Con ustedes, el Bossaball

Volvemos con la presentación de deportes de lo más extraños. Para ir calentando el verano que se viene, les mostramos el Bossball, un vóley-fútbol que se juega en un castillo inflable y con una cama elástica de por medio.



La playa dio a menudo deportes específicos varios. Algunos interesantes (¡aguante el tejo!), otros aburridos (terminemos con la mentira del pelota-paleta). Más o menos memorables. Con más o menos ropa involucrada. La cosa estaba repartida y, más o menos, pareja. Nada descollaba.

Pero la historia no volverá a ser la misma. Un punto de aquí en más empezará a trazar el reinado costero de los deportes. Abran paso y ojos. Prepárense para batir las palmas. Hasta los más exquisitos y exigentes paladares vayan segregando saliva: se viene un manjar. El deporte playero más espectacular está inventado.

Con ustedes: el Bossaball, Sí, con mayúsculas.

Un vóley-fútbol que se juega en un ¡castillo inflable! y con una ¡cama elástica! de por medio.

¡Bravo! No más palabras, señor juez. Chapeau. Hasta luego. Buenas noches. Quiero llorar ¡Viva el Bossaball!

¡Un castillo inflable! Qué genialidad.

La cama elástica sólo es el broche de oro del contexto deportivo mejor jamás pensado.

Es ahí donde tipos como el Ogro Fabbiani, verdaderamente, inclinan la cancha.

Es ahí, donde los aduladores de Caruso Lombardi, ni lentos ni perezosos, establecen su prioridad defensiva: pincharle el castillito al rival.

Es ahí, donde los fundamentalistas de Bilardo, entienden a su maestro y el desarrollo de la técnica (de los alfileres) que profesaba.

Es ahí, también, donde Cappa vuelve a perder: insiste con su idea de jugar por abajo.

Es ahí, en el Bossaball, donde todo se resignifica y retoma su esplendor.

Pasen, vean y hagan reverencia al deporte playero número uno.