¿Quién dijo que ser hincha de River es fácil?

“Claro, ser hincha de River es fácil”, me decían en la infancia. Esas siete palabras me atormentan. Sí, es para diván. Ojalá pudiera ir pero la cuota social me seca -en septiembre aumentó un 28% y ahora va de $90 a $162 mensuales-. ¿Así que era fácil? Ya les anticipo: hace un tiempo se volvió una actividad demasiado jodida como para llamarla pasión. Y no lo digo por el añito allá. Sí, allá. Ni siquiera por ese martirio que es que cada fecha te lo recuerden, independientemente de que la parcialidad contraria no sume siquiera la cantidad mínima de hinchas como para contrastar el gris cemento de la tribuna o que –poniéndome resultadista- ni en su más puta vida haya ganado algo. Tampoco me refiero al hecho de tener un equipo que apenas conoce lo que es hacer tres pases seguidos y que, si por casualidad se da, será modificado a la fecha siguiente por un entrenador que tiene tantos cambios de esquemas y nombres como partidos dirigidos. No, les hablo del tramiterío que hay que hacer para presenciar todo eso en vivo. Juro que no exagero. Tanto es así que ni el presidente va a la cancha.
Ser hincha de River es para boludos. Eso es al menos lo que piensa la dirigencia de nuestro querido club. Es que desde hace poco más de un año ya no basta con querer a los colores. Para ir a la cancha tenés que cumplir un par de requisitos: ser hincha, ser socio, tener Internet –cuanto más rápida sea tu conexión, más cerca estás de cruzar el molinete- estar al pedo y ser un fundamentalista del “F5” –esa teclita que actualiza la página-. Ese es el ‘abc’, a menos que tengas algún ‘contacto’ con los ‘hinchas caracterizados’. Llámese, tener un barra o alguien del club que te haga entrar. Punto importante a saber, ellos no necesitan cumplir ninguno de los ítems citados anteriormente -ni siquiera el primero-.
“Es fácil…”, minga. El trámite empieza el primero de mes. Pagás la cuotita y estás habilitado a intentar tener tu entrada. Atención, eso no te garantiza que vas a estar en la tribuna. Es apenas el primer paso. En caso de que River juegue el domingo, cosa que por suerte, después de un año entero de jugar los sábados, se repite cada fin de semana desde el regreso, el miércoles o jueves se habilita la “reserva online”. ¿Qué corno es eso? Es un sistema de asignación de entradas que se realiza por Internet. Independientemente de que el encuentro se juegue en el Monumental, en el Morumbí o en la canchita de barrio. Cabe esta aclaración para notar que si el club recibe 2000 populares –por caso, lo que sucedió en el encuentro ante Arsenal-, los hinchas debemos procurarnos ingresar a tiempo –media hora antes del inicio del período de reserva- y comenzar a actualizar la página hasta que se habilite el sistema y nos de la posibilidad de pedir nuestra localidad. Por cuestiones de la lógica, eso casi nunca sucede ya que la página suele caerse por la cantidad de visitas que recibe en un minuto. Y cuando se levanta, mágicamente, uno descubre que se le cayeron todas las entradas. “Entradas agotadas”, esas dos palabras que compiten con las siete de la infancia.
Entonces, pasando en limpio: pagar la cuota, la pc, una buena conexión a internet, tiempo, impresora. Sí, si tenés la suerte de reservar tu lugar, tenés que imprimir el comprobante de pago. Ahora sí, hasta el domingo puedo dedicarme a los otros menesteres de la vida. Entre ellos, uno no menor, ir a trabajar para mantenerme todos los insumos que se necesitan para poder ir el domingo. No, todavía falta retirar la entrada. ¿Dónde? En el Monumental. ¿Cuándo? Depende de la entrada que hayas conseguido, habitualmente suelen canjearse los viernes de 9 a 19. Por lo tanto, agreguen un punto más a los requisitos básicos: vivir en Capital o Gran Buenos Aires. El canje, mediante este sistema, es prohibitivo para los socios del Interior. Pero allá voy yo y otros tantos giles que dejan casi 10 horas por semana para ir a la cancha, aunque se juegue en casa, con mi comprobante de reserva, mi DNI (original y fotocopia) y el carnet de socio y el respectivo recibo de pago. Cualquier similitud con un trámite estatal es pura coincidencia.
Si no tenés suerte con la reserva o no sos socio, no te preocupes. Cuando River juega de local podés pagarte una plateíta. Las únicas localidades que se ponen en venta son las San Martín y Belgrano, baja y media. Las conseguís por módicos $150, si sos socio, y $300 si no lo sos.
En realidad, no sé de qué me quejo si hubo partidos de visitante en los que no se pusieron en venta las entradas ya que fueron destinadas a ‘familiares y reparto interno’.
Ahora sí, tengo todo para ir a la cancha el domingo a ser maltratado por cuanto policía haya en el cacheo -de vez en cuando también llevado a machetazos hasta el ingreso-, apretujado en una tribuna que benévolamente dicen que soporta 2000 personas y que tiene más de 4500, empujado a salir por una puerta de cuatro metros de ancho y salivado por cuanto simpatizante local ande por ahí. En definitivas, con tantos factores de riesgo, lo del equipo es menor.
A esta altura, hasta Mc Giver pidió una manito. Pero yo, que nací de este lado del Ecuador y soy bastante más boludo para parar la bocha, no les pido que me tengan piedad. Y, aunque me ayudaría bastante, no les pido que me hagan alguno de estos trámites. Lo único que quiero es que concienticen a los más chicos para que en el futuro no lleven ese karma. Ser hincha de River no es fácil. Sólo eso quiero que comenten. Por el resto, creo que ya lo hago por costumbre.