El pesado manual del cambio

En Neuquén se inaugura un nuevo plan para conseguir energía. Hace un tiempo habían ofrecido un proyecto con objetivo similar. Las empresas gurú GeothermalOne (canadiense) y EarthHeat (australiana) construirían una planta en Copahue cuya producción permitiría abastecer de recursos a otras entidades privadas. Aquí, una historia donde todo huele mal.

¿Quiénes deciden sobre un pueblo? ¿El representante de la comunidad, la comunidad o las empresas?
¿Qué sentido tiene la democracia representativa si las decisiones del representante no representan el deseo de los votantes?
¿Es un problema semántico o práctico?
¿Nos cagaron?
¿Decidimos una vez cada cuatro años?
¿De quiénes son los recursos naturales? ¿De todos, de nadie o de capitales extranjeros?
¿De quién es la vida?

Un nuevo proyecto de energía geotérmica fue anunciado con pitos y matracas en la provincia de Neuquén como otra escalada hacia el horizonte del progreso. Las empresas gurú GeothermalOne (canadiense) y EarthHeat (australiana) construirían una planta en Copahue cuya producción permitiría – según la panacea de publicidad y promesas- abastecer de electricidad al emprendimiento minero Xstrata (Suiza) y a la empresa Loma Negra en la otra punta del país.
El gobierno provincial se encargó de anunciar que el emprendimiento ya tenía financista: el 70% del financiamiento del proyecto vendría de parte del Banco Interamericano de Desarrollo.

Cuando los anuncios, los vecinos tuvieron un dejavú: “en Copahue ya hubo una experiencia que generaba poca energía y luego fracasó y la dejaron abandonada”, cuentan. Saben de lo que hablan: aquél emprendimiento no les dejó ni las migas.

Pero esta vez la planta sería mucho más grande. Tanto, que abastecería a otros proyectos de otras provincias. Tanto, que al dejavú del fracaso anterior le siguieron algunas preguntas: ¿Qué tan grande? ¿Por qué? ¿Qué impacto podría tener un emprendimiento de esta magnitud? El grito de las distintas asambleas ambientales del sur del país se personificó en un abogado, Christian Hendrickse, vecino de Loncopué (ver “Mina linda, mina fea”) que acercó algunas respuestas: “Desde el punto de vista ambiental hay cuestionamientos porque ha habido experiencias que han generado efectos ambientales en Chile y en Suiza”, dice a Nosdigital. La carta de presentación misma de la planta energética no tiene resuelto el tema de la sustentabilidad: prevé un período de explotación de 20 años en el que iría adecuando las acciones necesarias para “restablecer el equilibrio y reducir el índice a valores normales”. Mientras, razonan los vecinos, “se probará sobre la sostenibilidad de nuestros recursos, se arriesgará su estado y condición”.

El problema de la afección ambiental llega hasta la flamante Ley de Glaciares que protege a las zonas con esas formaciones. Para la aplicación de la ley –tan esperada en toda la región- resta completar el censo que determine las cadenas de glaciares: “Falta que se sepa si es zona periglaciar o no”, dice sobre Copahue, atajando otro pelotazo del saquero energético.

Pero esa no es toda parte del problema. La zona de Caviahue-Copahue es eminentemente turística: en invierno promueven actividades de esquí y durante el verano cuentan con termas de agua caliente naturales. La conversión de Copahue a un perfil industrial está mal vista en ese sentido, sobre todo si lo que debe intervenirse para el caso son los propios recursos naturales que se usufructúan para el turismo.Los propios habitantes han aceptado que la propia actividad turística, el desarrollo urbano y el crecimiento demográfico han alterado el estado de la naturalidad; sin embargo, aclaran que éstos “propiciaron los beneficios económicos y socioculturales de la comunidad, e incluso mejoraron la situación de los recursos naturales a partir e la optimización de su aprovechamiento, puesta en valor, creación de normativa que regula su utilización y propicia la conservación”. En este marco plantean que una actividad extractiva es nada compatible con el perfil y el desarrollo de la localidad.

Hasta aquí tenemos razones que demuestran un antecedente fracasado, una ley incumplida, sustentabilidad ambiental no comprobada y el respeto al espíritu y la economía del lugar que es el turismo.

Ante las voces que hablan de “progreso”, la comunidad clama: “La comunidad es consciente de que el progreso apareja cambios y riesgos, pero también tiene el derecho de definir socialmente cuales son los niveles y tipos de impactos económicos, sociales y ambientales aceptables”.

Ante quienes justifican el proyecto como posibilidad de fuentes de trabajo, la comunidad informa: “si analizamos el caso de la geotermia en Caviahue – Copahue, podemos ver que no generará puestos laborales, ya que las perforaciones requieren de mano de obra especializada que se traerá de afuera. Una vez en funcionamiento, las plantas requieren de muy poco personal, ya que la mayoría de estas plantas tiene las funciones computarizadas”.

En casos como éstos, las formas de contrarrestar el aparato publicitario provincial (“la provincia lo muestra como un éxito”, relata Hendrikse) y las promesas que generan sobre los mismos habitantes es con información clara y certera. En otros, en momentos decisivos o cuando se acaba el tiempo, hay que actuar de manera directa.

Eso hizo Hendrickse junto al lonko de una comunidad mapuche de la zona Caviahue-Copahue que tiene otros argumentos por el cual no quiere que se instale el proyecto geotérmico: el volcán Pillán. “Para los mapuches es un ser: pillán es la misma palabra que espíritu. Ellos creen que la naturaleza envía sus señales, y casualmente o no este último año tuvo erupciones, estuvo largando cenizas y humo y dicen que es porque se siente amenazado”, transmite el abogado Hendrickse.

¿Cómo se canalizan estos argumentos que remiten a una esencia, a una cuestión espiritual en un sistema que ni siquiera la información ni la opinión de los vecinos es tenida en cuenta?

Hendrickse: “Nosotros vimos que en el proyecto el punto débil era el financiamiento. La empresa que adquirió la concesión le pidió al Banco Interamericano de Desarrollo que le financie el 70% (157 millones aproximadamente). Y el BID está dentro de la Organización de Estados Americanos que tiene que respetar la carta de derechos humanos y el acta de San José de Costa Rica emitidas por la Corte Interamericana. La Corte había dicho que la elección de los pueblos originarios no sólo debe entenderse como material sino como espiritual, y los estados deben respetar. El BID tiene además una normativa de estrategias de desarrollo donde proponen el consenso de las comunidades”, asegura.

Pero el BID, ¿estaría enterado de todo este asunto de Copahue?

Encontrado el vericueto burocrático al reclamo espiritual, el lonko de la comunidad viajó junto a Hendrickse para plantarse en la puerta del BID en Capital. Lograron ser atendidos: “Les dejamos la información y nos aclararon que para que se apruebe el proyecto todavía faltan muchos pasos, faltan muchos estudios y que iban a tener en cuenta la opinión de los pueblos indígenas. La posibilidad de ese financiamiento se cayó”, asegura Hendrickse.

Tras estos logros relativos, hoy llaman a “seguir atentos” y redoblar la apuesta informativa y concreta ante cada intento de avance del proyecto geotérmico. Ante la defensa del modelo turístico, la información que desmiente el supuesto “progreso”, las sospechas de impacto ambiental y el desmoronamiento del principal financista del emprendimiento, los vecinos de Loncopué siguen tapando agujeros de escape: con notas que salieron en distintos medios enviaron a los agentes de bolsa australianos – donde opera la asociación de estas companías- “para que tengan la información de lo que está pasando, que sepan dónde van a poner el dinero y que hay riesgos porque vamos a estar nosotros oponiéndonos”.