Willy sabía que iban a matarlo

En Neuquén, Gustavo Gutiérrez fue a declarar por el asesinato de Braian Hernández y acusó a un policía. Al día siguiente, lo remataron, con una bala policial. El mensaje que se ve en la pantalla se lo mandaron a Natalia, hermana del hombre que se volvió la pista que quisieron borrar.  

Willy ya no dudaba. Sabía que lo iban a matar si seguía contestando las preguntas del juez. Conocía los códigos del barrio, que son los de la policía, los narcos y sus “gatitos” o “soldaditos”. Tenía miedo. “Andaba desesperado”, dice su familia. Le habían dicho que lo iban a matar.

Él estaba seguro de que era cierto.

– Siempre que me veían a mí, me llevaban. Ahí, en la comisaría, me pegaban nomás. No me dejaban ver…- declaró Gustavo Willy Gutiérrez, el 29 de noviembre, en el barrio Cuenca XV, en el oeste neuquino, durante el juicio por el asesinato de Braian Hernández, en manos de Claudio Salas. Willy era el testigo clave. Viajaba en el mismo auto que Braian. Era el único mayor.

– Concretamente -preguntó Héctor Dedominichi de la Cámara en lo Criminal Número 2-, ¿alguna vez que te llevó Salas y estuviste durante la comisaría te pegaron? (Sic)

– Sí.

Willy contó qué, cómo, cuándo y dónde fue todo: le dispararon desde un patrullero, por atrás, sin que hubiera un arma en el auto donde viajaba. Después, los cagaron a palos afuera y les plantaron una pistola. Salas, el que disparó, es uno más de los tantos policía que en Argentina hacen tratos con chicos para que roben para él. Esto pasa continuamente en el oeste neuquino, hacia donde suben el Río Limay y el Negro. Las casas con patiecitos y con rejas se van haciendo más irregulares, más marrones. Las calles, ahí arriba, son de tierra, o de barro. Nieva poco, por suerte para los que viven ahí. Las plazas no duran diez cuadras. Tampoco duran una cuadra. En el mapa del celular, son una mancha ocre.

Lo que aparece cuando se va el ocre es el azul y blanco de los patrulleros.

 

***

 

– Mirá si algún día le pasara algo así a mi sobrino y el tipo no se presentara a declarar -explicaba una y otra vez Willy a todo el que le hiciera dudar sobre su presentación en el juicio-. Aparte, la Policía cuando te agarra… A mí las veces que me han agarrado me cagaron a palos.

Su hermana era una de esas personas que le preguntaba a Willy si era conveniente atestiguar. Ya lo habían parado yendo en la moto:

-Vos ojito, eh. Ojito con lo que hables.

De cualquier forma, la tomó por sorpresa.

 

***

 

Hace como 21 años los Gutiérrez viven en el oeste de la Ciudad de Neuquén, donde la policía se permite maltratar a los jóvenes. “No siempre fue así”, recuerda Beatriz Currihuinca, madre de Willy –para ella, Gustavo-. “Con Gustavo fue algo diferente porque era el varón más chico. Dos veces estuvo preso en la Unidad 11. Cada vez perdió un año”, sigue Beatriz. Estuvo procesado. Las dos veces fue declarado inocente. Dos años de su vida perdió preso en penales, aunque la ley 26.660 reglamenta que no puede haber presos sin sentencia.

Diego, uno de los hermanos de Willy, también estuvo preso en la U11. Su madre recuerda que los policías le preguntaban si quería drogas. Si quería, le tenía que decir a su hermano que la llevara a la casa de un policía y esa misma institución se encargaría de entrarla al penal. “Los chicos se enganchan en esa porque encuentran el mejor camino. Si los golpean drogados, ni lo sienten”, dice Beatriz.

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Cuando Beatriz fue a visitar a Willy, los oficiales se le reían en la cara: “¿A qué venís?”. Cuando ella entra a la U11, como a todos los visitantes, la desvisten y la revisan entera. A los visitados los sacan a un patio grande, los desnudan y los revisan. “Yo, como mamá, voy a ver a mi hijo, no le voy a llevar drogas. Sería hundirlo. Eso mismo lo metió ahí adentro”, explica Beatriz.

Natalia y Beatriz conocen bien también a “Los Santana”.

“Los Santana son civiles, pero están con la policía”, aseguran.

Un hermano de Willy iba a la escuela con uno de ellos, que le contaba que el padre vendía drogas, que la trasladaban en patrulleros. Dicen que tienen un arsenal de drogas y de armas. “Y la cantidad de soldaditos que tienen. Muchachitos nomás. El Gordo Seba, por ejemplo, más allá de lo que haya hecho, era narco. Trabajaba mitad para la policía”, dice la madre de Willy.

El Gordo Seba: el único detenido por el asesinato de Willy.

Pero eso no es todo. En toda la charla de Beatriz y de Natalia, aparece una figura bestial que usa la Policía, como en muchos otros barrios, para sembrar miedo. Saben que se llama Monje y que se emplea en la Comisaría 18.

Beatriz: -Es una basura ese tipo. Le pegaba a Willy y le decía: “Vos me entregás armas o gente que roba y yo te dejo andar tranquilo en la calle”. Si lo llevaban, llegaba con la boca sangrada. “Me pegan porque quiere que dé información que no tengo”, decía, cuando llegaba a la casa. Es uno de los peores. De ahí para abajo. Llega a una cierta edad en que le dan la jubilación, pero quedan otros. Mi hermano es policía. Me contó que cuando entran en la Policía, aunque quieras ser bueno, vos tenés que ser malo. Enseñan a pegar el cachetazo antes de preguntar. Dice: “Por más que yo tenga sobrinos, tenga hijos, yo no tengo que pensar en eso sino en ser duro”. Saben andar drogados y borrachos haciendo los recorridos.

Natalia: -Cuando fue la final de Argentina en el Mundial, se armó pelea entre unos vecinos. Vino la policía, se puso en una zona que estaba oscura y tiraba piedras con gomeras.

“Sí, usan gomeras acá los policías”, insiste Natalia, que sigue: “¿Cómo los pibes los van a respetar si los policías no les hablan bien?”.

Beatriz: -Cuando hay enfrentamientos en los barrios, mi hermano mismo me cuenta: “Primero, vamos a dejar que se maten los chorros. Después entramos”. Un día, a las 4 de la mañana, vinieron a tirotearme la casa. Me rompieron un vidrio. Nosotros teníamos a los chicos. Los peritos recién vinieron a las 9.

 

***

 

Al hermano de Willy, Diego (30) lo confundieron con Emilio (29), el tercer hermano varón. Le dijeron los de la Brigada de Investigaciones:

-Así que vos andabas con Ely (la mamá de Braian, el primer asesinado de esta historia) en las marchas. Dejá de joder porque vamos a ir a hablar al río.

Después de eso, lo llevaron al calabozo, le dieron una paliza con cinturón, patadas, piñas, mientras estaba desvestido y con los brazos estirados. Lo largaron ensangrentado a la madrugada, cuando lo vieron todo lastimado. “Ese es nuestro trabajo”, argumentaban después a la familia.

En la requisa de la Unidad 11, le volvieron a recordar dos cosas.

Primero: que a él lo iban a “empapelar” (llenar de causas).

Segundo: que a Willy lo iban a matar.

 

***

 

El sábado 30 de noviembre, Willy iba llegando en moto a la casa de la suegra, en el barrio Almafuerte, para dejarle los 800 pesos del plan que le dan por tener una hija. Lo venían siguiendo. Le dispararon hasta matarlo. Eran tres. Dos mayores y un menor. El Gordo Seba, único imputado, único sentenciado culpable –doblemente, por premeditación y alevosía- después rogó: “Yo maté a la rata esa, pero no me lleven a Neuquén porque me van a matar”.

Nunca se vinculó a la Policía con el caso, aunque sucedió 24 horas después de que Willy declarara. Tampoco se la vinculó aunque el menor de los sicarios que persiguió a Willy declaró, una primera vez, que el arma se la había dado un policía -después cambió su testimonio-. Tampoco cuando un cana declaró que le habían pedido colaboración. Pero para la Justicia prima que el arma no apareció. No importa ni siquiera que la bala sí era policial.

Alguien le dio la pistola al Gordo Seba.

“Ahí no podemos llegar”, dice María Elena Cauquoz, militante de Convocatoria, organización política social que sigue la causa. Quisieron encontrar peleas entre Willy y el Gordo Seba, para alejar la pista policial. El mismo imputado lo negó.

Cuando Beatriz fue a retirar las pertenencias de Willy, le dieron 60 pesos. No le dieron ni el celular. “Encima con cara burlona…”, recuerda.

 

***

 

A la familia de Willy le dijeron que van a matar al Gordo Seba si algún día sale de la cárcel. Suponen que también lo debieron haber amenazado a él con su familia.

Después de postergar dos veces la lectura de la condena, al Gordo Seba le dieron perpetua. No hay policías imputados. La familia quiere justicia, no una perpetua para el perejil.

Natalia guarda dos mensajes en su celular:

“Mira gorda trola . ya sabes que no se la ban a yevar d arriba con todo lo q andan aciendo por la justicia del puto de tu ermano. nos chupa el pico q ayan agarrado al gordo es nada mas q uno d los gatitos nuestro. cuando esto se calme un poco seguimo con ustedes gorda conchuda”

“Viste gorda de mierda lo que le paso al ijo d puta de ermano. bueno asi van a ir pagando voz y tus otras cagadas d ermanos q tene todas las cagada que se mandaron. y agradse q t estamo avisando gorda puta. asi que seria bueno que se bayan dpidiendo entre ustedes. no t gaste en contetarno a este numero xq terminamo con voz y lo vamo qemar. Asi que asta la vista beibi. ja ja”.

 

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