Esencia guaraní

Alika & Nueva Alianza acaba de presentar su último disco “Mi palabra Mi alma”, en homenaje a la lengua guaraní. Desde el escenario de Groove o en una fiesta en un barrio, habla de la confianza “para empoderar a la gente”. 

La situación, tan lamentable como cotidiana, es fácil de imaginar. Un día en la escuela, Alicia usó alguna palabra, contó algo, nombró otra cosa y llovieron las bardeadas. Así, decidió no aprender el guaraní de su madre para que sus compañeros no la marcaran. Tuvo que adaptarse y cerró esa puerta. Esa infancia también se trastocó por la partida de su Montevideo natal a la Buenos Aires que la vio crecer. A partir de ahí, no hubo fronteras que la frenaran. Varios años después, al frente de Alika & Nueva Alianza, emprendió el viaje de vuelta hacia sus raíces. La mirada apuntó a las profundidades de su propio adentro. El camino se materializó en su último disco: “Mi palabra Mi alma”.

IMG_2485Alika en búsqueda de Alicia

–          Tenía una deuda con mi familia, con mis orígenes, mi mamá es paraguaya de origen guaraní. Me pasó en la escuela, como me re bardeaban no quise aprender el idioma. Yo ahí quedé, no quise aprender, no quise más nada. Bueno ahora con los años aprendí muchas cosas y quise rendirle homenaje a los guaraníes y a mi mamá. En guaraní palabra y alma se dicen igual. Yo también descubrí que por mis orígenes, la palabra para mí es mucho. Es volver a las raíces y darse cuenta por qué uno es como es, hace lo que hace, piensa como piensa, fue todo un viaje el disco.

Alika está sentada en un banco tipo plaza en un patio en pleno Palermo. Tiene la piernas cruzadas, las uñas decoradas de animal print impecables, lentes negros que no permiten ver sus ojos y un suspiro profundo que lanza al aire cuando se saca el invisible de la cabeza que sentía clavado desde la noche anterior. Unos días atrás, su último material discográfico pisaba el suelo de Groove, aunque ella lo había soltado mucho antes: “Lo publiqué primero en internet, yo ahí sentí que el disco había salido, aunque no fuera oficial”. Libre, girando por cables imaginarios que conectan la red, “Mi palabra Mi alma” llegó en su voz y en la de muchos otros.

–          Fue lindo reencontrarse con la gente. Yo veo el público cuando estoy arriba del escenario, había un par que iban siempre a verme y estaban esa noche, me puso re contenta. Era re importante para mí presentar el disco y también era importante para ellos estar ahí, acompañando. También gente que nunca había ido, que fue para ver qué onda, y muchos me escribieron que les había gustado.

–          ¿Te escriben por las redes sociales?

–          Sí, mucho. Las uso a full porque siempre fue mi única forma de tener difusión, publicidad, contacto con la gente que me escucha. No conozco otra manera, fue mi recurso. Lo primero que había para comunicarse era mail y, por ejemplo, gracias a eso fui por primera vez a tocar a México. Una vez me llamó un pibe y preguntó si tenía más canciones. Había escuchado dos, que se bajó de internet. Y bueno, me dijo: “Te invito acá a una fiesta en mi barrio, a un sound system”. Y fui.

–          ¿Cómo estuvo?

–          Estuvo buenísimo. Después se hizo súper amigo mío, él está en la cultura del sound system y arma fiestas todos los meses en su barrio, para toda la gente. Yo empecé tocando en barrios donde no iba nadie, ahí no van los artistas. Yo empecé yendo a todos esos lugares, después también se sumaron lugares convencionales de recital, los que todos conocemos, donde toca todo el mundo, pero siempre nos caracterizamos por ir a tocar al barrio. Tenés que ir, meterte en un montón de callejones para terminar en la fiesta.

–          ¿Lo siguen manteniendo?

–          Sí, la otra vez fuimos. El barrio también tiene esa cosa de la clandestinidad, que está por ahí la policía queriendo clausurar todo el lugar y cerrar la fiesta porque no se puede hacer un evento así en una casa. Éste último fin de semana había una chica disfrazada de cumpleaños de 15, con todo el vestido. Cuando venía la policía salía ella. Teníamos unos mariachis también, para poder hacer nuestro evento. Toda una estrategia.

–          ¿Y cómo vivís los diferentes públicos, el del barrio y el de Groove?

–          Me encantan las dos cosas. El barrio tiene eso que estás en súper contacto con la gente y tiene esas cositas medio de peligro también y tocar en Groove, por ejemplo, toco con las luces, el escenario, el sonido hermoso.

Habla suave, despacio, bajito. Mueve las manos para gesticular. Sonríe, mucho sonríe. Se filtra los rasgos maternales en sus formas debajo del escenario. Desde hace un año, Alika y su familia están en continuo viaje. “Nos fuimos a una ciudad, después a otra. La nena empezó la escuela donde estábamos. La re manejamos, no nos presionamos mucho tampoco”. Se extraña, pero no sufre la distancia. Es parte del camino, dice y acepta las reglas. El lado positivo de los viajes ayuda a aminorar las distancias: “La gente te enseña un montón de cosas. A mí me pasa que voy viajando y voy viendo un montón de proyectos. El otro día acá fui a la Radio Gráfica, que es una fábrica recuperada y ves todo el trabajo que hace esa gente, tiene una escuela, un centro odontológico, una radio y una imprenta y son cosas que te inspiran mucho. Vas viendo ideas de otros lados que las podés aplicar, es nutritivo”. Las experiencias se absorben y trasladan.

–          Sirven para aprender. A la música todavía le falta un poco de organización y proyecto colectivo, pero en otros ámbitos se está logrando hace mucho.

IMG_2430–          ¿Cuáles son los desafíos en la música?

–          Me parece que todavía no pasamos esa barrera del individualismo. Cuesta juntarse con otras bandas y decir: por qué no armamos un festival o un evento o hacemos esto para ayudar a otra persona. Es como que cada uno está por su lado tratando de llegar lo más lejos posible. Yo siento que falta pero ya se va a dar.

Sonríe de nuevo y pone en sus dientes el punto final a haber buscado las palabras justas para explicarse. Quizás, en algún momento, cuando sea más grande ponga sus palabras en otro formato y escriba un libro, dice. Ya tiene una hija. Ya plantó dos árboles. “Planté un árbol en Venezuela que es un árbol súper exótico, fuimos a un parque nacional muchos rastas. Y planté otro de palta. Este año quiero plantar alguno de otra fruta”.

–          ¿Qué significa para vos la cultura rastafari?

–          Es parte de mi vida, yo conocí la cultura rastafari a través de la música. Hay que meterle mucha investigación porque la música reggae no refleja exactamente lo que es la cultura rastafari. Yo fui a Chile, estuve mucho con la gente de la comunidad de allá. En Estados Unidos también, fui a Jamaica. Para mí es parte de mi vida, no me vas a ver llevando por ahí muchas cosas verde, amarillo y rojo colgando. No me interesa, creo que es algo personal. Rasta a nivel político es una persona que defiende los derechos humanos, a nivel fe es una persona que siente mucho amor por África que es dónde empezó la vida de todos nosotros, seas rubio de ojos celeste, seas chino, todos empezamos desde ahí. Yo creo que a partir de valorar un poco más todas estas culturas nos vamos a poder reconciliar con nosotros y resolver muchos problemas que tenemos que tienen su raíz en la cultura occidental de explotación, esclavitud.

–          ¿Desde la música se aporta a difundir esta cultura?

–          A veces sí y a veces se confunde. Siento que se puede aportar mucho y siento que también a veces existe lo que se llama “apropiación cultural” que es tomar dos o tres cosas de una cultura que es muy seria y tirarlos así al azar sobre un proyecto musical. Me parece que cuando tomas algo de una cultura vos tenés que interesarte por respetar esa cultura, por cómo es, intentar transmitir algo más completo, no un buzito verde, amarillo y rojo. Tratar de que sea algo más integro.

Poner play en sus discos hace mover el cuerpo por diferentes culturas y ritmos. Hip hop, dacehall, cumbia, reggae se filtran entre las canciones sin ningún tipo de prejuicio: “A la gente le gusta, no tiene problema con eso, no pasa nada. Por ejemplo yo no soy del palo de la cumbia pero cuando hago una canción trato de interactuar mucho con gente que sí es del palo, que son realmente los dueños del género, sino sentiría que me lo estoy apropiando. Me gusta interactuar con los que saben, con los que la inventaron, con los que tocan todos los fin de semana para traerlo para este lado”.

–          A la hora de escribir las letras, ¿cómo es el proceso?

–          Pienso de qué voy a hablar en las canciones, por ejemplo en este disco hay una que se llama “Muchos patrulleros”, que es una canción sobre la baja de la edad (de inimputabilidad) y todo eso. La gente del barrio necesita más canciones que hablen de la confianza en vos mismo, porque todo el tiempo la tele le tira mensajes de desvalorización y los pibes y las chicas sienten medio que no se puede hacer cosas, sus proyectos por ahí se tiran abajo y no los quieren hacer. Nosotros tratamos de empoderar a toda la gente para que salga adelante.

–          ¿Laburás mucho la confianza en vos misma?

–          A full, si no hubiese trabajado en eso no podría hacer lo que hago. De la nada es empezar, es decir: yo rapeo, soy MC, tengo cosas para decir y bueno ahí de cero vos tenés que ver cómo grabás un disco, cómo ir de viaje, todo. Entonces si no tenés confianza en vos mismo, vas a decir: yo no lo puedo hacer, mejor me voy a laburar de repositora en el super. Si no tenés ese ingrediente, no llegás ni a la esquina.

Desde hace diez años, seis discos, miles de kilómetros, Alika camina los pasillos de la música, con el motor en su confianza y la autogestión. Todos sus materiales discográficos son independientes, barrera y beneficio, dos caras de una misma moneda. “Siento que hay una súper barrera para llegar a muchos lados por ser independiente, por laburar de esta manera”.

–          ¿Tiene sus beneficios?

–          Sos independiente y sos dueño de tu tiempo, dueño de tu trabajo, dueño del dinero que genera tu trabajo, no tenés que hacer ningún tipo de concesión. No sé, querés ir a tocar a una cárcel y vas, no tenés que depender de una estructura, de una compañía discográfica que quizás te aconseja lo que tenés que hacer. Te dicen cantá lo tuyo pero en el videoclip tírame unas chicas en bikini. No tenés necesidad de hacer nada de eso.

–          ¿Y cuáles son las barreras?

–          Es difícil tocar por ejemplo en un Vive Latino o los festivales acá en Argentina. Quizás podes llegar a hacer un camino para llegar ahí pero ya sabés que de entrada tenés un no.

–          ¿En cuanto a difusión?

–          Yo creo que es imposible hoy por hoy salir en una radio, salvo que mucha gente te quiera escuchar como el caso de Dread Mar I que tiene muchísima gente que lo escucha y gracias a todo eso llegó a una radio. Pero para nosotros que somos más pequeños es imposible la radio directamente, vos sabés que ahí no vas a llegar, pero también es satisfactorio el hecho de saber que la gente te escucha porque quiere, no porque se la están mandando a la mañana, a la tarde, a la noche. Te escucha porque elige escucharte, elige ponerte en el teléfono, en el mp3, escucharte en la casa. Está buenísimo, yo lo valoro mucho.

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