Cayó un perejil

José Luis Orellana tiene un retraso madurativo, no sabe leer ni escribir. ¿Por que no lo inculpamos a él, si somos de la Tercera de San Miguel?

José Luis Orellana volvía entre las 12.30 y 12.45 del mediodía de lo de su suegra con su novia y el hijo de ella, el 24 de mayo de 2013. Andaba con pantalones deportivos con líneas rojas, con remerita, como todos los pibes de San Miguel de 21 años. Vio pasar a un patrullero, dar una vuelta, volver y detenerse al lado suyo.

El policía que bajó tenía el nombre en la chapa: “Mario Gago”. Lo detuvo y lo llevó a la comisaría Tercera de ese partido. Le hizo firmar un papel que no le leyó, pese a que Orellana insistía en que no sabía leer ni escribir. “No te preocupes, ya vas a salir”, repetía Gago.

José Luis no sabe leer ni escribir. Tiene un retraso madurativo y no escucha de un oído. Nada importó antes de que firmara. Después tampoco. No lo revisaron médicamente. Lo acusaron de asesinar a un custodio del supermercado chino de Irigoin y Maestro Ferreyra en un intento de robo y lo metieron adentro, ahí, en la Comisaría 3° de San Miguel.

Caso cerrado con gato encerrado

“Robo calificado por el uso de arma de fuego en concurso real con Homicidio criminis cusae”, la titularon.

La policía le dijo al diario Crónica que Orellana fue arrestado pese a que estaba intentando fugarse. Estando en su propio barrio, con su novia y un bebé.

El arma no apareció nunca, pese a los allanamientos a la casa de Orellana. Nunca le hicieron las pruebas de parafina para ver si había gatillado.

Quiso declarar y no lo dejaron.

La viuda sabe quién es el asesino. Lo denunció. Nadie la escuchó. “El asesino está preso. No moleste. La causa está cerrada”, le contestaron. Juntó firmas de vecinos dispuestos a atestiguar quién disparó el arma. Lo escucharon al propio asesino diciendo: “Cayó un perejil”.

El asesino habría tenido los mismos pantalones y se parecía físicamente. Los dueños del supermercado lo señalaron a Orellana durante la rueda de reconocimiento.

Hay tres testigos amenazados de muerte.

En el barrio saben que el asesino volvió a matar. “Jamás buscaron a nadie”, dice la madre de Orellana.

Después, ahora

La familia presentó los certificados de discapacidades ante el juez que nunca dio el arresto domiciliario.

A José Luis lo trasladaron a la comisaría 1ra de San Miguel un mes. Después, a Olmos. La familia se enteró cuatro días después del destino del traslado. Mientras tanto, Orellana estuvo dos días en un camión sin comer ni dormir. En el penal de Olmos permaneció 5 meses, hasta que lo llevaron a Mercedes, donde todavía está.

“Fue peor porque lo apuñalaron ni bien entró, le robaron todo, le pegaron. Hizo una huelga de hambre. Hace dos semanas lo volvieron a apuñalar. No se da con nadie, no presta nada”, dice la madre. “Su hijo es quien tiene que hacer la denuncia”, le responden. Pero si lo hace, vuelve y lo matan, sabe él.