“Este sistema no tiene nada que ver con lo artístico”

Las Manos de Filippi defiende el arte independiente y promueve la organización de los músicos para defender sus derechos como trabajadores. Con más de 20 años de historia, hablan de un antes y después de Cromañón, de la experimentación y la libertad creativa, y la influencia de las redes sociales en la lógica del rock.

Fotos: NosDigital.
Fotos: NosDigital.

Alguien dice que, este fin de año, quiere estar “en las entrañas del capitalismo”. Quiere hacer todo eso que hacen los turistas de manual. Pasear en un auto descapotable, patinar sobre hielo, sacarse fotos con Mickey, ir a los shoppings, todo. La charla parece no tener sentido; un par más se suman entre risas y alimentan con ideas el estereotipo perfecto del viaje con la cámara colgando del cuello y el mapa de la ciudad en la mano.

Somos varios. Estamos sentados en la primera habitación a la derecha cuando terminás de subir las escaleras. Los sillones están prolijamente acomodados en una esquina. Varias guitarras cuelgan de la pared. Frente a nosotros, la cocina; la heladera se va llenando con un par de botellas expectantes ante un cumpleaños inminente. Más allá de la cocina, una puerta lleva a un patio y a todo otro mundo.

En otras habitaciones se agrupan los instrumentos. Juntos, todos los espacios, las escaleras, los pasillos, los sillones, las botellas, los pósters, las fotos y las guitarras en la pared, dan vida a la sala de Las Manos de Filippi.

–          En su descripción en la web conviven tres términos: “empresa”, “arte” e “independiente”.

–          Nosotros hacemos rimar cualquier cosa. Un poco eso fue después de Cromañón, cuando los músicos tuvimos que hacer un cambio de mentalidad. También de relacionarnos con los trabajadores de Zanón, a quienes apoyamos y acompañamos desde el principio de la lucha. De hecho, cuando nosotros decidimos después de Cromañón formar nuestra agrupación política como músicos, nos basamos en la experiencia que habíamos tenido de la lucha de ellos. Empezamos a ver que una banda es una empresa y el cambio que tuvimos que hacer fue adecuar la adultez de la empresa, de la banda, a lo que era nuestra edad, nuestra necesidad y nuestros compromisos. Tuvimos que romper con un Pomelo que venía de antes de Cromañón, porque nosotros somos de esa generación de rockeros Pomelo. Y eso de llamarnos empresa de arte independiente fue también apostar a sacarse el miedo, a que uno entienda que un proyecto artístico es una empresa.

–          ¿Entonces son una empresa de arte independiente?

–          Claro, es un emprendimiento se puede decir, pero nosotros apuntamos a que esto sea nuestro sostén de vida, como músicos, como padres, como adultos. Un poco fue una presión que nos pusimos a nosotros mismos para entender que esto es una empresa poniéndole ese nombre, nosotros quizás lo entendimos después, pero fue una presión. Muchas veces en las canciones decimos cosas como exagerando que con el tiempo llegamos a entender.

Quien habla mientras el timbre suena y alguien baja y sube las escaleras para abrir la puerta es Hernán “Cabra” de Vega, voz y lírica de Las Manos de Filippi. La banda se completa con Germán “Pecho” Anzoategui (trompeta, voz, flugelhorn y coros), Gaspar Benegas (guitarra, programación y coros), Guido Durán (bajo y coros), Charles Bardon (saxo y coros), Lucas Honigman (batería y coros) y Pablo Marchetti (synthes, samplers y coros). Todos ellos están en la sala. En la charla, se cuela el eco de una batería que suena en alguna de todas las habitaciones. Imaginamos los ensayos, previos a la fecha con la que despiden sus primeros 20 años de fiesta. La banda tiene todo un recorrido hecho, algunas cosas cambiaron desde 1992, otras simplemente se fueron sumando. Hoy Las Manos de Filippi es una fusión de todos los caminos que transitaron.

–          ¿En estos 20 años fueron cambiando las intenciones musicales y también las militantes?

–          Si bien nosotros siempre nos ligamos con las luchas, como la que te decía de Zanón, después de Cromañón nos encontramos teniendo que enfrentar una lucha propia de los músicos, era la primera vez que los músicos y que nosotros mismos como banda estábamos organizando y peleando por nuestras reivindicaciones. Un poco el cambio que hicimos ahí fue esto que te hablaba del Pomelo, agarrar a ese grupo de músicos que tenía el rock y el under y ponerlo a la altura donde están los trabajadores que luchan y así nosotros empezar a organizarnos políticamente para luchar como trabajadores y por nuestras reivindicaciones.

–          ¿Se empezaron a concebir como trabajadores de la música?

–          Nos sentimos parte de la clase obrera, la clase trabajadora y sentimos que la lucha de Zanón y de los telefónicos y de cada gremio se liga con nosotros en nuestra lucha. Ahí nos une el interés de clases. Nos ubicamos en un lugar donde podemos luchar por nuestros intereses. Un poco siempre fue bastardeado el rol del artista y sobre todo el rockero con respecto a la sociedad. Eran como estrellas que estaban por encima de la lucha de clases; toda nuestra organización política apunta a traerlos, a ubicarlos y a luchar unidos. Ni siquiera por una cuestión artística, nosotros llamamos a los músicos a organizarse y somos parte de organizaciones en donde cada músico hace la música que le parezca, no es que luchamos por una música de protesta. Va más allá del arte, en ese reclamo pedimos no pagar para tocar y todos los reclamos diarios pero también libertad para crear. Antes de Cromañón los conflictos nos llegaban a nosotros por una cuestión de que hacíamos música de protesta, hoy en día cuando un reclamo se acerca a Músicos Organizados, ya se encuentra con un grupo de trabajadores organizados y luchando y no con un grupo de músicos que hacen canciones de protesta. Ahí te encontrás con canciones de amor, folklore, teatro y sacamos la discusión sobre el estilo, eso es algo que los chicos tienen que experimentar y crear.

–          ¿Existe entonces la posibilidad de dividir esas cuestiones?

–          Hay un compromiso que no podés dejar de hacerte cargo que es el de organizarte como trabajador y luchar contra este sistema, más si sos artista porque este sistema no tiene nada que ver con lo artístico. Después está el otro compromiso como artista que es crear música, hacer música y no militar con la música, sino militar con una organización política y que la música sea experimentación o trabajo. Por ahí te toca hacer el jingle de Coca Cola. A nadie se le ocurre acusar al parrillero de McDonald’s por el tamaño de las hamburguesas… es un empleado. El músico está confundido en ese sentido, hubo toda una cultura de confundir y de no verlo como un trabajador y creer que es un salvador, como si en este sistema hubiese la posibilidad de estar intacto y de ser puro. Si existiese el artista puro, si se pudiese hacer arte puro y libre no se tendría que luchar contra el sistema. Creo que uno lucha justamente por eso y en la lucha te tenés que encontrar yendo a comprar a Coto, tener cable, tener todo, ser explotado, quizás le tenés que hacer un jingle a Coca Cola, pero lo importante más allá de cómo el sistema te utiliza a vos, es lo que vos hagas para organizarte y luchar contra el sistema como trabajador.

–          ¿Hay forma de llegar a hacer música como pieza de arte puro?

–          Creo que la búsqueda y la lucha de los músicos y la juventud es luchar por la libertad, en este sistema no podría existir el arte libre porque no todos tienen las mismas posibilidades de ponerse a crear. Hay mucha gente que está lejos de poder crear o de poder difundir una obra artística. Entonces la lucha primordial es contra el sistema y creo que cuando el hombre sea libre, la música, que es un producto del hombre, va a ser más libre.

–          ¿De esa lucha se trata ser una banda combativa?

–          Banda combativa es algo que lo quieren hacer para vender, lo que necesitamos son músicos conscientes…

–          Esa descripción está en su web

–          Más bien y lo utilizamos nosotros, somos una empresa, no existen los puros.

Todavía estamos en plena carcajada cuando llega el cumpleañero. Buscan hielo, preparan una picada, todo del otro lado de la puerta que lleva al patio y a eso que desde los sillones no llegamos a ver. “Cabra” tiene un tono de voz paternal. Los ojos rasgados, transparentes. Cuando se ríe, bastante seguido, parece ser aún más sincero. Mira de frente mientras me convidan un poco más de cerveza en mi vaso. Seguimos la charla.

–          ¿En qué momento te diste cuenta que en el campo musical había un espacio de lucha?

–          Yo vengo de ser músico callejero, siempre desde un principio tuve conflictos contra el Estado o la policía. Me pase yendo toda mi primera época de músico los veranos a Villa Gesell donde era muy común terminar el show en la comisaría con todo el público preso. Esto era en el 86. Así que yo siempre de movida tuve canciones de protesta, contra la policía, o en ese momento contra la pseudo democracia, contra los curas, y después tenia cosas humorísticas. Yo empecé a militar en el año 89. En ese momento entendí que había que hacer un cambio más profundo, quizás lo que yo había hecho como trabajo social antes de militar era asistencialismo con chicos de la calle, como trabajaba en Florida tenia contacto con chicos de Retiro, pero después entendí que era como un parche. Entendí lo del parche y lo de luchar por un cambio más profundo.

–          ¿Se empezó a fusionar poner la palabra y poner el cuerpo?

–          Eso quizás a nosotros nos fue más fácil porque nosotros siempre tuvimos el estilo de protesta y eso era lo que nos unía muchas veces, no la conciencia de grupo, sino las letras. Llegaban las letras y nosotros inconscientemente estábamos en todos los lugares que teníamos que estar pero no funcionábamos como un grupo de trabajadores conscientes organizados, sino que éramos un apoyo a la lucha

–          ¿En ese apoyo qué importancia le das a la palabra?

–          La palabra, para mí, sirve para ir rompiendo estructuras que va armando el sistema. Sobre todo con internet donde la difusión en un punto es más libre. Cuesta mucho menos llegar a la gente que cuando nosotros arrancamos, que si no salías en el SI de Clarín o en Rock and Pop no podías trabajar. Creo que hoy tiene otra importancia, pero creo que una canción grosa si no está apoyada por un músico consciente no sirve de nada. Para nosotros es importante hacer canciones de protesta porque es un estilo que nos gusta y disfrutamos pero hicimos discos humorísticos y no nos persiguió el fantasma de que nos vendimos. Entendimos bien que lo importante es avanzar con la conciencia e investigar lo más que se pueda en la música, mientras se pueda. Cuesta mucho también y en esto va lo que te decía que no todos tienen las mismas posibilidades. A nosotros mantener una banda contra la corriente durante 20 años nos llevó un esfuerzo y hoy día nos lleva un esfuerzo que no se lo aconsejamos a ninguna banda nueva porque es sobrehumano, entonces aportamos algo para que no sean las cosas así y que para los jóvenes cada vez sea más fácil poder llevar un proyecto artístico adelante.

–          Las diferentes apuestas de estilos se visibilizan mucho en la puesta en escena de sus shows.

–          Yo creo que como rockeros ya es algo que somos, el show es rockero, entonces vemos todo lo que nosotros podemos agregar para el otro lado. Quizás muchos hacen esfuerzo para parecer rockeros, nosotros, por lo menos mi idea personal, es hacer todo lo posible para ir contra el estereotipo de rockero en escena y me imagino un Carlitos Bala, algo así… Si total suena rockero.

–          ¿Cómo es un estereotipo de rockero?

–          Y, no sé… Sí Miguel, sí miguel…

Mientras responde, “Cabra” hace el gesto de la publicidad del medicamento contra los dolores musculares que muestra a un rockero de pelo largo vestido de cuero y tachas. Explotan las risas, la idea queda más que clara, su imagen está bastante lejos de ese estereotipo.

–          ¿Estos 20 años hacen que sientan responsabilidad discursiva o de acción?

–          En las acciones, más que en el discurso de la música. Creo que si algo queremos dejar dicho con la música es: hagan lo que se les canta. Nosotros fuimos la primera banda del rock que hizo cumbia, fue la primer cumbia que hablaba de drogas: el Cucumelo, ahí matamos dos pájaros de un tiro. Después fuimos los primeros que nombramos con nombre y apellido, cuando había mil cosas que no se podían hacer. Hicimos un reggaeton en pleno odio al reggaeton, bien crítico que cuenta una visión de Cromañón. Siempre nuestro terreno para crear es ahí donde está la llaga y lo que queremos dejar dicho haciendo todo tipo de música es eso: en los ritmos no es como un cuadro de futbol, hay que utilizar todo lo que uno tenga y después ser un trabajador consciente de clase y militar. Ese es el verdadero cambio que necesitan los músicos hoy, tener organizaciones que luchen por ellos.

–          En todo ese legado que van dejando, ¿qué te pasa cuando alguien se te acerca y te dice que los sigue?

–          Te shockea. Fuimos a lugares donde nunca habíamos ido, lejísimos, como nos pasó hace un par de semanas en Colombia y aparece gente que te muestra tatuajes, que se conoce todos los temas. Es un poco lo que te decía, internet como herramienta para difusión del músico independiente es buena; quizás para una compañía de discos no, le juega en contra. Igual nos damos cuenta que por ser de la generación que somos estamos fuera de esa movida de Facebook y eso. Nos damos cuenta que hoy hay toda una camada de bandas que sin aparecer en las radios de primera o en el SI de Clarin, los tipos te llevan ocho mil personas en el Estadio Malvinas, como Salta la Banca. Ahí es donde se está expresando la juventud y diciendo esto es lo que nosotros curtimos, por acá nos manejamos. Nosotros quedamos un poco rezagados de esa movida.

–          ¿No le dan mucho uso a las redes sociales?

–          Sí, pero me refiero a que el público nuestro no es ese que quiere decir: “loco, metete la radio en el orto, los diarios, todo, acá es por Facebook la movida”.

“Pecho” se acerca a los sillones y nos comparte un plato con queso, salame y galletitas. De los vasos de cerveza casi no queda nada, pero preferimos no volver a recargarlos. Los pibes que al principio hablaban del viaje a Estados Unidos ahora comparten ideas para unas filmaciones. Tiran una y otra y otra en plena verborragia. Se miran y uno sentencia “A todo esto hay que darle una vuelta de troska”.

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