Fábula sobre el secuestro de Severo

Esta editorial tiene un personaje y éste, desde hace unos días, se halla inmerso en un mundo donde la realidad y la fantasía se mezclan en una interesante mixtura, digna tan solo de un cuento para niños. Esta persona, cuyo nombre es el de todos, tiene un solo objetivo y de allí nacen todas sus aventuras: entender el secuestro de Alfonso Severo.
Como toda narración, la nuestra se inicia con un problema: el personaje se encuentra en un bosque donde nada se ve y el ruido ensordecedor de fondo no le permite reflexionar para encontrar la salida. Camina y camina, pero lo hace en círculos. Está perdido.
Sin embargo inmediatamente emerge desde los arbustos un particular ser que le promete darle la información que habrá revelarle la comprensión del asunto, para así salir de aquel molesto lugar. “La víctima es victimario. Él no aceptó la custodia policial, por eso ha sido secuestrado”, le dice este personaje al nuestro. Pero continúa en su aclaración: “y no solo eso, probablemente Alfonso se ha secuestrado a sí mismo”. Ante esto, nuestro amigo no sabe qué hacer, qué responder, pero el argumento tenía su lógica: “nadie, tan solo él es responsable de lo sucedido”, esa era la conclusión. Así que luego de reflexionar unos instantes, sale de su sopor, gira a la derecha y rápidamente encuentra ese camino prometido que espera le saque del bosque.
Han pasado unos minutos y nuestro personaje para en seco. Una picazón sobre su nuca no para de acrecentarse y ya es momento de darle fin con todas sus energías. Rasca, rasca y rasca hasta que de pronto siente algo entre sus dedos. Lo toma y lo observa: es una araña. Justo cuando está a punto de arrojarla, ésta le habla: “espera, espera, antes de que me alejes de ti, necesito que me escuches”. No nos olvidemos que en un mundo fantástico como en el que nos encontramos, las arañas parlanchinas andan por doquier. Enfocada con sus muchos ojos sobre nuestro amigo, casi que le increpa: “¿realmente crees que así llegarás a tu objetivo?”, recogiendo como respuesta: “si, ¿por qué no? ¡Esta vía no solo parece sencilla sino que a lo lejos ya veo la salida!”, pero las dudas se hacen sentir en su tono.
Con decidida y arácnida voz, el pequeño bicho expone su pensamiento: “mira, por más que hayas seguido la solución más fácil, si continúas así no lograrás eso que buscas: respuestas, comprender lo que ha pasado” Y la araña comienza a largar una palabra tras otra abombando a nuestro pobre personaje en una extraña pero interesante conversación entre ambas:
-Araña: ¿Cómo puedes aceptar que inmediatamente la víctima pase a ser responsable del delito que sufrió?
-Personaje: Bueno, mira, ha sido muy raro, no se han encontrado a los culpables.
-Araña: ¿Acaso eso es suficiente? Bien sabemos las capacidades de estos personajes para actuar a la perfección, sin dejar rastros. Ni hablar de los vínculos que hay entre estos actos políticos y las propias fuerzas de seguridad.
-Personaje: Bueno, supongamos que fue un juicio apresurado, ¿qué tienen que ver las fuerzas del orden en todo esto?
-Araña: Que si sabemos que Alfonso es, como ha repetido una y otra vez, pieza clave en el Juicio, ¿no tendrían que rápidamente haberse enfocado en el círculo de los enjuiciados? Bien se sabe el poder que tienen estos grupos, que para poder existir, al mismo tiempo, tienen fuertes vínculos con los aparatos de poder y entre ellos, la policía.
-Personaje: Entonces, ¿qué sugerís con estas palabras?
-Araña: Que el propio gobierno, o por lo menos el Poder Judicial tiene que hacerse responsable de que estos vínculos existen, y que nunca terminarán estos hechos si no se conoce el propio rol de la burocracia sindical y las fuerzas de seguridad en la generación de violencia y control social: ya sea contra los trabajadores o contra la población en general. Si quedamos en la denuncia individual, no tardaremos en encontrarnos frente a otra situación como esta.
-Personaje:…
Dicho esto, la araña calló y se fue.
Esta historia termina acá. Por ahora solo podemos decir que nuestro personaje desandó camino y tomó otro. Si ha llegado ha logrado terminar su travesía y lograr una comprensión del problema, todavía no podemos asegurarlo.