Ausencias de Consejo, Flores del IUNA son

Planes de estudio infinitos, aulas sin infraestructura, autoridades que no responden, alumnos cansados que migran a otras escuelas buscando más certezas. A los reclamos con aroma a añejo, se suma una crisis institucional: Julio Flores es el decano re-electo de forma ilegítima, que reniega del consejo departamental y se cree director/dueño de escuela.

Es miércoles y son casi las diez de la mañana cuando bajamos del colectivo en Bartolomé Mitre al 1800, cruzamos de vereda y dejamos los bostezos en la puerta de esta sede del Instituto Universitario Nacional de Artes. Me sorprende encontrar los pasillos del edificio tan quietos. Pero mientras bajamos las escaleras hasta el subsuelo y recorremos una a una las aulas vacías pienso que debe ser el momento del día, esta mañana de café y caramelo, e imagino en unas horas el ir y venir de mil manos ansiosas vibrando con las ganas de hacer arte.

La estructura de madera que nos encontramos sobre una de las paredes del pasillo parece algo así como un perchero. Pero no son abrigos los que cuelgan en esta mañana de invierno. Una junto a otra, desde la serenidad del blanco y negro, las caras que aparecen en esas fotos parecen decirnos buen día. Debajo de cada rostro hay dos fechas. Fecha de ingreso. Fecha de deserto. Las cruces que acompañan este cementerio de rostros también están acompañadas por palabras. “Eterno mismo plan de estudios”, dicen, “eternamente cursando”, “eternamente el negocio IUNA”. Son palabras que conozco, quejas que ya escuché. Planes de estudio infinitos, aulas sin infraestructura, autoridades que no responden, alumnos cansados que migran a otras escuelas buscando más certezas.

En los pisos de arriba hay un poco más de movimiento, apenas algunas aulas en las que resuena una voz apagada, reglas y lápices desparramados sobre las mesas, un pincel que dibuja una pausa. Me sorprende una canción que no conozco y me detengo a espiar un empeine que se curva. Y es que en este edificio no funciona, como yo creía, solamente el Departamento de Artes Visuales (que tiene otra sede en La Boca), sino también el área de Crítica y una parte de Movimiento.

De Artes Visuales y de su compleja situación institucional vinimos a empaparnos hoy. Y por eso ya en la esquina asoma la mochila de Damián Barbarito, que forma parte de Ensamble Artístico, la conducción del centro de estudiantes, y es además Consejero Superior. Junto a él y a partir de su relato intentaremos reconstruir cómo se llegó a la situación que transita hoy el departamento, con un Decano relegido ilegítimamente que ha dejado de convocar consejos departamentales que de manera ordinaria deberían al menos producirse una vez por mes.

Empecemos por el principio. Las elecciones fueron en octubre del año pasado. “Fue todo muy turbio. Nosotros presentamos siete tipos de impugnaciones diferentes porque hubo muchas irregularidades. Antes de que sean las elecciones de Decano tienen que renovarse todos los claustros. Y estos tipos la hicieron en el medio de las elecciones de Graduados. Era la primera vez que se hacían las elecciones para Consejeros de Graduados, porque después de 10 años recién se juntaron los cincuenta que se necesitan” cuenta Damián, “el chabón entonces mandó a la elección sin quorum, le faltaban Consejeros, se estaban haciendo las elecciones, se votó a él mismo.”

En marzo de este año, cinco meses después de comenzado el conflicto, los estudiantes lograron que se convocara un Consejo Superior Extraordinario para tratar la cuestión, proponiendo una nueva realización de las elecciones de Decano que se pusiera en práctica de modo serio y legal. Sin embargo, la moción que se aprobó fue la presentada por la Rectoría del IUNA, donde se exigió que la cuestión se resolviera en los Consejos Departamentales. “El Consejo Superior lo que dijo fue ‘arréglense ustedes’, y entonces Flores quedó como Decano y no llamó más a un consejo. En realidad llamó a uno solo, para tratar posgrados. Un consejo extraordinario y con un solo tema. Nada más.”

A pesar de que el Decano no es el único con la facultad de convocar Consejos Departamentales, ya que también pueden hacerlo los Consejeros, la situación está trabada. Para que el consejo se concrete tienen que ser al menos tres Consejeros los que lo llamen, y luego tiene que haber quorum. Ocurre que si bien las otras partes acceden a participar, lo hacen imponiendo ciertas condiciones, principalmente destituir a Flores de su cargo, “y el tema es que vos no vas a llamar a un consejo para sacar a uno y poner a otro.” Es decir, no es una opción real. Todo se reduce a una suerte de niñería que no permite avanzar en ninguna dirección. “Estás muy al horno cuando la parte más “madura”, así entre comillas, es la parte estudiantil, porque los chabones tienen todo el resto del Consejo.” Mientras la situación continúa estancada, resta todavía mencionar una cuestión clave: el Decano tiene la atribución de sacar resoluciones ad referéndum, es decir, que puede tomar decisiones que luego deben ser validadas o rechazadas por el Consejo. El problema reside en que, a pesar de que el consejo no se reúna, las resoluciones del Decano tienen valor, en tanto “hay una cuestión que es de principios de derecho administrativo que indica que una resolución es válida desde el momento en que se levanta hasta que alguien dice que no es válida.”

Qué camino tomar entonces frente a la ausencia de un espacio clave de discusión, debate y resolución de cuestiones múltiples. Una de las posibilidades es acudir directamente a la instancia del Consejo Superior, materia compleja en tanto hay tecnicismos y cuestiones burocráticas de por medio. Como cuenta Damián, “te pueden rebotar cualquier cosa porque vos te estás salteando una instancia. Vos tenés que debatir las cosas en Consejo Departamental, si algo no sale la tenés que apelar ahí, el órgano tiene que revisarlo y si no se puede resolver ahí recién pasa al Consejo Superior.” Otra posibilidad es acudir al Rectorado, pero sin perder de vista que ahí también hay intereses en juego. Dice Damián que no hay mucho de lo que puedan encargarse sin intervenir el departamento, con la consecuente bajada de línea que ello comportaría. “El modelo que empuja la gente del Rectorado es más bien el de una universidad chiquita, cerrada, súper elitista. En los departamentos donde está esta gente hay cursos de ingreso súper restrictivos, edificios chiquitos, osea, todo para una élite, como eran las antiguas escuelas de danza o de música”.

A medida que recorremos los recovecos de este laberinto, va tornándose cada vez más claro que para resolver la cuestión es imprescindible la participación y el compromiso del estudiantado. “En realidad lo que habría que hacer es llamar a Consejo con presión de los compañeros. La comunidad tiene que estar informada. Vos pasás, y es como muy difícil instalar entre los chicos por qué esto es importante. La mayoría ni siquiera sabe que existe el Consejo, lo cual es terrible. Los pasos me parece que son: habría que instalar el tema con los compañeros, y después convocar un consejo con la presión de la comunidad entera.” El IUNA es una universidad joven y según nos cuenta Damián desde los estudiantes hay una militancia muy corta. Aguafuerte, la agrupación a la que él pertenece que hoy forma parte de Ensamble Artístico, la conducción del centro, tiene apenas dos años. En ese sentido la desinformación general se vuelve muy difícil de encarar, y a ella contribuye el hecho de que las diferentes sedes estén tan separadas entre sí. “Al estar tan dispersos vos tenés que hacer todo un trabajo de militancia en cada sede como si fuera una facultad. Y dos años es muy poquito. No llegás a movilizar. Si no, uno dice ‘ya está, habría que tomar la facultad’ pero si tus compañeros no están con eso, no están informados, no están al tanto de lo que estás haciendo, no estás tomando, son cinco locos atrincherados en una universidad pública.”

Dice Damián que el problema central es la falta de conciencia acerca de qué es una universidad. “Esto fue armado hace 10 años, y aunque suene duro, la mayoría de los docentes y de la gente que trabaja acá, nunca piso una universidad en su vida (…) La cabeza de esta gente no entiende que el Consejo es un órgano de gobierno, me parece, siguen con la mente de cuando esto era una Escuela Nacional, y en las escuelas nacionales la máxima autoridad era un Director. No entienden que Director no es Decano.” Y mientras el órgano que debería regular las decisiones del Decanato continúa sin funcionar, las problemáticas se acumulan. Son murmullos que condensan en los carteles de los pasillos, ojos que se resignan detrás de un café, voces múltiples que se dejan escuchar y se quejan porque las correlatividades se exigen de un día para el otro, porque el presupuesto no está detallado, porque desde su creación Visuales cuenta apenas cincuenta graduados, porque lo mínimo que necesitás para un aula es que tenga sillas y un pizarrón, porque se robaron los proyectores nuevos, porque no hay agua, porque se están cerrando comisiones a lo loco, porque parece que lo que de verdad se busca es vaciar la Universidad. El Departamento de Artes Visuales navega a la deriva, y todavía no aparece en el horizonte nada parecido a una solución.