Dicen que el sistema chorrearía

Carlos March, referente del universo de organizaciones sociales, pone en jaque las contradicciones entre la idea del “granito de arena” y la lógica de derrame que se esconde detrás de la asistencia. Desde adentro, cuestiona la mentada autonomía del “tercer sector” y desnuda la heterogeneidad del mundo asociativo.

En Argentina hay más de 100 mil ONG´s y fundaciones. Las organizaciones sociales vivieron un boom a partir de la década del 80 y son tendencia en la sociedad civil desde entonces. Los debates que se abren respecto de sus fines y objetivos son cruciales en términos  de capitales simbólicos, relaciones de poder y reproducción o transformación de las condiciones de existencia. La imagen construida de “aportar el granito de arena” choca, muchas veces, con las lógicas filantrópicas de las grandes empresas  y grupos económicos de donar lo que sobra y construir hegemonía a través de lo que chorrea del sistema.

¿Cuáles son los fines más profundos de estas entidades?, ¿encajan como pieza del sistema global?, ¿cuál es la relación de estas organizaciones de la sociedad civil con el Mercado y con el Estado?, ¿su definición legal como organizaciones sin fines de lucro las desvincula de cualquier interés político, económico o simbólico?, ¿puede ser una organización con fines benéficos contraproducente a sus propias misiones y objetivos?, ¿puede ser transformadora o revolucionaria?

Carlos March es el representante nacional de la Fundación regional AVINA en Argentina. Es referencia en el tema. Y, como especialista del tercer sector, es contundente: “El tercer sector no existe, no es sector”. Para Carlos, los sectores son solo dos: el Estado y el Mercado; el tercer sector está más cerca de ser una representación social, una construcción imaginaria. “Definir a la sociedad civil como tercer sector es una incoherencia conceptual porque justamente la sociedad civil no impulsa agendas sectoriales, impulsa interés público. Además el tercer sector, desde el punto de vista de la acción concreta, no opera: los que operan son el Estado y el Mercado. Hay brechas entre el Mercado y el Estado, y al interior de ellos, donde la sociedad civil puede incidir, aprovechar y meterse”.

El vínculo de la sociedad civil con estos dos sectores propone verticalidades y manipulaciones.  El problema, según March, es que se “pretende transformar sin entender la lógica del que tiene el poder”.  Carlos explica uno de los grandes males de la compleja relación entre los sectores con una figura que impacta: “La sociedad civil quiere que la gente coma su menú, pero no toma la cocina para decidir qué se come ni se sienta a la mesa para pedir lo que quiere y visibilizarlo. Termina jugando de mozo: sirve lo que cocinan y va a servir lo que le pidan. Cree que impacta en el poder real y la realidad es que el poder real de la sociedad civil es muy limitado ante el poder real y formal del Estado y el poder económico de las empresas. Si no sos capaz de construir poder difuso y correrte del poco poder real que tenés, estás jodido”.

En una encuesta hecha en 1999 por la organización Poder Ciudadano se midió la percepción en la opinión pública  del nivel de corrupción en los distintos sectores. La sociedad civil fue considerada la menos corrupta, pero también la más desconocida. “El tercer sector está idealizado: su buena imagen corresponde en parte a un mérito propio y en otra gran parte al desconocimiento”, dice Carlos. Los estudios que aportan información sobre el campo son escasísimos. Los trabajos más completos son de hace 20 años.

Este tipo de organizaciones sociales pueden ir desde asociaciones civiles de clubes de fútbol a comedores comunitarios. En la inmensa diversidad de temáticas, las que más se repiten son las dedicadas a salud, educación, ciencia y tecnología. Pero más allá de los campos disciplinares elegidos como misiones, las construcciones de las organizaciones sin fines de lucro son diversas en las actitudes y los fines, que proponen, indefectiblemente, relaciones de poder. Según Carlos, se pueden clasificar cuatro tipos de actitudes dentro del ámbito de las ONG´s y las fundaciones: “La más básica es la actitud de asistencia, donar lo que sobra: se plantea al sujeto de donación como un objeto de asistencia. Una segunda actitud es la del compromiso, que ya no es dar lo que te sobra, sino dar lo que tenés: contactos, plata, parte de tu tiempo. Pero tampoco trabajás en la transformación de un contexto. La tercera es la actitud de asumir riesgo: no solo transferir recursos, sino involucrarte en el proceso y no desligarse. Ayudar activamente a esa institución o persona a entrar en una cadena de valor distinta. Y el cuarto valor o actitud es la transformación: pasás de dar lo que sobra a invertir en lo que el otro necesita.  Como lo que el otro necesita no lo tenés vos, tenés que organizarte, articularte, operar en red”.

– ¿Cómo se construye al necesitado en estas actitudes?

– La inversión social pasa de construir un objeto de asistencia que dependía de una donación a un sujeto de cambio empoderado, que puede definir su propia calidad de vida e incidir en la calidad de vida colectiva. Entonces, si el que está haciendo asistencia se queda con la construcción del otro necesitado como objeto de asistencia caemos en la lógica de donar lo que sobra, se reproduce el statu quo. Ahora, si hacés asistencia y tu objetivo es transformar y llegar a construir un sujeto de cambio, me parece que tiene sentido. Lo que hay que generar primero son condiciones de factibilidad, eso tiene la asistencia, que es distinta al asistencialismo. Si la lógica, oculta o no, es que se quede ahí y que dependa de mí, lo que tenemos es asistencialismo: una mezcla de asistencia con cinismo.

– ¿Se pueden tener aspiraciones revolucionarias desde estos espacios?

– Claramente no: estos espacios no sirven para realizar cambios revolucionarios o de estructuras de sistema. Lo que sirve es el poder político y el Estado como herramienta de la sociedad. Qué legitimidad tiene una ONG para semejantes aspiraciones…

Dentro del ámbito de las organizaciones de la sociedad civil el Mercado es un sector consolidado que juega fuerte y se propone imprescindible para el funcionamiento del sistema de financiamiento. Propone tendencias filantrópicas como la Responsabilidad Social Empresaria. Propone nuevas formas de economías capitalistas. Pero, ¿cómo puede entenderse el accionar de las empresas por fuera de la absoluta lógica de la concentración y la ganancia? Cada gran empresa tiene su fundación ¿Por qué se da este fenómeno? Carlos March explica: “No hay nada desinteresado. Generar una transformación verdadera en el sistema capitalista desde la empresa no existe. No alcanza con una fundación o la filantropía empresarial. Eso está clarísimo. La filantropía se usa para darle valor social a marcas desde empresas que son impresentables. Hay pocos ejemplos de fundaciones creadas por empresarios que no responden a un interés de marca, de posicionamiento”.

March proponer revisar profundamente la sociedad civil y pone sobre la mesa una clave de la estructura: la lógica perversa de la financiación privada. Los vínculos donantes-donatarios, desde el sector privado, se proponen como una administración de insustentabilidades: “Son mecanismos que responden a la lógica de los financiadores, a la lógica que debería cambiarse. No financian organizaciones, sino programas. En la región hay programas ricos en instituciones pobres. Te dono para el programa por dos años y al mes siguiente no podés pagar la luz de la sede de la organización. Exigen transparencia, entonces contratás abogados, contadores. Exigen diversificar recursos, contratás a gestores y diseñadores de campañas. Exigen que seas referencia en el tema, contratás a prenseros, porque si no estás en los medios no sos nadie. Cosas que tenés que pagar como organización y nadie te cubre. Ahí tenés algo perverso: estándares que no podés sostener.” La dinámica se hace juego y convierte a organizaciones que debieran ser livianas en pesadas estructuras. “Es insostenible”, concluye Carlos.

El otro sector delineado que opera como tal, según el especialista, también propone perversidades en las relaciones: “La lógica de cancillería de decir que Argentina es país donante y no necesita donaciones, implica retracción de cooperación internacional, más allá de que esté retraída. El gobierno sabe que hay agendas en la región que financia solo la cooperación internacional: control de gestión pública, transparencia, DDHH, ciudadanía. Salen a decir que no se necesita, porque Argentina es donante y ayuda a Haití. Desfinancian agenda de control de la política pública. Entonces tenés perversidad desde el Estado y el Mercado, que genera  situaciones de vulnerabilidad en las organizaciones sociales”.

Según cifras oficiales correspondientes al 2012, solo hay inscriptas en AFIP  y en la Inspección General de Justicia un 10% de la totalidad de los sin fines de lucro. El resto se mueve desde la clandestinidad financiera o de personerías. Carlos entiende que esta lógica no es casual: “Uno de los mayores males de las organizaciones de la sociedad civil es que no generan sus propios recursos”. Para esto, según March, “hay que reformar las estructuras legales de las organizaciones para que puedan autoabastecerse y no estar pidiéndole subsidios al Estado o a la cooperación internacional o nacional”.

Lo político en las organizaciones sociales también es un eje central de discusión. La construcción de discursos despolitizados encierra agendas ocultas y discursan desintereses engañosos: “Quien dice ‘no tengo ideología’, miente. Se pueden identificar dos perfiles: la persona que pone un comedor en un barrio y no tiene mayor aspiración que darle de comer a 20 chicos. Es genuino y está bárbaro. Ahora, al que dice eso y en realidad tiene agenda oculta hay que detectarlo y exponerlo. Eso es corrupción. Hay que obligar a exponer los intereses más profundos, la agenda oculta sobre la mesa. Lo que destruye los tejidos no son las diversas ideologías, es la falta de marco de valores. El que se sienta en una organización social a convencer y a empujar causa común desde agenda oculta, rompe marco de valores, corrompe. Que se pongan las agendas sobre la mesa y que se discutan: no es ningún crimen. Es un crimen si no lo hacés explícito: engañás gente. Es asistencia cínica”.

– ¿Y lo explícito salva todas las intenciones? ¿No sigue siendo perverso usar estratégicamente la necesidad del otro?

– La clave está en cómo construís una sociedad que le ofrezca de manera equitativa a sus miembros distintas ofertas y distintos accesos a oportunidades para que puedan decidir activamente. Cuando no hay opción, obviamente, no podés elegir y vas con el que te ofrece algo. Eso, por más que la agenda no esté oculta, sigue siendo perverso. Hay que entender que la pobreza es no tener redes sociales y no tener acceso a oportunidades. Si tenés eso es muy difícil que seas pobre. La clave está en ver cómo generamos sociedades que garanticen acceso a oportunidades diversas.

Los índices de pobreza, según quién los mida, indican que más de la mitad del planeta es pobre. En un mundo de 7 mil millones de habitantes, entre 3500 y 4500 millones son pobres. En 1950 había solo 2 mil millones y medio de personas: en seis décadas  aumentó en 4500 millones. “Prácticamente, lo único que hemos generado en los últimos 60 años es exclusión”, lamenta Carlos.

– ¿Y ante esta realidad cómo se puede entender la lógica del granito de arena?

– Los granitos de arena de las fundaciones y las ONG´s  sirven en la medida en que no se aíslen y se articulen para construir una playa y no un desierto. Hay que ver el contexto donde se genera. Allí falta estrategia. Existe poca gente que pueda liderar y formar redes entre esos actores que quieren aportar su granito, pero que lo hacen de modo desarticulado. La gente correcta no llega al lugar adecuado y hay muy poca gente trabajando para que eso suceda. La mayor cantidad de personas trabajan para servirse de las personas correctas y llegar ellos al lugar adecuado. Falta liderazgo de articulación.