La verdadera muerte del periodismo

El mismo Brasil que pronto, bien pronto, va a alojar los eventos deportivos más grandes del planeta, ve aumentar los asesinatos de periodistas que investigan la relación entre política, Policía y narcotráfico. En los últimos seis años ya se cuentan veintitrés, dos en los que va del 2013.

“¿Cuánto daño puedo hacer con una lapicera?”. se pregunta Eminem con plena pasión. “¿Cuánta violencia vamos a soportar?”, es el pensamiento de los periodistas brasileros. Porque bajo los embriagantes datos de crecimiento económico que tanto excluyen y tan poco aclaran, el nuevo gigante mundial se podría jactar al lado del aumento de su PBI, de ser uno de los territorios con mayor cantidad de muertes de comunicadores en América y de mayor inseguridad de la profesión en toda la Tierra. Así, penetrando un poco más allá del botox y el lifting que se está dando así mismo para parecer digna sede del Mundial de Fútbol y los Juegos Olímpicos, una brumosa combinación de amenazas, torturas y muertes se engendran hacia los periodistas críticos brasileños.

-“Los informes anuales de la Federación Nacional de Periodistas (FENAJ)[1] muestran que los políticos o la Policía son los que más agreden a los periodistas. Además, el crimen organizado (incluyendo el tráfico de drogas) también pasó a actuar en los últimos años contra los profesionales de la comunicación que los denuncian”.

La sentencia de María Braga, Vice Presidenta de la FENAJ, para NosDigital bien vale para ser el inicio de la historia de la muerte de Rodrigo Neto, periodista del Estado de Minas Gerais, última víctima de las balas impunes que azotan a todo el territorio brasileño.

La casualidad solo entra en acción cuando no conocemos las causas, por eso el azar no puede ser invocado cuando pensemos en Neto, investigador de las complicidades entre la Policía y el narcotráfico para el periódico Vale do Aço y conductor del programa “Turno Policial” en Radio Vanguardia. Sus últimas denuncias estaban orientadas hacia los llamados “grupos de exterminio”, compuestos por agentes civiles y militares, cuyos crímenes se asemejan tanto algatillo fácil argentino como a accionares de grupos paramilitares de cualquier nación. Una semana antes de del último 8 de marzo, aquel donde impunidad le cerrase los ojos y la voz para siempre, Rodrigo publicó una nota sobre la ejecución de un anciano, el padre de un sospechoso por la muerte de un miembro de la Policía Militar, ahora convertido en víctima de una venganza de las mismas Fuerzas de Seguridad. Al mismo tiempo, “El crimen perfecto” es el libro en el que estaba trabajando para echar luz sobre las sombras policiales, el miedo de la población y la connivencia política.

A día de hoy, el asesinato de Rodrigo Neto sigue impune, sin ningún preso y pesar de toda la pompa que ahora los políticos y las mismas autoridades hacen para mostrar sus condolencias: “(Su asesinato)tiene características de ejecución, un crimen contra la vida y un atentado contra la libertad de derechos humanos”, twitteó María do Rosário, Ministra de la Secretaría de Derechos Humanos brasileña, mientras que el gobernador de Minas Gerais, Antonio Anastasia, afirmó que “no medirá esfuerzos para descubrir la autoría del crimen”. Sin embargo, hoy Rodrigo Neto es un periodista más entre la lista de los silenciados a fuerza de plomo en Brasil. Se trata del segundo periodista asesinado durante este año en el Brasil, junto con el conductor radial Mafaldo Bezerra.

-“Ningún gobierno todavía -sea municipal, estatal o federal- ha lidiado con este asunto con la importancia que merece. Hasta el momento no existe una orientación sistemática para frenar estos abusos, solamente medidas puntuales cuando aparecen nuevos casos de agresión”.

Otras palabras, las de Maigue Gueths, directora financiera del Sindicato de Periodistas de Paraná confirman la tendencia al aumento de la violencia. Según la Federación Latinoamericana de Prensa –FELAP- en los últimos cinco años y medio murieron 23 periodistas[2], con una progresión bastante acusada: uno en el 2008, dos en el 2009, dos en el 2010, seis durante el 2011, diez el 2012 y los últimos dos en este primer cuatrimestre. Frente al “desarrollo” germina la desigualdad, y con ésta la violencia. Así, Maigue: ”el crecimiento de las agresiones a los periodistas está relacionado con un generalizado aumento de la violencia en el país”.

Pero otro record se podrá anotar el gigante del Mercosur. Otra medalla de oro a sumar en su carrera a las Olimpíadas: el Comité para la Protección de Periodistas lo ubicó en el puesto 11° en el índice de impunidad, detrás de Irak, Somalía y México[3].

-Eduardo Carvalho, Edmilson de Souza, Rodrigo Neto, Luiz Henrique Georges, Valério Luiz, Onei de Moura, Divino Aparecido Carvalho,Mafaldo Bezerra, Laecio de Souza, Mário Randolfo Marques Lopes, Paulo Rocaro y Décio Sá.

Éstas son las doce víctimas de los últimos dieciseis meses. Número que muestra algo acerca del desarrollo y algo sobre la imagen de un país que va a ser observado por muchos en los próximos años. Número que no es un simple número. Número que antes que nada son nombres, y que esos nombres denunciaban aquello que se quiere enmascarar.