El ministro huyó por los techos vestido de policía

Crónica de un paro docente que empezó reclamando mejoras salariales, edilicias y sanitarias, y hoy sigue con los padres de los alumnos tomando 16 colegios en Comodoro Rivadavia, la ciudad petrolera récord en prostitución, cocaína y venta de plasmas.

La artista comodorense Veroka Velázquez me sopla que en su ciudad las escuelas están tomadas.

-Como acá…

-No.

Bueno, ya logramos romper el cerco mediático. Ahora vamos a entender.

El modelo extractivo

Comodoro Rivadavia es una ciudad especial. Por dos cosas: allí hay una cantidad importante de yacimientos petroleros; y porque sopla un viento insoportable de cientos de kilómetros.

La ciudad chubutense tiene más de 300 mil habitantes. Se acuesta sobre una serie de cerros, y tiene vista al mar. Sin embargo, dicen los inexpertos en paisajismo, es dura.

Comodoro encarna este tipo de contradicciones del modelo extractivo: es una ciudad rica y pobre. El dinero que genera el petróleo marca récords en venta de plasmas, cocaína y prostitución. Los diarios comerciales la señalan como la más insegura. El estado se contenta con las regalías, pero las inversiones no se ven, ni se sienten, ni se palpan.

El conflicto

El 22 de agosto de este año estalló en Comodoro un conflicto docente por mejoras salariales que empezó con una asamblea permanente y que hoy tiene 16 escuelas tomadas, no por ellos, sino por padres autoconvocados.

La discusión de adaptar los salarios a la canasta familiar llevó al despertar de otros estatales como los médicos, que se movilizaron junto a los docentes para discutir de fondo el modelo de lo público, y hasta policías y porteros.

Canasta familiar: 14 mil pesos.

Sueldo promedio de un docente: 4.500 pesos.

“Estamos pidiendo solamente mil pesos más – cuenta Gabriela, maestra jardinera- acorde con la canasta familiar de Comodoro. Además reclamamos mejorar la obra social, porque cada vez que vamos al hospital tenemos que pagar un dinero extra. Todo se suma a la calidad educativa y el estado edilicio de las escuelas: muchas están en pésimas condiciones”.

El panorama del deterioro es completo: las escuelas públicas, sus trabajadores y alumnos, están abandonadas.

“Desde hace 5 años la canasta aumentó un 100% – cuenta una docente de primario, Viviana-. Y el sueldo aumentó 50. Hemos tenido un deterioro en el salario real. Deberíamos estar hablando de recomposición salarial. Aspiramos a un aumento, pero sabemos que no vamos a tener todo lo que queremos”.

Las mejoras salariales y de obra social son reclamos históricos de los docentes comodorenses, que vienen trazando acciones desde hace más de 2 años, sin resultados. “Veníamos haciendo paros de 1 o 2 días o pequeñas acciones de fuerza”, recuerda Viviana. “Pero desde el 22 de agosto decidimos empezar una asamblea permanente: no estábamos de paro, asistíamos a nuestro trabajo, pero avisábamos que íbamos a estar haciendo asambleas”.

Además de las urgencias de siempre, los tiempos electorales agitaron esta maniobra: “Si te dijera que no, te estaría macaneando: cualquier gremio tiene en cuenta el momento en que el gobierno se pone a prueba porque los patrones son más flexibles”, se sincera Viviana, que además es delegada de la regional sur de Atech, el gremio docente. “Pero de esa misma manera podrían haber resuelto el problema y capitalizado para ellos. Siempre las medidas van a favorecer o no a alguno de los partidos, más en una elección. Pero la intencionalidad política-partidaria nunca estuvo en esto”.

Viviana está viendo la televisión y nota la repercusión de su lucha: “Estoy viendo los resultados de las elecciones y evidentemente la capitalizó la oposición”. La oposición al gobernador Martín Bussi es encabezada por el ex gobernador Mario Das Neves, que obtuvo más del 50% de los votos. Entonces razona Viviana: “Pero si fuera por los docentes no podrían haberlo apoyado, porque en 2005 nos reprimió en las manifestaciones y fue el primero que aplicó descuentos en los sueldos”.

Reunión de padres

Con los docentes en asamblea permanente y sin respuestas, las reuniones de padres fueron tocando otros temas aparte de cómo se porta Franquito o que a Paulita no le gusta el menú del mediodía. “Los padres empezaron a organizarse cuando vieron que la única reacción del gobierno era descontarnos los días de paro, las sanciones, las amenazas”, cuenta Viviana.

Para los más escépticos algunas maestras hasta llegaron a mostrar sus recibos de sueldo en esas reuniones. “Se dieron cuenta que no era ficticio cunado les decíamos que estábamos por debajo de la línea de la pobreza, que no es que nos queremos comprar una 4×4”.

Los padres empezaron a formar parte de las reuniones docentes y poco a poco comenzaron a organizarse según los colegios, y después según las zonas, y así: “Decidimos involucrarnos a partir de que habían transcurrido 14 días sin clase, a participar de las asambleas y a visitar las escuelas. Vimos que el problema que se planteaba era real”, dice Héctor, que tiene hijos en la secundaria y en el nivel inicial. Sigue: “Con mucha sorpresa nos encontramos con escuelas públicas que podemos catalogar de primera, de segunda, tercera y de cuarta. Tienen numerosos problemas: edilicios, de seguridad, hay presencia de roedores, agua potable en contacto con agua de cloacas”.

Otras irregularidades que notaron los padres en estas primeras recorridas: “Hay mucha obra pública tercerizada. Varias empresas hacen las construcciones para el estado provincial y hemos notado que 2 aulas salieron en una licitación 1 millón de pesos. Resulta llamativo y hasta muy oneroso”.

Los padres como Héctor sintieron que – también- tenían que hacer algo: “Eso dio nacimiento a esta pequeña organización que llamamos “Padres en defensa de la educación pública”, acompañando no sólo el reclamo salarial – que por cierto es más que justificado, sino todo lo que mejore a la calidad educativa”. Se dividieron así en zona sur, centro y norte para ordenar las asambleas y centralizar los reclamos. Héctor es uno de los delegados de la zona norte.

El modelo público

La primera acción fuerte de los padres, además del sólo acompañamiento a las medidas docentes, fue la vigilia en una serie de colegios: una toma pero del lado de afuera, permitiendo las clases pero visibilizando el reclamo y la posición familiar. Explica Héctor: “Se decidió montar una vigilia en la parte de afuera de las escuelas al ver que el problema no se resolvía y que el gobierno no daba respuestas”.

Gabriela, la maestra jardinera, explica por qué es clave este acompañamiento de los padres: “Sino parece que nuestra lucha es solo por el aumento salarial. Pero si empezamos a construir entre todos podemos pelear por los planes educativos, con los que no estamos de acuerdo: el Ministerio bajó la orden de que los chicos “transiten” y los alumnos pasan de año sin una buena base de contenidos”. Héctor confirma que muchos padres reclaman – a los docentes, encima- que los chicos llegan a la universidad con una “mala base”. Dice Gabriela: “Han sacado materias como Historia y otras de nivel cultural, como está pasando en Buenos Aires. La idea es no perder la calidad educativa pública. Porque si se desgasta, lo que va a pasar en Argentina es que las escuelas públicas no existan más, como en Chile”.

Héctor asegura que su involucramiento fue natural, ya que su familia es “luchadora” y él mismo participó de un conflicto salarial porque es estatal: es policía. “He participado de lo que han sido 50 días de acampe frente a la casa de gobierno que reclamábamos mejoras salariales, pero no hemos llegado a un buen acuerdo: los policías de la provincia cobramos 5500 por mes”.

Entonces mira todo el sistema público, como padre, como policía y como parte de una lucha docente: “Esta es una ciudad que tiene conflictos con el hospital público, con la educación, con la seguridad pública y también con la justicia. Hace poco hubo un homicidio muy grave, violaron y mataron a una menor de edad y el hecho no se esclareció”.

También el gatillo fácil: Iván Torres, Pablo Ovando, César Monsalve. Héctor: “Sí, sí, es así como decís”.

El ministro del ventiluz

¿Qué dice el gobierno a todo esto, si en total hubo más de 30 escuelas tomadas, quilombo en colegios, centros de salud y autopistas que cortaban los accesos a los yacimientos petroleros? Ahí les tocaron el culo.

“El gobierno no tiene ningún contacto con nosotros. Su estrategia es negar que exista el conflicto, sentarse a hablar con la dirigencia provincial que no nos representa. No hay ningún tipo de respuesta”.

Viviana ensaya esa respuesta, tan típica que puede ser aplicable a cualquier conflicto de docentes atrapados entre el gremio y el estado. Pero sobre todo hay una anécdota que responde lo mismo y demuestra que la negación del conflicto por parte del gobierno es tremendamente literal:

El 18 de octubre el propio ministro de Educación, Luis Zaffaroni, acudió a una serie de escuelas tomadas. Su intención era “normalizar” la actividad educativa como resultado de un oficio del Ministerio Público Fiscal que acusaba a los padres de “usurpación, coacción, atentado, resistencia a la autoridad y daños”. El ministro y una comitiva de funcionarios lograron con estas amenazas disolver momentáneamente dos tomas. “Porque al día siguiente los padres ya iban a volver”, asegura Viviana. Sucedió que, embalado por estos primeros resultados, cerca de las 9:30 de la mañana Zaffaroni llegó al colegio Hipólito Yrigoyen, del barrio Mosconi de Comodoro. Los padres, docentes y alumnos se plantaron y plantearon discutir con el gobernador las razones de la toma, no la toma. Nervioso, Zaffaroni se metió en la biblioteca del colegio junto a una parte de su comitiva y efectivos policiales. Viviana: “En eso un funcionario del gobierno le pegó un cachetazo a un alumno. Ahí los padres empezaron a llamar gente, querían hacer un acto en contra de este directivo. En un rato éramos una multitud afuera, como 400 personas”. Zaffaroni seguía en la biblioteca. Una hora, dos, tres. Los ministros fueron saliendo, de a uno y sin custodia. Cuatro horas, cinco, seis. Incluso se fue como vino el funcionario que le había pegado al pibe. Siete horas, ocho, nueve. Zaffaroni seguía adentro, y la gente afuera. Diez, once. Algunos se metieron en la biblioteca: “O está muy bien escondido o no está”, dijo Carlos Magno, secretario general de la regional sur de Atech. Con las horas se supo que escondido no estaba. Zaffaroni, haciendo honor a su apellido, había salido por los techos.

Diarios regionales con intenciones de informar el hecho como una toma de rehenes con final exitoso, informaron: “A las 20:43, Zaffaroni hizo el último intento de salir por la puerta de la biblioteca, aunque en realidad se trató de una maniobra de distracción, ya que la policía había diseñado un operativo especial de escape por el ventiluz del techo de la biblioteca, desde donde se descolgó una soga, que subió al ministro al techo y de ahí a la superficie. En la escapatoria, el ministro (quien según algunas versiones salió vestido de policía) perdió un zapato”.

Hace 6 seis años atrás, en otra provincia sureña, otro alto funcionario de gobierno debió vestirse de policía para huir de la Casa de Gobierno de Neuquén, en medio de otra protesta docente: Jorge Sobich por el asesinato de Carlos Fuentealba.

Viviana resume: “Fue altamente simbólico lo de Zaffaroni”.

Esta historia no tiene remate: cada día las asambleas deciden los próximos pasos. Los docentes encabezan, los padres apoyan, los jóvenes comienzan a organizarse para garantizar la continuidad de las discusiones.

La artista Veroka tiene una teoría meteorológica de cómo se curte el sur del país: con el viento que hay, ¿cómo no vas a resistir?

Imagen: NosDigital.