La Justicia Clandestina

La policía informó que Jeremías Jonathan Trasante, Adrián “Patom” Rodríguez y Claudio “Mono” Suarez habían sido asesinados por un ajuste de cuentas. Se habló de la barra de Newell’s, se escribieron problemas de minas y fue tan potente que decidieron seguir buscando a sus familias, a las que también balearon. En Rosario, también gatillo fácil. Y, sobre todo, impunidad.

Imagen: NosDigital

El último fin de año lo festejamos cada uno en su casa y, para año nuevo, sí íbamos a girar: nos pasamos a buscar por las casas y nos juntamos en la canchita de la Agrupación Infantil Oroño, en Quintana y Dorrego, acá en Barrio Moreno de Rosario. Algunos todavía le dicen Villa Moreno. Siempre jugábamos ahí a las cartas, a la pelota. Ese día hablábamos de las pibas mientras las esperábamos. Todos acá saben que laburamos en los planes donde estamos anotados, que siempre estábamos acá aunque jugara Newell’s o quien fuera. Eso de barrabravas, las pelotas. Nunca afanamos, nunca habíamos tenido quilombos con la cana, nunca empuñamos un arma. Lo de “Enfrentamiento”… Siempre dicen lo mismo: que la droga, que soldaditos.

Esssta.

Los tres militábamos en el 26 de junio del Frente Popular Darío Santillán y antes, incluso, en Jóvenes de pie. Siempre para ayudar en el barrio, a los pibes. Estábamos bastante tranqui, pero laburando juntos íbamos a estar mejor. Mi hermana dice que ahora es un barrio dormido, con miedo. Desde esa noche…

Estábamos sentados nomás y cayeron, con fierros en las manos, no sé cuántos tipos. Fue todo rápido. Tenían un chaleco antibalas de la policía santafesina y hasta una ametralladora corta. Acá están, hijos de puta, no sé qué más. Pa. Por lo menos cinco disparos a cada uno. Ni para entender alcanzó el tiempo. Se subieron a una Kangoo blanca con vidrios polarizados y se fueron a la mierda.

Con el tiempo se supo también que menos de una hora antes, a Maximiliano Rodríguez, barrabrava de Newell’s, “El hijo del Quemado”, lo había baleado, en la esquina de Garay y Vera Mujica, mientras andaba en su BMW, la banda del Negro Ezequiel Villalba. En realidad no era “su” BMW, era del abogado defensor de un hombre que violó y asesinó a su hija de 12 años. Los de la Kangoo fueron a vengar el ataque a Barrio Moreno. Pifiaron, pero no les importó: la zona estaba liberada. Jeremías Jonathan Trasante, de 17 años, y Adrián “Patom” Rodríguez, de 20, y yo, Claudio “Mono” Suarez, de 19, la ligamos por estar ahí nomás.

Al día siguiente me vengo a enterar que fui víctima de un “ajuste de cuentas” y de que tenía antecedentes penales.

Mienten y les chupa un huevo todo.

Más nos enteramos al Hijo del Quemado lo defiende Carlos Hugo Varela, que es abogado de policías, de genocidas, de barras…

Cuestión que mi hermano salió a ver qué pasaba, nos vio tirados y como yo seguía respirando, me cargó en el asiento de atrás del auto. Mi vieja se subió. Llegamos hasta el hospital Clemente Álvarez, al Heca. Mi vieja me había querido ayudar a respirar, pero no pudo.

En ese mismo hospital estaba El Hijo del Quemado, lo que no estaba era el registro de su entrada con herida de bala. La policía de la entrada se había hecho la boluda por algo.

Atrás nuestro llegó un testigo que le contó todo a la cana. Nadie lo volvió a llamar nunca para que declarara.
El que permitió saber cómo fue el ataque a Maximiliano Rodríguez está, como nosotros, muerto. Se llamaba Facundo Osuna, tenía 18 años. Dos días antes de nuestro asesinato había recibido dos tiros en las piernas. A fines de julio lo balearon de agujerearon de vuelta, ya sin recuperación posible. ¿Te suena? La policía inventó un problema de minas.
Claro que entretanto hubo amenazas para todos. El 24 de marzo a la noche, los hermanos de El Negro amenazaron con armas a mi vieja. Después fue a mi hermana, Gabriela. Ese día, mis hermanos la defendieron mientras los ratis miraban. Cuando les fueron a recriminar, la respuesta fue un disparo al aire. Otra fue la amenaza a los hermanos de Jere. La última, los tiros a mi hermano Roque mientras lo perseguían otra vez los hermanos del Negro. Mi familia lo fue a denunciar y le cabió, porque cuando él iba a hacer la contradenuncia, lo metieron en cana. Le habían tirado con una 9 milímetros. Está claro que los dos patrulleros que tienen que custodiar la zona no estaban ahí. A los de uno de esas patrullas, por lo menos, los pasaron a disponibilidad.

La investigación avanza, hay cinco personas a disposición de la justicia: Sergio “Quemado” Ramírez, por triple homicidio y tenencia de armas de guerra, Brian “Pescadito” R., Gerardo “Jeta” M., Cristian “Teletubi” D. y Brian “Damiancito” R. El ex comisario inspector de Zona Tercera, Eduardo Carrillo; el sargento Norberto Centurión; el oficial de guardia del HECA, Lisandro Martín, están procesados también por encubrimiento. Pero mientras tanto mi vieja y las familias de Jere y Patom están regaladas a lo que los narcos, la cana y los barras quieran hacer. El problema de fondo no se soluciona y en Rosario sobran casos como el nuestro.