Prioridad 1: Urbanizar

Hace 3 años la Legislatura porteña votó un proyecto para urbanizar la Villa 31 y 31 bis, pero todavía no pasó nada. La basura se sigue acumulando, las cañerías rebalsando, las ambulancias esquivando y la luz no ilumina igual para todos. Historia de una política postergada, en la voz de sus vecinos.

Fotos: NosDigital.
Fotos: NosDigital.

En la canchita de fútbol donde juegan chicos y grandes hay un montículo de basura que crece cada fin de semana. A las ambulancias ya ni las llaman: buscan ayuda en algún vecino con auto. La instalación eléctrica es arbitraria o depende del arte de la maña: una manzana tiene luz pero la de al lado no, y cuando se corta no es la empresa quien la arregla. En la Villa 31 hay muchos policías, pero nada de seguridad.

Los problemas de los vecinos tienen una solución: urbanización. La ley de Radicación y Urbanización está aprobada desde hace tres años por la legislatura porteña, pero perdió estado parlamentario y volvió a presentarse este año. Asegura el fin de los desalojos forzosos y la creación de una Mesa de Gestión y Planeamiento Multidisciplinaria y Participativa, responsable de planificar e implementar la urbanización. La mesa, integrada por diputados, representantes de ministerios y delegados del barrio, trabajó catorce meses y redondeó un proyecto que giró a la Comisión de Vivienda, primer escalón para su aprobación. Pero así como entró, se cajoneó.

Nunca salió de la Comisión de Vivienda y perdió estado parlamentario el año pasado. Este año se volvió a presentar y, a pesar del pedido de organizaciones, vecinos del barrio y diputados, todavía no se trató.

“No hay voluntad política de tratar la propuesta que realizó la Mesa”, explica Carlos Cuenca, vecino de la Villa 31. Lejos de abatirse, agrega: “Somos el ejemplo, por eso el gobierno trata de vencernos. Si nosotros vencemos, seguirán el camino otras villas. Si perdemos, ¿qué les dejamos?”.

Mientras la propuesta descansa en un cajón de la Comisión de Vivienda de la legislatura porteña, Zunilda, madre de cinco hijos, camina por su barrio: “Un domingo a la tarde se corta la luz y no viene nadie. Mientras tanto, las necesidades perjudican a los chicos porque los lunes amanecen sin los delantales preparados”.

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Para Zunilda la urbanización no es un eslogan político sino un delantal sucio. ¿Se entiende?

– Si tenés heladera, se van quemando las instalaciones y tenés que cortar y mandar a llamar a alguien, y hay que pagarle. El año pasado nosotros tuvimos que salir a la calle para que vinieran a arreglar.

– Hace dos años que se hicieron todas las instalaciones para el agua (en algunas zonas de la 31 bis). Se compraron entre los vecinos los caños y se le manda a hacer a uno que lo sabe hacer. Buscando un vecino, al otro, al otro, nos organizamos.

– Tenemos basura en la canchita, que es donde los chicos juegan. Si llueve, es un olor…

– Antes tirábamos cemento nosotros en las calles, cuando le sobraba a alguien, pero se inundaba todo, entraba agua por todos lados. Salíamos los vecinos y sacábamos el agua, porque las cloacas no están en buenas condiciones.

– Las ambulancias siempre tardan en llegar. Ya lo tenemos como que no hay ambulancias y buscamos otros medios para llevarlos: conseguimos un amigo que tenga auto. Hay mucha gente que se murió porque nunca viene la ambulancia, lo sacan en un carrito y con una herida, se desangra hasta llegar al hospital. No quieren entrar las ambulancias porque siempre dicen que en la villa pasa esto y lo otro. Tienen miedo. Quieren que haya un policía, y hay policías por todos lados. Hay tanta policía e igual hay robos. Hay caminos para que entren las ambulancias, pero no quieren entrar.

villa 31 “Con la urbanización se arregla todo: la basura, la electricidad, las calles, las cloacas. Por ahí la inseguridad también. Eso es lo que estamos buscando”, asegura Zunilda. Sobre los métodos para presionar, en la 31 ya saben: “El corte de la autopista es la única herramienta que tenemos para solucionar esto, porque nunca nos escuchan. Ahora que están los delegados y las elecciones, empiezan las peleas entre ellos. Nosotros hacemos una actividad, les avisamos, vienen, pero después no pasa nada”.

Varios pasillos enredados más allá de lo de Zunilda, habitados por vecinos trabajando en casas suyas o ajenas, chicos jugando y perros mendigando un huesito, está el comedor Carlos Mugica. Teófilo Tapia cuenta, sentado en un banco del comedor, la trama que revela el negocio de la urbanización en los pasillos de la Legislatura: “Macri debería acatar la ley de Urbanización. No lo hace. Da un lavado de cara, donde los adoquines que saca de la Ciudad, no los puede vender y los mete en la villa. Ese costo lo incluye, aunque no haya existido, y pasa a usar esa parte del presupuesto para otra rama. Dice que la invierte en la urbanización y la mueve a otra parte del presupuesto”.

¿Y entonces?

“Entonces nos estafa a los vecinos. ¿Dónde están los 30 millones que dice que usó? No dicen cuánto cuestan las obras, no hay carteles en la villa. Compra voluntades porque los punteros que están con él aparecen con coches cero kilómetros de un día para el otro. De esa manera los hace enfrentar con los vecinos”.

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Con esa claridad, y como lo hizo Zunilda con los conflictos de su barrio, Teófilo narra ahora la historia de la urbanización en la Villa 31. Ahí sentado sobre las tierras que hacen babear a los empresarios inmobiliarios y que ocupan más de treinta mil personas, Teófilo empieza:

– En este barrio comenzó un desalojo compulsivo cuando muere Perón y el gobierno de Isabel se hace cargo. Ella empezó a sacar a la gente con subsidios. Si eran de Bolivia, por ejemplo, los mandaban para Bolivia. Se encargaban de que se fueran del país. A otros, los llevaban a lo de los familiares, a las provincias.

– Con la dictadura, Cacciatore sacó a la gente ya sin subsidios. A la madrugada venían con las mazas, rodeaban las casas, los sacaban afuera, cargaban las cosas en los camiones de la basura y los tiraban del otro lado de la General Paz. Después las familias buscaban a dónde ir. Ya eso era una erradicación compulsiva. Ficharon a los dirigentes, primero. Después podían sacar a cualquiera. No había resistencia porque no quedaba ninguno de los representantes del barrio. Sacaban a la juventud, algunos estaban presos, otros desaparecidos. Limpiaron primero a toda la gente militante.

– Después de la erradicación de Cacciatore nos juntamos los pocos vecinos que quedamos y empezamos a buscar una forma para frenarlo. Así empezó esta lucha. Empezamos a trabajar con los curitas de las iglesias, con la Asamblea Permanente por los Derechos Humanos. Conseguimos unos abogados recién recibidos y otros que acompañaban que se hicieron cargo de la demanda. En primera instancia se perdió el juicio porque habíamos quedado 33 familias. Los demás tenían miedo. Era el año 1979. Apelamos a la Cámara y nos dieron lugar. En el barrio nos detenían cuando nos encontraban.

– Alfonsín no desmanteló la Comisión Municipal de la Vivienda de la dictadura. Era una pelea por el tema de la luz, el agua, las cañerías todas rotas. Costó repoblar la villa. El intendente Suárez Lastra sacó una ordenanza donde reconoce que la erradicación fue compulsiva y dice que quienes acrediten haber vivido en la villa pueden volver.

– Ya en los 90 sabían que esta villa no puede existir porque está en las tierras más caras de la república. Querían hacer la continuación de Puerto Madero. Nos quisieron sacar, pero no pudieron porque la villa se repobló.

Así, Teófilo llega a la actualidad. Con la ley de urbanización que no se cumple. Con una Villa 31 que ahora se llama Barrio 31 Carlos Mugica, pero que sigue teniendo los problemas de siempre. Con un barrio con muchos Carlos, Zunildas y Teófilos que trabajan por una urbanización que ayude a tener los delantales del colegio limpios, la cancha de fútbol limpia, las cañerías bien, luz, agua, y que ya no haya excusas para que las ambulancias entren.

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