The Wall Bonaerense

En el norte y en el sur, de Abril a Nordelta, muros que separan una realidad indivisible: para que haya ricos, debe haber pobres. Los mitos de la seguridad y el derecho a jugar en el pasto.

El lado lindo: la ficción

En el barrio cerrado Abril la gente vive sin miedo. Sale tranquila de sus casas y deja la puerta sin llave. En Abril se respira un clima de total tranquilidad. Todo esto gracias a Carlos Daniel Tomeo, abogado fiscal y fundador de Tabacaleras argentinas S.A. Él es el hombre que diseñó el plan de seguridad que cuida a los vecinos del country.

Este plan cuenta con 150 cámaras de seguridad monitoreadas desde un búnker por especialistas, alarmas microfónicas en todo el perímetro, un sistema de alarmas domiciliarias en todas las casas, integrantes de seguridad formados en el ejército y dos oficiales de la Bonaerense gentilmente cedidos para supervisar el área.

Pero el plan seguro de Tomeo no termina sólo en cámaras y militares, sino también en la prevención del delito. Así, este empresario exitoso logró identificar el talón de aquiles en la seguridad de los barrios cerrados: la gente de afuera. Por eso, creó el protocolo de seguridad para toda la gente que ingresa, los empleados y los proveedores. Se piden certificados de domicilio, reincidencia y póliza de accidentes personales. Más de 4 mil personas que proveen servicios ingresan por día. Al 100% se la tiene identificada. Abril tiene la confianza de que no hay empleados infieles dentro de las propiedades.

Los barrios de Nordelta, según Nordelta

-Los Castores cuenta con una ubicación privilegiada frente al lago central Nordelta. Está pensado para personas que quieran mejorar su calidad de vida. Con comodidad y confort, pero cerca de la naturaleza. Rodeado de espacios verdes y frente a un importante espejo de agua. Los Castores ofrece descanso, relax y previsión en un ámbito de total seguridad. Su bosque central de más de dos hectáreas está ambientado con eucaliptos, plátanos, robles de los pantanos, álamos plateados y negros, y cipreses.

El lado feo: la realidad

Los barrios que padecen a Nordelta

Marga García y Karina Escobedo toman mate en una cocina de Las Tunas, Tigre. Cuando sus madres vinieron a vivir al barrio la zona era puro campo; ahora los rodean cinco countries con sus respectivos paredones, entre ellos Nordelta. Eso les trae bastantes problemas: uno de ellos son las inundaciones: El ghetto del agua. Después de que Karina señale todos los daños en el piso, las paredes y los muebles que las inundaciones le están generando a su casa, las dos amigas cuentan con la manos: sólo en 2013 cuatro veces sus casas se les llenaron de agua. “Los vecinos tenemos conciencia de que las inundaciones se dan por los barrios, no es la naturaleza”, aclara Marga.

En una inundación en abril del año pasado los vecinos de Las Tunas empezaron a romper los paredones de los barrios cerrados; fue la forma desesperada e improvisada para que el agua desagote: “En dos minutos el agua bajó”, afirma Karina. “El arroyo las Tunas corre por adentro de Nordelta, ellos lo embellecieron, pusieron muy linda esa parte y pusieron compuertas internas para regular el arroyo”, explica Marga, y afirma que son esas compuertas las que abren cuando el barrio se inunda y hacen que el agua, luego de que quede estancada bastante tiempo, baje en pocos minutos. Esa reacción de los vecinos fue reprimida por la policía y argumentada como un hecho de “inseguridad”: los habitantes de Nordelta pensaron que les querían entrar a robar.

La Fundación Nordelta dentro del barrio de Las Tunas da cursos de capacitación laboral, que enseñan cómo usar el microondas y limpiar casas. “Yo entiendo que quizás quieran hacer algo por el barrio, pero hay un montón de cosas que hacer, justamente capacitar gente para que trabaje en sus casas es denigrante. No es algo genuino, es interesado”, replica Marga.

En los campos que ocuparon los countries se hacían jineteadas, festivales para niños y fiestas populares. “Era todo un verde alucinante, ahora nosotros no tenemos más verde en barrio”, se queja Marga, y aclara: “Hay gente que lo acepta en el sentido que sabe que va a conseguir trabajo y otra que lo pone en discusión, porque marca dónde están los ricos y dónde los pobres”.

Mientras espanta los mosquitos con la mano – otra de las características del barrio-, Marga cuenta cómo cuando era chica jugaban en los campos y recolectaban tunas. Ahora a sus hijos un paredón les recorta el verde, una laguna sesgada los inunda y el futuro se presenta como un curso de capacitación para ir a trabajar del otro lado del muro.