El Rubio del Pasaje

A la madre de Facundo Rivera Alegre le dicen, en la Comisaría, La Zurda de Mierda. Es una forma de apodarla que tienen esos policías que están acusados de haber desaparecido a su hijo. Desde febrero que lo buscan, pero en Córdoba, aparentemente, nadie dice nada. Aún así, a su mamá la llaman, le desean dulces sueños, la provocan. Pusieron un llameya donde apareció una voz que aseguraba que al pibe lo habían limpado. El problema es que ese teléfono lo atendió, justamente, un oficial.

El Rubio del Pasaje, Facundo Rivera Alegre, tenía diecinueve años cuando desapareció, como yo ahora. Apenas le sobraban 20 pesos a fin de mes después de darle de comer a Rocío, su hija de un año, y de bancar a su mujer. Tocaba con sus amigos en la banda Pura Caravana. Iban a cumpleaños, en fiestas…

El 19 de febrero se cumplió lo que le habían anunciado a su vieja. Ahí nomás de la Central de Policía de Córdoba, a tres cuadras, mientras se volvía de un baile del cuartetero Damián Córdoba. Ahí no hay cumbia, pero hay gorrita, hay arito, hay mucho pelo teñido. Y hay un Código de Faltas para perseguirnos. A nosotros y también a las manifestaciones sociales. Para perseguirlo a Facundo más o menos. Si su vieja le enseñó de pibe y él se pintaba de payaso, cuando todavía no se había teñido, y salía a hacer divertir a los pibitos con cáncer en los hospitales. Tarde o temprano iba a entrar también por manifestante. Ahora Doña Vivi, su vieja, arma marchas para que lo encuentren y todo. Hace 35 años los milicos le llevaron el hermano y la cuñada a Vivi. Iban a enseñar a leer y escribir a villas. Ella dice, le dice a De la Sota, que pulanteó a las Madres que sus hijos desaparecían porque no los habían criado bien: “Mi viejo también los crió bien, como yo a Facu”. Vivi sabe, la escuchás y ya te das cuenta. De la Sota, como quiere ser presidente, nos manda cagar a palos para hacer que los pibes somos el problema y no él. Él y Alejo Paredes, “un policía más, siempre va a defender a la corporación”, la escuchamos a Vivi. Si no supiera, qué se va a armar tanto quilombo por Facundo.

Dijeron que se había ido a ver al padre a Ibiza, que se fue a ver al hermano a Brasil, que se fue a ver a una piba a Tucumán después de comprarle merca a un músico de Damián Córdoba. Pija. ¿Sabés quién lo dice? La voz del interior y otros diarios así, que ¿sabés a quién tienen de fuente? A la Central de Policía de Córdoba. Tomátelas.

Tipo 5 de la matina, por ahí, Rubio salió con los pibes que lo habían acompañado, no eran amigos amigos, del Estadio del Centro. La mamá de Rocío y los amigos no salían. Él encima nunca lleva el celular para bailar. Ahí nomás ya empiezan los primeros quilombos. Los testigos, los que lo acompañaron se contradicen. Que cruzó para tomarse un bondi, que siguió caminando hasta un lugar donde hay cámaras que, oh, no lo tomaron… Las familias de estos pibes la llaman a Vivi y se preocupan. Una hasta le dijo que la policía pasa seguido por la casa… Le meten presión.

Dos guachas dicen que lo vieron a él, a un pibe como él, todo sangrado, hecho mierda, mientras lo cagaban a piñas unos policías. La doña cree que ahí se les fue la mano y no encontraron ningún perejil a quien culpar. Ajuste de cuentas o tema de baile no es porque se paga en el momento y en el lugar. Si es de droga, se lo tiran muerto a la familia para que sufra más. Si no es la policía, si es una persona común y corriente, lo tuvo que haber hecho premeditadamente y Rubio no tenía problemas con nadie.

Y tuvo que haber pasado por las inmediaciones del Colegio Alejandro Carbó, por la Avenida Colón al 900. Ahí hay una cámara, pero los videos nunca los pudo ver la familia por el secreto de sumario. En el resto del trayecto, el más importante, entre Colón y Santa Fe, y Plaza Colón, “no hay cámaras”.

Ya lo habían agarrado otras veces. Una por defender a la jermu después de que un cana le tocara las tetas, otra por teñido… De pibe, Vivi siempre lo tenía que ir a buscar a la comisaría porque lo paraban por averiguación de antecedentes y, como tardó un año en llegarle el DNI, no tenía nada que presentar. No tenía antecedentes…
Ahí en la comisaría todavía no, pero ahora en la Central ya le dicen La Zurda de Mierda. No sé cómo hace, y ella tampoco, para no trompearlos.

A tal punto no tenía antecedentes que el 20 de febrero, cuando a las 4 de la mañana, la madre se despertó y no lo vio, ya se preocupó. A las 7 ya pensó: “La policía se lo llevó”. Salió corriendo a la UCA, Unidad de Detención del Aprehendido. No saltó nada en el registro delincuencial. Nada. Después ya fue a hospitales. Después a la morgue. Ese domingo tenía que ser chefa en un evento al que iba a ir también Rubio. La dejaron faltar. No lo encontró.

El fiscal Alejandro Moyano casi descarta la posibilidad del acoso policial porque supuestamente en las tres detenciones por el Código de Faltas, actuaron seis policías distintos, porque en el baile había dieciocho ratis y ninguno se repetía. O es mentira, o es mucho peor que algún vigilante al que se le fue la mano.

De la Sota hizo un llameya con recompensa por algún dato fehaciente. ¿Qué van a llamar si te atiende la yuta? Sonó cuatro veces. Una fue un policía retirado que dijo que a Rubio lo habían limpiado…

Hasta le dijeron que no hay policías involucrados, sino guardias privados. “Esos son policías retirados, que van a dejar de ser canas cuando se mueran”, dice. Es posta.

Y desde que desapareció, la llaman para desearle dulces sueños, la persigue un auto negro, la llaman y cortan a la madrugada. La desgastan. Pero ya entró en contacto con otras experiencias como las de Arruga, como la de Kiki Lezcano. Sabe por dónde viene la mano.