Compromiso con el decir

La Chancha Muda está cerca de cumplir diez años de historia, y esta década los llevó desde los grafitis en Parque Chacabuco hasta una fuerte presencia en las redes sociales. Próximos a presentar su cuarto trabajo de estudio, el 21 de diciembre despiden el año en La Logia.

No te la puedo creer, estos pibes en Facebook. ¿Estarán también en la red del pajarito? Qué cracks, también en Twitter. No es que están cada uno de ellos, no los busqué realmente porque creo que  no interesa, la banda son ellos y ellos son la banda. Ya rompían bastante las pelotas con los grafitis en la secundaria, copaban Parque Chacabuco y un par de veces pensé: ya se les va a pasar. Éramos pendejos, yo era bastante más chica, cuando estaba en primer año ellos estaban en quinto y eran la sensación del momento, por lo menos entre las chicas de mi curso. Después egresaron, yo me mudé, cambié de colegio y ya no los vi. Ahora me los encuentro por las redes sociales y siguen ahí firmes con su música, parece que los sueños no egresan ni caducan.

Fotos: Nos Digital

El año 2001 vio nacer muchos proyectos, por esos tiempos, ellos craneaban una banda, una idea, unas ganas de tocar que 730 días después (¡Apa!, hiciste la cuenta) tomaba forma. “La idea era un poco en su momento divertirse, creo que después con el paso del tiempo fue tomando un carácter más serio del que tenía”. Por el 2003 las ganas tomaban forma y se materializaban en La Chancha Muda, seguro que a vos también te causa intriga el nombre y pensaste ¿Qué flashearon estos pibes? La historia es mucho más simple, tardé un par de años en averiguarla, es que en el secundario me daba vergüenza ir y preguntar, pero casi diez años más tarde, en el barrio de Boedo, previo a un acústico que estaban por regalarnos, me acerqué y no contuve las ganas de saber. “Es la frase de una película de Sandro. Es una pavada que surge de un chiste interno que terminó siendo nombre. Estábamos viendo una película de Sandro y en un momento dice una frase ‘La chancha es muda’ empezamos a joder con eso y quedó La Chancha Muda”.  

¡Con que era solo eso! Ahora ya lo sé y estoy a punto de volver a verlos tocar después de tanto tiempo, sin la ropa del colegio y diez años más grandes. Aunque a Gonza, cuando toma el mando del micrófono y nos saluda a los que birra en mano esperamos el arranque, se le trasforma el gesto en el de un pibe inquieto que cierra los ojos y deja salir la voz rasposa del grito contenido hecho canción. Lo sigue disfrutando igual que hace tiempo, él y todos, es que Gonza, que es Gonzalo Pascual voz de la banda comparte el camino con Martin “Turco” Libonati y Fernando “Tano” Sciammarella en guitarras, Gonzalo Mammano en el bajo, Christian “Tama” Tamanaha en saxo, Diego Charadia en batería y con Ignacio Dueñas en percusión. ¡Hay equipo!

Es raro volver a verlos, suenan diferente, cada canción parece sonar mejor y ellos también entienden los cambios que fueron viviendo desde el primer demo “Demorados” en el año 2003. “Ese demo fue una grabación muy casera que hicimos en la sala de un personaje muy particular. Fue la primera experiencia de escucharse más que nada”. Lo del personaje muy particular me queda picando, pero prefiero seguir hablando de su historia. “A medida que van pasando los años uno empieza a pensar de otra forma, empieza a ver un montón de cosas y las traslada. En realidad no es que uno las traslada a la banda sino que la va trasladando a cada cosa de su vida, entonces de repente te encontrás en una situación que decís ‘bueno, si con esto puedo hacer tanto, hay que darle’, y está en cada uno cómo se lo toma. Cada uno le va encontrando sus motivos para que surja esa necesidad de tomártelo en serio, me parece que cuando uno encuentra esas cosas está bueno porque lo empieza a tomar diferente y la banda empieza a crecer en general en un montón de aspectos”.

Cambiar el lente y mirar las cosas parados desde otro lado hizo que la banda no pare de crecer. Desde ese momento, la historia de La Chancha Muda es algo así como una acción-reacción continua que gira y gira y toma fuerza en cada vuelta: “Generalmente, nos pasa que somos muy exigentes con nosotros mismos, estamos haciendo algo y ya queremos ir por otra cosa, por más”. A cada paso que daban seguían siempre creciendo y con una realidad diferente llegan a su segunda grabación en el año 2006 “Como sentirme lejos”, que aunque remarcan que también es un demo pero de mejor calidad y con más temas, sienten el avance: “Se notaba la diferencia que había de uno al otro, el trabajo, el tiempo que se le empieza a poner en todo esto, la plata. Te escuchás y decís, quiero más. Después de ese disco hubo muchos cambios en la banda y estuvo bueno después más adelante volver a grabar algo, aunque sean cinco temas. Ahí ya la banda había empezado a adquirir un poco la identidad que quería”.

Ese volver a entrar a grabar da a la luz a “A volar” en el año 2008 y los encuentra en el medio de un torbellino de cambios para la banda. “Siempre fuimos en ese camino de que terminábamos uno y nos dábamos cuenta que habíamos crecido un montón, junto con eso también estuvieron todos los cambios de que se fueron algunos, otros vinieron. Fue toda una época, propia de la edad, de muchos cambios, todo el tiempo encarando nuevos proyectos, nuevos caminos, viendo a donde nos sentíamos más cómodos y qué era lo que nos gustaba”. Ese camino, de esquinas y vueltas y giros que se fue haciendo y encontrando a sí mismo también vio crecer a medida que avanzaban, las diferentes maneras de encarar la composición que fue descubriendo la banda, hasta que hoy, ponés play en alguna canción y la letra te cachetea con realidades que te obligan a irte a tu casa mínimamente maquinando algún tema.

La Chancha Muda hoy es compromiso con el decir, con el cantar que se une con fusiones de ritmos que incluyen casi inconscientes a las palmas del público para envalentonar las voces: “Cuando empezamos era otro el estilo, era otra la manera de hacer la música, otra manera de escribir, eran otras cosas las que nos pasaban, las cosas que nos importaban, las cosas que nos llegaban. A medida que fue pasando el tiempo y fuimos creciendo, crecimos también en ese sentido. Empezamos a ver otras cosas, nos empezaban a llegar otras cosas, obviamente hoy tenemos un presente donde tiene mucha importancia ese aspecto a la hora de componer, pero justamente porque son cosas que nos afectan bastante entonces le damos mucho lugar a la hora de escribir. Pero también creo que fue progresivo, con el tiempo y con los cambios creo que empezaron a aparecer otros temas”.

Es que la historia de la banda es esa, el cambiar y renacer para seguir avanzando. Desde el colegio, donde los conocí hasta este acústico en el barrio de Boedo todo fue seguir para delante y en ese camino hace unos días entraron a grabar lo que va a ser su cuarto disco. “Esta vez pudimos tener la prudencia de decir paremos, esperemos que maduren esos temas, que maduremos nosotros, que nos asentemos un poco más. Entonces, como que se planificó de otra manera, por eso pasaron cuatro años y recién ahora nos estamos metiendo a grabar, peor con otra preparación con otra planificación, con otros objetivos, la idea es que para principios del año que viene esté ese disco”.

“¿Cómo me lo van a decir faltando tanto tiempo? ¿Qué se hace con la manija?, me pregunto mientras termina el show y después de los saludos y las promesas de volver a vernos. Bajo las escaleras pensando en lo flashero que fue reencontrarme con los pibes que cantaban en el colegio y que lo siguen haciendo con esa misma pasión, es que ellos lo dicen en sus temas: “Si no ponés todo, no ponés nada”. Definitivamente los sueños no egresan, no caducan, ni se venden; los sueños crecen, se fortifican, caminan pasito a pasito y de a ratos paran la pelota para mirar para atrás y ver sonriendo lo mucho que se logró recorrer.