Acá estamos, y somos el futuro

Los centros culturales proponen una nueva ley para dejar de funcionar con parches y que sea reconocida la nueva movida cultural de Capital. Los riesgos legales actuales y lecciones post-Cromañón.

¿Cuál es la diferencia entre “invitados” y “clientes”? ¿Cuál es la diferencia entre una casa y un local? ¿Cuál entre la rentabilidad y la autogestión?

Estar hablando de esto post-Cromañón es un avance que le debemos a un movimiento cultural emergente, que encarna las respuestas a esas preguntas: los centros culturales.

No es sólo tomar una birra

En la Ciudad de Buenos Aires han ido surgiendo espacios que dan lugar a artistas y movidas independientes, que están ligados al barrio, a público amigo y conocido que con el boca a boca han ido haciendo crecer estos lugares, y multiplicarlos.

El fenómeno es tan conocido que ni hace falta explicarlo ni historizarlo. Pero sí apoyarlo: detrás de cada centro cultural autogestionado hay un sinfín de problemas burocráticos que ponen en peligro la existencia misma de los espacios.

La complejidad de la cuestión puede empezar a tocarse por una arista sencilla: no existe una figura legal que habilite los “centros culturales” tal como funcionan hoy. Este vacío legal se origina con la derogación por parte de la Legislatura del Régimen de Clubes de Cultura que regulaba a espacios no convencionales, experimentales y polifuncionales, y su emparchamiento por nomás tres figuras: salas de teatro independiente, club de música en vivo y salón de peña y milonga.

Antes, después y durante de este ejemplo, lo que corren los centros culturales son nada menos que riesgos legales: cómo ajustar la vida y el funcionamiento de un espacio a una ley que no tiene en cuenta los nuevos paradigmas culturales. Entonces: “Hoy por hoy ves centros habilitados como teatros, clubes o cafés, bares… todos tienen que dibujar un poco lo que hacen. Y el problema es que la ley está pensada para locales comerciales; no piensa que un espacio de arte pueda funcionar en una casa, por ejemplo”, dice el abogado Claudio Gorenman, fundador del grupo Abogados Culturales que patrocina a muchos centros culturales, y parte del staff del Matienzo.

Pablo Vergani, como parte del San Nicolás centro social y cultural, se acopla a la idea: “Los nuevos paradigmas de gestión cultural no están reconocidos desde la legislación actual. Los espacios se habilitan como pueden, con figuras que no corresponden, con todas las complicaciones que trae eso”.

Propuestas post-Cromañón

En esa línea delgada, lo que reclaman los centros culturales es no seguir jugando a la viveza criolla, sino ser reconocidos por una ley que hoy los obliga a ser esquivos. Tanto es así, que nucleados en el Movimiento de Centros Culturales y Artísticos (MECA) redactaron hace 4 años una ley que empezaba a saldar estas viejas deudas: http://www.nosdigital.com.ar/2010/11/hacia-la-ley-de-centros-culturales/

Ese primer paso fue finalmente obstaculizado en la Legislatura, que no le dio prioridad. Pero con la urgencia de cada fin de semana, en los que el gobierno porteño sí se entusiasma en aparecer a través de sus inspectores, volvieron a la carga este 2014 con una propuesta renovada: una ley “distinta”, señala Gorenman, y que busca 40 mil firmas para ser presentada como “iniciativa popular”.

“Estuvimos dos años trabajando y se presentó ahora; fue una construcción permanente conociendo los distintos modelos de centros culturales y viendo donde estaban las tramas mayores desde los más chicos y más sociales hasta los más grandes dentro de lo considerado cultura independiente”, dice el abogado, que fue uno de los redactores del nuevo proyecto, que es hijo del viejo. “Fue un trabajo arduo de construcción ideológica”, sigue, y nos quedamos acá: si las leyes – eso que se nos presenta como objetivo, de mármol- son ideológicas, es porque benefician a unos y perjudican a otros. En el caso de las habilitaciones y los requerimientos legales de locales, la ley actual sigue términos comerciales y lucrativos que no son molde para los nuevos centros culturales. La idea de este nuevo proyecto no es modificar los marcos legales de ningún otro espacio, sino agregar nuevas figuras y otorgar prioridades y beneficios a los espacios autogestivos. Dice Gorenman al respecto: “Fuimos construyendo un proyecto de ley abarcativo en función de lo que se hace hoy en un cultura y en lo que creemos que se viene. Eso hace que se pueda trabajar sin trabas burocráticas, o que se diferencien los centros gratuitos, sin fines de lucro. La ley empieza a reconocer que existen modelos de gestión no comerciales y deben ser tratados. Y que es una cultura descentralizada, que no tienda a los centros comerciales, que vuelva a los barrios, las esquinas, las casas”.

El proyecto redobla la discusión de la movida cultural post-cromañón en el sentido en que hereda su aprendizaje para formular la propuesta más concreta desde entonces. “Somos herederos de Cromañón y nuestra responsabilidad es genera r emprendimientos culturales y no cerrarlos. Y reconocemos que no existen normas para estos proyectos. Ahora, que nos reconozcan que hubo un cambio importante en los medios tecnológicos y de comunicaciones que generaron una forma de intercambiar cultura mucho más dinámica, con artistas, contenidos, y una diversidad de espacios y escenarios, que nacen de manera dinámica y son un pequeño gran estallido en esta ciudad. Se genera un cambio de reglas con Cromañón, una política cultural que acentúa esas limitaciones en la ley, y un contra estallido de emprendimientos culturales”.

La única legalidad es la realidad

Los artículos de la ley no fueron pensados desde una oficina de abogados, sino que parten de las experiencias concretas y las anécdotas más particulares que obstaculizan el funcionamiento de los centros culturales. Pablo Vergani – que forma parte del San Nicolás centro social y cultural y también se sumó al equipo de redacción de la ley- hace carne esos problemas: “Ahora mismo estamos clausurados, de vuelta, por varios meses. Desde el principio fuimos notando la problemática de la habilitación… Y fuimos hablando con otros gestores, nos fuimos enterando cómo venía la mano y lo complicada que estaba la situación legal para los espacios independientes”.

Pablo y los del San Nicolás representan muchas de las inocencias e informalidades de proyectos que nacen desde las ganas y la necesidad de crear algo nuevo, y que van madurando sobre la marcha en contacto con otras experiencias con los mismos problemas, y terminan redactando leyes. Entonces es cuando la legislación se adapta a la realidad, no la crea, aunque puede reproducirla: “No puede frenarse y no debe frenarse, mas allá de la legislación, esto existe y sigue existiendo y cada vez crece más. El reconocimiento le da la posibilidad concreta de estar regulado: hoy las medidas de seguridad pasan por cuenta de los propios gestores. Con la ley aparece una responsabilidad del estado sobre estos espacios, no es solo quedarse con las voluntades de quienes los gestionan”, dice Vergani.

Volvemos a Cromañón: “Si en algún momento era simpático atiborrado de gente, ya no lo es más”, sintetiza Pablo como gestor de un centro cultural que aprendió de aquella masacre la importancia de cuidar a la gente que pasa. Pero el panorama completo no sólo involucra a los responsables del lugar y los artistas, como nos hace creer la pena a Chabán y Callejeros. A cada ley, más presencia y regulación del estado: “La legislación marcha un techo considerable del hecho de que al no estar regulados nos quita visibilidad, diversidad, la posibilidad de ser reconocidos como parte del patrimonio cultural de la ciudad. Nosotros también tenemos una lógica abierta, participativa, pero por otro lado nos obligan muchas veces a hablar en voz baja, a pasar direcciones por privado, a no difundir mucho por miedo a que nos caigan. Lo cual atenta contra nuestra propia identidad. Ahora necesitamos también que se pueda hacer cargo el estado de controlar esto, que muchas veces no lo puede hacer porque no nos reconoce”.

Concretamente, la ley de Centros Culturales empujada por MECA:

-Reconoce la existencia de Casas de artistas, Centros barriales y sociales, centros culturales y clubes de cultura

-Flexibiliza los trámites y acelera los tiempos de habilitación para los nuevos espacios culturales

-Facilita la subsistencia de emprendimientos no lucrativos mediante trámites gratuitos

-Protege emprendimientos culturales mediante la inscripción en un Registro de Usos Culturales

-Mantiene las exigencias de seguridad e higiene previstas en otras leyes vigentes.

¿Cómo pueden cambiarle la vida a un centro cultural estas propuestas, a las personas que lo sostienen y a las que van? “La ley podría habilitar el espacio de San Nicolás como centro cultural, y nos permitiría empezar a funcionar legalmente con el trámite iniciado y no tener que esperar a la burocracia, que es ajena a los tiempos de la autogestión. Eso, en adelante, lo que motoriza son espacios de arte y fuentes de trabajo genuino”.

El proyecto completo, aquí: http://leymeca.com.ar/docs/ley.pdf

Si no te alcanzó la nota, los fundamentos, aquí: http://leymeca.com.ar/docs/fundamentos.pdf

Y podés acercarte a firmar la Ley para que sea tratada obligatoriamente por la Legislatura, aquí:

  • Casa Presa

Valdenegro 2636, Villa Urquiza

  • La Casa de Árbol
    Fitz Roy 2483, Palermo
  • El Quetzal
    Guatemala 4516, Palermo
  • Rincón Casa Cultural
    Rincón 1330, San Cristóbal
  • Señor Duncan
    Av Rivadavia 3832, Almagro
  • Club Cultural Matienzo
    Pringles 1249, Villa Crespo
  • Archibrazo
    Mario Bravo 441, Almagro
  • Multiespacio Pasco
    Pasco 689, Balvanera
  • Vuela el Pez
    Av Córdoba 4379, Villa Crespo
  • La Vieja Guarida
    Guardia Vieja 3777, Almagro
  • El Emergente
    Gallo 333, Almagro
  • Teatro Mandril
    Humberto Primo 2758, San Cristóbal
  • El Surco
    Av Boedo 830, Boeado
  • La Brecha
    Juan de Garay 2900, Parque Patricios
  • La Senda
    Thorne 493, Parque Chacabuco
  • La Bisagra
    Av San Juan 1826, San Cristóbal
  • San Nicolás Social y Cultural
    San Nicolás 162, Floresta
  • Mu. Punto de Encuentro
  • Hipólito Yrigoyen 1440, Congreso