La revolución en el mástil de la guitarra

Damián Captuto podría ser otro buen artista más de los que caminan nuestras calles, pero un viaje y miles de encuentros hicieron que no lo fuera. Con su disco “Canciones, pequeñas revoluciones” recorrió 25.000 km. Lejos de Capital, la de las no oportunidades y de negocios millonarios para unos pocos, recorrió con su música otras realidades y se fundió en infinitas historias. En el camino, confirmó que algunas notas y una gargante encendida pueden ayudar a cambiar el mundo.

Fotos: NosDigital.
Yo ya lo conocía. Bah, en realidad, no. Bueno, quizás sí, pero no estoy seguro. ¿Viste cuando escuchás tanto hablar de alguien que creés conocerlo? En un momento se me mezclaron las cosas, pero resultó ser verdad. Es que yo estaba estudiando música cuando arranqué a armar la banda y soñaba con viajar, pero cada vez que iba a buscar un lugar para tocar con los pibes me pedían guita, o vender una cantidad de entradas inalcanzable (mamá, papá, mi hermana, los tíos, primos, la abuela, los pibes del colegio, mmm… no, claramente no llego). Y un día mi profesor de guitarra, que intentaba que me concentre y deje de pensar en conseguir un puto lugar para hacer lo que más amo, me contó de un tipo un poco (bastante) loco que estaba cumpliendo 25.000 ¡SI, VEINTICINCO MIL! Una bocha de kilómetros de música. No le creí, obvio, hasta que lo conocí.

Le mandé un mail, no aguantaba las ganas de mostrarle a mi profesor que me estaba chamuyando, pero la puta madre, al toque apareció en mi bandeja de entrada un sobrecito de Damián Caputo, que me estaba contestando. En ese momento, comienza esta historia.

Tardó en llegar varios días la juntada, es que Damián andaba girando no me acuerdo por cual provincia (imaginate que recorrió dieciocho), pero yo no podía quedarme quieto. Abrí la compu, puse la clave, google y escribí Damian Caputto, ¡ups! backspace, backspace, Caputo.

Enter.

Por el año 2005, Damián viajaba a México a tocar en un lujoso hotel de Acapulco con la banda de covers a la que por aquel momento le ponía la voz, y el viaje le explotó la mente. Ya se había acercado a la música, muchas veces de diferentes maneras, pero esta vez algo generó un quiebre. “En realidad venia tomando la decisión, yo venía cantando en bandas de covers, en eventos y tuve el viaje ese a México. Ahí fue una revelación de lo que quería hacer, lo que quería contar”.

La vida entró en contradicción, estar laburando en medio del lujo y querer decir otras cosas. Entonces, a la mierda todo, con esa plata se fue a recorrer y terminó sumándose a “La Otra Campaña”. Cuando volvió a Buenos Aires ya no era el mismo, estaba decidido a grabar un disco y a ponerle “Canciones, pequeñas revoluciones”. “Como todo tipo que tiene alguna intención de cambiar el mundo, conocés al Che Guevara y al otro día estas en tu casa y decís ‘Yo soy un gil, ¿qué hago de mi vida?’ y creo que ahí surge tratar de que las canciones sean revoluciones, en una escala menor que también puedan ir aportando algo”.

La mayoría de las canciones estaban escritas, se fueron recopilando, pensando, buscando, algunas tenían hasta casi diez años, pero otra surgió en el medio del viaje: “Tiene que ver con Atenco,  es “Canciones sobre muros”, que habla sobre esta chica que estuvo presa en México, que la metieron presa en Atenco en esa movida donde hay mujeres abusadas y murieron dos personas. Toda esa gente que venía viajando conmigo, con la caravana de La Otra Campaña, los meten presos a muchos; yo me entero desde acá y ahí surge que el disco está dedicado a los presos políticos de San Salvador de Atenco”.

“Un canal, un puente, hasta vos si mi voz puede llegar desde un rincón del mundo trepando a tus balcones, canciones sobre muros, amores voladores, canciones, amores, te espero.”

 

Nos juntamos en una plaza de Caballito, el sol nos daba la sombra casi a noventa grados, pasaba el tren frente a nosotros, por fin conocía a quien Google, y primero mi profesor de guitarra, me habían presentado. ¿Cómo carajo hizo? ¿Posta 25.000 kilómetros?

“Me junté con un músico que es el que produce el disco, Mariano Albergoli, con él empezamos a trabajar y cuando teníamos el disco nos encontramos como la mayoría de los músicos independientes de hoy en día, con mil discos en cajas. Como buen cebado obsesivo dije ‘¿Qué hacemos con esto?’ y ahí me agarró esto de que en Capital no se puede tocar. Entonces, primero empezamos a viajar por la provincia de Buenos Aires, recorrimos pueblo por pueblo, con autos prestados, como podíamos”. Así, de un impulso de buen obsesivo nació hace cuatro años la gira “Bajo Tierra”.

Primero Buenos Aires, después Santa Fe, Entre Ríos, Chaco, Corrientes, Formosa, los kilómetros se empezaban a sumar y el disco sonaba cada vez más. “En realidad la idea es de difusión y también de interacción con lo que está fuera de la capital. Yo soy muy crítico con la vida que uno lleva acá, e ir allá y encontrarte con realidades de gente que están a 200 kilómetros, no que están en Marte y nada que ver, tienen sus tiempos y eso también te cambia la mirada a vos”.

Dispuesto a ver qué pasaba, sabiendo que podía tocar para tres personas o que podía sembrar canciones para volver más adelante y que la gente lo acompañe en el canto, se largó a viajar. A veces con músicos, otras veces solo con la guitarra como el norte y el sur donde no daba el presupuesto para viajar todos. En realidad, cuando decimos “todos” no hablamos de una banda fija, la cuestión siempre fue fluctuando: “Iba rotando la banda, son todos amigos míos que se van sumando a esto, es medio una locura itinerante que te subís y te bajás y están todos en otros proyectos y se suman a este. Hubo una banda fija, pero se va desarmando y armando en el momento, va mutando”.

Qué huevos ¿no? Cuatro años caminando las canciones a puro corazón, aunque también una parte del reconocimiento se lo damos a Internet (obvio, si yo llegué acá por google). “La gente que armó las fechas no fuimos nosotros, en la mayoría de los lugares fue la gente que conocíamos por sónico, por facebook, por mail o por al página, no eran managers de la zona, eran tipos buena onda”. Infinidad de casas los recibieron, infinidad de baños. “Me causa mucha gracia lo de los baños, no sé porque, siempre antes de tocar estoy en un baño distinto, en un baño de alguien que conozco hace dos horas y me estoy bañando y digo no puedo creer donde estoy. Gente que te abre la puerta, es increíble”.

Viajar te obliga a vincularte, a saber que tus amigos son todos en potencia, que generás vínculos, conocés personas y desde aquel primer show en 25 de Mayo se cosecharon una infinidad de nuevos amigos, sensaciones, canciones, hasta un nuevo disco, el lado B de “Canciones, pequeñas revoluciones”. “Es un disco que tiene continuación en el otro, pasaba que las canciones se vuelven viejas, porque lo que vos querés contar y cómo lo querés contar es distinto, entonces la música que estábamos tocando no tenia nada que ver con el disco y decidimos con la banda con la que estábamos en ese momento grabar un EP chiquito, de cinco canciones”.

Después de una tonelada de caminos, Damián empieza a despedirse de este ciclo, cierra una etapa que da lugar a una nueva. “En realidad, quiero seguir viajando, pero musicalmente voy a ir para otro lado, más eléctrico, quiero hacer algo quizás en banda”. Va cambiando la piel y renaciendo para volver a romper las estructuras. Conocí al tipo que hizo posible lo que muchos me decían imposible, durante cuatro años y veinticinco mil kilómetros hizo música. Ahora me chupa un huevo que me pidan guita o cortar entradas, hay otra gran cantidad de espacios, ya lo sé, me lo contó mi profesor de guitarra, google y Damián Caputo.