“Mi orgullo es la manera de defender”

Néstor Retamar se traicionó. Se había jurado que nunca abandonaría el esquema con enganche, pero cambió. Argumenta diciendo que la D te obliga a eso. Dejó de ser ofensivo y se volvió un fundamentalista de que no le conviertan. El entrenador que se volvió famoso por conducir al Club Atlas, mientras se filmaba un reality show. 

Néstor Retamar, director técnico de la era mediática del fútbol, descansa de las cámaras en su casa de General Rodríguez. Renunció hace un año a su puesto en Atlas, equipo de la categoría D del fútbol argentino que protagoniza un reality televisivo  transmitido a nivel continental con un éxito y una exposición desmedida para un cuadro de esa división: “Atlas, la otra pasión”, que desde el 2006 pertenece a la programación estable la cadena Fox Sports.  No dirige desde entonces y por ahora no tiene pensador volver. Está contento con la pizzería y la heladería que maneja por su barrio, cerca de sus hijos y su familia.

Sin embargo, no deja de pensar el fútbol. Lo sigue de cerca y sigue siendo el tema que le despierta los gritos, la arenga y los golpes en la mesa. “La TV me sirvió para que digan que soy vende humo”, se ríe.

-¿Cuál es tu idea de juego?

-Cuando empecé mi carrera como técnico tenía una idea futbolística definida, y pensé que iba a morir con esa idea. Me aferraba al 4-3-1-2. Toda la vida me gustó jugar con enganche. Yo era delantero y uno siente jugar con enganche. Lo necesita. Entonces, cuando fui técnico entendí que mis equipos tenían que jugar con enganche. Si lo pedía como jugador, como técnico tenía que ser fiel a eso. El diez emblema, líder. El que pone bochas de gol. En mis comienzos jugaba de esa forma. A medida que el fútbol me fue poniendo contratiempos me di cuenta que en algo estaba equivocado. Hacía agua en la mitad de la cancha y los partidos se nos complicaban. Perdía. Cambié a un 3-4-1-2, porque el enganche no podía faltar. Seguía con problemas. Con un equipo muy ofensivo, que creaba muchas chances en ataque, pero que sufría el famoso síndrome de la sábana corta: te tapás la cabeza, te destapás los pies. Necesitaba equilibrio y pasé al 4-4-2. Y no varié más. Al día de hoy que estoy convencido que con un 4-4-2 rabioso estás contemplado y podés atacar con muchos jugadores y estás siempre bien defendido. En mis últimos campeonatos, estuve entre los 3 o 4 equipos con los arcos menos vencidos. Tiene un resultado y tiene un trabajo atrás: la presión, el escalonamiento, las coberturas. Me dio muchos réditos. El equipo está contemplado en todos lados. Si salís vos, me meto yo. Si presionamos, va uno a la pelota y el otro a los posibles receptores. Si nos meten un cambio de frente, no salimos corriendo todos para el otro lado, porque la cancha te queda muy larga, nos ordenamos con movimientos diagonales, nos agrupamos y ahí salimos a presionar otra vez. A razón de la pelota se mueve el equipo.

-Pero, ¿puede un sistema ser la idea de juego? ¿No es en todo caso una herramienta para expresar la idea?

-Mi idea defensiva se basa en ese sistema. Es así. Mi equipo tiene una convicción: sabe cómo defender. En los centros del rival nos paramos en zona. Bien ubicaditos, dejando solo la chance de gol a la virtud del rival. Los jugadores tienen que estar donde se practicó que tienen que estar.  No me interesa cómo juega el rival, yo no cambio nada. Me preocupo por mí táctica  y nada más. Porque ellos van a ser los que tengan que vulnerar mi táctica. Que vengan a atacar, los vamos a estar esperando. Les va a costar encontrarme, y en cuanto te equivocaste… no me empatás más. Por eso, siempre el arco en cero. A mí lo que me pone más contento es que no me hagan goles.

-¿Preferís ganar 1 a 0 que ganar 5 a 4?

-Sí, no me caben dudas: mi orgullo es la manera de defender. Hacer las cosas bien en ese sector.

-Explicalo con algún movimiento táctico defensivo

-Por ejemplo, cuando volea el arquero rival, nosotros hacemos la cobertura: uno sale a cabecear y los otros tres defensores se meten, retroceden unos metros y quedan a la espera de la pelota. Entonces si logra peinar el rival para la diagonal del segundo delantero ya tengo a mis tres defensores esperando la pelota de frente para revolearla. Esto hay que practicarlo todas las semanas. Repetir y repetir. Y cuando lo tienen incorporado, seguir repitiendo. Se usan palabras claves para despertar los conceptos en el momento de competencia. Entonces uno grita “¡cobertura!” y los demás se avivan de lo que tienen que hacer. Lo que cuesta es lograr la confianza del jugador, que esté predispuesto a repetir todo esto, que te hagan caso de buena gana. Hay muchos jugadores con muchos vicios, que te miran con cara de “qué hincha huevos”. Pero te llegan a meter un gol por no hacer la cobertura y te saco, meto a otro que me obedezca.

-¿Son jodidos los jugadores de fútbol?

-Te ponen muy a prueba. La gran dificultad de hoy es trasladar la idea al jugador. Podés convencerlo mucho, poco o nada. Pero, el futbolista tiene un vicio: criticarte. Si trabajás, si no trabajás, si hacés pelota parada, si no la hacés. Si es profesional, si es mano dura, si es mano tierna. Yo a los veinte veía al técnico como una enormidad. Hoy un pibe de veinte te critica. Te están tomando siempre una lección. No te puede faltar una ese cuando estás hablando, porque al instante los ves burlándote: “Mirá el burro como se traga las eses”. Es constante: la base del fútbol hoy es la confianza del jugador. Que te crea y que crea en tu idea.


-¿Y cómo hacés los goles si pensás más en el arco propio?

-Atacando por los extremos. Sí o sí. Retamar pide que el equipo llegue por afuera. Triangular y llegar por las bandas. El equipo focaliza en esa idea. Los míos saben que se ataca por ahí. Por el medio no, porque está todo el quilombo. Entonces, siempre tiene que haber un tres y un cuatro. Con línea de tres, mi sistema no puede ser. Con línea de cuatro abajo, el tres es socio del volante por izquierda. Y el cuatro de volante por derecha. Dos jugadores por cada banda, formando un triángulo con un mediocampista del centro, que es uno de los dos cincos. Y los dos puntas pivotean, la aguantan y se ofrecen como otra opción para la triangulación, que siempre termina en los costados, para poder tirar el centro al área. Yo me quedaba poniendo arena en los córners después de cada entrenamiento, para que la pelota ruede con algo de normalidad.  Ahí estaban la llave de los partidos.

-Pero, ¿cómo se llega hasta ese punto? ¿Las jugadas cómo se elaboran?

-Y… salir jugando de abajo, olvídate. Si estuviera en una división más alta prepararía algo para salir jugando. Porque la técnica y los campos de juego son otros. Pero en la D no tenés técnica y las canchas son un desastre. Entonces mi salida es una pelota larga por las bandas, por afuera, con rosca para adentro, para que alguno de los dos puntas la aguante. Larga por afuera. En cuanto el delantero la controló, ahí se empieza jugar, desde ese sector. Los mediocampistas agarran el rebote o el pase del delantero y comienzan a tocar con el objetivo de llegar por afuera.  ‘Juego, juego, juego y lastimo’, dije alguna vez, porque  cuando se tiene la pelota no hay que perderla rápido, si no se vienen de nuevo ellos y otra vez el desgaste físico propio. Hay que entretener la pelota y, después, lastimar. No hay que tenerle miedo a la pelota, sino demostrás nervios. En el jugueteo previo hay que tocar en espacios reducidos. Cortito y en poco terreno. Así al rival se le complica recuperar la pelota. Después le das profundidad y verticalidad por las bandas.

-¿Para vos la posesión de la pelota es importante como concepto de ataque y/o defensa?

-Sí, sí. Es importante. Pero para otra división. Acá no se puede. De hecho, me encanta que mis rivales de la D me salgan jugando. Me encanta. Me los como crudos. Que salgan jugando todo lo que quieran. Lo voy a estar esperando con la presión de mis jugadores.

-¿Cómo es ese movimiento?

-El arquero de ellos se la va a dar al central y el central al lateral. Ese es el tradicional movimiento para salir jugando. En cuanto sacó el arquero, uno de los nuestros va sobre el central derecho, que tiene la pelota, para atorarlo. Otro sobre el central izquierdo, para que no exista opción de pase para adentro. La pelota va a ir para el lateral, casi siempre.  Entonces, cuando le pasen la pelota al lateral, ese jugador va a tener un solo toque. No pueda pararla y tocar porque, cuando controló la pelota, mi jugador ya se lo tiene que estar comiendo. Lo obligás a jugar de primera y eso lo complica mucho. Un mal terreno, una técnica regular y la chance de solo tocarla una vez es sinónimo de imprecisión del rival y de grandes chances de que la pelota pase a ser mía en situación de ataque. Para que la presión funcione se necesita método y buen estado físico. A mí el día del choto me van a salir jugando. Mi equipo le pega para arriba. Es negocio. Si hago bien las coberturas la voy a ganar casi siempre. Anular el sistema de juego del rival e imponer el propio. Es así. Hoy la estrategia para ganar un partido es el pressing.

-¿No puede ser de otra manera?

-Sí, claro, si yo veo que en primera cada vez se sale más jugando. Contrario a lo que dicen todos. Y eso es de tanto ver al Barcelona. Hasta en la D algunos los intentan, pero se equivocan. En esa categoría es imposible. No tenés los defensores que juegan bien. Entonces los comprometés, pobrecitos. El tipo es ordenado y fuerte, pero no dúctil. Encima las canchas son un asco. Le pegás para la mierda porque la pelota va saltando. En la C es lo mismo. Solo hay un poquito más de técnica en la pelota parada. En mí categoría hay que andar renegando, porque la practicás mil veces la jugada y en el partido le pegan para la mierda. No es fácil la D. Y eso que cada vez es más profesional. Antes era peor. Había tipos gordos, jugadores que no se cuidaban. No había nada de táctica. Los técnicos te decían “Zapatealo”, “Jugá, jugá”. No era mucho más que eso: motivación y ver qué pasaba en el día. Ahora estamos en la era de la táctica. En todos los niveles y categorías de fútbol.

-¿Qué pasa cuando no agarrás la pelota y el rival te supera?

-No hay que desesperarse. Hay que dar un cien por ciento desde lo físico y lo mental cuando te sentís superado. Aunque te ahogues. No tenés que parar de correr y de cortar las jugadas. Así apagás el sofocón del rival. Después, cuando ya pasó la tormenta, te serenás, respirás y volvés a lo planeado.

-¿La táctica atenta contra la belleza del juego?

-Sí, sin dudas. La táctica mató a los enganches, por ejemplo. Se los comió el doble cinco y la priorización del sacrificio. Pero, la táctica da resultados. Y el resultado manda. Táctico defendiendo y atacando. Táctica en todos lados.

-¿Y la sorpresa?

-Ya no hay. Se gana por decantación, por desgaste. No vas a encontrar juego bonito. Después tenés jugadores dotados que pueden embellecer el funcionamiento, pero son excepciones. Los he tenido. Y la gente se confundía y decía: “Mirá qué bien que juega el equipo de Retamar”. Mentira: el tipo ese jugaba bien, no el equipo. Son cosas distintas.  Para mí hay reglas generales: de la mitad de cancha en adelante la pelota tiene que ser al pie. Sin traslado. Tres toques como máximo: paro, acomodo y paso. Puede arriesgar el jugador, no lo voy a crucificar si intenta un  pase entre líneas. Está todo bien. Pero, en el entretiempo le voy a decir: “Jugala por afuera”. Podés probar una vez. Lo intentás, perfecto. Pero, hay que jugar por afuera. Porque si cada jugador arriesga una jugada me pierdo 10 ataques.  No hay disculpas en eso. Se puede arriesgar pero sin caer en los vicios del egoísmo.

-Entonces ya dejó de ser imprescindible el jugador, ahora son piezas de ajedrez que se van cambiando…

-Espectacular esa definición. Pero hay que trasladarse a la división de la que estamos hablando: Primera D. La realidad se impone. Para mí se puede jugar bárbaro sin dar dos pases si se hace lo que se planificó. El objetivo es que cada ataque del rival muera en el área grande y atacar por las bandas. En mi experiencia lo vi así. Otro es el caso de los técnicos de primera, que tienen materia prima y nivel técnico, pero  eligen los mismos métodos de categorías inferiores. Porque lo que yo te digo se ve todos los fines de semana en Primera.

-Falcioni es el último gran emblema de esta versión de fútbol, ¿le faltaban jugadores en Boca para intentar otra cosa distinta?

-No, tenía grandes jugadores. Pero, él llegó a Boca gracias a los resultados que le dieron los esquemas cerrados. Siguió con la misma receta. Fue fiel a lo que le dio éxito. Miedo al cambio, también puede ser. Pero, ojo, a él lo contrataron para que haga eso mismo.

-¿Retamar qué hubiese hecho?

-Quedate tranquilo que si tengo a Riquelme voy a cambiar, voy a idear otro sistema. Pero cuándo yo voy a dirigir a Riquelme… Me tengo que adecuar a la D. Y la D es esto.

-¿Y al futbolista le gusta estar preso de la táctica? ¿Acepta no intentar jugar lindo?

-Hoy en día al jugador le gusta recibir táctica, porque se siente más profesional, más jugador. Les gusta tocar la pelota, sí, pero más les gusta la aplicación táctica. Tener funciones, que esté todo orquestado.