Tambores porteños

Dueño de una originalidad gozosa de ritmos de Bahía, Río y Buenos Aires, desarrolló una nueva identidad y redobló la apuesta. Cafundó la rompe tocando y bailando bien fuerte. 

Dos pasos a la derecha dos pasos a la izquierda dos pasos a la derecha dos pasos a la izquierda uno a la derecha uno a la izquierda uno a la derecha uno a la izquierda dos pasos en diagonal a la derecha dos pasos en diagonal a la izquierda dos pasos para atrás a la derecha dos pasos para atrás a la izquierda pierna derecha adelante pierna derecha atrás pierna izquierda adelante pierna izquierda atrás pelvis a la derecha pelvis a la izquierda pelvis a la derecha pelvis a la izquierda pecho adelante pecho atrás pecho adelante pecho atrás vuelta entera a la derecha un paso a la derecha un paso a la izquierda un paso a la derecha un paso a la izquierda brazo derecho arriba cabeza a la izquierda cabeza a la derecha un paso a la derecha un paso a la izquierda.

Y mientras bailan,

Tocan.

– Cuando fui a Bahía, vi que estos tipos tocan dos notas por compás y en el medio bailan y eso hace que cada nota suene mejor. Si ponemos al profe de batería más groso a tocar lo mismo, no suena igual. Los negros de Bahía ponen el cuerpo en cada nota y lo transmiten aunque no los estés viendo. Yo volví convencido de que la diferencia de sonido siempre es a favor del swing de los que tocan bailando. Eso me despertó lo de tocar y bailar.

Ezequiel Szusterman todavía tiene el ensayo que acaba de terminar en el cuerpo. Fue él, uno de los directores de Cafundó, quien en uno de sus primeros viajes a Salvador de Bahía descubrió la posta del movimiento.

¿Comprobaste la teoría en su propio trabajo?

– Si, acá en este país tenemos la mala suerte de que cuando somos chiquitos a los varones nos meten una pelota en el pie y muñequitos. Cuando vos tenés doce o trece años empiezan los bailes, hay que empezar a chapar y uno no se lleva bien, es una cuestión cultural. Cuando viajás a otro país te das cuenta que los varones bailan bárbaro, ni hablar Cuba o Brasil. Bailar para un músico es algo que suma. La experiencia de haber bailado más, aun bailando mal porque particularmente no me considero para nada un buen bailarín, pero haber bailado, sentido y hasta haber tomado clases de danza te abre la cabeza un montón y ayuda al swing de las manos”.

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En una sala de subsuelo en la Estación de los Deseos treinta músicos ensayan. Todos llevan rodilleras que los protegen de los tambores, remeras de mangas cortas que parecen obviar el invierno de más arriba y una sonrisa que llama poderosamente la atención. Hace calor, mucho calor en la sala, hay mucho ruido que se combate con algodón en los oídos, algunos parecen cansados, incluso el pibe de la fila del medio con la remera que desafía gigante “swing”. Llevan un par de horas ensayando e igual, entre la transpiración, sonríen.

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Cafundó nació en el 2009, después de que varios de sus integrantes que compartían escenarios como percusionistas en eventos privados se decidieron a profundizar el ritmo con un proyecto propio. Fundamentalistas del sentir y del vértigo que los caracteriza, dos años después de los primeros ensayos decidieron viajar a Bahía para mamar lo que la meca de la percusión ofrecía: “Es una banda que va muy rápido, desde que arrancamos hay una velocidad… No sé por qué razón siempre planteamos objetivos grandes y dentro de todo a mediano plazo”. Se convirtieron en el primer grupo argentino en tocar en el carnaval de San Salvador de Bahía, en Brasil y volvieron a comprobar las potencialidades que esconde, junto al sonido, el movimiento.

– El movimiento en el batuque afro, es todo. Cuando en Bahía surge el samba reggae, la principal diferencia con Río de Janeiro es el lugar donde se cuelgan el tambor y todos los pasos que hacen. En Río, se cuelga el tambor del cuello y va al costado del cuerpo. En el samba reggae empiezan a bailar y nos cuentan que todo empezó por uno que le gustaba bailar y otro que lo copió y ahí dijeron: “vamos a colgarnos el tambor en la cintura”, y esa conclusión transformó todo.

– El baile transformó hasta la posición del instrumento.

– Todo. En Río de Janeiro el samba de carnaval se toca con palo y mano, tanto zurdo como repique, lo único que se toca con dos palos es el redoblante. En el samba reggae, primero se incorporan dos baquetas en el repique como cambio importante, después los zurdos medios, los zurdos de fondo también y a partir de ahí todo el mundo tocando con dos baquetas, con el tambor colgado a la cintura, con el baile, con el ritmo que ya lo habían transformado. Listo, tenés dos estilos completamente diferentes.

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Pum, pum, pum, pum, un golpe marca el tempo y el grupo se dispone de forma circular. Pum, pum, pum, pum, un mantra parece repetirse desde algún lugar. Pum, pum, pum, pum, el director mueve el cuerpo, los brazos, las muñecas, las manos y el impulso llega a los palillos. Pum, pum, pum, pum, el círculo se rompe, se forman nuevamente las filas, el director salta, vuelven a tocar.

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– ¿Qué hay de Buenos Aires en Cafundó?

– El proyecto de Cafundó + 10 Orquesta es súper Buenos Aires. Nosotros somos percusionistas antes de ser cafunderos y cada uno tiene la necesidad como percusionista porteño de investigar ritmos de otros lugares. Un cubano o un bahiano con todo lo que tiene, con su ciudad tan rítmica y llena de tambores, tal vez con los ritmos de su lugar tiene muchísimo para cortar. Nosotros, si bien tenemos nuestro estilo propio, empezamos a estudiar y a querer investigar otros ritmos. Creo que eso lo pudimos plasmar en lo que es la orquesta, el batuque afro sigue siendo el corazón pero incorporamos instrumentos que son de otro lugar y temas que fuimos metiendo como un hip hop, un funk, una cumbia, fuimos incluyendo esa identidad de percusionista porteño.

Unos años atrás, Cafundó desarrolló una nueva identidad y redobló la apuesta: a su show de percusión y voz le agregó una orquesta de vientos. Nacía Cafundó +10 Orquesta que este año se materializa en su primer disco de estudio con temas instrumentales propios y algunos covers como “Mañana en el abasto”. Puro aire porteño que presentan el sábado 14 de Junio en el Teatro Vorterix. Más de veinticinco músicos en escena se presentan como un bloque, una totalidad. “Una de la cosas que yo más disfruto de Cafundó es esa necesidad de tocar en grupo, de ser iguales. Es un estilo que tocamos desde el principio y con la orquesta pasa lo mismo, se necesita una igualdad, no hay un protagonista, no un solista. Está el director, pero tampoco toca más cosas que el resto, entonces tiene esto de que se necesita la responsabilidad de todos para ensayar, para ir a los shows porque somos un grupo, pero al mismo tiempo nadie es indispensable, casi todas las líneas están dobladas. Si en una banda te falta el batero casi que no podes ensayar, acá te falta un zurdo medio y hay otros siete, te falta un zurdo de fondo, un repique y hay otros. Eso hace que también la banda tenga otra manera de relacionarse como tal”.

Como una necesidad de transmitir ese sentido grupal de la música y como una salida laboral, surgieron los talleres de Cafundó, hoy con más de trescientos alumnos. Ellos que viajaron a Bahía para empaparse de ritmo, vuelven a poner esa información en circulación y la rueda sigue girando.

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– Con el tambor prontamente uno entra en contacto, es muy fácil sentir su vibración y sentir lo que provoca en el cuerpo y a partir de que uno lo siente el camino es infinito como cualquier otro instrumento.

Cuando termina el ensayo las paredes todavía retumban el lenguaje de los golpes que se emparentan con el resuene del corazón. El tambor va directo al cuerpo y conecta con esa primera sonoridad que todavía rebota adentro.

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Fotos: Ariel Jacobsen