Segregación migratoria en el Ártico

Suecia se presenta con políticas antiracistas y de apertura a la inmigración. Solo encubren la desigualdad con los extranjeros, arrinconados en los suburbios, con sueldos bajos y en el ojo de una Policía que sabe dispararles.  

¿Cómo reaccionar cuando el discurso plantea una realidad opuesta a la que se vive? ¿Qué medidas tomar para cambiar el status quo si uno es un huésped de un país ajeno? Enigmas como estos fueron los que se expresaron en las últimas dos semanas de mayo en Suecia, cuando desde Estocolmo, la capital sueca, se inició una rebelión a gran escala que no tardó en expandirse por las ciudades y pueblos de este territorio que se nos aparece como tranquilo y de un nivel de vida alto. La exclusión, segregación y desigualdad de los inmigrantes se iluminaron al fuego de los autos incendiados, revelando un mundo que se ocultaba a las sombras de las políticas antiracistas y de apertura a la inmigración. Rebelión en el primerísimo mundo, al compás de los extranjeros y los jóvenes.

La imagen mundial, la imagen propia y el día a día

“Las bizarras discrepancias entre la imagen de Suecia en el mundo, la imagen propia de los suecos,  la institucionalizada política integracionista anti racista, y la realidad de extrema segregación en todos los aspectos de la sociedad, son ciertamente parte de los últimos sucesos”. El investigador surcoreano radicado en Suecia, Tobias Hübinette en diálogo con NosDigital resume la contradicción social que afecta al país escandinavo.

El 19 de mayo explotó la protesta. La chispa que inició el descontento general comenzó en Husby, distrito ubicado a 20 minutos de tren de la capital, luego de la muerte a balazos de Lenine Relvas-Martins, un portugués de 69 años, que fue ejecutado por la Policía luego de que entraran a su departamento y tiraran sin preguntar. ¿La excusa? Portación de un machete de modo amenazante y el secuestro de una mujer. ¿Qué pasó? La Policía había sido notificada de una discusión entre un hombre y unos pibes que paraban en la puerta de su casa. El primero quería que se fuesen, los segundos querían quedarse ahí sentados. Los uniformados entraron a la fuerza a la casa, sorprendieron al hombre con un cuchillo en la mano y le dispararon. La esposa, a su lado, no pudo hacer nada. No hubo machete, no hubo peligro, no hubo secuestro. Solo un portugués en su cocina con su mujer. La rabia pudo más y los jóvenes se empezaron a movilizar contra un atropello más del Estado contra un inmigrante. Una vez más…

-La muerte de Lenine fue lo que comenzó a movilizar a la población, ¿qué tipo de abusos institucionales se viven en los barrios mayoritariamente inmigrante?

-Hechos como la muerte a tiros de un anciano no son comunes, aunque si pasan ahora y sucedieron antes. A nivel diario hay un cierto nivel de hostigamiento de los jóvenes de las minorías que crea un montón de frustración y agresión contra la Policía. El trato general en los suburbios y en las poblaciones minoritarias es, primero, que no son tratados ni vistos como suecos aunque vivan en Suecia; y segundo, que los suburbios no pertenecen a Suecia debido a la gente que los habitan, los inmigrantes. Las consecuencias de estas dos actitudes son que los extranjeros sean vistos menos valiosos, menos importantes, menos merecedores que los otros suecos.

En Husby, los números reflejan la no inclusión. El 80% de sus 12 mil habitantes son extranjeros. El 10% de la gente entre 25 y 55 está desempleada, en comparación con el 3,5% de Estocolmo. Y aquellos que efectivamente tienen trabajo, ganan un 40% menos que la media de los trabajadores de la capital[i].

Movilización social, discurso racista

El viernes 19 de mayo comenzaron las protestas, y una semana después se expandieron: primero Husby, luego Estocolmo en su conjunto y de allí, para todos los puntos cardinales. Uppsala, Linköping, Örebro, Malmö y Dalarna, ciudades que se encendieron con los gritos de respeto y cambio encabezados por los jóvenes e inmigrantes. Los medios de comunicación, principalmente los internacionales, lanzaron observaciones simplistas, conservadoras y en más de una ocasión, racistas. La conflictividad se empezó a medir en autos incendiados, policías heridos y manifestantes arrestados. Las causas del estallido, la incapacidad migrante de acomodarse al nuevo hogar, “choque de culturas”, limitaciones de la religión musulmana. En el caso de los jóvenes, como siempre, rebeldes sin causa, inmaduros para comprender la realidad[ii]. Y en todo esto, la pobre Suecia, los pobres suecos que abrieron sus fronteras desde hace décadas al mundo y así les pagaron, con destrucción y odio. Los datos de siempre: Suecia la permitió la entrada a 11 mil sirios desde el 2012 y a más de 100 mil iraquíes y somalíes en las últimas décadas. Pero esta verdad, solo fue a medias, ya que ocultó la compleja realidad de segregación.

-Frente a la visión apocalíptica de los medios internacionales de una “violencia musulmana destructiva”, ¿cómo fue percibida desde la propia Suecia?

-En medios extranjeros hubo reportes sobre unas revueltas de jóvenes musulmanes, pero estaría mal categorizar a los jóvenes que protestaron como musulmanes. Lo que tienen en común entre ellos es que una vasta mayoría de ellos nació y creció en Suecia –son hijos de los migrantes, por eso son llamados segunda generación- y que vienen de diferentes ambientes. El problema con el establishment sueco es que son vistos y tratados como no suecos, ni siquiera como segunda generación, sino como inmigrantes sin importar si nacieron en el país por lo que tendrían que ser vistos como nacionales o, al menos, como minorías suecas. Por eso mientras los políticos y partidos suecos hablen de estos eventos como “problemas migratorios”, no habrá solución a la “Cuestión Sueca”.

-Entonces, ¿cómo caracterizás a los grupos que participaron en el conflicto?

La mayoría tiene entre 15 y 25 años. Pero lo que es más importante de recordar es que la mayoría de los jóvenes de estos suburbios no participó sino solo una minoría. Entre los que sí lo hicieron hubo una extraña mezcla de radicales, desempleados, criminales, “asociales” y jóvenes que acumularon mucha bronca durante años contra la sociedad, fruto de la trato injusto y excluyente de la sociedad para con ellos.

Así, en un país donde 15 de cada 100 es extranjero o hijo de uno[iii], donde por serlo muy probablemente termines excluido de las grandes ciudades, de los mejores trabajos y termines consiguiendo solo lo mínimo para una vida digna por tu nacionalidad, mientras las autoridades gubernamentales sigan creyendo y estimulando una visión exterior del territorio como justo y abierto para todo. Es difícil creer que este capítulo se haya terminado. Entonces, pronto volverá Suecia a amanecer bajo una gran conflictividad, latente e invisibilizada.