Jueces por un día

Un caso de gatillo fácil será juzgado con la modalidad de “tribunales populares” en Neuquén. Matías Casas fue asesinado por el policía Héctor Méndez y los encargados de juzgar el crimen serán civiles que no pueden informarse del caso por fuera de los magistrados. ¿Será justicia?

Había pasado la medianoche del sábado 21 de julio en el barrio Cuenca XV, del Oeste de la ciudad de Neuquén, ahí donde no hay plazas para los pibes, donde no hay gas, donde la policía piropea a los pibes para provocarlos, donde murió Braian Hernández -14 años- por un tiro del oficial Claudio Salas, donde vivió Cristian Ibazeta hasta que lo metieron preso y lo mataron a un mes de salir en libertad por ser testigo en un juicio por torturas. Había pasado la medianoche y había pasado una discusión entre pibes de 19 años, entre ellos Matías Casas, que ahora charlaba con su novia al lado de su moto ya prendida, demorando la despedida.

 “¿Vos sos Matías?”, escuchó de atrás y de pronto. Era Héctor Méndez, el padre de uno de los chicos con los que había discutido rato antes, y no estaba solo: llevaba su arma reglamentaria, la que está obligado a portar todo el tiempo. Disparó.

Matías se subió a la moto y aceleró. Siguió recibiendo disparos, pero por la sangre que perdió, cayó unas cuadras más adelante. Un taxista lo auxilió hasta que llegó una patrulla de la comisaría 18 y le dijo que se fuera. “Es un accidente de tránsito”, se excusaron.

Llegó Méndez – que lo venía siguiendo- en una camioneta blanca, acompañado por el policía Barrionuevo. Saludó a los demás y fue a patearlo a Matías, que agonizaba en el piso, pero quizás, si los médicos de la ambulancia hubieran usado las sirenas, si lo hubieran atendido en vez de charlar con los policías, hubiera podido salvarse.

Matías llegó a decir que le habían disparado.

Méndez se fue a la casa sin aparecer en las actas policiales, aunque los medios hayan hecho creer que se entregó voluntariamente.

La causa

Todo eso fue una sola secuencia. El padre de Matías, César, la cuenta desordenada. “Pierdo el hilo”, se explica. Pero la secuencia está clara: hay testigos en cada momento.

Como con Fuentealba, la causa está partida, desdoblada. Para la justicia, un momento es el de los disparos y otro el de las patadas y los policías que callaron. Así, es más difícil probar la alevosía en el asesinato. Sí, hay otros dos agravantes: uso de arma de fuego y ser policía. Pero por otro lado, ayuda a juzgar en la segunda causa a los funcionarios de la comisaría 18 que encubrieron el crimen.

 “Creen que pueden hacer lo que quieren”, repite César cuando cuenta la impunidad con que Méndez sacó el arma, la misma impunidad de quienes ni lo mencionaron en las actas policiales, la de los mismos que amenazaron a él y a testigos, la de los policías que corren a los pibes hasta a plena luz del día. La brigada pasa por su local mirando. Una vez, recuerda, lo paró un móvil: “Se bajó uno con una escopeta, me puso contra la camioneta. ‘Procedimiento’, solo me decían. Me revisaron la camioneta de arriba abajo. Era el móvil del barrio. El que pasa todos los días por el local”. Lo conocían. En la ventana de donde trabaja tiene carteles pidiendo justicia por su hijo.

Este procedimiento no es lo mismo para cualquiera en cualquier lugar. En el Oeste neuquino, un testigo, amigo de Braian Hernández, apareció muerto de bala al día siguiente de que condenaran a perpetua a Claudio Salas.

Dilaciones policiales

“Los testigos están en la secuencia completa, creo que el juicio va a estar bueno. No hay mucho para que quede en el aire. La policía que estaba ahí dejó que el tipo llegue, lo patee y se vaya a la casa. A los que estaban ahí los mandaron a la casa y tomaron de testigos a cualquiera que pasaba. Ni siquiera quedó el reporte de ellos. Hay tres agravantes: ser policía, arma de fuego y alevosía. Como nos partieron la causa – la fiscal que estaba en la causa era la mujer de un policía-, quedó una parte cuando disparó y otra parte cuando Matías cayó. Así, para el fiscal no hay alevosía en haberlo pateado, pero van a buscarla en los alegatos”, repite César Casas.

El juicio que se inauguró el 20 de mayo tuvo sus peripecias. El 16 de diciembre de 2013 iba a comenzar, pero el defensor Carlos Ronda, ex policía, argumentó que no estaba en condiciones de comparecer por padecer un cuadro de tuberculosis. Ese mismo día, a primera hora, hizo la presentación. El certificado médico recomendaba siete días de reposo: del 13 al 20 de diciembre, cuando el juicio terminaría. Contar que la médica forense Haydée Fariña no lo encontró en su domicilio parece ser redundante. Méndez cambió de abogado por la renuncia de Ronda. Pablo Telleriarte, el nuevo, logró algunas nuevas dilaciones y recusó a los tres jueces.

Con Méndez en prisión preventiva por peligro de fuga, el juicio oral tendrá la modalidad de “jurados populares”, algo casi inédito en el país. Es decir: que sean civiles los que juzguen y no jueces especializados en derecho.

Creer o reventar

Neuquén es la tercera provincia que inaugura la modalidad de juzgados populares; Córdoba ya lo aplica desde el año 2005 con 254 juicios orales penales desde entonces; y la provincia de Buenos Aires lo incorporó al sistema recientemente. Para elegir a estos jueces civiles se realiza un sorteo sobre el padrón que elige a 12 personas y designa 4 suplentes.

Una vez la designación, las partes estudian a los integrantes del tribunal para detectar posibles influencias en el ánimo de la sentencia. En el caso de Matías, por ejemplo, fueron recusadas cuatro mujeres por tener familiares que integraban la policía provincial.

Además, los elegidos pueden alegar motivos para no formar el tribunal, siempre y cuando sean determinantes, es decir no de acuerdo a la voluntad. En ese caso dos mujeres notificaron no poder delegar el cuidado de sus hijos y/o nietos, otra fue apartada de la causa por la defensa por ser especialista en análisis e investigación de homicidios, y se recusó a un trabajador metalúrgico que tenía compromisos laborales en Caviahue. En cambio la Oficina Judicial convocó a dos mujeres que habían salido sorteadas y que no pudieron asistir.

Una vez conformado el tribunal, los integrantes no pueden:

-Emitir opinión sobre el caso en el que intervendrán

-Tienen prohibido iniciar cualquier tipo de investigación privada sobre el mismo

-No deben buscar información en diarios sobre el caso

-No pueden tomar contacto con ninguna de las partes.

César lo ve positivamente: “Yo creo que van a lograr que la gente se entere de lo que sucede. Ellos se van a sacar algo de encima, pero por un lado va a estar bueno para que se haga justicia. A los jueces les resbalan las cosas que pasan. Les da lo mismo. Sacan a un tipo que viola a una mujer de 85 años, no pensando lo que le puede hacer ese tipo a una criatura. Creo que esto va a ayudar a que ellos se fijen lo que hacen”.

Seis meses después de que mataron a Matías mataron a Braian Hernández. Según el juez que tomó la causa, el policía estaba trabajando. “Después de que la gente salió a la calle a decir que no podía ser, que el chico era una criatura, se logró una condena a perpetua. Son los mismos jueces que (se) dan vuelta entre causa y causa”.

Cierra César: “Es todo nuevo para todos. Yo espero que los juzgamientos no sean tan políticos, que juzguen como corresponde. El que hace algo tiene que pagar”.