Despedida

La Historia se dejó cautivar por completo con una frase, por la belleza que contiene su simpleza. La continua vigencia de las cosas muchas veces se explica desde la claridad y la pureza que logran transmitir. “Hasta la victoria, siempre” conlleva inamovible la sensación de estar pronunciando palabras imperennes y universales.
Sí, es cierto que se coló mucho entre los estampados de tu banda y de tu equipo convirtiéndose en un logo de moda permanente. Pero podemos pensar a esa fuerza del mercado como el mayor reto abatido en su destino inexorable por trascender y aún así, no perder su encantó.
Trasponiendo a la repetida presencia gráfica, habrá que asumir el enorme respeto y responsabilidad que nacen cuando lo pronunciamos y antes reparamos con detalle en esas palabras. Justo en el segundo antes que tu lengua se bien articule con tu boca y tus dientes, y las letras hiladas resuenen desde tu boca, un halo de mesura y parquedad invaden tu universo interno para preguntarte con incrédula seriedad hasta qué punto la situación amerita la cita que estás por referir.
Los sentimientos que inspira Ernesto Guevara exceden este momento. Se trata más de precisar cuáles son las cuestiones mundanas con que cada uno puede construir su propia victoria, el objetivo a batir de cada uno. Esa guerra hostil rodeada de montones de batallas que implica la vida en donde uno busca salir victorioso en campos extraños dentro de uno mismo, en la aventura de conocerse y reconocerse.
¿Habrá forma más sutil de despedirse para quien se sabe fiel a si mismo? ¿Qué mayor victoria podrá alguno reclamar a quién peleo y vivió feliz cada momento? Me enteré de quién se despidió frente a sus hijos, minutos antes de que la muerte finalmente lo venciera, diciendo “Hasta la victoria, siempre”, y no pude hacer más que admirarlo, y emocionarme mucho.