“Siempre fui más perro que veterinario”

A Pedro Saborido esta entrevista le aburre. Que el guionista de Tato Bores, de Todo x 2$ y de Peter Capusotto no se sienta entre alegrías no se sabe si es un problema o algo cotidiano. ¿Qué es el humor? ¿Qué es el humor político? ¿Qué el humor de actualidad? Responde un contracultural, del rock, del que se ríe con un pedo, del que se cansó de los medios. Además, un adelanto de lo que se viene este año en la TV Pública.

– ¿Cuál fue el último chisme que te enteraste?

– Un engaño amoroso en un pueblo donde voy seguido, en General Guido. Era la noticia este fin de semana.

– ¿Fuiste transmisora del chisme o no?

– No, te lo acabo de contar a vos nada más.

– ¿Y qué sentiste? Lo gozaste, ¿no? Me lo vendiste así… Lo mismo pasa con algo terrible. Es como que te conmociona y lo tenés que volver a contar. Explotó el edificio en Rosario. Salta: se comparte la información. Y cuando no hay tema de conversación se pasa a hablar de lo último que se sabe para comunicarse. Más tierna es la comunicación que se da en un barrio como Lanús hace 30 años que debe ser parecido a un pueblo de hoy, era normal que se pusieran a hablar de cómo está el tiempo, el clima. Es lo primero que comparten, es esa necesidad humana de comunicarse. Después va derivando la charla, pero nace ahí.

Pedro Saborido arranca su mañana en un bar de Belgrano R interrogando a la fotógrafa para tratar de explicar cómo funciona para él la comunicación. De gorra, el pelo algo grasoso y unos anteojos gruesos que parecen estar sucios, Saborido da la sensación de estar fuera de contexto en la coqueta esquina de Freire y Echeverría. Lo que a nosotros nos llama la atención, igual, no es su imagen: es lo que hay dentro de esa cabeza que guionó las (hasta ahora) siete temporadas de Peter Capusotto y sus videos, el programa de rock que parodió con una precisión quirúrgica las actitudes típicas de los argentinos. No sólo eso, también fue guionista de Tato Bores y de Todo x 2$, dos hitos del humor en la televisión argentina. Son más de veinte años de mandar en el centro de los medios, pero siempre con una lógica muy distinta a la que manda en el centro de los medios. Estar fuera de contexto, acaso, es su constante: se hizo de Racing en su niñez cuando en Gerli la mayoría era de Independiente, eligió el rock como camino de escape cuando en su adolescencia lo que pegaba era la fiebre de sábado por la noche de John Travolta.

07082013-DSC_0042

– Después de más de veinte años dentro, ¿cómo te llevás con los medios?

-El sature de los medios te puede venir, como te podés saturar de cualquier cosa. Yo hice un experimento para ver qué pasaba si no leés ninguna noticia y la conclusión es que te enterás igual. Te enterás porque estás en un bar y hay una tele encendida, o entrás a un negocio y está la radio, o te cruzás con un conocido y te empieza a hablar de lo último que pasó. Y es lógico porque es como catárquico. La persona recibe una información y necesita soltarla. Es como un chisme. O sea: ¿por qué existe el chisme? Porque la persona que se entera tiene la necesidad de compartirlo, más allá de que le pueda resultar placentero o no.

-Sin leer los diarios, sin información, tiene mucha actualidad Peter Capussotto…

-No. Es sin actualidad. Tiene más que ver con un momento o con una época que con una información puntual de un diario. Tiene más que ver con lo que se vive socialmente. Micky Vainilla no es una información puntual, es una pintura de una época. Tato Bores sí era actualidad, se trataba de un show que era un resumen de todo lo que había pasado en la semana, de lo que se había hablado.

-¿Te sienta más cómodo esta manera de comunicar que el humor político con el que arrancaste, en Mitre y con Tato Bores?

-A mí lo que me pasó con el humor político, que me pasó hace mucho y ahora me di cuenta, o creo saber lo que me pasó, es que estaba saturado de escribir mirando el diario y tener esa obligación de ver de qué había qué hablar según lo que ahí salía. No critico al que lo hace, pero a mi particularmente me saturó eso de agarrar el diario para ver de qué hablo. Y a parte, había que tener ante todo una posición medio tirapiedra. Ya en la época de De la Rua no hacía humor político. Ahí también ves cómo se modelan los personajes para hacer humor político. Que la cartera Luis Vouton; que el bigote de Macri, que viaja y que es un vago; que la Carrio es pitonisa; que el otro es un indeciso. Se hacen personajes de trazo grueso: De la Rua es un boludo, Menem es frívolo y maquiavélico. Es medio sesgado eso.

-¿Por qué Tato fue tan respetado? ¿Por lo novedoso o por la calidad?

-Tato no era un periodista, era un cómico que venía de una escuela que es la revista porteña. Era otra época, estaban instaladas tres cosas básicas. Primero, una discontinuidad democrática, la libertad de expresión iba y venía, se podía hablar de unas cosas sí y de otras no. Entonces la comicidad, el humor, el absurdo y la metáfora constante con la que se construía humor venían fruto de aludir a algo sin caer en la censura o en la impugnación. De ahí que aparece la metáfora o las formas de representación. La segunda, que viene de esos momentos en los que había democracia o no había democracia, es que el humor político tenía esa especie de acto subversivo, que con el chiste se atacaba algo que en la prensa sólo lo podía reflejar un editorialista de mucho nombre. Y la tercera, la pompa institucional: el lugar del humor estaba frente al poder. Y en el poder estaba esa institución… La forma en la que se hablaba de un presidente, de un diputado, que se empezó a romper con la noticia rebelde, se siguió rompiendo con los políticos yendo a los programas humorísticos y se terminó de romper el cerco con CQC, cuando ya a un diputado le podías hacer en medio de dos chistes una pregunta terrible, o tocarle el culo. A la vez que todo lo institucional perdió pompa, protocolo, que eso fue a partir de Menem. No es lo mismo la formalidad de Alfonsín que la informalidad de Menem.

-¿Y Peter Capusotto qué es?
-Humor. Por ahí todo humor es político, como decía Rep en una época. Qué se yo. En todo caso no hacemos humor de actualidad política, si querés ser más preciso.

A Saborido le aburre la entrevista, aunque le gusta hablar. Cada tanto nos invita a intervenir en la charla con algo más que preguntas. Se da cuenta de que en el bar también está Hugo Orlando Gatti. Y charlamos un rato del Loco. Después repasa en silencio, en su cabeza, de lo que venimos hablando. Y ahora el que interroga es él.

-Eso de “los medios”. El termino es ese, qué se yo. A ver: ¿qué te gustaría comer al mediodía?

-Una milanesa, supongo.

– Bien. Vamos a comer una milanesa. Ya son las 12:30. Tenés hambre. Viene el mozo, le pedís una milanesa. Llega la milanesa. La comés. Ahora vamos a la noche: ¿qué querés comer? Milanesa, tomá otra milanesa. ¿O no querías milanesa? Vas a comer milanesa cuatro años seguidos, la puta que te parió. ¿Qué te parece la milanesa ahora? La fascinación está cuando vas hacia un lugar, después llegás, te acostumbrás, lo despreciás o lo valorizás, pero lo normalizas. Trabajar en los medios tampoco es una panacea.

– Si no lees diarios ni mirás mucha tele, ¿de dónde surgen los personajes que creás? ¿Mucho YouTube?

-YouTube lo miro mucho, pero como entretenimiento pelotudo. Es el resto de la vida, que es un montón. Lo que te pasa con tus amigos, lo que ves en un bar, lo que te pasa con tu familia, lo que palpás. Cotidianeidad. No es lo mismo lo que te pasa a los 30, que a los 40, o llegando a los 50. No es lo mismo estar soltero que casado. Esas distintas vivencias te acercan a otros mundos, a otras gentes, a otra observación. Tampoco es que estoy mirando todo el tiempo a ver si se me ocurre algo. Tal vez dice algo Diego y yo trato de apelar a algo que me pasa a mí con lo que dice él y sale.

-¿Y cuándo te diste cuenta de que eras gracioso?

-A veces pensás que algo es gracioso y para nada. Vas probándolo. Lo comentás, te vas dando cuenta de qué cosa funciona y qué cosa no. Es el ejercicio de la experiencia, nada más. A veces no es hacer las cosas bien sino animarse a hacerlas. Es la audacia lo importante. Algo siempre está entre lo general y lo particular. Si vos mañana te querés levantar a una mina y le hacés los mismos chistes que a la anterior que te levantaste por ahí funciona, por ahí no. Si te sale, no es que sos genial. Es que te tocó una mina parecida a la que le gustaron las pelotudeces que le dijiste hace dos meses. Y si no sale, no es que vos sos un pelotudo, es que es distinta la mina, le gustan otras cosas. Esa cosa la vas aprendiendo con el tiempo.

-Pero en Peter… el público es amplio de ideologías, de edades, de culturas.

-Si vos abarcás un punto de raiting ya estás hablando de 100 mil personas. Pero uno es más general y común de lo que se cree. Lo que hagas va a llegar a un montón de gente que empieza a tomar cosas de las que por ahí no se hubiera reído antes, pero como se río de una te da la oportunidad de otras. Una le gustó, la otra aprendió a que le guste. Algo así pasa. Yo nunca fui tan marketinero, pero no tengo nada en contra. No lo fui, no sé si por convicción ideológica o incapacidad. Quedaría mejor si digo que es por convicción, pero creo que fue por incapacidad de poder hacer algo que le guste a un montón de gente.

07082013-DSC_0030-¿Y qué crees que hubiera pasado si eras marketinero?

-No lo pienso porque no me sale. Alguien te puede decir: es por acá. Es un poco Luis Almirante Brown la cosa: si hacés unos chistes con la palabra ojete vas a pegar más que si hacés una alusión a Gramsci. O si hacés un chiste basado en algo psicologista lo va a agarrar la gente psicoanalizada. Chistes con pedo, bueno, es lo más general del mundo. Pero quién se permite reírse por un pedo es otra cosa. Por ahí al tipo rebuscado no le parece bien. Antes yo no me lo permitía, porque me hacía el que me gustaba el humor inteligente. Una pelotudez. Después me di cuenta de que era una bestia de Lanús que me divertía con un pedo. Podés reírte de un pedo y de un chiste elaborado de Woody Allen. Podés disfrutar las dos cosas.

-¿Pero como guionista sentís una responsabilidad de estar llegándole a determinada gente, de transmitir un mensaje?

-No, no. Sale solo. A veces sentís que querés hablar de algo, pero nunca tuve una vocación pedagógica. Si hay cosas que tienen carga de bronca, o algo que pienso yo. Bronca no de odio, de expresar algo en todo caso. Pero básicamente tienen que hacer reír, o divertir. Vos sabés que estás provocando algo que es una risa nerviosa.

-A veces es una risa angustiante, incluso, por lo bien que se reflejan algunas cosas. El tipo que come mierda en el trabajo, por ejemplo.

-Ah, bueno. Claro. Lo que pasa es que ahí te divierte que hay un tipo que se está comiendo un sorete de perro. Eso es a lo bestia. Podés tener la lectura de que todos consumimos mierda y no nos damos cuenta. Pero el tipo mete un sorete en el café con leche, eso es bestial. Lo que divierte es la animalada de estar haciendo eso. Es como un amigo que muestra el ojete en una fiesta. Una pequeña diversión estúpida, pero disfrutable. ¿Nunca tuviste un amigo que mostraba el ojete? Es medio como ser un idiota. Un momento de idiotez plena, que disfrutas de ser correcto y formal. Sos un nene de nuevo, por dos segundos.

Otra vez, Saborido se aburre con la dinámica que va teniendo la entrevista. “Yo hablo mucho, párenme”, nos pide. Y otra vez, nos invita a participar a nosotros para tratar de explicar cómo funciona para él la diversión. Ahora de manera más directa: “Empecemos a romper cosas acá, en el bar. Agarremos las sillas y las tiramos contra los vidrios. Vas a ver qué bueno. Necesitás esos pequeños momentos de abandonarte a un instante de nada. Si vos mirás a alguien que se ríe, es ridículo. Es como un estornudo: con la risa te soltás. Es tan orgánica que a veces no la podés parar. Y cuando más manija te das para no reirte, más te reís. Tiene algo de prohibido: vos no te podés reír en medio de un velorio o de un casamiento. Si alguien se pone a llorar mientras alguien se casa, es normal. Si un tipo empieza jua jua todos dicen qué le pasa a este boludo. Con mis amigos nos pasó: éramos 15 que estábamos tapándonos la risa. Y los más turros vienen y te dicen algo al oído para que te rías más. Es como abandonarse un rato, ser un nene. Si hay un tipo de 40 riéndose, vos decís qué idota. Si hay un nene de 9 meses, decís qué lindo. El nene tiene permiso para ser idiota. Mis hijos un día querían tirar huevos desde el balcón. Mi mujer decía que no. Dije: hagamos una cosa, agarren cuatro huevos, tirénlos contra la pared de la terraza y después lo limpian. Es divino hacer cosas así”.

-O sea que tenés una bandita de amigos que disfruta del humor. Puede venir de ahí…

-Sí, yo me río mucho con mis amigos. Puedo estar tres horas hablando en serio también. Conozco gente más idiota de mi edad. Que se sacan la silla entre ellos, se pegan, se hacen jodas. Como una adolescencia pero mal, eh.

-¿Peter tiene mucho de tu adolescencia? Sobre todo por ser un programa de rock.

-Tiene que ver con un momento muy claro y especial de la vida en el que tenés el permiso de crear historias y delirios ó boludeces porque en la etapa de la adolescencia uno se permite mucho el sinsentido y el chiste porque sí. Esto lo comento siempre porque me sigue fascinando: vos ves grupos de adolescentes que no entendés de qué se ríen. De más grandes sí, cuentan anécdotas, eh, cogiste, qué bueno. Los adolescentes se ríen de algo que jamás entenderás. Uno dice ‘zócalo’ y todos se cagan de risa. Viene de historias o de chistes internos, giran sobre su propio humor. De afuera decís, ¿dónde está el chiste? En los adolescentes se da eso en mucha intensidad, son el centro del mundo ellos en ese momento. Un poco con Diego tiene algo de eso, de que haya chistes porque sí, porque nos divierten. Tiene mucho de nuestra parte adolescente con la que convivimos.

Podemos ponernos el disfraz de psicoanalista –siempre desde la parodia que proponen Saborido y Diego Capusotto, claro- y afirmar, con barba y anteojos, que para el hombre que es la voz de Pizzería Los Hijos de Puta, de Perón y el Rock y otras más, el programa es una manera de manifestar su adolescencia tardía porque entre los 12 y los 19 tenía reprimido el permiso para crear historias, sinsentidos y delirios: “Yo la pasé muy bien, igual, me divertí mucho. La Dictadura fue lamentablemente normal. El Golpe fue cuando yo tenía 12 años. Después te dabas cuenta, porque tampoco te explicaban mucho. Simplemente era. Lo mínimo que me pasó a mí, más allá de que a veces te enterabas de algunas cosas y ahí empezabas a despertarte, fue la presión en la escuela, el respeto hasta el exabrupto de los símbolos patrios, o que casi me echen del colegio por hacer una nota sobre Martin Luther King. Estupideces tales como que a un amigo le dieron 20 amonestaciones porque fue con Topper rojas y eso decían que era de comunista. Era un colegio del Estado. En la primaria fui a un colegio tercermundista, otro palo. Ahí terminé justo en el 76. En eso te vas moldeando a lo prohibido. Para ver un culo tenías que ir a ver una película italiana a las 2 de la mañana en Valentín Alsina. Y a la vuelta por ahí te comías una razia. Venía un bondi y decias: ‘uia, qué hace este colectivo acá’. Lo parabas y bajaban dos civiles que te decían arriba con otros 50 pelotudos como vos y si no tenías documento te comías 24 horas adentro. Un montón de cosas de las que nos dimos cuenta cuando volvió la democracia, que yo la había vivido sólo tres años, entre el 73 y el 76. Cuando llegó la democracia era todo raro. Guau: una revista con una mina mostrando el culo. Guau: la revista Humor habla de desaparecidos. Era inaudito, impensado. Es como que ahora los mozos del bar estuvieran desnudos. Te parece increíble, pero era normal. Ojo: es más trascendente eso a que te sirvan un café con leche en bolas. Es como pasa con Bergoglio: dice lo que todo el mundo sabe hace años, pero todos se sorprenden. Es la contradicción: los milicos habían prohibido una escena de Hermano Sol, Hermana Luna, una escena de San Fransisco de Asís donde le cuestionaba al Papa por qué tanto oro. ¡Y los tipos cortaron esa escena porque San Fransisco de Asis cuestionaba al Papa en el 1500! San Francisco de Asis, ¿entendés?”.

-¿Y con ese descubrir cosas te acercás a militar en el Partido Intransigente?

-Para el sector en el que venía yo, entre rockero y hipón, la oferta avellanedense del peronismo no era muy atractiva. Esto era más zurdito. Yo tengo un tronco familar que era entre peronista y socialista. Y había como un espacio muy fuerte. Cuando te ponés a militar los componentes son muchos, no es sólo ideológico. Es un grupo de pertenencia, los atractivos también pueden ser afectivos, un amigo, una amiga, una mina, una estética, un devenir de cosas. También la militancia lleva a distintos grupos de pertenencias que te pasean por costumbres: los cumpleaños, las marchas, las peñas y un montón de circunstancias que sólo se viven con la militancia. Yo era un militante básico, un militante festivo: iba a las peñas nada más. Tenía esa contracultra del rock. Si venía de una cultura rock, la militancia se contraponía. Eso de la disciplina, el encuadramiento en el rock no existe. Así hubo cosas que no podía soportar como militante. Nunca pude ser orgánico porque era una porquería humana. Nunca me gustó la música latinoamericana. Silvio Rodríguez, todo eso, me parece espantoso. No aprendí a que me guste.

-¿Y cómo pasás de militar en el PI a terminar haciendo que Perón diga exiliado desde Madrid ‘yo quiero mi pedazo porque no me lo dan si yo ya puse plata y mi pedazo no está?

-Bueno, por ahí ese es el final. Lo que te quedó de tu vida es poder hacer la voz de Perón. No es que pienso que la política ahora es tal cosa y yo voy a agarrar y voy a hacer esto. Yo lo veo a Perón diciendo –imita la voz de Perón- ‘la rubia tarada’ y me causa gracia. Ese es el acto que no esperás. Después la carga simbólica que le pongas a eso, por ahí está, por ahí viene un tipo y me dice: -imita otra voz, tal vez la del psicoanalista que inventamos unos párrafos más arriba- que en el inconciente estoy uniendo dos puntos contrapuestos finalmente resignificando la carga política de la letra de Luca Prodan como desmitificando a Perón poniéndole palabras que son del rock. Yo siempre fui más perro que veterinario. El perro no dice ahora voy a marcar mi territorio: va y mea. Después el veterinario puede estudiarlo. Diego y yo estamos atrás de otra cosa, de hacer reír y apelamos a cosas. El publicista lo puede hacer, pero igual lo que se le ocurre es algo que después calza. Yo por ahí lo tengo y no me doy cuenta. No es que digo voy a hacer un personaje sobre los comentarios discriminatorios. Micky Vainilla nació como un cantante pop que era medio de derecha, algo medio contradictorio. Después escuché una conversación que a una mina le decían: ‘che, vamos en tren’ y la mina contestaba: ‘no ahí está lleno de negros’. Ahí dije: ah, mirá. Empezó a trascender esta cosa que gira y da vueltas por todos lados. Pero porque apareció la oportunidad para hablar de eso.

Faltan tres semanas para el 2 de setiembre, el día que se ponga al aire por la TV Pública el primero de los doce programas de la octava temporada de Peter Capusotto y sus videos. Para calmar la ansiedad, pero sobre todo para que Saborido explique cómo es el proceso creativo de personajes tan logrados, dejamos un anticipo:

“Ahora por ejemplo estamos haciendo una cosita chiquita de una banda que se llama Talle 13. Los tipos no hablan con acento latino porque son de Honduras pero hablan –hace una voz gruesa, criolla- así nomás. Los tipos explican que en el Norte de Honduras no dicen –pone voz latina- guacamole. Están todos esperando que digan –con voz latina, de nuevo- mueve el bumbum, pero hablan así. Son gente que no les cae muy bien ser latinoamericanos. Les queda chica Latinoamérica, quieren que de una vez los invada el imperio para poder tener WiFi. Los tipos dicen está todo bien con los latinoamericanos, pero no me gusta ser latinoamericano. No es Micky Vainilla: es un tipo que dice me gustaría vivir en una ciudad que tenga olor a comida frita. Eso dura tres minutos. Se nos ocurrió lo de Talle 13 y lo fuimos armando. Dijimos: ¿otra vez un tipo que hable en latino? Y no hablan así, te dicen soy hondureño sin acento hondureño porque son del Norte. Es como cuando encuentran un cordobés que no tiene acento y tiene que explicar que es del Sur de Córdoba y ahí no tienen el acento cordobés. En esa búsqueda que vas haciendo, pensás en eso de ser latinoamericano. ¿Y está bueno ser latinoamericano? ¿Esto es Latinoamérica o tengo que ir hasta Lanús para ver Latinoamérica? ¿Y Miami qué es? ¿Don Omar es latino? Es latino pero vive como mi cuñado que es judío. ¿Qué es latino? ¿Un tipo con un gorra o una Kolla que está con la quena? Es buscar esos personajitos, por ahí lo gracioso es que están con un saquito corto, que se llaman Talle 13 y que expresan la opresión de ser latinoamiercano”.

07082013-DSC_0053