“No podía ir a un Mundial con lo que estaba sucediendo”

En 2009, NosDigital publicó una entrevista con Jorge Carrascosa, el hombre que se negó a jugar el Mundial del 78. En aquella entrevista, explicaba por qué no jugó. Hoy vale la pena revivirla. “No estaba de acuerdo con que el Mundial fuera jugado como algo de vida o muerte”, explicaba, aquella tarde, en una oficina en Burzaco. 

Ahora cierra un poco más una de las tantas frases hechas que deambulan por el mundo del fútbol. Se dice, en no pocos casos, que un futbolista juega como vive. Treinta años después de su retiro del fútbol profesional, Jorge Carrascosa continúa dejando huellas. Como lo hizo dentro de la cancha, marcando surcos por el sector izquierdo del terreno de juego. Un marcador de punta que se extraña por su solvencia y también por la escasez de jugadores en ese puesto. Como lo hizo fuera de la cancha cada vez que tuvo que hablar, mirar, actuar. Como lo hace, treinta años después. Un tipo de barrio, con las convicciones claras, antes y ahora. Un tipo para conocer, descubrirlo y luego sí, tratar de entenderlo.

carrascosaLa geografía de mi barrio llevo en mí, será por eso que del todo no me fui: la esquina, el almacén, el piberío los reconozco… son algo mío…

Con ese tango Corazón al Sur, de Eladia Blázquez se identifica, lo canta y disfruta de cantarlo. Se siente orgulloso de reflejarse en esa letra. Es él. Ese nene, ese pibe, este hombre de 61 años que dice no haber cambiado su forma de pensar por el paso del tiempo. Este hombre que mantiene sus bigotes como distintivo y su sensibilidad social como estampa personal. Esa rebelión ante las injusticias que forjó en su niñez, entre su familia, sus amigos, la escuela y su Burzaco querido. Esa que familiarizó en sus charlas con César Luis Menotti. Esa que moldeó en sus diversas lecturas sobre el “hombre nuevo”, del que hablaba el Che Guevara. Hombre nuevo, ese que busca y lucha por un bienestar social. Como este abuelo de tres nietas, este padre de dos hijas, este marido a quien le brillan los ojos cuando habla de ella, de Lucy, el amor de toda su vida, que hoy desde otro lugar, quizá desde las pequeñas cosas, desde las simples acciones, continúa conservando intactos esos ideales, esos sueños de cambio.

Va y viene, todo el tiempo. Si hasta uno parece verlo correr intensamente por el lateral. En cada respuesta se encarga de crear un paralelismo entre el fútbol y la vida.

-¿Imposible separarlos?

-Es así, no se puede, a cada persona le deberá pasar lo mismo en el medio en que le toca manifestarse. Y ahí, uno con hechos juega una pelea para cambiar las cosas que no le gustan, que le hacen mal, que cree injustas. Hoy todo es competencia, desafío. Lo mismo ocurre en un colegio que en las Inferiores de un club. Los chicos van al jardín y ya los quieren hacer figuras. En esto influye la sociedad que te tritura y uno lo termina pagando con salud. Si a un jugador lo venden a Europa, los medios de comunicación vociferan “se salvó”. Yo me pregunto, ¿quién se salvó? La vida no es así, hay muchos factores que influyen en cada uno, no sólo lo económico.

El Lobo, apodo que le pusieron en Rosario Central sin que él supiera bien por qué, se retiró del fútbol en un buen momento de su carrera, a los 31 años, cuando aún le restaban dos más de contrato en Huracán. El motivo del precipitado adiós se debió a la imposibilidad que sintió de continuar dentro del agobiante ambiente del fútbol.

– Cuando la falta de valores pasa a ser algo común en el fútbol, ¿no vale la pena jugarlo?

– El deporte debe servir para afianzar la personalidad de cada ser humano, que sea de utilidad para que se aprenda a competir, a saber ganar y perder. ¿Por qué uno tiene que ganar siempre? Competir con dignidad y lealtad muchas veces se capitaliza más en la derrota que en el triunfo. El fútbol debe ser parte de la enseñanza, la vida es un camino difícil. Desde que nacemos sabemos que hay cosas que uno va a perder.

Ese alejamiento de las canchas embadurnadas de dinero, que se produjo luego de su último partido, el 2 de diciembre de 1979, fue una decisión consecuente con muchas de las anteriores actitudes que había tomado referidas al fútbol. Un privilegiado en materia deportiva, Carrascosa disputó el Mundial de Alemania 1974, en el que Argentina fue eliminada en la segunda ronda. En el último encuentro de la primera fase, Argentina no sólo debía vencer a Haití por tres goles de diferencia, sino esperar que Polonia le ganase a Italia. Ahí entró en escena la incentivación de parte de los jugadores argentinos a sus pares polacos. El plantel casi completo nacional les propuso 25 mil dólares si cumplían con el objetivo. Argentina hizo lo suyo dentro de la cancha y venció por 4 a 1; también afuera: Polonia 2 -Italia 1. Argentina clasificada. Italia eliminada.

-¿Un punto de inflexión en tu mirada crítica hacia el fútbol fue la incentivación a Polonia?

-Fue algo que me cayó muy mal. Yo debo rendir al máximo sin que me des a cambio nada, lo único que hace es desvirtuar la esencia del deporte. No me presté para eso como no lo haría nunca. Uno debe distinguir las cosas que están bien y las que están mal.

En enero de 1978, cuando Menotti dio la lista de los futbolistas preseleccionados para el mundial disputado en Argentina, una ausencia dejó a todos con la boca abierta. Nada menos que el capitán, Jorge Carrascosa, quien había decidido renunciar a disputar lo que para muchos representa el máximo anhelo de su carrera. Un campeonato del mundo, en su propio país. ¿A qué más podría aspirar un jugador de fútbol?

Miles de conjeturas se tejieron a partir de su salida. Cientos de veces se dijo que había sido sólo por estar en contra de la Junta Militar genocida que gobernó al país en aquellos oscuros años y la que se encargo de la realización del torneo. Diversas notas periodísticas le hicieron en busca de la verdad, del supuesto secreto jamás revelado. Esa verdad, para los que piensan únicamente con una pelota que late sin cesar, es aún inexplicable.

Un deleite escucharlo, leerlo, comprender al protagonista de su vida.

– ¿De dónde nacieron las decisiones que tomaste en relación al fútbol?

– Por un montón de cosas que observé durante mi carrera en el fútbol, me fui sintiendo mal y eso es lo que me llevó a tomar las decisiones que tomé, como por ejemplo la de no participar en el Mundial. No es que hubo un hecho determinante. Hay cosas que ya sabía y otras que se fueron sumando, que no estuve de acuerdo nunca, en el país, en el fútbol y que no me hacían sentir bien. Sin duda que para mí no fue lo mismo que el Mundial haya sido armado por un gobierno militar, que si lo era por un Estado democrático.

– Pero, ¿en dónde estaba lo fundamental de tu desacuerdo?

– No estaba de acuerdo con que el Mundial fuera jugado como algo de vida o muerte, para mí era un hecho natural, aunque no así para los demás. Un partido de fútbol es simplemente eso, nada más. En un partido no está ni el amigo, ni un hermano, ni la patria, ni la vida, no hay que confundir, hay cosas mucho más importantes. En 1982, cuando ya estaba retirado, se produjo la Guerra de las Malvinas. Si hubiese seguido en actividad podía haber sido convocado, pero tampoco hubiera ido a jugar. No podía ir a un Mundial con lo que estaba sucediendo en el país.

– Después de tantos años, ¿cómo ves aquella decisión?

– La actitud que tomé no la hice consciente, no me puedo engañar. No sabía los riesgos que se corrían, actué de manera natural, como lo hice siempre, para mí primero está el hombre y después la profesión. Estoy definido en eso. Nunca imaginé todo lo que estaba ocurriendo en el país. Incluso aunque alguien te contara algo, uno quizás no lo creía. La prensa influyó mucho en esos años para que no se observase lo que realmente ocurría.

– ¿Y sentís que te equivocaste en algo?

– El error que cometí fue el de creer que todo lo malo estaba sólo en el fútbol y cuando salí de ese entorno, me di cuenta de que es un reflejo de la vida. Uno tiene tres opciones cuando está en un medio que se ha convertido en un negocio salvaje, en el que se sacrifican principios, se hacen concesiones en función de cosas netamente materiales y priman los intereses personales. Si tenés poder, uno puede intentar cambiar el medio desde adentro; otra opción es meterse en la de todos y cerrar los ojos como si nada ocurriese. La última y por la que opté yo fue la de aislarme del ambiente que no me hacía bien. A mí se me hace muy fácil tomar decisiones. Separo lo económico de lo que siento. Entonces se me simplifica todo al preguntarme por ejemplo, en qué lugar me voy a sentir más cómodo, allá que me ofrecen tanta plata o en mi barrio, con mis afectos.

No necesita volver a cantar el tango de Eladia Blázquez. Lo tiene inmerso, lo vive ese Corazón al Sur. Como también aparenta vivir en él una frase consignada en un plato que le obsequió la Asociación Argentina de Árbitros por ser el jugador más correcto del 1976: “Nadie es bueno como todos juntos”, está grabado en la porcelana. Y está grabado sobre todo en su memoria, en sus gestos, en sus convicciones. “Es difícil que otro me entienda pero yo tomo decisiones por mi filosofía de vida, cosas que no me dejan dormir, que me hacen mal, pero son naturales. Ética, moral, dignidad, honor, esas palabras son sagradas. Sigo teniendo sueños e ideales, aunque uno de desilusiona de muchas cosas, hay que seguir teniendo esa fuerza que yo tuve cuando era joven, que soñaba que podía cambiar el barrio, el fútbol, la Selección, el país, luchaba por esas cosas. Esa fue la manera de desarrollar mi identidad.

– Treinta años después de su retiro, ¿qué es el fútbol?

-Un deporte apasionante. Disfruto de ver jugar y de jugarlo, y más cuando lo hago con mis amigos. Nuestro equipo se llama Sub 70, no hace falta aclarar por qué. Como siempre, continúo marcando la punta izquierda y trato de anticipar al wing, de poder llegar antes que él y ganarle la posición, de cuidarme de que no me tire un caño. Vuelvo a ser un chico dentro de la cancha.

A veces sin mala intención se minimiza el obrar de un hombre. Así sucede cuando se lo termina reduciendo a un episodio puntual. Jorge Carrascosa es muchísimo más que una persona a quien se le busca poder extirparle una declaración rimbombante, que derive en título revelador, que logre tener repercusión mediática. Es mucho más que eso. Es un tipo intachable, de principios firmes e incorruptibles. Apasionado por los intereses populares, grupales, colectivos. Y además, es amante del fútbol como pocos.