Tu grato nombre

Por Luis Santucho.

A pesar de los constantes acontecimientos históricos de provocación porteña contra el Interior de su propio país, el futbol aparece como uno de los nexos culturales que nos convierten en pueblo de la Nación Argentina. ¿Qué explicación racional puede haber para que un club del barrio de Nuñez en Buenos Aires, sea la manifestación del alma de grandes mayorías de este país? La ciudad que se hizo portentosa con la creación del Virreinato del Río de la Plata miró siempre con desdén a los pueblos originarios y las culturas ancestrales con sus territorios sagrados. Las guerras de la independencia se hicieron a pesar del pensamiento eurocéntrico de las elites porteñas y posteriormente, la Guerra de la Triple Infamia como la denominó el tucumano Alberdi, fue el genocidio de la política centralista contra los pueblos indoamericanos, un trauma que aún chicotea el cerebro de los vivientes de la región. Los revolucionarios norteños de la década del 70 la apodaron “Saigón” para simbolizar el lugar de las grandes traiciones. Buenos Aires es ahora nada y River es todo, un grito indignado con un profundo contenido de religiosidad popular, con sus colores y sus vestimentas, sus héroes y villanos que se parecen a Dios y otras veces al Diablo.
En mi historia personal River vino de la mano de un tío que se pareció mucho a mi padre, por boca de él escuche La Maquina y los nombres de Muñoz, Moreno, Pedernera, Labruna y Lostau…. Interminables días de mi infancia jugaba en el patio de mi abuela con la ilusión de estar en ese Monumental que aún era una herradura. Tenía 7 años cuando ví a River por primera vez en mi vida, justamente en mi ciudad natal enfrentando a Central Córdoba. Aún recuerdo un inominado olor a perfume cuando la banda roja con botones pisaba el césped y las lágrimas de mi tío se iban con el viento del poniente. Estaba ahí cuando Ermindo Onega puteaba en perfecto porteño y la Gorda Matosas acariciaba mi cabeza. Escuché el primer campeonato de River a través de una radio Tonomac que me regaló mi padre y nunca olvidaré las voces de Yiyo Arangio y los comentarios de Oscar Tipito durante ese inolvidable 1975. Lloré esa noche cuando un niño llamado Bruno convirtió el gol que nos hizo campeones después de 18 años. Casi al mismo tiempo se fueron los sueños de jugar en River junto con la tragedia familiar que también fue social, y un Monumental que pudo llegar a ser un anexo de la ESMA.
Y por fin llegamos a esta época digital de nuevos colores e imágenes que transformaron profundamente la cultura popular, y el futbol que comenzó a ser de todo el pueblo argentino, gracias a la decisión política de un gobierno que enfrenta como ningún otro a las grandes corporaciones del poder mediático.
Ayer viendo el increíble descenso de River, mientras mi hijo lloraba desconsolado, buscaba volver a ser definitivamente el niño que jugaba entre los árboles. Sacudió mis hombros un estremecimiento de frío y la tarde se iba haciendo noche en el corazón del sentimiento popular. Las calles están desoladas, solamente vuelan papelitos de colores de una tarde gris, hay un niño dormido en el subte, que no quiere despertarse. Buenos Aires es mas nada que nunca y River Plate tu grato nombre una totalidad que nos hace libres para siempre.

A propósito del regreso de River a Primera División, Luis Santucho, el sobrino del Robi (http://www.nosdigital.dreamhosters.com//2012/07/llamarse-santucho-es-un-honor/), nos acercó este texto que escribió desde Santiago del Estero, con el dolor del descenso y la pasión de un hincha sesudo.