo fue la primera vez que vieron el cuerpo?
– En la morgue, porque abrieron la bolsa de plástico en la que estaba y me lo mostraron. Diego no tenía ninguna mancha de tinta en las manos.

Después todo el tema de la autopsia, pareciera que la hubieran hecho con un cuchillo sierrita, porque estaba todo rasgado, como si lo hiciera alguien macabro.

El 22 de abril, día de mi cumpleaños, tuvimos el entierro de Diego [llora]. El mes de abril es el de más cumpleaños de la familia…

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Seguimos, se involucran organizaciones sociales: el bachillerato La Pulpería, donde asistía Diego. Dentro de las discusiones que teníamos, lo primero que discutimos es que decía que yo iba a trabajar con la política. Así como me ven, a Néstor Kirchner le llevé una carta a la Casa Rosada porque creía en construir el país de la forma más pacífica posible. Entonces le decía a las organizaciones que para darle visibilidad al caso, se tenía que ver desde el sentimiento familiar y desde la política. Para que no pasaran otros casos y darle algo positivo. Para que empecemos a cambiar la realidad, porque hay una… Por más que digamos que somos todos iguales, la realidad dice que hay mucha desigualdad en los barrios. Los pibes sufren mucho maltrato por el solo hecho de ser pibes, ser rebeldes. Todo eso lo puse sobre la mesa. Trabajamos en busca de la verdad y la justicia para encontrar algo positivo.

Lo que costó mucho fue la discusión sobre el tema de que lo nuestro trasciende a la bandería y el partidismo. Es trascendental para nosotros. A partir de ahí, lucha, lucha, lucha. El primer mes, fuimos un montón de organizaciones y nos juntamos en la Corte Suprema pidiendo que se derogara la absolución.

[Levanta el vaso de agua, que tiembla poco] Yo estoy nervioso en este momento, pero tomo agua tranquilo. El abogado de Carmona temblaba. [Agita el vaso] Llegaba un momento en que agarraba el vaso con dos manos. Fue la primera vez que vi un testigo falso. Logramos la no absolución de este tipo [Pablo Carmona]. La investigación iba para largo.

Cuando Francisco es detenido, hicieron la reconstrucción del hecho. Nosotros de nuevo andamos como pelotudos de aquí para allá. El juez no vio otra cosa: ¿Por qué la justicia tenía tanto interés en que a Francisco le pasara algo? El sufrimiento, cosa que nosotros anduviéramos preocupados por él. Un miércoles, le dije a Francisco que no se le ocurriera levantar el resguardo físico. Se lo decía en Lavalle y Talcahuano [Servicio Penitenciario Federal]. Ya sabíamos que nos iban a acusar, pero no pensaba en esto. Lo llevaron, lo empezaron a drogar. “¿Sos boludo? Te dije que no levantaras el resguardo físico”, le dije.

[pregunta un joven bien alto]

– ¿El resguardo físico qué implica?
– Nosotros no estábamos ni enterados de la causa. El resguardo físico es eso. Ante el recurso de amparo, la policía, la justicia no le podía hacer nada por más que fuera un magnicida, que así lo trataban. Entonces, cuando me encuentro con él… Habíamos ido a Devoto. Resulta que no estaba en Devoto, estaba en Ezeiza. Cuando llegamos a Ezeiza encontramos a una persona totalmente golpeada, totalmente ultrajada, totalmente drogada.

No podés dar un diagnóstico psiquiátrico o psicológico si no la conocés no drogada. El psiquiatra dijo que Francisco llegó ahí con una angustia leve. Francisco tenía dos marcas [se señala el cuello] de incitación al suicidio. Tenía puñaladas en los brazos. Tenía acá [se señala la nuca] picana. Conozco las marcas que dejan las picanas. Lo pinchaban con un palo para que subiera y bajara escaleras. Lo estaban picaneando. Estaba todo golpeado. No nos conocía. Decía: “yo no tengo familia”. No quería estar con nosotros porque no nos conocía. En esos primeros 5 días hubo un par de noches que durmió en un patio. Él dice que eran policías los que lo torturaban físicamente. No hubo apremios ilegales, hubo torturas. No un cachetazo… Durante cinco días y cinco noches, [si hacés eso] estás torturando. El juez no vio por qué hubo tanto empecinamiento de la policía en que le pasara algo. Él decía que era Robledo Puch. “Discúlpenme que tuve problemas con 9 mujeres”. Francisco no sabía quién carajo era Robledo Puch. Yo creo que muy pocos acá saben quién es Robledo Puch. [Es un asesino serial, la persona imputada con más delitos graves en la historia de Argentina]

Ahí conoció a un pibe, [José Luis] Orellana, que estaba pronto a salir, pero hicieron que se ahorcara. Felizmente íbamos todos los días a pelear que no lo drogaran. Por eso Francisco pudo ir, descolgarlo y reanimarlo. El pibe revive. Estaba inconsciente. Francisco también fue inconsciente. Si el pibe llegaba a estar muerto, olvídate. [Lo hubieran incriminado a Francisco]

Le volvió a pasar lo mismo en Marcos Paz, pero otro pibe se ahorcó y murió.

Diego también estaba de joda frente de casa y cuando se prendió fuego el banco de Alte. Brown y Suárez, rompieron la ventana y entraron. Al único sobreviviente de la familia lo rescató Diego. Los pibes querían sacar más gente y la policía y los bomberos no los dejaron. Con gorra o sin gorra, drogados o no, los pibes eso fueron los que los sacaron. Esos.

[pregunta una joven de 20 años]

– ¿Cómo fue que salió Francisco?
– Sale absuelto.

[Le pide a Lucía, su mujer, el papel que lo acredita y lo lee]

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[pregunta un joven que toma un café con leche]

– ¿La causa de Diego terminó?
– No.

– ¿No hubo fallo?
– No. Ni siquiera con todas las pruebas en su contra. En la reconstrucciónd el hecho, Diego anteponía su brazo izquierdo en forma de defensa. Y tenía roturas en la ropa y lastimaduras en la piel por los disparos en corta distancia.

[pregunta un joven de barba roja]

– ¿Cómo recordás, Francisco, esos días en la cárcel?
– [Habla Francisco por primera vez] Es bastante difícil acordarse. Es triste.

– ¿Y la situación en que vos estabas dopado, recordás algo?
– Algo. No mucho. Estuve muchos días sin saber quién era y sin poder caminar, por los golpes.

 

Le agradecemos a Francisco, invitamos a los lectores a que repliquen la historia y la Familia Núñez se pone a hablar con un integrante de la Liga Argentina por los Derechos del Hombre.

Aplausos.