En San Pedro la policía golpea

Acá no es ni siquiera como en Buenos Aires. Acá gritamos todos y no escucha nadie. Todos saben qué hay atrás de la policía. Qué digo atrás, qué hay en la policía. A mí me mataron así nomás este 17 de junio. El trabajo que se tomaron fue para ir a buscarme a lo de una amiga, para torturarme. Llenaron un jarro con agua bien fría, buscaron una bolsa, me mojaron casi todo –soy grandote-, se gastaron las gargantas y la creatividad en insultos y me dieron bolsa. Calentaron una pava y se ahorraron los mates para quemarme todo. Me pasearon por la Comisaría de la Esperanza, al Hospital.

-Juan Martín Gómez. Anotá. Gómez, curaciones de quemaduras. Traumatismos.

Y quedó registrado, pero el fiscal no hizo ni mu, ni ah.

-En este momento no puede atenderlo. Lo llamará en cuanto se libere.

Nada.

-Eh, Sonrisa, déjate de joder. ¿Cuánto querés para callarte, para que te quedes piola?

Se lo conté a mi viejo… No sé si le dije quién fue, pero él ya lo sabe: Barbosa, “El perro torturador”. Había otros, uno retirado y otros que seguían de uniforme. Me llevaban a Jujuy y a Bolivia para traficar paco.

Cuando estaba viendo Boca-Arsenal en el Clausura, con mi viejo, le sonreí menos de lo común. Boca perdía 2 a 0. “Ya vuelvo”, me despedí. No pude. Me agarraron otra vez estos tipos. En la casa de uno de estos, me molieron a palos. Me ahorcaron con mi campera y me atravesaron en el ventiluz del baño. Ni sé cuántos eran, pero peso 95 kilos. Tenían que ser varios.

Ahora dicen que entré a robar justo a la casa de uno de estos ratis. Que me quise escapar por ese agujerito de 45 centímetros por 25 y me quedé ahogado con mi propia campera. Me insultan hasta muerto.

En San Pedro funciona así: la policía golpea a chicos de bajos recursos, muy humildes, los tortura con los mismos métodos que en la dictadura: picana, bolsas en la cabeza, simulacros de fusilamiento, los queman con fuego, con agua hervida. Hay un abuso total por parte de la policía. Quieren hacer justicia ellos y empiezan a golpear. A parte, acá el aparato represor está totalmente intacto. Para hacer un panorama: el fiscal es quien fue a Libertador General San Martín por el apagón de Ledesma para sacar información. Se la llevó sin dar aviso previo a los jueces.

A Cristian Marquet le pasó lo mismo, con la suerte para poder contarlo. Lo paró gente de la Brigada de Toxicomanía en la plaza del centro, la General Manuel Belgrano. Lo subieron al torturomóvil.

-A que no saben el regalito que les llevo, prepárense para el baile –dijeron por radio.

-Cristian Marquet. DNI… Suficiente para vos. Bienvenido, viejo.

Lo desnudaron, golpearon, picanearon y me hicieron el submarino seco. En eso llegó la hermana, que se imaginaba ya que me habían detenido. La voz se iba apagando y la bolsa se oscurecía. Pensó que se estaba muriendo, pero no. Se desvaneció, pero la llegada de la hermana lo salvó.

-No, señora acá no está. Vea en la Brigada de Investigaciones. Vea en la Novena.

Le sacaron la sangre con más agua, lo pasearon por el Hospital Paterson, había mucha gente. Lo tiraron en el de la Esperanza.

Cuando la hermana fue a la secretaría de Derechos Humanos y a otros organismos, uno de estos, desde su propio auto simularon querer atropellarla. Prefirieron intentar asustarla:

-Dejate de joder con los Derechos Humanos porque te vamos a matar a vos y a tu familia.

A la abuela tampoco le quisieron tomar la denuncia en la Regional 2 de San Pedro hasta que les dijo que iba a ir a todos los canales de televisión de Jujuy y Buenos Aires. Lo soltaron.

A Diego Constanio lo agarraron la noche del viernes 3 de agosto cuando estaba sentado en la puerta del kiosco “Sadica”, tomando algo después de un partido de fútbol.

-Tranquilos, changos, es un allanamiento –dijeron los agentes de toxicomanía.

Entraron al local, Facundo Quiroga, tiraron una bolsita en una caja de Coca Cola. Diego lo vio. Los arrestaron a todos.

-Vení, no te hagas el canchera –le dijo Quiroga. Lo sacó, con ayuda de “Paqui”, de la celda donde estaba-. Callate la boja, hijo de puta- le pegaron durante minutos–. Callate o te meto la cabeza debajo de la canilla. Y de lo que viste no le digas nada a nadie.

19 horas estuvo encerrado de vuelta en la celda, molido a palos.

Mes y medio después, el 25 de septiembre, tres días antes de que tuviera que declarar, Quiroga se volvió a acercar a Diego.

-¿Qué te dije a vos? ¡Dejá de boludear porque si no te vas a comer el mismo garrón que se comió Quique! Es más, ¡te puedo hacer desaparecer!

A José Ramón Jiménez, familiar de presos políticos durante la dictadura, lo detuvieron el 20 de octubre, después de que fuera a la disco La Farola, en San Pedro. Lo persiguieron con el patrullero, lo tiraron boca abajo y lo molieron a patadas. Le rompieron tres costillas. Nunca le pidieron identificación a él ni a sus compañeros.

A Emilio Villagra cada vez que sale lo paran por averiguación de antecedentes y le robaron lo que tenía. A su hijo lo molieron a palos, piñas, patadas. En el hospital le dijeron que se había empastillado. 4 pastillas le había hecho tragar la policía de la 9na.

Pablo Juárez, militante de los Derechos Humanos de ayer y de hoy, los está defendiendo y tratando de que paguen por lo que ya hicieron: “Las denuncias se hicieron ante la secretaría de Derechos Humanos, ministerio de Justicia, Serpaj, Correpi. La única respuesta que nos dieron fueron dos abogados de la secretaría de DD.HH. de la Nación. Pero están abocados a los crímenes de lesa humanidad, o sea que no tienen tiempo. Es una falta de respeto. Vamos a seguir denunciando y luchando. El comunicado del ministro de gobierno de la provincia dice que la policía está intacta, que está todo bien y que no va a remover ninguna cúpula”.