Él está empeñado en enamorarse

Thomas Ammann es suizo y en la escuela de cine se enamoró de un colombiano. También estaba con Camilia, su novia, pero los tres juntos no funcionaron. Con el tiempo, descubrió videos de su papá con una mujer a la que amó en África. Pese a las dudas de su familia, se casó y convive con Felipe ¿Y todo esto? De esto trata su primer largometraje, que presenta en el Festival Doc Buenos Aires.

-Yo no busco una cosa ni la otra, me enamoro mucho de personas y en ese momento quería juntar dos personas que amaba con todo mi corazón. Lo que pasa es que entre ellos no funcionó. Ellos eran dos positivos y yo un negativo, los dos atraídos hacia mí, pero ellos dos juntos no funcionó. Es una cosa súper complicada, me encantaría que el amor fuera una cosa más compartida, que no fuera solo entre dos personas, sino algo más grande. Siento que tengo varios amores, no es que los amo a todos al cien por ciento, y eso siempre trae problemas de jerarquías. No creo que haya soluciones, sigo en esa búsqueda.

“El amor también es buscar problemas”. Dice Thomas Ammann, y sin embargo, él está empeñado en enamorarse. Cruza su brazo izquierdo a la altura de la cintura, arquea las cejas y revolea los ojos mientras hace un gesto con la mano derecha como diciendo ¿qué se le va a hacer? Y uno no puede más que creerle, cuando cada palabra que sale de su boca parece abrir una de las puertas por las que asomarnos a sus adentros. En cada mirada, una invitación a un mundo, o más bien a construir múltiples mundos con él. Es esa apertura, esa receptividad, esa manera genuina de poner un pie delante del otro y andar. En su primer largometraje, “Hello, Stranger”, que ahora presenta en Argentina en el marco del Festival Doc Buenos Aires, Thomas nos invita a la intimidad de ese hacer, a abismarnos ante sus vivencias, sus relaciones y sus interrogantes.

Tiene 26 años, es suizo y estudió cine en la Escuela de Arte y Diseño. Es difícil decir si para saber quién es Thomas hace falta enumerar estos datos o más bien mencionar a Felipe, su esposo colombiano, con quien convive desde hace tres años. Él fue a Suiza a estudiar cine y así se conocieron, o según las palabras de Thomas: “Felipe me cayó encima, me encantó, pero fue duro”. Y desde entonces, como dos imanes, no han podido romper las fuerzas de atracción, dirá. El casamiento resolvió algunas cuestiones relativas a los papeles de la migración, pero sobre todo, fue “uno de los mayores ejercicios de libertad de mi vida”.

-La posibilidad de que lo mandaran a Colombia de vuelta, no poder vivir con él, fue el miedo más loco que tuve. El casamiento, por un lado, tuvo que ver con la necesidad de que no nos pudieran separar. Por supuesto que también reconocemos cuestionamientos a la institución, y nos preguntamos qué es el amor dentro del matrimonio, dónde tiene lugar. Yo intento evocar preguntas que están presentes en mi vida cotidiana. También es una fuerza increíble, algo muy lindo, cambió mi relación con Felipe y cambió mi vida.

Los días de Thomas se componen como un collage; no presume un significado inerte y último de las cosas, sino que a cada instante interroga a los hechos por sus múltiples sentidos. Como la poesía, actúa al filo del abismo de lo indecible y seduce las fronteras de lo impensado. No siente la necesidad de andar explicando su vida, aunque tampoco se lleva el mundo por delante. Al contrario, recibe con amabilidad las preguntas más indiscretas y sabe compartir cada mirada examinadora con asombro. Al fin y al cabo, los interrogatorios poco tienen que ver con el movimiento deseante y contradictorio de la vida, y casi nadie cabe en esquemas preestablecidos.

-Todavía estamos casados, llevamos tres años. Aunque esta película es una etapa del pasado, seguimos buscando cómo filmar, cómo pensar el cine, cómo amar, cómo intentar compartir las cosas juntos; creo que siempre será problemático. Sigo con los mismos problemas. Cambiaron las cosas, pero las peguntas siguen siendo las mismas.

Hace algunos años, Thomas descubrió unas cintas Súper 8, en las que su padre atesoraba una parte de su vida que permanecía velada para sus hijos. Allí, a través de un lente enamorado, la vemos a ella bailar, posar, reírse. En esas imágenes, conoció a la primera esposa de su padre, con quien convivió en África por siete años. Ese intento de salir de las fronteras de Europa por parte de su padre, pero también ese fracaso amoroso, son algo a lo que Thomas se siente muy cercano. Quizás la diferencia es que ese intento de salir del mundo conocido hasta el momento, el padre lo fue a buscar afuera, mientras a Thomas le llegó encarnado en Felipe.

– Me parecía loco que no supiéramos nada de esto. Con lo bello que veo cómo mi papá la está filmando, todo ese sentimiento, me sentí muy cerca a ella. Lo siento como un intento por parte de mi padre de salir de Suiza, del mundo de donde venía. Finalmente no funcionó; encontró a mi mamá y se enamoró otra vez.

Una de las dificultades que tuvo que sortear Thomas en estos años fue lograr que su familia comprendiera y acompañara su relación con Felipe: “Es una cosa que se demoró tiempo en entender en mi familia. Primero, lo vieron como un conocido, un amigo, y poquito a poco se dieron cuenta que sigue a mi lado, que todos lo que hacemos lo hacemos juntos. Después fue un tema decirle que estábamos casados. Con el tiempo, fue cambiando cómo lo veían a él”.

Su familia interpretó la relación con Felipe como un “comming out”, como una forma de Thomas de decirles que era gay. Sin embargo, para él no se trata de encajarse en una denominación, ni necesita una etiqueta para cada una de sus vivencias: “No busco saber en qué cuadro estoy, no me estoy clasificando, estoy afuera, estoy probando, viviendo cosas, enamorándome de gente. Entiendo que es complicado para la familia. Pero no me quedo parado en un cuadro, estoy buscando esa libertad, otra forma de hablar de la sexualidad y del amor”.
Para sumar a la confusión de sus padres, al momento del casamiento, había otra persona importante en la vida de Thomas: Camila, su novia. Tiempo después, ella le pidió que separaran porque le costaba manejar la situación y sentía que él tenía poco tiempo para ella.

– Fue súper duro filmar la ruptura. La volví a ver, vio la película, tenía mucha emoción, comprensión, odio, miedo, todo junto. Intenté seguir, nos volvimos a encontrar, pero no funcionó. Nina, que es la novia de Felipe, y Camila, mi novia en ese momento, son como satélites; la fuerza que tenemos más potente es el núcleo que tenemos los dos, Felipe y yo. Ellas son una presencia que queremos, tenemos libertad en eso, pero es difícil encontrar las formas y los tiempos para que todos estemos bien. Me hubiera gustado que siguiera mi relación con Camila, pero Felipe toma una parte muy grande de mi vida, y nunca logré tenerla como hubiera querido.

Si toda verdad es una ficción porque se enuncia desde un punto de vista determinado e interesado, al relato de Thomas le cabe más bien el título de “ficciones”, puesto que él mismo se desliza desde un lugar al otro y nunca mira del mismo modo más de una vez. Por momentos, se vuelve un extraño para él mismo y hay instantes en que pareciera usar el eco de sus sentimientos como trampolín y aterrizar en la sensibilidad de cualquiera de nosotros.

Las conversaciones, en la vida de Thomas, saltan del español al francés y al inglés. El multilingüismo forma parte de su vida cotidiana: “Mi mamá es inglesa, entonces el idioma que eligieron que habláramos en la casa es el inglés. Estamos en Ginebra, una parte francesa de suiza, pero el idioma de la autoridad de mis papás siempre fue el inglés. Con Felipe desde el primer día que lo conocía, yo sabía hablar básicamente español, pero con él siempre hablamos en español. Para mí es la lengua del amor, yo me enamoré en español. Por ejemplo con Felipe cuando estamos peleados nos hablamos mucho en francés. Estamos en mezcla de varios idiomas. Es el multiculturalismo de Suiza, que tiene múltiples idiomas, se mezcla mucho, a veces se salta de una palabra a la otra en otro idioma”.

Thomas Ammann nos abre el recuadro hacia otras formas de pensar y de vivir, y de enfrentar interrogantes que atraviesan a buena parte de esta generación en Occidente. Los límites entre el amor y la amistad, entre el matrimonio, el sexo y la convivencia. Siempre con los mandatos familiares y culturales de fondo, y con la delgada y tensa cuerda entre la herencia y la resistencia.