Alberdi resiste

Y vos mejor que no escapes a la lógica comercial. ¡Escucha, repetí y memoriza! La cultura, mercancía. El arte, producto. Los espacios culturales, ¡NE GO CIO! El sistema envalentonado en un montón de rectas y horizontales rígidas te encasilla en algunos de los cuadraditos erguidos ahí para lamer una etiqueta que en un juego entre los dedos y el papel se te pega en la frente, te rotula y hace ¡Click, caja! Una solemne ceremonia que pretende naturalizar la privatización de la cultura bajo la careta del progreso.

Hace rato que el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires ensaya bochornosos actos en contra de espacios culturales, pero una diagonal rompe el orden al que estamos acostumbrados y que ahora se nos reaparece como una bofetada de caos. El discurso se cae. Un espacio comienza a funcionar asistemático, horizontal, organizado entre pares que buscan reivindicar el hacer, disfrutar, regalar gratuitamente arte.

La Sala Alberdi engalana la posibilidad de resistir el vaciamiento cultural y me lleva hasta un prólogo, antesala a largas páginas que relatan la vida del Che “Una desalienadora proclama del derecho a rechazar que entre lo viejo y lo nuevo solo se pueda escoger lo inevitable y no lo necesario, la libertad fundamental de reivindicar lo necesario”

Carajo.

Aunque plantarte frente a un sistema pensado para ahuecar hasta agotar totalmente la cultura libre y autogestionada te posiciona delante de mentes retorcidas que exprimen sus ¿capacidades? hasta cansarte. De esto los pibes de la sala saben bastante. Desde que comenzó su lucha y resistencia hace un poco mas de seis años con la primera orden de desalojo que los obligaba a abandonar el sexto piso del Centro Cultural San Martín, sufrieron agresiones y debieron saltar numerosos obstáculos que pretendían agotarlos. No pudieron. La sala que depende de la Dirección de Extensión Cultural de la Dirección General de Enseñanza Artística (DGEArt) funciona desde el año 2010 como un espacio de toma y autogestión que ofrece a la comunidad gran cantidad de talleres y espectáculos a la gorra. ¡Metete tu lógica comercial en el orto!

Las provocaciones sin embargo continuaron y llegaron a uno de sus puntos máximos de tensión con los primeros días del nuevo año. El 2 de enero, cuando los pibes quisieron ingresar al edificio estaba cerrado ¿Por qué? Vacaciones hasta el 10 de Febrero. Bueno, ándate vos de vacaciones, la Sala Alberdi no depende del Centro Cultural San Martín. Permiso, déjame pasar. Pero NO. A las ofensas físicas y verbales, que no son para nada pocas, se le suma que los pibes que están arriba, en el sexto piso, en su sala, quedaron ahí. Sin luz, sin baño, aislados, continuamente hostigados por patovicas que recorren el edificio y cada tanto golpean la puerta amedrentando. Con continuas dificultades para acceder a comida y agua, dificultades que se vieron sorteadas primero cuando los dejaron subirles canastas. Esta posibilidad desapareció rápido. El ingenio triunfo sobre la violencia que implica el hecho de chuparles un huevo la integridad de quienes tienen encerrados y una soga les acerco provisiones. Tijeretaso y una nueva posibilidad se esfumaba. Nuevamente se tocaban las puertas, con admirable control se pedía a los hombres vestidos de negros con armas en su cintura subir a sus compañeros provisiones y medicamentos. Otra vez, NO. Esta vez un cable acercaba la canasta hasta la sala donde la lucha resiste a cualquier tipo de ofensa.

Desde el momento cero, un acampe se instaló en la Plaza Seca, entrada recuperada del edificio después de sacar las rejas que la recubrían. Múltiples actividades culturales se desarrollan para mostrar que otra forma de difundir y defender el arte es posible. En asamblea permanente le ponen el cuerpo a la continua elección de expresarse de manera popular, independiente y colectiva, luchando para volver al espacio que les pertenece, de donde nadie puede echarlos porque ellos lo construyen con puro laburo. Difícil que lo entiendan quienes gestionan de manera deficiente la cultura de la Ciudad, pero esta vez te gritamos nosotros ¡Escucha, repetí y memoriza! ¡La cultura mercancía, las pelotas!