Despatriarcada

María Galindo, feminista boliviana y fundadora de Mujeres Creando, presenta su libro “¡A despatriarcar!”. Critica el discurso de la inclusión e invita a la rebelión: “no queremos estar dentro del sistema, queremos cambiarlo”.   

“Yo creo en el conflicto, no creo en la armonía. No soy capaz de generarla y a veces ni de entenderla. Propongo aprender a trabajar desde la bronca y la rebeldía”.

Estas palabras salen de la boca furiosa de María Galindo, autora de “Ninguna mujer nace para puta” y fundadora de Mujeres Creando, movimiento feminista boliviano que irrumpe en el espacio público para ejercer la libertad de manera creativa y para desafiar los lugares habilitados por divisiones de sexo y género. Con sus intervenciones, han convertido al graffiti en una estrategia de lucha para el cambio social.

María lanza su grito a media risa, en una expresión que se completa con ojos ardidos y penetrantes. Se sabe provocadora, no se guarda ningún reproche y aprovecha cada oportunidad para incomodar. Lo sabe y lo busca. Después de todo, ¿qué mejor lugar para la emergencia del pensamiento que la incomodidad? Su presencia siempre genera expectativas y unos cuantos tumultos. Por donde pasa, incita a la confrontación. Espera, desde ahí, construir. “Soy conocida por confrontacional. Me gusta discutir cuerpo a cuerpo y así hermanarnos”. Estuvo en Buenos Aires por la presentación de la edición argentina de su último libro: “¡A despatriarcar! Feminismo Urgente”  (lavaca editora) y la primera parada fue en Mu. Punto de Encuentro. El feminismo, desde esta perspectiva, no es luchar por los derechos de las mujeres, no pasa por el reconocimiento del Estado, sino que es la capacidad de subvertir la sociedad, de transformarla a partir de entender a las mujeres como un sujeto político. El feminismo, en la lengua de Galindo, es la rebeldía permanente.

Rebeldía en movimiento

– No pertenecemos a la generación latinoamericana de los que se resignaron con Evo Morales, Cristina Kirchner, Dilma Rousseff, Hugo Chavez. Somos una degeneración. Porque sabemos que resignarnos es conceder la prolongación del modelo neoliberal. Eso con lo que se conforman es una política disciplinadora, aplanadora y aniquiladora de nuestros sueños y utopías. Estamos en un momento duro para la lucha social, no podemos conciliar. Y ninguna lucha social tiene relevancia si no es en primera persona. Las mujeres, de forma invisibilizada, nos venimos rebelando contra las estructuras de dominación, de forma colectiva, social, cultural y política. Es una especie de latencia social, son formas de desobediencia profunda que están desafiando raíces del patriarcado.

María Galindo convierte cada toma de palabra en una oportunidad para una convocatoria a ponerse en movimiento: “Es muy importante potenciar esa rebeldía. Podemos ser peligrosas, rompiendo el silencio, tomando la palabra en primera persona. Desmontando uno a uno los lugares con los que nos edulcoran la vida. Las Mujeres Creando hemos construido lenguaje, hemos producido cultura y escenarios. Estamos llenas de contradicciones, pero no somos funcionales a nadie. Y eso nos vuelve una voz relevante”.

No se puede descolonizar sin despatriarcalizar

“La despatriarcalización la pienso como un corredor por donde escaparme de esta mierda. Funciona como horizonte, porque plantea una posibilidad de desestructuración del conjunto de las relaciones de dominación de la sociedad. Es una plataforma donde bailar, burlarnos y zafarnos de la política de cooptación del Estado, de las ONG’s y los organismos internacionales”. Habla de igualdad, pero desmiente el discurso de la “inclusión”: “no  buscamos estar dentro del sistema; lo que queremos es cambiarlo, poder pensar en otro sistema y en otras formas de organización de la sociedad”.

La demanda no es por derechos, no es para pedir un pedacito dentro del sistema, sino trabajar para desmontarlo. En relación a esto, María ataca a lo que llama una “tecnocracia de género” que se viene apropiando de las luchas del feminismo en las agendas de los organismos internacionales y los gobiernos. Denuncia el carácter retórico de la mayoría de las leyes – como las leyes contra la trata, que “solo sirve para perseguir a las putas” – y el carácter vacío, singular, infértil de “la mujer”, como sujeto de esas políticas. En su libro se lee:

– Las oenegés fueron un instrumento útil de desmantelamiento del movimiento feminista latinoamericano y fueron parte del proyecto neocolonial de construir una relación entre género y mito del desarrollo, fueron el espacio de desfiguración del sujeto mujeres, manejando subterráneamente un discurso generalista en torno a “la mujer”, discurso que sirvió para camuflar privilegios de clase y sirvió para banalizar la idea de “la mujer” bajo un referente biológico simplificado y vacío.

María, en este campo de disputa conceptual, insiste en transformar y subvertir el uso del leguaje y en “inventar palabras para nombrar la lucha”. Desde su proyecto, entiende al patriarcado como la matriz de opresión más profunda de todas las sociedades y los sistemas políticos y económicos, como la estructura sobre la cual están construidas las jerarquías sociales. El feminismo, entonces, aparece no como una mera opción alternativa, sino como un cuestionamiento profundo de un sistema de relaciones de poder, del patriarcado en tanto institución, cargado de mecanismos de interpelación y normalización de las expresiones de género, sexualidad y afecto.

La propuesta surgió en un contexto social e histórico específico: el del auge del discurso de la descolonización en Bolivia, protagonizado por el Movimiento al Socialismo (MAS) y el Presidente Evo Morales. Galindo apunta sus cañones y denuncia el rasgo masculinizante de las estructuras coloniales, posibilitada por el ensamblaje con estructuras patriarcales pre-coloniales. A su vez, inscribe en esa misma lucha la demanda por la despenalización del aborto, entendido como forma de colonización del cuerpo de las mujeres por parte del estado patriarcal. El lema de Mujeres Creando fue: “Es impensable ningún cambio social profundo que no tenga un análisis de las estructuras patriarcales de una determinada sociedad. En el caso del proceso boliviano, nosotras decimos que: NO SE PUEDE DESCOLONIZAR SIN DESPATRIARCALIZAR”.recuadro-galindo

La relación con el gobierno ha sido tensa desde sus inicios: para la comitiva oficial de asunción de Evo, Mujeres Creando organizó la primera muestra de Ninguna mujer nace para puta e incluyeron “fotos de la autopsia de la última muerta que habíamos tenido” al grito de “no hay libertad política sin libertad sexual”.  Desde ese entonces, se han mostrado críticas a las políticas del MAS. A la presentación de su libro en la exposición ArteBa, Galindo fue con una banda presidencial boliviana con la inscripción “EVA”. Para ella, los sucesos ocurridos en el 2003, con la radicalización de los movimientos sociales y el cuestionamiento al monopolio de la representación política por parte de los partidos (fenómeno conocido como “Guerra del Gas”), abrieron un proceso profundo, histórico e irreversible, que “no tiene dueño”. Confía en que lo más “peligroso” para el sistema son las nuevas formas de construcción y de comprensión de la representación política que emergieron. “Los lugares donde se construyen ideas y pensamiento son los movimientos”.

Alianzas insólitas

Alguien dice de Galindo que es de esas personas a las que no se les escapa nada, siempre atenta a todo. Y eso, claro, se refleja en su agudeza para los análisis políticos, que no siempre caen en gracia y en general, acrecientan las filas de sus enemigos. Pero es en una de las batallas en la que encuentra menos eco: su crítica a la construcción política basada en las identidades:

– En América Latina, hay como una euforia de esos lugares identitarios, que son productos neoliberales. Generan discursos fragmentados, egocentrados, homogeneizantes e insuficientes para constituir acciones transformadoras. Como una pequeña jaula autoafirmativa, que no permite ver las complejidades de las relaciones sociales. No existe un ser humano social habitado por una sola identidad. Y ninguna identidad es rígida y única. Lo subversivo no es ser lesbiana. Las identidades no son subversivas. La capacidad de construir alianzas insólitas es lo subversivo. Yo soy enemiga del encierro en los discursos identitarios porque no interpelan el sistema en cuanto sistema y no se reconocen las articulaciones. Lo incómodo es estar juntas. Por eso decimos: “Somos indias, putas y lesbianas. Juntas, revueltas y hermanadas”. Las rebeldes somos las aliadas. Yo me voy al infierno con mucha gente.

_DSC7260