La Intriga

Allí está el telescopio que muestra el otro plano, un lugar por donde se descubren todos los secretos de la humanidad. Cada uno encontrará la verdad que busca, la que le quita el sueño. Tengan miedo, después de esto ya no existirán enigmas ni misterios. Si son del bando de los valientes utópicos sigan leyendo, si no les recomiendo que sigan el transcurso de sus temerosas, ignorantes y afortunadas vidas. Repito, les aconsejo que no sigan.

Es un agujero tentador. No es ni el Aleph de Borges, ni el Evangelio de Judas, ni el gol a los ingleses, ni mucho menos la fórmula para hacer dinero. Es un agujero ¿Qué hay en Él? No lo sé, cada uno decide qué hay. En este contexto aterrador, si todavía quieren seguir leyendo, explicaré cómo ver a través de ese misterio.

Agáchese lentamente para no alarmar a nadie. Cuando sienta que miles de monstruos  le respiran por detrás… ¡No los mire! Solo así ellos existirán. Siga adelante con el ritual y ellos no le harán nada. Los que todavía quedan vivos y los que todavía quieren saber cómo ver por este agujero, sigan leyendo. Los que hasta aquí llegaron considérense bendecidos. Cierre una de sus ventanas agudizando la precisión de la otra y…

Ya es tarde.

Ahí está, en frente suyo, la verdad oculta que motorizaba su vida. No queda más nada: una vida sin misterios, una vida sin sentido.

Se los advertí, el ojo de una cerradura es un poco más que eso. Es un Dios frío, calculador y tentador que está allí para generar la sensación más irrefrenable y mortal del ser humano: la intriga.

Si fue uno de los giles que quiso ser un valiente y siguió leyendo no le queda más que morir y venir a hacerme compañía.

Acá somos unos cuantos. Traigan cigarrillos.

Por Piter Buteur