Pro – vocación

 Por Silvana Trotta
Me contó que:
Los domingos se le desteñía la remera floreada
Por las  mañanas temblaba fantasmas
En el subte transpiraba medallitas de plata
Le galopaba el corazón en la vereda
Cuando se sentía acorralada
se le achicaban dos numeros los zapatos
Y tenía terror…
Porque tenía poca sal.  O mucha.
Porque la tarta estaba empalagosamente amarga
Porque a la camisa le sobraban arrugas
Le faltaba plancha al nudo de la corbata sin uso
Porque le colgaban dos botones al saco apolillado
Porque la aguja estaba rota.
Porque él le dijo la pruebo en tu brazo
Y te coso un grito en el cuello que va a  rebotar hasta el patio
Solo para que no te olvides de quién sos.
No QUIEN sos vos
Sino, a quién perteneces
Y te puedo tatuar una flor morada
porque llegaste dos minutos más tarde del almacén
Y te cuelgo un puño cerrado en ese tatuaje berreta
Y lo borro de tu cabeza loca
Porque llegué más temprano
y se te hizo tarde para hecharle más azúcar al café.
Porque te salió horrible. Te salió asqueroso
Porque las tostadas no se quemaron
como a mi me gusta
Y qué me importa
si se consume la garrafa. O la luz, total,
la pago yo
Vos no. Si no trabajás, o mejor dicho: tu trabajo es rascarte
Y
porque hace calor  es tu culpa
Porque hace frío
se me da la gana que también es tu culpa
Porque tenes un perfume y un lápiz labial
escondidos entre los peluches del bebé
Yo los vi y les disparé. Menos al oso verde.
Y no sé para qué carajos los necesitás, putita
Y soy muy macho para no darme cuenta
Seguro te pintarrajeás para el milico de la esquina
Que yo no te vea cerca de él
Que yo no te escuche susurrar su ayuda. Mucho menos su nombre.
Que no te encuentre barriendo la vereda después de las cuatro
Que no me provoques con ese bizcochuelo de vainilla que detesto
Ni con esa bufanda negra que apenas te tapa los ojos
Ni con esa lágrima de plástico deterrido
Porque voy a volver de rodillas con las esposas puestas
Agazapado
Apabullado
Atormentado
Arrepentido
Abatido
Acongojado
Adiestrado
A suplicarte que me perdones
A rogarte mas atardeceres
Y a repertirte que vos sos mía…