“Así golpeará nuestro puño nuevamente”

A Víctor Jara lo torturaron hasta que murió unos días después del Golpe a Salvador Allende. A 40 años del comienzo de la dictadura de Augusto Pinochet, el recuerdo de aquel día, en el que el poeta y cantante fue visto en libertad por última vez, en el festival “Por la vida, contra el fascismo”, que terminó en una masacre en el Estadio Nacional. 

Otro Ejército Nacional que se subleva al mandato popular alegando defenderlo de algunas cuestiones que encuentran inusuales y les repelen. La Historia de América Latina. Otro Ejército Nacional que no responde a la Nación como conjunto, sino que tan solo a la oligarquía nacional, como su fiel instrumento de represión violento.

O habrá sido el miedo.

Salvador Allende triunfó en las urnas y el 4 de noviembre de 1970 asumió como presidente de la Republica de Chile. Seis años antes, el socialista había perdido en los mismos comicios contra Eduardo Frei, del Partido Demócrata Cristiano Eran los impulsos de reformas y medidas de corte socialista en una sociedad chilena desigual como todas las del resto de América Latina, continente donde es más amplia la distancia entre los más ricos y los más pobres. Era una victoria democrática que no pudo haber esquivado al apoyo popular, y, de hecho, nunca lo hizo. Era un cambio de lógica de la realidad en más de un sentido. Era un cambio de ética social. Y todo, todo eso molestaba a muchos que no querían ceder sus privilegios. La molestia -le confesó el agente de la CIA en Montevideo Philip Agee al periodista Gabriel García Márquez en 1974- contra las transformaciones en Chile no habían arrancado en aquel noviembre: sino seis años antes, en aquella elección que ganó Frei, en la que la CIA financió directamente al Partido triunfante.

Allí estaba Víctor Jara, el músico, el cantante, el de las letras del compromiso. Por sus convicciones y su talento se volvió rápidamente el hombre que mejor expresaba al nuevo gobierno y sus ideales en cuanto a la cultura. Su apoyo a la causa era completo.

Las fuerzas al mando del general Augusto Pinochet irrumpieron la democracia para intentar reconstruir en el Estado chileno al gobierno oligárquico-burgués. No estamos hablando sobre quiénes ocupan los cargos dirigentes, sino qué intereses ellos defienden.

 

El martes 11 de septiembre de 1973, día del golpe, estaba planeada la inauguración de la exposición “Por la vida. Contra el fascismo” en la Universidad Técnica de Santiago, donde Salvador Allende y Víctor Jara iban a hacerse presentes. Los levantamientos militares cancelaron todo, justamente porque el fascismo atacó atentando contra la vida.

Pero Víctor pudo llegar a la Universidad. Mientras la voz de Allende resonaba a través de la emisora Magallanes cuando se encontraba sufriendo los bombardeos en La Moneda –palacio presidencial chileno-, mientras también se cercaba al edificio de la Universidad y las calles rebasaban de represión fascista, Allende iba a morir asesinado resistiendo en La Moneda.

Víctor se quedó animando a todos los estudiantes y compañeros que se encontraban en la Universidad. Hasta el momento en que los militares irrumpieron en el edificio haciendo lo que mejor saben hacer: golpear y golpear a gente desarmada hasta lograr el control de la situación. Al pasar unas cuantas horas, ya el miércoles 12, todos los prisioneros fueron trasladados al Estadio de Chile para reunirlos con  otros privados de la libertad en otros puntos de la ciudad. Ese estadio y el Nacional fueron ocupándose con el pasar de los días de detenidos.

Rápido,  fue separado del grupo, al ser reconocido. Le dieron con saña. Golpes, torturas, falta de comida, largos y profundos pisotones en las manos, sangre ya reseca por todo el cuerpo, de esas heridas que no llegan a sanar cuando le volvían a pegar. Danilo Barturín, medico personal de Allende hasta su asesinato, compartió esos últimos tres días con Víctor Jara en el Estadio de Chile, en ese mismo estadio donde tanto y tanto lo aplaudieron al cantor en el concurso de la Nueva Canción Chilena no mucho tiempo atrás. “…a Víctor y a mí nos separaron de otros prisioneros y nos metieron en un pasillo frío. Estuvieron pegándonos desde las siete de la tarde a las tres de la madrugada. Nos encontrábamos tumbados en el suelo sin poder movernos. (…) Víctor tenía la cara llena de moretones y un ojo cerrado por la hinchazón. A nosotros no nos daban de comer. Engañábamos el hambre con agua”.

Pasados los tres días de estancia tormentosa y aberrante allí, la orden fue trasladar a todos al Estadio Nacional. A casi todos. A Víctor lo mandaron a llamar, tenían que llevarlo “abajo”. Ese “abajo” eran algunos vestuarios reacondicionados para la ocasión, o sea: salas de tortura. El domingo 16 Víctor bajó junto con el médico Barturín atravesando cuerpos torturados y así muertos.

En noviembre de 2009 el Servicio Médico Legal de Chile y el Instituto Genético de Innsbruck, luego de estudios para precisar las causas de su muerte, afirmaron que Víctor Jara fue fusilado ya que murió a consecuencia de “múltiples fracturas por heridas de bala que provocaron un shock hemorrágico en un contexto de tipo homicida“.

Somos cinco mil
en esta pequeña parte de la ciudad.
Somos cinco mil
¿Cuántos seremos en total
en las ciudades y en todo el país?
Solo aquí
diez mil manos siembran
y hacen andar las fábricas.

¡Cuánta humanidad
con hambre, frio, pánico, dolor,
presión moral, terror y locura !

Seis de los nuestros se perdieron
en el espacio de las estrellas.

Un muerto, un golpeado como jamás creí
se podría golpear a un ser humano.
Los otros cuatro quisieron quitarse todos los temores
uno saltó al vacio,
otro golpeándose la cabeza contra el muro,
pero todos con la mirada fija de la muerte.

¡Qué espanto causa el rostro del fascismo!
Llevan a cabo sus planes con precisión artera
Sin importarles nada.
La sangre para ellos son medallas.
La matanza es acto de heroísmo
¿Es este el mundo que creaste, Dios mío?
¿Para esto tus siete días de asombro y trabajo?
En estas cuatro murallas solo existe un número
que no progresa,
que lentamente querrá más muerte.

Pero de pronto me golpea la conciencia
y veo esta marea sin latido,
pero con el pulso de las máquinas
y los militares mostrando su rostro de matrona
llena de dulzura.
¿Y México, Cuba y el mundo?
¡Que griten esta ignominia!
Somos diez mil manos menos
que no producen.

¿Cuántos somos en toda la Patria?
La sangre del compañero Presidente
golpea más fuerte que bombas y metrallas
Así golpeará nuestro puño nuevamente

¡Canto que mal me sales
Cuando tengo que cantar espanto!
Espanto como el que vivo
como el que muero, espanto.
De verme entre tanto y tantos
momentos del infinito
en que el silencio y el grito
son las metas de este canto.
Lo que veo nunca vi,
lo que he sentido y que siento
hará brotar el momento…

Víctor Jara, Estadio Chile, Septiembre 1973