Se lo habrá llevado El Familiar

Cuenta la leyenda en Jujuy que los obreros muertos del Ingenio Ledesma y los desaparecidos en la dictadura fueron víctimas de un espectro letal que aparece de varias formas. Los peritajes, sin embargo, indican que a Pablo Obiña y Gonzalo Calderón los remató la policía.

En Libertador San Martín pelean contra un monstruo. Lo llaman El Familiar. Es la muerte y es fuerte: es la localidad con menor promedio de vida en Latinoamérica: 43 años.

El Familiar tiene muchas formas de matar, muchas formas de aparecer. Dicen que lo vieron como un viborón peludo, como un hombre alto, muy alto, con sobretodo, y como un perro negro, de los ingleses, de los que tenían los dueños de la empresa azucarera Ledesma. Tiene tanto poder que todos deben considerar que es de tu familia. Decide si trabajás, qué estudiarán tus hijos, cuánto podés protestar. Es la cabeza de la empresa, máxima fuente de trabajo de la ciudad.

Ledesma te beca según sus necesidades. Si un hijo de obrero se recibe de agrónomo con promedio diez, entra a la fábrica, pero como becario. Si un hijo de un funcionario o miembro de la empresa que sea supervisor, jefe, entra con un sueldo como corresponde.

El 3 de noviembre de este año, Pablo Obiña y Gonzalo Calderón andaban en moto. La policía dice haber recibido una denuncia por robo de celular por parte de dos varones jóvenes en moto. Cerraron así los caminos de la ruta nacional 34, la que va a San Pedro –donde los pibes pobres son perseguidos para vender drogas, para traerla de Bolivia, al precio de la vida-, y a Tartagal –donde la tala de árboles produjo aludes y más muerte-. Dicen que los encontraron por Calilegua, a 7 kilómetros de Libertador General San Martín. Los siguieron hasta caminos internos de Ledesma, ahí donde los primeros dueños habrían hecho el pacto con el diablo una noche de luna llena.

El dueño prometió entregar un obrero a principio y fin de la zafra, aunque el diablo puede exigir más de un obrero durante la producción. Se recomienda a los trabajadores decir que son casados, que tienen familia o conocidos para que El Familiar no los busque. En Libertador no decían “algo habrán hecho” durante la última dictadura. Decían: “Se los habrá llevado El Familiar”.

Entre Calilegua y la fábrica hay 12 kilómetros. Nadie vio nada, ninguna persecución. Ni siquiera el personal de la garita de seguridad -iluminada- que está en la entrada de la empresa.

Adentro de Ledesma hay una pila gigante de bagazo, restos de caña de azúcar que Ledesma acopia al aire libre para poder fabricar papel y otros derivados. Larga un olor a mierda inaguantable. Es el polvo que levanta por los hongos que se generan en el bagazo húmedo. Ese polvo, inhalado por los trabajadores y por los vecinos, genera bagazosis, una enfermedad pulmonar provocada por respuesta: una especie de neumonitis por hipersensibilidad. En México también se practica el acopio al aire libre: 50 por ciento de los trabajadores está enfermo. Entre 4 y 6 mueren por mes solamente en el municipio de Chichigalpa, donde está el Ingenio San Antonio.

Luis Aredez, un médico ex intendente de la ciudad, desaparecido en los setenta por “infiltrado marxista”, por “médico zurdito”, recetaba remedios caros a los trabajadores de la empresa para que traten, entre otras enfermedades, la bagazosis. Como intendente le exigió a Ledesma que pagara impuestos de sus tierras y de la fábrica. Durante ocho meses de su gestión, Ledesma solo pagó uno.

La desaparición de Aredez está siendo investigada. Carlos Blaquier, dueño de la empresa, está procesado por eso y otras causas de lesa humanidad. Su mujer, Olga Márquez de Aredez, se convirtió en referencia de derechos humanos, madre de Plaza de Mayo, por dar vueltas en la plaza para llamar la atención por su marido desaparecido. Murió en 2005 de cáncer de pulmones agravado por la bagazosis.

Entre ese olor a mierda, la policía declaró que les dio a Pablo y Gonzalo. El suboficial, ahora detenido, que iba en la cabina delantera, delante de otros tres que ya no están presos, dice que sacó el arma por un hueco que hay en el enrejillado de la ventana de la patrulla 4×4. Dice que disparó a metros de distancia. Dice que la moto circulaba sin patente y que les disparó durante un tiroteo. No coincide con el informe de los peritos ni de balística. Tampoco coincide el ángulo. Las balas entraron por la nuca a 50 centímetros. De arriba hacia abajo. Estaban acostados o arrodillados. La moto no tiene ni un raspón. Está nueva. No saltó ningún pedazo de plástico. No hubo caída. En esos supuestos 12 kilómetros, una 4×4 nunca pudo alcanzar a la moto scooter Guerrero 110. Ni siquiera durante el ripio.

Obiña murió ahí. Calderón cayó herido y murió dos días después.

Por todo esto, la fiscalía tiene la hipótesis de que los disparos fueron en la ruta y no en los caminos internos de Ledesma.

El Familiar, esta vez, apareció como policía.

Otro caso de gatillo fácil en Jujuy, en el pueblo vecino de San Pedro: http://www.nosdigital.com.ar/2012/12/en-san-pedro-la-policia-golpea/

Foto: NosDigital.