Yo todavía busco a Luciano

Vanesa Orieta no le escapa a la historia. Lo cuenta en primera persona. Sigue buscando a su hermano. Denuncia los abusos dentro de las comisarías. Le da terror subirse a un patrullero. Asegura que el caso de Arruga trascendió porque lograron instalar el discurso de que era tan sólo un chico de 16 años al que golpearon, pero, a la vez, avisa: “¿Y si no trabajaba? ¿Y si era chorro? ¿Igual la sociedad soporta estas torturas?”

Me invitaron a robar con protección, laburando para un policía del destacamento. Me daban hasta el arma. No quise. Me llevaron a la comisaría el 22 de septiembre de 2008. Decían que había robado un mp3 y un celular y ya les bastaba para tener derecho a golpearme en la cocina del destacamento policial. Pero llegó mi hermana y le empecé a gritar: “Vane, sácame de acá”. Nunca le mostraron el celular que supuestamente robé. Yo digo. ¿Cambia algo si robé o no robé? ¿Valía la tortura?

Me siguieron persiguiendo. Ya no podía ni parar en la esquina con mis amigos. Cuando lo hacía, lo hacía con miedo. Todo por ese destacamento que inventaron después del pedido de seguridad. ¿Seguridad para quién?

Mi hermana lo cuenta mejor, parece que no podía haber detenidos ahí, tenían que ser ingresados en el libro y derivados a la comisaría 8va de la bonaerense. Las pelotas. Yo estuve ahí y más de una vez. Hay testigos, aunque les hayan implantado miedo, aunque cuando hablen no los escuchen. Después de ese día, yo mismo reconocí a los que me cagaron a palos. Ellos con su uniforme, su bastón, su pistola por si las dudas, yo con mis dieciséis años.
Mi familia después me llevó al hospital, lo que es una prueba hoy en la causa por torturas. La justicia recién apresó a un cana, Julio Diego Torales, por “severidades y vejaciones a presos”. Y a mí me torturaron en la dictadura, como me decían que pasaba en los 70 cuando iba a la escuela. Como pasa ahora en las cárceles, en las comisarías…

Por eso yo le quería regalar el título secundario a mi hermana. Se lo dije a la kioskera antes de comprar un cigarrillo con los 25 centavos que me pudo dar mi vieja la última vez que me vio. Porque salí a jugar a la pelota y a visitarla a Vane y ahí nomás me pararon, me palparon. De vuelta había testigos. Me siguieron persiguiendo, me metieron en el patrullero y me fueron a cagar a palos al destacamento.

Los dejo con Vanesa Orieta que cuenta todo mejor que yo.

Imagen: NosDigital

Mi hermano, Luciano Arruga, vivía en el barrio 12 de octubre. Es un terreno fiscal donde la gente desde hace 30 años se fue instalando. La tierra es o de quien la trabaja o de quien la necesita. En ese momento fue de quien la necesitaba, de hecho son todos pobres. El barrio se fue constituyendo de a poco: casas residenciales alrededor, clase media-media también.

Algún sector de Lomas del Mirador se sintió identificado con el discurso de la inseguridad de Vecinos en Alerta (Valomi), y empezó un reclamo por más seguridad. Estaban influenciados por la forma de vender la noticia en los medios de comunicación. Cuando algún sector de la sociedad se siente inseguro recurre a criminalizar a los sectores más pobres porque creen que por tener menos educación, toman tierras, no trabajan. Todo ese mito es aprovechado para formar estos discursos discriminadores.

El caso de Luciano no pegó porque tendría que haber pegado en el momento en que él desapareció, cuando la familia estaba desesperadamente tratando de mostrar la foto de Luciano en algún medio. En 2009 no pegó el caso. No se hablaba de Luciano. Se empezó a hablar de la gran fuerza de los familiares y los que acompañaron. Si se ha logrado instalar fue porque se dieron un montón de factores. En lo esencial fue que nosotros logramos sostenernos a pesar de las amenazas. No es joda. Hay que resistir las amenazas de la cana cuando vos estás denunciando justamente a la cana. También el cansancio después de que se te cierren tantas puertas a nivel político, a nivel judicial, que te humillen tanto, que te falten el respeto tantas veces. Pasás todas esas barreras y llega la de que la figura de Luciano entre desde el lado del pibe de 16 años, no del pibe chorro. Fue torturado por ocho canas. Tenía 16 años. Un familiar tiene que ponerse en ese momento a decir “Mi hermano era un buen pibe, trabajaba…” ¿Y si no trabajaba? ¿Si era chorro? ¿Igual la sociedad soporta esas torturas? Quizás otra hubiera sido la historia si la sociedad marcaba su repudio, la fuerza política presionaba a las policiales para que encontraran a Luciano. Nosotros creemos que la condena es social, no creemos en la justicia ni en los sectores políticos. Necesitamos más gente en la calle como en otros casos en los que la sociedad se conmueve mucho.

Si hubiéramos encontrado el cuerpo, ya habríamos podido cerrar una etapa. No se puede mantener la figura de una persona como desaparecida. Yo no lo tolero. ¿Durante cuántos años me voy a preguntar dónde está Luciano? Necesito que los funcionarios desde los lugares que ocupan empiecen a mover el culo, a ensuciarse sus piecitos porque muchos son militantes de la nueva ola pero no saben lo que es un barrio, lo que es el barro, el techo de chapa, el no tener para morfar. Tienen que meterse un poco más con la realidad del pueblo.

Rastrillajes hubo a los muchos meses de la desaparición, con perros, y todavía dio resultados positivos. Los únicos datos de la causa apuntan a que fue la policía. El rastrillaje en el patrullero también dio positivo. En el monte, también. Es una prueba con un 70 por ciento de efectividad. Las declaraciones de dos detenidos en el destacamento reconocen a Luciano en fotos y lo recuerdan torturado esa madrugada. Hay dos causas abiertas en paralelo: en una de ellas hay dos policías procesados por encubrimiento. Hay mucho material y podría haber más si hubiera un acompañamiento político y judicial, pero uno estaría tocando intereses que son estructuras que están muy enquistadas y que nos va a llevar un tiempo hacer tambalear.

Y en ese discurso discriminador, los medios de comunicación son importantísimos. Cuando fui a TN les dije: “Nosotros también hacemos responsables a los medios de comunicación porque son los que discriminan en primer lugar a los jóvenes más pobres y los que los criminalizan. Cuando denunciamos la desaparición de Luciano, algunos periodistas decían que podría estar vinculada a un asunto de drogas. Lo que se plantea la sociedad es que ese pibe bien desaparecido está. Los medios de comunicación tienen que ser responsables de lo que comunican”. El primer diario que tomó la historia de Luciano fue Crítica. Clarín se enojó en ese momento, en especial la periodista Virginia Messi porque nos dijo a los familiares que era una primicia en otro diario, por lo tanto ellos no iban a tomar la nota. Mi mamá siempre dice: “En la televisión ponen bloopers y no cuentan la historia de Luciano Nahuel Arruga”

De ahí en más buscan las características de este sujeto pobre porque el pobre no tiene dónde hacer públicas sus denuncias, no tiene cómo defenderse, está siempre manipulado por algún sector político, de las fuerzas de seguridad o judicial. Mantener a los pobres sin ningún tipo de derecho para de esta manera manejar su forma de pensar, sus decisiones. Desde el sector judicial, a los pobres se los utiliza por ejemplo armándoles causas, siendo conscientes de que no tienen ningún tipo de defensa, de que el sistema carcelario solo encierra pobres, entonces todo sigue así. No tienen contención ni canal donde hacer efectivas las denuncias. Desde la policía, el caso de Luciano es el mejor ejemplo: abusar de la pobreza de un pibe que es falto de todos sus derechos para utilizarlo en el robo porque el pibe, por miedo, no lo va a denunciar, porque además es común que se utilice la violencia, porque no se va a poner a pensar que alguien se puede poner a protestar por él. El pibe pobre o es depositado en un barrio pobre, en un penal, en un instituto de menores o en un manicomio.

La policía tiene una relación de control sobre los pibes debían justamente controlar estos barrios, y también de manipulación porque muchos jóvenes terminaban siendo rehenes de las propuestas de estos policías de robar para ellos. La impresión que Luciano tenía de la policía era la que vivía en su barrio. Estaba acostumbrado a que la policía los parara a él y a sus amigos, se lo llevaran detenidos, los tuvieran varias horas, los golpearan en la comisaría. Lo tenía naturalizado. Si se preguntaba algo era por qué lo molestaban. Se daba con él como con sus amigos y con cualquier otra persona en la misma situación.

Mientras tanto empiezan a aparecer personas que no te amenazan directamente pero plantean que te están viendo, entran a tu vida y te dan información falsa para que corras detrás de algo que no es la verdad, te cruzan por delante un auto, se ocultan detrás de un vidrio pero te dicen algo concreto como “¿Está bien tu mamá?”. Te puede parar la policía para pedirte los documentos sin motivos para provocarte y que respondas. Nosotros ahora tenemos terror de subirnos a un patrullero, y más si no hay ninguna justificación. Hay gente de Familiares y Amigos que lamentablemente fueron detenidos y sufrieron maltratos, aun sabiendo la policía que son miembros de la agrupación. Hay gente que no es miembro pero que vuelve con el mensaje “si te metés, te puede pasar lo mismo que a Luciano”. Hay que empezar a pensar que los pobres tenemos los mismos derechos que otras personas que están en otra condición social. Los pobres podemos pensar, pero no podemos luchar por nuestros derechos porque no tenemos las herramientas. Se nos cierran todos los lugares de expresión.

Desde la justicia, hasta hace poco, mantenían a los pobres en esa situación de nada misma, de nada absoluta, con la carátula de “Averiguación de paradero”. Luciano estuvo perdido para la justicia durante casi cuatro años a pesar de que hay serias sospechas -porque le tenemos que decir sospechas- de que los partícipes de la desaparición fueron miembros de la policía. Solo tras cuatro años de lucha conseguimos que lo reconocieran como una desaparición forzada y que un solo policía esté preso por “vejaciones a presos”, que en realidad son torturas.

Nosotros siempre pedimos que cerraran el destacamento. Era una mera base de operaciones de una comisaría, la 8va, que fue un centro de detención clandestino en la última dictadura militar. Se abrió en el año 2007. En 2008 ya tenía varias irregularidades. En 2009, a solo dos años de su inauguración, ya tenían un pibe desaparecido. Ese es un dato que la sociedad debería tener en cuenta, pero carga con cierta discriminación sobre los pobres de la que no se desprendió. No termina de sensibilizarse con un pibe asesinado por gatillo fácil como lo hace con el asesinato de un pibe de clase media. Queremos que siga un correlato: nosotros decimos que la memoria debe ser dinámica, no estática. Si tomamos esta política de derechos humanos, debemos continuar con esa memoria en el presente porque lamentablemente se siguen violando los Derechos Humanos. Por eso queremos que sea un lugar señalizado, que tenga una lógica similar a la del resto de los centros clandestinos recuperados para recordar y respetar la memoria de tantos pibes asesinados, un espacio de integración, una biblioteca de derechos humanos. Que no sea solo un centro cultural: fue una comisaría que se logró cerrar en democracia. No hay que pasar por alto ese dato. Hoy son más de 3000 casos de gatillo fácil solamente de pibes pobres. Si seguimos dando tanto lugar a estos crímenes, mañana van a ser pibes de clase media. No debemos esperar que las fuerzas represivas avancen en su lógica que es la misma que utilizaron en la última dictadura. Debemos sensibilizarnos por un pibe asesinado o desaparecido.